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viernes, 31 de octubre de 2014

Sepulturero de la Caravana de la Muerte Rompe el Silencio 40 Años Después




fuente: diariodigital.cl



Casi al atardecer del 19 de octubre de 1973, el grupo de soldados baja con displicencia los 26 cadáveres de un camión. Cerca de ahí, detrás de los cerros, está la carretera que une Calama con San Pedro de Atacama. Víctor Gutiérrez Ramírez, 19 años, cabo del Ejército y hombre de confianza del teniente Contreras, bebe un sorbo de pisco puro que le fue entregado para darse valor. Tras esto, se echa un cuerpo a la espalda y camina lento, casi zigzagueando. Los fluidos que expele el fallecido le hacen apurar el paso. La fosa que ya está dispuesta es de un metro 80 de profundidad y de una dimensión comparable a un jacuzzi. Apila el cuerpo, que minutos antes fuera acribillado por fusiles Sig, y respira.

 Repite la acción un par de veces. Minutos más tarde sube al camión militar para perderse en el desierto. Han pasado casi 40 años de este hecho. Hoy, Víctor Gutiérrez, 58 años, quien mantiene la profesión de docente de francés, casado y cuatro hijos, decidió revelar ese período de su vida.

Estamos en una playa en el sector sur de Antofagasta. Con la mirada puesta en el mar reconoce no estar arrepentido, pues para arrepentirse está el segundo antes de cometer el hecho. “El daño ya está”, afirma. Si bien entregó su testimonio a la Comisión de Derechos Humanos a finales de la década de 1980 e incluso acompañó a los abogados al lugar de la fosa, Gutiérrez nunca contó esto con su nombre y apellido. “No se puede justificar lo injustificable. No puedo esperar comprensión por las condiciones en que quedaron”, dice.


Un ejército de locos


Gutiérrez Ramírez se enroló al ejército en 1972. Hizo su servicio militar en el Regimiento de Calama y se especializó en morteros. A pesar de las aparentes lealtades de los generales de entonces, hacia el gobierno de Salvador Allende; Gutiérrez recuerda que dentro de la milicia se podía evidenciar el futuro. Había un concientización a los soldados de que en algún momento, ellos salvarían al país. Recuerda que la paranoia era resumible en los cigarrillos Monza. Al invertir la palabra quedaba como “Z Now”, o sea (traducción al inglés) “Plan Z ahora”.


El denominado Plan Z era un supuesto autogolpe de Allende. “Eso nos decían en el ejército”.


“Lo primero que me dijeron es que estábamos en guerra. Todos los días, durante la mañana, había una arenga patriótica donde se nos decía que éramos los salvadores de Chile, los guardianes del país; fue comparable al nazismo hitleriano. Nuestro uniforme nos daba superioridad. Los milicos estábamos de moda. En adelante, todos nos sentimos como Rambo. Fui Rambo.”

El protagonista de esta historia se hizo de confianza del teniente Contreras. Durante la mañana del 19 octubre de 1973, Contreras buscó cuatro personas de su confianza. En Calama ya habían aterrizado los helicópteros de la célebre “Caravana del muerte”, con Sergio Arellano Stark a la cabeza. los Excesos El general Arellano viaja a la mina de Chuquicamata.

Quienes vienen con Arellano permanecen en el regimiento y abren el juicio, “que nunca fue un juicio pues a los prisioneros se les leyeron los cargos, que en la mayoría de las veces eran inventados, y sin derecho a defensa, se les condena a la muerte”. Los prisioneros son llevados en un camión para ser fusilados en algún punto del desierto. Gutiérrez, quien no participa en la matanza, dice que eran alrededor de las 17 horas.

Gutiérrez reconstruye las ejecuciones según relatos que conoció después:

“Algunos prisioneros fueron acribillados en ráfaga de 20 tiros por fusil; en consecuencia sus cuerpos quedaron prácticamente destrozados. A uno de los prisioneros le dispararon en el bajo vientre y su cuerpo se vino hacia adelante; sin embargo a puras ráfagas lo levantaron hacia atrás. Todos los cuerpos soltaron los esfínteres. Fue deplorable lo que hicieron con ellos”.

Los excesos continúan antes de ser enterrados en la fosa. Esto vio Gutiérrez:

“Algunos soldados estaban nerviosos. Cuando fueron acomodados los cuerpos, alguien vio que uno de estos pareció moverse. Debimos tranquilizarlo antes que le disparara”.

El acto más infame lo comete un cabo de apellido Concha:

“Con su corvo le cortó el dedo anular a algunos cadáveres para extraerle el anillo de matrimonio. Mientras cortaba, el cabo decía: este oro servirá para la reconstrucción nacional”, dice Gutiérrez.

-¿Se ha encontrado hoy con alguno de sus compañeros?-

-He visto a dos, pero nadie saluda ni siquiera mira. Uno de estos maneja un taxi en Antofagasta. Otros continuaron en el ejército.

-¿Hay un pacto de silencio?-

-En ese momento nuestros superiores nos recalcaron que no debíamos contarle ni a la familia de lo que sucedió ese día; a nadie. A la vez, había un temor tácito pues quienes hablaban podían correr la misma suerte de los prisioneros. Deshumanización La vorágine de aquellos días, genera una deshumanización entre los soldados, que Gutiérrez, intenta explicar. “Proyectábamos temor entre la gente. Había detenciones arbitrarias sólo porque tal persona te miró mal o antes, hablo mal de ti. Se detenía sin previa explicación”.

Gutiérrez recuerda que, entre otras acciones, resguardó prisioneros.

“Ellos se ubicaban por horas en cuclillas y con las manos en la nuca; así quedaban indefensos. Había otro método en que uno les echaba la espalda hacia adelante y caían como dominó”.

-¿Qué lleva a algunos solados a cometer ensañamientos?

-Hay estados mentales que derivan en situaciones de abuso como el continuar golpeando al no existir respuesta. La respuesta pasiva ante los golpes genera más castigo. En general, la tortura fue un triste acto de cobardía; de abuso de poder. Hay un ejemplo: el marido que golpea a su esposa. Al no haber respuesta; la violencia intrafamiliar continúa. Cuando las fuerzas en disputa son similares la situación cambia. En este caso el ejército de Chile no tuvo respuesta del otro lado, la supuesta subversión. Al final el abuso de poder corrompió y sucedió lo que todos saben.

-¿A su juicio, que responsabilidad tuvo Pinochet?

-Hay una frase del general: En Chile no se mueve una hoja sin que yo lo sepa. Eso lo resume todo. Pinochet siempre estuvo al tanto de lo que sucedía en Chile y en su ejército. Al final, los ingleses hicieron el trabajo de la justicia chilena. A la vez, Arellano Stark y Contreras (“Mamo”) han recibido un castigo mínimo por las atrocidades que se cometieron.

A Gutiérrez le pregunto cómo ha sido convivir 40 años con esto. El hombre guarda silencio. Dice que dos veces se ha quebrado contando; ambas con sus hijas. Ahora se mantiene firme. Confiesa que casi todo se puede resumir en algo es que no puede ver películas de guerra, pues le afloran las imágenes.

“No pretendo justificarme, sin embargo la carga sicológica siempre está presente”, afirma este hombre que no exagera ni teme.


Rodrigo Ramos
vía: diariodigital.cl
http://www.elciudadano.cl/2014/10/30/123204/sepulturero-de-la-caravana-de-la-muerte-rompe-el-silencio-40-anos-despues/#primera-linea


lunes, 16 de septiembre de 2013

Pasado y presente en Chile

10 de Septiembre de 2013

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Ex embajador y ex presidente del PS.




*Gonzalo D. Martner, Profesor titular de la Universidad de Santiago, ex Presidente del Partido Socialista

¿Por qué los acontecimientos desencadenados a partir de septiembre de 1973 siguen tan presentes en Chile y tan vivo el dolor que provocan? Los que vivimos en el exilio en Europa no percibimos una situación semejante respecto de la segunda guerra mundial, por ejemplo, cuando llegamos allá unos treinta años después de su término. Los sufrimientos humanos habían sido gigantescos, pero los responsables históricos estaban claros, se había hecho justicia y probablemente eso permitía que la sociedad pudiera mirar adelante en base al ideal democrático y de integración. ¿Será que, en cambio, el tema del Golpe de 1973 funciona en nuestro país como lo que el sicoanálisis denomina un trauma no superado, que se transmite además a las nuevas generaciones? La hipótesis de que en Chile nuestro trauma, grave, pero de una magnitud no comparable con una guerra mundial, no ha sido adecuadamente procesado, en detrimento de la convivencia en el presente, es digna de ser explorada.
Primero, el reconocimiento de los hechos es equívoco y con ribetes perturbadores. Los autores militares del Golpe y los autores civiles y sus herederos suelen minimizar y justificar lo que hicieron, con la notable excepción parcial del Ejército que en 2003 enunció una posición institucional que reafirmó la sujeción al orden democrático y el compromiso de no repetición de violaciones de derechos humanos. Los civiles de derecha no mencionan el hecho histórico bastante bien documentado de que en los planes de personeros como Jorge Prat y Sergio Jarpa, al menos desde los años de la reforma agraria de Frei, como también en la mente de los jóvenes integristas agrupados por Jaime Guzmán, estaba establecer una dictadura de tipo franquista en Chile. Lo propio ocurría con corrientes militaristas al interior de las FF.AA. No nos olvidemos que intentaron realizar un golpe en 1969 contra Frei y luego otro en 1970 para impedir que asumiera Allende.
Estos actores de la vida política vieron realizado en 1973 su proyecto y lo abrazaron con entusiasmo, pues terminar con la democracia era su propósito. Su convicción, en medio de la guerra fría, era que la democracia era débil para confrontar “los avances del comunismo”, con el trasfondo de pérdida de hegemonía social de las oligarquías tradicionales desde los años 20. Jarpa y los del Partido Nacional no han hecho reconocimiento alguno al respecto. La UDI tampoco, aunque sus miembros fueron un soporte principal de la dictadura y de su intento de prolongación a través del diseño de una “democracia protegida”. En 2003 hizo un planteamiento equívoco sobre derechos humanos, proponiendo una medida tan éticamente inaceptable como la indemnización económica a las víctimas a cambio de renunciar a la justicia, que era lo que en definitiva les interesaba. Y han insistido en que ciertos líderes algo intentaron para proteger a conocidos suyos que eran violentados, generando la molestia del jefe de los torturadores, lo que contrasta con la defensa gremialista acérrima del régimen de fuerza y de sus aparatos de represión, según se puede comprobar con una simple revisión de la prensa de la época.
La negación de hechos dolorosos, siempre según el sicoanálisis, permanece en el inconsciente individual y a la larga vuelve a manifestarse y provocar sufrimiento. Eso es parte de lo que pasa socialmente en Chile hasta hoy, con una variante que aumenta el trauma: el exasperante intento de transferir la responsabilidad de los victimarios a las víctimas. Leo el 2 de septiembre de 2013 (sí, cuarenta años después) al senador Espina de RN que declara: “Nosotros debemos ser claros en decir que la izquierda fue culpable de lo que ocurrió el 11”. Esto es trastocar de manera perturbadora la realidad histórica: los responsables del Golpe fueron los golpistas, no el gobierno que fue víctima del Golpe Militar ni sus partidarios. Sin ese punto de partida nunca será posible procesar civilizadamente nada en esta materia.
Los golpistas y sus cómplices transformaron a sus adversarios políticos (la izquierda política y social) en enemigos a eliminar por cualquier medio. Construyeron una idea de defensa propia —ellos o nosotros— frente a un supuesto diseño de exterminio, el completamente falso llamado “Plan Zeta”. Generaron el pánico en sus filas y, a partir de él, procedieron metódicamente al exterminio de la izquierda, sin tasa ni medida, brutalmente, asesinando, torturando, violando mujeres, encarcelando, exiliando.
Reconozcamos los hechos antes de hacer interpretaciones: a) hubo un Golpe de Estado cuyos autores fueron los golpistas que conspiraron y lograron conformar una Junta Militar e instigadores y cómplices que le prestaron apoyo (la derecha civil, la gran mayoría de la Democracia Cristiana, el gobierno de Nixon y la dictadura brasileña); b) este golpe tuvo como finalidad interrumpir violentamente el régimen de libertades propio de la tradicional democracia chilena, para algunos por tiempo indefinido, para otros temporalmente, y, c) hubo quienes lo apoyaron y hubo quienes lo rechazaron, empezando por el Presidente Allende —que prefirió soportar un bombardeo y finalmente suicidarse antes que rendirse a los golpistas— y por sus partidarios, así como por un Comandante en Jefe y un Director General, todos respetuosos de la Constitución (el Almirante Montero y el General Sepúlveda Galindo), así como por muchos oficiales y soldados que no dudaron en ceñirse a la tradición constitucionalista de las FF.AA  en contra del golpismo militar. Los que no lo hicieron no pueden escudarse en que no tenían otra opción, porque sí la tenían, como lo demostraron con coraje parte de sus camaradas de armas.
Que el contexto histórico influyó en la conducta de los actores políticos de la época, que todos fueron parte de la polarización y todo lo demás, por supuesto que es relevante (aunque muchos nos podrían ahorrar ahora sus perdones personales balbuciantes y televisivos que no vienen francamente al caso). La insistencia en el contexto es digna de discusión, incluyendo el análisis de los desórdenes políticos y económicos que el conflicto de la época agudizó al extremo, la fiereza y violencia de la oposición, el boicot norteamericano, las incoherencias de la UP, la expansión inmanejable de la demanda de consumo, la exasperación de las clases medias frente a la escasez, la ausencia de firme acotamiento de los cambios de propiedad, los desbordes de ocupación de pequeñas propiedades por la extrema izquierda, todos temas que el gobierno debiera haber enfrentado con una eficacia que no demostró. Todo esto fue más tarde objeto de interminables debates y autocríticas en la izquierda y ha sido una lección razonablemente aprendida. Pero este debate no debe esconder que quienes quisieron e hicieron el golpe fueron unos y quienes se opusieron a él e intentaron evitarlo fueron otros.
Segundo, hay quienes combinan la negación o el intento poco ético de querer trastocar las responsabilidades con una variante: la idea de la legítima defensa. Lo más persistente sigue siendo atribuirle al Partido Socialista que preparaba desde 1967 una insurrección. Es cierto que una resolución en un congreso de ese año señaló que “las formas pacíficas o legales de lucha (reivindicativas, ideológicas, electorales, etc.) no conducen por sí mismas al poder. El Partido Socialista las considera como instrumentos limitados de acción, incorporados al proceso político que nos lleva a la lucha armada”. La idea simplista de que el Estado es burgués por esencia, que sus cuerpos armados siempre actúan a favor de los intereses de los privilegiados y de Estados Unidos, que inevitablemente reaccionan con violencia ante procesos de cambio que promovieran los intereses de la mayoría popular, estaba presente en el PS y en parte de la izquierda. La conclusión era procurar acumular una fuerza equivalente o superior a la del Estado para derrotar la fuerza armada de las clases económicamente dominantes. La guerra de Vietnam y el avance de las dictaduras militares en América Latina (Brasil, Argentina, Bolivia, entre muchas) abonaban este análisis que creía que un golpe vendría a la brevedad en Chile.
Pero prevaleció otra respuesta, la de que en Chile tenía sentido que la izquierda recorriera el camino democrático, argumentando que las FF.AA. tenían un componente constitucionalista, que no necesariamente estaban al servicio de la clase burguesa o del imperialismo externo, y que se debía construir mayorías en contextos institucionales para hacer avanzar unos cambios que Eugenio González llamada “revolucionarios en sus fines y democráticos en sus métodos”, básicamente una reforma agraria, una nacionalización del cobre y crear una industria nacional para sustentar mejorías del nivel de vida de la mayoría popular. Se trataba del proyecto del socialismo histórico chileno expresado en el programa de 1947, encarnado por González y Ampuero, y que Allende sintetizó en 1971 en la idea de la “vía chilena al socialismo”. De hecho, en el PS, ya en 1967 no prevalecieron sus sectores “trotskistas” o guevaristas, pues eligió para dirigirlo al experimentado parlamentario Aniceto Rodríguez, cuya tarea no fue organizar la lucha armada sino, con éxito, una política consistente en persistir en la vía legal para alcanzar democráticamente el gobierno, con una amplia alianza con pleno respeto de las normas constitucionales. Desde 1971, el sector reformista fue desplazado, el PS pasó a promover el “avanzar sin transar” y mantuvo una estructura armada de poco alcance que proveía protección al presidente Allende (el GAP) y a algunos de sus dirigentes, bajo control del sector llamado ELN, ajeno a conductas ultraizquierdistas. En un contexto de gran tensión política, esto no significaba promover la lucha armada sino mantener una capacidad de autodefensa, que resultó ser bastante mínima (el MIR por su parte solo tenía una pequeña “fuerza central” con muy pocas armas), aunque abundasen las declaraciones de beligerancia y las expresiones de verbalismo revolucionario en el propio partido del presidente, lo que provocaba su recurrente irritación y le llevó a promover el reemplazo de la dirección en un congreso a realizarse en 1974. Esta retórica contribuyó a generar una percepción de amenaza inexcusable.
Pero no nos equivoquemos en el análisis: los que preparaban el Golpe de Estado no eran los socialistas ni la izquierda. La pretensión de que la responsabilidad de los actos propios es de terceros, es simplemente inaceptable desde el punto de vista de la ética pública. Lo es también en el derecho penal: el que asesina voluntariamente a alguien es objeto de atribución de responsabilidad, por mucho que el contexto explique su acto, incluyendo una eventual insoportable provocación de la víctima. El asesino es el asesino y la víctima, la víctima y la justicia debe actuar en consecuencia. Es la distinción entre justificar y explicar. El Golpe de 1973 tiene muchas explicaciones. Lo que no tiene es justificación, al menos, desde las convicciones democráticas. Distingamos entre ser responsable del Golpe, contribuir a la polarización y dar pretextos a los golpistas, de lo que el PS de la época sí es responsable y ha admitido a la postre formalmente. Una declaración de la Comisión Política en 2003 así lo hizo con claridad: del Golpe son responsables los que lo hicieron.
Estos construyeron en la época —y hay quienes todavía lo sostienen— el mito del Golpe de Praga que el PS y Allende habrían estado preparando. Se aludía no a la invasión soviética a Checoeslovaquia de 1968, como recientemente mencionó Allamand (basta mirar un mapa para darse cuenta de lo absurdo de la idea, no obstante utilizada en la campaña del terror de 1964 cuando se difundía que con Allende llegarían los tanques rusos a Chile, lo que provocó el quiebre de la amistad entre Allende y Frei), sino a la toma del poder por los comunistas checos que dominaban el gobierno en 1948 frente a una elección que iban a perder. En especial, Frei y Aylwin temían que el general Prats se prestara para algo que por lo demás ni el Presidente Allende, ni nadie en la izquierda, jamás le propuso, ni éste hubiera aceptado. Prats sí estaba dispuesto a destituir masivamente a los oficiales golpistas, a lo que Allende se negó porque consideraba que podía llevar a una guerra civil, según testimonio de Jaime Gazmuri en sus memorias, con lo que Prats terminó por renunciar, junto a una reacción frente a la deslealtad de muchos de sus generales.
El presidente Allende no podía estar más lejos de la idea de precipitar una guerra civil o un Golpe de Praga. Se aprestaba a llamar a un plebiscito el 11 de septiembre —lo que incluso llevó a Miguel Enríquez, advertido por Allende, a desmovilizar al MIR en los días previos— a propósito de la promulgación de una ley sobre áreas de propiedad (llamada Hamilton-Fuentealba) sobre la que había ejercido un veto. Hecho a tiempo (hubo una demora en la respuesta del PC, que fue positiva, contrariamente a la del PS), el anuncio hubiera evitado probablemente el Golpe. Éste se adelantó por los conspiradores, a los que se sumó a última hora Pinochet, para evitar una salida política que se hubiera encaminado a partir del discurso de Allende previsto para el martes 11 en un acto en la Universidad Técnica del Estado. Este adelantamiento no se produjo, como lo señala una cierta leyenda, por la irritación provocada por el senador Altamirano al reconocer que había sostenido una reunión con marinos antigolpistas. En caso de derrota en el plebiscito, lo que era probable, esto hubiera llevado al Presidente Allende a renunciar y a convocar a una nueva elección. Allende buscó hasta el final una salida política para evitar el Golpe Militar.
La lógica del Golpe de Praga y el mito de los miles de guerrilleros extranjeros fue, por su parte, la justificación de la mayoría DC para justificar entonces el Golpe: “El gobierno de Allende, movido sobre todo por el afán de conquistar de cualquier modo la totalidad del poder, había agotado en el peor fracaso la llamada vía chilena al socialismo y se preparaba para consumar un autogolpe de fuerza que habría sido terriblemente despiadado y sangriento, para instaurar una dictadura comunista”, según un documento del Consejo Nacional del 27 de septiembre de 1973. Esto fue reconocido más tarde por el Presidente Aylwin en su libro de 1998 como un error de hecho: “Aunque las irresponsables amenazas públicas de algunos líderes izquierdistas, sus simpatías con el régimen cubano, la existencia de brigadas populares armadas y la cercanía de algunos jefes militares al gobierno de entonces daban pábulo a esa opinión, los hechos demostraron que ese temor carecía de todo fundamento”. De paso, mencionemos que los archivos soviéticos dejan en clara evidencia que la URSS no apoyaba que en Chile se constituyera un gobierno satélite y que no podía sostenerlo.
Nadie en la izquierda estaba preparando un Golpe. Nadie. Algunos se prepararon para resistirlo, y me incluyo entre ellos, aunque era un adolescente militante del MIR de 16 años, pero esa es harina de otro costal. Hasta donde conozco, esto ocurrió puntualmente sólo en La Moneda —donde resistieron 27 personas el bombardeo—, en un par de fábricas de los cordones Vicuña Mackenna y Cerrillos, en la población la Legua, en Renca, en Valparaíso y en Macul, donde me encontraba, con medios patéticamente desiguales. A partir de ahí, los golpistas y sus cómplices transformaron a sus adversarios políticos (la izquierda política y social) en enemigos a eliminar por cualquier medio. Construyeron una idea de defensa propia —ellos o nosotros— frente a un supuesto diseño de exterminio, el completamente falso llamado “Plan Zeta”. Generaron el pánico en sus filas y, a partir de él, procedieron metódicamente al exterminio de la izquierda, sin tasa ni medida, brutalmente, asesinando, torturando, violando mujeres, encarcelando, exiliando.
Esos son los hechos. Negarlos o justificarlos no podrá ser nunca la base de una pacificación de los espíritus que dé lugar, poco a poco, a una superación del trauma y a una convivencia civilizada. Cuando las víctimas son designadas como responsables de sus sufrimientos por sus victimarios y por sus cómplices pasivos o activos, los que además los invitan a “reconciliarse”, estamos simplemente frente a una forma de perversión. No nos extrañemos entonces que las heridas no cierren. El camino por recorrer es aún largo para no quedar prisioneros de nuestro pasado. El dicho bíblico “solo la verdad nos hará libres” (Juan 8,32) es tal vez el que mejor resume, incluso para un ateo irremediable como el que escribe estas líneas, la tarea que a todos nos debe seguir convocando.
(Declaro para claridad de las cosas que no soy neutral frente a estos hechos, como ningún chileno que haya vivido esa época. Mi familia formaba parte de los partidarios del Presidente Allende. Por lo demás, mi padre fue su ministro de Planificación durante los tres años de la Unidad Popular, y heredé su testimonio de los esfuerzos incansables del Presidente Allende por evitar el Golpe. Mi padre participó en la redacción del discurso previsto para el martes 11 y fue parte de la discusión de escenarios en caso de perder el gobierno el plebiscito, de lo que también testimonia Joan Garcés. Sobre quien ejercía violencia en Chile en ese momento, puedo decir que la bomba puesta en nuestra casa familiar en la noche del 2 de septiembre, que destrozó una parte en la que me encontraba segundos antes, no fue puesta precisamente por la izquierda sino por los violentistas de derecha. Al rato llegó el Presidente Allende a solidarizar con mi padre y nuestra familia, en una escena para mi impresionante e indeleble. Al día siguiente, en una asamblea de mi colegio en que se discutía llamar a paro indefinido contra el gobierno, mencioné el bombazo y muchos lo aplaudieron. Así actuaban los adolescentes de derecha en esa época, azuzados por sus líderes. En todo caso, en mi colegio nunca lograron una mayoría para paralizar las clases, pequeño triunfo del que me siento hasta hoy orgulloso, aunque después del Golpe no pude volver a clases, claro. ¿Quién podrá convencerme, y como yo a tantos, que la violencia asesina no era de ellos, los golpistas, sino de nosotros, la izquierda?).

http://www.elmostrador.cl/opinion/2013/09/10/pasado-y-presente-en-chile/

viernes, 30 de agosto de 2013

PATRICIO AYLWIN APOYO EL GOLPE MILITAR DE CHILE



Los dichos históricos de Patricio Aylwin sobre Allende y Pinochet desde 1973

29/05/2012

Patricio Aylwin y Salvador Allende (1973)
La entrevista que concedió el ex Presidente Patricio Aylwin (93 años) disparó las críticas y debates en las redes sociales y en el ámbito político, en donde parlamentarios de todos los sectores comentaron las declaraciones, sobre la situación política de Chile tras el golpe militar, y su evaluación del rol de Salvador Allende y Augusto Pinochet.

No obstante, este no es el primer episodio en el cual los dichos del ex Mandatario causan polémica. Al reciente artículo del medio español se suma un largo historial de entrevistas y conferencias dadas durante los últimos 38 años por Aylwin, a contar de 1973, cuando el ex Presidente emitió sus primeras opiniones sobre el gobierno de la Unidad Popular y la intervención de los militares.

Agosto-Septiembre 1973. La evaluación del gobierno de Allende previa y post al golpe.

Días antes de producirse el golpe de Estado de 1973, el entonces presidente de la DC, Patricio Aylwin, dijo en una entrevista a The Washington Post el 26 de agosto de 1973 que, si le dieran a elegir entre "una dictadura marxista y una dictadura de nuestros militares, yo elegiría la segunda".

Luego de producirse el bombardeo a La Moneda, el 17 de septiembre de 1973 el timonel de la Falange aseveró, mediante una declaración pública a la prensa extranjera, que "el gobierno de Allende había agotado, en el mayor fracaso, la ‘vía chilena hacia el socialismo’, y se aprestaba a consumar un autogolpe para instaurar por la fuerza la dictadura comunista".

"Las informaciones que nos transmite el cable revelan que lo sucedido en Chile se está enjuiciando en el exterior con mucho desconocimiento de la realidad", acotó. 

En ese sentido, agregó que "la mayor prueba es la enorme dotación de armas que tenían las ilegales milicias marxistas que formaban un verdadero ejército paralelo, con un poder de fuego equivalente a 12 regimientos regulares y con la presencia activa de más de diez mil extremistas extranjeros".

Aylwin concluyó su declaración explicando que, "hasta la última quincena conversamos con el Presidente Allende y su gobierno, en busca de las rectificaciones indispensables para salvar a Chile del quiebre institucional y del desastre económico. Nuestros esfuerzos no encontraron acogida seria y su fracaso condujo a la intervención militar, que las Fuerzas Armadas y Carabineros no buscaban y que contradecía todas sus tradiciones".

27 Abril 1994. Balance sobre gobierno militar: "La mayor tragedia fueron las violaciones a los Derechos Humanos".

Una nueva polémica provocaron las palabras de Aylwin en la Universidad de la Sorbonne, en París, donde fue nombrado "Doctor Honoris Causa".

Durante su discurso, Aylwin afirmó que "nuestra democracia es imperfecta, porque aún subsisten algunas de las limitaciones que dejó establecidas el autoritarismo".

Sin embargo, lo que generó mayor revuelo, fue el balance que hizo el ex mandatario del gobierno militar, donde "el mundo supo con horror de las gravísimas y masivas violaciones a los Derechos Humanos que se cometieron. Más de 3 mil personas fueron asesinadas o desaparecieron. Decenas de miles salieron al exilio, sufrieron prisión o fueron víctimas de arbitrariedades. Miles perdieron su trabajo entre ellos muchísimos profesores universitarios. Fue la peor tragedia de la historia de Chile".

El 12 de mayo del mismo año, a su regreso a Chile, Aylwin precisó esas aseveraciones, descartando haber planteado que la peor tragedia fue la existencia del régimen militar como tal.

"Lo que dije es que la mayor tragedia de Chile fueron las violaciones a los Derechos Humanos cometidos durante el gobierno militar, y eso lo mantengo", dijo a los medios de comunicación que lo esperaban a su llegada al aeropuerto de Santiago.

5 Mayo 1994. Entrevista Diario El País.

En medio de su gira por Europa, Aylwin también concedió una entrevista al medio español. Tras la polémica levantada por sus dichos en La Sorbonne, el entonces ex jefe de Estado chileno conversó con El País sobre el régimen militar y detalló que, tras salir del gobierno, consideró que "tal vez la permanencia de Pinochet ha ayudado a la estabilidad del proceso" de transición democrática. 

"Yo lo que he dicho y sigo creyendo es que Pinochet no intentó cogobernar desde que yo asumí la Presidencia. Me dijo: ‘Yo como militar sé mandar y obedecer. Ahora usted es el Presidente y yo le obedezco a usted. Tuvimos desacuerdos, naturalmente, pero en definitiva, nunca pretendió intervenir en la orientación de la política de mi gobierno, nunca desobedeció. La imagen del general Pinochet con la que salí de la Presidencia, de su conducta durante mi gobierno, no es la que pude temer cuando asumí el cargo", argumentó. 

Consultado por las críticas a su postura de respaldo a la instauración del régimen militar, Aylwin sentencia que "si nos hubiéramos negado a ese camino, no habríamos tenido fuerzas para derribar a la dictadura". 

16 Marzo 1995. Reconocimiento a la labor de Pinochet.

En medio del discurso dado a la fundación Gulbelkian en Lisboa, Aylwin dijo que "la dictadura chilena no fue la de un caudillo carismático, como tantos en el Tercer Mundo, sino el gobierno institucional de las Fuerzas Armadas". 

Asimismo, destacó que durante el régimen militar "no todo fue negro", y destacó obras como "las reformas económicas de saneamiento, liberalización y apertura de la economía chilena". 

Ese mismo año, el 30 de octubre, si bien evitó referirse a la figura del ex gobernante en el marco de una visita de tres días a Punta Arenas, Aylwin dijo que Pinochet "es una personalidad bastante más compleja de lo que la gente cree y no es una figura que se pueda definir, simplemente, como en blanco y negro; tiene sus haberes y sus deberes". 

30 Marzo 1997. "Pinochet no podría evitar que su responsabilidad sea dilucidada no sólo ante los tribunales, sino necesariamente ante la Historia".

Una de las entrevistas que más reacciones detonó, en el ámbito político, militar y de grupos defensores de los derechos humanos, fue la concedida en 1997 al diario mexicano "Excelsior", donde dijo que "todos tuvimos la culpa, todos tenemos responsabilidades a partir de lo ocurrido en 1973. ¡Es que tuvimos una visión errónea de lo que eran los militares chilenos!". 

En el artículo, el ex Mandatario DC se refirió a su rol tras el golpe, aseverando que "en esa época yo actué honradamente y de acuerdo a mi conciencia, pero reconozco que me equivoqué medio a medio. Siento mía la tragedia ocurrida en Chile, pero combatí con fiereza la dictadura y, así como me equivoqué yo, nos equivocamos muchos". 

En la entrevista, además, se le preguntó qué castigo le daría al general Augusto Pinochet, si retornara a la época de los tribunales de Nüremberg, que juzgaron a los nazis de la Segunda Guerra Mundial, el ex jefe de gobierno respondió que "quien dirige un gobierno con poderes omnímodos, en el que se cometen crímenes, hasta los más despreciables, como ocurrió con Pinochet, no podría evitar que su responsabilidad sea dilucidada no sólo ante los tribunales, sino necesariamente ante la historia".

Tras esta publicación, las Fuerzas Armadas y la Fach, expresaron su solidaridad con el general Pinochet, ante lo que calificaron una "agresión, que se también contra el Ejército y las Fuerzas Armadas", detalló el general de la Fach, Fernando Rojas. 

Desde la UDI y RN, parlamentarios como el senador Bruno Siebert (RN) también concordaron con este juicio. 

Por su parte, el viernes 4 de abril, el Presidente Eduardo Frei Ruiz Tagle, aseguró que las relaciones entre el gobierno y las Fuerzas Armadas eran de absoluta normalidad. 

No obstante, ese mismo día se publicó la respuesta del general Augusto Pinochet, quien dijo a La Terceraque "considero un desprestigio para Chile que un ex Presidente haga críticas y descalificaciones injuriosas a través de un medio de comunicación, en contra de otro ex mandatario". 

En tanto que la hija del ex comandante en jefe, Lucía Pinochet Hiriart, calificó como "una actitud poco varonil" lo aseverado por Aylwin. 

Desde la Concertación respaldaron al ex timonel de la DC, siendo visitado en su casa por los dirigentes de la Falange de la época. A estas muestras de apoyo se plegaron, en la oportunidad, el partido Humanista, el Partido Radical y dirigentes sindicales, entre ellos, Arturo Martínez. 

22 Mayo 1997. Conferencia en la Fundación Ortega y Gasset.

En el marco de una visita a Madrid, Aylwin dijo en una conferencia en la Fundación española Ortega y Gasset, que en el ’73, "fuimos víctimas de una excesiva ideologización, donde cada uno quiso imponer su proyecto histórico y eso condujo a la ingobernabilidad del país". 

En ese sentido, también apuntó a que, durante su gobierno, "en lo que indudablemente tuve no sólo molestias, sino que también algunas presiones, fue en el tema concreto de los derechos humanos", por parte de Augusto Pinochet. 

Esto, según represento el ex Presidente, se vio plasmado en sucesos como "el ejercicio de enlace" y el "boinazo". 

12 Noviembre 1997. El País de Uruguay.

Según consigna la prensa chilena de la época, en una entrevista dada al diario "El País" de Uruguay, Aylwin reafirmó su concepción en torno al rol que tuvo el ex general durante su gobierno. 

En alusión a la posibilidades de una nuevo ruptura de la democracia durante su gobierno, Aylwin destacó que "más allá de mis diferencias políticas con el general Pinochet, en cuanto gobernante creo que su presencia contribuyó a que no tuviéramos ningún episodio de esa naturaleza en la transición chilena", y que"nunca vi ningún peligro de una posible ruptura de las instituciones durante mi mandato". 

"Por eso creo que el general Pinochet cumplió bien con su función", agregó. 

6 Octubre 1998. Polémica por cita del libro "El reencuentro de los demócratas".

Una cita del libro de memorias de Patricio Aylwin, titulado “El reencuentro de los demócratas”, generó una fuerte controversia, justo en medio de la conmemoración de los diez años del triunfo del “NO”.

"Nosotros admitíamos que, lamentablemente, cierto periodo de la dictadura era necesario, pero pensábamos que debía ser lo más breve posible; dos, tres o cinco años", es la cita textual que fue rechazada por el presidente del PPD Sergio Bitar, y desestimada por el entonces candidato PS-PPD, Ricardo Lagos.

Bitar dijo que fue un gran error pensar en esa época que "aquí venía una especie de gobierno militar de vacaciones por 15 días, para devolverle la mano a otro y siguiera una especie de gobierno democrático".

En tanto que Ricardo Lagos evitó referirse al libro en sí, pero dijo que "yo creo que nada justifica la dictadura y creo que el mayor error estuvo en el fracaso de la clase política de llegar a un entendimiento mayor".

Posteriormente, Aylwin aclaró que la frase aparece como la versión de una conversación que sostuvo con el general Oscar Bonilla, quien se desempeñaba como ministro del Interior en 1974, donde "nosotros le pedimos que se den una serie de garantías, y yo le planteo que lamentablemente comprendemos que puede haber casos en que una dictadura sea necesaria, pero debe ser por un corto tiempo".

Para el ex Mandatario, más que justificar la dictadura, sus declaraciones apuntaban a "admitir el hecho de que (los militares) ahí estaban y que era explicable que eso hubiera ocurrido, pero nada más. Si se empieza a escudriñar palabra por palabra todos los párrafos del libro, pueden ocurrir muchas cosas (…) puede que haya que entrar a dar muchas explicaciones, pero creo que el libro hay que juzgarlo en su contexto".

Fuente. La Tercera (Chile)

http://historiabarriga.blogspot.com.ar/2012/05/los-dichos-historicos-de-patricio.html

LA DC Y LA DICTADURA

Dos corrientes chocan dentro de la Democracia Cristiana y el diputado Aldo Cornejo, que busca la presidencia de lacolectividad, aboga por un pacto político y electoral con el Partido Comunista.

Cornejo criticó el manejo que el máximodirigente de la colectividad, Ignacio Walker, ha tenido en la disputa pública que sostiene con el PC.

"La gente y la militancia, con quienes he conversado todos estos días, no entienden que el presidente del partidoproclamaba hasta hace poco -sin reserva de ningún tipo- a los candidatos a alcalde del PC, conjunto con el presidentedel PC, y que ahora ayude a confundir", dijo.

El diputado explicó que "efectivamente, tenemos diferencias no menores con el PC.

Eso es un hecho de la causa y nadielo puede desconocer ni ignorar.

Sin embargo, hay que hacer un esfuerzo de diálogo franco con el PC, con el propósitode ir acortando y eliminando las diferencias que nos pudieran separar para un futuro gobierno, en el cual el PC puedeeventualmente participar".

A su vez, el presidente de la DC , Ignacio Walker, profundizó las críticas que ha efectuado al Partido Comunista en torno alos derechos humanos y reiteró que una coalición política con esa colectividad no es posible aunque si un pacto electoral.

"Hay que mirar hacia adelante y adoptar ciertas definiciones que impliquen colocar en el centro del debate el respeto porlos derechos humanos y el rechazo a toda forma de dictadura y de violencia política.

Forjar un camino, pero sin hacernoslos lesos en el tema de derechos humanos", dijo el senador.

"Este mes, no en medio de la guerra fría, sino que ahora el 2012, el PC publica una declaración de dos páginasexpresando su apoyo al régimen de Siria, que ha asesinado a más de sesenta mil personas.

Y también lo hicieron conel partido de los trabajadores en Corea del Norte y con Cuba", concluyó.

Incluso el Pato Aylwin, dijo que a él no le importaría un ministro comunista en un eventual gobierno de centro-izquierdael 2014.

Tal vez por eso, Walker aclaró que en la inédita bilateral que sostendrán las directivas de ambos partidos el 13 dediciembre, espera profundizar las convergencias que existen con la directiva que encabeza el diputado Guillermo Teillier.

Según el PC, en la cita del jueves 13 se discutirá cómo seguir adelante para profundizar la convergencia social ypolítica, una lista parlamentaria conjunta y un programa con proyección de futuro como punto de partida para mayoresacercamientos con los demás partidos de la oposición.

En otras palabras, Walter exagera las cosas con fines electorales internos más o menos groserotes y luego recula.

Tal vez se sienta respaldado por los buenos resultados del pacto con el PS en la municipal, en supremacía con los quetuvo el del PPD-PR-PC.

Pero, si uno quiere ser serio, eso no tiene nada que ver si habla de la presidencial del próximo año, especialmente siMichelle Bachelet es la abanderada de la oposición frente a la cual los MEOs y los Velasco ni siquiera los Golborne o losAllamand, nada tienen que hacer, siempre y cuando la doctora llegue a la meta con un programa realmentetransformador y redentor, bajo el brazo.

La otra idea que trata de impulsar Walker, la que la DC nada tuvo que hacer con el golpe de Estados de 1973, es unafalsificación histórica sin destino, no una ofensa como dice el senador.

Y eso no es aceptable.

El nuevo gobierno que se elija al finalizar el año 2013 tiene que ser creíble y su gente, quienes lo compongan, lo debenser también.

Para que todos lo sean, hagamos memoria.

En los momentos en que se fraguaba el sanguinario alzamiento del año 1973, el senador y presidente de la DC en esemomento, Patricio Aylwin, le dijo a The Washington Post el 26 de agosto de 1973 que, si le dieran a elegir entre "unadictadura marxista y una dictadura de nuestros militares, yo elegiría la segunda".

Mas claro, echarle agua.

Luego de la muerte de Salvador Allende, el 17 de septiembre de 1973, el operador político de Eduardo Frei padre, aseveró, mediante una declaración pública a la prensa extranjera, que "el gobierno de Allende había agotado, en el mayorfracaso, la Vía chilena hacia el Socialismo, y se aprestaba a consumar un autogolpe para instaurar por la fuerza ladictadura comunista".

Luego le echó una ayudita al derramamiento de sangre: "Las informaciones que nos transmite el cable revelan que losucedido en Chile se está enjuiciando en el exterior con mucho desconocimiento de la realidad", acotó.

Traidor al extremo, avaló que "la mayor prueba es la enorme dotación de armas que tenían las ilegales milicias marxistasque formaban un verdadero ejército paralelo, con un poder de fuego equivalente a 12 regimientos regulares y con lapresencia activa de más de diez mil extremistas extranjeros".

Los ejecutivos de ClariNet, como testigos y víctimas del golpe, podemos decir que distinto hubiese sido todo si algunasde esas armas realmente hubiese existido y esas milicias no hubiesen sido solo una pesadilla de verano de los asesinospinochetistas y sus promotores civiles.

La mentira final: Aylwin concluyó su declaración explicando que, "hasta la última quincena conversamos con el presidenteAllende y su gobierno, en busca de las rectificaciones indispensables para salvar a Chile del quiebre institucional y deldesastre económico.

Nuestros esfuerzos no encontraron acogida seria y su fracaso condujo a la intervención militar, quelas Fuerzas Armadas y Carabineros no buscaban y que contradecía todas sus tradiciones".

Por favor, si no habían pasado ni cincuenta años de la seguidilla de golpes de comienzos de los años de 1930.

Además el entonces senador, como todo la cúpula militar y la política, el día martes 11 de aquel trágico septiembre,Alfende iba a anunciar un plebiscito sobre su continuidad en La Moneda , para salvar así la democracia.

A sangre y fuego, el cuartelazo lo impidió.

Años después, Aylwin en la Universidad de la Sorbonne , en París, aceptó que “el mundo supo con horror de lasgravísimas y masivas violaciones a los Derechos Humanos que se cometieron.

Más de tres mil personas fueronasesinadas o desaparecieron.

Decenas de miles salieron al exilio, sufrieron prisión o fueron víctimas de arbitrariedades.

Miles perdieron su trabajo entre ellos muchísimos profesores universitarios.

Fue la peor tragedia de la historia de Chile".

Pero, a su regreso al país, Aylwin descartó haber planteado que la tragedia fue la existencia misma del régimen militarasesino y ladrón.

Incluso, en 1994, en los meses finales de su mandato presidencial, defendió al malandrín y multihomicida: "Yo lo que hedicho y sigo creyendo es que Pinochet no intentó cogobernar desde que yo asumí la Presidencia.

Me dijo: ‘Yo como militarsé mandar y obedecer.

Ahora usted es el presidente y yo le obedezco a usted.

Tuvimos desacuerdos, naturalmente,pero en definitiva, nunca pretendió intervenir en la orientación de la política de mi gobierno, nunca desobedeció.

La imagendel general Pinochet con la que salí de la Presidencia , de su conducta durante mi gobierno, no es la que pude temercuando asumí el cargo", argumentó.

En Lisboa, en la fundación Gulbelkian, afirmó que "la dictadura chilena no fue la de un caudillo carismático, como tantosen el Tercer Mundo, sino el gobierno institucional de las Fuerzas Armadas" y destacó que durante el régimen militar "notodo fue negro", y destacó obras como "las reformas económicas de saneamiento, liberalización y apertura de la economíachilena".

Lo que hoy el senador Walker trata de ocultar, el ex mandatario DC lo aceptó al narrar al Excelsior de México, que "enesa época yo actué honradamente y de acuerdo a mi conciencia, pero reconozco que me equivoqué medio a medio.

Siento mía la tragedia ocurrida en Chile, pero combatí con fiereza la dictadura y, así como me equivoqué yo, nosequivocamos muchos".

Pobrecito él.

Claro que entre los equivocados estaba gran parte de la DC y gente como Tomas Pablo, Juan de Dios Carmona o EsterRoa que se pasaron con camas y petacas al bando del horror.

En aquella entrevista, además, se le preguntó qué castigo le daría al general Augusto Pinochet, si retornara a la épocade los tribunales de Nuremberg, que juzgaron a los nazis de la Segunda Guerra Mundial, el ex jefe de gobierno respondióque "quien dirige un gobierno con poderes omnímodos, en el que se cometen crímenes, hasta los más despreciables,como ocurrió con Pinochet, no podría evitar que su responsabilidad sea dilucidada no sólo ante los tribunales, sinonecesariamente ante la historia".

¿Quiere más pruebas don Ignacio? Mejor dedíquese a que su colectividad acepte un programa decente para que la centro-izquierda regrese al poder yelabore una Constitución digna del siglo XXI, restituya todos y cada uno de los derechos sindicales, nos de un sistemaprevisional que nos asegure una vejez digna y nos garantice servicios de salud donde no sea el dinero el que nospermita seguir vivos, y en que la educación sirva a las personas y al país.

No a unos cuantos sinvergüenzas como el actual ministro de Educación.



ClariNet
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CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA DE CHILE

Santiago, 29 de Agosto de 2013

Señor
Ignacio Walker
Presidente del Partido Demócrata Cristiano de Chile
PRESENTE

De mi consideración:

En las últimas 48 horas, los chilenos han podido escuchar, tanto de parte suya como del Senador Pizarro de su partido, una serie de explicaciones inauditas para tratar de borrar de su mente, la idea de que la Democracia Cristiana apoyó el Pronunciamiento Militar del 11 de Septiembre de 1973, y posicionar a cambio, la tesis de que la carta de los 13 militantes que rechazaron el Pronunciamiento Militar, habría sido la verdadera posición de la Democracia Cristiana el año 1973.

Gracias a Dios hay aún muchísimos chilenos que vivimos en Chile en la década de los 60 y 70, sufrimos el caos del Gobierno de Allende, y tenemos buena memoria como para refutar los dichos conque hoy, tanto Ud. como el Senador Pizarro, tratan de confundir a la opinión pública. Y como no pretendo que esta carta pública se fundamente en mis opiniones o fantasías, como es el caso de sus dichos y los del Senador Pizarro, detallaré a continuación una serie de eventos relevantes (porque de los comunes hay miles) ocurridos entre 1970 y 1973, que demuestran claramente que la Democracia Cristiana llamó a los militares a intervenir y los apoyó, al menos durante el primer año de gobierno (uno de los que recuerdo, sin recurrir a mi base de datos, es Juan Villarzú, Director del Presupuesto 1973-1974; podríamos citar también a Juan de Dios Carmona y William Thayer). 

No se puede olvidar que días antes de producirse el Pronunciamiento Militar de 1973, el entonces presidente de la DC, Senador Patricio Aylwin, dijo en una entrevista a The Washington Post, el 26 de agosto de 1973 que, si le dieran a elegir entre "una dictadura marxista y una dictadura de nuestros militares, yo elegiría la segunda".

Veamos entonces algunos documentos probatorios:


1. El primero de ellos se refiere a la intervención que hace el ex diputado Sr. Claudio Orrego en la Cámara de Diputados el 22 de Agosto de 1973, al presentar el conocido Acuerdo de la Cámara de Diputados del 22 de Agosto de 1973 contra el Gobierno de Allende por Grave Quebrantamiento de la Legalidad Institucional. Este es un documento público que no requiere que copiemos en esta carta; sin embargo, quiero rescatar de él la siguiente frase del Sr. Orrego, que los lectores sabrán ponderar en su justa medida:

“En este patriótico momento, en este momento de crisis profunda, los democratacristianos hemos asumido nuestra responsabilidad de llamar a esta reunión para que los señores Ministros militares obtengan, en definitiva, los poderes que necesitan para poder darle satisfacción a las necesidades de Chile. Y, vuelvo a repetir, ya no hay solución que se consiga en una conversación más o con una conversación menos. Aquí hay que tomar el problema a dos manos…”

En esta presentación del Señor Orrego no sólo se habla a nombre de la Democracia Cristiana, sino que se invita a los militares a tomar el control de la situación.


2. El segundo se deriva del anterior y corresponde al Acuerdo de la Cámara de Diputados sobre el Grave Quebrantamiento del Orden Constitucional y Legal de la República, aprobado el 22 de agosto de 1973. Este también es un documento público, razón por la cual no lo vamos a insertar aquí. Pero tal como hicimos en el párrafo anterior, queremos destacar los primeros dos puntos del Acuerdo propiamente tal, suscrito por la bancada de la Democracia Cristiana (el acuerdo se logra por 81 votos contra 47 de la bancada de la UP):

“LA CAMARA DE DIPUTADOS ACUERDA:

PRIMERO.- Representar a S.E., el Presidente de la República y a los señores Ministros del Estado miembros de las Fuerzas Armadas y del Cuerpo de Carabineros, el grave quebrantamiento del orden constitucional y legal de la República que entrañan los hechos y circunstancias referidos en los considerandos Nos 5o a 12 precedentes;

SEGUNDO.- Representarles, asimismo, que, en razón de sus funciones, del juramento de fidelidad a la Constitución y a las leyes que han prestado y, en el caso de dichos señores Ministros, de la naturaleza de las instituciones a las cuales son altos miembros y cuyo nombre se ha invocado para incorporarlos al Ministerio, les corresponde poner inmediato término a todas las situaciones de hecho referidas, que infringen la Constitución y las leyes, con el fin de encauzar la acción gubernativa por las vías del Derecho y asegurar el orden constitucional de nuestra patria y las bases esenciales de convivencia democrática entre los chilenos;”

En este acuerdo queda clara la intencionalidad al apuntar hacia los “Ministros miembros de las FFAA”, e indicarles la necesidad de “poner inmediato término” a todas las situaciones contenidas en el Acuerdo. No olvidemos que el rol interno principal de las FFAA es justamente garantizar el orden institucional de la República.

Por otra parte, la lectura de los considerandos del Acuerdo, no deja lugar a dudas de la caótica situación existente en Chile y del permanente quebrantamiento de la legalidad e institucionalidad, por parte del Gobierno de Allende. La realidad misma descrita, no deja salida realmente a los militares chilenos en su rol de garantes.


3. En tercer lugar, en diversas entrevistas concedidas a los medios de prensa extranjeros, entre Septiembre y Octubre de 1973, el entonces Presidente de la Democracia Cristiana, Senador Patricio Aylwin A., actuando como tal, se refiere a las condiciones existentes en Chile durante el Gobierno de Allende y justifica el Pronunciamiento Militar. Queremos destacar las siguientes frases del Sr. Aylwin:

“La verdad es que la acción de las Fuerzas Armadas y del Cuerpo de Carabineros no vino a ser sino una medida preventiva que se anticipó a un autogolpe de Estado que, con la ayuda de las milicias armadas con enorme poder militar de que disponía el Gobierno y con la colaboración de no menos de diez mil extranjeros que había en este país, pretendían o habrían consumado una dictadura comunista. Por eso, cuando se produjo el Pronunciamiento Militar y se formó la Junta Militar de Gobierno, nosotros los democratacristianos habríamos faltado a la verdad y habríamos sido inconsecuentes si no hubiéramos reconocido que la responsabilidad fundamental de lo ocurrido proviene de la acción del Gobierno de la Unidad Popular y que las Fuerzas Armadas no buscaron esto, sino que actuaron por patriotismo, con un sentido de responsabilidad frente al destino histórico de Chile”. 

Y, haciéndose cargo de una pregunta sobre los abusos denunciados por algunos medios internacionales, dijo:

“Es muy fácil convertirnos en juez de otros que están peleando, mientras uno está sentado en el escritorio. Yo no me siento con autoridad moral para juzgar si han sido excesivos o no, porque lo cierto es que los militares han tenido muchas bajas y han sentido la acción... Nosotros tenemos el convencimiento de que la llamada Vía Chilena de Construcción del Socialismo, que empujó y enarboló como bandera la Unidad Popular y exhibió mucho en el extranjero, estaba rotundamente fracasada y eso lo sabían los militantes de la Unidad Popular y lo sabía Allende, y por eso ellos se aprestaban, a través de la organización de milicias armadas muy fuertemente equipadas y que constituían un verdadero ejército paralelo, para dar un autogolpe y asumir por la violencia la totalidad del poder. En esas circunstancias pensamos que la acción de las Fuerzas Armadas simplemente se anticipó a ese riesgo para salvar al país de caer en una guerra civil o en una tiranía comunista”.


Las dos frases anteriores no dejan lugar a duda del apoyo que tenían las FFAA por parte de la Democracia Cristiana, representada en estas entrevistas por nada menos que su Presidente. A nadie le cabe la menor duda de que estas entrevistas son hechas al Presidente de la DC y no a la persona de Patricio Aylwin.


4. En cuarto lugar y no por ello menos importante, considerando que quien hace las declaraciones es nada menos que un ex Presidente de la República y cofundador de la Democracia Cristiana, tenemos las declaraciones hechas al periódico ABC de España en Octubre de 1973, a un mes del Pronunciamiento Militar, por don Eduardo Frei Montalva. Eduardo Frei Montalva defiende Pronunciamiento Militar, el 10-10-1973. 

Al consultársele por el derecho de rebelión, el ex presidente Frei expresó lo siguiente:

“La gente no se imagina, en Europa, que este país está destruido. No saben lo que ha pasado. Los medios informativos, o callaron lo que estaba ocurriendo desde 1970, en que Salvador Allende, rompiendo todas sus promesas, y alejándose de la legalidad, inicia una obra de destrucción sistemática de la nación, o dieron noticias falsas al mundo… Y el mundo entero ha contribuido a la destrucción de este país, que hoy no tiene más salida salvadora que el gobierno de los militares. El marxismo, con conocimiento y aprobación de Salvador Allende, había introducido en Chile innumerables arsenales, que se guardaban en viviendas, oficinas, fábricas, almacenes… Los militares han salvado a Chile y a todos nosotros, cuyas vidas no son ciertamente tan importantes como la de Chile, pero que son vidas humanas, y muchas, y todas amenazadas perentoriamente. Y no puedo decir que estemos aún a salvo, porque —ya lo ve usted día tras día— las Fuerzas Armadas siguen descubriendo reductos y arsenales. La guerra civil estaba perfectamente preparada por los marxistas. Y esto es lo que el mundo desconoce o no quiere conocer. Los militares fueron llamados, y cumplieron una obligación legal, porque el Poder Legislativo y el Judicial, el Congreso y la Corte Suprema habían denunciado públicamente que la presidencia y su régimen quebrantaban la Constitución, los acuerdos votados en el Parlamento y las sentencias… Allende vino a instaurar el comunismo por medios violentos, no democráticos, y cuando la democracia, engañada, percibió la magnitud de la trampa, ya era tarde. Ya estaban armadas las masas de guerrilleros y bien preparado el exterminio de los jefes del Ejército. Allende era un político hábil y celaba la trampa. Pero —ya sabe usted— no se puede engañar todo el tiempo a todo el mundo. Las armas requisadas en virtud de la ley Carmona demostraron que la guerra civil se preparaba desde la presidencia de la República… Yo le digo a usted… que cuando un Gobierno… insulta y desobedece al Tribunal Supremo, menosprecia la inmensa mayoría del Congreso, provoca el caos económico,… arrolla las libertades individuales y políticas…; cuando un Gobierno procede así, cuando se producen en un país condiciones que no se han producido nunca como en Chile tan claras y abundantes en la historia del mundo, el derecho a la rebelión se convierte en deber. Es un derecho jurídico proclamado por todos los tratadistas e historiadores, como el padre Mariana en España”. 

Más adelante, Frei prosigue: 

“las fuerzas militares han salvado realmente al país de su total aniquilamiento… la Democracia Cristiana no deseaba esto, naturalmente. Usted no desea operarse de un cáncer, pero llega un momento en que usted tiene que operarse el cáncer. Nuestros cirujanos son las Fuerzas Armadas, y el pueblo solicitó su intervención insistente, estruendosa y heroicamente… No teníamos nada que comer. No había repuestos para la maquinaria. Imperaba la violencia. Se aspiraba a destruir el país y a montar con los restos un programa leninista que previamente aniquilara al enemigo, o considerado como tal, y a las Fuerzas Armadas… La gente de Europa no se imagina lo que era esto. Viven ofuscados por la gran mentira del experimento de la democracia hacia el comunismo… Es alarmante que en Europa no se enteren. Este país está destruido… Necesitamos que prevalezca la verdad”.

No habría mucho más que agregar. Tan sólo recalcar que la figura de don Eduardo Frei Montalva, era y sigue siendo un verdadero ícono de la Democracia Cristiana de Chile. Sus palabras, claramente, no representaban su propio parecer, sino el de la inmensa mayoría de su partido.


5. Para finalizar, he querido referirme a la carta que escribiera don Eduardo Frei Montalva a Mariano Rumor, Presidente de la Internacional Democracia Cristiana en Italia, con fecha 8 de Noviembre de 1973 y que también es un documento público, que no es necesario insertar en esta carta, Pero tal como lo he hecho en los párrafos anteriores, destacaré algunas frases célebres:

“Hombres conocidos en el continente por sus actividades guerrilleras eran de inmediato ocupados en Chile con cargos en la Administración, pero dedicaban su tiempo muchos de ellos al adiestramiento paramilitar e instalaban escuelas de guerrillas que incluso ocupaban parte del territorio nacional en que no podían penetrar ni siquiera representantes del Cuerpo de Carabineros o de las Fuerzas Armadas.”


“Las Fuerzas Armadas - estamos convencidos - no actuaron por ambición. Más aún, se resistieron largamente a hacerlo” - ¿Cómo sabría que se resistieron largamente, si no hubiese habido contactos permanentes entre la DC y los militares antes del 73?

“Fueron miles los que escucharon decir a la Radio de Moscú que habían muerto 700 mil personas, en dos días. Otros hablaban de 30.000 y que corrían ríos de sangre en Santiago. Para nosotros una sola vida humana no tiene precio. No decimos esto por disminuir la tragedia a que el país fue llevado, pero según nuestras informaciones, los muertos no llegarían a dos mil, lo que es bien diferente a tan burdas mentiras. Entre las miles de falsedades que se propalaron: Murieron 35 parlamentarios. Falso. Ninguno. Fue asesinado Neruda. Falso y ridículo. Todos los órganos de publicidad le rindieron homenaje como a nadie en muchos años y en el edificio del Congreso Nacional la bandera se izó a media asta en señal de duelo.

Se destruyó el Hospital Barros Luco, el mayor de Chile. No hay un solo hospital destruido ni dañado en la más mínima parte. En el Hospital Barros Luco no hay ni un vidrio quebrado.

A qué seguir. Son cientos de ejemplos.

No ha faltado un programa de televisión en Europa que presentó como señales de bombardeo vistas del anterior terremoto.

Pedimos una sola cosa: Vengan a ver lo que decimos. Tenemos derecho a pedirlo a nuestros amigos. Así lo hizo el señor Bruno Heck, dirigente de la DCU, quien pudo comprobar la verdad.”


Existe un gran cúmulo de información anterior y posterior al 11 de Septiembre de 1973, que resultaría imposible incluir en esta carta. Pero en beneficio de la Verdad, creo que hemos referido los textos públicos más conocidos por los chilenos, y tan olvidados por la Democracia Cristiana que Ud, dirige.

Espero con mucho respeto que se digne dar una respuesta a esta carta, considerando que mis dichos representan la opinión de un porcentaje mayoritario de los chilenos, como Ud. podrá comprobar fácilmente a través de las redes sociales.

Le saluda atentamente,

Ing. R.M. Sukno
Ex Militante DC


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El Plan Z: La mentira que ensangrentó a Chile




Apenas tomado el poder, la Junta Militar enfrentó una avalancha de críticas internacionales. El golpe de Estado fue precipitado en momentos que el Presidente Allende se aprestaba a llamar a un plebiscito sobre la continuidad de su gobierno. Las imágenes de La Moneda ardiendo y las redadas de arrestos masivos daban la vuelta al mundo. Era necesario "justificar lo injustificable", como diría más tarde el Presidente Patricio Aylwin. En esas circunstancias, el general Augusto Pinochet señaló a la prensa la existencia de un llamado Plan Z.

El primer anuncio lo hizo el coronel Pedro Ewing, el 22 de septiembre de 1973, al denunciar que las Fuerzas Armadas encontraron en la caja fuerte del depuesto Subsecretario del Interior, Daniel Vergara, documentos de la Unidad Popular que revelaban los detalles de un golpe de Estado. El columnista de El Mercurio, Álvaro Puga, que se desempeñaba en el Comando Operativo de las Fuerzas Armadas (COFA), señala que los documentos llegaron a sus manos el 12 de septiembre. En ellos se contemplaba el asesinato de numerosos oficiales junto a sus familias, además de cientos de dirigentes políticos y gremiales. El 30 de octubre fue dado a conocer el "Libro Blanco del Cambio de Gobierno en Chile", preparado por el historiador Gonzalo Vial bajo la estrecha supervisión del almirante Patricio Carvajal.

En el capítulo dos del libro, se reproducen documentos que figuraban en el capturado Plan Z. En un lenguaje explícito, más próximo a la propaganda anticomunista que a la terminología izquierdista de la época, se señala crudamente: "Plan de movilizaciones y operaciones para un golpe de Estado". En él se debía aplicar en los siguientes casos:
  • "Z-A: Iniciación de un Golpe de Estado para conquistar el PODER TOTAL  e imponer LA DICTADURA DEL PROLETARIADO contra la acción de una parte o la totalidad de las FF.AA. apoyada por grupos civiles".
  • "Z-B: Muerte de Allende por un atentado".
  • "Z-C: Invasión externa".
¿Cómo hacerlo? En el Libro Blanco se lee: "Será fundamental eliminar físicamente los Altos Mandos y los oficiales jefes de las unidades de las fuerzas enemigas". ¿Cuándo ejecutarlos? "Simultáneamente, los GAP de La Moneda e Intendencias procederán a dar de baja a los Generales, Almirantes y otros oficiales que estarán reunidos asistiendo a un almuerzo oficial que ofrecerá el Gobierno con motivo del Día del Ejército". El general (r) Alejandro Medina Lois estima que, además, habían 600 líderes civiles de derecha destinados a correr la misma suerte.


Los documentos son presentados como parte de un plan, pero en rigor ni siquiera en el Libro Blanco aparece el Plan Z. Lo que hay son una serie de enunciados de intenciones. Pero no hay ninguna referencia a quiénes y cómo, con qué armas, qué medios de transporte y qué jefes ejecutarían las supuestas acciones. Las contradicciones son evidentes. Según el Libro Blanco, Salvador Allende invitaría a los altos mandos de las Fuerzas Armadas a un almuerzo en su casa de Tomás Moro el 19 de septiembre de 1973. En determinado momento, el Presidente se levantaría de la mesa, segundos más tarde, una decena de miristas acribillaría a generales y almirantes en el comedor. Sin embargo, esta fantástica escena se desvanece sola: la televisión post golpe denunció que en Arica, el Plan Z sería ejecutado el 17 de septiembre en la parada preparatoria. Con la masacre de todo un regimiento en el norte, por parte de la izquierda, mal podrían haber asistido los comandantes en jefe a un amistoso almuerzo con el gobierno dos días más tarde.

La mayoría de los chilenos dudó desde un comienzo de la existencia del Plan Z. Pero algunos lo creyeron y eso bastó. El temor a ser víctimas de crímenes alevosos perpetrados por la izquierda envenenó el alma de militares y civiles. Algunos, como el mayor Carlos Herrera Jiménez llegarían a asesinar a decenas de personas. En una entrevista realizada en el año 2003 a Herrera Jiménez, explica que "de verdad creyó que iba a haber una masacre en la parada militar".
  • ¿Tenía alguna evidencia de ello?
  • Herrera: "Yo no tuve antecedentes, fue lo que dijo nuestro general que en esa época era el general Carlos Forestier. En 1973, yo era un subteniente de 22 años. El general Forestier en esa época hizo varias reuniones tanto con los oficiales como con todo el personal en las cuales nos arengaba. Yo creo que era una manera de justificar lo que se hizo".
  • ¿Usted creyó en el Plan Z?
  • Herrera: "Sí, creí rotundamente. Eran tantas las informaciones que daba el mando que no tenía ninguna duda".
  • ¿Pero si no le mostraron ninguna evidencia concreta, por qué creyó?
  • Herrera: "Es un asunto netamente militar. Los militares creemos firmemente en las palabras de nuestros generales. Ese es el ABC de la vida militar. Lo que dice un general, guste o no, se asemeja mucho a la palabra de Dios".
Hoy es claro que el Plan Z fue un invento elaborado por un grupo de militares y civiles en el Ministerio de Defensa. Federico Willoughby, primer vocero de la Junta Militar, lo explica de la siguiente forma: "Fue una gran maniobra de guerra psicológica. Yo no sabía de la existencia del Plan Z y era funcionario de la Junta de Gobierno y, por lo tanto, tendría que haber sabido. Cuando ví el Libro Blanco que contiene el Plan Z, no me interesó mirarlo porque reconocí que eran papeles y fotos que había visto con posterioridad al 11 de septiembre en el Ministerio de Defensa. Eran todos los documentos que se habían juntado en todos los allanamientos en las sedes de los partidos políticos en Santiago. Estaban en una pieza llena de fotos de actas de los partidos marxistas. De allí se debe haber seleccionado un material especial... Yo tengo la impresión que la gente encargada de las operaciones de Inteligencia discernieron que era conveniente generar un elemento de justificación del pronunciamiento militar para convencer a la población civil que los habían salvado. Entonces, se hizo este libro y se produjo -incluso- un efecto social. Había gente que decía con cierto orgullo: Ah, yo estaba en la lista de los que iban a matar y eso generaba cierto estatus... Este libro, lo repito, es producto de una campaña de guerra psicológica".

Las declaraciones de Willoughby son valiosas. Era claro que el Plan Z era una invención. Pero es la primera vez que un miembro del estrecho círculo que tomó el poder en 1973 lo reconoce públicamente. 30 años más tarde, figura casi como una anécdota irrelevante. ¿Qué importancia podrían tener algunas mentirillas frente al cúmulo de atrocidades cometidas? Hasta podría pasar por una picardía de la astucia militar.

Nada sería más erróneo. El Plan Z jugó un papel determinante en la radicalización de los militares y civiles que depusieron al gobierno constitucional. Se impuso la lógica de "ellos o nosotros". "Ellos" nos iban a matar, pero "nosotros" nos adelantamos y les dimos el trato que nos tenían reservado. Era un pensamiento simple, efectivo y cortaba de raíz la vacilación.

Lo que quizás no pudieron adivinar los arquitectos de la gran mentira fue hasta qué punto fueron intoxicados sus propios partidarios. No aquellos civiles dubitativos a quienes se buscaba persuadir de la necesidad imperiosa de hacer tabla rasa de las tradiciones democráticas y del respeto al prójimo. También fueron víctimas los Herrera Jiménez que mataron y torturaron con la convicción de que no había otro camino. Es posible que ello explique la gratuita crueldad de fusilamientos reales y ficticios, las violaciones, y toda la electricidad descargada sobre cuerpos indefensos. ¿Cómo entender que militares profesionales asesinen a un civil detenido y luego hagan desaparecer su cuerpo? Y a más de mil de ellos. Un temor puede desquiciar con la misma fuerza sea real o ficticio. Todavía quedan personas, como Hermógenes Pérez de Arce, que insisten que el Plan Z existió. Los instigadores intelectuales del odio que derivó en tanto crimen merecen compartir las penas que los ejecutores materiales.

La mentira nunca es buena. Pero hay mentiras y mentiras. El Plan Z es la mentira más sangrienta y que mayor dolor ha causado en la historia de Chile.


Fuente. Adaptado de Raúl Sohr, The Clinic, septiembre 2003


La Historia Oculta del Régimen Militar

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