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viernes, 5 de julio de 2019

Chile, centro de la injusticia y la desigualdad

Miren Cómo Sonríen
Violeta Parra

Miren cómo sonríen
Los presidentes
Cuando le hacen promesas
Al inocente.

Miren cómo le ofrecen
Al sindicato
Este mundo y el otro
Los candidatos.

Miren cómo redoblan
Los juramentos,
Pero después del voto
Doble tormento.

Miren el hervidero
De vigilante
Para rociar de flores
Al estudiante.

Miren cómo relumbran
Carabineros
Para hacerle premios
A los obreros.

Miren cómo se visten
Cabo y sargento
Para teñir de rojo
Los pavimentos.

Miren cómo profanan
Las sacristías
Con pieles y sombreros
De hipocresía.

Miren cómo blanquean
Mes de maría
Y al pobre negrean
La luz del día.

Miren cómo le muestran
Una escopeta
Para quitarle al pobre
Su marraqueta.

Miren cómo se empolvan
Los funcionarios
Para contar las hojas
Del calendario.

Miren cómo sonríen,
Angelicales,
Miren como se olvidan
Que son mortales.




4 de julio de 2019 


Esta abuelita que se gana la vida tristemente como comerciante ambulante fue golpeada por Carabineros en Concepción calles Caupolican con Maipu.

Capitalismo salvaje, la ley que ampara al mas rico y golpea a través de sus mercenarios al mas pobre que lucha por subsistir, mientras los poderosos afanan a manos llenas.


Este es el Chile del siglo XXI, nada a cambiado, todo sigue igual!!!





martes, 14 de mayo de 2019

Mónica Angélica Briones Puccio


Hace 25 años, una mujer lesbiana fue asesinada brutalmente en pleno centro de Santiago. Su caso, el cual fue cerrado en la justicia sin encontrar culpables, motivó la creación de la primera agrupación lésbica en la historia del movimiento, Ayuquelén. Se llamaba Mónica Briones Puccio, era escultora y nunca ocultó su lesbianismo.

“La Mónica era una artista, sobreviviente del hippismo, el Parque Forestal y de tantos cafés utópicos que humeaban las tardes de la UNCTAD, en la lejana Unidad Popular. Y a pesar del golpe, del toque de queda y la milica represión, todavía le quedaban ganas para soñar noches en ese Santiago amordazado por el toque de queda”. **

El 8 de julio de 1984, Mónica Angélica Briones Puccio cumplió 34 años. Ella lo quería celebrar en grande y para eso, se reunió con una amiga y unos amigos gays a brindar por ello. Ese fin de semana en Santiago, arreciaba uno de los tantos y recordados temporales ochenteros, esos que desbordaban el río Mapocho y donde aparecían muchos cuerpos en la calle producto de la lluvia o de automovilistas que se daban a la fuga.

Pese a las condiciones climáticas, Mónica salio a celebrar. Primero se dirigio a la casa de su amiga Gloria del Villar Gajardo, una mujer heredera del hippismo setentero con dos hijos que vivía en una cómoda casa en Vitacura. De ahí, se reunirían con dos amigos gays, dueños de la mítica discoteque “Atlantis”, un centro nocturno para homosexuales que se encontraba en calle Merced. Todos irían a comer a “Los Chinos” para después, terminar en la discoteque de calle Merced. Pero algó ocurrió que Mónica y Gloria decidieran, en la madrugada del 9 de julio, separarse de ellos y dirigirse al reconocido bar “Jaque Matte”. Esa decisión sigue siendo un enigma hasta hoy.


Amigos pascuenses

“Aún le quedaba pasión, esa fecha del setenta y algo para brindar por la esperanza en el bar Jaque Mate de la Plaza Italia. Y la Mónica hablaba tan fuerte, no tenía pelos en la lengua para manifestar su rabia frente al machismo, la repre, y todas las fobias que alambraban de púas su prohibido amor”.

El “Jaque Matte” en esos años ochenta era administrado por dos mujeres, la madre y su hija. Como sucede en la actualidad, el bar pasaba lleno de hombres y muy pocas mujeres. Mónica y Gloria entraron al lugar. Pidieron un “navegado con naranja y chancaca “, que según relataba Gloria en su declaración judicial “estaba intomable”. Se encontraron con dos amigos de Mónica oriundos de Isla de Pascua. Conversaron, e incluso, cantaron a la Edith Piaf, la cantante favorita de la Mónica. Un dificultoso francés se escuchaba en el vetusto bar, mientras a cada momento la Mónica se paraba a conversar con la hija de la dueña, a quien denominaban “Lucy”. Nadie sabía de qué hablaban, sólo reían y cuchicheaban. Gloria interpretó que tal vez la Mónica estaba coqueteando con ella, pero no tuvo la certeza de eso.

Hicieron hora. Sólo a las 6 de la madrugada comenzaban a circular las heladas e incomodas micros de colores. No convenía salir antes. Gloria propuso ir a tomar la micro a la esquina de Merced con Irene Morales. Se despidieron de los pascuenses y salieron de ahí raudamente con el vino navegado retumbando en sus sienes cuando la lluvia había comenzado a amainar.


El hombre de corte militar

“Y cuando se fueron, caminando tranquilos por la oscuridad macabra de la dictadura, la Mónica quedó hecha un guiñapo estampado en el suelo. Y cuando llegó la policía, nadie había visto nada, nadie se atrevía a dar información sobre esos monstruos, seguramente CNI, que se desplazaban libremente en el Santiago de la botas”.

Pasaban los minutos y nada parecido a locomoción se veía en esa esquina. No llovía, pero como suele suceder en Santiago, después de la lluvia viene el frío. Gloria y Mónica platicaban sobre lo bien que lo habían pasado primero donde “Los chinos” y después en el Jaque Matte. De pronto, como contaría años después Gloria del Villar en sus declaraciones a la justicia, de la oscuridad aparecio un hombre. Alto, fornido, rubio, de ojos verdes muy juntos y con corte de pelo “a lo militar”, ninguna de las dos lo había visto antes . Llevaba gabardina de color beige, botas gruesas y un paraguas rosado. Tomó a Mónica por la espalda, la agarró firmemente del cuello, propinándoles empujones e insultos.

“oye, y a ti, ¿qué te pasa?” – le preguntaba insistente y sorprendida, mientras su amiga Gloria no sabía qué hacer, sólo gritaba. Con el mismo paraguas le propinaba golpes en la cabeza al individuo. A lo lejos, vio a unos obreros esperando micro, pero se hacían “los lesos”, miraban a otro lugar, callados, impéterritos, inmunes a los gritos de socorro que profilaba la Gloria. Los empujones continuaban y Gloria fue lanzada unos metros más allá por una patada en el estomago que le propinó el desconocido “contigo no es la cosa, ¡puta!”, le dijo. Súbitamente, Mónica, de 1,60 de estatura y 58 kilos, cayó al suelo después de un brusco empujón que le dio el rubio fornido. “Así te quería pillar ¡Lesbiana!”- le gritaba el hombre sin saber que ése era el nombre que ella orgullosamente llevaba. Ella se defendió como pudo, algunas de sus viejas amigas contaban que “era buena para los combos”, pero nadie lo confirmó.

Sólo fueron 10 minutos. Diez minutos eternos donde la bota del desconocido golpeaba sin césar la cabeza de Mónica, hasta desangrarla, hasta partirla, mientras un charco de sangre se mezclaba con la acera en la esquina de Irene Morales con la calle Calle Merced, justo frente al Parque Forestal que tantas veces la vio deambular vendiendo sus pinturas y las muñecas de trapo que confeccionaba junto a su abuela y su madre.


¿Accidente?

“La bella Mónica, como recordaba la Su entre cervezas y fotografías de mujeres y la voz incansable de Chabela Vargas que timbraba de boleros el testimonio horroroso de aquel asesinato”.

Según el parte del deceso, “el accidente”, como le llamaron en el Servicio Médico Legal, se habria producido a las 6.20 hrs de la mañana del sábado 9 de julio “después que la vicitima fuera arrollada por un vehículo que se dio a la fuga. La victima fue encontrada en posición cúbico abdominal”, relataba el Carabinero en su parte..

Pero esas fueron las impresiones iniciales. El hombre de corte militar salio corriendo por las calles aledañas hasta que se perdio en la oscuridad. Gloria, no recordaba bien, no sabía por qué tomó esa decisión, pero ella se fue de ahí, arrancó. Estaba en estado de schok. Se alejó unos pasos hasta casi llegar a la otra cuadra con calle Coronel Bueras, cuando, según contó, se detuvo un automovil de color azul con un hombre que la invitó a subir. “Suba rápido, yo la llevo a su casa” – recordó que le dijo. Del Villar estaba tan choqueda, que obedeció como una automata. El chofer le habló de muchas cosas mientras la llevaba a su casa en Vitacura. Tantas, que después las olvidó sin explicación alguna.

En tanto, los habituales al Jaque Matte salieron corriendo a la calle cuando esucharon el grito de las mujeres. Cuando llegaron al lugar, parecía que era demasiado tarde. Ahí yacía el cuerpo inerte de una de las clientas del lugar. No entendían, no había nadie ahí y estaban seguros que la habían visto acompañada de otra mujer. Alguien dijo que fue un automovil, no era primera vez, ya se hacía cotidiano por esos días que de la nada aparecieran autos marca “Opala” atropellando a algún sospechoso del régimen. Llamaron a Carabineros y llegaron con la “CIAT” (Unidad especializada en accidentes del Tránsito) a tomar fotografías de la occisa que vestía unas botas negras, un abrigo verde y una chaleca de lana gris perla. “Pelo corto rubio, mediana estatura, tez blanca, contusiones por todo su cuerpo”, recitaba el primer parte. Un carabinero con mala caligrafía escribio “María Briones Pujio” y agregó que según su teoría se trataría de una “prostituta”.

El Servicio Médico Legal al parecer no quiso dar una hipótesis contraria a la teoría del teniente. La doctora de Tatonología América González Figueroa- la misma facultativa que saltó a la palestra por el caso del patio 29 veinte años después- concluyó exactamente lo mismo: se había tratado de un accidente automovilistico que le había provocado a la occisa, un “traumatismo cráneo encefálico facial” no a golpes atribuibles a puños.

Después vino lo más triste. Informar a su familia: su padre, su madre, su abuela y su hermana. Sus amigas, sus millones de amigos, repartidos por todos lados y desaparecidos en estos instantes. Había mucho miedo, mucho temor, cualquiera podía ser el próximo o la próxima. Era mejor guardar las apariencias. Así y todo, para su funeral en la Capilla Nazareno de calle Manuel Montt, aparecieron muchos. La llevaron al Cementerio General donde la cremaron para luego dirigirse a la Caleta de Horcón, en la Quinta región. Ëse era el lugar predilecto de Mónica. Ahí, en ese mar que tantas veces la vio deambular, fueron arrojadas sus cenizas. En tanto, algunas de sus amigas se juntaban en el mitico bar “Quita Penas” ese que queda frente al Cementerio. No podía volver a pasar. Había que organizarse, decían convencidas. Así nació Ayuquelén, la primera agrupación lésbica en Chile, pero eso ya es otra historia.


* Este reportaje es la primera parte de una investigación periodística que se está preparando en torno al caso. El adelanto es publicado como un homenaje al cumplirse este mes de julio, 23 años de la muerte de Mónica, quien habría cumplido el pasado 8, la edad de 57 años.
** Pedro Lemebel “Las amazonas de la colectiva lésbica Ayuquelén”. Artículo gentileza www.cuds.cl.


¿Quién mató a Mónica?

  • - La causa se abrió en 1985, cuando el padre de Mónica interpuso una querella por cuasi delito de homicidio. La decisión fue adoptada ante los reiterativos sucesos extraños que le ocurrieron a diferentes miembros de la familia después de su muerte.
  • - En la morgue, un Carabinero le entregó un papel a su hermana Cristina con los datos de Gloria del Villar, indicándole que ella tenía relación con la muerte de Mónica. También, en esos duros días, un primo de Mónica recibió la llamada de una misteriosa mujer que le indicó ver cuándo asesinaban a su prima a golpes en plena vía pública y ante la presencia de su amiga, Gloria.
  • - La aludida recién fue ubicada a principios de 1986 en el norte del país. Prestó su primera declaración como única testiga de los hechos, pero cambio muchas veces su versión de cómo ocurrio la golpiza y por qué ella se fue de ahí, dejando a su amiga en la calle. Incluso, en sus primeras declaraciones, omite cualquier referencia al lesbianismo de Mónica.
  • - Alfredo Etcheberry ya gozaba del prestigio que tiene hoy como uno de los abogados más respetados y reconocidos en Chile. Ayudó a los Briones Puccio porque se lo pidio la Pastoral Católica y representó a la familia en el caso. En la familia, sólo su hermana, Cristina, sabía del lesbianismo de Mónica y conocía a algunas personas de su círculo de amistades.
  • - En esos años, el abogado se dedicó a interrogar a todos los conocidos de Mónica y a ubicar a cada uno de ellos que aparecían en una agenda telefónica que se encontraba en poder de la victima al momento de su deceso y que recién pudo recuperar a principios de los 90.
  • - Otra corriente de su investigación derivó en que el crimen de Mónica, fue por encargo, ya que habría mantenido una relación sentimental y extra marital con una mujer casada. Gloria del Villar lo confirma en una de sus declaraciones. En el texto final del expediente, Gloria indica: “Me costó y me sigue costando superar este incidente que jamás se ha borrado de mi mente como fue ver morir a una persona querida a manos de un salvaje”.
  • - El líbelo judicial estuvo cerca de 10 años en los antiguos Juzgados del Crimen. Muchas veces estuvo a punto de sobreseerse al no encontrarse culpables. Se cerró definitivamente en septiembre del año 1995, pese a los reiterados intentos del abogado Etcheberry por continuar indagando. En su análisis final, declaró como principal sospechosa del crimen a Gloria del Villar, sin embargo, dicha tesis no fue acogida por la Corte. La razón fue que “no existen indicios suficientes para acusar a determinada persona como autor, cómplice o encubridor”.


Su caso en el siguiente video

Santiago, 1984. La artista Mónica Briones Puccio inicia una relación con Natalia, la cual estaba casada con un agente de la CNI. El agente se entera de la infidelidad de su esposa y Mónica empieza a ser víctima de extrañas persecuciones de neonazis. Después del cumpleaños número 34 de Briones, testigos afirman que un desconocido “con pinta de nazi”, la golpeó violentamente hasta asesinarla. Su muerte origino la primera organización lésbica de chile, Ayuquelén.



viernes, 10 de mayo de 2019

El caso Huber

Cajón del Maipo, 1992. El Coronel del Ejército, Gerardo Huber Olivares desaparece sin dejar rastros. En 1991 Huber apareció involucrado en el tráfico de armas a Croacia y el ministro Hernán Correa de la Cerda lo llamó a declarar y quedó con orden de arraigo. Semanas más tarde aparece el cuerpo sin vida de Huber, en el río Maipo y la familia crea una teoría en donde los culpables son los altos mandos del Ejército, tras vender armas ilegalmente.

La extraña muerte del militar que enfrentó a la DINA


Ayudó a prisioneros del MIR, se enfrentó a un oficial cercano a Manuel Contreras y finalmente su cuerpo fue hallado con un disparo en el cráneo. Luego de 40 años de mentiras y de datos que vinculan a Colonia Dignidad en el crimen del oficial, la causa está sobreseída temporalmente.

Cuarenta años se cumplen ya desde el día en que fue hallado, en un cerro cercano a Talca, el cuerpo sin vida del capitán de Ejército Osvaldo Heyder Goycolea, cuya extraña muerte es uno de los grandes misterios que aún quedan por resolver de la época de la dictadura, pues en ella habrían participado en conjunto la Colonia Dignidad y la DINA, organismo de inteligencia con el cual Heyder se enfrentó abiertamente, al ayudar a un grupo de presos del MIR que estaban en las manos de la policía secreta de Pinochet.
Durante años, la dictadura dijo públicamente que la muerte de Heyder era un homicidio. Dependiendo de quien contara la historia y a quién, los responsables eran miristas que se infiltraban por la cordillera desde Argentina, o “guerrilleros” que habían seguido al capitán desde el regimiento Maipo de Valparaíso hasta Talca, donde lo habrían ultimado de un disparo al interior de su Citroen AX-330 blanco, el cual fue hallado en la mañana del 05 de junio de 1975 en el sector del Cerro La Virgen.
En privado y en la investigación judicial que se abrió a inicios del siglo XXI, sin embargo, los militares que conocieron el caso, así como los ex miembros de la DINA sospechosos de haber participado en su muerte, cuentan otra historia: que Heyder se suicidó. Los supuestos motivos también varían: algunos dicen que tenía problemas de faldas, otros que tenía problemas económicos, otros incluso dicen que tenía problemas de drogas. No obstante, nada de ello se condice con el buen estado que tenía su matrimonio, con la buena situación económica del mismo, ni con los proyectos que Heyder abrigaba para su futuro.
Lo que prácticamente todos olvidan, sin embargo, es cómo Heyder se opuso a la bestialidad de la DINA en Valparaíso, dando un trato digno a una serie de detenidos que formaban parte del MIR y salvando la vida de varias mujeres.

El Regional Valparaíso

A fines de 1974, la Agrupación “Vampiro”, perteneciente a la Brigada “Caupolicán” de la DINA, se dejó caer en Valparaíso, con un objetivo muy claro en mente: exterminar a la dirigencia regional del MIR.
Un par de meses antes había dado muerte al líder máximo del grupo, Miguel Enríquez, y luego de Valparaíso el siguiente objetivo era Concepción. Para ello contaban con un arma secreta: la ex mirista penquista Marcia Merino Vega, “La Flaca Alejandra”, en ese momento ya reconvertida en agente de la DINA. De ese modo, poco les costó capturar a los más importantes líderes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria en el puerto, en operativos liderados por el entonces teniente Fernando Lauriani Maturana, más conocido como “El teniente Pablito”.

A ellos les contó que, luego de ser detenidos y llevados al regimiento Maipo, los presos del MIR fueron brutalmente interrogados y torturados por la DINA. No obstante, después se presentó ante ellos, vestido de uniforme, el capitán Heyder, quien “me dijo que él también era de Concepción, dándome a entender que no estaba de acuerdo con el procedimiento de la DINA, a cargo del teniente Lauriani, señalando que en esta ocasión no se cumplía el dicho de ‘donde manda capitán, no manda marinero’, ya que Lauriani, con un grado inferior suyo, impartía instrucciones para detener y torturar a los detenidos, mostrándose en desacuerdo con ese tratamiento”, aseveró Zott.

En dichos operativos también prestó apoyo el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) del Regimiento Maipo, encabezado por su jefe, el capitán Heyder. El resultado del raid de cerca de un mes que se dio la DINA por la Quinta Región culminó con más de veinte detenciones y una muerte, la del militante Alejandro Villalobos Díaz, quien fue asesinado en una casa de calle Montaña. Además, tenían un premio de caza mayor, ya que habían capturado al jefe regional del MIR, Erick Zott, quien, al igual que Heyder y Merino, era de Concepción.
La participación de Heyder en los operativos quedó estampada en su hoja de vida, donde figura una felicitación al respecto.
No obstante, Heyder se sentía repugnado por los métodos de la DINA, como lo señaló judicialmente su esposa, Cecilia Contador, en la causa que se abrió a inicios de los años 2000 en el entonces Tercer Juzgado de Letras de Talca.
Por cierto, quienes eran sus amigos dentro de Ejército no creen en la versión del suicidio. El brigadier general en retiro Luis Eugenio Meza, quien fue uno de los primeros en llegar al cerro La Virgen ese 5 de junio, declaró ante la Brigada de Derechos Humanos de la PDI que “hasta el día de hoy tengo la duda de lo que realmente ocurrió”, mientras que el mayor en retiro Carlos Verdugo fue más directo ante los detectives, a quienes señaló que “quiero ser muy enfático en decir que Osvaldo no era una persona que tuviera la capacidad de suicidarse, por su carácter y forma de ser”, agregando que ante una injusticia “sé que se la iba a jugar entero”.
De hecho, Cecilia Contador, la viuda de Heyder, dijo el 13 de abril de 2004, en el proceso judicial, que Meza le reconoció en privado muchos años después, ya estando en retiro, “que mi marido no se suicidó, lo mataron, nada más, muy escueto”.

El policía bueno

El 23 de octubre de 2002 Erick Zott se presentó ante el cónsul de Chile en Austria, donde reside, y prestó una declaración fundamental para la causa. En ella señaló que a mediados de los años 80, mientras actuaba como testigo en una causa que Colonia Dignidad había incoado en Bonn (Alemania) en contra de Amnistía Internacional, presenció una conversación confidencial entre Walter Rövenkamp, dirigente de Amnistía, y el ex número dos de la Colonia, Hugo Bäar, que a fines de 1984 logró huir del enclave regentado por Paul Schäfer.
Según el relato de Bäar, a mediados de los años 70 él estaba, entre otras cosas, a cargo de las armas de la colonia, “y de esta manera se enteró que en el invierno de 1975 dos miembros de la Colonia Dignidad, a quienes identificó y cuyos nombres no recuerdo, participaron en un atentado en contra de un oficial del Ejército chileno en la ciudad de Talca. Hugo Bäar recibió el arma de vuelta y estos dos miembros de la colonia se ocultaron temporalmente en el sur de Chile. Sobre esta conversación recuerdo que Rövenkamp tomó notas escritas y se iniciaron consultas para poder determinar la identidad de la víctima de este atentado”.
Zott no atinó de inmediato a comprender que se trataba de Heyder, el hombre a quien conoció muy de cerca en sus días en cautiverio en el regimiento Maipo, como lo declaró también en Viena, el 15 de abril de 2003, a dos detectives chilenos que viajaron a entrevistarlo.
A ellos les contó que luego de ser detenidos y llevados al regimiento Maipo, los presos del MIR fueron brutalmente interrogados y torturados por la DINA. No obstante, después se presentó ante ellos, vestido de uniforme, el capitán Heyder, quien “me dijo que él también era de Concepción, dándome a entender que no estaba de acuerdo con el procedimiento de la DINA, a cargo del teniente Lauriani, señalando que en esta ocasión no se cumplía el dicho de ‘donde manda capitán, no manda marinero’, ya que Lauriani, con un grado inferior al suyo, impartía instrucciones para detener y torturar a los detenidos, mostrándose en desacuerdo con ese tratamiento”, aseveró Zott.
Por supuesto, varios de los prisioneros creyeron que lo de Heyder era una simple impostura, suponiendo que jugaba al papel de “el policía bueno”. Sin embargo, Zott le creyó por algún motivo, quizá por haber sido casi de la misma edad, ser penquistas y ambos haber estudiado en la Universidad de Concepción (Heyder cursó dos años de derecho antes de entrar a la Escuela Militar). Además, el oficial le dijo cosas que le hicieron creer en él: “Osvaldo Heyder me reiteró en varias oportunidades su progresivo asco frente al personal de la DINA y su pleno distanciamiento de los métodos y brutalidad empleados por ellos”, precisó Zott a los funcionarios de la PDI.

Tratos especiales

La situación hizo crisis luego de que Lauriani golpeara a Zott con su arma, tras lo cual fueron detenidos unos 50 sospechosos, muchos de ellos sin vínculos con el MIR. “Todas las personas sufrieron los malos tratos del personal de la DINA y del regimiento que los acompañaban. Este hecho enfrentó a Lauriani con Heyder, quien desaprobaba el procedimiento”, recordó “el gringo” Zott ante la policía.
En diciembre de 2003 la PDI interrogó a “La Flaca Alejandra”. Allí, ella aseveró que después de estar en Valparaíso, “me enteré que Fernando Lauriani había tenido problemas con un oficial importante del regimiento Maipo, quien no estuvo de acuerdo con los métodos utilizados por el encargado de los interrogatorios (Lauriani); es decir, con la aplicación de torturas en los interrogatorios”.


Pero no fue lo único que señaló: “Esta situación la recuerdo muy bien, por cuanto fue la primera vez que escuchaba que algún militar estuviera totalmente en contra de los métodos de la DINA y les encarara los interrogatorios o la aplicación de torturas”.
Otro hecho que enemistó a Heyder con la DINA fue lo que sucedió con Liliana Castillo Rojas (esposa de Neftalí Carabantes Olivares, quien hasta el día de hoy se encuentra desaparecido), la que se encontraba en avanzado estado de embarazo y dio a luz a dos gemelas en la enfermería del regimiento. “Osvaldo dispuso todos los recursos a disposición para que el parto y la convalecencia fueran satisfactorios, a pesar de que Lauriani se opuso a los ‘tratos especiales’ aplicados”, contó Zott a los agentes de la Brigada de DD.HH.
Luego de ello, “recuerdo que el capitán Heyder solicitó mi intervención para que convenciera a un militante, conocido con el apodo de ‘Mota’ para que proporcionara la ubicación de armas que había escondido. Heyder me comenta que este joven estaba siendo salvajemente torturado y que Lauriani estaba dispuesto a matarlo si no confesaba. Yo hablé con el ‘Mota’ y lo obligué a proporcionar la información requerida, bajo mi responsabilidad ante el partido. Los agentes realizaron el desentierro y encontraron un par de armas cortas, completamente oxidadas e inservibles”.
Sergio Vásquez, en tanto, a quien le decían “El Mota”, expresó a la PDI, en 2004, que “creo también que sería Osvaldo Heyder quien el día 27 de enero dio permiso para que nos sacáramos las vendas y nos relajáramos, e incluso Sergio Vesely pudo cantar ‘Gracias a la vida’ de Violeta Parra y otras canciones”.

Heyder, Heider, Heiden

A fines de enero de 1975, la DINA estaba a punto de volver a Santiago y Heyder sabía lo que significaba aquello. Por eso se acercó a hablar con Zott, “preguntándome qué podía hacer por nosotros, haciendo presente que por mí no estaba en condiciones de intervenir. Yo le solicité que, bajo el pretexto de diligencias pendientes, solicitara que permanecieran en el regimiento las mujeres”, recordó el ex prisionero ante la policía.
El 29 de enero, quince prisioneros fueron trasladados a Santiago, entre ellos dos mujeres que Heyder no logró retener. Desde allí, Zott fue después llevado a Concepción y luego a Colonia Dignidad, donde quedó en manos del segundo hombre de la DINA, Pedro Espinoza. Luego de una serie de vejámenes y una larga detención, Zott finalmente quedó en libertad, lo mismo que otros seis de sus compañeros, pero los ocho restantes fueron hechos desaparecer. Recientemente la Corte Suprema dictó condena por este caso, conocido como “Los ocho de Valparaíso”. Las víctimas de estos hechos son Horacio Carabantes, Alfredo García, María Isabel Gutiérrez, Fabián Ibarra, Sonia Ríos, Carlos Rioseco, Abel Vilches y Elías Villar.
Entre los condenados por estos secuestros se cuenta Fernando Lauriani, pese a que este dijo, en el proceso judicial del caso Heyder, que en esa época pertenecía al Departamento de Educación de la DINA, donde trabajaba como “encargado de la infiltración marxista” en los liceos, sin haber estado nunca en Valparaíso: “No recuerdo haber formado parte de una comisión de servicio a dicha ciudad en ese periodo”, afirmó, olvidando no solo su viaje a la Quinta Región, sino el hecho de que existen varios testimonios que lo sitúan en esa época como un interrogador estable al interior de Colonia Dignidad.
Por cierto, el jefe de la Brigada Caupolicán, el mayor Marcelo Morén Brito, tampoco recordaba haber viajado a Valparaíso a ese operativo.
Heyder, en tanto, fue trasladado a Talca hacia febrero de 1975. Aunque nunca estuvo claro a qué función llegó, las detalladísimas fichas de la Colonia Dignidad, desclasificadas el año pasado, relatan que fue destinado al mismo Servicio de Inteligencia Militar (SIM), organismo al cual la DINA le tenía un odio profundo… lo mismo que Colonia Dignidad, que mantenía fichas de todos los miembros del SIM del sur de Chile, atribuyéndoles a cada uno de ellos las más nefastas características, a diferencia de los integrantes de la DINA, de quienes también tenían fichas, aunque por lo general estas mostraban alabanzas hacia los agentes de Contreras.
Un hecho curioso de las tres fichas halladas en Colonia Dignidad sobre Heyder es que, pese a quien las escribía era un germanoparlante, Gerd Seewald, el apellido “Heyder” está mal escrito, pues figura con “i”, es decir, “Heider”, en las tres fichas que se encontraron a su nombre.
En español no existe a nivel fonético diferencia alguna entre la “y” y la “i”. Sin embargo, en alemán, la combinación de letras “hei” se pronuncia distinto que la combinación “hey”. Mientras la primera suena a oídos de un hispanoparlante como “jai”, la segunda suena a “jei”.
Lo anterior no pasaría de ser anecdótico, si no fuera porque en una confusa declaración prestada en alemán por el ex guardaespaldas de Paul Schäfer, Kurt Schnellenkamp, se le preguntó al respecto, ante lo cual dijo no conocer el nombre Osvaldo Heyder, pero sí el de un tal “Heide” o “Heiden”, respecto del cual aseveró que “no puedo decir si este corresponde a Osvaldo Heyder. Sobre este ‘Heiden’ se discutía bastante en la colonia, aunque de forma reservada. La discusión se terminaba prontamente bajo el argumento de que era una sarta de mentiras”. Al respecto, más adelante agregaría un detalle muy llamativo, que mencionó fuera de contexto, cuando ya había dejado de hablar de “Heide”: “Se trataba de un arma particular con silenciador, que Hugo Baar debió haber proporcionado, pero que nunca llegó”.
Sobre este punto, en su declaración de 2003, Zott agregó un detalle importante: que a Hugo Bäar le constaba la participación de la colonia en el crimen “porque le tocó entregar las armas ocupadas en dichos operativos, recordando además que una de estas era una pistola marca Luger, calibre 9 mm., la cual fue devuelta por estos y recibida por él mismo”.
Y hay otro detalle nada de menor: tanto Lauriani como Morén Brito reconocieron ante la justicia haber estado en Talca en junio de 1975, enviados por Manuel Contreras a “investigar” la muerte del capitán. Por supuesto, de acuerdo a sus conclusiones, fue un suicidio, aunque en 1975 Morén Brito, quien se acercó a Cecilia Contador, le señaló algo distinto: además de asegurarle que Osvaldo era “su amigo”, le dijo que debía consolarse pensando “que Osvaldo había peleado cuerpo a cuerpo antes de morir, ya que tenía piel en las uñas y algo en los botones”.

Sobreseída temporalmente

Si a principios de los años 2000 sonaba descabellado pensar que los alemanes participaban de operativos en conjunto con la DINA, las fichas revelan hoy que eso sucedía en forma constante. Aun cuando en el sumario del caso Heyder, el ex director de la DINA, Manuel Contreras, negó toda relación con la colonia, la lectura de las 45 mil fichas entregadas el año pasado a organizaciones de DD.HH. por parte del juez Jorge Zepeda muestran cómo la colonia espiaba para sí y para la DINA desde Santiago al sur, la forma en que acopiaba información de todo tipo y las misiones de inteligencia que realizaba en ciudades como Concepción, Talca, Chillán, Los Angeles y San Carlos.
Pese a toda la información, la causa se encuentra hoy afecta a un sobreseimiento temporal. A este respecto, Hernán Fernández, el abogado que representa a Adriana Heyder, puntualiza que se están haciendo todos los esfuerzos posibles a fin de reabrir el sumario, para lo cual, entre otras cosas, se está en la búsqueda de un testigo que tendría información clave al respecto.
Adriana Heyder, en tanto, señala que “por todas las declaraciones hechas hasta ahora durante el proceso estoy convencida de que mi hermano fue asesinado, especialmente por mi análisis de las contradicciones de los militares, pero también por los resultados de la autopsia. Se hizo una exhumación, para la cual viajé a Chile especialmente, la cual sugiere la intervención de terceros. Creo saber quién fue el asesino de mi hermano, pero no lo puedo comprobar”.
Luego de casi 15 años de trámites judiciales, Heyder se declara “desilusionada de la justicia chilena”, ya que asevera que “todo está paralizado y los posibles testigos se están muriendo”.
Finaliza recordando que, luego de la muerte de su hermano, el propio Augusto Pinochet les dio el pésame en Concepción, para lo cual mandó a buscar a su familia en un Mercedes Benz blindado (que, comenta, quizá era de la Colonia Dignidad), oportunidad en la cual dijo a Lola Goycolea, su madre, que “usted debería estar orgullosa de haber perdido un hijo por la patria”. Vaya ironía.

La lista de Heyder

Valparaíso, 1973, El Capitán Heyder es destinado como oficial del servicio de inteligencia en el regimiento Maipo y en 1975, la agrupación vampiro de la Dina llega a Valparaíso con la misión de eliminar a integrantes del MIR. En el campo de concentración, Heyder les permite bañarse y sacarse las vendas de los ojos cuando no estaba la agrupación vampiro.
Chorrillos, Viña del Mar, 1975. Alejandro Villalobos Días, es asesinado por la Dina y se provoca una fuerte discusión entre Laureani y Heyder, ya que este ofrece ayuda a los prisioneros políticos, mientras que sus camaradas se oponen. Heyder emite un informe que provoca la molestia de Manuel Contreras y es trasladado al regimiento de infantería de Talca. Ese día, Heyder, no regresa a su casa. Al día siguiente el coronel Alejandro Chacón le comunica a Cecilia, esposa de Heyder, de la muerte de su esposo quien se encontraba al interior de una citroneta.


Guerra sucia

Santiago, 1974. Patricio Rivas alias "Gaspar" fue un agente del MIR capturado por la "SIFA" durante la dictadura chilena. Inmediatamente es trasladado al cuartel de la Academia de guerra aérea, donde "Gaspar" debió enfrentar cara a cara a quien se había convertido en el más implacable perseguidor del MIR, el comandante de la Fuerza Aérea Edgar Ceballos Jones. Éste último le da un ultimátum para delatar a sus compañeros o morir torturado.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Masacre en el estadio (2019)


El impactante asesinato del cantautor Víctor Jara en 1973 lo convirtió en un poderoso símbolo de la lucha en Chile. Décadas más tarde, nace una búsqueda de justicia.







La Historia Oculta del Régimen Militar

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