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sábado, 4 de mayo de 2013

El manto de protección que oculta los crímenes de Agustín Edwards



Una indignante situación se produjo en la última semana cuando ARTV, canal que controla el productor Luis Venegas, sacó la cinta “El diario de Agustín” de su parrilla programática. Por Verdad Ahora
La decisión provocó la renuncia de Natalia Arcos, directora de la estación, quien acusó una censura hacia el documental que expone las mentiras y los crímenes históricos del patriarca de la familia Edwards, dueña de El Mercurio. “Me voy tranquila después de casi 5 años de gestión, donde siempre abogamos por un canal libre y democrático”, manifestó Arcos.
Poco se supo sobre el origen de la determinación. ARTV es actualmente propiedad del holding Televisión Interactiva S.A., que maneja los canales Via X, Zona Latina y Bang TV. La trayectoria de su dueño Luis Venegas no ha estado exenta de polémicas. Varios de sus antiguos empleados han tenido problemas con él.
La censura del documental de Ignacio Agüero, sumada a un episodio similar ocurrido en TVN y el Museo de la Memoria, viene a confirmar la fuerte red de protección mediática con la que goza Agustín Edwards Eastman, heredero de un imperio periodístico que no puede escapar de su oscuro pasado como defensor de las violaciones a los derechos humanos en dictadura.
Documental: “El diario de Agustín”

Edwards no sólo conspiró en el extranjero para perturbar el orden democrático del país y derrocar al presidente Salvador Allende en un sangriento golpe de Estado, sino que ha sido uno de los principales cómplices y encubridores de las operaciones encubiertas que la CIA realiza en Chile.
Seis años antes del golpe, el 5 marzo de 1967, El Mercurio justificaba en su editorial las sucias labores de la CIA. Hace muy poco había sido denunciada la infiltración de la Agencia en la Asociación Nacional de Estudiantes (NSA) de Estados Unidos y otros movimientos universitarios. Las platas de la CIA tocaban incluso a altos líderes de la Democracia Cristiana.
Bajo el gobierno de Eduardo Frei Montalva, era habitual que Edwards mantuviera contacto periódico con Ralph Dungan, embajador de Estados Unidos en Chile. Dungan era el hombre de confianza del presidente Lyndon B. Johnson y había sido dirigente de la NSA, el organismo acusado de espionaje y divisionismo contra grupos estudiantiles progresistas de la región.

Nota publicada por “El Siglo” en julio de 1965.
El cabecilla de El Mercurio conservó su cercanía con la embajada hasta la elección de Allende, en 1970. Según el libro “Legado de Cenizas: Historia de la CIA del periodista Tim Werner, en septiembre de ese año, Edwards voló a Estados Unidos para juntarse con su amigo Donald Kendall, gerente superior de la Pepsi y uno de los principales financistas de Nixon.
Tras la cita, el director de la CIA Richard Helms se reunió con Edwards en el Hilton de Washington. Allí hablaron sobre la posible fecha para un golpe militar contra Allende. En total, la CIA entregó un millón 950 mil dólares (8.5 millones de hoy) directamente a Edwards y “El Mercurio” para levantar una campaña contra el presidente socialista.
En una entrevista con El Ciudadano, el escritor Armando Uribe revela que Edwards es sindicado por el vicedirector de la CIA, Vernon Walters, como “el principal recurso” de la Agencia en toda Latinoamérica. El mismo protagonismo que Edwards tiene para la inteligencia estadounidense es reconocido por el dirigente de Patria y Libertad, Roberto Thieme.
La fructífera relación de Edwards con el “gobierno invisible” de Estados Unidos, representado por figuras tan siniestras como el banquero David Rockefeller, se mantiene presente hasta la actualidad.
Thieme: “Agustín Edwards fue el principal hombre de la CIA en Chile”



http://revoluciontrespuntocero.cl/el-manto-de-proteccion-que-oculta-los-crimenes-de-agustin-edwards/


Agustín Edwards, “El Gobierno de EE.UU. quiere una solución militar”


En su libro “A Legacy of Ashes: The History of the CIA” (“Legado de Cenizas: Historia de la CIA”), cuyo texto resumimos,  el periodista Tim Weiner señala lo siguiente:
En 1970, pocos países de América Latina respetaban los ideales de la democracia y el estado de derecho. Uno de ellos era Chile.
Salvador Allende  iba a ganar las elecciones de 1970. El moderado Radomiro Tomic, respaldado por la Democracia Cristiana, antigua favorita de la CIA, parecía una opción muy poco propicia. El derechista Jorge Alessandri tenía una postura decididamente proestadounidense, pero Edward Korry, embajador de Estados Unidos, lo detestaba.
Antes la CIA ya había derrotado a Allende. El presidente (John) Kennedy había aprobado inicialmente un programa de guerra política más de dos años antes de las elecciones de 1964, destinando alrededor de tres millones de dólares (de esa época) a la campaña del proestadounidense Eduardo Frei, que recibió literalmente maletas llenas de dinero. La CIA financió también iniciativas clandestinas contra Allende impulsadas por la iglesia católica y por algunos sindicatos.
Tras el gobierno de Frei, la cuestión era otra vez cómo detener a Allende. El jefe de la oficina de la CIA en Santiago, Henry Hecksher, aconsejó a la Casa Blanca apoyar a Alessandri.
Kissinger estaba preocupado. En una frase famosa, dijo que Chile (como es un país largo y delgado) era una daga apuntada al corazón de los Estados Unidos. Su opinión era la siguiente: “No veo razón para que dejemos que un país se haga marxista por la irresponsabilidad de sus habitantes”.
En la primavera y el verano (boreales) de 1970 la CIA se puso a trabajar. En Europa, el Vaticano y dirigentes democratacristianos de alto nivel  montaron bajo sus órdenes una campaña para frenar a Allende. Su objetivo era aterrorizar a los votantes y  demostrar que la victoria de Allende significaba la destrucción de la democracia chilena.
Korry consideraba que el trabajo de la CIA era espantosamente poco profesional: “ En ningún lugar del mundo había visto propaganda tan estúpida (…).  Hubiera que haber despedido enseguida a los imbéciles de la CIA que ayudaron a montar la “campaña del terror”, por no comprender a Chile ni a los chilenos…”.
La CIA tenía mucha experiencia en arreglar elecciones antes del voto, pero nunca había arreglado una después de celebrada. Kissinger ordenó a Richard Helms (entonces director de la CIA)  que sopesara las posibilidades de un golpe.
A su vez, Helms ordenó a Hecksher que utilizara sus contactos directos con militares chilenos que pudieran “ocuparse de Allende”. Hecksher no tenía esos contactos.
Pero conocía a Agustín Edwards., entonces dueño de la mayor parte de las minas de cobre, de “El Mercurio”, principal diario de Chile, y de la embotelladora de Pepsi-Cola. Una semana después de las elecciones, Edwards voló a Estados Unidos para reunirse con su amigo Donald Kendall, gerente superior de la Pepsi y uno de los principales financistas de Nixon.
El 14 de septiembre Edwards y Kendall tomaron café con Kissinger. Luego, dice Helms, “Kendall fue a ver a Nixon y le pidió ayuda para impedir que asumiera Allende”.
Helms se reunió con Edwards al mediodía en el Hilton de Washington. Hablaron sobre la posible fecha de un golpe militar contra Allende. Esa tarde, Kissinger aprobó destinar otros 250 mil dólares (de esa época) para la guerra política en Chile.  En total, la CIA entregó mil 950 millones de dólares (de esa época) directamente a Edwards, a “El Mercurio” y a su campaña contra Allende.
Weiner señala que “el Presidente (Nixon) pidió a la Agencia que impidiera que Allende asumiera o que lo derrocara”. La “Agencia” dividió la tarea en dos fases. La primera consistía en guerra política,  presión económica, propaganda y hostilidad diplomática. En caso de que fracasara, Korry debía convencer a Frei de que montara un “golpe constitucional”. A modo de último recurso, dijo el embajador Korry a Kissinger, los Estados Unidos “condenarían a Chile y a los chilenos a las peores privaciones y a la pobreza”.
La segunda fase era un golpe militar.

Marcelo Volpone
El Ciudadano



http://www.elciudadano.cl/2009/01/15/5473/agustin-edwards-%E2%80%9Cel-gobierno-de-eeuu-quiere-una-solucion-militar%E2%80%9D/


CARABINEROS, LA VERGUENZA DE CHILE: Abogada relata su detención ilegal y los múltiples abusos que cometieron




Las denuncias sobre el abuso policial suman y siguen. Y éstas no solamente se limitan al actuar violento en las manifestaciones sociales como han comprobado distintos organismos de derechos humanos, sino que se pueden encontrar en la labor diaria de Carabineros. Una detención ilegal y procedimientos “dudosos” es lo que relata a continuación la abogada Paulina Maturana Viviero. A raíz de este hecho, el Instituto de Derechos Humanos patrocinará acciones legales para esclarecer lo ocurrido.

El viernes 26 de abril se cumplían 80 años desde la publicación de la obra “el proceso de Kafka”. Sin imaginarlo, este 26 de abril, comencé mi propio proceso kafkiano que pareció inserto en una absurda y brutal realidad de aquellas plasmadas en los guiones de Fellini. Me encontraba el viernes 26 a partir de las 16:00 en la 47 Notaría de Santiago, de Elías Jarufe ubicada en calle Pedro de Valdivia ( 3317) con Capitán Orella, realizando un trámite personal; cuando una pareja de carabineros usando chaleco reflactante llegó a eso de las 16:30 buscando a un joven que había robado en la tienda Adidas ubicada en la vereda del frente de Pedro de Valdivia.

En la Notaría había unas 20 o 30 personas a la espera de sus documentos. (Esa notaría es pequeña y se encuentra justo en la esquina, por lo que la gente suele esperar afuera de la misma, en la vereda, hasta ser llamados a viva voz por los funcionarios para la entrega de los documentos.) Entre las personas se encontraba un joven de unos 20 años, su señora embarazada y su hijo de unos 6 años. Ellos estaban realizando un trámite de finiquito. Uno de los carabineros ordena al joven identificarse y mostrar la mochila. El joven pregunta por qué y el carabinero insiste con mucha fuerza. El joven abre su mochila frente a todos y la muestra. En ella guardaba sus efectos personales.

Entonces el carabinero dice que se lo tiene que llevar detenido por el robo. Según el carabinero, el joven era el autor del robo reciente en la tienda Adidas. Todos los presentes reaccionaron diciendo a viva voz a los policías que era un error pues el joven se encontraba en la notaría, e incluso le señalaron que habían visto a dos jóvenes correr y doblar en la esquina recientemente. El carabinero intenta esposarlo y unas 10 personas – hombres y mujeres- se oponen tratando de razonar con él. Incluso una señora de ojos azules y cabello rubio se para delante del joven. El carabinero no habla, no se identifica, no mira. Como un robot, aplica fuerza sobre todos e intenta esposar y llevarse detenido a un señor que le explica lo que ocurre. El representante de la empresa que iba a finiquitar al joven, le mostraba los papeles del finiquito y le insistía que en era un error. La señora del joven, visiblemente embarazada, se desespera y gritaba. El niño gritaba y lloraba pidiendo que no se llevaran a su papito que no había hecho nada…

En ese escenario, saco mi carnet de la cartera, me identifico como abogada y se lo muestro al carabinero, intentando explicar que hay un error grave. Le pido que por favor recapacite ya que, según le dicen las personas, los ladrones ya huyeron corriendo. Le pedía una y otra vez que se identificara, que nos diera el nombre, rango. El carabinero sin mirarme, como si yo no existiera, pide refuerzos y tomándolo del cuello, esposa al joven a la reja de la notaría con mucha brutalidad. Entonces llegan en minutos varias patrullas y carros, al menos 5 o 6, se bajan al menos 15 carabineros de uniforme y de civil. El notario trataba de razonar con los carabineros y nadie oía. Al ver a tanto uniformado, yo gritaba que me dijeran quién estaba a cargo del procedimiento, pensando en que se podría razonar con esta persona. El propio Notario Jarufe pedía que le dijeran quién estaba a cargo e intentaba hablar con los carabineros.

En ese minuto, dada la desesperación, llamo desde mi celular al 133 y denuncio que hay un procedimiento en la Notaría con fuerza excesiva, que obedece a un error y solicito que acudan al lugar. Llegan autos con balizas con personas de civil, pienso que es la PDI, pero era un carabinero de civil. Le pregunto si está a cargo. Me dice que no. Trato de explicarle y en segundos, me tomaron de los pies y de las manos y como si fuera un paquete, me sacaron del lugar. Lo mismo ocurrió con todos los presentes. Al joven lo redujeron con fuerza excesiva y a su mujer embarazada, una carabinera la arrastró por el suelo y la condujo a una patrulla. Cuando llegaron a la patrulla, al soltarla, ella azotó su cabeza en el pavimento. Al niño lo toman y lo metieron a la patrulla, yéndose a toda velocidad. Todo esto entre gritos desgarradores de la señora y el niño y voces de protesta de los presentes. Vi al menos a dos jóvenes que filmaban lo ocurrido.

Quedé absolutamente impotente. Luego llega una camioneta gris con una carabinera, le pregunto si ella viene por la llamada que yo hice al 133. Le explico lo ocurrido y me dice que el procedimiento ya se hizo y que no hay nada que hacer. Le explico que quiero hacer un reclamo por el actuar de carabineros, que yo sé muy bien que la pega es difícil pues desde la academia hace años que he hecho clases a carabineros.

Entonces, inexplicablemente para mí, hay un cambio en la recepción de la carabinera y visiblemente molesta empieza a requerir dónde he hecho clases y quién soy yo y a hablarme de forma totalmente irrespetuosa. Le digo que no es forma de referirse y le pido se identifique, ella me obliga a mostrar el carnet. Le explico que no tengo inconvenientes, pero que le quede claro que ella no tiene ese derecho; le digo que está haciendo uso de poder porque tiene un arma. El policía de civil que va con ella anota todos mis datos y luego ellos me dan los suyos y se van, diciéndome que han conducido a los jóvenes a la 33 comisaría. ( Subteniente Sandra Zapata Bustos N° 979726-E; Subteniente Sergio Jimenez Torres N° 987170 de civil)

La 33° Comisaría.

Mi diálogo con la subteniente fue escuchado por una mujer de tes morena y pelo con tinte colorín, que vestía un elegante vestido blanco con negro. Ella apoya lo que digo. Decido en voz alta que me voy a la comisaría a ver a los chicos y algunos transeúntes me explican el camino, especialmente las personas que cobran el derecho municipal por estacionamiento. Llego a la comisaría y ya estaba allí el representante de la empresa que iba a finiquitar al chico. (Wladimir Guajardo Parra de la empresa Procret tel: 3793680, 2740921) Le pido el nombre y datos para poder preguntar por el joven. Recién ahí sé que se trata de Daniel Briones Aguilar. También estaban los padres de Daisy, su mujer, muy preocupados.

Anoto los nombres y pido hablar con una carabinera, quien amablemente escucha mi relato y me señala que ella no tiene conocimiento de lo que le cuento, por cuanto ningún detenido le ha sido entregado. La madre de la muchacha insiste en que están en los calabozos, pues su hija le ha avisado por celular. La carabinera me hace esperar y vuelve diciendo que efectivamente están, pero que ella no puede hacer nada, porque aún no le pasan oficialmente los antecedentes de los detenidos. Pido hablar con el superior a cargo de la comisaría, me dice que no está y me conduce a hablar con el de mayor rango. Lamentablemente no sé nada de rangos, así es que creo que es un capitán, de segundo apellido Heinrich, quien me toma el reclamo por el procedimiento policial, que redacto de puño y letra, y luego me notifica de la existencia de la ley de transparencia.

Pido copia del reclamo. Me señala que no dan copias, pero que él sacará una y me la llevará. Nunca me da copia. La carabinera me pide que anote en un libro el hecho de que paso como abogada a ver a los detenidos en el calabozo, firmando y poniendo mi huella. Lo hago. El capitán me conduce a los calabozos y golpea, no nos dejan entrar. Debemos esperar unos 20 minutos para entrar.

Mi detención ilegal

Entro al calabozo y veo a Daisy sentada. Pregunto por su estado. La carabinera de guardia es justamente la sub teniente Sandra Zapata, me pregunta qué quiero; me identifico y digo que vengo a ver a Daisy y Daniel. Me indican que me siente, me piden mi carnet y luego otro carabinero presente -habían al menos 5- me dice: “le comunico que está arrestada”. PLOP!!! Le argumento que eso no es posible y pido que me digan por qué. Me insiste en que estoy arrestada y que eso me pasa por meterme donde no me llaman, que al joven se le encontraron especies y además hay cámaras que lo filmaron robando.

Insisto en que me digan los motivos de mi detención, los hechos que se me imputan, que se me lean los derechos y la presencia de mi abogado.La subteniente me contesta “ ¿y usted no es abogada? ¿para qué quiere conocer sus derechos? ¿acaso no los conoce? Si quiere derechos, mire ahí están en la pared, léalos…”Frente a la actitud prepotente e ilegal, le insisto en que ella es una funcionaria pública y debe aplicar un procedimiento y que requiero se me indiquen los motivos de mi detención y los hechos que se me imputan.

No me dice nada. Luego dos carabineros me piden que me saque los aros y les entregue mi cartera con mis pertenencias. Antes de entregar mi celular envío un mensaje a dos personas, amigas funcionarias del Instituto de Derechos Humanos, y aviso a los abogados Sergio Fuenzalida y Julio Cortés a través de una llamada. Sergio me contesta que va en camino. Entonces sigo insistiendo incansablemente en que se me señalen los motivos de mi detención y exijo la presencia de mi abogado. La subteniente me dice que es su guardia y ella ve quien entra o sale de ella, que su superior le indicó que no dejara entrar a nadie. Luego me dice que no es una plaza pública y ella verá cuándo entra mi abogado.

Un carabinero me informa que estoy detenida por obstrucción a la labor de carabineros. Finalmente Sergio entra a verme, me dice que ha intentado infructuosamente obtener los motivos de mi detención. Vuelve a salir para hablar con el carabinero a cargo de la comisaría. Como sigo insistiendo, la subteniente me señala que mi detención es por lesiones a un carabinero. Pregunto qué lesiones y a qué carabinero. Me dice que yo lesioné en la mano al carabinero que detuvo a Briones. Pregunto qué tipo de lesiones y si ya fueron constatadas. Me dice que no. Inquiero cómo es posible que me detengan por lesiones a un carabinero que no ha constatado lesiones. No tengo respuestas. A mi abogado lo tratan de forma prepotente y lo instan a salir del calabozo. Aducen que por motivos de seguridad le no puede permanecer conmigo.

Recibo varias visitas, alumnos carabineros, amigas. Me dejan toda la noche en la comisaría. Primero me dicen que me trasladarán a la 18. Nadie me comunica nada. Atónita veo como unos 5 carabineros redactan en mi presencia el parte en el que relatan cómo yo le habría ocasionado la lesión al carabinero. Uno de ellos es justamente Arias, quien descaradamente miente en concierto con sus compañerosDaisy permanece conmigo. A pesar de tener 5 meses de embarazo, la llevan a constatar lesiones sólo por nuestra insistencia, pues en algún momento deciden soltarla y enviarla a la casa. Ella vuelve como a las 3 de la madrugada de constatar lesiones.

Ella, sin que nadie se percatara, entrega en algún momento un papel a mi abogado en que dice que mientras yo estaba esperando por verlos, los carabineros se estaban poniendo de acuerdo para dejarme detenida. Me dice que el carabinero Arias se va a pegar en un dedo. Efectivamente, en algún momento de la noche, el carabinero Arias aparece con un dedo sangrando. La subteniente Zapata le toma fotografías con su celular, imágenes que traspasan a un pendrive que luego van a imprimir en otro lugar. En ese momento el carabinero concurre a constatar lesiones. ( Al menos unas 6 horas después de la detención de Briones).

En el trasncurso de la madrugada, llega al calabozo un mayor, me parece que de apellido Araya, quien me pregunta los motivos de mi permanencia en el lugar. Le explico todo y me dice que se ocupará de la situación. En definitiva permanezco en la unidad hasta alrededor de las 7 de la mañana del día 27, en que me llevan a la 18 comisaría. Allí me ponen esposas y me trasladan al centro de justicia junto con las otras detenidas, en total 6.

Briones va en el mismo carro. Paso a los calabozos y me entrevisto con mi defensor. En la audiencia, me sientan al lado de Briones entre una veintena de imputados. La magistrado, luego de requerir los antecedentes al Ministerio Público, declaró ilegal mi detención. Yo no acepté acuerdo, pues quiero esclarecer los hechos. Por lo anterior, me formalizaron por maltrato de obra a carabineros. Y se abrieron 40 días para la investigación por parte de la Fiscalía. En la audiencia se encuentra presente Sergio Funzalida y me representa el colega Julio Cortés. La magistrada, luego de declarar ilegal la detención, ordena que me saquen las esposas. Quiero agradecer profundamente ese acto, pues íntimamente sentí que me devolvió la dignidad.

Mis abogados me cuentan que en la noche de mi detención interpusieron un amparo en mi favor, el que fue denegado de plano, sin que la jueza se haya constituido o al menos revisado los antecedentes.

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http://www.gamba.cl/?p=40113

La Historia Oculta del Régimen Militar

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