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jueves, 3 de octubre de 2013

La elite socialista y la historia trágica de la otra víctima de Punta Peuco

Aparentemente no hay mucho que vincule los suicidios de Odlanier Mena y Edmundo Letelier, salvo por un detalle: el penal de Punta Peuco. El primero se autoeliminó el pasado sábado, tal vez, como protesta —decepción— por su inminente traslado hasta allí; en tanto, el segundo, lo hizo en junio de 2006 en Puerto Montt, en medio de un drama pasional y personal que lo venía afectando desde su salida como custodio de la cárcel donde debía ser trasladado Mena.


Me atrevería a decir que ambos fueron víctimas de la política sórdida que se institucionalizó en los años 90’, donde Pinochet negociaba directamente con la cúpula concertacionista —lo que incluía también a las elites del PPD y socialistas— y de la que, Punta Peuco es uno de sus símbolos —¿de los consensos, se llamó?—, tan autofestejada por sus protagonistas directos y cuyos episodios turbios los chilenos recién comenzamos a conocer en profundidad.
El coronel de Gendarmería Edmundo Letelier, había estado vinculado en su adolescencia a las Juventudes Comunistas, de hecho una hermana suya se exilió en Suecia, y al retorno de la democracia, se aproximó a los gobiernos de la Concertación pasando información sobre el movimiento y las acciones de ex agentes de la CNI. Su vieja cultura política y su proximidad al PS lo acercaron a los nuevos directivos de Gendarmería y, se cuenta, estrechó una amistad con Claudio Martínez, también socialista, quien fue Director de la institución entre 1993 y 1997.
No es casualidad, entonces, que durante ese periodo llegase a ser Coronel, Jefe de Seguridad de la institución, en cuya condición se le encomendó la difícil tarea de arrestar a Manuel Contreras en el sur, hecho que fue toda una peripecia para el emergente directivo.
Relatan los testigos de la época, se le fue haciendo cada vez más difícil cumplir las órdenes que llegaban directamente del gobierno en el sentido de otorgar al prisionero Manuel Contreras, el “trato de excepción” que había sido acordado entre el gobierno de Frei —lo que incluía también a parte de la elite socialista— y Pinochet. Fue en ese contexto donde se inscribe el respaldo de los socialistas a la construcción de este penal y luego al Cordillera en la administración Lagos y, aún más, la cerrada defensa que algunos de sus militantes, encabezados por Insulza, hicieron del ex dictador para regresarlo a Chile de su arresto en Londres.
Con la detención del ‘Mamo’ Contreras, Letelier llegó a la cúspide de su carrera, pues, además, quedó a cargo del Penal Punta Peuco, cárcel donde estarían recluidos los principales líderes de la ex DINA y los principales inculpados en crímenes de derechos humanos. Pero también significó el inicio de su caída en desgracia. Y es que relatan los testigos de la época, se le fue haciendo cada vez más difícil cumplir las órdenes que llegaban directamente del gobierno en el sentido de otorgar al prisionero Manuel Contreras, el “trato de excepción” que había sido acordado entre el gobierno de Frei —lo que incluía también a parte de la elite socialista— y Pinochet. Fue en ese contexto donde se inscribe el respaldo de los socialistas a la construcción de este penal y luego al Cordillera en la administración Lagos y, aún más, la cerrada defensa que algunos de sus militantes, encabezados por Insulza, hicieron del ex dictador para regresarlo a Chile de su arresto en Londres.
Su caída en desgracia fue paralela a esos acuerdos tácitos sobre trato privilegiado y los procesos de conversión que afectaron a antiguas víctimas que ocupaban roles significativos en el Estado. Letelier, como muchos de nosotros, no se enteró de ellos y nadó contracorriente, hasta ahogarse por completo. Además, ya no estaba Claudio Martínez en la dirección de Gendarmería, cargo al que tuvo que renunciar por la fuga de los frentistas ocurrida a fines de 1996 y sobre la cual, años más tarde, Letelier probará que  estuvo rodeada de hechos muy curiosos, como aquella orden —fax se dijo en la oportunidad— que días previos a la fuga, extrañamente cursó el Ministerio de Justicia para reagrupar en celdas contiguas a los cuatro frentistas que días después protagonizarían el novelesco escape desde la Cárcel de Alta Seguridad. Además, su relación con el nuevo director socialista de Gendarmería, Hugo Espinoza, no fue la misma. La nueva autoridad institucional, ex ocupante de La Oficina y ex director de la Dirección de Seguridad Pública e informaciones, no escatimó recursos y órdenes para que se cumplieran los acuerdos sobre el trato “especial” a los ex DINA convenidos entre el gobierno y Pinochet. Y allí comenzaron los problemas para Edmundo Letelier. Tal vez, lo que marcó un punto y aparte en ese proceso fue la decisión de la administración de la época, emitida a través del Ministro del Interior, Carlos Figueroa, y el subsecretario José Antonio Gómez de permitir que el viejo socio de Contreras en la Operación Cóndor, Otto Paladino, ex Director de la Secretaria de Inteligencia del Estado argentina (SIDE), lo visitara en Punta Peuco y, que debió operativizar el coronel Letelier. Se sabe que tal visita, realizada el 16 de octubre de 1995, no quedó registrada en el libro de visitas y que ambos militares se reunieron en secreto por cerca de tres horas. La misión terminó por romper la lealtad entre los dos adherentes del PS, y marcó el inicio del permanente reclamo de Edmundo Letelier sobre los tratos Vip que debían dársele a Contreras. Otra situación que profundizó el conflicto entre ambos fue el operativo de castigo montado sobre los prisioneros políticos en la madrugada del 6 de febrero de 1999, en la cárcel de seguridad que afectó en particular a los miembros del grupo Lautaro, que ordenó el Director Hugo Espinoza y que, nuevamente, le tocó encabezar al coronel Letelier a quien, muchos testigos recuerdan furibundo y gritándoles a los reos “¡convénzanse, están derrotados!”.
Las constantes órdenes que Letelier recibía contradictoriamente —golpear a los subversivos y dar trato privilegiado a Contreras— gatillaron finalmente su salida, primero del cargo y luego de Gendarmería, y su contratación como asesor externo. Quienes lo conocieron señalan que Espinoza le solicitó que renunciase a los cargos que ocupaba en la institución y le aseguró que se le contrataría como externo al servicio con un sueldo especial. Tal cosa sucedió durante algún tiempo, sin embargo, muy pronto se le cortó el contrato con el servicio. Y allí comenzó su verdadera tragedia y desvarío. Empezó por revelar información sobre los extraños acontecimientos que rodearon la fuga de los ex frentistas —como la orden del Ministerio de Justicia ocurrida días previos al escape de agrupar a todos los involucrados—, que siguió luego con las denuncias de persecuciones y robos que lo afectaban, las amenazas por teléfono que recibía periódicamente, así como la información privada que se le sustrajo de un baúl en Gendarmería, cuando aún mantenía un contrato con la institución. En fin, la no renovación del convenio, su rompimiento con los socialistas de Gendarmería y con la Concertación, profundizaron su vía crucis que culminará trágicamente el año 2006 en Puerto Montt. En efecto, mientras todo esto sucedía el coronel, paralelamente, mantuvo una relación amorosa con la teniente de la institución Marion Berger Neuman, de la que salió un hijo. Acosado por no encontrar trabajo, y por los celos, viajó desde Santiago al sur, donde luego de asesinar a la teniente, se dio un disparo en la boca. Trágico final para otro de los ocupantes de Punta Peuco y una historia que mancha las actuaciones de una parte de la elite socialista durante la transición: protagonistas estelares no sólo de la defensa de Pinochet en Londres, sino también de otros episodios cuestionables de la reinstalación democrática: su papel en ‘la oficina’, validadores del Penal Punta Peuco y luego del Cordillera, y también los encargados de administrar el hotel de lujo para Contreras que estuvo en el centro de la tragedia del coronel Letelier y recientemente, de Odlanier Mena. Una cárcel con una historia trágica y contradictoria, de principio a fin y que hoy tiene en tela de juicio no solo a los gobiernos democráticos de la época, sino a los socialistas, víctimas principales de los uniformados en dictadura. ¿Han oído ustedes hablar del síndrome Estocolmo?


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Dr. y profesor universitario.








http://www.elmostrador.cl/opinion/2013/10/03/la-elite-socialista-y-la-historia-tragica-de-la-otra-victima-de-punta-peuco/

lunes, 30 de septiembre de 2013

Familia de Odlanier Mena anuncia querella contra Presidente Piñera

Familia de Odlanier Mena anuncia querella contra Presidente Piñera

generalodlaniermena
Odlanier Mena. Foto: www.ucvradio.cl
En los próximos días la familia de Odlanier Mena, quien se suicidó en su hogar el pasado fin de semana presentará una querella contra Presidente de la República, Sebastián Piñera, a quien responsabilizan de la muerte del ex director de la CNI.
La información fue confirmada por el abogado René López, quien presentará una querella criminal “por delito de tormento” en contra del Mandatario.
Según declaraciones que reproduce esta mañana el diario La Tercera, López señaló que “la Constitución de Chile establece la integridad física y síquica de las personas”, lo que a su juicio fue vunerado por el Mandatario al ordenar el cierre del Penal Cordillera y obligar el traslado de los internos a Punta Peuco.

Justicia declara admisible recurso de protección presentado por abogado de Manuel Contreras La Corte de Apelaciones acogió la solicitud contra la decisión de cerrar el Penal Cordillera. Ahora se someterá a discusión, lo que podría terminar revocando el traslado de los nueve internos, ahora en Punta Peuco

por La Tercera - 30/09/2013 - 11:43


La Corte de Apelaciones acogió la solicitud contra la decisión de cerrar el Penal Cordillera. Ahora se someterá a discusión, lo que podría terminar revocando el traslado de los nueve internos, ahora en Punta Peuco.


La Corte de Apelaciones declaró admisible el recurso de protección presentado el viernes por René López, abogado de Manuel Contreras,contra la decisión del Presidente Sebastián Piñera de cerrar el Penal Cordillera.

Ahora la Corte deberá discutir la petición, que podría revertir el traslado de los nueve reos a Punta Peuco.

René López indicó que "me parece interesante que la justica impere en Chile y que el abuso del superior, en ste casos el Ejecutivo, deje de estar vigente (...)seguiremos adelante".

Durante la noche del sábado los nueve reos fueron trasladados al penal de Til Til, luego de que durante la mañana se confirmara el suicidio de Odlanier Mena.

sábado, 28 de septiembre de 2013

El Hijo del ASESINO Manuel Contreras y el Nieto del DICTADOR Pinochet opinan en facebook sobre el acontecer nacional.


3 elementos que levantan sospechas en la muerte de #OdlanierMena, ex jefe de la CNI


El cadáver del general en retiro Odlanier Mena, primer director de la Central Nacional de Informaciones (CNI) y militar condenado por violaciones a los derechos humanos que sería trasladado a Punta Peuco, fue encontrado muerto esta mañana en las proximidades de su departamento de Las Condes mientras disfrutaba del permiso de salida dominical.

El fallecimiento de Mena generó una ola de incertidumbres sobre el futuro del traslado de reos desde el Penal Cordillera a Til Til, considerando laextraña suspensión del operativo que debía realizarse ayer por la noche.

"La decisión tomada, a pesar de este trágico fallecimiento no se va a ver alterada y se va a implementar en el momento oportuno", declaró hoy el presidente Sebastián Piñera.

Según reportes de prensa, el ex director de la CNI se habría disparado en la sien con un arma de fuego a eso de las 9:00 hrs. de este sábado, hallándose su cuerpo “tendido en el sector del depósito de basura, que se encuentra en la parte exterior del inmueble”, en el pasillo del edificio.

En el lugar de los hechos se constituyó el fiscal Roberto Contreras, quien habló de un “supuesto suicidio” y no descartó la participación de terceros.

A continuación analizamos tres elementos que podrían arrojar luces sobre la posibilidad de un asesinato.

1. Manuel Contreras trató de envenenarlo

No son menores las discrepancias que el fallecido militar tenía con el otrora jefe de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), "Mamo" Contreras.

En 1977, luego del asesinato en Washington del ex canciller allendista, Orlando Letelier, Mena asume como director de la recién creada CNI para comprobar la eventual participación de Contreras en los hechos.

La investigación logra dar rápidamente con el químico Michael Vernon Townley, estadounidense radicado en Chile que operaba al servicio de la CIA. Mena lo detiene y procede a citar a Contreras a su oficina. Allí le pregunta si tiene vinculaciones con Townley. “No, mi general, no tengo nada que ver”, fue la respuesta.

“En un mes me di cuenta de que sí había abierta participación de la DINA… Y eso significó la iniciación del proceso de los pasaportes, y el que llevó a la cárcel a Contreras”, declaró Mena a La Segunda el 22 de septiembre de 2012.

“Sigo pensando que Contreras es la persona más perversa que pasó en la historia de Chile… Me asiste la casi seguridad de que el asesinato a Prats y Letelier fue una prueba profesional que él rindió a la DINA para posicionarse en la comunidad internacional de inteligencia”.

“Es cierto que trató de envenenarme”, agrega Mena en la entrevista. “El dejó mucha gente de la DINA enquistada en la CNI. Había tres secretarias. Un día una de ellas me dijo que su compañera había echado veneno en una taza de té que luego me sirvió. Después lo contó Townley en una entrevista; que Contreras le había encargado un veneno para mí".

2. Muerte favorece tesis de la “tortura psicológica” y estrategia judicial de Contreras

El presunto suicidio de Mena ocurre justo cuando los demás militares recluidos por crímenes de lesa humanidad en el Penal Cordillera, a través de una presentación del abogado René López a la Corte de Apelaciones de Santiago, señalan que han sido víctimas de una “tortura psicológica” por el anuncio de la transferencia.

“El presidente (Piñera) ha estado jugando con la gente… El presidente ha torturado psicológicamente a los presos que están en este momento cumpliendo sus condenas tranquilamente en Cordillera”, sostuvo López en la presentación del recurso que será revisado el próximo lunes por la justicia.

Horas después del deceso, el defensor de Contreras no tuvo tapujos enresponsabilizar al primer mandatario por “esta persona que se nos ha ido”, en alusión al ex jefe de la CNI. “¿Quiere usted seguir con otro? Yo creo que si el Presidente insiste en no entender la situación, quiere decir que o no tiene sentimientos o tiene un resentimiento en contra de estas personas”, declaró.

“El único responsable es el Presidente de la República”, se sumó el general retirado Luis Cortés Villa, ex presidente de la Fundación Augusto Pinochet. “Odlanier fue un hombre injustamente condenado. El Presidente no pensó en las consecuencias”.

Sumándose a los comentarios vertidos por el “Mamo” en contra de Piñera,amenazándolo con revelar detalles de su responsabilidad en el desfalco del Banco de Talca si se concreta el traslado a Punta Peuco, el supuesto suicidio de Mena pasa a convertirse en una conveniente medida de presión para el presidente.

3. Extraños robos sugieren que asociación ilícita se mantiene

Tal y como demostraron los asesinatos del ex coronel de la DINA, Gerardo Huber, y el bioquímico Eugenio Berríos –posiblemente además, el homicidio del periodista británico Jonathan Moyle en el Hotel Carrera (Fidae 1990) – la asociación ilícita de elementos corruptos del Ejército chileno y civiles ligados a los crímenes de la dictadura siguió prosperando con posterioridad al término del régimen pinochetista.

El secuestro de un hijo de Sebastián Piñera en mayo de 1993, justo cuando el entonces senador de RN estaba a punto de dilucidar el caso de espionaje telefónico del Ejército que lo había hecho pasar más de una vergüenza – “Kiotazo” – comprueba que una intrincada red de influencias dedicada a ocultar delitos y proteger la impunidad de victimarios logró asentarse incluso durante la democracia.


En diciembre de 2012, el periodista Mauricio Weibel sufrió el extraño robo de su computadora. Weibel había difundido hace muy poco una serie de documentos secretos de la DINA y la CNI, compendio que publicó en un libro de la Editorial CEIBO titulado “Asociación ilícita”. En un período relativamente corto, la misma sustracción de discos duros afectó a Javier Rebolledo, escritor de “La danza de los cuervos”, a la corresponsal del New York Times, Pascale Bonnefoy, y al director en Chile del Le Monde Diplomatique, Víctor Hugo de la Fuente.

Frente a la seguidilla de robos, Weibel se mostró abierto a la posibilidad de que éstos correspondieran a “una operación de ex agentes de inteligencia”.

Lo anterior derivó en una acción judicial que buscó indagar si la policía, el Ministerio Público, la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI) y la Dirección de Inteligencia Nacional del Ejército (DINE), poseían información sobre algún grupo que estuviera operando para encubrir ilícitos cometidos durante la dictadura de Pinochet.

"No me cabe dudas que estos organismos, en especial el que opera bajo el amparo del Ejército, tienen datos de algún grupo (vinculado a los robos)”, aseveró el abogado Eduardo Contreras, patrocinante del periodista. "Todo esto demuestra una sola cosa: que el largo brazo de la dictadura sigue vigente", enfatizó.

Es de esperar que la investigación sobre la muerte de Odlanier Mena considere los antecedentes ya descritos antes de descartar completamente la participación de terceros.


http://linkis.com/verdadahora.cl/mDKo

Michael Townley relata cómo Manuel Contreras quiso matar a Odlanier Mena





A mediados de junio el ministro en visita Alejandro Madrid -que sustancia la investigación por el homicidio del químico de la DINA Eugenio Berríos, como también su responsabilidad en la muerte del ex Presidente Eduardo Frei Montalva- debiera viajar a Estados Unidos a interrogar al ex agente Michael Townley.

La declaración indagatoria que deberá prestar el norteamericano fue solicitada por el abogado de la familia Frei, Álvaro Varela, y coordinada con el actual embajador del país del norte en Chile, Craig Kelly, como una invitación a Madrid para evitar el trámite de autorización formal de la Corte Suprema.

Townley fue interrogado en Miami, en enero del año pasado, por dos oficiales de la policía civil, a propósito de estos dos casos. El ex agente de la DINA prestó una declaración ante los comisarios Nelson Jofré Cabello y Marianela Gómez Toboada.

Las seis páginas que constan en el cuaderno separado B-IX entre las fojas 2.993 a la 2.999 del proceso, servirán de marco para la indagatoria que tomará el ministro Madrid próximamente.

Una copia del testimonio fue obtenido por La Nación en fuentes policiales, donde Townley revela un detalle que permite comprobar cómo el ex jefe de la DINA, Manuel Contreras Sepúlveda, quiso asesinar a su reemplazante de la CNI, general Odlanier Mena.

El ex agente relata que en noviembre de 1977 el “Mamo” le pidió que preparara una sopa de bacterias para “incapacitar a Mena”.

“Hablé con Eugenio Berríos, ya que el laboratorio de la DINA lo habían desmantelado y después de algunos días me dijo que lo haría con tétano o toxina botulínica (que provoca el Botulismo) y que las podía conseguir con el director del ex Instituto Bacteriológico (IB, hoy ISP), pero me pidió una incubadora… El producto se lo pasó al mayor Vianel Valdivieso… para introducir este producto bacteriológico en el té…”.

Esta denuncia fue hecha precisamente por el general Mena hace algunos años, pero esta es la primera vez que aparece un antecedente concreto que la confirme.

Lazos operativos
Al mismo tiempo, los dichos de Townley se entralazan con un aspecto de la investigación por la muerte de Frei, ya que el jefe del ex Instituto Bacteriológico mencionado más arriba era el coronel Joaquín Larraín. Este último no sólo era el contacto de Berríos con la DINA, sino que además con el laboratorio de guerra bacteriológica del Ejército en la década de los 80, como establece un documento reservado del 8 de enero de 2001 adosado a la causa.

De hecho, es precisamente en el IB que desde fines de los 70 se importa toxima botulínica desde Brasil y Estados Unidos.

Otro de los antecedentes aportados por Townley dice relación con el homicidio del ex agente de la DINA, Manuel Jesús Leyton, ocurrido en 1975 y que también es investigado por el ministro Madrid.

“Recuerdo que (el sarín) se utilizó para eliminar a un cabo de Ejército involucrado en el robo de una renoleta… y que el sarín se lo aplicó el hermano de Eduardo Iturriaga Neumann (Jorge)”, dijo.

Con estas declaraciones el ministro se apronta a dictar procesamientos en el caso de Leyton, uno de los primeros procesos donde se acreditó el uso del sarín para la eliminación de personas en una de las clínicas clandestinas de la DINA.

Michael Townley, que fue expulsado de Chile en 1978 y luego de ello asumió su responsabilidad en el atentado que costó al vida al ex canciller Orlando Letelier -ocurrido en septiembre de 1976 en EEUU-, asegura desconocer antecedentes sobre la muerte de Eduardo Frei, acaecida en enero de 1982. Sin embargo, Madrid manejaría antecedentes respecto a que la labor de Townley va más allá de sus propios dichos.


Felipe Henriquez Ordenes wrote 96 articles on this blog.

Ingeniero Computacional y Profesor de Inglés. Activista de los DDHH Chile. @PipeHenriquezO

CARMONA ACEVEDO, Augusto Heriberto Tadeo



Chile Homicidio del periodista Augusto Carmona (1977): atisbos de justicia

A 35 años del asesinato de Augusto Carmona Acevedo, sus hijas Alejandra Carmona Cannobbio, y Eva María Carmona Sepúlveda junto a la madre de Eva, la periodista Lucía Sepúlveda, y la abogada Alejandra Arriaza, dieron a conocer el auto de procesamiento de los oficiales y suboficiales de ejército y una mujer civil involucrados en el homicidio del periodista. Carmona fue acribillado por la espalda por esos agentes el 7 de diciembre de 1977, cuando ingresaba a su domicilio en Barcelona 2524, San Miguel. El Colegio de Periodistas de Chile se hará parte del juicio, anunció su presidente Marcelo Castillo Sibila.
 
La CNI difundió el asesinato del periodista como “muerte en enfrentamiento”, versión ampliamente difundida por los medios de la época, argumentando que resistió la detención a balazos en la puerta de su casa, que había sido ocupada por los esbirros horas antes de la llegada del periodista, al igual que el personal a bordo de unos 20 vehículos estacionados en el sector aledaño a la vivienda, según consta en el proceso.
 
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Periodista Augusto Carmona Acevedo
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El ministro de fuero Leopoldo Llanos encargó reos como autores del delito de lesa humanidad al ex general de ejército Odlanier Mena Salinas, director de la Central Nacional de Informaciones CNI, junto a los ex brigadieres de ejército Miguel Krassnoff y Manuel Provis Carrasco; Enrique Sandoval Arancibia, ex mayor de ejército, y Luis Torres Méndez, ex coronel de ejército. También están encausados como autores los ex suboficiales de ejército José Fuentes Torres y Basclay Zapata, junto a Teresa Osorio Navarro, empleada civil de la Armada. Otros agentes involucrados en el asesinato ya fallecieron.
 
El ministro Leopoldo Llanos calificó el asesinato como delito de lesa humanidad porque según el derecho penal internacional fue “un ataque sistemático o generalizado en contra de bienes jurídicos como la vida a una parte de la  población civil, con determinada opción ideológica, con la participación del poder político y la intervención de agentes del Estado.” Tras la investigación, concluyó que hay presunciones fundadas para encargar reos a los imputados y ordenar su detención por constituir un peligro para la sociedad.
 
Gotas de justicia
 
El proceso original lo instruyó la fiscalía militar, que en 1993 sobreseyó la causa aplicando la amnistía. Una nueva querella contra “Augusto Pinochet y quienes resultaran responsables”, entablada por la familia en 2003, activó una investigación del ministro de fuero Alejandro Solís, recientemente jubilado.
 
La encargatoria de reo es apenas el primer paso hacia una sentencia que marque el fin de la impunidad, dijo Lucía Sepúlveda. Ante la demora en la adopción de resoluciones judiciales la familia exigió que al menos en esta fase la justicia no dé lugar a artilugios legales de los reos.
 
 
“Valoramos que la investigación califique el crimen como de lesa humanidad e incluya al máximo responsable de la CNI, Odlanier Mena como autor del delito, junto a los miembros de la Brigada Azul, encargada de la represión al MIR”, manifestó la abogada Alejandra Arriaza.
 
Los agentes que declararon en el proceso aseguraron que desde el reemplazo a mediados de 1977 de la DINA por la CNI, la nueva policía secreta de Pinochet, todos los operativos de exterminio debían tener la autorización previa de Odlanier Mena que asumió como director. Mena, quien permaneció en el cargo hasta 1980, constituyó equipos operativos de su plena confianza y reorganizó los antiguos grupos Halcón de represión al MIR. Una de estas nuevas pandillas, la Brigada Azul, llevó a cabo la ejecución de Augusto Carmona, supervisada por Krassnoff y bajo el probable mando operativo de Provis.
 
Mediante la detención y tortura de tres militantes del MIR, dos de ellos también periodistas, en Villa Grimaldi la CNI obtuvo información que les permitió ubicar el domicilio de Carmona. Este asesinato fue el macabro debut de Mena, ex embajador de la dictadura en Uruguay, y el último operativo contra el MIR del que fue responsable Krassnoff, antes de su destinación a la Academia de Guerra.
 
Los hechos
 
El crimen, que ocurrió bajo estado de sitio y fue presentado como “enfrentamiento” por los medios de comunicación de acuerdo a la versión oficial, fue acogido por el informe Rettig (Comisión de Verdad y Reconciliación, 1991) sobre la base de los testimonios presentados. Ese relato de los vecinos ahora se convirtió en “verdad jurídica”.
 
Los testigos del vecindario reiteraron al tribunal que una veintena de vehículos rodeó la manzana. Los agentes de la policía secreta allanaron el domicilio de Augusto Carmona en Barcelona 2425, San Miguel, y la casa contigua, aproximadamente a las 20.30 horas, disparando desde el interior. Luego ordenaron a los vecinos irse a sus casas y permanecieron esperando al interior del inmueble. Cerca de medianoche dispararon una ráfaga de metralleta en el preciso instante en que Carmona intentaba abrir la puerta de su casa.
 
Los agentes lo ingresaron al interior de la casa arrastrándolo desde la acera. Compareció en el lugar el fiscal militar de turno, que ordenó un informe a los peritos de la Brigada de Homicidios de la Policía de Investigaciones presentes en la escena del crimen. El informe estableció que el cuerpo fue arrastrado y que la pistola portada por Carmona estaba con seguro, por lo tanto era evidente que no hubo un enfrentamiento. Al sitio llegó más tarde el propio director de la CNI, en su vehículo, un Volvo del año, según declaró Juan Arancibia López, uno de sus choferes.
 
Perfil de los criminales
 
Odlanier Mena Salinas fue condenado en 2008 a 6 años por los secuestros de Óscar Ripoll Codoceo, Manuel Donoso y Julio Valenzuela (Caso Caravana de la Muerte, episodio Arica, 1973) y obtuvo salida de fin de semana de viernes a domingo.
 
Miguel Krassnoff cumple condenas efectivas de cárcel por 103 años, sin beneficios hasta ahora. Al igual que Mena, permanece en el penal Cordillera, denominado “siete estrellas” por las comodidades de que disponen. Encabezó la represión al MIR, utilizando tortura, desaparición forzada y técnicas de guerra sicológica.
 
Enrique Sandoval Arancibia fue condenado a 10 años y 1 día como autor de la muerte de Luis Pantaleón Pincheira Llanos, Jaime Alfonso Cuevas Cuevas, Luis Nelson Araneda Loayza, todos ellos militantes del MIR, y Juan Ramón Soto Cerda, socialista en Las Vizcachas (1981), y hasta entonces cumplía en libertad la pena de 5 años por el crimen del niño Carlos Fariña Oyarce, de 13 años.
 
Manuel Provis Carrasco fue condenado a 5 años y un día por los delitos de asociación ilícita, secuestro y posterior homicidio en Uruguay (1995) del químico Eugenio Berríos, ex agente de la dictadura de Augusto Pinochet. También tiene dos condenas a firme que suman 8 años por el asesinato del mayor Gerardo Huber (1992), sin embargo, hasta el mes pasado permanecía en libertad. Fue jefe del disuelto Batallón de Inteligencia del Ejército.
 
José Fuentes Torres, “El cara de santo” o “Marco Cruzat” cumplía en libertad condena a tres años como autor del secuestro de Mireya Pérez Vargas, y está procesado por su participación en la Operación Colombo (caso de Los 119 desaparecidos).
 
Luis René Torres Méndez alias “Negro Mario”, estaba en libertad condicional, procesado por su participación en secuestros en la Operación Colombo, Operación Cóndor y las detenciones de calle Conferencia.
 
Teresa Osorio Navarro, “Chica Tere”, está procesada por Operación Colombo y por calle Conferencia. Libre al momento del procesamiento.
 
Basclay Zapata Reyes, “El Troglo”, cumple condena en Punta Peuco por once secuestros y el homicidio de Lumi Videla. Procesado por Operación Colombo.
 
¿Quien fue Augusto Carmona?: un periodista de trinchera
 
El periodista Augusto Carmona Acevedo, “El Pelao”, para sus amigos y colegas, “Oslo” para sus compañeros del MIR,  fue acribillado por la espalda por efectivos de la Central Nacional de Inteligencia en 1977, cuando tenía 38 años, y dos hijas, de entonces 3 y 12 años. Pero sus seis nietos jamás pudieron conocerlo. La trampa mortal se activó cuando Carmona intentaba ingresar a su casa en el barrio santiaguino de San Miguel, en Santiago de Chile, al atardecer del 7 de diciembre, con el país en dictadura y estado de sitio. Hoy tendría 74 años. 
 
 
Durante el gobierno del Presidente Salvador Allende, en 1973, Carmona había sido elegido jefe de prensa del entonces Canal 9 de TV de la Universidad de Chile, ocupado por sus trabajadores. Fue redactor político del noticiero “NueveDiario” durante diez años. Escribía asimismo en la revista Punto Final y reporteó para ambos medios noticias como la muerte del Ché Guevara en Bolivia, y las luchas obreras y campesinas en Chile, además de cubrir las noticias del Congreso chileno. El año 1973 fue además jefe de prensa de la emisora del MIR, Radio Nacional. Perteneció a una generación de notables periodistas comprometidos con su pueblo, como Augusto Olivares y José Carrasco Tapia, con quienes tuvo gran cercanía.
 
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Augusto Carmona  con Miguel Enríquez
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Luego del golpe militar, dejó atrás el periodismo tradicional para abrazar los riesgos de la lucha de resistencia, pese a que había sido sometido a una compleja operación al corazón. Era miembro del Comité Central del Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR, y de su dirección máxima en Chile. Por sus amplios contactos y su carácter amistoso, y no sectario, era el responsable de las conversaciones del MIR con dirigentes de la izquierda y la democracia cristiana orientadas a crear un frente de resistencia antidictatorial.
 
Periodismo en la clandestinidad
 
El profesional contribuyó decisivamente a la creación de una red de comunicaciones, integrada por periodistas hombres y mujeres, que recogían testimonios de familiares de presos, torturados y desaparecidos cuando imperaba la censura absoluta. Los boletines se enviaban clandestinamente al “Correo de la Resistencia”, en México y las denuncias alimentaban igualmente a El Rebelde, el periódico del MIR. La mayoría de los periodistas de reconocida militancia de izquierda estaban en campos de concentración, habían sido asesinados, estaban cesantes o se habían exiliado. No existía prensa de oposición y todos los periódicos de izquierda habían sido clausurados.
 
La forzosa quietud de la clandestinidad había permitido al “Pelao” asumir junto a su pareja, la también periodista Lucía Sepúlveda, el cuidado y crianza de su hija Eva María, nacida poco después del golpe, a quien prodigaba su ternura y atención. Sus amigos lo describían como “cebollero”, amigo del tango, los boleros y la bohemia. Para el padre, la ausencia de su hija mayor, Alejandra, exiliada en Alemania con su madre, era muy dolorosa.
 
Egresado del Instituto Nacional, junto a amigos de la promoción 1957 como Antonio Skármeta, Grinor Rojo, Douglas Hübner, Manuel Silva, y Raúl Sotomayor, entre otros, el Pelao Carmona egresó de periodismo y bibliotecología en la Universidad de Chile. Luego de ser elegido jefe de la toma de Canal 9, escribió en la revista Punto Final: “La derecha odia a Canal 9 porque damos preferencia a las noticias y posiciones de los diversos sectores del pueblo, atacamos sin clemencia al imperialismo y usamos un lenguaje duro contra la reacción...”
 
Sus padres, del barrio Las Rejas de la capital, fallecieron tempranamente, destrozados por el asesinato del hijo a quien la prensa de la dictadura llamó “terrorista”.
 
Fuente: Mapocho Press


http://alainet.org/active/64022


Documentos Relacionados:
Procesan a los asesinos del periodista Augusto Carmona - Carmona Ernesto [2013-05-16]

Odlanier Rafael Mena Salinas



General del Ejército . Fue el primer jefe de la Central Nacional de Informaciones (CNI), organismo sucesor de la DINA, desmantelada tras el asesinato de Orlando Letelier. Extraditable.
Fuentes: Dónde están hoy los dinos de ayer?    Gladys Díaz, La Tercera, El Mercurio,; Fichas de casos de los detenidos desaparecidos; La Segunda;
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Revista Cosas
ENTREVISTA AL GENERAL (R) ODLANIER MENA, EX DIRECTOR DE LA CNI

"No tengo por qué pedir perdón"


El general que asumió la dirección de la CNI cuando Pinochet resolvió disolver la DINA y pasar a retiro a Manuel Contreras, asegura que en su período no hubo secuestros ni desapariciones. Dice que no le corresponde meter las manos al fuego por lo que haya ocurrido antes o después de él, pero hace fe de que el ex comandante en jefe del Ejército nunca dio una orden para que torturaran o asesinaran a nadie.

Aunque retirado del quehacer público, el general (r) de Ejército Odlanier Mena Salinas, ex director de la CNI, volvió al tapete noticioso con la incorporación de su nombre en la lista de los 38 ex funcionarios del régimen militar "extraditables" que elaboró el juez español Baltasar Garzón.

Aunque él dice desconocer los motivos de esa inclusión, presume que fue porque ese magistrado está investigando a los responsables de la "Operación Cóndor", que se habría desarrollado entre los años 1976 y 1983. Mena señala que tal vez esa operación existió, pero asegura que él nunca vio ni escuchó nada relacionado con ella.

Próximo a cumplir 73 años de vida, se siente aún "un soldado del Ejército chileno" y, como tal, guarda plena lealtad a su institución, al ex comandante en jefe, Augusto Pinochet, y al actual titular de esa rama castrense, Ricardo Izurieta. Hay otro militar con quien tuvo una muy tensa relación, pero de quien casi prefiere no hablar: el general (r) Manuel Contreras, quien dirigió la DINA, el organismo de seguridad que antecedió a la CNI.


Casado desde hace 48 años, tiene tres hijos y 10 nietos. Su hobby es la pesca y siente una atracción especial por el bonsai. Avido lector de libros de historia, novelas y literatura chilena, confiesa que una de las peores cosas que le podría ocurrir es quedar ciego.

–¿Por qué, a su juicio, la detención de Pinochet derivó en este debate sobre los derechos humanos?

–Realmente, el tema de los detenidos desaparecidos, nunca lo hemos dejado de discutir, no obstante que los elementos han quedado muy claramente definidos en todas partes. Y obviamente, con la situación del general Pinochet, nuevamente ha adquirido relevancia.

–¿En qué sentido ha quedado establecido el tema de los desaparecidos?

–En el sentido que creo que en nadie persiste duda de que no están presos, que están detenidos y desaparecidos. No fueron detenidos en una cancha de fútbol y asesinados ahí. Eso fue probablemente producto de cosas locales, hechas por gente muchas veces subalterna, sin el conocimiento de los superiores.



–¿Diría, entonces, que la mayoría de los casos de detenidos desaparecidos están muertos?

–Sí, yo diría que la mayoría hay que suponer que están muertos, después de tanto tiempo. Otros estarán en otra parte, con otra identidad.

–Coincide, básicamente, con la versión de Manuel Contreras Valdebenito, quien dijo que los detenidos desaparecidos están muertos.

–Le rogaría que no me haga coincidir con nadie más que con mis propias expresiones.

–General, el debate sobre ese tema rebota en una etapa de Chile que fue muy conflictiva y en la cual a usted le tocó alguna responsabilidad, como director de la CNI. ¿Cómo fue para usted la experiencia de asumir ese cargo?

–Fue de una responsabilidad muy grande. Asumí el cargo sabiendo el costo que esto me significaba. Me recibí como conductor y no sabía si iba a continuar con los mismos carros o si tenía que separar a algunos en alguna de las bifurcaciones.

–¿Y cómo lo hizo? ¿Tuvo que separar "carros" o no?

–Indudablemente. Creo que fue notorio, en el reconocimiento general de la población, el que se separaron algunos carros.

–¿Había prácticas que usted eliminó?

–No voy a hacer críticas a ningún organismo que me haya antecedido o sucedido.

–¿Pero existió alguna diferencia de métodos de trabajo entre la DINA y la CNI que usted dirigió?

–Sí, hubo diferencias, pero me abstengo de ahondar en eso, porque hay profusa literatura en Chile que habla precisamente sobre ese hecho.

–¿Es común que organismos de inteligencia recluten a gente del enemigo por medio de la tortura?

–No. Eso es desconocer absolutamente el modo en que funcionan los organismos de inteligencia. Si hay un aspecto difícil, es el reclutamiento de personal. La persona a reclutar debe estar muy motivada para que trabaje en un ambiente tan diferente a una persona normal. Muchas veces deben asumir otra personalidad, o quizás un pasado que no existe y que muchas veces es fabricado. El hilo que une estas lealtades es únicamente la fidelidad a una causa. Por eso, es una aberración incorporar a una persona torturada a un organismo de seguridad. ¿Qué seguridad puede darle una persona así?

–Se lo pregunto porque en los libros El Infierno, de Luz Arce, y Mi verdad, de Marcia Merino, ellas cuentan cómo, siendo militantes de izquierda, fueron detenidas y torturadas salvajemente. Luego pasaron a ser analistas de un equipo de la DINA. ¿Usted las conoció?

–Yo supe de esos casos. Y tienen relación con lo que le acabo de decir. ¿Cómo puede pensarse que una persona que ha sido reclutada de una forma tan rara pueda ser confiable? No recuerdo haberlas conocido... pero creo que eran tres casos que estaban afectados por lo mismo.

"no existió ninguna orden"

–¿Cómo responde usted a las acusaciones que se hacen en Londres y España en cuanto a que en Chile se violaron los derechos humanos en forma sistemática por parte de agentes del Estado en esos años?

–Yo digo que es categóricamente falso el que se hayan violado sistemáticamente o que se haya obedecido a una orden de aniquilamiento. Jamás existió ninguna orden. El propio señor Garzón sabe que nunca existió eso. O sea, hubo violación a los derechos humanos –en todas las revoluciones las ha habido, especialmente allá en España–, pero que haya sido una política sistemática del gobierno, lo descarto categóricamente.

–Entonces, ¿por qué considera que usted es una de las 38 personas extraditables que figura en la lista del juez Baltasar Garzón?

–No sé cuáles son los cargos, los desconozco. Presumo que pueda requerirme para indagar información sobre el "Plan Cóndor". Según este juez, ese plan habría tenido su desarrollo entre 1976 y 1983. Yo fui director de la CNI entre 1978 y 1980, o sea, en el medio del período que él señala. Tal vez existió ese plan, pero yo nunca tuve conocimiento de él durante mi gestión de casi tres años. Y presumo que los que me sucedieron en el cargo tampoco tuvieron ninguna participación.

–Si hubo violaciones a los derechos humanos, pero no fueron sistemáticas, como usted dice, ¿cómo fueron?

–Locales, diversas en épocas, en lugares y en distancias. El Partido Socialista particularmente la corriente de Núñez y Escalona, insisten en que se entreguen relaciones de los detenidos desaparecidos y señalan que no descansarán, aunque aparezcan los cuerpos. Pero es muy difícil que aparezcan los cuerpos, porque tendrían que estar todos juntos en alguna parte. Tendría que haberse llevado estadísticas ¿Le parece que alguna autoridad podría aceptar que se hubiese hecho eso sin investigarlo? No. O sea, no tiene destino esta política que persigue el PS, salvo una revancha permanente, un ostentar una bandera de lucha. Yo creo que es absolutamente inmoral usar los derechos humanos como bandera política. Entiendo el dolor de las personas, lo comprendo. Quien ha perdido un familiar, al marido, obviamente que tiene que tener un dolor. Pero generalmente el dolor se internaliza, las personas lo asumen. Ahora, si predomina el deseo de venganza, entonces es una deformidad del dolor o hay una maquinación para mantenerlo así.

–General, cuando usted asumió, había una serie de cuarteles de la DINA que pasaron a la CNI. Siguieron abiertos. ¿A usted le tocó visitar esos lugares y comprobar cuál era el tratamiento a los presos?

–Conocí todo, sí. No eran cárceles todas las instalaciones de la CNI, eran oficinas, eran laboratorios, eran muchas cosas, porque se cambió de rumbo. Hubo un cambio de funciones. El trabajo que yo asumí era de análisis, de inteligencia. Pero sí revisé todas las instalaciones, por supuesto.

–¿Diría que después que usted asumió allí no se cometieron torturas?

–Ninguno de mis subalternos ha sido procesado jamás por problemas de los derechos humanos. Antes habría sido yo procesado, porque era el responsable de la organización.

–Pero igual hay denuncias de violaciones a los derechos humanos en esos años que le tocan a usted. ¿Cómo enfrenta esa situación? ¿Leyó el Informe Rettig?

–No sé si es tan así que me toquen a mí. Sí leí el Informe Rettig. Este, en el libro negro que tengo por ahí, también hace una pequeña declaración: en tal fecha se recibió el fulano de tal y disminuyeron notoriamente los secuestros. No es que disminuyeran, no hubo secuestros ni desapariciones. Pero eso ha quedado como quedan las cosas en la mente de las personas. Una de mis preocupaciones principales fue que no se cometieran abusos y que se actuara en forma absolutamente legal. Por el Informe Rettig supe después de algunos casos que habían ocurrido contemporá-neamente y que yo no conocí en su momento. Recuerdo el caso de un profesor de apellido Alvarez, que llegó detenido y murió en la instalación. Pero este hombre venía con una fractura en el cráneo porque había tenido problemas con Carabineros. Entonces, se hizo un proceso donde todo quedó aclarado.

–O sea, ¿lo que afectó más a la CNI fue la imagen que heredó del organismo anterior (la DINA)?

–Tendrían que contestar las otras personas. Yo asumí mi responsabilidad y le di la orientación que estimé que debía darle a un organismo de este tipo.

el té envenenado

–Usted elude hablar de su antecesor, Manuel Contreras, pero importa mucho saber cuál era su relación con esa persona, con quien llegó a tener una rivalidad tal, que trascendió incluso que él una vez lo intentó envenenar a usted.

–Eso les importará saber a las otras personas, pero a mí no. Yo trato de no establecer ninguna relación. Yo asumí en un momento determinado y di mi orientación a la organización que estaba bajo mi responsabilidad. Acepté responsablemente el puesto, sabiendo el costo que eso iba a tener para mí y para mi familia en el futuro. No estaba en una burbuja.

–Pero ese incidente del envenenamiento usted mismo lo hizo explícito una vez.

–Por supuesto que sí. Cuando hubo una presentación de él (Contreras) a la Corte Suprema, que trajo los resultados que todos estamos viendo, obviamente que creí necesario representarlo, porque fue un hecho de la causa, además está en el proceso.

–¿Y qué sentimientos guarda hacia una persona que trató nada menos que de envenenarlo?

–No tengo sentimientos de venganza.

Aunque Mena se niega a comentar directamente si en el caso del juez Garzón influyó el recurso de revisión que el general (r) Contreras envió a la Corte Suprema, donde señala que él sólo recibía órdenes de Pinochet, meses atrás reaccionó con indignación al conocer el contenido de ese recurso. "Es el broche de oro de su paso funesto por la historia de Chile", dijo entonces.

–Se sabe también que usted colaboró con el gobierno militar en el esclarecimiento del caso Letelier, entregando antecedentes. Eso lo enemistó con Contreras.

–Yo hice lo que me correspondió hacer. Inicialmente nadie sabía quién era el señor Wilson. Cuando determiné que en realidad era Townley, tuve acceso a él, a través de los medios correspondientes, y determiné que existía la posibilidad de que se hubiese cometido delito, hice lo que me correspondía: di cuenta a la justicia militar y al presidente de la República (Pinochet). Fue el presidente y comandante en jefe del Ejército quien dispuso que estos antecedentes pasaran a la justicia militar.

–¿Eso ocurrió antes o después de haber asumido usted en la CNI?

–Por supuesto que fue después. Al mes de haber asumido.

–Se lo pregunto porque la imagen de Contreras ya era difícil desde antes frente al general Pinochet. De hecho él lo sacó del puesto porque había una serie de acusaciones que recomendaban el cambio.

–Yo creo que ése es un elemento bastante valioso que cualquiera puede inferir. Si en un momento determinado a la cabeza de un organismo había una persona y se puso a una persona públicamente diferente, distinta, opuesta, por no decir antagónica a la anterior, quiere decir que hubo un propósito de hacerlo. No escapaba al conocimiento de mi general Pinochet cuál era la situación con respecto al antecesor.

–¿Qué pasó después de todos estos años con la gente que trabajó en los servicios de seguridad? ¿Dónde están? ¿Qué hacen hoy?

–No sé. Muchas veces me encuentro con muchos de ellos por ahí por las calles, con trabajos o dedicados a otras cosas, no en la Oficina del Espía, ésa que se cerró el año pasado, sino que trabajos normales.

–¿Se han reinsertado en la sociedad civil?

–Los que yo conozco están bien. Recién estuve en contacto por teléfono con uno de mis ex agentes, por así decirlo, y me saludó con mucho agrado.

–¿No están algunos de ellos asustados por las posibles reaperturas de procesos?

–De las personas que yo conocí y con las que trabajé, ninguna diría yo.

–¿Qué salida ve al tema de los derechos humanos?

–Mire, yo creo que ese tema se ha mantenido exacerbado por espíritu de revanchismo por un montón de personas que lo utilizan como bandera política. Eso es muy inmoral. ¿En algún momento esas personas piensan que puede haber concordia y paz en este país, si no hay olvido o no hay –si usted quiere– perdón? ¿En algún momento piensan que puede haber? No creo. Porque si las cosas se ponen como las dice el señor Núñez, muy irresponsablemente, en el sentido de que no basta con que aparezcan todos los cadáveres, sino que debe haber justicia, ¿cuándo piensa él que puede haber paz en Chile? ¿Cuándo supone que podemos ser una nación unitaria y civilizada? Nunca. Porque no hay solución a estas cosas. Los procesos pueden quedar abiertos, seguramente van a quedar abiertos, ¿pero es lógico que permanentemente se esté hablando sobre esos procesos? ¿Cómo piensan gobernar el país, si es que ganan las elecciones?

–Quizás ayudaría el reconocer los excesos que se puedan haber cometido en materia de violaciones a los derechos humanos.

–Pero si ya lo expresaron, con una claridad meridiana, el general Pinochet y el general Izurieta. Hace poco, el almirante Arancibia también dijo: ‘Yo reconozco y pido disculpas por mis errores, pero no como institución, mi institución no cometió errores’.

–Cuesta creer que los superiores de una institución no supieran lo que estaban haciendo sus subalternos, más aún en instituciones militares, jerarquizadas, en que se llevan registro diario de quién entra y sale de un cuartel.

–Yo no sé si es tan así o no la cosa. Pero le insisto: con la filosofía de los señores Escalona y Núñez, ¿tendremos alguna vez unidad?

no cabe pedir perdón

–¿Usted piensa que no cabe pedir perdón?

–Pero por ningún motivo, si las instituciones no fueron responsables.

–¿Y en lo personal?

–No tengo por qué, en mi período no hubo secuestros ni desapariciones.

–Usted podrá dar fe del período suyo, ¿pero pondría las manos al fuego por períodos anteriores?

–No tengo por qué hacerlo. No es mi papel.

–Los militares argentinos comprometidos en abusos a los derechos humanos se han atrevido a declarar. ¿Por qué no sucede aquí lo mismo?

–Porque las características de las instituciones armadas son completamente distintas de un país a otro. Ellos se han visto en la necesidad de declarar por factores que ellos sabrán. Pero el fenómeno que se dio en el Ejército argentino con los "carapintadas", aquí no se daría nunca. Precisamente porque somos distintos.

–El general Martín Balza pidió perdón al pueblo argentino por los abusos cometidos. ¿Por qué el general Pinochet no ha hecho lo mismo?

–Primero, porque no se siente responsable y yo creo que no es responsable. No olvide que fui tres años director de la CNI, inmediatamente después de Contreras. Y segundo, aunque el general Pinochet tuviera ese gesto, no llegaría la reconciliación, porque como le dije anteriormente, el senador Núñez dijo que ni aunque aparecieran los cadáveres aquí habrá paz.

–¿Se equivocó, entonces, el general Pinochet cuando dijo que en Chile no se movía una hoja sin que él lo supiera?

–Yo no creo que él se equivocó al decirla. Sí creo que esa frase fue distorsionada. Un presidente conoce lo que pasa en el país, pero es imposible que conozca todos los detalles, ello es humanamente imposible. El general Pinochet no sabía todo lo que pasaba en Chile, no conocía todos los detalles. El general Pinochet nunca, y hago fe, ha dado una orden para que torturen ni asesinen a nadie.

–A propósito de la detención de Pinochet, el general Garín dijo que si no lo liberaban podrían producirse desórdenes, no descartando una insubordinación militar. ¿Qué cree usted?

–Yo no hago comentarios sobre lo que han dicho otros generales.

–¿Y qué piensa usted que puede pasar en el Ejército si no liberan a Pinochet?

–Habrá una profunda frustración, que no la quitará el paso del tiempo, porque habríamos visto que han predominado sobre los intereses del país, intereses sectoriales, de pequeños grupos, en quienes ha predominado el odio, la revancha, la venganza.

–¿Usted cree que se puede producir algún movimiento al interior del Ejército?

–No, las Fuerzas Armadas son absolutamente disciplinadas. Claro que todos los materiales tienen cierta capacidad de resistencia y, por muy fuertes que sean, llegan a un punto de quiebre, debido a la presión que han soportado. Por eso es peligroso que se siga promoviendo el odio, que se siga denostando, acosando.

–Usted presidió un organismo como la CNI que fue vinculado siempre a la DINA. Un slogan de la izquierda era: ‘DINA-CNI asesinos del país’. ¿Se ha arrepentido alguna vez de haber ejercido ese cargo?

–No, no me arrepentí y por los fundamentos que el general Pinochet me dio al ofrecerme el cargo, siendo yo embajador en Uruguay, encontré que era patriótico recibirlo.

–¿En algún momento le dolió algo que pudo haber ocurrido por su responsabilidad en ese cargo?

–En términos generales, creo que no. Estoy orgulloso del trabajo que realicé, creo que era necesario y creo que hice todo lo que pude hacer en beneficio del país, y yo creo que en beneficio de la democracia. Incluso mucho más de lo que muchos demócratas hablan por ahí, porque lo hice personalmente, con riesgo personal.

–¿Tuvo costos personales, con su familia, su esposa, o sus hijos?

–No, somos una familia muy unida.

–En estos días hemos visto el caso del hijo de Manuel Contreras que muestra otra cara de este drama. El reconoció que los desaparecidos están muertos y eso lo enemistó con su padre.

–Yo tengo la suerte de tener una familia muy unida.

 


El Mostrador
Jueves 21 de Junio 
Odlanier Mena admitió que militares exhumaron cuerpos
Quien fuera director de la Central Nacional de Informaciones (CNI), general (R) Odlanier Mena, admitió que durante 1978 hubo una operación militar para exhumar restos de ejecutados políticos en todo el país y dejarlos en otros lugares.  El ex uniformado dijo a TVN que los comandantes de las unidades militares debían hacer un informe de los cementerios ilegales que existían en su jurisdicción y desenterrar los cuerpos.  "Los comandantes en jefe resolvieron que las unidades hicieran un catastro de los posibles cementerios ilegales que hubiera en cada zona, con objeto de saber qué personas podían estar sepultadas y cómo resolver a futuro el problema de la entrega de estos cuerpos", explicó.
En tanto, la vicepresidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), Mireya García, sostuvo que Mena debe entregar toda la información que posee sobre esas exhumaciones a los tribunales. Asimismo, criticó a la Mesa de Diálogo porque esta información no fue entregada, debido a que en ella se encuentran datos importantes para conocer la ubicación de los detenidos desaparecidos

La Nacion
31 de marzo 2004
Procesan a ex director de la CNI
Por su responsabilidad en la muerte de tres dirigentes socialistas en Arica, en 1973, fue procesado el ex director de la disuelta CNI, general (r) Odlanier Mena, resolución que fue adoptada por el ministro de fuero, Juan Guzmán Tapia.
De acuerdo al magistrado, hay suficientes méritos para responsabilizar al militar en retiro por la muerte de Óscar Ripoll Codoceo, Manuel Donoso y Julio Valenzuela, quienes fueron detenidos 9 de octubre de 1973 y perecieron el 20 de ese mismo mes, en un misterioso accidente de un vehículo militar en la Primera Región.
El magistrado determinó su muerte estuvo enmarcada en una operación de encubrimiento que creó el entonces comandante del regimiento Rancagua, Odlanier Mena.
Según reza el informe Rettig, el 9 de octubre de 1973 las tres personas fueron llevados al Regimiento "Rancagua" de la ciudad de Arica, lugar en el cual permanecieron detenidos e incomunicados hasta el 18 de octubre. Se estima que ese día fueron trasladados al cuartel de Investigaciones, y desde allí sacados en la madrugada del 20 de octubre por personal militar para ser trasladados a Pisagua.
Los antecedentes recogidos por el sitio www.memoriaviva.cl indican que en la “prensa de Arica apareció una información entregada por la Jefatura Militar que decía: Comisión Militar que viajaba en dirección a Pisagua trasladando detenidos sufrió accidente presumiblemente por fallas mecánicas del vehículo, lo que provocó su volcamiento. El hecho ocurrió a 40 kilómetros al Sur de Arica y en él perecieron todos sus ocupantes. La nómina de los fallecidos es la siguiente: Cabo 1º. Humberto Villalobos López; Soldado 1º. José Martínez Albarracín, Oscar Ripoll, Waldo Sankán, Julio Valenzuela y Manuel Donoso".
Pero eso no es todo, pues al día siguiente se informó que después de la operación rescate "se pudo establecer que entre los muertos no figuraba el detenido Waldo Sankán, quien, presumiblemente, huyó del lugar, hecho que en la misma tarde del día del accidente, quedó comprobado, al presentarse voluntariamente el detenido Sankán a las autoridades militares. Que a través de la declaración de Sankán se ha podido configurar que el accidente se habría debido a fallas mecánicas, no pudiendo impedir el conductor la caída a una quebrada".
La comisión de Verdad y Reconciliación estimó que estas personas habían sido acusadas, a través de la prensa, de estar involucrados en el "siniestro Plan Zeta que iba a ser ejecutado en Arica por una organización para militar del ex Partido Socialista denominada AGP (Agitación y Propaganda)" y justamente esta condición propicio que el “20 de octubre de 1973 en un vehículo tipo station llevara al grupo con la vista vendada y las manos amarradas. Luego de haber recorrido cuarenta kilómetros hacia el sur el vehículo se detuvo, bajándose los conductores y permaneciendo los civiles en su interior. Los primeros empujaron el auto hasta precipitarlo en un barranco, donde encontraron la muerte los detenidos, salvo Sankán que salvó milagrosamente”.
En el proceso del juez Guzmán consta que Mena negó toda participación en los hechos y más aún insistió en la tesis de la fuga como explicación de las tres muertes.
Odlanier Mena saltó a la palestra pública por haber repetido, en un par de entrevistas, que las Fuerzas Armadas ordenaron en 1978 que se recopilara antecedentes sobre los detenidos desaparecidos, aunque dijo desconocer el resultado de esas investigaciones. “La función de la CNI fue colaborar con la búsqueda de antecedentes, pero cuando asumí no había archivos, por razones de todos conocidas” (conflictos con su antecesor, Manuel Contreras), dijo Mena a La Segunda hace un tiempo atrás.

El Mercurio
4 de Mayo 2004
Juez Guzmán procesa a ex director de la DINA
El ministro de fuero Juan Guzmán Tapia sometió a proceso al ex director de la Central Nacional de Inteligencia (CNI), general (r) Odlanier Mena, y ordenó su arresto domiciliario, por su presunta responsabilidad en el asesinato de tres dirigentes socialistas en 1973, en Arica, en el marco de la llamada "Caravana de la Muerte".
De acuerdo a la investigación que sustancia el magistrado, hay suficientes méritos para responsabilizar al ex uniformado por la muerte de Oscar Ripoll, Manuel Donoso y Julio Valenzuela, quienes fueron secuestrados el 9 de octubre de 1973 y fallecieron el 20 de ese mismo mes, en un supuesto accidente de un vehículo militar.
El juez Guzmán determinó que esas muertes estuvieron enmarcadas en una operación de encubrimiento que creó el entonces comandante del regimiento de Rancagua, Odlanier Mena.
La versión oficial señaló que producto de un "accidente" del automóvil en que eran trasladados los secuestrados, murieron todos sus ocupantes.
En la nómina de fallecidos figura el cabo primero Humberto Villalobos, el soldado José Martínez Albarracín y los civiles Oscar Ripoll, Waldo Sankán, Julio Valenzuela y Manuel Donoso.
Al día siguiente, la versión oficial sostuvo que Sankán no estaba entre los muertos y que huyó del lugar, tras lo cual se presentó detenido, y declaró supuestamente que el accidente se debió a unas fallas mecánicas.
El informe Rettig estableció que el 20 de octubre de 1973 fueron llevados con la vista vendada y las manos amarradas. El vehículo recorrió 40 kilómetros hasta un punto en que los conductores descendieron y empujaron al rodado a un barranco. Todos los ocupantes murieron, salvo Sankán.
En el proceso a cargo de Guzmán consta que Mena negó toda participación en los hechos y, más aún, insistió en la tesis de la fuga como explicación de las tres muertes, según informó la agencia ANSA.

El Mostrador
24 de Mayo 2004
DDHH: Aumentan cargos contra general (R) Odlanier Mena
La Corte de Apelaciones de Santiago aumentó los cargos contra el ex director de la disuelta Central Nacional de Inteligencia (CNI) el general (R) Odlanier Mena, desde encubridor a autor del delito de homicidio contra Oscar Ripoll, Julio Valenzuela y Manuel Donoso.
La unánime decisión de la quinta sala del tribunal de alzada se debe a la responsabilidad del uniformado en la suerte que corrieron los mencionados profesionales, militantes del Partido Socialista, detenidos el día 9 de octubre de 1973 y ejecutados en Pisagua.
Además, la instancia procesó de oficio como autor de estos tres homicidios al responsable de la llamada “Caravana de la muerte”, el general (R) Sergio Arellano Stark.

La Nacion
25 de Mayo 2004
Develan el último episodio de la Caravana de la Muerte
Por unanimidad, los tres miembros de la sala también encausaron por este episodio en calidad de autor al ex jefe de la CNI, general (R) Odlanier Mena, que a esa fecha era comandante del Regimiento Rancagua en Arica con el grado de coronel. El ministro Juan Guzmán, quien instruye el proceso Caravana de la Muerte, procesó a Mena en abril sólo en calidad de encubridor y resolvió no procesar a Arellano, lo que la corte resolvió ayer de oficio.
El paso por Arica de la caravana fue permanentemente ocultado en el proceso por Arellano y sus hombres, alterando fechas del itinerario de vuelo del helicóptero Puma que los trasladó al norte y al sur de país y con declaraciones distractivas.
Los crímenes de Oscar Ripoll Codoceo, Julio Valenzuela Bastías y Manuel Donoso Doñobeitía, ocurridos en la madrugada del 20 de octubre de 1973, fueron presentados por Mena, que además era jefe militar en Arica, como “un accidente”. Un bando informó que las muertes ocurrieron en forma casual al desbarrancarse un vehículo militar que transportaba a los detenidos desde Arica a Pisagua.
Sin embargo, de los antecedentes del proceso se establece que el general (R) Mena siempre supo que Arellano fue quien tuvo participación en estos homicidios. En un reciente informe del Servicio Médico Legal sobre el estado de salud mental de Mena calificado como “satisfactorio”, la siquiatra sostuvo que “dice estar bien de ánimo, pero preocupado porque al paso del general Sergio Arellano por Arica en 1973, murieron tres jóvenes socialistas sin su conocimiento”.
Quien ayer no pudo alegar ante la corte a favor de su cliente, el general (R) Odlanier Mena, fue el ex fiscal y auditor del Ejército, general (R) Fernando Torres Silva. A Torres le está prohibido interceder como abogado en cualquier causa hasta que no cumpla su condena de 2 años y dos meses de presidio, aunque remitido, que le fue impuesta en calidad de encubridor en el proceso por el asesinato de Tucapel Jiménez.
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La Nacion
17 de Agosto 2007
Diez años para ex jefe CNI por triple homicidio
A diez años y un día de presidio fue condenado por la Séptima Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago el ex jefe de la CNI, general (R) Odlanier Mena Salinas, como autor de triple homicidio de tres dirigentes socialistas.
Los crímenes fueron cometidos el 19 de octubre de 1973 en Arica, cuando Mena era coronel y comandante del regimiento Rancagua.
Ese día, los dirigentes del PS, Oscar Ripoll Codoceo, Julio Valenzuela Bastías y Manuel Donoso Doñobeitía, fueron sacados del cuartel donde estaban detenidos y trasladados hasta la cuesta Chacra, donde son asesinados a tiros por los suboficiales de ese regimiento René Bravo Llanos y Luis Carrera Bravo. Ambos también sentenciados a diez años y un día de presidio.
El hecho se encubrió como un accidente, para lo cual los suboficiales desbarrancaron el vehículo con los cuerpos adentro ya sin vida. Oficialmente el entonces coronel Mena, además juez militar de Arica, informó que los tres dirigentes murieron al caer a un barranco el vehículo en que eran conducidos, accidente en el cual también murieron, según la versión, dos cabos de ese cuartel, lo que resultó falso.
Esta es la primera condena en contra del ex jefe de la CNI que deberá cumplir en prisión, a no ser que ahora la Sala Penal de la Corte Suprema, actuando como instancia de casación, le rebaje la pena o le conceda otros beneficios.
Estos sucesos fueron investigados como el episodio Arica de la Caravana de la Muerte, dado que la fecha del crimen coincide con la estadía en Iquique, Pisagua y Arica del general Sergio Arellano Stark y su comitiva.
Derrota de Montiglio
Al dictar las condenas, por unanimidad la Séptima Sala revocó la amnistía que el juez Víctor Montiglio había concedido a Mena, Bravo y Carrera en su sentencia de primera instancia. En su fallo Montiglio también absolvió al general (R) Sergio Arellano, absolución que la corte mantuvo, aunque ya está condenado por otros crímenes de la caravana.
En su resolución los ministros Dobra Lusic y Raúl Rocha, y el abogado integrante Benito Mauritz, establecieron que no corresponde aplicar la amnistía ni la prescripción de la acción penal, porque de acuerdo a la legislación penal internacional se trata de delitos de lesa humanidad que no pueden amnistiarse ni prescriben.
Estos magistrados sostienen que "como ha sido permanentemente reconocido por la Corte Suprema en diferentes pronunciamientos", el Estado de Chile está obligado a perseguir los delitos cometidos durante la pasada dictadura, porque así lo
demanda la legislación penal internacional que protege los derechos humanos, y los tratados que con ese objetivo Chile ha firmado y ratificado.
Confirmando que en este caso no se trata de simples homicidios, sino de delitos en contra de la humanidad, los ministros afirmaron que "en la comisión de estos ilícitos actuaron agentes del Estado cuyas conductas estuvieron motivadas por razones de persecución política, formando parte de un ataque generalizado y sistemático en contra de la población civil para dar muerte e infundir terror a
parte de ella".
Los magistrados manifestaron que Chile está obligado, incluso por su Constitución Política (artículo 5º inciso 2º), a hacer aplicable el derecho penal internacional y sus tratados por encima la legislación nacional, aún cuando Chile no haya ratificado algunos de ellos, como es el caso de la Convención sobre Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de Lesa
Humanidad de 1968.
Suprema dicta condena por episodio Arica de Caravana de la Muerte
Odlanier Mena, Julio Valenzuela, Luis Carrera enfrentan una pena de seis años de presidio por tres homicidios, mientras que Sergio Arellano Stark fue absuelto por falta de participación en los hechos.
Con penas máximas de seis años de presidio, la Corte Suprema dio por cerrado el caso por los crímenes de la Caravana de la Muerte en su paso por Arica al dictar hoy condenas en contra de tres ex uniformados.
La Sala Penal del tribunal se pronunció en fallo dividido por r los homicidios de Óscar Ripoll Codoceo, Julio Valenzuela Bastías y Manuel Donoso Doñabeitía, ocurridos el 20 de octubre de 1973, en la ciudad de Arica.
Los ministros Nibaldo Segura, Jaime Rodríguez, Rubén Ballesteros, Hugo Dolmestch y Carlos Künsemüller, aplicaron las siguientes penas:
- Odlanier Mena Salinas: 6 años de presidio por su responsabilidad como autor de tres homicidios.
- Rene Bravo Llanos: 6 años de presidio por su responsabilidad como autor de tres homicidios.
- Luis Carrera Bravo. 6 años de presidio por su responsabilidad como autor de tres homicidios.
- Sergio Arellano Stark: Absuelto por falta de participación.
Los jueces  Rodríguez,  Dolmestch y  Künsemüller fueron partidarios de dictar condena, acogiendo el recurso de casación presentado en contra de la sentencia de la Corte de Apelaciones de Santiago (rol 7668-2006) que había establecido penas de 10 años para los tres condenados.
Mientras que Segura y Rubén Ballesteros se manifestaron por absolver a los tres condenados, aplicando el principio de la prescripción de la acción penal.
En la parte civil se rechazó la demanda en contra del Fisco de Chile con el voto en contra de los ministros Dolmestch y Künsemüller, quienes eran partidarios de conceder el pago.
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 Cooperativa.cl 
Sábado 10 de enero de 2009   
General (r) Odlanier Mena comenzó a cumplir su pena de cárcel
La noche del viernes ingresó al Hospital Penitenciario el general en retiro del Ejército Odlanier Mena Salinas, condenado a seis años de presidio por su participación en el asesinato de tres militantes socialistas en 1973, durante el paso por Arica de la llamada Caravana de la Muerte.
Mena era el único otrora jefe de los servicios de seguridad de la dictadura de Augusto Pinochet que estaba en libertad, pues todos los otros oficiales que ocuparon las direcciones de la DINA y la CNI han sido sentenciados por violaciones a los derechos humanos.
El ingreso al recinto hospitalario penal se debe a las complicaciones cardíacas que presenta, pero que lo mantendrán internado sólo durante el fin de semana, para luego ser derivado al penal de Punta Peuco.
El juez Víctor Montiglio, quien instruyó la causa dictando la amnistía, revocada luego por la Corte Suprema, enfatizó que ahora Mena debe someterse a la institucionalidad penal y el lugar de reclusión "lo tiene que decidir Gendarmería".
Mena Salinas fue detenido en la Región de Valparaíso el pasado viernes, cuando estaba en compañía de familiares, en una diligencia que no encontró resistencia de parte del condenado o sus cercanos.
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La Nacion
10 de Marzo 2011

Odlanier Mena, general (r) y ex director de la CNI: la historia tras la polémica de los indultos a militares
Si bien la posibilidad de otorgar beneficios penitenciarios a personas mayores de 80 años, sin presidio perpetuo y enfermos terminales fue excluida del paquete de medidas con que el gobierno pretende dar solución a la crisis carcelaria, por no contar con el respaldo político de la oposición según se explicó, ayer el Presidente Sebastián Piñera abrió la puerta a que el tema se discuta en el Parlamento.
Al hacerlo, en la última estación de su extensa gira por Medio Oriente y Europa, en la Universidad de Alcalá en Madrid, también puso sobre la mesa la eventualidad de que posibles indultos carcelarios sean otorgados a militares en retiro condenados por crímenes cometidos durante el Régimen Militar.
“Eso es algo que vamos a explorar con todas las fuerzas políticas del país, y por supuesto en esta materia, cuando se habla de razones humanitarias, no se debe hacer ninguna distinción cuando se habla de civiles o militares, son todos seres humanos, todos sujetos de razones humanitarias”, dijo.
La reacción del mandatario se dio en medio de la molestia pública que varios parlamentarios del oficialismo plantearon por la eliminación de esta medida, que estaba dentro del plan original presentado por el ministro de Justicia Felipe Bulnes a La Moneda y que fue excluida por las críticas de la Concertación, que vertió incluso antes de la oficialización de las medidas, que rechaza cualquier tipo de indulto a condenados por delitos de lesa humanidad.
En este contexto el nombre del general de brigada (R), Odlanier Mena Salinas, primer director de la Central Nacional de Informaciones (CNI) -por 2 años y ocho meses entre 1977 y 1980- de 85 años, preso actualmente en el penal Cordillera, adquiere relevancia. Esto, por ser el único militar condenado que puede acogerse a la polémica medida descartada por el gobierno.
De hecho ayer algunos sectores de la Coalición por el Cambio solicitaron al gobierno estudiar bien el caso del militar. Aunque sin nombrarlo, el secretario general de RN, Mario Desbordes, sostuvo que “hay personas que no deberían estar encarcelados al igual que (Manuel) Contreras, (Pedro) Espinoza (ex DINA) y otros que nuestro país debe dejar en la cárcel, pero si se tiene que analizar casos particulares donde al parecer podría haber un trato distinto”.
ARICA- PANAMÁ- URUGUAY- Y LA CNISu paso como comandante del Regimiento Rancagua del Ejército en Arica (1973-1974), más que su labor al frente de la CNI, le pasó la cuenta a Mena (llamado Odlanier por una extravagancia de su padre: es Reinaldo al revés).
El asesinato de tres militantes socialistas (en octubre de 1973) en aquella ciudad, donde el militar además cumplía funciones como jefe de zona en Estado de Sitio, lo tienen hoy cumpliendo una condena de seis años.
Quienes conocen el caso, sostienen que la sentencia se debe a las “responsabilidades del mando” que le caben en el hecho.
La historia del alto militar, sin ser un defensor de los DD.HH, sin embrago, lo pone en las antípodas de otros personajes que tuvieron responsabilidades en el aparato represivo del gobierno de Augusto Pinochet.
Primero, por su histórico enfrentamiento con el general Contreras y la DINA a mediados de los 70’. Esto, principalmente, por los métodos poco ortodoxos (basados en la tortura y en el exterminio físico de la oposición al régimen) que el servicio creado por el “Mamo” empleaba para realizar tareas de Inteligencia, que a Mena (un experto en el área con estudios en Chile y la Escuela de las Américas en Panamá, del Ejército de los EE.UU) rechazaba de plano. Eso, según Mena, era la “aberración de la Inteligencia”.
Desde la jefatura de la Dirección de Inteligencia del Ejército (que encabezó entre 1974 y 1975) se mostró crítico del trabajo de Contreras incluso ante el propio Pinochet. La pugna duró poco, en septiembre del 75’, y tras un decreto-ley que subordinaba todos los servicios de Inteligencia bajo la jurisdicción de la DINA- Mena pidió el retiro del Ejército, 7 meses después de haber ascendido a general de brigada.
El premio de consolación (Pinochet era conocido por no dejar a “nadie botado) fue la embajada chilena ante Panamá (1976). Después vendría otra labor diplomática, también como embajador, en Uruguay (1977).
Ese año y tras la presión que el gobierno norteamericano ejercía por el caso Letelier, -los nexos de la DINA y Contreras en el crimen eran notorios- Pinochet decidió reformular los servicios de Inteligencia, para lo que llamó a Mena: sería el director de la CNI, el organismo que reemplazaría a la DINA.
Según el Informe Rettig (página 978) durante la gestión de Mena, “entre noviembre de 1977 y mediados de 1980, este organismo se orientó más hacia las tareas de inteligencia política que las de represión. El número de casos de graves violaciones a los DD.HH. con resultado de muerte bajó drásticamente”.
Según las cifras de esta instancia, las víctimas pasaron de 329 (en 1974), 121 (1975) 148 (1976) y 35 (1977) a 17 (1978), 14 (1979) y 15 (1980). Estas cifras también incluyen la acción de las ramas de las FF.AA y de Orden.
LA SOMBRA DE CONTRERASQuizá por esto es que Contreras, según la confesión en 1992 de uno de sus más mortíferos agentes, el norteamericano Michael Townley, le quiso hacer pagar la cuenta. Para esto ordenó a Eugenio Berríos, el químico de la DINA, que preparara una bacteria (toxina botulínica) para asesinar al director de la CNI. La idea era hacerlo pasar como una “muerte natural”.
El agente tóxico sería introducido en el té que el general gustaba de tomar en abundancia. Sería esto lo que, según Mena, lo salvó de la muerte, ya que el día en que bebió la toxina ya había tomado varias tasas lo que habría anulado el efecto del veneno.
Sin embargo la sobra de Contreras (y de otros sectores del régimen que pedían más “mano dura” contra la subversión) persiguieron a Mena hasta el final de su gestión. La muerte, el 15 de julio de 1980, del teniente coronel Roger Vergara Campos, director de la Escuela de Inteligencia del Ejército, en un atentado perpetrado por el MIR, marcaría el fin de su etapa al frente de la CNI.
Según se especuló en su momento, el asesinato fue parte de una operación de inteligencia en la que intervinieron ex DINA. Vergara era un blanco que no estaba dentro de los planes del MIR, debido elevado cargo. Se dice que hubo un error en la identificación del blanco (la idea era asesinar a un ex torturador de Villa Grimaldi) que fue obra o de un ex agente de Contreras o de un infiltrado al interior del MIR que respondía a ese sector.
Lo cierto es que Mena renunció y la CNI, tal como la había concebido, fue descabezada. Asumió, el general Humberto Gordón que intensificó la lucha antisubversiva. Fue una victoria de los “halcones” del gobierno, Contreras incluido.
La siguiente misión de Mena fue Paraguay, entre 1983 y 1985 fue embajador ante el gobierno de Alfredo Stroessner. Se sabía, Pinochet nunca dejaba a nadie botado.
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La Segunda
22 de Septiembre 2012
Las memorias del general (R) Odlanier Mena: Ex jefe de la CNI escribe un libro con su historia
A los 86 años, cumple condena en el penal Cordillera por la responsabilidad de mando que tuvo en Arica, cuando fueron fusilados tres militantes socialistas el 20 de octubre de 1973. Haciendo uso del beneficio de salida de fin de semana, se reunió con este diario.
El hombre que se pone de pie y saluda se ve distinguido. No es su tez aceitunada y su casi ninguna arruga; no es su campera de fin de semana, ni siquiera el bastón. Son su estatura y su manera de hablar educada, descriptiva, anecdótica, sin lamento.
Pide que nos sentemos justo frente a él, porque algo ayuda el aparato que lleva en uno de sus oídos, pero igual no escucha bien y quiere seguir el diálogo por el movimiento de nuestros labios.
Nadie que lo viera diría que ese hombre está condenado desde el 2009 y se ha convertido, a sus 86 años, en el preso más anciano de Chile.
El hombre que está frente a nosotros es el general de brigada (R) Odlanier Mena Salinas, el primer jefe que tuvo la CNI cuando el general Augusto Pinochet disolvió la DINA, en 1977, y le encargó la más difícil misión: averiguar si Manuel Contreras había participado en el asesinato del ex canciller Orlando Letelier.
Fue el peor de los ofrecimientos, justo cuando se instalaba como embajador en Uruguay y comenzaba a establecer lazos con interesantes e influyentes personajes de la sociedad uruguaya, ya convertido en civil.
Se había retirado del Ejército en septiembre de 1975 -siendo jefe de la Dirección de Inteligencia Militar (DINE) y después de haber discrepado públicamente de los métodos del jefe de la DINA-, cuando un decreto-ley dejó subordinados todos los servicios de inteligencia (incluyendo, lógicamente, el que él dirigía) al "Mamo" Contreras.
El 11 de septiembre de 1973 se encontraba al mando del Regimiento Rancagua, en Arica. Por esos días, Odlanier Mena tenía un grave problema: organizar la defensa de la ciudad ante la inminente invasión de los peruanos.
El 9 de enero de 2009, jubilado, lo detuvieron en el balneario de Maitencillo. Fue condenado a seis años de presidio, como autor de muerte por fusilamiento de tres militantes socialistas, hecho ocurrido en la noche del 20 de octubre de 1973, en las cercanías de Arica. No se le acusó de haber ordenado que se les fusilara, sino de responsabilidad de mando, por el cargo que ocupaba. En realidad, casi nadie supo de ese hecho hasta el Informe Rettig. Ahí se enteraron él y los tribunales.
Desde el año pasado tiene el beneficio de salida de fin de semana, oportunidad que aprovechamos para conversar con él en un café de Apoquindo, en dos citas de dos horas cada una, tiempo en que nos anticipó episodios notables, que promete contar en detalle en sus Memorias, libro que está a punto de concluir.
La última imagen que tenemos de él es haciendo parar un taxi, erguido.
1 Su compañero de celda, el brigadier (R) Pedro Espinoza: "El me ha ayudado muchísimo a vivir"
"Después de estar 10 días detenido en un calabozo del Hospital de Gendarmería, sorpresivamente me llevaron al Penal Cordillera.
Tomaron mis cosas y me dijeron 'aquí a va estar usted: en la cabaña número 4'.
De manera que desde el año 2009 soy habitante de la cabaña número 4, que comparto con Pedro Espinoza Bravo. Con él había tenido un altercado muy serio cuando fui director de la CNI, porque me insultó gravemente a la salida de la oficina del Jefe de Estado Mayor. Esa había sido la única relación que tuve con él, pero, cuando llegué al penal Cordillera, tuvo la gentileza de esperarme en la puerta de la cabaña.
Me dijo: "Mi general, espero que olvidemos todo lo pasado, porque vamos a convivir". Le contesté: "Yo tengo la mejor opinión tuya Pedro, curiosamente, porque tengo antecedentes tuyos". Por supuesto que estaba informado, no solamente de él.
Hemos tenido una relación extraordinaria. El me ha ayudado muchísimo a vivir, porque tengo un problema vascular bastante severo, junto con bronquitis obstructiva y asma, y a veces no me llega oxigenación y deben ponerme mascarilla de oxígeno, y me ponen corticoides a la vena y medicamentos para dilatarme los vasos pulmonares. Pedro me ayuda, así como muchas veces toca él el botón de pánico para que acuda el equipo médico, que se ha portado muy bien conmigo.
Y se ha convertido en un gran amigo. Me ha enseñado muchas cosas y ha creado un sistema de apoyo para las cosas cotidianas que yo no tenía antes. Lo mejor de todo es que tenemos momentos de conversación muy fructíferos.
Yo creo que él toleró que se hicieran cosas en la DINA. Me dice que en realidad formaba parte de un sistema y no se podía salir de él. Yo estoy convencido, y se lo dije a él, que si hubiese sido subalterno mío no estaría preso. Porque yo no tengo ningún subalterno procesado, fuera de dos humildes cabos que fueron culpados junto a mí por el juez Guzmán".
2 Su vecino, el "Mamo" Contreras: "Le dije: Contigo olvidar, ¡jamás! Le hiciste mucho daño al país"
"Cuando llegué al penal Cordillera, Manuel Contreras hacía como si yo fuera invisible, o cruzaba y no me saludaba.
En una oportunidad se me acercó y me pidió una entrevista. Le dije a Pedro Espinoza que estuviera presente, porque con él no es posible confiarse para nada, ¡para nada! Entonces me dijo: "Mire, mi general, vamos a estar juntos quizás cuanto tiempo, podríamos olvidar estas cosas...".
Le respondí que no: "Contigo olvidar, jamás. Porque tú no solamente le hiciste daño a la DINA, a la inteligencia militar, porque le diste un carácter imbécil que nunca debió haber tenido, y enseguida le hiciste mucho daño al país. Y tú conseguiste calificar al gobierno militar como abusador de los derechos humanos, habiéndose levantado una obra gigantesca con el general Pinochet. El responsable de esos abusos has sido tú, directamente. De manera que no. Nos saludaremos, pero nada más que eso".
Yo no lo conocí en la carrera militar (él era del arma de Ingenieros y yo de Infantería), hasta muy tarde, cuando era un coronel antiguo. Pero una vez entré a la oficina del jefe de Estado Mayor, general Pablo Schaffhauser, y vi, al entrar, a un hombre que estaba echado encima de la mesa del jefe del Estado Mayor, haciendo calificaciones del arma de Ingenieros.
La actitud me pareció absolutamente irrespetuosa, y un tema peor, porque no era posible que un jefe de Estado Mayor estuviera con un mayor, que debe haber sido en ese tiempo, haciendo destinaciones del arma. Me retiré y esperé que saliera, y entonces le pregunté a la secretaria ¿quién es ése?, porque lo vi de atrás, nomás. "Es el coronel Mamo Contreras", se me quedó eso. Y nunca más lo vi, hasta que se produjo el nombramiento mío como director de CNI y lo cité para aclarar lo de Letelier...
Es cierto que trató de envenenarme. El dejó mucha gente de la DINA enquistada en la CNI. Había tres secretarias. Un día una de ellas me dijo que su compañera había echado veneno en una taza de té que luego me sirvió. Después lo contó Townley en una entrevista; que Contreras le había encargado un veneno para mí".
3 Su 11 de septiembre de 1973, totalmente sorprendido
El 11 de septiembre de 1973 me llamó por teléfono mi comandante de Divisón, Carlos Forestier, que me dijo: "Odlanier, en este momento los comandantes en jefe han asumido el control del Gobierno".
Yo estaba en Arica, trabajando en mi oficina, como comandante del Regimiento Rancagua. No sabía nada del 11 de septiembre. No tenía ni una noticia de lo que podía pasar, pero sí había preparado el regimiento para que actuara muy rápidamente en caso de que hubiese una subversión, porque estábamos pensando que pudiese haber una guerra civil, y recibimos orientación para prepararnos. Yo había preparado mi máquina para que rápidamente tomara el control de la población y de los servicios básicos de la ciudad. Entre otras cosas, eso me llevó a tomar detenidos a todos los dirigentes comunistas, para que no me agitaran el problema interno. Pero, además de eso, para darles protección, porque actuaban otros servicios.
Entonces corté con Forestier para hacer una reunión de oficiales.
El regimiento iba pasando frente a mi oficina, marchando hacia el centro de la ciudad, en preparación para el 18 de septiembre, con banda, y al mando del segundo comandante. Mi duda era cómo parar el desfile. Entonces se me ocurrió mandar un corneta, que tocara un toque reglamentario: "Reunión de oficiales al trote".
El corneta corrió y, al paso de los dos batallones que iban, tocó. Los batallones se pararon. Pero adelante iba el segundo comandante y las bandas a todo dar. No escucharon. Siguieron con el segundo comandante marchando hasta la plaza, solos. Tanto así, que el segundo comandante se tuvo que devolver en taxi, porque le comunicaron que el regimiento se había devuelto, y él no sabía por qué.
Cuando llegaron, yo previamente había llamado al comandante peruano de Tacna, general Artemio García Vargas, y le dije: "Mira, Artemio, acaba de pasar esto en Chile. Lo acabo de saber. Voy a hacer movimiento de tropa. Esto no tiene nada que ver con ustedes. Si quieres, me mandas a un oficial de Estado Mayor a mi oficina, para que veas que es un problema netamente interno. Y además voy a cerrar la frontera, por lo que pueda pasar, porque tengo responsabilidad jurisdiccional".
Ese era un momento extremadamente delicado, porque estábamos al borde de la guerra, donde Perú se había armado como nunca en su historia y el general Velasco Alvarado había planteado claramente a su pueblo que quería responder a su aspiración... esa aspiración era la ciudad de Arica. El momento de más debilidad para nosotros era ése, obviamente: El cambio de un sistema de gobierno a otras autoridades.
Artemio me agradeció mucho, me dijo que lo comunicaría de inmediato a sus superiores y se despidió así: "Gracias por informarme, no es necesario que yo mande a nadie para allá. Creo totalmente en tu palabra".
Eso tuvo, con el tiempo, una repercusión curiosa: El primero en saber el cambio de gobierno en Perú, de Francisco Morales Bermúdez sacando a Velasco Alvarado, fui yo. Me devolvieron la mano el 75. Me llamó el propio general Morales Bermúdez: "Odlanier, te devuelvo la mano. En este momento estamos en Tacna y yo me voy a hacer cargo del gobierno en Lima tan pronto tenga los medios de transporte para irme".
Así que tenía otras cosas que atender ese septiembre de 1973..."
4 Pinochet le encargó investigar al Mamo Contreras: "La persona más perversa en la historia de Chile"
Determinar si había participación de la DINA en el asesinato del ex canciller Orlando Letelier fue lo primero que me encargó Pinochet cuando asumí como director de la CNI. En un mes me di cuenta de que sí había abierta participación de la DINA. En mayo de 1977 me di cuenta. Y eso significó la iniciación del proceso de los pasaportes, y el que llevó a la cárcel a Contreras.
Esto tuvo una repercusión muy dramática cuando me citó el ministro de Relaciones Exteriores, Patricio Carvajal, a su oficina, recién asumido en el cargo. Para sorpresa mía, me encontré dentro de la oficina de Carvajal con el embajador de Estados Unidos de entonces, George Walter Landau. Yo no lo conocía personalmente. Y ahí se produjo una escena extremadamente violenta, porque Landau, en presencia del ministro de Relaciones Exteriores, pretendió increparme. Con el dedo a lo largo, me dijo: "Usted es el responsable ahora de la seguridad y tiene un plazo brevísimo para encontrar a los responsables. Si no, Estados Unidos va a romper relaciones con Chile". Ante su actitud, yo me levanté y le dije: "¡Qué se ha imaginado usted, señor, quién se cree que es! Yo soy una autoridad del Gobierno de Chile, obedezco a mis superiores directos, no a usted, señor. No le acepto el tono". Y me fui. Todo esto en presencia del almirante Carvajal, que estaba pasmado.
A Letelier le pusieron una bomba. Las personas tienden a repetir algunas acciones que alguna vez les dieron ciertos beneficios, pero en inteligencia es fatal. El asesinato de Letelier fue igual que el del general Carlos Prats, con las mismas personas y el mismo explosivo. Mientras uno fue en Buenos Aires, el de Letelier fue en el centro de Washington.
Cuando empecé a investigar, lo primero que aparecía era un señor Wilson. Andrés Wilson. Pregunté en la CNI -porque igual me dejaron personajes de la DINA enquistados- si alguien había conocido al señor Wilson, y me dijeron que no. Al mes apareció en "El Mercurio" la foto del tal Wilson. Era Michael Townley. Lo encontré en la casa de Lo Curro.
Una vez que lo tuve detenido, luego lo mandé a Investigaciones. Cité entonces a mi oficina a Manuel Contreras, para preguntarle si tenía vinculaciones con Michael Townley. Contreras, sentado al frente mío, me dijo "no, mi general, no tengo nada que ver". Es extremadamente grave la respuesta, le dije, porque todo vincula a la DINA con esto. Hay un montón de antecedentes en que aparece Townley comprando cosas para la DINA.
Como él insistía en negar, llamé por el teléfono rojo a Pinochet y le dije: "Mire, mi general, tengo delante de mí al coronel Contreras. Me acaba de hacer una declaración que yo no le creo en absoluto. Creo que, en todo lo que me dice, miente. Creo que hay vinculación con Townley y la DINA. Solicito que reúna a la Junta de Gobierno, porque lo voy a presentar". Me contestó: "Bueno, véngase inmediatamente para acá". Partí en mi auto, Contreras en el suyo, y nos encontramos allá. Estaba la Junta reunida, presidida por Pinochet.
Sigo pensando que Contreras es la persona más perversa que pasó en la historia de Chile. Presentó un recurso de casación en la Corte Suprema, con 30 páginas llenas de faltas de ortografía, en que acusaba a Pinochet y a mí de los cargos que a él se le imputaban.
Me asiste la casi seguridad que el asesinato a Prats y Letelier fue una prueba profesional que él rindió a la DINA para posicionarse en la comunidad internacional de inteligencia.
Mi acusación contra Contreras es un documento histórico, porque encabeza el proceso judicial en su contra".
5 Al borde de la guerra con Perú: "Las primeras minas en la frontera son mías; tenía que evitar la invasión"
Cuando llegué al Regimiento Rancagua, en Arica, desde el 9 de enero de 1973, la misión que se me impuso era defender la integridad territorial de la invasión masiva de blindados peruanos, que se podía producir en cualquier momento.
Era el regimiento más grande de Chile en ese momento.
Para esta finalidad, orienté todos mis esfuerzos de día, y muchas veces de noche, fijándome como primera misión, tratar de evitar la guerra en la medida en que me fuera posible. Mi misión era defender Arica durante siete días, como mínimo. Y yo tenía la seguridad que no alcanzaba dos días, por la desproporción. De ahí mi urgencia.
Aceleré la preparación de combate de todo el personal a mis órdenes: 56 oficiales, alrededor de 560 suboficiales y más o menos 2500 soldados conscriptos. Era equivalente a una Brigada. Establecí, además, exigentes metas de instrucción, y preparamos en forma masiva el reforzamiento de terreno.
Las primeras minas en la frontera con Perú son mías. Tenía que evitar la invasión.
Además, estructuré un plan de unidad nacional que fortaleciera la cohesión civil, reforzando los sentimientos de amor a la Patria y de íntima colaboración civil-militar. La guerra podía producirse en cualquier momento. Tuve excelentes relaciones con el gobernador socialista, señor Rubilar, y con la alcadesa comunista, señora María Elena Díaz; le decíamos cariñosamente "Ellen Day". Era muy buena, me ayudó mucho con la construcción del Museo El Morro.
Jamás me vi en la necesidad de utilizar escolta, ni antes ni después del 11 de septiembre de 1973.
Las Fiestas Partrias en Arica ese año se celebraron en forma habitual, con Tedéum, desfile, y ramadas. Había un ambiente de paz ciudadana. Las clases en los colegios se reiniciaron dos días después, y en las universidades diez días después del 11 de septiembre.
Pero la situación militar era tan angustiosa, que el general Augusto Pinochet fue en visita de inspección a Arica con una nutrida delegación de jefes del Estado Mayor de la Defensa Nacional. Y estuvo revisando con mucha exigencia mi planificación y parte de las instalaciones defensivas, entre el 17 y el 20 de octubre de ese año. Es importante la fecha, por lo que estoy preso.
Desde los años 40, la idea estratégica para la zona era declararla ciudad abierta y replegarse a la quebrada de Camarones, defendiéndose desde ahí. Pero se aprobó la nueva estrategia defensiva que yo había propuesto, en caso de invasión peruana. Yo dije que si Arica caía abierta no la íbamos a recuperar jamás. Se cambió a lo que se llama "defensa tenaz". Puse piezas de artillería en patios de colegios, porque la población tenía que evacuarse. Recordando lejanamente Stalingrado, Arica era un bastión que no se podía dejar, porque era un obstáculo para pasar hacia el sur. Al costo que fuera, Arica tenía que ser una posición fortificada. Convirtiendo Arica en un Stalingrado, por así decirlo, combatiendo en ella, se ganaba la semana necesaria para organizar un potente contrataque desde el sur (con tropas de Copiapó a Iquique).
Finalmente logramos mantener la paz y, entre otras cosas que atender, quedó el Museo del Morro, y el Abrazo de la Concordia el día 16 de noviembre de 1974, en el que tuve el honor de recibir la Condecoración Peruana al Mérito Militar. El ejercito peruano me condecoró en la misma línea de la frontera que separaba enconadamente a ambos países".
6 Por qué está preso... y su gran sospecha
En la madrugada del 20 de octubre de 1973 fueron sacadas cuatro personas del cuartel en Arica. De ellas murieron tres, en un "confuso accidente caminero, por el volcamiento de un vehículo". Esa fue la versión que yo tuve durante mis años de mando en Arica, y muchos años después, hasta que se publicó el informe Rettig, en que se informó que había sido un triple asesinato.
El informe no menciona ningún tipo de responsabilidad para mí, pero el 27 de marzo de 2000 el juez Juan Guzmán Tapia comenzó a instruir un proceso que tuvo de inmediato una marcada connotación política. En su investigación, no sólo restó importancia al inminente peligro de guerra que se vivía en Arica en ese momento, sino que, además, como burla, dejó constancia que "el coronel Mena no ha demostrado que tenía otras cosas que atender". Esa frase aparece muchas veces en el proceso, sin querer asumir el magistrado que las otras cosas que yo tenía que atender eran, ni más ni menos, la seguridad nacional.
El ministro Guzmán aceptó cinco testimonios distintos, e incluso contradictorios, de una de las presuntas víctimas, Waldo Sankán Navarrete, y lo indujo a decir que yo tenía responsabilidad de mando. El dijo que eran 4 personas que estaban detenidas en el Regimiento Rancagua, que personal de Investigaciones llegó a sacarlos y al día siguiente, tipo 2 de la madrugada, personal de inteligencia los llevó en un vehículo, vendados, unos 40 kilómetros fuera de la ciudad. Que le prendieron fuego al vehículo y lo lanzaron barranco abajo. Que él logró escapar, pero lo extraño es que llegó nuevamente al Regimiento, a entregarse, dijo. Después, con la autopsia, se supo que los tres socialistas muertos recibieron disparos. Lo curioso es que Sankán nunca, en 15 años, contó esto a su familia. Es mi opinión que éles posible coautor del asesinato.
En una diligencia que considero muy irregular, porque fue en mi casa, el magistrado, en presencia de su secretaria, la señora Malvina, me dijo lo siguiente: "General, no he encontrado nada que lo incrimine judicialmente, pero lo voy a tener que nombrar como encubridor porque mis superiores me van a revisar en detalle todo lo que he obrado. Y al fin y al cabo, usted era el comandante". Pero señor ministro, le contesté, si usted me acaba de decir que no tengo nada, entonces ¿por qué se ve obligado a hacerlo? "Mire, ser encubridor es una responsabilidad pequeña, tangencial. Un buen abogado lo va a asacar de inmediato". ¿¡Y si eso no ocurre, señor magistrado?! Y no ocurrió.
Todo el legajo lo recibió el fallecido juez Víctor Montiglio, que nunca me interrogó. El falló con los antecedentes que le debe haber entregado el señor Guzmán Tapia. En mi opinión, ambos prevaricaron gravemente.
Además, y como un asunto no menor, desde un comienzo el ministro Guzmán Tapia caratuló el proceso como "un episodio del caso Caravana de la Muerte" en que se procesó al general Arellano Stark y, no obstante, se le aplicó la prescripción.
En resumen, fui condenado por razones políticas y, después de estar preso más de la mitad de mi condena, y de haber solicitado cinco veces indulto por razones humanitarias, sigo preso por razones ideológicas.
No es posible pensar que mi caso sea el único.
Paradójicamente, y contradiciendo enfáticamente esta injusta situación que me afecta, próxima al punto de no retorno, creo, sin falsa modestia, que nadie en Chile ha hecho más por la defensa de los derechos humanos que yo, sacrificando mi carrera, exponiendo la tranquilidad de mi familia y mi propia seguridad".


http://www.memoriaviva.com/criminales/criminales_m/mena_Odlanier.htm

La Historia Oculta del Régimen Militar

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