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lunes, 7 de enero de 2013

Camioneros 1972


La huelga de los propietarios de camiones había sido bien planeada. Si bien ella contaba con la aprobación del conjunto de la burguesía, la organización neofascista Patria y Libertad era la que estaba más directamente involucrada en su organización concreta.
La huelga no era ni inesperada ni particularmente secreta. La huelga de los comerciantes en septiembre y la bien organizada resistencia de la derecha en el Congreso a cualquier iniciativa de la UP, ya habían dado claras señales de que estaban por dar un salto. De cualquier modo, los diarios de izquierda habían ofrecido información detallada sobre la huelga, (su nombre en código era "Plan Septiembre") quince días antes de ser lanzada.31 Si todavía quedase alguna duda, un mitin de la derecha el día 10 de octubre, en Santiago, fue notable por su atmósfera frenética y por las repetidas llamadas de todos los oradores a favor de una movilización de masas contra el gobierno. Uno de esos oradores era Vogel, un demócrata-cristiano, Vicepresidente de la CUT.
Pero ni Allende ni la UP ofrecieron una respuesta. En los meses anteriores Allende había resuelto cada crisis potencial llamando al ejército para restaurar el orden. En este momento, con la amenaza de los camioneros parecía que Allende estaba deliberadamente ignorando los preparativos de la derecha, haciendo de cuenta que nada estaba sucediendo. Parecía que su miedo a la actividad independiente de las masas, era mayor que su preocupación por la oposición de la derecha a su gobierno.
Se esperaba que el impacto de la huelga fuese inmediato. La ausencia de transporte carretero podía interrumpir todos los abastecimientos de alimentos, artículos importantes, materias primas y especialmente la distribución de alimentos para la clase trabajadora. Es más, la huelga no ocurría aislada. Los comerciantes expresaron su apoyo a la huelga cerrando sus negocios, los industriales intentaron parar sus máquinas, incluso mediante el sabotaje. Las organizaciones de profesionales médicos, abogados, dentistas y otras, votaron por la adhesión a la huelga y suspendieron toda actividad, aumentando la atmósfera de pánico. Esa era la estrategia de la derecha, usar su poder económico, un poder que aún estaba completamente intacto, para crear escasez y caos económico. La suposición era que el pánico forzaría a Allende a renunciar o, mejor aún, posibilitaría dejarlo en el poder para imponer las necesarias medidas de austeridad, separándolo así de las bases de la UP para finalmente provocarle una estruendosa derrota en las elecciones al Congreso de marzo de 1973.
Si esa estrategia se frustró, fue enteramente gracias a la clase trabajadora. Para los trabajadores la situación era muy clara. El problema inmediato era mantener el sistema de transporte, mantener las fábricas abiertas y asegurarse el abastecimiento de alimentos y lo imprescindible. Grupos de trabajadores salieron a las calles a primera hora de la mañana. Cada forma de transporte disponible era requisada y conducida por voluntarios. En las fábricas los comités de vigilancia fueron adiestrados para protegerse de los sabotajes y la producción fue mantenida. En los barrios obreros, largas y pacientes filas se formaban delante de los almacenes y supermercados, los propietarios eran persuadidos para abrirlos o, en caso contrario, los establecimientos eran abiertos y mantenidos por las propias personas del local, que montaban guardia permanente.
En Santiago, más de 8.000 personas se presentaron como voluntarios para chóferes. En cuanto a los cordones, varios enviaron grupos de personas para conducir los transportes.32
La primera respuesta del gobierno fue típicamente confusa, agregando confusión entre los trabajadores. Allende abogó por mantener la producción, pero giró a negociar con los camioneros. Su elección del intermediario —la organización de los propietarios de ómnibus municipales— mostró ser menos que confiable. Ellos mismos se adhirieron a la huelga de los camioneros una semana después. La línea general de la UP era la de pedir disciplina, calma y obediencia al sindicato oficial y a las organizaciones políticas. Pero ni la CUT, ni la UP impartieron instrucciones específicas, y la acción inicial de llamado a la movilización de masas en respuesta a la huelga, fue retirada dos días después.
Los problemas provocados por la huelga, entretanto, exigían una solución inmediata. Era poco sorprendente que las respuestas más severas y decisivas, viniesen de sectores de trabajadores que ya habían desarrollado acciones en conjunto. Las fábricas que se habían organizado en los primeros cordones fueron capaces de organizarse más rápidamente y tomar la iniciativa de organizar a otras. Elecmetal del Cordón de Vicuña Mackenna y las fábricas Perlak, Pastas Luchetti y Cristalerías Chile, parte del Cordón de Cerrillos-Maipú, tuvieron un fuerte papel de liderazgo. Sus demandas eran radicales y claramente definidas, evocando el programa avanzado en junio: acción inmediata contra los patrones, incluyendo nacionalización inmediata. Al mismo tiempo, otras estrategias desarrolladas por los capitalistas exigieron y encontraron una rápida y creativa respuesta.
En la fábrica de vidrio Cristalerías Chile, por ejemplo, la gerencia congeló la cuenta bancaria de la compañía. Los trabajadores respondieron desarrollando un sistema de distribución directa. Como un trabajador explicó: "ahora nosotros vendemos directamente para las cooperativas y pequeños negocios, y ellos nos pagan con dinero, así nosotros podemos pagar los salarios sin tener que usar los bancos.33
En la fábrica de cemento El Melón, una huelga que recién había comenzado fue inmediatamente suspendida y los trabajadores retornaron a su trabajo. En la fábrica textil Perlak, para compensar la falta de leche del campo, los trabajadores organizaron una sopa altamente nutritiva para sus hijos. Los trabajadores de Polycron llevaron los tejidos para las áreas obreras y los vendían directamente. Materias primas y productos acabados comenzaron a ser trocados entre las fábricas, pero también entre obreros y campesinos.
Cuando la asociación de médicos anunció su apoyo a la huelga el día 17 de octubre, un comité conjunto de los trabajadores de un hospital, fue formado para mantener al mismo funcionando. Un dirigente sindical explicaba: "A pesar de la huelga ordenada directamente por la derecha, las 600 mil personas por las cuales este hospital es responsable, verán que nosotros podemos ofrecer servicios mejores y más eficientes, trabajando junto a los comités de salud locales, que incluyen a personas de los distritos obreros".34
La reunión del sindicato de periodistas, en aquél mismo día, fue dedicada a una denuncia sobre el papel de la prensa burguesa y a convocar nuevas acciones contra los medios de comunicación en manos de la derecha. El periodista Jaime Muñoz criticó el Estatuto de Garantías aprobado por Allende en 1970, que prometía respetar la propiedad existente sobre los medios de comunicación masivos.35 El antagonismo entre el papel de los medios de comunicación en manos de la derecha, y la respuesta de los trabajadores de dos periódicos, La Mañana de Talca y Sur de Concepción, que habían ocupado y tomado las respectivas oficinas porque sus periódicos estaban constantemente atacando el movimiento obrero, era claro. "El único Estatuto de Garantías que nosotros reconocemos", argumentó, "es el que nos demos los trabajadores".36
Había existido un acuerdo tácito entre las organizaciones de izquierda para no mencionar el Estatuto. Esa fue una de las primeras referencias públicas de aquel crucial y embarazoso documento. Los acontecimientos de octubre y la entrega de los dos periódicos expropiados se tornó una cuestión clave en el debate de la izquierda.
Había una razón adicional para el rápido crecimiento de las organizaciones autónomas, denominadas de "autodefensa". Si bien la mayoría de la burguesía se contentaba con usar su poder económico, la extrema derecha, dirigida por Patria y Libertad, organizaba sus propios grupos terroristas para trabar batalla en las calles.37 Esas bandas, formadas por jóvenes de las familias más ricas, lanzaron una serie de ataques físicos directos. El día 12 de octubre dirigentes de los partidos socialista y comunista de Punta Arenas, en el extremo sur de Chile, fueron atacados. El día 13 la línea ferroviaria para Arica, 3.200 Kms. al norte, fue bloqueada. El mismo día, individuos en sus vehículos fueron atacados en las grandes ciudades de Valparaíso, Concepción y Viña del Mar. El padrón de asaltos directos continuó en los días venideros.
En las fábricas los trabajadores resistían las tentativas de sabotaje de los patrones y tomaban el control directo de la producción. En la fábrica textil Sumar de Santiago, por ejemplo, los propietarios intentaron sacar parte de la maquinaria, pero fueron parados por los trabajadores y expulsados de la fábrica. Para los comités obreros no podía haber cualquier negociación: al final de cuentas, el propio gobierno había hecho de la manutención de la producción una prioridad absoluta. Una joven mujer obrera de 22 años, en Fabrillana, colocó la cuestión en términos muy claros:
"Yo pienso que el compañero Allende ha sido muy suave. El dice que es porque quiere evitar la violencia, pero yo pienso que debemos responder con más fuerza, atemorizarlos a muerte. Están intentando voltear lo que conquistamos".38
Los trabajadores de Alusa, una fábrica de embalajes, repetían a coro:
"La administración hizo un llamado a los trabajadores administrativos y ellos pararon de trabajar. Pero nosotros no podíamos permitirnos ser parte de esas maniobras. Los patrones no pueden venir a decirnos lo que debemos hacer… Así que abrimos los depósitos, sacamos las materias primas y simplemente continuamos produciendo: la producción aquí no paró en ningún momento. Y no vamos a parar ahora ni nunca. Nosotros vemos a la gente trabajando con verdadera alegría. Yo pienso que en pocos días nos hemos dado cuenta que lo que estamos defendiendo, es algo mucho mayor que un plato de comida".39
Nadie estaba inmune a la posibilidad de un ataque. Los trabajadores de la cadena de zapaterías Bata, por ejemplo, formaron comités de autodefensa en cada una de las 113 sucursales:
"Nosotros formamos comités de autodefensa en cada local para repeler los ataques. Ya tuvimos que afrontar algunos ataques, particularmente en locales de barrios de clase media y alta. Pero nosotros no cerramos ni por un día siquiera. Estamos contra esta huelga, y cuando llegue el momento decisivo no vamos a ceder ante nadie. ¡Basta!".40
Un trabajador de la fábrica de concreto Ready-Mix, resumió la experiencia:
"Tenemos que agradecer a los fascistas, por mostrarnos que no se puede hacer una revolución jugando. Cuando aparece un problema, nosotros los trabajadores tenemos que estar en la primera línea. Hemos aprendido más en éstos pocos días que en los dos años anteriores".41
Semejantes conclusiones fueron sacadas en otros lugares, particularmente en los distritos obreros donde luchas anteriores por el transporte y la vivienda, entre otras cosas, habían gestado organizaciones que cumplían un papel pleno y vital en las luchas obreras de octubre.
Las JAP, comités de distribución formados originalmente por el gobierno, se transformaron en núcleos de un conjunto de organizaciones locales y comunitarias —comités barriales, grupos de madres, organizaciones de sin techo— asumiendo la tarea de resistencia en las comunidades.42 Lo más importante de todo, fue que octubre dio a esas organizaciones comunitarias un contacto directo con los trabajadores, dándole realidad a su accionar en conjunto. El Cordón se transformó, como había prometido transformarse, en un centro organizador para una serie de luchas, coordinándolas y proporcionándoles una dirección obrera.
Es cierto, que si los trabajadores no hubiesen combatido inmediatamente a la burguesía, esta hubiera tenido éxito en su campaña, la economía hubiera sido paralizada, y Allende hubiera sido obligado a ceder a las demandas de los patrones presentadas en el "Pliego de Chile", el cual contenía una lista de sus reivindicaciones. Por el contrario, los trabajadores confiscaron el transporte y mantuvieron la economía en funcionamiento. Los ataques físicos de Patria y Libertad se enfrentaban con la resistencia organizada de los trabajadores, se dieron dos comités de autodefensa barriales y dos comités de vigilancia organizada en las fábricas.
Estas fueron una excelente ilustración de los cambios que habían ocurrido en el curso de la lucha, pues si bien surgieron como comités para supervisar la producción, su función cambió durante la huelga de los patrones, transformándose en órganos de control obrero sobre las fábricas. También las JAP se transformaron, pasando de comités establecidos para controlar la producción a organizaciones combativas de base, comprando y distribuyendo abastecimientos, manteniendo abiertos los comercios y supermercados, defendiéndolos de los asaltos de la derecha y colectivizando algunas funciones domésticas en los barrios pobres, particularmente la alimentación de los niños en comedores colectivos, con una "olla común".
No hay duda de que en los acontecimientos de octubre, los trabajadores no llegaron a extraer las conclusiones políticas adecuadas a su experiencia concreta. La generalización de ideas a partir de circunstancias específicas no ocurre espontáneamente. Exige la intervención consciente de socialistas revolucionarios que puedan proporcionar un esbozo, una comprensión de las luchas desarrolladas por la clase trabajadora. Y hay que decirlo, en Chile las numerosas organizaciones políticas impidieron el aprendizaje político. Pero igual, la experiencia de octubre había dado a la clase trabajadora todo un nuevo panorama de su potencial colectivo, y eso colocaba en serios problemas a Allende y a la UP.
El llamado inicial de la UP para que la clase trabajadora actuase en defensa del gobierno, partía de la suposición de que las organizaciones obreras permanecerían leales a las direcciones oficiales, a la CUT y a la propia UP.43 Pero la clase trabajadora terminó por tomar una acción independiente para defender al gobierno, sin esperar instrucciones. En esas circunstancias los trabajadores pudieron fácilmente llegar a la conclusión de que era necesaria una acción revolucionaria para resolver la crisis en Chile: nadie era más consciente de eso que el propio Allende.
Después del 11 de octubre Allende estaba indeciso y vaciló. Pero hubo pocas dudas sobre cuál camino tomaría. Él había dicho frecuentemente: "La UP se juega su futuro político en la capacidad de manejar la capacidad de la clase trabajadora, y desarrollar su programa en colaboración con la mayoría de la burguesía".44
Pero Allende y sus colegas de dirección política de la UP, parecían no haberse dado cuenta de que en octubre una frontera histórica había sido cruzada y que la burguesía hacía mucho tiempo había perdido el interés en colaborar. En cierto sentido, el gobierno de Allende se transformó en espectador, dentro de la arena de la lucha de clases, intentado en vano reimponerse sobre los acontecimientos a partir del punto privilegiado del Estado.
Octubre de 1972 ofreció la evidencia más excitante y dramática de las posibilidades del poder de los trabajadores. La clase trabajadora no sólo superó las vacilaciones de su dirección al actuar independientemente; sino que en la realidad cotidiana de la lucha contra los camioneros y sus colaboradores, viejas divisiones fueron superadas por un liderazgo que no estaba paralizado por compromisos políticos, o por alguna lealtad en relación a los dirigentes sindicales.
Eso reflejaba, en parte, la llegada a un nuevo estadio político de actores hasta entonces excluidos de los sindicatos y otras organizaciones, trabajadores menos afectados por la disciplina partidaria y sindical. Muchas de las pequeñas fábricas permanecían fuera del ámbito de influencia de la CUT, porque por ejemplo tenían menos de 25 trabajadores. Lo que los cordones representaban era una alianza ente los trabajadores organizados y no organizados, la población de los barrios pobres, los trabajadores agrícolas y algunas organizaciones estudiantiles.
Su carácter político era menos definido. La CUT afirmaba que los cordones eran simplemente sus organizaciones de base con otro nombre.45 Pero la dificultad de la CUT para imponer cualquier tipo de disciplina sobre los cordones, sumado a los frecuentes ataques a los líderes de estos cordones, mostraba que la relación CUT-cordones no era la que la CUT afirmaba. El MAPU, con su característica ambigüedad, describía a los cordones como "comités patrióticos".46 El Partido Socialista, como siempre, intentó reconciliar dos tradiciones políticas conflictivas, describiendo a los cordones como "escuelas activas de masas para discutir problemas, ejercer la crítica constructiva, planear soluciones y coordinar iniciativas".47
En cuanto al MIR, éste ciertamente disfrutaba de considerable influencia sobre los sectores más pobres de la población, a través de varias organizaciones con carácter frentista. Pero al mismo tiempo que el MIR era el mayor crítico de los intentos de la UP de contener y manipular a los cordones y otras organizaciones de base, y que usaba una oratoria revolucionaria, no tenía ninguna estrategia que ofrecer. Al final, el MIR compartía con todas las demás organizaciones de izquierda, un análisis fundamentalmente débil: todas reconocían la incapacidad de la UP para dirigir el contraataque de las masas contra los patrones, pero de ahí sacaban la conclusión de que debía reformularse la UP a la luz de sus críticas, y así ella podría estar mejor preparada para dirigir la lucha en el próximo round.
Ningún grupo de izquierda vio las posturas contradictorias de la UP, durante los eventos de octubre, como lo que realmente eran: la fiel expresión de su perspectiva política. Como resultado, la izquierda seguiría desorientada durante el nuevo y chocante desarrollo de los acontecimientos.
Con una huelga del transporte aéreo iniciada el día 31 de octubre y con la negativa de los transportistas a poner fin a su acción, al día siguiente Allende decidió convocar a varios generales a su gabinete. Al mismo tiempo decretó un Estado de Emergencia Nacional, depositando efectivamente el gobierno de Chile en manos de los militares, durante el período que durara la emergencia.
La lucha por derrotar la huelga de los patrones trajo a la clase trabajadora a la arena política como un actor independiente, y por muchas semanas la práctica cotidiana de autogobierno de los trabajadores se desarrolló de un modo más y más firme. Lo que estaba detrás de la decisión de Allende de recurrir a los militares, no hay sombra de duda, era que la UP estaba intentando sustituir por la fuerza la iniciativa histórica de la clase trabajadora, bajo la excusa de frenar a la burguesía.
Posteriormente se intentó justificar la decisión de Allende, describiendo la situación de Chile a principios de noviembre como un estado de "casi caos", de "quiebre de la ley y el orden".48 La verdad no era que se estuviera quebrando el orden, lo que estaba ocurriendo era la profunda crisis de una clase. A medida que nuevas formas de organización y actividad se desarrollaban entre los trabajadores, cada vez más las organizaciones tradicionales se volvían incapaces de contenerlas dentro de los límites de la negociación preestablecida entre el capital y el trabajo.
Desgraciadamente, esto no significaba que la clase trabajadora se estuviera preparando para tomar el poder con una perspectiva revolucionaria. Pues aquellos que se consideraban socialistas revolucionarios, se encontraban en una completa confusión teórica y política. No tenían una posición coherente acerca de ninguno de los problemas urgentes. El problema de la organización partidaria, el papel y la naturaleza de las fuerzas armadas, o si sería correcto romper con la UP (en realidad esa última opción no era siquiera considerada en este período). Ellos no estaban, por lo tanto, en condiciones de ofrecer una dirección consistente. Cuando la CUT, respaldando a Allende, convocó a apoyar a las fuerzas armadas en la restauración del orden, ninguna voz organizada se levantó en oposición.49 En ese momento crítico, la izquierda chilena se mostró confusa e incapaz.
La exigencia de la intervención militar vino de un congresista demócrata-cristiano, Rafael Moreno, pero ya había aparecido antes una lista de exigencias alentada por la derecha, en el inicio de la huelga patronal. El anuncio de Allende de un nuevo gabinete conjunto (UP-militares), el día 3 de noviembre, fue seguido de un mensaje a los trabajadores agradeciéndoles el actuar en apoyo al gobierno, y pidiéndoles que volviesen a sus trabajos y devolvieran las fábricas a sus propietarios.
Una vez que los camioneros volvieron a su trabajo y las fuerzas armadas entraron al gobierno, era obvio que la principal tarea del ejército iba a ser controlar el retorno de los trabajadores a las fábricas. Prats, el Comandante del Ejército determinó su posición con un estudiado tono neutro:
"En cuanto existe un Estado propiamente constituido, las fuerzas armadas están obligadas a respetarlo… Obviamente las fuerzas armadas son un instrumento legítimo que está a disposición del Presidente, para ser usado contra cualquiera que amenace el orden público".50
La naturaleza de la amenaza se volvería más clara todavía, cuando comenzara el Estado de Emergencia. El rígido toque de queda fue empleado para controlar el movimiento de los trabajadores y los amplios poderes concedidos a los militares fueron invocados para devolver los dos periódicos ocupados en Talca y Concepción, a sus propietarios originales. Los líderes de los comités de autodefensa de Bata, fueron encarcelados por más de un mes. El día 13 de noviembre el Ministro de Economía anunció que las 28 fábricas ocupadas por los trabajadores, serían devueltas a sus propietarios. Tal vez el sistema de distribución haya sido el sector que más se distanció del control estatal, y es por esa razón que fue el área sometida a control militar más directo. El General de la Fuerza Aérea, Bachelet, fue encargado del DRINCO, agencia estatal de distribución.
El nuevo gabinete incluía, de un lado dos generales, tres ministros de la UP: dos del Partido Comunista (Millas en el Ministerio de Obras, y Figueroa, dirigente de la CUT, como Ministro de Trabajo) y uno del MAPU (Flores, en el Ministerio de Economía).
Desde que el Estado de Emergencia había dado el control real a los militares, el papel de esos ministros no era el de defender supuestas posiciones en el gabinete, al contrario de eso defendieron a los militares frente a los trabajadores. Figueroa, por ejemplo, discutió vigorosamente con los obreros de Arica, para que fuese permitido a los funcionarios administrativos que habían apoyado la huelga patronal, el retorno al trabajo y el recibo del salario íntegro, referente al período de la huelga, presumiblemente como gesto de conciliación.
Un trabajador de Ex-Sumar, una de las fábricas más militantes de Santiago, resumió la nueva situación:
"Pienso que las concesiones significan que este nuevo gobierno se movió hacia la derecha. Tenían otra alternativa posible: buscar el apoyo de las masas e implantar el programa defendido inicialmente. Pero nunca quiso realmente implementarlo. Así las masas fueron dejadas al margen de las cosas y cuando ellas quisieron confrontar los problemas, fueron brutalmente reprimidas. La derecha debe estar celebrando ahora, puedes percibir que están llenos de gozo, solamente escuchando sus audiciones de radio".51

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