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martes, 10 de diciembre de 2013
Caso Neltume: Ex Soldado Atestigua Haber Visto a Rosauro Martínez, Diputado de Renovación Nacional, Ordenar Torturas
Floridor Bastías fue un conscripto joven y ordenanza de Martínez y su testimonio versa sobre la operación contraguerrilla Machete, en Neltume. En su declaración detalla el infierno que vivieron los guerrilleros y otras familias mapuches de la zona. Dice que el 17 de noviembre no lo podía creer cuando supo que el diputado RN Rosauro Martínez Labbé había sido reelecto para un quinto periodo, por el distrito 41 de la región del Bío bío, con el 31,27% de las preferencias.
Floridor Bastias (53) vive en Aysén y hoy dice que trabaja como “hombre de mar”, actividad que desempeña desde que tiene 14 años, se define como pescador y buzo, con eso mantiene su actual familia que compone su pareja y un hijo pequeño.
Floridor dice que el 17 de noviembre no podía creer cuando supo que el diputado RN Rosauro Martínez Labbé había sido reelecto- es el quinto periodo, por el distrito 41 de la región del Bío bío, donde obtuvo el 31,27% de las preferencias- aún cuando enfrenta graves acusaciones en casos de derechos humanos.
Una por el caso Neltume y, hace dos semanas, el ministro de la Corte Suprema, Lamberto Cisternas, ordenó a la Brigada de Derechos Humanos de la PDI interrogarlo junto al ex alcalde de Providencia, Cristián Labbé, por sus nexos con la DINA en el marco de la investigación por el crimen del ciudadano español Carmelo Soria ocurrido en 1976.
El ahora reelecto diputado por Chillán supuestamente lideró un destacamento de 192 comandos del Ejército en la “Operación contraguerrilla Machete”, -como denominó el alto mando del Ejército la ofensiva contra el pequeño grupo guerrillero de Neltume-. El destacamento dio con los jóvenes hambrientos y cansados el 27 de junio de 1981.
Cinco meses después, en noviembre, Martínez recibió una felicitación en su hoja de servicio, “por el extraordinario desempeño al mando de la compañía de comandos Nº 8 durante las acciones de combate contrasubversivas en la zona de Neltume, donde resultaron siete extremistas muertos, sin bajas del Ejército”.
Floridor entregó su testimonio recién en julio de este año, ante notario, y luego entregó su declaración bajo reserva en la causa que hoy investiga la ministra de la Corte de Apelaciones de Valdivia, Emma Díaz.
Según consta en la declaración a la que tuvo acceso El Dínamo, Floridor habría comenzado a hacer el servicio militar el 15 de octubre de 1979, en la Compañía de Comando número 8, en la unidad de Fuerzas Especiales del comando de Paracaidismo en Llancahue, Valdivia.
En el comando pasó un periodo de instrucción básica bajo las órdenes del entonces capitán Rosauro Martínez Labbé. Floridor se ganó su simpatía, debido a que era un hombre obediente. Con el tiempo, se convirtió en su ordenanza, recuerda que le preparaba comidas livianas porque Martínez al parecer padecía diabetes, y debía cargar siempre con pequeñas raciones de alimentos. También limpiaba el auto del capitán y hasta le contaba chistes para hacer la jornada más llevadera. Lo seguía de sol y a sombra y esa lealtad su superior la retribuía con regalos como botas nuevas o una visita a las termas.
Pero lo que Floridor jamás olvidó fue cómo Martínez pasó de ser un militar amable y mesurado en los castigos a un hombre despiadado que no trepidaba en ordenar torturas y ejecuciones:
“Una vez, mientras llevaba en Neltume a un prisionero amarrado del cuello, le conté un chiste, no le gustó por obsceno, me miró a los ojos me dijo ‘bájate del caballo’ pensé que me iba a matar (..) Le apodaban el mosquetón, en razón de que era un militar letal, él no puede decir que no estuvo metido en torturas”, dice al otro lado de la línea telefónica.
Extractos de la declaración y las crueles torturas de ‘El Mosquetón’
“Rosauro Martínez Labbé me ordenó, como soldado conscripto, que me hiciera cargo de los caballos y según sus dichos de ese pelafustán que era el mismo hombre que subieron en Lanco, quien se encontraba muy deshecho, sin alimentarse, vendado amordazado de la boca, con las manos atadas en la espalda, yo pensé que habría que llevarlo sobre el caballo, pero el capitán Martínez Labbé me ordena llevarlo a la tira, o sea, caminando amarrado del cuello al caballo”.
“En los galpones a los que llegamos hay un villorrio de gente campesina por la orilla, puras familias mapuches, que amablemente me prestaron sus cocinas para que les cocinara a Martínez, Derpich, a Basauri y otros oficiales que andaban. Importante es mencionar que los alimentos que tenía esa gente era carne seca y charqui. Después que comieron ordenan a una patrulla ir a buscar a la misma familia donde habían comido y a las otras familias de la villa, mujeres, niños, hombres jóvenes, para traerlos al galpón”.
“A todas las familias las amarraron y al pasar frente a ella no los podía mirar a la cara. Los amarraron desnudos de pies y manos y les hacían lo que ellos llaman la guitarrita, que es pasar con fuerza los cargadores de las armas por las costillas de las personas, para que no se sintieran los gritos les ponían pasto con tierra en la boca y los amordazaban. Toda la gente estaba desnuda y con gran frío porque era invierno, los golpearon durante tres días, recuerdo claramente a una señora gordita amarrada en el suelo que saltaban en su estómago, preguntándoles ustedes les prepararon el charqui a los guerrilleros, ustedes les dan comida a los guerrilleros, ustedes les guardan las armas a los guerrilleros, donde alojan los guerrilleros. Los que hacían todos estos maltratos eran sargentos y clases de lo que recuerdo a Sergio Aguilera, Gutiérrez Vera entre otros, todos bajo las órdenes de don Rosauro Martínez Labbé”.
Recuerda que vio a cuatro jóvenes amarrados que fueron llevados a Valdivia y que hasta allí llegó un hombre de civil de pelo liso y bigotes que llevaba un perro pastor alemán, afirma que en ese momento no lo reconoció, pero que con el paso del tiempo y las fotos de la prensa, pudo asociar ese rostro al jefe de Brigada de la CNI Álvaro Corbalán. “Él llegó exclusivamente a hablar con Rosauro Martínez Labbé, posteriormente el capitán Martínez me ordena llevar al hombre que subieron en Lanco a la tira de un caballo (…) Supuestamente este hombrecito sabía donde había más tatus, él nos dirigió a varias partes sin resultado, lo cual molestó mucho a Rosauro Martínez Labbé, quien ordenó al hombre de civil que el perro atacara a este hombre que iba amarrado de manos y cuello con un cordel de un caballo”.
“Primero el perro lo mordió en las nalgas, después las piernas, las manos, estando herido lo amarraron las manos en la espalda, de ahí lanzaron una cuerda a una rama de árbol y jalando el caballo lo colgaron con el objeto de que señale la información de donde se encontraban los tatus, después de un instante se desmayó y lo bajaron, en dicho momento el capitán Martínez dio la instrucción al hombre de civil para que el perro lo ataque, el cual lo atacó, le despedazó la cara dando así muerte a este hombre y lo dejaron ahí, a los tres cuatro días subió una patrulla a buscarlo, lo subieron a un camión y no sé donde lo llevaron. Esto según recuerdo en el mes de agosto de 1981”.
Otras torturas a jóvenes miristas, que según Floridor habrían ocurrido bajo las órdenes de Martínez, incluyen crucifixiones con estacas en el suelo y quemaduras en la piel, las víctimas era un grupo de 14 hombres capturados en la operación.
El testigo clave
Cuando en octubre de 1981 a Floridor Bastías le correspondía entregar el cargo, pues se cumplían dos años de su servicio militar, vino lo peor y quedó marcado para siempre.
“El día 10 de octubre, me bajaron y tuve que hacer guardia en el polígono de tiro y en ese lugar vi 17 cuerpos de muertos”, recuerda.
El Dínamo se comunicó con el diputado Rosauro Martínez, para conocer su opinión respecto a esta declaración, quien dijo que hablaría en un próximo contacto, no volvió a contestar el teléfono, pese a la insistencia de las llamadas.
El diputado Hugo Gutiérrez (PC) quien en mayo de este año pidió el desafuero del diputado por su posible participación en el caso Neltume, comenta la declaración de Bastías a quien conoció en julio:
“Tengo conocimiento de la causa de Valdivia de quienes resulten responsables, donde fueron asesinados varios jóvenes miristas, particularmente de Rosauro Martínez por los hechos de Neltume y donde tomé conocimiento personal del testimonio de Floridor, me di cuenta del agravante que tenía, donde podía demostrar de manera clara y fehaciente la responsabilidad de este diputado en los hechos que se le involucran (…)
Como ordenanza, Floridor era una especie de mozo de Rosauro Martínez y por esa cercanía acredita fehacientemente todos los ilícitos que nosotros le hemos imputado particularmente las torturas de los jóvenes y los posteriores asesinatos. Esto acredita fehacientemente la participación criminal”, dice para finalizar.
miércoles, 2 de octubre de 2013
Dictadura chilena usaba música de Julio Iglesias como elemento de tortura
A 40 años del golpe de estado que llevó al fallecido dictador Augusto Pinochet a tomar el poder en Chile, han salido a la luz algunas de las técnicas que su régimen empleaba para infligir daños sicológicos a los presos políticos y a los disidentes que acababan entre rejas.
Entre ellos, sorprende el malévolo uso de los éxitos del cantante español Julio Iglesias como instrumento de castigo y tortura, una intencionalidad que cumplía sus objetivos a través de la reproducción "constante y a gran volumen" de los acordes y la suave voz del emblemático artista.
¿Qué opinas sobre esta técnica de tortura?
"La música normalmente sirve para insuflar ánimo a los presos y motivarles para que se sintieran unidos, pero el estado logró revertir la situación y usar la música como una herramienta muy útil para aturdir y hacer sufrir a los detenidos. Las canciones de artistas como Julio Iglesias, George Harrison (guitarrista de The Beatles) y la banda sonora de 'La Naranja Mecánica' sonaban en los altavoces a gran volumen y de forma constante para saturar las mentes de los presos, lo que provocaba daños físicos y sicológicos de gran envergadura", reveló la investigadora Katia Chornik, profesora de la Universidad de Manchester, al diario británico Daily Mirror.
A veces la música ayudaba a prisioneros
La fatídica explotación de los temas de Julio Iglesias para beneficio de la dictadura chilena tenía lugar en casas de tortura, campos de concentración y prisiones repartidas por toda la geografía chilena, según rezan algunos extractos del estudio llevado a cabo por Chornik y publicado en su obra 'Los sonidos de la memoria: cautividad política y musical en el Chile de Augusto Pinochet'.
Sin embargo, a pesar de los dramas asociados a la música del intérprete español durante el autoritario régimen, la académica también revela que muchos de los prisioneros recibían estas melodías con cierto optimismo y sobre todo con nostalgia, ya que les recordaban a sus compañeros desaparecidos y les ayudaban a mantener viva su memoria.
"El terrible sufrimiento que impartían estas técnicas también tenía su lado positivo, porque la música servía como una forma de testimonio sobre aquellos que ya no se encontraban entre ellos. Como muchos de los opositores dejaban de existir y desaparecían de todo registro, sus compañeros de celda normalmente podían rendirles homenaje cuando sonaban aquellas canciones que les recordaban a ellos", explicó Katia Chornik.
Más en Univision.com: http://noticias.univision.com/america-latina/chile/article/2013-09-11/dictadura-chilena-usaba-musica-de-julio-iglesias-como-elemento-de-tortura#ixzz2gc5j0xax
Horacio Neftalí CARABANTES OLIVARES
El 17 de enero de 1975 fueron detenidos en Viña del Mar la pareja integrada por Sonia del Tránsito RIOS PACHECO y Fabián Enrique IBARRA CORDOBA.
El 18 de enero de 1975, también en Viña del Mar, fueron detenidos Carlos Ramón RIOSECO ESPINOZA y Alfredo Gabriel GARCIA VEGA.
El 21 de enero de 1975, fue detenido Horacio Neftalí CARABANTES OLIVARES, en Viña del Mar.
El 24 de enero de 1975 fue detenida en Quilpué María Isabel GUTIERREZ MARTINEZ.
El día siguiente en Viña del Mar es detenido Abel Alfredo VILCHES FIGUEROA.
El 27 de enero de 1975 se produce la última de estas detenciones en Valparaíso, afectando a Elías Ricardo VILLAR QUIJON.
Todos estos detenidos, y otros que fueron liberados, fueron trasladados al Regimiento Maipo donde se practicaron torturas de acuerdo a los métodos habituales en la DINA.
El 28 de enero de 1975 un grupo de unas 20 personas de las que permanecían en el Regimiento Maipo, entre las cuales se cuentan las ocho mencionadas, fueron trasladadas a Villa Grimaldi, donde fueron vistas por numerosos testigos.
En un principio, de acuerdo con los métodos habituales, la detención fue negada por las autoridades. Sin embargo, en medio de múltiples contradicciones y frente a la gran cantidad de evidencia presentada ante los tribunales de justicia, el propio Director de la DINA, ante a una consulta de la Corte de Apelaciones de Santiago, en julio de 1977, reconoció el operativo realizado en la zona de Valparaíso y Viña del Mar así como la detención de los ocho desaparecidos. No obstante, señala que todos ellos quedaron en libertad inmediata, salvo Horacio Carabantes que fue puesto en libertad en Santiago, a solicitud suya (.http://www.derechos.org/nizkor/chile/libros/represion/3a.html)
Más adelante, la versión de que los detenidos fueron puestos en libertad inmediata y que nunca permanecieron en Villa Grimaldi, es sostenida por las autoridades. Así, ante consultas formuladas por los tribunales de justicia el Subsecretario del Interior informó en febrero de 1978 que no había ningún antecedente de que un lugar llamado Villa Grimaldi haya sido recinto militar ni campo de detenidos. En marzo del mismo año, el ex-director de la DINA informó que los ocho desaparecidos no estuvieron detenidos sino sólo retenidos mientras prestaban declaración y que ninguno de ellos estuvo detenido en ningún cuartel de la DINA "incluído Villa Grimaldi". En ese mismo mes, el Jefe del Estado Mayor de la CNI informó que Villa Grimaldi era recinto militar pero no había sido jamás campo de detenidos.
La Comisión estima que la versión entregada por la DINA respecto de los ocho desaparecidos de Valparaiso es falsa, porque las respuestas oficiales no son concordantes, porque hay numerosos testigos de la permanencia de las víctimas en Villa Grimaldi, porque las respuestas de la DINA respecto de muchas otras detenciones han sido comprobadamente falsas, y porque de ninguno de los afectados se ha vuelto a saber.
Los detenidos desaparecieron en poder de la DINA. Los testimonios coinciden en que el grupo de los ocho de Valparaíso fueron trasladados dentro de Villa Grimaldi a un lugar llamado "La Torre", así como en que el día 20 de febrero todos o la mayor parte de ellos fueron sacados de la Villa sin que haya vuelto ha haber noticias de ninguno de ellos.
La Comisión está convencida de que la desaparición de estas ocho personas fue obra de agentes del Estado, quienes violaron así sus derechos humanos.
(Informe Rettig)
Actualidad:
TERCERA- 28 DICIEMBRE 2000 Por desaparición de varios opositores. Presentan cinco nuevas querellas contra Pinochet
Uno de los libelos que interpuso el abogado Caucoto se pide investigar la presunta responsabilidad del senador UDI Carlos Bombal cómplice o encubridor en la muerte del profesor Alejandro Avalos. La acción legal fue presentada por el abogado Nelson Caucoto, quien detalló que en el libelo también se solicita al ministro en visita investigar la supuesta participación en el hecho del general (r) Manuel Contreras Sepúlveda, entre otros militares en retiro. Los otros requerimientos fueron presentados por la muerte y desaparición en manos de la disuelta Dina de Juan René Molina; Claudio Arturo Lavín Loyola; Horacio Neftalí Carvantes y Francisco Zuñiga Aguilera
Uno de los libelos que interpuso el abogado Caucoto se pide investigar la presunta responsabilidad del senador UDI Carlos Bombal cómplice o encubridor en la muerte del profesor Alejandro Avalos. La acción legal fue presentada por el abogado Nelson Caucoto, quien detalló que en el libelo también se solicita al ministro en visita investigar la supuesta participación en el hecho del general (r) Manuel Contreras Sepúlveda, entre otros militares en retiro. Los otros requerimientos fueron presentados por la muerte y desaparición en manos de la disuelta Dina de Juan René Molina; Claudio Arturo Lavín Loyola; Horacio Neftalí Carvantes y Francisco Zuñiga Aguilera
La Tercera 22 de Julio 2002Ministro Guzmán procesó a siete militares (r)
El ministro de fuero, Juan Guzmán Tapia, sometió a proceso a siete militares (r) por el delito de secuestro calificado, por la desaparición de 23 personas en el recinto de torturas de Villa Grimaldi, durante el gobierno militar.
Los ex uniformados son el ex director de la Dina, Manuel Contreras Sepúlveda; el coronel Marcelo Moren Brito; brigadier Miguel Krasnoff; el suboficial Basclay Zapata; el agente Osvaldo Romo; el oficial en retiro de Carabineros, Conrado Pacheco y al agente Pedro Alfaro.
-----------------------------------------------------------------------
Nota de memoriaviva.com: abogado de DDHH otorgó los siguientes detalles:
Manuel Contreras Sepúlveda por : Jacqueline Drouilly, César Negrete Peña, Marta Neira, Alfredo Rojas Castañeda, Jaime Vásquez Sáenz, Juan Molina Mogollones, Alej. Avalos Davidson, Sonia Rios Pacheco, Elías Villar Quijón, María Isabel Gutiérrez Martínez, Horacio Carabantes, Fabián Ibarra Córdova, Carlos Rioseco Espinoza, Alfredo García Vega, Abel Vilches Figueroa, René Acuña Reyes, Carrasco Matus, Hugo Rios Videla,Martín Elgueta Pinto, Agustín Martínez Meza, Juan MacLeod, Julieta Ramírez Castro y Luis Palominos Rojas.
Marcelo Moren Brito por todos los anteriores menos Elgueta, Negrete y Neira.
Miguel Krassnoff por Negrete, Neira, Drouilly,Rojas, Vásquez, Molina,Avalos, Acuña, Carrasco, Ríos, Elgueta, Martínez y Palominos.
Pedro René Alfaro Fernández por: Ríos, Villar, Gutiérrez, Carabantes,
Ibarra, Rioseco, García y Vilches.
Basclay Zapata por: Rojas, Vásquez, Molina, Acuña, Carrasco, Ríos, Elgueta y Palominos.
Conrado Pacheco Cárdenas por: MacLeod y Ramírez.)
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Casos de Parral
Asimismo, el magistrado notificó hoy a tres militares retirados de su procesamiento de secuestro calificado, en el marco de la desaparición de 15 personas en la localidad de Parral.
Se trata del coronel (r) del Ejército, Hugo Cardemil y el coronel (r) de Carabineros y el suboficial (r) de la misma institución, Pablo Caulier Greant y Luis Alberto Hidalgo, respectivamente.
Tras ser notificados por el ministro instructor, los ex uniformados quedarán detenidas en recintos militares y policiales.
El ministro de fuero, Juan Guzmán Tapia, sometió a proceso a siete militares (r) por el delito de secuestro calificado, por la desaparición de 23 personas en el recinto de torturas de Villa Grimaldi, durante el gobierno militar.
Los ex uniformados son el ex director de la Dina, Manuel Contreras Sepúlveda; el coronel Marcelo Moren Brito; brigadier Miguel Krasnoff; el suboficial Basclay Zapata; el agente Osvaldo Romo; el oficial en retiro de Carabineros, Conrado Pacheco y al agente Pedro Alfaro.
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Nota de memoriaviva.com: abogado de DDHH otorgó los siguientes detalles:
Manuel Contreras Sepúlveda por : Jacqueline Drouilly, César Negrete Peña, Marta Neira, Alfredo Rojas Castañeda, Jaime Vásquez Sáenz, Juan Molina Mogollones, Alej. Avalos Davidson, Sonia Rios Pacheco, Elías Villar Quijón, María Isabel Gutiérrez Martínez, Horacio Carabantes, Fabián Ibarra Córdova, Carlos Rioseco Espinoza, Alfredo García Vega, Abel Vilches Figueroa, René Acuña Reyes, Carrasco Matus, Hugo Rios Videla,Martín Elgueta Pinto, Agustín Martínez Meza, Juan MacLeod, Julieta Ramírez Castro y Luis Palominos Rojas.
Marcelo Moren Brito por todos los anteriores menos Elgueta, Negrete y Neira.
Miguel Krassnoff por Negrete, Neira, Drouilly,Rojas, Vásquez, Molina,Avalos, Acuña, Carrasco, Ríos, Elgueta, Martínez y Palominos.
Pedro René Alfaro Fernández por: Ríos, Villar, Gutiérrez, Carabantes,
Ibarra, Rioseco, García y Vilches.
Basclay Zapata por: Rojas, Vásquez, Molina, Acuña, Carrasco, Ríos, Elgueta y Palominos.
Conrado Pacheco Cárdenas por: MacLeod y Ramírez.)
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Casos de Parral
Asimismo, el magistrado notificó hoy a tres militares retirados de su procesamiento de secuestro calificado, en el marco de la desaparición de 15 personas en la localidad de Parral.
Se trata del coronel (r) del Ejército, Hugo Cardemil y el coronel (r) de Carabineros y el suboficial (r) de la misma institución, Pablo Caulier Greant y Luis Alberto Hidalgo, respectivamente.
Tras ser notificados por el ministro instructor, los ex uniformados quedarán detenidas en recintos militares y policiales.
lunes, 30 de septiembre de 2013
ROSETTA GIANNA PALLINI GONZALEZ
PALLINI GONZALEZ, ROSETTA GIANNA: 22 años, casada, estudiante universitaria, muerta por secuelas de torturas el 2 de agosto de 1975 en México.
Rosetta Gianna Pallini González, militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), murió ese día en Ciudad de México, debido a un paro respiratorio. La joven había llegado a ese país expulsada desde Chile en marzo de 1975, después de haber permanecido varios meses detenida en el recinto clandestino de detención de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA) ubicado en Londres Nº 38 y en los campos de prisioneros conocidos como Tres Alamos y Cuatro Alamos.
Según declaración del médico que la trató desde su llegada a Ciudad de México, Rossetta Pallini presentaba una destrucción vaginal, una obstrucción a la vejiga y un estado de salud general muy deteriorado, agravado con una aguda desnutrición y bajo peso; además, en ese tiempo desarrolló diversas infecciones al aparato respiratorio. A fines de julio de ese año, tuvo una emergencia vesicular que obligó a operarla de urgencia, pero no resistió y murió a los tres días de haber sido intervenida. La autopsia determinó que había muerto por causas naturales provocadas por un deterioro físico general.
Testigos presenciales señalaron que Rosetta Pallini, estudiante de Pedagogía en Historia y Geografía, fue detenida en Santiago el 15 de agosto de 1974, alrededor de las 7:00 horas, por miembros de la DINA, conjuntamente con los hermanos Hernán Galo y María Elena González Inostroza y Ricardo Aurelio Troncoso Muñoz.
Todos ellos fueron conducidos a Londres Nº 38, lugar en que, según otras testigos sobrevivientes que permanecieron detenidas con ella, fue constantemente sometida a interrogatorios y apremios físicos y psicológicas. Permaneció en este recinto clandestino hasta el 19 de agosto, cuando fue trasladada a los centros de detención de prisioneros conocidos como Cuatro Alamos y Tres Alamos. Desde este lugar fue expulsada del país hacía Ciudad de México, en marzo de 1975, junto a otros detenidos.
Las otras detenidas que fueron expulsadas con ella señalan que la joven sufría de constantes problemas de salud. Su situación fue denunciada a la Cruz Roja Internacional cuando se realizó una visita a las detenidas en los dos últimos centros de detención.
Las personas que fueron detenidas con ella permanecen en calidad de detenidas desaparecidas. Sus casos fueron conocidos por la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación y calificados como víctimas de violación de derechos humanos.
Considerando los antecedentes reunidos y la investigación realizada por esta Corporación, el Consejo Superior llegó a la convicción de que en la muerte de Rosetta Gianna Pallini González tuvo decisiva influencia el deterioro de su salud, provocado por las torturas a que fue sometida por agentes del Estado durante el período de su detención. Por ese motivo, la declaró víctima de violación a los derechos humanos.
(Corporacion)
http://www.memoriaviva.com/Ejecutados/Ejecutados_P/pallini_gonzalez_rosetta_gianna.htm
domingo, 29 de septiembre de 2013
GONZALEZ PEREZ RODOLFO VALENTIN
« Detenido Desaparecido
MilitanciaSin MilitanciaRegiónRM Metropolitana
Fecha Detención/Muerte24-07-1974Edad19
CiudadSANTIAGOOcupaciónSOLDADO CONSCRIPTO FACH
ComunaSAN MIGUELInstancia CalificadoraCVR violación de DDHH
Aproximadamente el 24 de julio de 1974, fue detenido por la DINA, Rodolfo Valentín GONZALEZ PEREZ, de 19 años, conscripto de la FACh y agente de esa organización. Se encontraba obligado a hacer guardia en las habitaciones del Hospital Militar, en las que se encontraban presos políticos. Paralelamente su hermano se encontraba asilado en la Embajada de Argentina, ya que era militante de izquierda. Esto último era desconocido por la DINA.
Rodolfo González entró en contacto con los presos del hospital y trató de ayudarlos, llevando y trayendo información para sus familiares y para éstos. Según testimonios recibidos por esta Comisión, se encontraba muy confundido por su situación personal. Fue descubierto y llevado a La Torre en Villa Grimaldi, donde fue fuertemente torturado. Se arrojó por una ventana para terminar con el castigo. Fue atendido y vuelto a su lugar de cautiverio. Desde ese momento no se ha sabido nada más de él.
Esta Comisión se ha formado la convicción que Rodolfo González desapareció a manos de agentes del Estado, en este caso, la propia organización para la cual trabajaba, quienes violaron así sus derechos humanos.
RODOLFO VALENTIN GONZALEZ PEREZ
(Primera imagen enviada por su hermano Daniel - 2012)
Rut : 7.078.027 5 de Santiago
F.Nacim : 24 09 54, 19 años de edad, a la fecha de la detención
Domicilio : Valenzuela Llanos 3682, Depto.32, Población San Joaquín, comuna de San Joaquín, Santiago
E.Civil : Soltero
Actividad : Tejedor, Conscripto de la FACH
C.Repres. : Miembro del Servicio de Inteligencia de la FACH en comisión de servicio en la DINA
F.Detenc. : 23 de julio de 1974
SITUACION REPRESIVA
Rodolfo Valentín González Pérez, 19 años de edad, conscripto de la FACH, fue detenido el 23 de julio de 1974, en su domicilio en presencia de su tía María González. En dicha oportunidad llegó hasta la casa del afectado un sujeto joven, de unos 20 años de edad, alto, robusto, pelo castaño, barba, ojos claros y vestía una casaca azul de la FACH. El agente dijo que venía a buscar a Rodolfo. Según el testimonio de la señora María, ambos entraron a la casa y estuvieron conversando un rato, ella sólo logró escuchar que su sobrino decía al agente que no tenía su TIFA (Tarjeta de Identificación de las FF.AA.). Luego se fueron sin decir dónde iban. Hasta el día de hoy el afectado no ha regresado a su hogar.
Rodolfo González había ingresado el 2 de abril de 1973 a la Fuerza Aérea de Chile para cumplir con su Servicio Militar, una vez dentro sobrevino el golpe de estado y en noviembre de ese año fue designado para cumplir tareas en el Servicio de Inteligencia de la FACH (SIFA), una vez allí se le envió en comisión de servicio a la Dirección de Inteligencia Nacional. Le correspondió cumplir funciones en Colina, Tejas Verdes, en La Rinconada de Maipú y luego en el Hospital Militar. Su tía informó que desde que ingresó al SIFA, lo iban a buscar civiles a la casa, nunca más usó el uniforme, le pagaban un salario y le regalaban ternos y zapatos, en una oportunidad él le mostró su tarjeta de la DINA.
En esa época un hermano del afectado se encontraba asilado en la Embajada de Argentina, ya que era militante de izquierda. Situación que lo tenía muy preocupado y confundido, así lo había comunicado a su familia y a algunos de los detenidos que le correspondía cuidar. Entre las tareas que debió cumplir una vez asignado a funciones de seguridad, fue custodiar a detenidos políticos que permanecían en el Hospital Militar, donde consta que ayudó a Osvaldo Puccio y Tito Palestro. Permanentemente se preocupó de mantener contacto entre los detenidos y sus familias.
Posteriormente cumplió labores de carpintería en el domicilio del General de Ejército Agustín Toro Dávila.
Según el testimonio de Luz Arce, ex militante socialista, detenida por la DINA y más tarde colaboradora de ese servicio de seguridad, da cuenta que al afectado lo conoció en la Torre de Villa Grimaldi en julio de 1974, en el tiempo en que estuvo detenida por la DINA. Allí se pudo percatar que los demás agentes se referían a Rodolfo González de modo despectivo, incluso durante la noche en que ella llegó al recinto de la DINA ubicado en José Arrieta, escuchó que dos guardias se referían a él (Rodolfo González) y comentaban que "está en la clínica porque se tiró de la Torre". Luz Arce pudo confirmar luego, cuando el afectado fue trasladado hasta el recinto de Villa Grimaldi, que efectivamente se encontraba enyesado de su pierna derecha. Señala además, que antes, en el tiempo en que ella estuvo detenida en el Hospital Militar, cuando todavía el afectado se desempeñaba como agente, él le contó lo de su hermano asilado, que cuando ella estaba mal él la ayudaba, incluso él se encargó personalmente de entregarle cartas a su familia y llevaba de vuelta las cartas o cosas que su familia le enviaba a ella.
En una publicación del diario O'DIA de Curitiva, Brasil se publicó una lista de "59 extremistas chilenos pertenecientes al MIR, la mayor parte de los cuales cayeron muertos, otros fueron heridos y algunos consiguieron evadirse, en esos enfrentamientos", según señala en su edición del 25 de julio de 1975 el diario Las Ultimas Noticias de Chile. En la mencionada lista figura el nombre de Rodolfo Valentín González Pérez. La falsedad de la información queda demostrada en varios procesos judiciales, el diario se publicó sólo en esa oportunidad, jamás hubo tales enfrentamientos, todas las personas mencionadas en la lista habían sido detenidas por la DINA en Chile y permanecían desaparecidas. Además, el caso particular del afectado, éste no era militante de MIR, como de ningún partido, sino que había sido agente de la DINA. Luz Arce en su testimonio afirma que "él no tenía idea de nada, cero capacitación imposible que hubiera sido del MIR".
Respecto de lo que pudo sucederle, ella señala que en los interrogatorios que a ella le hacían, el Capitán Raúl Carevic le preguntaba insistentemente por lo que Rodolfo González le decía a ella, si le había hablado de su hermano, qué le decía de la DINA. Finalmente se lo llevaron, aunque no recuerda cuándo, pero ella escuchó permanentemente que lo matarían ellos mismos, los propios agentes de la DINA, y que se referían a él como traidor, incluso señala que años después los oficiales de la FACH la culpaban de la muerte del afectado.
Años después, el 31 de enero de 1977, se presentó en la casa de la tía del afectado, señora María González, el entonces Teniente de la Fuerza Aérea Gustavo Garretón Rodríguez, quién acompañado de un ayudante retiró las prendas militares del afectado.
Sus familiares no desestimaron gestión para conocer lo sucedido con Rodolfo González, fueron a todas las unidades de la FACH, al Ministerio de Defensa en múltiples oportunidades, además enviaron cartas al General Toro Dávila con el fin de que las ayudara, sus esfuerzos siempre fueron infructuosos.
Posteriormente la señora González falleció sin poder conocer la situación final de su sobrino, quien se encuentra actualmente en calidad de detenido desaparecido.
GESTIONES JUDICIALES Y/O ADMINISTRATIVAS
El 19 de noviembre de 1974 se presentó ante el 4º Juzgado del Crimen de San Miguel una denuncia por presunta desgracia del afectado. La causa ingresó con el rol Nº12.328.
El 17 de septiembre de 1975 la causa fue sobreseída. Apelada la resolución se repuso la causa al estado de sumario el primero de febrero de 1977, sin poder avanzar en determinar la suerte corrida por el afectado.
El 10 de junio de 1991, después que la Comisión de Verdad y Reconciliación enviara los antecedentes del caso a los Tribunales, su madre presentó una querella criminal contra los agentes de la DINA, por los delitos de secuestro y otros que pudieran configurarse en la desaparición del afectado. En la presentación se solicita la acumulación de la querella a la causa Nº12328 que investiga los mismos hechos en el 4º juzgado del Crimen de San Miguel. Dicha causa fue ingresada al Tercer Juzgado del Crimen de la Corte Presidente Aguirre Cerda y a fines del año 1992 se encontraba en estado de sumario.
Es importante mencionar que no se ha podido comprobar la existencia de un proceso por deserción del afectado en el Juzgado de Aviación y si existiera no ha habido acceso a él. Según el Juzgado de Aviación la causa se encuentra sobreseída ya que no fue habido Rodolfo González Pérez.
8 de Agosto 2005 – La Nacion
Juez dicta 14 procesamientos por secuestros calificados en Villa Grimaldi
Un total de catorce de ex agentes del régimen militar fueron procesados por el delito de secuestro calificado, en el marco de las violaciones a los derechos humanos cometidas en el centro de detención de Villa Grimaldi, en la Región
Metropolitana.
La resolución fue adoptada este lunes por el ministro en visita Alejandro Solís, en el marco de la investigación que sustancia por la desaparición de ocho personas al interior de Villa Grimaldi entre julio y diciembre de 1974.
La lista de procesados está encabezada por los generales (R) Manuel Contreras, quien fuera el jefe de la disuelta Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) , Hernán Ramírez Hald y César Manríquez, éste último ex subsecretario de Guerra del régimen militar.
También fueron encausados los brigadieres (R) Pedro Espinoza, Miguel Krassnoff y Fernando Laureani; los coroneles (R) Marcelo Morén Brito, Haroldo Latorre, Rolf Wenderoth y Gerardo Urrich, capitán (R) Manuel Carevic, el cabo (R) Basclay Zapata, todos del Ejército.
Asimismo, el magistrado levantó cargos contra el civil Osvaldo Romo Mena y el subteniente retirado de Gendarmería Osvaldo Manzo.
Todos fueron procesados por las desapariciones de Rodolfo Valentín González Pérez, ex conscripto FACH, Fernando Silva Camus, Anselmo Radrigán Plaza, Marcela Salinas Eithel, José Flores Araya, María Teresa Bustillos Cereceda, Rafael Araneda Yévenes y Jaime Robotham Bravo.
El magistrado Solís dispuso que Carevic, Ramírez Hald y Urrich quedaran en detención preventiva en el Penal Cordillera, mientras que contra el resto no decretó medidas cautelarles, en virtud de que ya gozaban de la libertad condicional o se encuentran cumpliendo condenas por otros delitos.
De acuerdo a los informes Rettig y Valech, que han documentado las violaciones a los derechos humanos cometidas en Chile, el de Villa Grimaldi –también conocido como Cuartel Terranova- fue el recinto secreto de detención y tortura más importante de la DINA.
La de este lunes es la segunda resolución de importancia en torno a la investigación por los abusos cometidos en Villa Grimaldi. Antes, el ministro Solís procesó a ocho ex militares por apremios ilegítimos contra 22 personas que estuvieron recluidas en el dicho recinto.
El mencionado dictamen también había afectado a Contreras, Morén Brito, Espinoza Bravo, Krassnoff Martchenko, Romo Mena, Zapata Reyes, Laurani Maturana, a los que también se agregaron Maximiliano Ferrer Lima y Gerardo Godoy García.
El ex jefe de la DINA, junto a Krasnoff, Moren Brito y Laureani, cumplen condenas por el secuestro calificado del militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) Miguel Ángel Sandoval.
12 de Agosto 2005 La Nacion
Caso Villa Grimaldi: Conceden libertad bajo fianza a cuatro ex militares
La Cuarta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago en votación unánime concedió la libertad, previo pago de 500 mil pesos, a cuatro oficiales en retiro del Ejército a quienes el ministro Alejandro Solís los procesó por el secuestro calificado de ocho disidentes al régimen militar, en el marco de la investigación del caso "Villa Grimaldi".
Se trata de los ex miembros de la disuelta DINA, generales en retiro Hernán Ramírez Hald y Cesar Manríquez; y los brigadieres en retiro Gerardo Urrich y Manuel Carevic, que desde el lunes pasado se encuentran recluidos en el Batallón de Policía Militar de Peñalolén.
El tribunal de alzada estuvo integrado por los magistrados Alfredo Pfeiffer, Humberto Provoste y la abogada integrante Ángela Radovic.
El magistrado Solís adoptó las resoluciones en bases a las desapariciones de Rodolfo González Pérez (24 julio de 1974); Fernando Silva Camus (27 noviembre de 1974); Anselmo Radrigán Plaza (12 diciembre de 1974); Marcelo Salinas Eitel (21 octubre de 1974); José Orlando Flores Araya (23 agosto de 1974); Maria Teresa Bustillos Cereceda (9 diciembre 1974); Jaime Robotham (31 diciembre de 1974); y Rafael Araneda Yévenes (12 diciembre de 1974).
http://www.memoriaviva.com/Desaparecidos/D-G/gon-per.htm
sábado, 28 de septiembre de 2013
A Mónica la decapitaron a patadas
Publicado en piensaChile el 26 agosto, 2008 , en Denuncia
Mónica Benaroyo es el nombre de la joven cuyos restos fueron encontrados en un terreno del ejército de Arica, en Pampa Chaca, en julio de 2008. Aunque parezca sorprendente, aparentemente nadie sabía ni de su existencia ni de su muerte. Nunca apareció en las listas oficiales de desaparecidos durante la dictadura. Simplemente alguien un buen día encontró sus restos momificados en el desierto. Sin cabeza. Todavía guardaba el cadáver una cajetilla de cigarrillos Hilton entre sus ropas. Y un billete de la moneda escudo. Todo lo que sabía entonces era que había muerto en la década de los setenta.
Sin embargo, la policía reconstruyó rápidamente su historia. Su identidad la trazó la Policía de Investigaciones hidratando su piel para extraer sus huellas digitales (en La Nación).
Se llamaba Mónica Cristina Benaroyo Pencu. Había nacido en Rumania, y era uruguaya. Estudió filosofía, dominaba varios idiomas y se ganaba la vida como traductora. Tras vivir un tiempo en Buenos Aires, se trasladó a Arica, en Chile, donde había encontrado empleo en la alcaldía.
Para agosto, Investigaciones había localizado a su hermana Fernanda, en Estados Unidos, a la que se le extrajo una muestra de sangre para comparar su ADN con el de Mónica (La Estrella de Arica). Pese a que este análisis aún no se lleva a cabo, pocas dudas caben sobre la identidad del cuerpo, ya que sus huellas dactilares corresponden con los archivos del Registro Civil de Santiago, donde Mónica estaba inscrita como extranjera residente.
El prefecto de Investigaciones José Cabión, en uno de los telediarios de TVN del 4 de agosto, dijo que la traductora era miembro del Partido Comunista del Uruguay y que había sido expulsada del país -mediante decreto- aparentemente en septiembre de 1973, la fecha en que desapareció.
De momento, nada más se sabe de ella. Sus antiguos amigos y compañeros guardan silencio. O quizá no la recuerdan.
Mónica Benaroyo fue vista con vida por última vez el 11 de septiembre de 1973. Fue detenida por militares y trasladada a un recinto militar. La historia oficial del régimen pinochetista pretendía que Mónica había sido expulsada y por tanto nada podrían saber sobre su destino ulterior. Pero la orden de expulsión evidentemente se fraguó para ocultar la espantosa muerte a que fue sometida.
Pese a que inicialmente se especuló que el cadáver de Mónica había sido mutilado por animales, aparentemente las evidencias indican otra cosa. Según el columnista abogado Eduardo Contreras, “la compañera fue enterrada viva en la arena cerca del mar dejando afuera su cabeza, la que los uniformados patearon hasta decapitarla” (En El Siglo).
Ver artículo completo haga clic aquí: piensaChile 26 de agosto de 2008
Operación "Retiro de Televisores" Pinochet dio la orden
Por Julio Oliva García
Tomado de El Siglo, 13 de agosto 2004
Acosado por las huellas de sus robos, Pinochet vive momentos decisivos en tribunales. A la investigación por sus crímenes se han agregado la de las cuentas del Banco Riggs, el nuevo procesamiento de su hijo y la confesión de algunos autores de exhumaciones ilegales que lo acusan como quien dio directamente la orden para hacer desaparecer definitivamente los cuerpos de los prisioneros asesinados. Esta operación es la que, en mensaje encriptado, el dictador denominó "Retiro de Televisores".
A fines de 1978, siendo teniente en la Sección II de Inteligencia del Regimiento Buin, el capitán (R) Pedro Andrés Rodríguez Bustos recibió una orden codificada de la Comandancia en Jefe del Ejército, que a su vez era enviada a todas las guarniciones y divisiones del país. 21 años después, en 1999, declaraba ante el ministro Juan Guzmán Tapia que ese mensaje en clave estaba firmado por Augusto Pinochet Ugarte y daba órdenes perentorias "de reunir a los oficiales y suboficiales que hubiesen estado sirviendo en esas unidades entre los años 1973 y 1974. Dicha reunión debía tratar de obtener de este personal la información que tuviesen respecto al paradero de los cuerpos de personas ejecutadas y enterradas al interior de unidades militares o, en este caso específico, en el campo militar de Peldehue, atendiendo que ese campo iba a traspasar parte de sus terrenos a la Compañía Minera Andina y, por lo mismo, debía saberse si en dichos terrenos se encontraban inhumaciones clandestinas, ya que de ser así se requería la exactitud de los lugares para proceder a la exhumación y eliminación de los cadáveres".
A pesar de que esta información traspasó las paredes de los tribunales, muchas voces interesadas se alzaron para desvirtuar la declaración de Rodríguez Bustos, incluso desde instancias oficiales que hablaban de una "operación de inteligencia", lo que atentó en contra de la credibilidad del ex uniformado.
El peso de los hechos
Sin embargo, el capitán Rodríguez insistiría y otros testimonios vendrían a avalar su exposición. A principios de julio de 2004 ratificaría sus dichos, comenzando por su historia personal: "Ingresé a la Escuela Militar en el año 1967, egresando como subteniente en el año 1972, sirviendo en diferentes unidades del país, entre las cuales puedo destacar el Regimiento de Artillería Motorizado N° 2 ‘Arica’, con guarnición en La Serena, Escuela Militar, Regimiento de Infantería N° 1 ‘Buin’, Cuartel general de la Segunda División, Regimiento de Infantería N° 4 ‘Rancagua’ con guarnición en la ciudad de Arica.
Hago presente que, luego de haber prestado servicios de refuerzo en el Regimiento Buin, entre los años 1974 y 1975, cumplí funciones como Oficial Instructor en la Escuela Militar, debiendo agregar que el año 1976 soy destinado al Regimiento Buin, donde pasé a cumplir funciones en la Sección II, Inteligencia, debiendo señalar que el año 1978 se recibe una orden de comando emitida por la Segunda División de Ejército, cuyo comandante a esa fecha era el general Enrique Morel Donoso. Dicha orden tenía como referencia la orden de la Comandancia en Jefe del Ejército y fue remitida a todas las guarniciones y divisiones del país". La orden impartida, que apuntaba a no repetir el "bochorno" de Lonquén, sería conocida como "Operación Retiro de Televisores".
En otra parte de su declaración, el oficial Rodríguez señala que "esta reunión –la que congregaba a los que habían participado en ejecuciones y entierros clandestinos- tuvo el carácter de general para estas personas, pero los comandantes de regimientos debían recibir la información en forma individual de los que la iban a proporcionar, así fue como sucedió en el Regimiento Buin y el comandante de la época, coronel Mario Navarrete Barriga, hoy general en retiro, recibió en su oficina privada al personal que debía entregar algún tipo de información, ya que a esa fecha existía un solo oficial que había estado en esos años. Esa información se mantuvo con el carácter de secreto, al igual que la calificación que tenía la orden emanada del escalón superior. Debo hacer presente que, en mi calidad de Oficial de Inteligencia de dotación en esos años de la Sección II del regimiento Buin, con el grado de teniente, recuerdo que entre los suboficiales que se presentaron ante el comandante para entregar la información que poseían, puedo mencionar a dos funcionarios que trabajaban bajo mi dependencia: Juan Ibáñez y Jorge Aguilar, debiendo agregar que a la fecha desconozco qué otros suboficiales de dotación del Buin fueron los que se presentaron ante el comandante para entregar información.
Debo señalar que, en reuniones de coordinación entre oficiales de inteligencia con el comandante del destacamento especial de Inteligencia de la II División, se nos informó que la información remitida a la división y guarnición militar de Santiago tendría siempre el carácter de secreto, pero no obstante ya habiendo hecho un catastro de los lugares donde se encontraban cuerpos, estos iban a ser exhumados por personal del Regimiento de Ingenieros de Puente Alto con apoyo de personal del Comando de Aviación, para su desaparición. También trascendió en esas reuniones que algunos restos humanos iban a ser trasladados dentro del mismo campo militar de Peldehue, desde su fosa original a otros lugares.
Con respecto al cumplimiento de esta orden a nivel nacional, debo señalar que de lo ocurrido con cuerpos enterrados en unidades militares de provincia, debo suponer que el procedimiento fue el mismo al aplicado a Santiago, tanto para obtener información del personal, como para proceder a la ubicación y exhumación de los cuerpos".
En efecto, después de recopilada la información, usando como pretexto público el que se estaba negociando la venta de terrenos de Peldehue con la empresa Minera Andina, se dispuso que era primordial limpiar una franja de tierra que corría al sur del predio, que se le denominaba "Cajón de los Ratones". Por lo mismo, se hizo necesario el traslado de fosas hacia el norte de Peldehue, hacia el cerro Las Tórtolas.
La remoción de cuerpos tuvo como fecha el 23 de diciembre de 1978, día en que un equipo de uniformados procedió a las exhumaciones usando una máquina retroexcavadora, para iniciar las siniestras labores, y luego se dieron a la tarea con picos y palas durante muchas horas. Quien guiaba la búsqueda y excavación era el suboficial Eliseo Cornejo Escobar, uno de los que había participado en los ametrallamientos de 1973. La supervisión había quedado en manos del comandante Hernán Canales Varas.
Los cuerpos, mayoritariamente enteros gracias a la conservación proporcionada naturalmente por la tierra de la zona, fueron metidos de a uno en sacos de papas, trasladados al camión tipo Unimog y subidos a un helicóptero Puma del Ejército. El destino final de los ejecutados de La Moneda estaría mar adentro.
Los traslados de fosas serían comprobados por la ministro Amanda Valdovinos, quien descubriera los restos de Juan Luis Rivera Matus, a quien la "Mesa de Diálogo" había dado por lanzado al mar. Unos meses después vino una nueva sorpresa: en una gran fosa al interior del Fuerte Arteaga se encontraron más de 500 piezas óseas, entre fragmentos de cráneos, extremidades y dientes, que corresponderían a parte de los detenidos de La Moneda. Junto a los restos humanos había restos de granadas y balas. Todo indicaba que, tras ser fusilados a pocos días del golpe militar, los prisioneros habían sido arrojados a la fosa y hechos explotar.
Por todo Chile
Las últimas investigaciones realizadas en Cuesta Barriga por el ministro Héctor Carreño dieron como resultado el hallazgo de dientes y pequeñas vértebras, presumiblemente pertenecientes a parte de la dirección clandestina del PC secuestrada a fines de 1976. El hecho de que no pudiesen encontrarse huesos de mayor tamaño era prueba de que también aquí habían sido removidos los cadáveres.
Volvieron a tomar fuerza, después de años de silencio obligado, los testimonios de lugareños que aseguran haber visto camiones del Ejército trasladando cuerpos en 1987.
En Calama, la investigación del ministro Juan Guzmán permitió identificar restos de Carlos Berger y a Domingo Mamani. Los fragmentos encontrados evidencian remociones. En Pisagua existe la confirmación de que efectivamente hubo remociones de cuerpos y que fueron destruidos.
En Chihuío, las 18 personas que fueron ejecutadas y enterradas en octubre de 1973 serían removidas cinco años después, cuando una patrulla militar llegó al sector a desenterrar los cuerpos sin que hasta ahora se conozca su destino final. En 1990 el ministro en visita Nibaldo Segura se constituyó en el lugar y pudo establecer que efectivamente había restos óseos muy fragmentados que quedaron después de la remoción de restos, los que fueron enterrados simbólicamente en el cementerio de Valdivia.
En noviembre de 1979, el Vicario de la Solidaridad Ignacio Ortúzar le entregó al ministro Humberto Espejo, quien investigaba la detención de seis campesinos de Paine, antecedentes acerca de inhumaciones masivas e irregulares en el Patio 29 del Cementerio General, en 200 fosas con cadáveres identificados y N.N. Entre los cuerpos sepultados con identificación había varios detenidos de Paine que habían pasado por el Cerro Chena.
El tribunal constató la existencia de decenas de tumbas con más de un sepultado, así como la existencia de más de 100 con anotaciones de N.N. A fines de 1979, el ministro Espejo comunicó al director del Cementerio la prohibición de incinerar, exhumar o trasladar los restos de personas enterradas sin identificación. A principios de los 80, trabajadores del Cementerio informaron que se estaban llevando los cuerpos, finalmente sólo se pudo identificar a 78 personas de un total que podría haber llegado a más de 200.
Un ex agente de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), entrevistado por Qué Pasa bajo el alias de "don Eduardo", asegura que las exhumaciones ilegales continuaron hasta muy avanzado el régimen dictatorial. Así fue como en 1986, ante las presiones que ejercía la Iglesia Católica y el difícil panorama político que se enfrentaba, "como se tenía certeza de que había lugares con fosas con restos de detenidos desaparecidos en Peldehue", afirma, "se encomendó la tarea a unidades especializadas de inteligencia a objeto de que se produjeran exhumaciones con el apoyo reservado del Comando de Aviación del Ejército. Los trabajos se realizaron con rapidez y reserva, pero no estuvieron exentos de dificultades. El terreno era muy duro y pedregoso y, si bien los cuerpos estaban enterrados a poca profundidad -entre 50 centímetros y un metro bajo tierra-, fue necesario llevar maquinaria pesada desde el Comando de Ingenieros que quedaba en Santiago, para remover la tierra.
Este proceso duró cerca de un mes. A medida que avanzaban las remociones de cadáveres, se iban almacenando en bolsas de polietileno negro grueso y se ordenaban a un lado de la fosa, para luego cargarlas dentro de un helicóptero Puma, que despegaba hacia la costa ubicada entre Quintero y Valparaíso. La tripulación de la aeronave estaba compuesta por dos oficiales pilotos, dos suboficiales mecánicos y otro telecomunicador. Las bolsas con los cuerpos eran mezcladas con piedras para hacerlas más pesadas. Eran lanzadas al mar desde mediana altura, ya que se creía que al momento de caer se podía romper el polietileno y disgregar su contenido en el mar. Todo se hizo en el más absoluto secreto".
El suboficial Balboa Ortega
Ratificando los dichos de Pedro Rodríguez Bustos, aparece el testimonio de Juan Carlos Balboa Ortega, retirado como sargento primero del Ejército, quien señala que "en marzo de 1979 postulé y fui aceptado en un curso de auxiliar de inteligencia impartido por la Escuela de Inteligencia ubicada en Nos, egresando a fines de agosto de ese año. Al llegar a mi unidad, el Regimiento de Caballería Blindada N° 3, "Húsares de Angol", fui destinado a la Sección II de Inteligencia, siendo en esa época el comandante del regimiento el coronel Patricio Escudero Troncoso. A fines de 1979 se recibió en la unidad un criptograma secreto con denominación A-1, que indica máxima urgencia, proveniente del Comandante en Jefe del Ejército, Capitán General Augusto Pinochet Ugarte, dirigido a todas las unidades militares del país. En resumen, este documento informaba que todos los comandantes de unidades serían responsables administrativamente de la aparición de cuerpos de ejecutados políticos en su jurisdicción, por lo cual ordenaba realizar todas las diligencias correspondientes para evitar que terceros encontraran los lugares de inhumación de cada jurisdicción militar.
Este documento fue recibido, visado por el jefe de sección y entregado personalmente al coronel Patricio Escudero. Recuerdo claramente haber leído este criptograma y haberlo comentado con los otros integrantes de la sección, entre ellos los suboficiales Rebolledo, Cáceres y Castro. Los criptogramas clasificados A-1 pueden ser recibidos a cualquier hora del día y llegan a la sección Telecomunicaciones del regimiento, que los entrega a la Sección II. El funcionario de esta Sección que los recibe tiene una hora de plazo para descifrarlos y entregarlos al comandante. Posteriormente, en el mes de marzo de cada año, se procede a su incineración junto con todos los documentos recibidos hasta el 31 de diciembre".
El suboficial Balboa señala que "en enero de 1980 me encontraba de vacaciones en un fundo cercano a Mulchén, donde tuve la oportunidad de saber que un grupo de personas de ese lugar había sido asesinado en un lugar que correspondía a la jurisdicción de mi regimiento. Al volver de mi feriado legal le comuniqué esta situación al comandante Escudero, quien me ordenó que fuera a buscar el criptograma que impartía instrucciones sobre este tema y que daba cuenta que serían pasados a retiro los comandantes de regimientos en cuya jurisdicción se encontraran cuerpos de ejecutados políticos. Lo encontré y se lo pasé al comandante, quien llamó al comandante del regimiento de Los Angeles, haciéndole ver que había un problema de jurisdicción, ya que se conocían los antecedentes de ejecutados políticos por parte de personal de esa unidad militar. Por lo anterior, el comandante del regimiento de Los Angeles solicitó que me presentara de inmediato en su unidad.
En Los Angeles me reuní con el comandante del Regimiento de Infantería de Montaña Reforzada N° 17, que me contactó con el jefe de la Sección II de su unidad para organizar el viaje. Al día siguiente salimos en dos vehículos, una camioneta y un station wagon, sin identificaciones militares y de civil. Por el camino Curaco nos dirigimos hacia el sector El Amargo, donde el suboficial Paredes (ver recuadro), de dotación del Departamento II de la III División de Ejército de Concepción, conversó con un lugareño sobre los entierros en el sector.
El primer lugar que visitamos se encontraba en el sector El Amargo, a un costado del camino en la rivera norte del río Renaico. Como no correspondía a mi jurisdicción lo hice presente y unos ocho o nueve funcionarios cruzaron el río. Unas tres horas después regresaron cargando siete u ocho sacos paperos, cada uno con un cuerpo. Luego fuimos unos diez kilómetros al oriente, donde fueron desenterrados otros cuatro cuerpos y subidos a la camioneta, al igual que los primeros. El grupo de Los Angeles estaba bajo las órdenes del teniente jefe de la Sección II, pese a lo cual el mando operativo lo tenía el suboficial Paredes de Concepción, quien dirigía los trabajos mientras el oficial daba su aprobación".
Sobre el mismo tema, el ex director de la CNI Odlanier Mena Salinas asumió públicamente, a fines del 2000, que "el hallazgo de cuerpos en Lonquén produjo una grave conmoción social interna. El país estaba en los preliminares de la casi guerra con Argentina. Uno de los elementos fundamentales era la cohesión del frente interno, es decir, que la gente estuviera convencida de que el país tenía la razón para ir a la guerra y que apoyara a sus Fuerzas Armadas. Se podía inferir que si aparecían nuevos ‘lonquenes’ el frente interno se iba a dañar. Por esto los comandantes en jefe resolvieron que las unidades, no CNI, hicieran un catastro de los posibles cementerios ilegales que hubiera en cada zona".
Mena intenta descartar la participación de la CNI, pero todos los indicios apuntan a que trabajaron en conjunto con las secciones de inteligencia del Ejército para evitar "nuevos lonquenes" y, de este modo, mantener "la cohesión del frente interno". De esta forma, la única solución era obedecer la orden de Pinochet y "retirar los televisores".
Prácticas nazis
En Auschwitz se llegó a un promedio de 24.000 asesinatos diarios usando el método de las cámaras colectivas de gas para luego aplicar la incineración, en crematorios científicamente planificados, como forma de asegurar la eliminación de los cadáveres. Existían 46 nichos de horno, cada uno con capacidad para entre tres y cinco personas. La incineración duraba media hora y, para la limpieza, se ocupaba una hora diaria. Cuando estos hornos no daban abasto, en agosto de 1944, se cavaron seis enormes fosas y se reabrieron algunas anteriores hechas en el bosque contiguo. Las fosas tenían canalizaciones en un lado para recoger la grasa humana hirviendo, que serviría para mantener su funcionamiento junto con la aplicación de aceite y alcohol, pues se necesitaba un fuego fuerte y permanente. Después de encender los hornos con coque al empezar el día hasta que alcanzaban la temperatura adecuada, apenas requerían un poco más de combustible para funcionar.
El suboficial Juan Carlos Balboa señala en parte de su testimonio respecto al destino final de los cuerpos exhumados que ignora lo sucedido "no obstante, recuerdo que el suboficial Paredes comentó que había realizado un curso de inteligencia en Alemania, donde había aprendido a incinerar cadáveres, incluso dijo que había que tener una parrilla grande, poner los cuerpos encima e iniciar el fuego con leña y petróleo, combustible que debía seguir poniéndose en el fuego cada cierto tiempo hasta conseguir que se convirtieran en cenizas completamente".
El Departamento II de Inteligencia del Regimiento Los Angeles contaba con un horno de ladrillos con chimenea. Allí fueron lanzados los cuerpos de una docena de ejecutados de la zona.
Los que saben del "destino final"
En la Escuela de Artillería de Linares, al momento de las exhumaciones ilegales se encontraba al mando el teniente coronel Patricio Gualda Tiffani, quien desde 1985 a 1988 sería el último rector designado de la Universidad de Santiago (USACH).
Gualda dio al capitán Mario Gianotti Hidalgo la orden de formar un equipo de desenterradores, según él luego de recibir la información del "retiro de televisores" por parte de su segundo, el subdirector Ricardo Gaete Villaseñor. Uno de los integrantes del especial equipo era el teniente Hernán Véjar Sinning.
Los autores de la desaparición de seis prisioneros en Linares, procesados por el ministro Alejandro Solís, son el ex vicecomandante en jefe del Ejército Jorge Zincke Quiroz; el ex director de la Escuela de Artillería de Linares y ex comandante de la Guarnición de Ejército de la Región Metropolitana, mayor general Carlos Morales Retamal; el general (R) y ex subsecretario de Relaciones Exteriores del régimen militar, Humberto Julio; y los coroneles en retiro Juan Morales y Félix Cabezas.
Por este caso fue citado a declarar el ex director de Investigaciones, Nelson Mery, quien después de septiembre de 1973 fue destinado a la Escuela de Artillería de Linares, en calidad de oficial de enlace con el entonces director de la unidad, coronel Gabriel del Río.
En el caso de los desentierros de Peldehue, el ministro Juan Carlos Urrutia mantiene procesados a cinco uniformados, entre quienes destaca el comandante del Regimiento Tacna en 1978, coronel Hernán Ricardo Canales Varas. Los otros implicados son el jefe de inteligencia de la época Luis Antonio Fuenzalida Rojas, y los suboficiales Eliseo Cornejo Escobedo, José Canario Santibáñez y Darío Gutiérrez de la Torre. Anteriormente, el mismo juez había procesado, como autores del secuestro de 12 prisioneros de La Moneda, a otros nueve uniformados, entre los que figuran el general Luis Joaquín Ramírez Pineda y el brigadier Pedro Espinoza Bravo, quien habría supervisado el ametrallamiento y la sepultación clandestina de los ejecutados.
Canales Varas, en tanto, es quien aparece comandando la operación de exhumación y retiro de los cuerpos que eran ensacados y subidos a un camión Unimog, para luego llevarlos hasta el helicóptero que los conduciría a su "destino final". Los "favoritos" de Pinochet para pilotear estos helicópteros eran los mismos que participaron en la Caravana de la Muerte: Antonio Palomo Contreras, Emilio de la Mahotiere González y Luis Felipe Polanco.
En el caso de Pisagua, los mismos que están procesados por los secuestros y ejecuciones deben tener información de lo ocurrido con algunos de los cuerpos que aún no son encontrados. Entre ellos aparece el suegro del actual Comandante en Jefe del Ejército, el ex vicecomandante Carlos Forestier, junto a Pedro Espinoza Bravo y el suboficial Miguel Aguirre.
lunes, 23 de septiembre de 2013
Acogen querella contra Cheyre y abren sumario por presunto secuestro y torturas de 3 niñas en 1973
Francisco Longa | Agencia UNO
Lunes 23 septiembre 2013 | 16:54 · Actualizado: 16:54
El ministro en visita de la Corte de Apelaciones de La Serena, Jaime Franco, acogió a trámite y abrió una investigación en contra del ex comandante en jefe del Ejército, general (r) Juan Emilio Cheyre, por el presunto secuestro y torturas de menores de edad poco después del golpe de Estado de 1973.
El magistrado ordenó que se cumplan con las diligencias solicitadas como es tomar testimonio a las tres víctimas, realizar pericias psicológicas luego de la aplicación de tormentos y que se dé una orden amplia de investigar a la Brigada de Derechos Humanos de la Policía de Investigaciones.
Cheyre, que el mes pasado debió renunciar a la presidencia del Consejo directivo del Servicio Electoral al haber admitido que durante el régimen militar entregó a un convento al hijo de una pareja asesinada por militares, fue demandado por tres hermanas que cuando eran niñas fueron llevadas a una cárcel de mujeres junto a su madre, una militante socialista detenida.
La querella fue presentada en la Corte de Apelaciones de La Serena en representación de las hermanas Monroy Rodríguez, hijas de Elena Rodríguez, quien afirma que en octubre de 1973 Cheyre, entonces teniente del Ejército, allanó su casa junto a otros militares.
Según los querellantes, en diciembre de 1973 los militares regresaron a la vivienda y trasladaron a las tres niñas, Natacha, Yelena y Marianela, entonces de uno, tres y doce años de edad, a la cárcel de mujeres, donde estuvieron recluidas junto a su madre hasta abril de 1975.
Cuando fue comandante en jefe del Ejército chileno, entre 2002 y 2006, ya en democracia, Cheyre hizo un ‘mea culpa’ en nombre de la institución por las violaciones de los derechos humanos cometidas durante el régimen de Augusto Pinochet.
El pasado enero asumió la presidencia del Servicio Electoral (Servel), pero renunció a ese puesto, aunque no al directorio del organismo, al reflotar las acusaciones que lo vinculan a otro controvertido hecho durante su estancia en La Serena.
En aquella época, Cheyre entregó a unas monjas a Ernesto Lejderman, que tenía dos años, después de que un piquete de soldados matara a sus padres, el argentino Bernardo Lejderman y la mexicana María Rosario Ávalos.
Cheyre ha dicho que se limitó a entregar el bebé a las monjas por orden superior y que hasta 1998 no supo la verdad de lo ocurrido.
domingo, 15 de septiembre de 2013
Mujeres que torturan
Publicado el 03 Septiembre 2012
ESCRITO POR RICARDO CANDIA CARES
Las instalaciones estaban llenas. Pocos días antes, un grupo de patriotas intentó el tiranicidio y las detenciones y razias arreciaban. En venganza habían sido asesinados cuatro personas. Una estela de terror cruzaba el territorio.
Frente a nuestra celda en el subterráneo tenebroso de la CNI de la calle Borgoño, estaba encerrada una mujer. Sus gritos se confundieron con los nuestros cuando nos dieron la primera brutal andanada de golpes, tras bajar los trece peldaños hacia el subterráneo.
Las celdas del cuartel de Borgoño eran amarillas y medían cinco pasos cortos de largo y de ancho, a lo más un metro veinte. Una puerta de fierro, una ventanilla y un camastro de concreto.
A la mujer de la celda de enfrente la torturaban mucho. Le preguntaban por el desembarco de armas de Carrizal y sus gritos aumentaban nuestro miedo en esos pasadizos monstruosos. La televisión era subida de volumen y se oía la voz inconfundible de Enrique Maluenda. Por los gritos que llegaban a pesar de la televisión, era posible saber que el trato dado a la mujer era mucho más terrible que el reservado a los hombres. Al que estaba a cargo de la tortura lo reconocíamos por el ruido que hacía con una cadena y por su silbido, cuando iba por alguien a las celdas. Entonces, comenzábamos a tiritar.
A la prisionera de la celda de enfrente era una mujer la que la llevaba a la sala de tortura. La sacaba en medio de amenazas, golpes, ofensas, humillaciones, sin importarle su llanto aterrado ni sus súplicas. Y luego, desde nuestras celdas, podíamos escuchar, a pesar del Show de la una, cómo la torturaban. Al rato, era devuelta a su celda, llorando de una forma desgarradora, mientras la mujer a cargo de su vigilancia le propinaba un trato brutal de golpes, insultos y amenazas.
La voz de esa mujer torturadora causaba un miedo adicional en esos pasillos del terror, pero era la de una mujer común. No tenía una carraspera adjudicable a una loca, ni la ronquera de una poseída, ni el balbuceo de una alcohólica. Parecía ser la de una oficinista, una dueña de casa, una vendedora. No tenía voz de torturadora. Pero lo era.
De vez en cuando, en la noche, la mujer de la celda de enfrente se ponía a gritar. Serían sus pesadillas, sus dolores, su terror. Entonces aparecía la mujer que la custodiaba, abría la celda y la golpeaba e insultaba de una manera mucho más brutal, cruel y agresiva a como lo hacían los hombres, sus colegas y jefes de la CNI.
Una mujer aterrorizaba a otra mujer indefensa, rendida, torturada, en el límite de sus fuerzas, presa de la desesperación y del miedo más profundo.
Estos recuerdos aparecen en el momento en que se ve al contingente de carabineras que fue encargado de sacar a las muchachas del Liceo Carmela Carvajal, quienes mantenían tomado su colegio en una muestra soberbia de dignidad y solidaridad. Fueron detenidas y golpeadas de una manera insana.
No hay entre las muchachas dos opiniones respecto de esas mujeres policías en su rol indigno de carceleras. Maltrataron, humillaron, golpearon con ferocidad, con un lenguaje grosero y una brutalidad que el sentido común cree propio de los hombres y no de las mujeres. Las niñas coinciden que esas mujeres vestidas de verde fueron mucho más agresivas y malas que sus colegas hombres: “Son más perras”, dijeron a coro.
Varias preguntas quedan en el aire: ¿Cómo una mujer, madre, hija, puede llegar a ser la castigadora cruel e insensible de una niña de quince años? ¿Qué proceso traumático debe sufrir una mujer para llegar a ese límite grotesco y horrible, qué agresión temprana, qué zurra paterna habrá dejado esa huella cobarde que se demuestra en toda su magnitud trágica en esas mujeres policías? ¿Qué formación reciben en sus escuelas matrices que las hace actuar como poseídas del odio más feroz contra muchachas de primero medio?
Nada bueno se puede estar incubando en esa tropa de mujeres policías, que decidieron seguir una carrera atraídas por un futuro estable, al servicio de la gente. De una manera lastimosa terminaron en conductas que no aparecen en los folletos promocionales de la institución.
Conocido fue el caso de la mujer policía que durante la dictadura fue capaz de adiestrar perros para violar a detenidas. Y otras, a las que se les probó su paso por las brigadas de la Dina, que secuestraron, torturaron, asesinaron e hicieron desaparecer a personas.
La policía es necesaria en toda sociedad. El pueblo les encarga el uso de la fuerza para mantener el orden y la seguridad de las personas. Pero no para que se ganen la vida aterrorizando a niñas y niños. Jamás una persona normal podría justificar como propio de un trabajo sano el castigo, el golpe aleve, la burla, la humillación.
Estas mujeres, a cambio de un sueldo y las posibilidades de una carrera, se someten en conciencia a la vileza de castigar sin asomo de sentimientos a una niña de escasos catorce o quince años, como parte de su currículum, de su formación integral de policía, como condición de valer militar para el ascenso. Son utilizadas por los mandos para inocular una dosis extra de miedo en las estudiantes. Son lanzadas al ataque no para hacer más blando el castigo, considerando la rudeza extrema de los subordinados varones, sino para hacerlo más perverso.
Las imágenes muestran a mujeres policías enfundadas en uniformes verdes, peinadas correctamente, usando aritos de perlas y arrastrando sin misericordia a niñas que podrían ser sus hijas. Pero que no lo serán jamás.
Ricardo Candia Cares
Publicado en “Punto Final”, edición Nº 765, 31 de agosto, 2012
http://www.elclarin.cl/web/index.php?option=com_content&view=article&id=5751viernes, 13 de septiembre de 2013
Alejandra Holzapfel: Yo sobreviví a Venda Sexy
Alejandra tenía 19 años cuando fue tomada prisionera por la DINA. Desde 1974 a 1975 estuvo detenida en Villa Grimaldi, Venda Sexy, Tres Álamos y Cuatro Álamos. Fue violada por el guatón Romo y violentada sexualmente con un perro pastor alemán al que los agentes de la dictadura llamaban Volodia. Pese a todo, no lograron doblegarla: “Pasamos atrocidades, pero somos capaces de ser felices porque somos personas dignas. Nuestros torturadores, no”, declara.
Primavera de 1976: Alejandra Holzapfel Picarte (21) entra corriendo -los puños apretados, la respiración entrecortada, los ojos enrojecidos- a su departamento en el block Karl Marx 34 en Potsdam, Alemania, donde vive su exilio desde 1975. Casi rompe su polera y pantalón mientras, llorando, se desnuda. Tropieza al empujar la puerta del baño y, aún sin recuperar el equilibrio, entra a la ducha y abre la llave del agua. Toma una esponja y comienza a refregarse el cuerpo con tanta vehemencia que se le irrita la piel, pero sigue tratando de quitarse la suciedad imaginaria. De golpe, llegan los recuerdos: ella vendada, sin ropa, sobre un camastro, violada por Osvaldo Romo; ella en el suelo, sujetada por agentes de la DINA, mientras una mayor de carabineros dirige a un perro amaestrado para ultrajarla. Sale a su dormitorio, aún estilando, cubierta sólo por una toalla. Se sienta en la cama frente a un espejo y se observa.
Ese día, por vez primera desde su paso por los centros de tortura pinochetista, Alejandra tuvo un contacto romántico con un hombre y fue un desastre. Su amigo Pepe Fuica -un militante socialista a quien conoce hace un par de meses, cuando la convenció de entregar su testimonio como torturada política a Naciones Unidas-, la besó de improviso mientras caminaban por su barrio en Am Stern. Para él, se trató de un arrebato amoroso. Para ella, el que la tomara por sorpresa fue arrastrarla, otra vez, a los días en que fue violentada sexualmente: cayó al suelo, lo golpeó una y otra vez, y luego huyó.
Ese día, por vez primera desde su paso por los centros de tortura pinochetista, Alejandra tuvo un contacto romántico con un hombre y fue un desastre. Su amigo Pepe Fuica -un militante socialista a quien conoce hace un par de meses, cuando la convenció de entregar su testimonio como torturada política a Naciones Unidas-, la besó de improviso mientras caminaban por su barrio en Am Stern. Para él, se trató de un arrebato amoroso. Para ella, el que la tomara por sorpresa fue arrastrarla, otra vez, a los días en que fue violentada sexualmente: cayó al suelo, lo golpeó una y otra vez, y luego huyó.
Encerrada en su habitación, Alejandra ya ni siquiera llora. Sólo mira, en silencio, su reflejo. Afuera de su edificio, Fuica termina de fumar un cigarrillo y enciende de inmediato otro con las manos temblorosas. Está descolocado y se cree responsable de la reacción de Holzapfel, por lo que decide quedarse un par de horas ahí, a la espera de que ella salga de su guarida. Como ello no ocurre, se marcha a Berlín y un mes después le envía una carta, disculpándose. Ella le contesta y le sugiere encontrarse y conversar: He decidido, le dice, vivir la vida que soñaba antes del Golpe de Estado.
“Recuperar la alegría era también una decisión política, una forma de ganarle a la dictadura”, explica hoy, a sus 60 años, Alejandra.
Esta convicción la lleva a casarse con Fuica, a ser madre con él y a volver a sonreír pese a haber sido brutalmente torturada por más de tres meses desde que fue tomada prisionera a fines de 1974.
LA CAÍDA
El 11 de diciembre de 1974, en las horas previas al inicio de su calvario por los centros de tortura, Alejandra, estudiante de Veterinaria, recibió en su departamento en Santiago Centro a una de sus amigas más cercanas, Beatriz Bataszew, quien, como ella, militaba el en MIR.
Bataszew estaba siendo buscada por los organismos represivos. La información que se manejaba entre los miristas es que todas las casas de seguridad de la organización habían sido allanadas o estaban bajo vigilancia y que algunos de sus compañeros estaban presos. De otros, nada se sabía. Necesitaba esconderse por unos días.
En silencio, ambas cenaron esa noche y luego durmieron a sobresaltos. A las cinco de la madrugada, un fuerte ruido las despertó. Aún no amanecía. La oscuridad era casi absoluta y en la puerta un hombre exigía que le abriera. Las dos sabían lo que eso significaba. O creían saberlo. La magnitud de la crueldad de los organismos de represión no era conocida hasta eses entonces.
Mientras la mamá de Alejandra se levantaba a atender, Beatriz advirtió que portaba un documento estratégico que no podía caer en manos del Régimen. Entre las dos, rompieron los papeles y los masticaron mientras tomaban agua para no atorarse. Una tía abuela de Holzapfel, que también vivía con ellas, estaba inquieta con el inusual movimiento. Tan tarde o tan temprano no es hora de llegar a los hogares decentes, decía.
En la puerta de entrada, la mamá de Alejandra intentaba convencer al joven oficial Fernando Lauriani Maturana, a cargo del operativo, de que esa noche sólo ella estaba en casa. La misión no le era difícil. Aunque se haría conocido como uno de los criminales más crueles del Régimen, Lauriani no era precisamente una lumbrera. El militar estaba decidido a retirarse, pero Alejandra no lo sabía y, temiendo que pudieran arrestar a su madre, se asomó al living justo cuando Lauriani se estaba yendo. La alcanzó a ver.
- ¡Esta es la señorita que buscamos!, exclamó el agente.
Entonces allanó la casa y encontró a Beatriz.
- ¿Y esta rucia suelta quién es?
- Es compañera de Universidad, estábamos estudiando.
Lauriani se esforzó en corroborar que le estaban diciendo la verdad, exigiéndole a Beatriz que le diera un número de teléfono para verificar la información. La joven alumna de Agronomía le dio el de sus padres. Al otro lado de la línea, ellos le dijeron al agente que la niña se encontraba preparando un examen donde una amiga. Esa noche, Bataszew se salvó.
Holzapfel, en cambio, quedó detenida por la delación de Humberto Menantaux, uno de los integrante del Comité Central del MIR que había caído en las garras de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA) en noviembre de ese año y que fue asesinado en 1975 después de haber sido obligado a entregar toda la información que poseía y a dar, junto a otros tres integrantes de la organización, una conferencia de prensa en que llamó a sus compañeros a deponer las armas tras leer la nómina de muertos del MIR. Hoy figura en la lista de desaparecidos.
ESE MUERTO NO LO CARGO YO
- “Le traigo a la niña a las 8.30. Le vamos a hacer un par de preguntitas nomás. Téngale desayuno”, vociferó Lauriani antes de partir.
La mamá de Alejandra no volvió a dormir. Preparó la mesa confiada en la palabra del militar.
Afuera de su hogar en Valentín Letelier, a pasos de La Moneda, Holzapfel fue subida, con los ojos vendados, a un vehículo conducido por Basclay Zapata. Cerca de las seis de la madrugada, sus captores la ingresaron a Villa Grimaldi, en medio de murmullos, y llamaron a dos mujeres de la DINA, que precedieron a escudriñarla en búsqueda de algún texto secreto o microfilme. Tras tocarle hasta la vagina, la dejaron sentada con los ojos aún cubiertos.
Entonces oyó una voz.
- ¿Quién eres?
Sin saber quién preguntaba, decidió responder:
- Soy Alejandra Holzapfel.
- ¡Coneja, estás acá!
En ese minuto, reconoció la voz de Laura Ramsay y luego, cuando se deslizó la venda, pudo ver a Carmen Bueno.
A las ocho de la mañana Lauriani le hizo una breve visita.
- Que se levante inmediatamente la que está sin la venda.
- Soy yo-, respondió Alejandra.
Lauriani había hecho uso varias veces de la misma táctica para burlarse de las recién detenidas. Se acercó a Alejandra y la abofeteó tan fuerte que ella cayó al suelo.
- ¡Te dije que no te sacaras la venda! ¡Aprende a obedecer, huevona!
Alejandra recuerda que aún no se le había quitado el ardor en la cara cuando comenzó a sonar una cumbia: “A ese muerto no lo cargo yo, que lo cargue el que lo mató”.
En ese minuto, la llevaron a otro cuarto, la desnudaron, la mojaron y le aplicaron electricidad sobre un catre metálico. Le pidieron nombres de otros dirigentes del MIR. “Tarde o temprano todos hablan”, le aseguraron. Ella calló. Luego, Osvaldo Romo, viéndola débil por la tortura, se bajó el pantalón y la violó por primera vez. Ella siguió en silencio.
- ¿Tu chapa es Mauro?
- No.
- ¿Quién es Mauro?
- No sé.
- ¿Qué sabes?
- Nada.
Los torturadores se pusieron a hacer comentarios sobre el calor de diciembre y lo lindas que eran las comunistas recién llegadas. La volvieron a poner sobre la parrilla y el Guatón Romo la violó otra vez.
- ¿Tu chapa es Mauro?
- No.
El mismo ritual se repitió por cinco días.
“Sentí que mi dignidad dependía de no hablar, por lo mismo me costó mucho perdonar a quienes se quebraron. Con los años, he aprendido que existen distintos tipos de delación, que es diferente quien se vuelve colaborador a quien, ante una situación que no puede soportar, delata. Hoy si ponen frente a mí a uno de mis nietos, tal vez entrego todo lo que sé. Uno de verdad no sabe qué puede o no aguantar. A mí me hicieron cosas terribles, y callé, pero he conocido a gente maravillosa que entregó a un compañero que es detenido desaparecido y sufre hasta hoy por eso”.
El 16 de diciembre de 1974, luego de cinco días en Villa Grimaldi, Holzapfel fue trasladada a un casa de dos pisos en calle Irán 3037, en Macul. Allí se reencontró con Beatriz, maltrecha y herida. Bataszew había caído el 12 de diciembre, un día después que Alejandra, interceptada en un fallido encuentro con otro militante, Mario Peña, y fue llevada de inmediato a Venda Sexy. La fantasía de burlar a la DINA sólo fue eso: una ilusión. Su novio, Dagoberto San Martín, también perseguido, fue cazado por la represión el 17 de diciembre. Hasta hoy se desconoce su paradero.
Alejandra intuyó, al ver a Beatriz, que le esperaban otros espantos. La residencia estaba llena de miristas, algunos con heridas visibles y la mayoría en extremo delgados.
“Estaba también Laura Ramsay, que había sido sacada hace unos días de Villa Grimaldi. Me extrañó no ver a Carmen Bueno, porque no había vuelto a saber de ella. Después me enteré que ella, que era cineasta, fue asesinada bajo el cargo de haberle regalado una mascota a Miguel Enríquez”.
La cumbia que atormentaba a Alejandra en Villa Grimaldi, fue reemplazada en la Discoteque por música anglo que sonaba durante todo el día para esconder los gritos de quienes eran torturados en el subterráneo. Quienes llegaron ahí fueron vulnerados sexualmente de forma continúa. La brutalidad llegó al extremo de que la mayor de Carabineros Ingrid Olderock entrenó a un pastor alemán ovejero, a quien llamó “Volodia”, para violar a los prisioneros.
- Contra todo lo que se pueda creer ella le había enseñado a violar. Estaba completamente amaestrado por ella, que le daba las órdenes.
¿Es cierta la historia del “perro Volodia”?
-Es cierta, a mí me tocó ser violada así, con ese animal, por eso te lo puedo decir. Es una de las historias más terribles y dolorosas que yo sólo he podido enfrentar hace muy pocos años. Por mucho tiempo no pude sacarlo, me daba una vergüenza terrible.
Ingrid dirigía al animal, mientras los otros torturadores obligaban a los detenidos a adoptar posiciones que facilitaran el abuso. Hombres y mujeres que pasaron por Venda Sexy fueron víctimas de esta atrocidad. Nadie hablaba del tema en la casona, pero tras las sesiones de tortura, las compañeras recibían a sus amigas con más ternura que de costumbre y las acurrucaban para que durmieran un rato. Con los días, se dieron cuenta de que quienes estaban a cargo del centro de detención disminuían las violaciones cuando las prisioneras estaban menstruando, así es que idearon un plan: Las que estaban con el periodo o con una herida sangrante dejaban un paño manchado en el baño, así la que ingresaba se lo ponía. La estrategia irritó a los agentes:
- ¡Otra vez están todas estas huevonas con la regla, hasta cuándo!, se quejaba el general en retiro, Raúl Iturriaga Neumann, que actualmente cumple condena en Punta Peuco.
La resistencia consistía en eso: en no rendirse en medio de la miseria.
“Uno pierde noción del tiempo con la tortura, del día de la noche, de si comíamos o no. Recuerdo que una vez comí una sopa de huesos de pollo y que otra vez nos dieron lentejas con caca y una compañera dijo fuerte: ‘Nos están dando lentejas con caca. Nos las vamos a comer igual, pero ni crean que no lo sabemos’. Era una forma de hacerles saber que no nos estaban engañando. El Venda Sexy fue terrible. Varios compañeros desaparecieron desde ahí también”.
De la Discoteque, Alejandra pasó a Cuatro Álamos, recinto que los militares usaban para que a los detenidos se les borraran las huellas visibles de la tortura. “Desde ahí también desaparecieron gente, pero las condiciones eran menos duras: tuvimos acceso a duchas, por ejemplo”.
Luego de unas semanas, fue llevada a Tres Álamos, donde Nieves Ayrees, quien también había sufrido todos los horrores del aparato represivo pinochetista, le dio un sentido al dolor.
- Había un grupo de detenidas que daba como la bienvenida. Me encuentro con Nieves Ayrees, que es hermana de la Rosita, mi actual socia en la productora, y dice “Oh, la Holzapfel, ¡chiquillas, llegó otra del Liceo 1” y empiezan a cantar, “Eleceí, ceí, ceí”. Y yo pienso “qué está pasando aquí, están todas las locas”. Después entendí la importancia del temple de esas mujeres. Nieves vive ahora en Nueva York, y estoy demasiado agradecida de ella, porque con ella al lado uno no puede caerse. En Cuatro Álamos me llevó a su celda. La llamó “la cueva mágica”, hacía dibujos, siempre nos dibujaba sonriendo. Nos obligaba a conversar sobre lo que nos había pasado. “Ah, a ti también te violaron”. Al final, era raro porque ella lo entendía todo. Y nos hacía hacer obras de teatro, sociabilizar el dolor. Yo, que me sentía sucia, logré ver que a todas nos pasaba eso. Estoy convencida de que ella me enseñó a sobrevivir.
Estando en Tres Álamos, Holzapfel pudo recibir visitas. Su primer encuentro fue con su madre, a quien no había visto en tres meses.
- Mamá, necesito que me traigas antibióticos. Es muy importante.
- ¿Estás enferma?
- Es que…me violaron.
Al escuchar por vez primera esta confesión, su madre se puso pálida, pero entre gemidos, le aseguró a su pequeña de 19 años que todo estaría bien porque que estaban vivas y eso era lo único importante. También le comunicó que pronto podría partir al exilio en Alemania y terminar sus estudios de veterinaria, profesión que, tras las aberraciones sexuales que le infringió Olderock con el perro Volodia, Alejandra nunca más quiso ejercer:
- Debes seguir tus estudios de veterinaria.
- No quiero.
- Ale, debes hacerlo. Es lo que amas y te faltan dos años nomás.
Alejandra la miró sin sacar la voz. Ahora odiaba el contacto con los animales, pero no se atrevió a decírselo. ¿Qué podría haberle dicho sobre lo que vivió en Venda Sexy si no quería ni siquiera recordarlo?
A mediados de 1975, Alejandra fue enviada a la RDA. El arribo fue difícil. Eran tiempos de sospechas. No hablaba el idioma y Berlín estaba lleno de militantes del PC y el PS. Ella era del MIR y el rumor era que los militantes del MIR eran agentes de la CIA que habían propiciado el Golpe.
“Fue súper doloroso. Llegó un momento en que le dije al alemán a cargo que me mandara de vuelta a Tres Álamos. El tipo se espantó y al día siguiente aclaró la situación con todos los chilenos y les dijo ‘Alejandra es una persona de confianza, entonces ella puede hacer lo que quiera’. Ese fue el espaldarazo que necesitaba. Ahí me enviaron a vivir a Potsdam”.
En Potsdam, Holzapfel llegó al edificio en el residían Ángela Jeria -viuda del general Alberto Bachelet- y su hija Michelle. Por más de un año fue vecina de piso de ambas. Ángela la acogió y la acompañó. Fue la dulzura que Alejandra requería para recuperarse y una de las personas que la instó a aceptar los cortejos de Pepe Fuica, con quien se casó y a quien abandonó en 1979 luego de que él frustrara su plan de regresar a combatir al país.
- Me metí en la política de retorno del MIR y él consideraba que era un suicidio. Quise volver el ’79, me estaba preparando para eso, y él fue al consulado de Chile a entregar esta información para impedir que yo retornara.
Alejandra no pudo soportar la traición. Falsificó los pasaportes de sus hijos, con ayuda de una amiga alemana, y huyó con ellos desde Leipzig, donde estaba residiendo desde que había contraído matrimonio. Tomó el tren y llegó hasta la casa de Carlos Liberona en Frankfurt, quien la derivó con Cristián Schmidt, quien sólo le pidió, a cambio de estar en su hogar seis meses con los niños, que le enseñara a manejar.
Recién en 1987, pudo volver con sus hijos al país. Fuica, en tanto, murió en un accidente de tránsito en Alemania sin haber logrado el perdón de Alejandra.
Cuando Holzapfel llegó a Chile comenzó a colaborar con la justicia en los procesos contra quienes la violentaron estando en prisión. Se ha careado con Basclay Zapata, Miguel Krassnoff Martchenko, Lauriani Maturana y Osvaldo Romo.
Ninguno, nunca, le ha pedido perdón.
- Lauriani quiso darme lástima. ‘Tengo familia’, me dijo. Krassnoff fue más prepotente. El guatón Romo se hizo pipí, literalmente. Olderock no pasó un día en la cárcel. Murió en libertad, pero por azar un día, creo que el 88 o el 89, entró a comprar a un minimarket que yo tenía en Valentín Letelier. Afortunadamente no estaba sola y pude echarla y decirle lo que pensaba. Es sanador decirle a alguien ‘aquí estoy, aunque me hiciste esto o lo otro’. Aún así, tengo una gran frustración de saber que los torturadores no reciben el castigo merecido por cada persona a la que hicieron sufrir, que hay que acumular condenas para que pasen tiempo en la cárcel y sobre todo me duele no saber qué pasó con los compañeros que están detenidos desaparecidos. Que aún hoy, a cuarenta años, nos nieguen la verdad es una nueva forma de torturarnos.
Pese a todo, Alejandra sabe que le dobló la mano a la dictadura. Hoy tiene un par de nietos “maravillosos, preciosos y todos los adjetivos lindos que se te puedan ocurrir” y la dignidad, que la DINA trató de quebrantar, intacta.
- Aquí instalaron una política de destrucción de nosotros como seres humanos, y aún así no pudieron conseguirlo. Entonces, cuando somos capaces de reír, de disfrutar la vida, demostramos que no pudieron destruirnos. Pasamos atrocidades, pero somos capaces de ser felices porque somos personas dignas. Nuestros torturadores, no.
http://www.theclinic.cl/2013/09/11/alejandra-holzapfel-y-la-vida-tras-las-torturas-y-las-aberraciones-sexuales-de-la-dictadura/
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