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miércoles, 2 de octubre de 2013

MILITARES ESPIARON A LA IZQUIERDA DESDE ANTES DEL GOLPE DEL *73





Por: LA NACION-EFE Lunes 3 septiembre 2012


Los militares espiaron a los partidos y grupos de izquierda desde antes del golpe que Augusto Pinochet encabezó en 1973 para derrocar al gobierno de Salvador Allende, según consta en documentos confidenciales a los que Efe tuvo acceso.

Se trata de unos 1.500 escritos que la DINA y otros organismos represivos entregaron en 1974 a la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), según los cuales los partidos de izquierda fueron infiltrados por los militares durante el gobierno de Salvador Allende.

Así lo confirma unos 1.500 escritos que la DINA y otros organismos represivos entregaron en 1974 a la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) que fueron revelados. Estos documentos afirman que los partidos de izquierda fueron infiltrados durante el gobierno de Allende


Los militares espiaron a los partidos y grupos de izquierda desde antes del golpe que Augusto Pinochet encabezó en 1973 para derrocar al gobierno de Salvador Allende, según consta en documentos confidenciales a los que Efe tuvo acceso.

Se trata de unos 1.500 escritos que la DINA y otros organismos represivos entregaron en 1974 a la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), según los cuales los partidos de izquierda fueron infiltrados por los militares durante el gobierno de Salvador Allende.

También los documentos dan cuenta de acciones represivas posteriores al golpe y revelan que los militares se infiltraron en la labor de las iglesias cristianas en favor de las víctimas de la dictadura.

PC, PS, MAPU Y MIR INFILTRADOS

Varios legajos se refieren a "informes de informantes" que, antes del golpe, entregaban a los militares información sobre la estructura de los partidos de izquierda, listas de militantes y dirigentes, fotos y actas de materias tratadas en reuniones.

Los escritos, que fueron aportados por fuentes militares que pidieron absoluta reserva de identidad, y no provienen de archivos o instituciones de acceso público, revelan que a comienzos de 1974 la DINA tenía en su poder la estructura clandestina completa de los partidos Comunista, Socialista y Mapu y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

La información abarcaba los nombres reales y encubiertos de sus dirigentes, así como las claves que utilizaban para contactarse.

ÚLTIMA REUNIÓN DEL PS ANTES DEL GOLPE

El material al que accedió Efe consta de 2 listas de documentos, escritas a máquina, con un total de 18 páginas, fechadas en 1974 y que consignan un número de serie a cada archivo, la materia de qué trata, y su destino (la DINE).

Los documento, a varios de los cuales Efe también accedió, en originales o copias, están clasificados como "Secreto" o "Reservado" y su origen es el Estado Mayor de la Defensa Nacional, la DINA o los servicios de inteligencia de la Armada y la Fuerza Aérea.

Un documento da cuenta de lo tratado en la última reunión de la comisión política del PS antes del golpe, efectuada el 28 de agosto de 1973, y menciona qué dirigentes favorecían un enfrentamiento armado para consolidar la formación de un Estado socialista.

Pero la mayoría, según el texto, estuvo por apoyar la tesis de Allende y del PC, de llegar a acuerdos con la Democracia Cristiana para evitar un golpe, cediendo incluso parte del programa del gobierno.

ESPÍAS EN EL COMITÉ PARA LA COOPERACIÓN DE LA PAZ

Asimismo, hay documentos encontrados en los allanamientos de las viviendas de militantes de izquierda, relacionados con materias políticas e instrucción militar, así como declaraciones de detenidos tras el golpe militar.

Dos documentos, marcados como "Informe DINA", de mayo de 1974, revelan cómo ese organismo infiltró el Comité para la Cooperación de la Paz, constituido en octubre de 1973 por las iglesias para ayudar a los perseguidos por el régimen.

Dicha infiltración se realizó mediante agentes que simularon ser perseguidos políticos y su acción alcanzó a tales niveles que el Comité hasta les dio dinero para que trasladaran personas clandestinamente hacia Argentina, de cuyo destino jamás se supo.


INFORMES SOBRE SCHNEIDER, PRATS Y BACHELET

Los archivos también contienen datos sobre los asesinatos del comandante en jefe del Ejército, René Schneider, ocurrido en octubre de 1970 poco antes de que Allende asumiera la presidencia, y del edecán naval del mandatario, Arturo Araya Peeters, en julio de 1973, ambos cometidos por grupos de ultraderecha.

Asimismo, hay un archivo marcado como "Antecedentes del general Bachelet" y otro como "Antecedentes sobre el general Carlos Prats".

Bachelet, padre de la ex Presidenta Michelle Bachelet, murió en marzo de 1974 en la cárcel, a causa de las torturas que sufrió en la Academia de Guerra Aérea, por oponerse al golpe de Estado junto a otros oficiales y suboficiales aéreos.

El general Prats, antecesor de Pinochet en la jefatura del Ejército, fue asesinado por la DINA junto a su esposa, Sofía Cuthbert, el 30 de septiembre de 1974 en Buenos Aires.

DOCUMENTOS DE LA "OPERACIÓN CÓNDOR"

Otro de los documentos entregados a la DINE está marcado como "Plan de Operación Cóndor", como se conocen las acciones coordinadas entre las dictaduras de Uruguay, Paraguay, Argentina, Bolivia, Brasil y Chile para eliminar opositores, creada en Santiago a fines de 1975.

Se describe además un "Paquete con cédulas de identidad según nómina adjunta", que sin embargo no se incluye y por ende no se sabe a qué personas correspondían ni porqué estaban en el organismo castrense.

En los juicios por violaciones de los derechos humanos, los militares invariablemente han asegurado a los jueces que nunca supieron de la existencia de este tipo de documentos.

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martes, 17 de septiembre de 2013

El año que EEUU quiso eliminar a Augusto Pinochet

Martes 22 De Enero 2013
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Un alto funcionario de la Inteligencia argentina durante el gobierno de Raúl Alfonsín, revela los planes norteamericanos para deshaacerse del general chileno en los 80.

Por Claudio Mardones (desde Buenos Aires)

Aunque cueste creerlo, Estados Unidos, el mismo país que apoyó e incentivó abiertamente el derrocamiento de Salvador Allende en 1973 y urdió una de las redes de terrorismo de Estado más feroces de la historia, conocida como Plan Cóndor, implementó a partir de 1983 el debilitamiento de la dictadura de Augusto Pinochet y de su par paraguayo Alfredo Stroessner.
La fecha del giro de las operaciones posiblemente haya sido el 10 de diciembre de 1983, cuando el argentino Raúl Alfonsín asumió la presidencia de su país luego de una dictadura de 7 años que había dejado cerca de 30 mil desaparecidos. Pero lo cierto es que mientras Buenos Aires comenzaba a transformarse en una de las pocas sedes de un gobierno democrático en el Cono Sur, los hombres enviados por Washington hicieron saber la decisión del gobierno republicano de Ronald Reagan.
A continuación la trama secreta de una discreta ofensiva diplomática, donde la CIA no ahorró agentes para cerrar el cerco. Luego de las primeras señales el nuevo presidente argentino comunicó la decisión a su equipo: “ustedes díganles que sí, vayan más allá y hagan todo lo que puedan”.
Sin embargo, este nuevo capítulo de una historia bilateral cargada de crímenes políticos aun impunes, posiblemente no haya llegado a su fin. Los historiadores registran que en las relaciones argentinas con Chile, entre 1983 y 1989, “existieron tres temas generadores de fricciones: la violación a los derechos humanos, la continuidad de la posición pro-británica adoptada por el régimen de Pinochet respecto de la cuestión de las islas Malvinas y, finalmente, la persistencia del diferendo limítrofe en torno al canal de Beagle”.
A las letras de bronce, se ha sumado un nuevo descubrimiento que posiblemente haya sido el potenciador de la discreta virulencia entre La Moneda, aún manchada de sangre, y el recién nacido gobierno democrático en Buenos Aires.
La punta del ovillo se conoció gracias al periodista argentino Gerardo Young, autor de la primera investigación íntegra que cuenta la historia de la Secretaría de Inteligencia del Estado, más conocida como SIDE y célebre por configurar una verdadera catacumba del Estado argentino que, según este periodista del diario Clarín de Buenos Aires, funciona “para lo que guste servir” a cada presidente.
Con un pasado inocultablemente criminal antes, durante y después de la última dictadura argentina, este organismo depende de la Presidencia de la Nación y encierra buena parte de la historia no contada del país trasandino. Quizás por eso, el libro se llame “SIDE, la Argentina Secreta”.
Más allá de demostrar la subordinación de este organismo a la CIA y al Mossad y aportar datos muy importantes sobre la historia reciente, la obra de Young ha revelado en sus páginas, desde el segundo semestre de 2006, un dato que pasó inadvertido para la prensa chilena y que El Periodista ha procurado desarrollar e indagar entrecruzando datos, contrastando versiones con fuentes diplomáticas que han elegido el anonimato y procurando reconstruir los hechos gracias al testimonio de uno de los testigos directos de aquellos hechos que ya llevan 20 años guardados en la historia.
En uno de sus capítulos la investigación recorre 1986 y dispara: “En Chile seguía gobernando Augusto Pinochet y la SIDE se ocupaba de abrirle los pasos fronterizos a los opositores, en especial a los miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, y de darles cobijo de este lado de la cordillera a cambio de información sobre el régimen vecino. La CIA buscaba por aquellos años a un general que pudiera suceder a Pinochet para encarar la transición con las botas puestas. A Alfonsín, que seguía estas operaciones con mucha atención, le alcanzaba con saber que Estados Unidos estaba dispuesto a prescindir de Pinochet”.
Según relata el libro, inconseguible ya en cualquier librería, las operaciones estaban a cargo del embajador Oscar Eduardo Torres Ávalos, que apenas asumió Alfonsín en 1983, fue subsecretario en la Cancillería Argentina hasta 1986, cuando pasó a ser Subsecretario de Medios en la oscura SIDE.
Tras los rastros de semejante revelación, El Periodista pudo analizar estos datos con este diplomático de carrera, que en la actualidad preside el Consejo Superior de Embajadores del ministerio de Relaciones Exteriores argentino y que hasta el 4 de mayo de 2001 fue el primer y último embajador en La Habana del gobierno de Fernando de la Rúa.
Su misión concluyó luego de que el presidente cubano Fidel Castro, acusara al gobierno de de la Rúa de “lamer la bota yanqui” en vísperas de un nuevo voto de condena contra Cuba en la extinta Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en Ginebra.
En diálogo exclusivo con El Periodista, Torres Ávalos consideró que: “En la parte primera, no es cierto que el gobierno le abrió las puertas al Frente Manuel Rodríguez, al contrario, a nosotros nos preocupaba su presencia y la influencia que pudieran llegar a tener en nuestro país. Lo cierto es que fue al contrario, a nosotros nos preocupaba la presencia por los contactos que pudieran tener acá. Pero en cuanto a que el gobierno de los Estados Unidos se había interesado en la suerte de Pinochet, es cierto, y estamos hablando de la presidencia de Ronald Reagan. Yo diría que hasta les fastidiaba la presencia de Pinochet. También es cierto que Estados Unidos estaba interesado en dar una salida democrática y buscar un general, dos o tres o un conjunto de oficiales que pudieran facilitar esa salida, prescindiendo de la presencia del por entonces presidente de facto Pinochet. Pero en esos momentos, yo creo, y por lo que pudimos advertir en conversaciones reservadísimas que hubo, que ni ese grupo ni ningún militar eran la vía o el acceso posible para salir de Pinochet. La dictadura en Chile era un régimen monolítico en donde había algún general disidente, pero que no alcanzaba a tener suficiente poderío como para poder derrocarlo. Así es que el régimen, en cuanto a la consolidación respecto a su columna vertebral, que eran las fuerzas armadas, para mi eran, casi inexpugnables”.
La delicadeza del lenguaje diplomático de este hombre, muy cercano al ex presidente Raúl Alfonsín, no ocultan que los contactos comenzaron a partir de 1984 y se fueron extendiendo en el tiempo. “Los intercambios fueron informales, salvo un caso en especial que prefiero no nombrar y que no fue una visita a la cancillería, sino una visita al gobierno argentino, que sí venía con proyectos en mano. Esos contactos se intensificaron a partir del 87, en el segundo semestre de 1987″.

EL HOMBRE DE LANGLEY

Dos fuentes diplomáticas que reclamaron el anonimato, corroboraron los dichos de Torres Ávalos y confirmaron que el contacto oficioso de la CIA ocurrió en ese año. El Departamento de Estado y la Central de Inteligencia norteamericana habían resuelto intensificar las presiones y nadie duda que hubo anteriores, pero todos los consultados coinciden en señalar que luego del fallido atentado al dictador y la Operación Carrizal Bajo, consistente en la internación ilegal de armas más grande en la historia de Chile, Washington había resuelto intensificar las presiones sobre Buenos Aires.
En septiembre de 1987, aterrizó en la capital argentina el agente de la CIA Néstor Pérez, posiblemente el nombre de fantasía de un ciudadano que las fuentes consideraron puertorriqueño o cubano residente en Miami. El hombre, según revelan dos distintos ex funcionarios alfonsinistas, llegó a la Casa Rosada para pedirle al gobierno argentino que contuviera al Frente Patriótico Manuel Rodríguez, que controlara la frontera con Chile y les informara si había contactos concretos con militares chilenos disidentes.
Según supo esta revista, la respuesta oficial fue: “Si ustedes no pueden controlar la frontera con México que es mucho más chica, ¿cómo hacemos para controlar nosotros los más de 4 mil kilómetros que tenemos con Chile?”. A lo que el hombre de Langley reconoció que intensificaban los contactos porque “ya habían chequeado generales sin éxito y aunque hubieran tenido las fuentes y los recursos desde Argentina no habrían logrado cambiar el panorama, ya que también habían concluido que el grueso de las fuerzas frentistas estaban en Chile”.
Es que luego de la operación Siglo XX, los funcionarios norteamericanos mostraban una mayor preocupación sobre la suerte de Pinochet y el futuro de Chile. “Lo ideal para Estados Unidos era que ganara la derecha, pero democráticamente, lo que pasa –acota Torres Ávalos– es que algunos se preocupaban de que esa derecha no tuviera vestigios de Pinochet. A lo que recuerdo una conversación con un funcionario norteamericano donde le dije “eso es muy difícil, por no ser imposible, porque la derecha es Pinochet. No puede haber derecha sin Pinochet, es inescindible la derecha de Pinochet. No se puede esperar, así es que si ustedes piensan que puede haber una salida democrática sin las huellas digitales de Pinochet están equivocados, esto no es así”.

LAS MISIONES

Lo cierto es que Estados Unidos dedicó a “unos 30 o 40″ funcionarios y agentes secretos que desde 1983 hasta 1989 “mostraban un particular interés, sobre qué hacer con Chile, qué va a pasar con Pinochet, si está fuerte, si está débil, si hay puntos vulnerables. “Sin duda –acota Torres Ávalos– creo que tiene que haber habido una fortísima presión de Estados Unidos para la salida electoral e incluso me da la sensación que el propio Pinochet no se lo imaginó y pensó que ganaba el candidato del gobierno.”

 ¿Cual era la visión del gobierno de Alfonsín respecto a la dictadura de Pinochet?

 La peor. En el análisis concreto teníamos vigente que por más que tuviéramos la peor impresión ideológica lo teníamos que aceptar, teníamos que convivir y convivimos bien. Una democracia como la nuestra recién nacida tenía que convivir con una dictadura fuerte que llevaba años en el poder. Pero debo decir que el mérito fue específicamente de Alfonsín.

Después de los contactos informales, ¿qué análisis hacía el gobierno de Alfonsín sobre el gobierno de Reagan que mientras estaba desatando una ofensiva contra el sandinismo y soportaba un escándalo como el caso Irán-Contras, resolvía deshacerse de una dictadura como la de Pinochet?

En ese momento Estados Unidos tenía una política de Estado. Si bien es cierto que no tuvo la misma intensidad con Jimmy Carter que con Reagan, era la política de Estado y estaba basada en los derechos humanos. Quizás con Reagan estaba más alivianada, menos enérgica, pero la estrategia fundamental sobre el fin de la guerra fría era que sabía perfectamente que el mundo socialista era un régimen inadmisible. La nueva arma para ir socavándolos era la política de derechos humanos, pero para que esa política fuera eficaz tenía que desprenderse de los lastres. Es decir que Estados Unidos no tendría autoridad si condenaba las violaciones a los derechos humanos en otras partes del mundo sin tomar medidas con Pinochet y Stroessner. Es una hipocresía total. Pero para evitarlo, Estados Unidos comenzó a decir que estaban contra las violaciones a los derechos humanos en todas partes del mundo. Así abrieron el abanico para tener autoridad e ir contra la Unión Soviética. Tenían que sacarse el lastre de tener regímenes bancados como el de Pinochet para poder tener autoridad en América Latina.

¿Y cuál fue la lectura cuando estalla el caso Irán- Contras?

Se trata de un caso de la torpeza de los manejos de la CIA y del manejo de la inteligencia de los Estados Unidos que ya es un clásico. Pero bueno, así como les salió mal, les podría haber salido bien.

Bush padre, juicio y DDHH

Ninguno de los consultados duda que el gobierno de Alfonsín fuera más allá de los mandatos de Washington contra Pinochet. La relación que se había desarrollado con Buenos Aires era buena e incluso, según reconoció el entrevistado, “sectores del partido republicano comandado por George Bush padre, aplaudieron el juicio a las juntas (que encarceló en Argentina a la Junta Militar por delitos de lesa humanidad) e incluso fueron de inmediato a prestar su apoyo con el levantamiento carapintada del 20 de abril de 1987 que intentó derrocar al gobierno de Raúl Alfonsín.
De hecho, Bush padre, por entonces vicepresidente, fue espontáneamente solidario. Es cierto, el propio vicepresidente Bush, estaba abiertamente en contra de los carapintadas y abiertamente a favor del juicio a las juntas. Me consta en vivo y en directo porque conversé con ellos”, admite el embajador.

¿Pero cuál era la visión argentina sobre la salida de la dictadura chilena?

Alfonsín sostenía que era necesario salir a la democracia como las condiciones lo permitieran. En función de las condiciones políticas que tenga cada sistema, saldrá como pueda, pero hay que salir de esta. Si era por izquierda o por derecha, por arriba o por abajo, había que salir de las dictaduras. En la medida que pudiéramos incidir lo íbamos a hacer ya que las condiciones no se daban para nosotros. El Frente Patriótico no era amigo nuestro, el proyecto no era un proyecto democrático.

¿Y en qué se diferenciaba el régimen de Pinochet del de Stroessner?

Eran dos dictaduras distintas. La dictadura de Pinochet era de última generación, la otra era de una generación primitiva, torpe, con una corrupción tosca y burda. De modo que era más fácil trabajar contra Stroessner porque era tal el primitivismo que todo se hacía más fácil. Estados Unidos jugó un papel total: dijo este señor se cae y lo vamos a hacer caer nosotros, y la Argentina colaboró hasta económicamente incluso con el exilio que estaba acá. Se les daba trabajo, se les conseguía un nivel de vida para que tuvieran una vida digna y pudieran hacer sus cosas. Acá (por Buenos Aires) se les dio una actitud permisiva: la Argentina no corrió a los exiliados paraguayos. Incluso acomodó a algunos en reparticiones públicas. Pero además lo estábamos haciendo a pedido de Estados Unidos, no era una cuestión descolgada. Washington nos dijo “este tipo tiene que desaparecer”.

¿Y con el exilio chileno que hicieron?

El exilio chileno no es lo mismo que el exilio paraguayo. Lo cierto es que hubo varios casos de exiliados chilenos en Buenos Aires, pero no eran del Frente.

SANTIAGO-BUENOS AIRES

Lo cierto es que además de las posibles presiones, el gobierno de Alfonsín recibía “muy buena información” procedente de la Estación Chile de la SIDE que le remitía a la Casa Rosada detalles sobre las violaciones a los derechos humanos.
Cuenta el diplomático, que “sabíamos cómo Pinochet apretaba, ablandaba, volvía a apretar y volvía a ablandar. Más apretaba que ablandaba y alguna información se suministraba sobre el ex comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, Gustavo Leigh. Sabíamos qué capacidad podía tener para derrocar a Pinochet y luego de algunos contactos constatamos que ninguna. Los norteamericanos estaban interesados en Leigh y se dieron cuenta que no alcanzaba. A lo mejor tenía la voluntad, pero no podía. Recibíamos información todos los días sobre las violaciones a los derechos humanos y teníamos en cuenta la información sobre posibles ataques a la dictadura, pero sabíamos que las Fuerzas Armadas de Chile eran fuerzas muy eficientes, con armamento muy sofisticado”.

¿Y cuál era el trabajo de la inteligencia chilena?

Era muy activo. Sabíamos que tenían contactos con personajes de la derecha argentina y contactos que querían tener con nosotros, además de informaciones que pedían y no se la dábamos, o se la dábamos a regañadientes o se la demorábamos. Ellos pedían mucha información sobre el Frente Manuel Rodríguez, que era lo más urticante para ellos. No se la ocultamos, pero tampoco fuimos muy fluidos en lo que les informábamos. Hacíamos los deberes, nada más.

¿Que significa hacer los deberes?

Y bueno, imagínese. Le doy un ejemplo: acá hay un matrimonio de fulano y fulana que están por acá hace dos años. Nosotros sabemos que es gente de extrema izquierda. Y nosotros respondíamos: sí, los tenemos, están bien en Mendoza, los tenemos perfectamente controlados, así es que ustedes no se preocupen, sabemos qué hacen, qué no hacen, con quién se ven y con quién no, de qué trabajan, de qué se ganan la vida, así es que no se preocupen. Ellos querían información: qué es lo que hace, dónde está, con quién se ve, de dónde le llega la plata, o ¿es cierto que tal senador es amigo de tal chileno y colabora con tal comité de solidaridad? Pero la decisión política era administrar la información. O no les dábamos nada, o la poca que le dábamos se la entregábamos un poco cambiada.

El hecho que inclinó la balanza
¿Cuáles fueron las razones que llevaron a Washington a desarrollar en Buenos Aires conspiraciones para eliminar a dos de sus mejores aliados?

Es posible que la presunta y poco creíble razón de Estado sobre los derechos humanos haya servido para justificar giros diplomáticos tan contradictorios, pero varios consultados coinciden la balanza en contra de Pinochet comienza a inclinarse lentamente a partir del 21 de septiembre de 1976, cuando una bomba mató al ex embajador de Chile en los Estados Unidos y su secretaria Ronni Moffitt, de 25 años, en un atentado planificado y ejecutado por Michael Townley, un agente estadounidense al servicio de la DINA Exterior que ahora goza de protección en territorio norteamericano.
“Yo no sé si la inclina o la empieza a inclinar, acota Torres Ávalos, pero siempre analizamos que ahí empezó la curva descendente de la imagen de Pinochet respecto a Estados Unidos. Quizá hubiera venido otro hecho o el tiempo hubiera producido su desgaste, pero este hecho aceleró para que los americanos dijeran basta”.

¿No le pareció que los funcionarios que venían a Buenos Aires tenían un alto nivel de cinismo? Se trataba de una operación sobre los principales aliados del Plan Condor, aparte de Buenos Aires.

Algunos sí, otros no, otros eran muy honestos. Pero del Plan Cóndor de 10 años atrás a esos momentos, Estados Unidos había cambiado. Porque debemos situarnos, Allende fue derrocado en 1973, donde Estados Unidos intervino en forma directa. En 1983/84 Estados Unidos, dijo “esto que hicimos acá hay que borrarlo, esto no nos sirve más”. Todo en función de sus intereses que ahora era recuperar la democracia y tenerla del lado de ellos. No importa si era de derecha, lo importante era que Estados Unidos demostrara que no era cinismo decir que eran los adalides de la democracia, porque no se bancaban ni al comunismo, ni a Stroessner, ni a Somoza ni a Pinochet. Éste era el objetivo final.

http://elperiodistaonline.cl/de_archivo/2013/01/el-ano-que-eeuu-quiso-eliminar-a-augusto-pinochet/


miércoles, 6 de marzo de 2013

Comienza en Argentina el juicio por los crímenes del Plan Cóndor

5 MARZO 2013

alascondor1Por primera vez, la justicia latinoamericana juzgará como conjunto a los responsables delPlan Cóndor, la cooperación entre las dictaduras de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay, para perseguir y eliminar opositores en las décadas del 70 y 80. Hasta ahora solo se habían sentenciado a los culpables de cuatro de los cientos de víctimas de esa operación. Este martes comienza en Buenos Aires el juicio en el que se analizará la desaparición de 106 personas, la mayoría uruguayos (unos 48) pero también un peruano, chilenos, paraguayos, bolivianos y argentinos, entre los cuales figura la nuera del poeta Juan Gelman, María Claudia García Irureta. Entre los 25 acusados figuran dos exdictadores argentinos, Jorge Videla (1976-1981) y Reynaldo Bignone (1982-1983), y solo un extranjero, el exmilitar uruguayo Manuel Cordero, imputado por el caso de García Irureta.
En cambio, el exautócrata peruano Francisco Morales Bermúdez (1975-1980) zafó del juicio porque la Corte Suprema de su país negó la extradición, aunque pidió que se lo investigara fronteras adentro. En el proceso se conocerán detalles sobre la presunta colaboración de EE UU con la Operación Cóndor.
El juicio durará por lo menos dos años, según calculan los magistrados que integran el tribunal oral federal que se ha encargado del caso. Casi 500 testigos darán testimonio. La causa se había iniciado en los 90, cuando regían las amnistías en Argentina, porque los casos del Plan Cóndor habían quedado excluidos de ellas. En estos años fallecieron varios responsables de la operación, como los militares argentinos Albano Harguindeguy, Cristino Nicolaides y Antonio Bussi y el dictador chileno Augusto Pinochet (1973-1990), el paraguayo Alfredo Stroessner (1954-1989), los bolivianos Hugo Banzer (1971-1978) y presidente democrático entre 1997 y 2001) y Juan Pereda Asbún (1978), los brasileños Ernesto Geisel (1974-1979) y João Baptista Figueiredo (1979-1985) y los uruguayos José María Bordaberry (1973-1976) y Aparicio Méndez (1976-1981).
Listado de imputados en la causa
Videla llega al juicio con 87 años de edad, dos condenas a prisión perpetua y otra a 50 años, por otros crímenes de lesa humanidad de su régimen. Bignone, de 85 años, ya ha recibido penas a reclusión de por vida, a 25 años y a 15 años. En este nuevo proceso no serán juzgados otros exdictadores aún vivos que no ha sido imputados por los 106 casos analizados, como el uruguayo Gregorio Álvarez (1981-1985) y el boliviano Luis García Meza (1980-1981).
En otros países como en Chile y Uruguay también la justicia ha investigado a los responsables del Cóndor, pero en este último país toda indagación ha quedado paralizada en febrero pasado por una resolución de la Corte Suprema de ese país. Mientras tanto, en Brasil solo se indaga dentro de la Comisión de la Verdad que ha creado la presidenta Dilma Rousseff.
Los responsables de los asesinatos del general chileno Carlos Prats, fiel al Gobierno de Salvador Allende (1970-1973), y su esposa en 1984 en Buenos Aires fueron condenados en su país y Argentina —menos Pinochet, que se libró en su momento del juicio por su avanzada edad—. En Argentina fue sentenciado el militar responsable de los homicidios de los parlamentarios uruguayos Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz.
En el juicio que comienza este martes se juzgará la desaparición de uruguayos, chilenos, bolivianos, paraguayos y un peruano que se habían exiliado en Argentina después de los golpes de Estado que ocurrieron en sus países y antes de que ocurriera el encabezado por Videla. También se analizarán los secuestros de tres argentinos en Brasil. Por la Operación Cóndor, las dictaduras pedían a otras la captura y en algunos casos la eliminación o la extradición de los secuestrados, siempre fuera de los parámetros que establecía la ley. En ciertos casos, los militares de dos países participaron juntos de operativos y torturas. Todo eso pese a los conflictos que los regímenes mantenían entre sí. Pero, en plena Guerra Fría, para ellos primero estaba el combate contra “izquierdistas, comunistas y marxistas”, tal como lo reveló un agente del FBI en un cable desclasificado por el Departamento de Estado de EE UU. Una de las abogadas querellantes, Carolina Varsky, del Centro de Estudios Legales y Sociales, anticipa que en el juicio se conocerán más cables del Archivo Nacional de Seguridad de EE UU.
Entre las víctimas cuyos casos serán analizados figuran Edgardo Enriquez Espinosa, integrante del comité central del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) de Chile, y la nuera de Gelman. Ya en 2009 fueron condenados algunos de los autores del secuestro de García Irureta en Argentina, las torturas que sufrió y su traslado a Uruguay, donde daría a luz y sería eliminada, pero en el nuevo juicio serán indagados otros acusados por su desaparición como Videla, Cordero y otros militares argentinos. En 2012, Videla y otros de sus subornidados fueron condenados por el plan sistemático de robo de bebés de desaparecidas, juicio que incluyó el caso de Macarena Gelman, la nieta del poeta e hija de García Irureta. Algunos culpables del homicidio de Marcelo Gelman, hijo del ganador del premio Cervantes, ya fueron condenados en 2011, pero otros serán juzgados en un juicio paralelo al del Cóndor. Como se ve, todo el proceso judicial contra los responsables de la última dictadura argentina resulta un poco engorroso, pero avanza y ya han sido condenados 378 criminales.
Las víctimas
En la causa Plan Cóndor se juzgarán las responsabilidades sobre los crímenes cometidos contra: Campiglia Horacio Domingo, Pinus de Binstock Mónica Susana, Habegger Norberto Armando, Reyes González, Manuel Federico; Seminario Preciado, Carlos Alberto; González de la Vega, Oscar Hugo; Corinaldesi de Stamponi, Mafalda; Choque Cabrera, Fausto; Stamponi, Luis Faustino; Rutilo Artes, Graciela; Lara Torres, Jaime Rafael; Villa Isola, Efraín Fernando; Villavicencio Calderón, Jorge Hernán; Jordán Vercellone, Juan Carlos; Oviedo Morales, Walter Eduardo; Saenz Bernal, Reinaldo Lásaro; Vargas Orozco, Johnny; Suárez Balladares, Erasmo; Rojas Caballero, Máximo; Enríquez Espinosa, Edgardo; Elgueta Díaz, Luis Enrique; Tamayo Martínez, Manuel Jesús; Muñoz Velázquez, Luis Gonzalo; Hernández Zaspe, Juan Humberto; Jaccard Siegler, Alexei Vladimir; De la Maza Asquet, José Luis; Orellana Castro, Miguel Iván; Carreño Araya, Cristina Magdalena; Athanasiú Jara, Ángel; Athanasiú Laschan, Pablo Germán; Laschan Mellado, Frida Elena; Rojas Campos, Carlos Patricio; Delard Cabezas, Carmen Angélica; Delard Cabezas, Gloria Ximena; Appel de la Cruz, José Luis; Zaragoza Olivares, Luis Arnaldo; Espinoza González, Luis Alejandro; Urra Ferrarese, Oscar Julián; Ossola de Urra, Susana; Ferrada, Rafael Antonio; Oyarzun Manso, Oscar Orlando; Cram González, Washington; Trías Hernández, Cecilia Susana; Urtasún Terra, José Luis; Silveira Gramont, María Rosa; Maidana Bentín, Félix; Borelli Cattáneo, Raúl Edgardo; Cabezudo Pérez, Carlos Federico; Lezama González, Rafael Laudelino; Moreno Malugani, Miguel Ángel; Prieto González, Rubén; Alfaro Vázquez, Pedro Daniel; Severo Barreto, Ary Héctor; Epelbaum, Lila; Epelbaum, Claudio; Bentancour Garín, Walner Ademir; Rodríguez Liberto, Félix Antonio; Méndez Donadío, José Hugo; Candia Correa, Francisco Edgardo; Burgueño Pereyra, Ada Margaret; Gándara Castroman, Elba Lucía; Carretero Cardenas, Casimira María del Rosario; Recagno Ibarburu, Juan Pablo; Cabrera Prates, Ary; Mechoso Méndez, Alberto Cecilio; Tejera Llovet, Raúl Néstor; Soba Fernández, Adalberto Waldemar; Arnone Hernández, Armando Bernardo; Queiro Uzal, Washington Domingo; Machado, Modesto Humberto; Río Casas, Miguel Ángel: Lerena Costa de Corchs, Elena Paulina; Bosco Muñoz, Alfredo Fernando; D’elía Pallares, Julio César; Dossetti Techeira, Edmundo Sabino; García Ramos de Dossetti, Ileana Sara María; Duarte Lujan, León Gualberto; Rodríguez Mercader, Carlos Alfredo; Errandonea Salvia, Juan Pablo; Chizzola Cano, Eduardo Efraín; Hernández Hobbas, Beatriz Lourdes; Hernández Hobbas, Woshington Fernando; Grispón de Logares, Mónica Sofía; Logares, Claudio Ernesto; Artigas Nilo de Moyano, María Asunción; Moyano, Alfredo; Zaffaroni Castilla, Jorge Roberto; Islas Gatti de Zaffaroni, María Emilia; García Irureta Goyena, María Claudia; Rodas, Néstor; Méndez Fleitas, Epifanio; Filártiga Martínez, Juan Alberto; Benítez o Benítez Gómez, Florencio; Ledesma Medina o Medina Ledezma, Oscar Eladio; Roa Espinosa o Espinoza, Emilio; Maidana, Antonio; Tatter Morinigo, Jorge Federico; Penayo Ferreyra o Ferreira, Juan José; Vera Báez, Cátulo; Ballestrino de Careaga, Esther, Carrillo Rodríguez, Fausto Augusto; Logoluso, José Alejandro; Landi Gil, Marta Dora; Nell o Nell Granda, José o José Luis; Santana Escotto o Scotto, Nelson Rodolfo; Inzaurralde Melgar o Insaurralde Melgar, Gustavo Edison; Goiburú Jiménez o Giménez, Agustín.
Los imputados
Los imputados en la causa Plan Cóndor son: Jorge Rafael Videla, Santiago Omar Riveros, Eduardo Samuel De Lío, Carlos Humberto Caggiano Tedesco, Antonio Vañek, Carlos Tragant, Luciano Benjamín Menéndez, Bernardo José Menéndez, Jorge Carlos Olivera Róvere, Eugenio Guañabens Perelló, Carlos Miguel Landoni, Humberto José Román Lobaiza, Felipe Jorge Alespeiti, Manuel Juan Cordero Piacentini, Néstor Horacio Falcón, Federico Antonio Minicucci, Enrique Braulio Olea, Horacio De Verda, José Julio Mazzeo, Reynaldo Benito Antonio Bignone, Rodolfo Emilio Feroglio, Luis Sadi Pepa, Mario Alberto Gómez Arenas y Juan Avelino Rodríguez.
(Con información de El País)

http://www.cubadebate.cu/noticias/2013/03/05/comienza-en-argentina-el-juico-por-los-crimenes-del-plan-condor/#.UTYNdqE5dBE.facebook

martes, 29 de enero de 2013

La Escuela de Las Américas-Documental Completo


La Escuela de las Américas (SOA por sus siglas en inglés) fue establecida en Panamá en 1946, y luego transladada a Fort Benning, Georgia en 1984. El presidente de Panamá, Jorge Illueca, describió al SOA como "la base más grande para la desestabilización en América Latina", y los principales diarios internacionales la apodaron "La Escuela de Asesinos". La historia apoya estas acusaciones.

En Febrero de 2001, la Escuela de las Américas, cambia de nombre y pasa a llamarse "Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación de Seguridad" Western Hemisphere Institute for Security Cooperation (WHISC), inaugurado el 17 de febrero del 2001, no hay más que nuevas papeleras, timbres y letreros. El mismo edificio emplazado en los mismos terrenos, mantiene a los mismos instructores enseñando las mismas lecciones de crueldad , tortura y represión. Cientos de miles de latinoamericanos han sido torturados, violados, asesinados, desaparecidos, masacrados y obligados a refugiarse por soldados y oficiales entrenados en esa Escuela.

Los egresados del SOA persiguen a los educadores, organizadores de sindicatos, trabajadores religiosos, líderes estudiantiles, y a los pobres y campesinos que luchan por los derechos de los damnificados. A lo largo de sus cincuenta y ocho años, el SOA ha entrenado más de 61,000 soldados latinoamericanos en técnicas de combate, tácticas de comando, inteligencia militar, y técnicas de tortura. Estos graduados han dejado un largo trecho de sangre y sufrimiento en los países donde han regresado.

Hoy día, la "nueva" Escuela de las Américas (WHISC) entrena mas de mil de soldados cada año. La historia de muerte que rodea a los graduados de la Escuela de las Américas es larguísima: Cientos de miles de desaparecidos y ejecutados, centenas de miles de torturados, exiliados, y presos políticos dejaron en las dictaduras pasadas. Muchos tienden a pensar que esa historia acabó desde que la Escuela de las Américas cerró sus actividades en Panamá. Otros se han dejado engañar ante el nuevo nombre que hoy tiene. Sin embargo, la "industria de asesinos" sigue funcionando. Se ha conocido cómo antes del golpe de Estado de Argentina de 1976, se habían graduado en la Escuela del Ejército de las Américas, 600 militares argentinos.

De éstos últimos, 58 militares tenían como plan de estudios, en el período 1970-1975, determinados cursos escogidos: en ellos se graduaron once en "operaciones de contrainsurgencia", siete en "contrainsurgencia urbana", trece en "operaciones en el monte", cinco como "oficial sin mando en inteligencia militar" y seis en "interrogatorio militar". Contradiciendo la ingenua imagen del "exceso" ocasional en la tortura cometido por algún represor perverso y psicológicamente desequilibrado, en este último curso, según el testimonio directo de un militar chileno apellidado González, ex-alumno boina negra del curso E-16 de Suboficial de Inteligencia Militar, los militares latinoamericanos eran torturados por sus propios instructores y a su vez se torturaban entre ellos, para poder luego ejecutar mejor ese mismo "procedimiento de interrogatorio" a su enemigo, es decir, a nuestros pueblos.

En Febrero de 2001, la Escuela de las Américas, cambia de nombre y pasa a llamarse "Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación de Seguridad" Western Hemisphere Institute for Security Cooperation (WHISC).

Los mismos instructores enseñando las mismas lecciones de crueldad , tortura y represión. Cientos de miles de latinoamericanos han sido torturados, violados, asesinados, desaparecidos, masacrados y obligados a refugiarse por soldados y oficiales entrenados en esa Nueva Escuela.

Director:John H. Smihula

Escuadrones de la muerte. La escuela francesa.



Pruebas, diálogos insólitos con los genocidas latinoamericanos y "asesores" del resto del mundo que, creyendo ingenuamente hablar con una historiadora de derecha, se descargan y exponen en toda su magnitud, van diseñando un mapa del horror y la hipocresía, dejando también en claro que en lo que se refiere a los años de plomo todavía queda mucha tela por cortar.

"Escuadrones de la muerte: la escuela francesa" se titula la espectacular película de la realizadora Marie-Monique Robin acerca de las formas galas de tortura que será estrenada en Buenos Aires.

Robin, viajó especialmente para presentar su documental, en el que militares argentinos reconocen haber aplicado durante 'La operación Cóndor', técnicas de tortura y desaparición importadas de Francia.

La operación Cóndor fue creado por la CIA estadounidense en la era Nixon-Kissinger, con la colaboración de las dictaduras militares latinoamericanas para la eliminación física de toda la izquierda política.

El filme de Marie-Monique Robin tiene como antecedente el excelente fresco la batalla de Argel, de Gillo Pontecorvo en el que se mostró por primera vez en la historia que la civilizada Francia no respetaba los derechos humanos y torturó y martirizó a los patriotas argelinos que luchaban por su independencia.

Escuadrones de la muerte: la escuela francesa que ya fue presentado en septiembre de 2003 por la cadena de televisión francesa Canal Plus, sostiene mediante entrevistas, imágenes de archivo y documentos, que los franceses formaron a militares de América Latina y Estados Unidos en métodos utilizados Argelia e Indochina.

'Los militares franceses descubrieron que había que sacar información de la población. Esto demandaba la tortura. Luego, a los torturados los hacían desaparecer', dijo Robin.

Según la cineasta estos métodos a los cuales se les bautizó como 'doctrina francesa', fueron exportados después y en Argentina hubo una misión permanente de militares franceses entre 1957 y 1981.

Un dato desconocido y que revela el consenso y la cooperación de las más grandes potencias del mundo entre si, es el que asegura que expertos franceses enseñaron también las técnicas de la guerra contrarrevolucionaria a una generación de militares latinoamericanos en la Escuela de las Américas, en Panamá.

Esta inefable institución conocida como 'la escuela de los dictadores', le sirvió de 'universidad' a los aspirantes a torturadores estadounidenses que luego la aplicaron en Vietnam, Bolivia, Guatemala, Perú, Chile, Venezuela, Salvador, Nicaragua y Uruguay entre otros países.

Resalta particularmente la Operación Phoenix, en la que murieron 20 mil civiles survietnamitas.

La periodista francesa entrevistó a los generales retirados argentinos Ramón Díaz Bessone -con cámara oculta-, Reynaldo Bignone y Albano Harguindeguy.

Estos verdugos justificaron en el documental los crímenes cometidos durante el régimen militar, en el que, según organismos de derechos humanos, desaparecieron unas 30 mil personas.

'La entrevista que más me impactó fue la de Díaz Bessone porque me habló fríamente de las desapariciones como los daños colaterales de la guerra antisubversiva. Cuando le agradecí la nota y el camarógrafo prendió la cámara oculta el tipo se transformó y me dio miedo', contó Robin.

Según la realizadora Díaz Bessone le dijo 'que no se podía sacar información sin torturar y justificó la desaparición como arma de la guerra antisubversiva'.

El documental demandó dos años de trabajo y 300 mil dólares de presupuesto.

La cineasta francesa concluyó sus palabras con este agudo señalamiento: 'Haciendo esta investigación entendí el peso de la ideología. Lo que tenían en común los militares argentinos, franceses, chilenos y estadounidenses era un anticomunismo feroz'.

Robin afirmó que en Francia dos partidos, los Verdes y los Socialistas, pidieron la creación de una comisión de investigación parlamentaria, pero fue rechazada. Algunos especialistas recomendaron exhibir el documental en la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra.

domingo, 27 de enero de 2013

Operacion Condor

La Operación Cóndor o Plan Cóndor es el nombre con el que es conocido el plan de coordinación de operaciones entre las cúpulas de los gobiernos dictatoriales del Cono Sur de América -Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia- y con la CIA de los EE.UU.,[1] llevada a cabo en las décadas de 1970 y 1980.

Enmarcada en la Doctrina Truman, esta coordinación se tradujo en "el seguimiento, vigilancia, detención, interrogatorios con apremios psico-físicos, traslados entre países y desaparición o muerte de personas consideradas por dichos regímenes como 'subversivas del orden instaurado o contrarias al pensamiento político o ideológico opuesto, o no compatible con las dictaduras militares de la región'".[1] El Plan Cóndor se constituyó en una organización clandestina internacional para la práctica del terrorismo de Estado que instrumentó el asesinato y desaparición de decenas de miles de opositores a las mencionadas dictaduras, la mayoría de ellos pertenecientes a movimientos de la izquierda política.









Abogado que descubrió Operación Cóndor: "Ley Hinzpeter salió de Washington"

 jueves, enero 12, 2012




En una entrevista exclusiva que será publicada próximamente, el jurista Martín Almada reveló a Verdad Ahora que la Operación Cóndor continúa activa en Latinoamérica. Además sostuvo que la llamada Ley Hinzpeter sigue claras directrices de Washington.

En 1992, Martín Almada descubrió una serie de documentos secretos de la Operación Cóndor, plan encabezado por Henry Kissinger y la CIA para coordinar las actividades represivas de las dictaduras latinoamericanas durante las décadas de 1970 y 1980. A pesar de sus valiosos aportes a la persecución criminal de Augusto Pinochet, el abogado paraguayo pasó desapercibido para los medios tradicionales durante su breve paso por Valparaíso.

"La Operación Cóndor es un pacto criminal entre los gobiernos de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Uruguay, Paraguay", revela. "Y eso nació en Santiago a finales de noviembre, principios de diciembre, del año '75".


En una larga conversación, Almada explicó cómo nació su interés por investigar la coordinación de los servicios de inteligencia del Cono Sur para erradicar la disidencia popular en América Latina, ejerciendo vigilancia, torturas y secuestros sobre la población. Además de sentenciar que Pinochet planeaba globalizar las prácticas de la Operación Cóndor y convertir a la organización en una Interpol "anticomunista", el abogado afirma que el plan sigue activo.

"El Cóndor aún vuela alto", sostuvo con seguridad, mencionando que los contactos de las fuerzas armadas latinoamericanas, en la llamada "lucha antisubversiva", continúa vigente a través de la Conferencia de Ejércitos Americanos, cumbre celebrada cada dos años en el continente.

No sólo eso. Almada cuenta que la denominada Ley Hinzpeter, que fue recientemente aprobada por la Comisión de Seguridad Ciudadana de la Cámara de Diputados, sigue las pautas de Estados Unidos en pos de controlar los alzamientos populares que han resurgido en América Latina. El abogado pone especial énfasis en las movilizaciones estudiantiles de Chile, las cuales llevaron a países como Colombia a replicar las mismas demandas en 2011, haciendo un paralelo con la agitación social de los setenta.

El jurista explica: "Ellos tienen un equipo de abogados de derecha. Elaboran las leyes en Washington, las mandan acá y luego se aplica en todos. Esta ley represiva que está en el Congreso (...) es la ley de Washington. Eso viene de Washington (...) Esto se aplicó en la Argentina, se aprobó ya en Paraguay y ahora está aquí". Como ejemplo, cita el Acta Patriota de Estados Unidos, la cual fue aprobada después de los ataques del 11-S y ha sido utilizada para perseguir a disidentes políticos en nombre del combate terrorista.
Martín Almada dice que la red controladora de Washington también se expande al plano educacional, con programas financiados por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Interamericano del Desarrollo (BID).

En cuanto a las políticas de seguridad ciudadana del gobierno de Piñera, cabe destacar que la llegada de William Bratton al Ministerio del Interior, quien fuese jefe de la policía de Nueva York y gestor de la doctrina de Tolerancia Cero, fue financiada justamente por el Banco Interamericano del Desarrollo (BID). La "revolución" que Hinzpeter pretende implantar progresivamente en Carabineros de Chile, incluso sin que sus funcionarios noten los cambios protocolares, se enmarcan claramente en un programa bosquejado desde el extranjero para importar prácticas represivas al país.

FUENTE: http://www.youtube.com/user/NWNoticias

LEY ANTI TERRORISTA ARGENTINA: http://www.centroalac.org.ar/files/LeyAntiterrorista.pdf





http://www.laverdadoculta.com.ar/2012/01/abogado-que-descubrio-operacion-condor.html

miércoles, 31 de octubre de 2012

El día en que Manuel Contreras le ofreció al Sha de Irán matar a “Carlos, El Chacal”

La expansión de la Operación Cóndor fuera de las fronteras del Cono Sur requería de millonarios fondos y el ex jefe de la DINA, Manuel Contreras, intentó conseguir recursos de potencias interesadas en eliminar enemigos comunes. Para ello viajó en 1976 a Irán, convencido de que recibiría una gruesa suma de dinero del Sha Reza Pahlevi si le ofrecía asesinar al venezolano Ilich Ramírez, “Carlos, El Chacal”, el ejecutor del secuestro de los líderes de la OPEP. Lo acompañaron el ex oficial de las SS nazis, traficante de armas y aliado de Paul Schäfer, Gerhard Mertins, tres altos oficiales chilenos y un general brasileño. Dejaron fotos y huellas en la embajada de Chile en Teherán que permiten reconstituir una historia que hasta ahora ha permanecido inédita.


Abril de 1976. La violencia policial en Irán recrudece. El Sha Reza Palevi, que mantiene el control de su país bajo la brutal represión de la SAVAK, su policía secreta, aún no se repone del duro golpe que le ha propinado a su poder un grupo de terroristas encabezado por Ilich “Carlos” Ramírez Sánchez. Tres meses antes, el 21 de diciembre de 1975, el grupo irrumpió en la sede de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en Viena, capturando a 63 rehenes, entre los que estaba Jamshid Amuzegar, el ministro favorito del Sha. Además de exigir una gruesa suma por el rescate de los secuestrados, la orden era asesinar a Amuzegar. Un claro ataque a Reza Palevi, quien a partir de ese momento tuvo en la mira al más famoso de los terroristas internacionales: el venezolano “Carlos, El Chacal”.


En esos álgidos días desembarca en Teherán el jefe de la policía secreta del general Pinochet (DINA), el entonces coronel Manuel Contreras. Sus acompañantes y su misión han permanecido hasta hoy en secreto. Pero uno de los testigos de ese viaje conservó fotos y documentos que entregó a la autora de esta crónica. Las imágenes permitieron identificar al principal socio de Contreras en su expedición a Irán: el alemán Gerhard Mertins (1919-1993). Se trata de un ex oficial de las SS nazis que se reconvirtió en uno de los más importantes traficantes de armas del mundo y en el principal aliado internacional de Paul Schäfer, líder de la Colonia Dignidad en Chile, un reducto desde donde se traficó armas, se retuvo a prisioneros políticos y se abusó de menores durante más de 40 años.
Un tercer socio acompaña a Contreras y Mertins: un militar brasileño cuya identidad se desconoce hasta hoy. Las fotos de este reportaje podrían ayudar a desentrañar el misterio. Porque la misión que llevó a Contreras a Irán fue develada junto con la entrega de las fotos y está directamente relacionada con la Operación Cóndor, la coordinación de los servicios secretos de las dictaduras del Cono Sur que iniciaba en esos días de abril de 1976 su tercera fase, orientada a realizar seguimientos y asesinatos fuera de las fronteras de América Latina.

La pista de Carlos

Entre los informes clave que intercambian los países miembros de la Operación Cóndor, hay uno que jugará un rol relevante en la historia que motiva este reportaje. El nombre del venezolano Ilich “Carlos” Ramírez Sánchez aparece entre los documentos incautados en mayo en 1975 a dos dirigentes de la Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR) detenidos en Paraguay por la policía secreta de Alfredo Stroessner: el militante del MIR chileno Jorge “Trosko” Fuentes y el argentino Amilcar Santucho, hermano del máximo líder del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).
El dato fue confirmado al periodista John Dinges por Robert Scherrer, el rostro del buró del FBI en América Latina en esos años. En su libro Operación Cóndor. Una década de terrorismo internacional en el Cono Sur (Ediciones B, 2004), Scherrer sostiene “que la enorme cantidad de información extraída de Fuentes y Santucho había dado una pista importante que ayudó a rastrear a uno de los terroristas internacionales más célebres de la época: Ilich Ramírez Sánchez, más conocido como Carlos, agente venezolano con residencia en Europa”.
Dice Dinges en su libro: “Según Scherrer, la policía paraguaya encontró una referencia a un ‘Carlos’ en la libreta de direcciones de Santucho, junto con una dirección o número de teléfono en París. Pensaron que se trataba de una pista que llevaría al paradero del hermano de Santucho, Roberto, cuyo nombre en código en el ERP era ‘Carlos’, y le pasaron el dato al servicio de seguridad francés (DST). El 27 de junio de 1975, 40 días después de los arrestos en Paraguay, tres agentes de la DST y un informante golpearon a la puerta de un apartamento en París donde habitaba Ilich Ramírez, Carlos, que se hacía pasar por un estudiante que convivía con su novia. Carlos los hizo entrar, sacó su arma y disparó a los agentes logrando escapar después de asesinar a los agentes de la DST”.
La versión fue corroborada por los documentos encontrados en el Archivo de Paraguay después de la caída de Stroessner, en un documento del jefe de la policía secreta de ese país (DIPC), Pastor Coronel.

Misión secreta

El horror que sacudió al mundo el 21 de diciembre de 1975 fue recibido por Manuel Contreras como un verdadero regalo para sus planes de extender las fronteras de la Operación Cóndor. Ilich “Carlos” Ramírez Sánchez, al frente de un comando de seis personas -militantes del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) y del Grupo Baader-Meinhof- asaltan la sede de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en Viena, en una osadísima y exitosa acción, tomando 63 rehenes, entre ministros y delegados de los países allí reunidos, luego de matar a balazos a tres efectivos de seguridad.
La operación, financiada por el líder libio Muammar Gaddafi, concebida y ejecutada por el FPLP bajo la dirección de “Carlos”, fue un fuerte mensaje contra Irán, Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, miembros de la OPEP que no sólo se mostraban pro occidentales, sino que además habían aumentado su producción de crudo amenazando con derrumbar los altos precios. Parecía una locura, pero tenía sentido: el FPLP precisamente se financiaba gracias al apoyo de varios de los integrantes de la OPEP.
El comando encabezado por el venezolano fue liberando paulatinamente a sus rehenes, no sin antes emitir proclamas y obtener un avión para huir.
Casi cuatro meses más tarde, Manuel Contreras desembarcaba en completo secreto en Teherán. Su misión: proponerle al Sha de Irán eliminar a Ilich “Carlos” Ramírez Sánchez a cambio de una gruesa suma de dinero. Estaba en sus planes desde hacía meses. Desde el mismo momento en que surgió el nombre del venezolano como nexo entre grupos de izquierda de América Latina y europeos y también palestinos. Carlos era el trofeo que requería Contreras para consolidar la Operación Cóndor más allá de las fronteras de América Latina.
Matar a Carlos era también un blanco de los servicios de inteligencia de Estados Unidos que ya lo habían identificado como el enemigo principal entre los grupos extremistas. En su investigación sobre la Operación Cóndor, el periodista John Dinges encontró un informe secreto del Senado estadounidense (“Actividades de ciertos organismos de inteligencia extranjeros en los Estados Unidos”) que confirma la prioridad de esa operación. Después de describir la Fase Tres de la Operación Cóndor, el mencionado informe señala: “Acto seguido, el Cóndor planeó una operación que tenía como objetivo asesinar a tres conocidos izquierdistas europeos, uno de los cuales era el famoso terrorista ‘Carlos’”.
Rumbo a Teherán, Contreras hizo escala en la entonces República Federal Alemana (RFA), a la cual llegó con un pasaporte falso. Fue allí donde se reunió con el germano Gerhard Mertins, el ex oficial de las SS nazis y traficante de armas.

Mertins tenía un estrecho vínculo con el líder de Colonia Dignidad, Paul Schäfer, lo que permitió que su encuentro con Contreras tenga uno de los escasos registros públicos. La periodista alemana Gaby Weber, en un reportaje publicado en el semanario uruguayo Brecha, en enero de 1988 (Nazis en Chile: la Colonia Dignidad y su sádico jefe), relata que la estrecha relación que ambos mantuvieron por años se habría consolidado cuando, luego de llegar a Alemania, Contreras siguió viaje “a los pocos días con su amigo Mertins a Irán, donde todavía gobernaba el Sha (Reza Pahlevi)”. Weber no da la fecha y tampoco el motivo del viaje de ambos a Irán.

Los acompañantes

En Teherán, Pinochet tenía como embajador al general de Carabineros Arturo Yovane, quien pese a haber integrado en la primera hora el grupo de los uniformados comprometidos con el Golpe -de hecho él sumó al que sería jefe de Carabineros en la Junta Militar, el general César Mendoza-, muy luego se alineó con el ala disidente al régimen de Pinochet. Nombrado por la Junta Militar como el primer ministro de Minería de la dictadura, Yovane fue abruptamente despojado de su rango en 1974 y enviado a la embajada de Irán. En noviembre de 1974 inauguró la nueva sede diplomática en la capital persa.

Lo que Yovane encontró en Irán fue un terror parecido al que imperaba en Chile. El régimen del Sha Reza Pahlevi vivía sus últimos años antes de ser derrocado por la Revolución Islámica del 11 de febrero de 1979, que pondría en el poder al Ayatollah Ruhollah Khomeini. Al momento de llegar Contreras y Mertins, el soberano aún gobernaba con mano de hierro un país en que el descontento y las protestas iban en aumento, tanto por su alejamiento de los códigos islámicos como por las ostentosas celebraciones del régimen, pese a la pobreza reinante. Los alzamientos pronto serían brutalmente acallados por la Savak, la policía política del Sha, lo que convirtió a su gobierno en un ícono de la represión.
Hasta Teherán Contreras no llegó solo con Mertins. Además de su amigo germano, lo acompañaron tres hombres de su máxima confianza: los tenientes coroneles Sergio Arredondo González, Vianel Valdivieso y el mayor Alejandro Burgos de Beer.
El más importante es Sergio Arredondo, uno de los primeros instigadores del golpe militar en las filas del Ejército desde la Academia de Guerra y con contactos privilegiados con los servicios de inteligencia de Estados Unidos. El oficial de Caballería supo siempre mantener cuotas de poder pero sin ocupar el rol protagónico: su placer era digitar las piezas desde el fondo del escenario. El inicio de la dictadura lleva su huella. El mismo 11 de septiembre de 1973 fue nombrado jefe de Estado Mayor del general Sergio Arellano Stark, a cargo de las operaciones en Santiago, y luego fue su mano derecha en la fatídica Caravana de la Muerte.
Cuando más tarde su compadre y amigo Manuel Contreras se convierte en el segundo hombre más poderoso de Chile, Arredondo lo sigue en las sombras. Lo conocía bien. Su amistad se había afianzado en los tiempos en que ambos eran cadetes en la Escuela Militar y Contreras debía luchar contra su timidez y torpeza frente a las mujeres. Esa complicidad resultó decisiva para Contreras, ya que es el propio Arredondo quien lo lleva ante Pinochet días después del Golpe para que le presente su plan de la DINA, idea que acoge con beneplácito el último hombre que se sumó a la conjura. Pinochet requiere de ayuda para imponer su autoridad entre golpistas de sólidos y clandestinos lazos. Contreras le proporcionará la principal herramienta que le faltaba para erguirse como el nuevo dueño del poder.

El segundo acompañante chileno de Contreras fue el entonces mayor Vianel Valdivieso. Se ganó la confianza absoluta de Contreras al formar un escuadrón de mujeres que, bajo distintas funciones, la que incluía la de secretaria y también “dama de compañía”, le informaban de todos los pormenores y comentarios que circulaban por las oficinas oficiales y los cuarteles secretos de la DINA. Fue una de las fuentes que le permitió a Contreras ayudar a Pinochet a exclamar desafiante “en Chile no se mueve una sola hoja sin que yo lo sepa”.
El mayor Alejandro Burgos de Beer completaba la nómina de los oficiales que acompañó a Contreras a Teherán. Fue su ayudante directo en el alto mando de la DINA. Treinta años más tarde debería declarar ante un juez de cómo fue testigo de las reuniones diarias que cada mañana tenía su jefe con Pinochet. Era en esas reuniones que se decidía sobre la vida o muerte de muchos y también de quién seguía siendo parte de los elegidos del régimen.

Huellas en Teherán

Aparte de los chilenos y del alemán, la nómina que acompañaba a Contreras la completaba, según testigos, un general del Ejército brasileño que hasta hoy no ha podido ser identificado. Aunque sí hay pistas que permitirían individualizarlo, porque casi todos los que llegaron a la entonces nueva embajada chilena en Teherán dejaron dos tipos de huellas: las fotos que acompañan este artículo, y los saludos y firmas que estamparon en el libro de visitas de la sede diplomática.
De este último registro se conserva una copia hasta hoy. Contreras, por ejemplo, firmó el 15 de abril de 1976. ”Con profundo agradecimiento por todas las gentilezas recibidas en vuestro hogar. Les deseamos toda clase de éxitos y que continúen por la misma senda actual. Manuel Contreras S. Coronel Director de Inteligencia Nacional”.





A continuación, y con la misma fecha -pero no con la misma legibilidad-, se lee una dedicatoria escrita en alemán que alude a los lazos chileno-germanos, y que correspondería a la de Mertins. Luego firma un muy agradecido teniente coronel Rolando Gálvez. En el alto mando de la DINA no existieron oficiales con ese nombre, aunque sí un abogado. ¿Quién es Gálvez? La clave la dio el propio Manuel Contreras en la declaración que prestó el 14 de mayo de 1992 ante el ministro Adolfo Bañados. Ese día, cuando Contreras debió asumir que efectivamente había formado empresas de la DINA en Panamá, dijo también: “Rolando Galvez Baeza es el nombre ficticio de Vianel Valdivieso”. Lo entregó sin titubear, dando la pista para identificar al hombre que estampó su saludo en Irán.
En cuanto a Burgos de Beer, firmó su estadía –en la que le desea “prosperidad” a la familia Yovane- sin ningún secreto: “Mayor. DINA”.
Siempre con la misma fecha, hay otra dedicatoria: “Aún no siendo chileno de nascimiento (sic), tengo el corazón que marcha al mismo ritmo de Chile de hoy, o sea, amante de la democracia, libre e independiente”. La firma, apenas legible, sugiere un apellido carioca que puede ser “Safreire” o “Safiera”. Inmediatamente bajo ella se leen dos palabras, una de las cuales claramente es “Merex”.
Coincidencia o no, “Merex” es el nombre de la empresa que el alemán Gerhard Mertins usó como base para el tráfico de armas, negocio en el que se hizo ampliamente conocido y forjó contactos tan poderosos, que las pocas veces que la justicia de su país lo acorraló, salvó gracias a un as que tenía en la manga: los hechos por los que lo acusaban habrían sido cometidos por encargo del servicio de inteligencia federal alemán, el Bundesnachrichtendienst (BND).
El dato no era ninguna casualidad. El BND contó en sus orígenes con la participación de otro ex nazi: el ex general de la Wehrmacht Reinhard Gehlen, viejo amigo de Mertins. Gehlen había comprado su libertad a Estados Unidos al finalizar la Segunda Guerra Mundial a cambio de sus archivos y conocimientos de espionaje contra los soviéticos, lo que lo llevó a ser el primer jefe del BND en plena Guerra Fría.
Contreras revelaría ante la justicia, muchos años después, que su nexo con Mertins se tradujo en que el germano proveyó de armas a la dictadura y de hasta helicópteros a Carabineros.

Cuánto vale “El Chacal”


Las fotos captan una reunión social en la sede de la embajada de Chile en los días que el jefe de la DINA le ofreció al Sha Reza Pahlevi el ambicioso trato de “producir” la eliminación de uno de los principales enemigos del soberano: el terrorista más buscado por esos días por los servicios de inteligencia de todo el mundo, el venezolano Ilich Ramírez Sánchez, más conocido como “Carlos, El Chacal”.
La operación requería a cambio una cifra alta de dólares y fue relatada por el propio Contreras al general Yovane. Tal vez, previendo que el embajador, muy bien conectado con los círculos del Sha, lo sabría de todas formas. No se tiene testimonio de lo que ocurrió con la misión de Contreras. Lo que sí se sabe es que poco más de tres años después el Sha se vería obligado a dejar el poder, exiliarse y finalmente murió lejos de Irán en 1980. Carlosaún vive, pero preso a perpetuidad en el penal francés de Clairvaux.
Contreras no obtuvo del Sha los fondos que requería para seguir con las operaciones internacionales de Cóndor y de la DINA. Pero tenía otras fuentes. Además de las asignaciones directas del régimen militar, la DINA construyó un verdadero holding de empresas, cuya historia se detallará en la segunda parte de esta serie.
LA CONEXIÓN FRANCESA DE CONDOR
GALERIA DE PERSONAJES
Ilich “Carlos” Ramírez Sánchez
Considerado el más célebre terrorista internacional, Ilich Ramírez Sánchez (Venezuela, 1949) es conocido por su alias de “Carlos, el Chacal”. Tuvo formación militar y de inteligencia en Cuba, Medio Oriente y la ex Unión Soviética, y ya desde los ’60 se vinculó a diversas agrupaciones subversivas del mundo. En diciembre de 1975, operando para el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) junto a un comando multinacional, encabezó el asalto a las oficinas en Viena de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
Jamshid Amuzegar
El ministro favorito del Sha Reza Palevi. Fue ministro del Trabajo, de Salud, de Finanzas y del Interior en diferentes gabinetes, desde 1955 a 1974, y entre 1977-1978 fue Primer Ministro, poco antes de que empezara la Revolución de los Ayatolás. Nació en 1923 y fue uno de los primeros aristócratas iraníes que recibieron educación en Estados Unidos (hizo un doctorado en la Universidad de Cornell), cambiando el paradigma de los iraníes de su época, que solían preferir París o Londres. Líder de la facción más progresista del Partido Rastakhiz, uno de los más fuertes en el gobierno del Sha, era considerado muy cercano al ex presidente Jimmy Carter y un gran aliado de EE. UU., país en el que terminó viviendo.
Gerhard Mertins
Nacido en Alemania en 1919, fue miembro de las SS de Hitler y uno de los ex oficiales del Tercer Reich que sorteó sin mayores inconvenientes la derrota del nazismo. De acuerdo con el libro Private Warriors (Verso Books, 2000), del periodista Ken Silverstein, en los ’50 Mertins lideró agrupaciones neonazis y a comienzos de la década siguiente, en Suiza, se inició en el negocio del tráfico de armas con su empresa Merex. Uno de sus cercanos fue Reinhard Gehlen, ex oficial de la Gestapo y primer director del servicio de inteligencia federal alemán, el Bundesnachrichtendienst (BND), del cual Mertins también formó parte.
Sergio Arredondo
Brazo derecho del general Sergio Arellano Stark y uno de los principales operadores del golpe de Estado, para septiembre de 1973 era director de la Academia de Guerra del Ejército. Y precisamente en esas instalaciones, Manuel Contreras tendría el primer cuartel secreto de la DINA. Entre los primeros agentes operativos de ésta figuraban nombres que después se harían tristemente famosos, como Pedro Espinoza, Marcelo Moren Brito, Fernández Larios y un grupo de oficiales reclutados por Arredondo para fungir de fusileros en la Caravana de la Muerte. Retirado del Ejército en calidad de coronel, hoy está procesado en ese juicio.
La periodista francesa Marie Monique Robin, en una increíble y reveladora investigación sobre la Operación Cóndor (el documental Escuadrones de la Muerte, la Escuela Francesa, que difundió en septiembre de 2003 el Canal Plus de Francia y canales de TV en una docena de países), aporta otro antecedente sobre por qué los servicios de seguridad de Francia estaban al tanto de los pasos de Cóndor.
En entrevista con el general francés Paul Aussaresses, cuyo libro Services Speciaux Algérie 1955/57, sacudió a Francia en 2001 al describir con detalle –y por primera vez- las brutales torturas y ejecuciones clandestinas cometidas por militares franceses para sofocar la batalla por la independencia de los argelinos, le confesó que después de la derrota de Argel, pasó por la Escuela de Las Américas en Estados Unidos y luego, y en forma absolutamente secreta, llegó a Brasil a un cargo de agregado a la embajada de Francia en ese país. Allí instaló una escuela de inteligencia y adiestramiento en métodos de tortura y manejo de prisioneros a la que asistieron integrantes de los servicios de las dictaduras coordinadas en la red Cóndor.
Manuel Contreras y agentes de la DINA también estuvieron allí, como se lo afirmó a la propia Marie Monique Robin.
Aussereces no cortó jamás su lazo con el servicio de seguridad francés (DST). Más aún cuando la información que llegó hasta Cóndor fue que Carlos había establecido en París un lazo estrecho con el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP).
Un mes después del informe sobre el nexo del terrorista Carlos con el FPLP y la JCR latina, Manuel Contreras fue recibido en Washington por el jefe de la CIA, Vernon Walters. En su investigación, el periodista John Dinges relata los pormenores de esa cita, la que se hizo a petición del propio Pinochet el 25 de agosto de 1975.
Consultado por Dinges sobre el motivo de esa reunión con Walters, Contreras le dijo que estaba llevando “información” a Washington para respaldar su mensaje de que “nosotros estábamos en una guerra subversiva contra el terrorismo…” Y agregó: “Me reuní con Vernon Walters. Él se reunió con Kissinger sobre la información que yo llevaba y sobre el tipo de apoyo que necesitábamos para evitar este problema”.
Lo cierto es que Contreras no viaja directamente a Santiago. De Washington se va a Caracas, ciudad a la que llega el 27 de agosto. En la capital venezolana se entrevista con Rafael Rivas, jefe del aparato de inteligencia venezolano (DISIP) y Orlando García, otro alto mando del mismo organismo. “Al día siguiente tuvimos una reunión que dedicamos enteramente a discutir la posibilidad de un intercambio de servicios”, testificó luego Rivas. El jefe de la DISIP afirmó también que Contreras se jactaba de tener un gran poder y grandes recursos a su disposición y que “estaba construyendo este plan magnificente para tener un servicio enorme y poderoso que le brindara información de todo el mundo”.
García, en entrevista con Dinges, afirmó que Contreras les presentó un plan para una organización que permitiría los países participantes rastrear a sus enemigos de izquierda en cada uno de los demás países. “Vino a pedir colaboración, que uniéramos nuestros servicios en colaboración con la DINA”. García señaló que Contreras les dio un conjunto de códigos y claves para las comunicaciones por telex y “habló de computadoras, lo cual nos llamó mucho la atención porque nosotros usábamos kárdex y tarjetas”. Y recordó que Contreras, junto con invitarlos con todos los gastos pagados a una reunión en Santiago para planificar el nuevo sistema, dijo: “Tenemos que eliminar a los enemigos”.
Ilich "Carlos el Chacal" Ramirez
Con el correr de los días, el grupo liderado por el venezolano fue liberando paulatinamente a 63 rehenes, no sin antes emitir proclamas y obtener un avión para huir. Luego de Viena, el grupo fue y volvió entre Argel (Argelia) y Trípoli (Libia), cambiaron de avión y finalmente pararon en Bagdad, donde los asaltantes se refugiaron. Ninguno de los rehenes fue ejecutado, pero durante todo el secuestro se les hizo saber que los planes originales de “Carlos” eran eliminar al jeque Ahmad Kaki Al-Yamani, de Arabia Saudita, y al entonces ministro de lnterior iraní, Jamshid Amuzegar, el que sólo se salvó por petición expresa de Argel.
Cuando “Carlos” hizo pública su versión de los hechos -ya en prisión, el 2005- contó que Amuzegar estaba “aterrorizado por su pasado criminal como director de la Savak”, la policía secreta del Sha. Aunque Amuzegar sobrevivió, la acción comandada por el venezolano golpeó el orgullo y las arcas del rey iraní.
Como sea, la operación contra la OPEP le valió a fama mundial y terminó por convertirlo en el enemigo público número del terrorismo sin fronteras. Refugiado en Sudán desde 1993, un año después el gobierno de ese país decidió negociar la entrega de “Carlos” a Francia, donde fue juzgado y condenado a cadena perpetua.








Sus vínculos con Chile fueron estrechos. Fundador en Alemania del Círculo de Amigos de Colonia Dignidad, Mertins hizo amistad y probablemente también negocios con Paul Schäfer, con quien se relacionó por intermedio de Hermann Schmidt Georgi, el segundo hombre de la Colonia. Mertins y Schmidt habían coincidido en la fuerza área alemana bajo el nazismo. El traficante de armas visitó varias veces el reducto de Colonia Dignidad y habría sido quien propuso bautizarla como Villa Baviera. Además, en México, Mertins tenía un mina de oro llamada “Parral”, cuyos sistemas de comunicación y vigilancia fueron instalados por los incondicionales a Schäfer. El traficante de armas también se relacionó con Manuel Contreras, quien, en una declaración judicial, aseguró que su compañero del viaje de 1976 a Irán también vendió armas y helicópteros al régimen de Pinochet.
Pese a las múltiples acusaciones que pesaron en su contra -entre la que se contó su aparente responsabilidad en el asesinato del periodista mexicano Manuel Buendía, quien denunció los negocios del alemán en ese país- Gerhard Mertins murió en 1993 sin que resultara condenado por ningún delito.
Sergio Arredondo
Descrito por los informes de inteligencia estadounidense de la época como “uno de los anticomunistas y antimarxistas duros” y amante del buen whisky, Arredondo tiene hoy otro juicio por asesinatos que demoraron mucho tiempo en aclararse: los crímenes de nueve prisioneros políticos en Quillota, en enero de 1974, cuando éstos eran trasladados a la Escuela de Caballería, de la que era el comandante. La masacre –ejecutada con fusiles y granadas- fue disfrazada durante años como un asalto a una patrulla uniformada. Recién el año pasado, Arredondo fue condenado a seis años de prisión. Las condenas se encuentran en manos de la Corte de Apelaciones de Valparaíso.

La Historia Oculta del Régimen Militar

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