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domingo, 15 de septiembre de 2013

Fantasmas de Cheyre


En la más estricta reserva, el comandante en jefe del ejército, general Juan Emilio Cheyre, declaró en el proceso que investiga el asesinato del ciudadano argentino Bernardo Lejderman Konujowska y de su esposa mexicana, María del Rosario Avalos Castañeda, ocurrido el 8 de diciembre de 1973 en la localidad de Guallihuayca, al interior de Vicuña (IV Región).

 | SANTIAGO (CHILE)  


EEn esa época, Cheyre era teniente y ayudante del teniente coronel Ariosto Lapostol Orrego, comandante del Regimiento Arica, de La Serena, reconocido en el Informe Rettig como el principal centro de detención y tortura de la zona durante la dictadura militar. A esa unidad pertenecía la patrulla que dio muerte al matrimonio Lejderman-Avalos en dramáticas circunstancias.

El profesor de educación básica Bernardo Lejderman y María del Rosario Avalos habían llegado a Chile en 1971, atraídos por el proceso político que se vivía en el país. Se establecieron en la ciudad de Vicuña, donde tomaron contacto con dirigentes socialistas y del Mapu. Lejderman mantenía una actividad muy intensa asesorando al gobernador de Vicuña. Por lo mismo, cuando ocurrió el golpe militar vieron que sus vidas estaban en peligro y decidieron ocultarse con su hijo de sólo dos años en una mina abandonada, en los cerros de Guallihuayca, esperando un momento propicio para cruzar la cordillera a Argentina. En esas condiciones, fueron víctimas del horror más espeluznante.
En la mañana del 8 de diciembre, una patrulla militar del Regimiento Arica irrumpió en el lugar y disparó contra ellos, cercenando sus vidas delante de su pequeño hijo. El escondite parecía ser el más seguro, pero la información entregada a un taxista de la zona fue el detonante de la matanza. La delación del taxista permitió a los militares detener al campesino Luis Horacio Ramírez, quien protegía al matrimonio y conocía su escondite. Luego de torturarlo y de amenazar a su familia lograron que guiara a una patrulla militar hasta el lugar. Posteriormente, se informó que, al verse acorralada, la pareja optó por dinamitarse con explosivos que supuestamente mantenían escondidos. El destino de su hijo, Ernesto, quedó en manos de los militares. Por orden de Lapostol, quien también ejercía como jefe de plaza e intendente de la provincia, el niño fue entregado a un hogar de religiosas de La Serena. Allí permaneció hasta el 8 de enero de 1974, fecha en que sus abuelos paternos lo rescataron para regresar con él a Argentina. Los restos de Rosario Avalos fueron exhumados y vueltos a enterrar en 1974. Entonces no se encontró el cuerpo de su marido.

Impunidad judicial

El silencio y la mordaza de una justicia complaciente con el régimen dictatorial condujo al sobreseimiento de la causa, que pasó a manos de un tribunal militar. Sin embargo, la posterior y tenaz intervención de un grupo de abogados de derechos humanos consiguió reabrir el caso en un tribunal de Vicuña. El juez a cargo de la investigación, David Salazar, logró hallar los restos de Bernardo Lejderman en agosto de 1990. Su cuerpo presentaba huellas de múltiples balas. Cuando todo parecía indicar que se haría justicia, un fallo de la Corte Suprema, de 1991, terminó con las esperanzas de dar con el paradero de los responsables. En una arbitraria resolución, el máximo tribunal ordenó que la causa pasara a manos de la Fiscalía Militar, donde se intentó que el caso prescribiera. Pero la insistencia de Ernesto, el hijo de la pareja asesinada -hoy de 34 años-, llevó a reanudar la investigación. Representado por el abogado Héctor Salazar, del equipo jurídico del Fasic, presentó una querella en diciembre de 2000 contra Pinochet y otros militares, la cual fue investigada en primera instancia por el juez Juan Guzmán. Los antecedentes del caso pasaron más tarde al entonces ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, Daniel Calvo.

Con un niño en brazos

Las pericias efectuadas por profesionales del Servicio Médico Legal llevaron a descartar que la muerte de Bernardo Lejderman fuera un suicidio con explosivos. Con estos antecedentes, el juez Daniel Calvo inició una acuciosa investigación que le permitió determinar el número de participantes directos en el doble homicidio y ordenó una serie de diligencias. Una de éstas fue el llamado a declarar al comandante en jefe del ejército, general Juan Emilio Cheyre, quien compareció ante el ministro Calvo en mayo de 2003, un hecho del cual muy pocos militares tuvieron conocimiento. Si bien el uniformado no negó lo ocurrido, reafirmó la versión del suicidio. A juicio del abogado querellante, Héctor Salazar, su declaración fue inconsistente y no aportó mayores antecedentes. Sin embargo, Cheyre reconoció que, como ayudante del ex teniente coronel Ariosto Lapostol Orrego, fue el encargado de entregar al hijo de la pareja asesinada al hogar de religiosas de La Serena.
El juez Daniel Calvo también inquirió al general Juan Emilio Cheyre sobre el coronel Lapostol Orrego. Su defensa anexó un documento que, además de demostrar el apoyo irrestricto de Cheyre hacia quien fuera su comandante en el Regimiento Arica, buscaba demostrar que en la zona donde ocurrieron los hechos nunca se violaron los derechos humanos. En una carta redactada de su puño y letra, fechada el 10 de septiembre de 2003, el general Cheyre afirmó categórico que “(...) para las estadísticas se cumplió la misión, y es la única región sin detenidos desaparecidos”. Más adelante agregó: “Hoy, como comandante en jefe del ejército, valoro todo lo que significó poder desarrollar mi carrera militar sin fantasmas del pasado gracias a que nunca se me dio una orden alejada de la recta doctrina. He visto tantos camaradas de armas, igualmente jóvenes, que sufren al no haber tenido verdaderos comandantes (...)”. Cheyre no escatimó esfuerzos por engrandecer la imagen de Lapostol: “(...) mi sentimiento se resume en el respeto que le debo a quien fuera mi comandante en tan difíciles momentos. Eso se fundamenta en que lo vi actuar con eficiencia, prudencia no carente de energía o decisión, justicia y apego a los valores que se nos inculcaron a los soldados, lealtad al ejército, sentido de apoyo a nuestros conciudadanos, ausencia de odio”.
Al comandante en jefe del ejército se le olvidó que su ex superior está implicado en la ejecución de quince presos políticos durante el paso por La Serena de la Caravana de la Muerte, al mando del general Sergio Arellano Stark, como también en otros hechos de sangre en cuyas investigaciones ha salido a relucir su propia vinculación. La pesquisa desarrollada por el juez Daniel Calvo pasó más tarde a manos del ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, Joaquín Billard, y derivó en una resolución del 1º de septiembre de 2004, que sometió a proceso al ex comandante del Regimiento Arica, Ariosto Lapostol Orrego; al capitán Fernando Polanco Gallardo, jefe de inteligencia de esa unidad, y a los suboficiales Luis Humberto Fernández Monje y Héctor Vallejos Birtiola, en su calidad de autores de los delitos de homicidio calificado de Bernardo Lejderman y María del Rosario Avalos. La querella que dio lugar a esa resolución también mencionaba como autores, cómplices o encubridores a oficiales del regimiento Arica: Carlos Verdugo Gómez, Jorge Cruz Adaro, Rubén Fiedler Alvarado y Mario Larenas Carmona.
Este último, hombre cercano al general Cheyre, fue ascendido en 2001 a general de brigada y se le asignó la comandancia en jefe de la I División del ejército. Pero no duró mucho en el cargo, debido a la controversia pública que se generó.

Declaración clave

Previo al dictamen judicial, en diciembre de 1999, el ministro Juan Guzmán interrogó en el marco de la investigación de la Caravana de la Muerte al ex oficial de ejército Pedro Rodríguez Bustos, quien proporcionó contundentes pruebas sobre la participación de militares del Regimiento Arica en las ejecuciones de La Serena. La declaración del ex ayudante de Alvaro Corbalán en la CNI sólo fue conocida a fines de 2001, cuando se reveló el contenido de algunos cuadernos secretos del juez Guzmán. Rodríguez Bustos entregó, además, valiosos antecedentes que confirman la participación de los oficiales procesados en la muerte del matrimonio Lejderman-Avalos. Declaró que “los encargados de la operación fueron los miembros de la unidad de inteligencia, compuesta por militares de las especialidades de comando y montaña, pertenecientes a distintas unidades del país, comandados por el capitán Fernando Polanco Rojas (...). Se supo que sin mediar enfrentamiento alguno fueron ejecutados. Lo que se le manifestó a la opinión pública fue que se habían suicidado”.
En este contexto, Ernesto Lejderman Avalos, dirigió una carta al comandante en jefe del ejército, donde le recuerda el homicidio de sus padres y “que usted en persona me llevó a un casa de providencia en donde me cuidaron las hermanas del lugar”. Y añade: “General Juan Emilio Cheyre: Mi petición es que declare a la justicia todo lo que sabe del caso referente al asesinato de mis padres, y transmita a la justicia los nombres de todos los militares que formaron ese día dicha patrulla, ya que de los diez militares que conformaban dicho piquete sólo hay cuatro procesados. Estoy seguro que usted conoce exactamente lo que pasó aquel 8 de diciembre con mis padres y conmigo...”

http://www.voltairenet.org/article142218.html


viernes, 30 de agosto de 2013

Almirante (r) González critica a Lejderman y dice que FF.AA. cuentan con la comprensión de los chilenos



Ex Comandante en Jefe de la Armada sostuvo que "un ciudadano extranjero no se puede dar el lujo de sostener que el Ejército de Chile es genocida".

jueves, 22 de agosto de 2013

Edmundo González, en foto de archivo, cuando estaba al mando de la Armada.

Una férrea defensa de la historia y trayectoria del Ejército a lo largo de sus 200 años de existencia, y la clara convicción de que las FF.AA. "son comprendidas y queridas por los chilenos" manifestó el ex comandante en jefe de la Armada, almirante en retiro Edmundo González , en el marco de la polémica generada con el general (r) Juan Emilio Cheyre por el denominado caso Lejderman.
Luego que el ciudadano argentino Ernesto Lejderman -cuyos padres habían llegado a Chile durante la Unidad Popular y luego fueron asesinados por una patrulla militar en 1973- hiciera severos cuestionamientos a la trayectoria del Ejército, en el marco de un programa de TV, González rechazó tales afirmaciones.
El uniformado en retiro sostuvo que "entiendo el dolor de Ernesto Lejderman y me duele la situación que le afectó, al igual como lo manifestó el general Juan Emilio Cheyre. Eso lo entiendo perfectamente, como cualquier ser humano".
Sin embargo, refutó las expresiones de Lejderman en el programa de TVN «El Informante» señalando que " un ciudadano extranjero no se puede dar el lujo de sostener que el Ejército de Chile es genocida . Nuestro Ejército es bicentenario, glorioso, victorioso y jamás vencido, y además es muy querido por la ciudadanía".
En ese contexto, añadió que "con toda una historia de servicio al país, que venga un ciudadano argentino a decir que hay que cambiar al Ejército, borrarlo de raíz y refundarlo, es algo inaceptable para mí como chileno".
"No me parece que las FF.AA. sean incomprendidas"
En otra arista de este tema, González sostuvo que "en líneas generales estoy de acuerdo con Cheyre", aunque al ser consultado si coincide con el ex jefe del Ejército en cuanto a que el mundo militar en estos temas no cuenta con la comprensión de la ciudadanía, manifestó su discrepancia.
No me parece que las FF.AA. sean incomprendidas , porque es cosa de mirar las encuestas de opinión más importantes y podemos apreciar la opinión de la gente. Son las FF.AA. las instituciones que en estos estudios aparecen en los topes de arriba de la comprensión y del cariño de los chilenos ", aseguró González.
El almirante en retiro sostuvo en todo caso que Cheyre "trató de defender una postura que según sus convicciones, es la correcta".

http://www.lasegunda.com/Noticias/Politica/2013/08/873342/almirante-r-gonzalez-critica-a-lejderman-y-dice-que-ffaa-cuentan-con-la-comprension-de-los-chilenos

Chile: La Cobardía de militares y serviles del Dictador Pinochet

AGOSTO 29, 2013 3:31 PM



Cobardía es la palabra con que muchos en Chile definen la actitud de jefes militares y civiles del tiempo de la dictadura de Pinochet, instaurada hace 40 años, porque jamás se hacen cargo de sus actos. Dos ex notorios generales están en tela de juicio.
Los exgenerales, Fernando Matthei y Juan Emilio Cheyre son acusados de complicidad en torturas y asesinatos durante la dictadura. Matthei asegura que no sabía de torturas en la Academia de Guerra Aérea, de la que era director. Por otro lado, hace 40 años, Cheyre era ayudante del comandante de un regimiento donde se cometieron numerosos crímenes, entre ellos el asesinato de los padres de Ernesto Lejderman, pero Cheyre de nada se enteró.
Algunos jefes militares han sido condenados, pero nunca han respondido ante la Justicia por sus actos contra la población civil.

martes, 27 de agosto de 2013

Integrante pasivo del Ejército de Chile y su refelxion sobre la postura de Juan Emilio Cheyre en el Caso Lejderman

Soy un integrante pasivo del Ejército de Chile y me es lamentable la posición del Gral. Cheyre, con que facilidad miente, eso es no tener respeto por los demás, se apoya en su poder, el respaldo de sus pares, de la mala justicia, del poder económico y del poder político.
Las opiniones vertidas solo caen en palabras de buena crianza y mostrarse ante un país como una blanca paloma y así hacer creer su espíritu de reconciliación con sus semejantes; En lo personal, dolor que jamás a sentido el Gral. Cheyre.
En lo particular también fui traicionado por el Gral., Cheyre entonces me pregunto ¿Si no tuvo la Lealtad para con uno de los suyos; la tendrá para una persona que fue sometida a las atrocidades a las que fueron objetos?
Hoy me encuentro con todos los Poderes del Estado vetado, he implorado por ayuda y mi eco no ha tenido respuesta positiva.
Los colegas que se auto eliminaron fue exclusiva responsabilidad del Mando ya que no tuvieron el respaldo y ni el apoyo, solo se limitaron a defenderse ellos, a pesar que a todos se les descontaba asesoría jurídica.
Es de gran importancia que hoy tengan la valentía de mostrar a la opinión pública estos hechos, para que así los responsables respondan por sus acto y no queden en el anonimato; Pero mientras existan personas como el Gral. Cheyre y la mala justicia, jamás alcanzaremos la tan difundida igualdad de justicia ante la Ley. Atte.
Juan Arévalo Valdebenito

Ernesto Lejderman sobre asesinato de sus padres: "Cheyre sabía todo, la orden partió del regimiento"


21/08/2013

Recalcó que, aunque no esperaba un perdón del ex militar, si esperaba que tuviese una respuesta más inteligente y que no se definiese como víctima.

La comodidad de la culpa de Cheyre para la derecha. La historia del Horror

CARLOS CORREA B.
elmostrador.cl / 23 de agosto 2013
Que Cheyre sea culpable ante la opinión pública, les viene como anillo al dedo. La dictadura y sus horrores no fueron un asunto de militares desquiciados que se concertaron para hacer una guerra contra connacionales, sino un asunto ideológico más profundo, donde un sector político sostuvo el peor régimen que conoce la historia de Chile. Muchos de ellos, cuando han viajado, han tenido que enfrentarse a lo que representa Pinochet para el resto del mundo.
Conozco a dos padres – que en la misma época, que los de Ernesto Lejderman murieron a manos de una patrulla – también buscaban escapar de Chile con un niño de 2 años. Son los míos y el niño soy yo.
A diferencia de Bernardo y María, lo lograron. No hubo un soplón que dijera dónde se escondían o una patrulla que los encontrara en su huída, y pudieron salir de Chile, a un largo exilio en tierras lejanas. Pero podría haber sido el mismo destino.
La historia del Horror, es por ello, algo que conozco de cerca y emocionalmente me cuesta enfrentarla. No sólo las pesadillas de niño y tener la misma edad de Ernesto me hace comprender y compartir sus preguntas. Y, por cierto, también aplaudir el “Nunca más” que dijo Cheyre en su momento. Pero tengo una pregunta más.¿La derecha chilena, en especial, la que es heredera política de la dictadura, es capaz de repetir lo de Cheyre y hacer un “cara a cara” como les dijo la Ex Presidenta Bachelet?
He vivido en Chile los últimos 23 años. Me ha tocado conocer a muchos chilenos, de la misma edad que Ernesto y yo, cuyos padres debieron haber temido en su tiempo, que si los partidarios del gobierno de Allende llegaban a tener el poder total, iban a tener que escapar con sus hijos por la cordillera, como lo hicieron en su tiempo los boat people de Viet Nam, o los muchos que atravesaron el estrecho de la Florida. Suelen preguntarme mucho sobre la experiencia vivida en tierras extrañas, pero rara vez hablamos sobre El Horror.
Muchos de ellos son personas que aprecio mucho, que quieren lo mejor para Chile, y que – al igual que yo – piensan que podemos vivir en el mismo país aunque no pensemos igual. Es probable que muchos de ellos voten por la candidata de la Alianza. No son mis enemigos, ni me ven como tal. Pero nadie habla del Horror. Es un tabú mayúsculo. Puede ser la explicación de la fuerza que han tomado los programas de televisión que lo rompen en estos días.
Suelen contarse las historias de las violaciones a los derechos humanos como algo que ocurrió a personas lejanas. Pareciera que los muertos, los desaparecidos y los exiliados son situaciones que no les ocurrieron a los vecinos, compañeros de liceo o de universidad, amigos de la pichanga, suegros, yernos y nueras, fanáticos de la U. o de Colo Colo, chicas que admiraban a los ídolos de Música Libre o la Nueva Ola.
De la misma manera que a los alemanes, sus connacionales judíos les parecieron en los tiempos del Holocausto personas lejanas, y no vecinos o compañeros de trincheras con los que padecieron la Primera Guerra Mundial. Al igual que ellos, las víctimas del Horror dejaron de ser de la misma nacionalidad en cierto momento.
Si les preguntaran, a algunos de los tantos que siguen teniendo una vida política activa, podrán decir que fue un grupo de militares que cometieron excesos y no como una política de un régimen totalitario, que necesitó de ellos para sostenerse y que les dio el momentum inicial para que sobrevivieran en democracia, dándoles un sistema electoral que les garantiza el empate perpetuo.
Que Cheyre sea culpable ante la opinión pública, les viene como anillo al dedo.
La dictadura y sus horrores no fueron un asunto de militares desquiciados que se concertaron para hacer una guerra contra connacionales, sino un asunto ideológico más profundo, donde un sector político sostuvo el peor régimen que conoce la historia de Chile. Muchos de ellos, cuando han viajado, han tenido que enfrentarse a lo que representa Pinochet para el resto del mundo.
Y por cierto, en Punta Peuco, debe haber espíritu de fiesta por el difícil trance que pasa Cheyre. En su momento, lo vieron como un traidor y ahora pueden estar diciendo que éste es el pago que la izquierda ingrata tiene para ellos. Les parece mucho mejor la integridad siniestra del ex Coronel y ex alcalde Labbé.
¿Tenemos garantía que la derecha sea capaz de decir ‘nunca más’ —como lo hizo Cheyre—, si la candidata que los representa, no hace muchos años llamaba a boicotear, con la pasión de la que se enorgullece, los productos ingleses y españoles, por la sencilla razón que jueces de ambos países aplicaron el derecho internacional, deteniendo al ex dictador?
En la mitología actual, en que el Horror es sólo responsabilidad de sus ejecutores directos, esta pregunta no es siquiera necesaria para ellos. Muchos en los inicios de la democracia amenazaron al gobierno que entraba, apoyaron a violadores de derechos humanos, criticaron los acuerdos que buscaba la democracia naciente en aras de reconstruir la paz social.
Y que, por cierto, nunca han dicho “nunca más participaremos en una conspiración para terminar con la democracia” o “nunca más estaremos en un gobierno que tortura, asesina y exilia a compatriotas”. Más que mal, todos fueron funcionarios civiles, con cargos administrativos de escritorio, como decía Adolf Eichmann en su defensa en Jerusalén, en el año 1960.
Creer que el autoritarismo existe sin el Horror, es una ficción que no resiste análisis alguno. La imposición a la sociedad de un cierto canon de país, como lo hizo el gobierno militar sin pasar por la validación democrática, no habría sido posible sin el puño de hierro con que la DINA torturó, eliminó y exilió a los opositores al régimen. Esto es reconocido en las palabras del propio Jaime Guzmán, que en un memorando dirigiéndose a la Junta de Gobierno, en los primeros días, escribió que “el éxito de la Junta está directamente ligado a su dureza y energía, que el país espera y aplaude. Todo complejo o vacilación a este propósito será nefasto”.
Personalmente podré decirles que nunca apoyaré a ningún gobierno que piense que los chilenos que no los apoyan, son enemigos o traidores a la patria, o que busque solucionar los dilemas de estos tiempos por vías que no sean democráticas o que no respeten la institucionalidad. Y por lo que vi en el programa El Informante,Ernesto Lejderman piensa exactamente lo mismo.
¿Podrá decir eso mismo Evelyn Matthei, o dirá también que sus declaraciones de 1998, apoyando al dictador preso en Londres, es un pecado de juventud?
La vocera de Gobierno, la ministra Cecilia Pérez, planteó que quiere una reconciliación real que permita avanzar —con verdad y justicia— aclarando eso sí que “los perdones y reflexiones son individuales” y que ambos bandos políticos debieran hacer gestos al respecto.
Aunque aplaudo que Pérez llame las cosas por su nombre: dictadura, Golpe Militar y violaciones a los Derechos Humanos, no va al fondo del asunto, en especial en su sector político. No va a haber reconciliación ministra, y cuando celebremos los 50 años del Golpe Militar tendremos la misma discusión, si su sector político no hace de una vez por todas el “Nunca Más” y reniega de su pasado autoritario, de la misma manera que el otro bando, al que usted se refiere, renegó para siempre de la vía violenta como el camino para lograr los cambios. Y por cierto, ministra, respete la historia: los arrebatos mesiánicos que tuvo la izquierda en su momento, no son comparables en modo alguno: al Horror.
La derecha necesita hacer el “cara a cara” por su propia supervivencia política. Si algo le permitió a Piñera ganar las elecciones y tener una autoridad moral al respecto, es que votó que NO en el plebiscito. Y en los años 90, su voluntad de crear una derecha alejada del gorilismo le costó caro, pues fue víctima de conspiraciones no aclaradas del todo, amenazas y todo tipo de operaciones oscuras.
Si no lo hace, no sabremos si el día de mañana, cuando tengamos otra crisis política, llamarán nuevamente a los militares, como lo insinuó el ex alcalde Zalaquett, en el momento más álgido de las manifestaciones estudiantiles del 2011, en vez de elegir los caminos de diálogo y entendimiento que ofrece la democracia.


Las mujeres embarazadas que hizo desaparecer la dictadura

27 DE AGOSTO DE 2013
Otra incógnita que abrió el caso Cheyre

El caso Lejderman no sólo sacó al presidente del consejo directivo del Servel de su cargo, también recordó preguntas guardadas por décadas, como la falta de información que ha rodeado la desaparición de nueve mujeres que estaban en estado de gravidez al momento de ser secuestradas. Algunos de sus familiares recibieron pistas después de sus detenciones y ciertas abuelas murieron creyendo que sus nietos habían nacido.

Nicole Drouilly no sabe qué pasó con su hermana Michelle (24), menos cuál fue el destino del hijo que esperaba, un embarazo que llegaba a los cuatro meses cuando la represión de la dictadura abortó su futuro.
-Mi hermana estudiaba Servicio Social –cuenta Nicole-. Estaba  haciendo la práctica en el Inacap. Eran momentos terribles en Chile. Ella y su marido, ambos militantes del MIR, vivían bajo la constante amenaza de la detención. Jacqueline se había quedado embarazada en más de una oportunidad, pero desgraciadamente había sufrido pérdidas. Ella confiaba que esta vez eso no sucedería, ya que estaba por completar los 4 meses. A sus colegas del Inacap les había dicho que ella y su marido estaban muy contentos e ilusionados, a pesar de las circunstancias.
Jaqueline Paulette Droully Yurich fue detenida el 30 de octubre de 1974. Según los testigos que la vieron por última vez con vida, agentes de la DINA la sacaron junto a su esposo de Cuatro Álamos con paradero desconocido. Su familia nunca más volvió a saber de ella.
Es una de las nueve mujeres que ha contabilizado la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos; mujeres que desaparecieron en manos de los órganos represivos del Estado aunque estaban embarazadas. Después que estallara el caso Lejderman, la AFDD envió una carta al ex comandante del Ejército, Juan Emilio Cheyre, donde lo emplaza a entregar antecedentes sobre el paradero de los hijos de estas mujeres.
Otro de los embarazos de término probable, es el de Michelle Peña Herreros, que tenía más de 8 meses al momento de su detención. “Es muy probable que el niño sí nació. La madre de ella muchas veces recibió recados de diferentes personas que iban a su casa y ellos le decían que había nacido un niño de Michelle, pero no había más familia de ellas en Chile”, dice la siquiatra, quien también asegura que el silencio y la falta de información ha sido un obstáculo que nunca ha aflojado.
“El drama de los hijos que pudieron haber nacido en prisión y sobre los cuales nunca hemos sabido nada está siempre presente en forma especial en nuestra demandas”, dice Mireya García, vicepresidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos. “Hoy cobra relevancia por el caso de Ernesto Lejdermann, ya que este chico pudo haber desaparecido al igual que los hijos de las madres desaparecidas que hayan logrado dar a luz”.

HISTORIAS ROBADAS

Entre los nombres de mujeres embarazadas al momento de su detención, que registran las agrupaciones se encuentra Cecilia Miguelina Bojanic Abad, quien fue detenida junto a su esposo Flavio Oyarzún el 2 de octubre de 1974. Tenía 5 meses de embarazo. Hay sospechas de que ambos fueron trasladados a Colonia Dignidad.
María Cecilia Labrin Lazo (25), una asistente social, fue secuestrada el 12 de agosto de 1974 y llevada a la casa de torturas de la DINA de Londres 38.
Nalvia Rosa Mena Alvarado (20) fue secuestrada junto con su esposo Luis Emilio Recabarren González y su cuñado Manuel Guillermo Recabarren González el 29 de abril de 1976. Tenía 3 meses de embarazo.
Reinalda del Carmen Pereira Plaza (29) tenía 6 meses de embarazo al momento de su detención el 15 de diciembre de 1976. Hay quienes han señalado que mientras ella era torturada se podía ver a su bebé moviéndose en el vientre.
Elizabeth de las Mercedes Rekas Urra (27) fue detenida el 15 de diciembre 1976. Tenía 6 meses de embarazo.
Michelle Peña Herreros (27), estudiante de Ingeniería, tenía más de 8 meses de embarazo. Fue detenida el 20 de junio de 1975 y llevada a Villa Grimaldi, donde fue vista por última vez con vida.
Diana Arón (24). Cuando fue detenida estaba embarazada de 3 meses y medio.
Gloria Lagos Nilsson, madre de tres hijos y embarazada de 3 meses. Fue vista en septiembre de 1974 en Cuatro Álamos.
La hija de Gloria Lagos, Marcela Meza, responde estas preguntas desde su computador en Suecia, cuando acaba de terminar de ver el segundo capítulo de “Chile: las imágenes prohibidas”, de CHV. Para ella, a pocos días que se cumplan 39 años desde su desaparición (el 26 de agosto) ese dolor parece hoy más palpable. “Las lágrimas no borrarán nunca el horror vivido”, dice y recuerda la última vez que pensó que su madre podría haber alcanzado a dar a luz a un niño:
-Hace un par de años aparecieron antecedentes de personas que estaban buscando su identidad. El año pasado el Servicio Médico Legal se contacta conmigo y se crea una confusión muy dolorosa. Aparentemente mi madre cumplía los requisitos (junto a otras cinco mujeres detenidas desparecidas) de haber dado a luz a uno de estas personas. El SML necesita muestras de sangre para determinar ADN. El caso de los posibles nacimientos se mezclan con la necesidad de tener pruebas para el banco de ADN. Yo viajo con urgencia con esa esperanza ciega de que quizás, quizás… mi prueba de sangre pueda clarificar y determinar si mi madre era la madre biológica de los que buscaban. Un día antes de volver me hicieron saber que no.
Marcela cree que su madre fue asesinada antes de un posible nacimiento. “Hay testimonios que cuentan que la vieron muy torturada y su embarazo estaba en el primer trimestre. Intelectualmente parece imposible que la mantuvieran viva hasta su término. Emocionalmente siempre existirá la incertidumbre, siempre”, dice.
Mireya Garcia dice que si los hijos, al menos, de Michell Peña y Cecilia Labrín nacieron, “necesariamente están en manos de genocidas, pero no tenemos cómo probar nada”.

LA FRAGILIDAD DE LA MEMORIA

El año 2002, la siquiatra del Codepu, Paz Rojas, estuvo a cargo de la investigación “Todas Íbamos a ser Reinas”, un libro que daba cuenta de la historia de 10 mujeres detenidas desaparecidas embarazadas.
La siquiatra cuenta que no sólo se hizo un trabajo con la familia más directa, sino que con las personas que estuvieron presas con ellas y hubo algunos casos en que los familiares sospechan que pudo haber nacido un niño. “Es el caso de María Cecilia Labrín. Trabajando mucho con su madre años después de esto, ella recibió antecedentes de que el hijo pudo haber nacido”, cuenta Rojas.
Otro de los embarazos de término probable, es el de Michelle Peña Herreros, que tenía más de 8 meses al momento de su detención. “Es muy probable que el niño sí nació. La madre de ella muchas veces recibió recados de diferentes personas que iban a su casa y ellos le decían que había nacido un niño de Michelle, pero no había más familia de ellas en Chile”, cuenta la siquiatra, quien también asegura que el silencio y la falta de información ha sido un obstáculo que nunca ha aflojado.
Según la doctora Rojas muchos de los responsables no han hablado nunca, pero “todos sabemos quiénes las detuvieron y hacia dónde las llevaron. Esa gente tiene que saber algo del destino final de ellas, y no se ha hecho justicia sobre eso”.  Para la doctora, el Estado nunca se ha hecho cargo de ésta y de otras situaciones de vulneración de los derechos humanos en dictadura. “Fuera de hacer el listado de la comisión Rettig, puso los nombres y antecedentes mínimos, pero no se nombraron responsables y esa no es una crítica de mi parte, sino universal. En cualquier parte del mundo se ponen las víctimas, pero también los responsables; y acá eso nunca pasó”.
Marcela Meza, que cuando detuvieron a su madre tenía 8 años, cuenta que además del proceso aún abierto por la muerte de Carolina, comenzará una demanda civil contra el Estado: “Jamás podremos describir enteramente lo que ha significado la ausencia de mi madre, las secuelas emocionales son para toda la vida. Si a esto le adjuntamos la indiferencia política que ha imposibilitado los procesos legales, la impotencia se vuelve una emoción latente y constante”.

http://www.elmostrador.cl/pais/2013/08/27/las-mujeres-embarazadas-que-hizo-desaparecer-la-dictadura/

lunes, 26 de agosto de 2013

La sinuosa línea roja

de Héctor Soto, periodista

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¿Por dónde vamos a hacer correr la frontera de la culpabilidad histórica? Puesto que nunca nos pusimos de acuerdo como sociedad en esta materia, se suponía que la línea la trazaban los tribunales. El caso Lejderman-Cheyre prueba que ya no es así. Ahora están entrando al juego otras variables. La cosa no sólo se volvió más líquida. También más impredecible e incontrolable.
Lo que deja claro es el desenlace del episodio que involucró esta semana al general (R) Juan Emilio Cheyre es que la línea se continúa corriendo. Lo que está en discusión ahora no son los delitos que puedan haberse cometidos. Aquí, en ese caso concreto, no los hubo y, sin embargo, el escándalo estalló igual. El problema, dicen, no es jurídico sino moral. Okey: es impresentable que las figuras que ocupan cargos de relevancia en el andamiaje institucional chileno estén tocadas, así sea lateralmente, por las briznas malsanas y tóxicas de la duda. Es mejor entonces que Cheyre renuncie a la presidencia del consejo directivo del Servel, pero lo que nadie entiende es de qué modo un reparo que lo debilitó ahora como presidente, sin embargo, no lo debilitará en el futuro como integrante de ese mismo consejo.
Bueno, tampoco la controversia gira esta vez en torno a lo que el militar hizo. Lo que se le enrostra, más bien, es lo que dejó de hacer, y no hay que ser muy perceptivo para advertir que si es por eso, dentro de semejante lógica, todos podemos llegar a ser culpables. Las omisiones de suyo no son cuestionables. Sí lo son, desde luego, cuando existe el deber de actuar, y no está claro, en función de los antecedentes que hasta ahora se han divulgado, que lo que el general hizo cuando era un teniente sea menos de lo que razonablemente estaba llamado a hacer en ese momento.
Al margen de consideraciones jurídicas y éticas de mayor o menor refinamiento intelectual, lo que está detrás de esta polémica son dos cosas.
La compulsión de la pureza
La primera, por plantearlo así, tiene que ver con la insaciable erótica de la pureza, de efectos devastadores no sólo en los tiempos medievales. Aplicada a la política, la pureza puede dar lugar a engendros monstruosos. En el entendido de que a Chile le costó mucho salir de la edad de las tinieblas, y que se impone una profilaxia severa para evitar las infecciones que supuso ese período, toda autoridad, toda persona, toda biografía que esté salpicada o implicada en los desafueros de entonces debe rendirse o dar un paso al costado.
En la república de los puros no hay cabida para los que están manchados. Deben renunciar, deben retirarse, deben replegarse en la expiación, ya sea porque una sentencia judicial se la impuso ayer, una sospecha bien instalada lo recomiende hoy o un linchamiento mediático lo exija el día de mañana. Con eso, los incordios debieran terminar. El problema, claro, es que no terminan. Tal como el jet set cree que nunca somos lo suficientemente ricos y lo suficientemente flacos para quedarnos tranquilos, nunca tampoco somos lo suficientemente puros para dar las purgas por terminadas. Ayer fueron los hechos. Hoy las omisiones. Mañana podrían ser los pensamientos. El cuento, entonces, es de nunca acabar.
Sin llorar
La segunda variable que aquí está en juego es política y se traduce en una correlación que no por brutal es menos certera. Vale todo lo que debilita a tu adversario y sirve todo lo que fortalece a los que piensan como tú. Así es la política, así ha sido siempre y esto es sin chistar. Estamos en un año electoral y nadie tiene muy claro qué y cuánto podría inclinar este episodio la balanza en uno u otro sentido.
Como nadie lo sabe, es sano que corra el agua, que fluyan las verdades y que estas cartas se jueguen. El problema es que en la operación pueden pasar a pérdida detalles que no son tan detalles. Porque las culpas en ese tablero tienden a igualarse. Lo mismo un violador de los derechos humanos que un sujeto que procuró resguardarlos. Lo mismo un militar que se negó en su momento a reconocer los abusos cometidos por el Ejército que quien los asumió y estableció como doctrina institucional el “nunca más”.
Relato e identidad
Cuando las personas no pueden con el peso de su propia historia e identidad, suelen ir al siquiatra. Cuando eso mismo les ocurre a los países, el asunto no es tan simple. Es difícil para las sociedades tenderse en el diván. Por eso, por lo general, sus traumas terminan rebotando por circuitos muy alambicados.
No obstante que a Chile, en general, le ha ido bastante bien en los últimos 30 años, obviamente el cuento que nos hemos forjado de nuestra trayectoria sería mucho más épico y mucho más redondo si se hubiesen cumplido algunas condiciones o algunas utopías coherentes con el alto concepto que nos gusta tener de nosotros mismos.
Habría sido lindo que la democracia chilena no se hubiera venido abajo antes del 11 de septiembre del 73. Habría sido hermoso que los militares -vaya uno a saber cómo- hubieran tomado el poder sin gran fractura del Estado de derecho. Habría sido bueno para todos que se hubieran respetado los derechos humanos. Habría sido fantástico que la modernización económica hubiera partido con los gobiernos democráticos. Habría sido sano un período de régimen militar bastante más corto.
Es como para condolernos. Pobre Chile. Nada fue así. Estamos condenados a la impureza y el meztizaje en todo. En la estrategia de desarrollo, en la constitución, en la transición política, en   la memoria cívica. Todo terminó mucho menos epico y más de medias tintas de lo que hubiéramos querido.
Como el listado de sueños imposibles puede alargarse hasta la eternidad, y como desgraciadamente casi nunca las cosas son como nos hubiera gustado que fueran -entre otras cosas, porque esta sociedad se volvió completamente loca a comienzos de los años 70, y en eso desde luego que unos son más culpables que otros-, una manera rápida de zanjar el tema y de salir con la conciencia limpia a flote es imputarle la responsabilidad de lo ocurrido al otro. En la medida que otro o muchos otros sean los culpables, nuestra integridad queda a salvo. En la medida en que podamos seguir identificando victimarios, seguiremos teniendo asegurada nuestra confortable condición moral de víctimas.
Así están las cosas. Revueltas aunque acotadas. La situación, claro, podría ser peor y es bueno tenerlo presente. El golpe nos va a seguir penando. La duda es si encapsulándolo como una experiencia histórica excéntrica y perversa, si aislándolo de todo lo que ocurrió antes y de lo que vino después, no estamos forzando más de la cuenta la historia, el sentido común y la máquina para dar por resuelta la ecuación. R

+SOBRE EL AUTOR

Abogado por formación y periodista por oficio, ha ejercido por décadas la crítica de cine y fue editor de las revistas Capital, Mundo Diners y Paula. En la actualidad es editor asociado de Cultura de La Tercera y también columnista político del diario. Dirige el Diplomado de Escritura Crítica de la UDP y es panelista del programa Terapia Chilensis de radio Duna. Es autor del libr

La Responsabilidad de Cheyre, Parte II (“Entrevista a Eliana de Jesús Rodríguez” & “Misión Cumplida”).

“Vi el odio desatado por el señor Cheyre y sus acompañantes”



Publicado por: Rodrigo Mundaca Rojas en 25 agosto, 2013

Presentamos la segunda del especial “La Responsabilidad de Cheyre” (ver parte 1), elaborado por nuestro amigo Arnaldo Pérez Guerra (Liberación) sobre las vinculaciones del militar con violaciones a los D.D.H.H. al momento de asumir la comandancia en jefe del ejército¹. Acá nos encontramos de frente al horror, cuando el testimonio de Eliana Rodríguez lo ubica en un contexto violentas detenciones, violación y tortura.
«Cheyre destruyó nuestras vidas»
El testimonio de Eliana de Jesús Rodríguez Dubó acusa a Juan Emilio Cheyre, el flamante comandante en Jefe del Ejército. Eliana, detenida el 6 de octubre de 1973, señala al entonces teniente Cheyre, junto a otros dos oficiales, como parte del piquete de soldados que allanó su casa, la tomó prisionera y, luego, en el Regimiento Nº 2 Arica de La Serena la torturó y violó por más de un mes.
-¿Por qué la detuvieron? ¿Qué le decían?
“Cheyre me decía que me había ‘buscando en muchos lugares y, por fin, había logrado ubicarme’. Me acusaba de ser comunista. Le hice ver que no lo era. Se enfureció y me golpeó, delante de mis hijos. Los militares entraron a mi casa como en un asalto. Todos eran del Regimiento Nº 2 Arica de La Serena. Por orden de Cheyre, destruyeron la puerta, vidrios de las ventanas, muebles, etcétera. Rodearon la población y la manzana. Juan Emilio Cheyre, en ese entonces teniente, era el jefe del grupo”.
-¿Qué ocurrió durante el allanamiento de su casa?
“En la casa estaba mi familia: mi esposo, mis 5 hijos -sus edades fluctuaban entre 1 y 12 años-, mi madre enferma. Mis hijos lloraban y gritaban, mientras los militares me insultaban tratándome de ‘maraca’, ‘puta’, ‘concha de su madre’. Destrozaban enseres y la loza la tiraban al piso. Con sus metralletas y yataganes rompían ventanas y muebles. Los libros de una pequeña biblioteca junto al comedor, fueron quemados en el patio. No conformes con lo destrozado, procedieron a cavar hoyos en el patio ‘buscando armas’.
Cheyre les dijo: ‘rompan el living porque ahí deben haber armas guardadas’. Les dio la orden para que en el patio quemaran los libros y buscaran armas. Mis hijos estaban totalmente aterrorizados… Vi el odio desatado por el señor Cheyre y sus acompañantes. Junto con los insultos me tiraron al suelo y comenzaron a patearme, me levantaban para volverme a tirar al suelo, mientras esto sucedía a mi esposo también lo golpeaban pero con la parte trasera de las metralletas. A mi madre y a mis hijos los tenían apuntados con sus metralletas, presenciando todo esto.
A mi esposo lo golpearon. Para ellos era ‘un imbecil’ y ‘un huevón’, porque no sabía ‘la puta que tenía por esposa’. A mí me trataron de la peor manera. Estaban furiosos. Él más furioso era Cheyre. Jaime Ojeda Torrent y Fernando Polanco Gallardo le dijeron al teniente que ‘no había nada en la casa’. Eso lo enfureció y arreció sus golpes e insultos en mi contra. La sangre de las narices me saltó y mojó el pecho producto de los golpes. A mi madre no le hicieron nada.
Me llevaron amarrada con las manos en la espalda, la vista vendada. Habían rodeado todo pues pensaban que ‘podía huir hacia otras casas’. Se llevaron a mis dos hijas más pequeñas… Yo quedé detenida en el Regimiento de La Serena que comandaba Ariosto Lapostol Orrego”.
“Cheyre dio la orden de fusilarme”
-En el Regimiento Nº 2 Arica la torturaron…
“Sí. Ahí empezó lo más horrible. Padecí el mismo ‘tratamiento’ que se le dio a miles de personas. Fui violada para que confesara mi militancia y los nombres de la dirección del Partido Comunista en la región. Me aplicaron electricidad en los senos, debajo de las uñas de pies y manos, en la vagina… Fui arrojada a una celda de castigo de donde era sacada para ser llevada a las sesiones de tortura. Permanecía sin alimentos ni agua. Bebía la que se acumulaba en los rincones con orina y restos de fecas. Juan Emilio Cheyre Espinosa dio orden para que se me fusilara ‘en vista que no delataba a nadie’. El falso fusilamiento se efectuó. Dijo ‘saquen a esta maraca afuera y mátenla’. Yo había vivido el infierno y ¿sabes qué pensé? Que la muerte era un alivio. Estaba en medio de toda esa mugre, en un calabozo sucio, húmedo y oscuro, sin ver luz. Salía sólo para ser torturada, golpeada y violada”.
-¿Vio a otros prisioneros políticos? ¿Supo del paso de la Caravana de la Muerte?
“Yo no era la única prisionera en el regimiento. No pude ver a los demás, porque todos estábamos con la vista vendada. Pero escuché a otros, sobre todo hombres. Luego me llevaron a la cárcel de mujeres en El Buen Pastor, de calle Balmaceda a cargo de religiosas. Le pregunté a una de las monjas, qué fecha era. Una monja me miró extrañada. Dijo: ‘¿pero, cómo no sabe el día en que estamos?’. ‘Es noviembre de 1973′, me dijo. Allí me di cuenta que estuve prácticamente un mes siendo torturada. Mientras permanecí en las celdas de castigo ocurrió la Caravana de la Muerte, al mando del general Sergio Arellano Stark. Fue horrible. Escuché que ‘habían ido a buscar a los prisioneros a la cárcel’. Los torturadores hablaban, decían: ‘¿trajeron a los tales por cuales de allá, de la cárcel?’. ‘Sí’, decía uno. ‘¿Y los van a dar de baja?’, decía otro. ‘¡Claro que sí, eso hay que hacer. Hay que matar a todos estos que envenenaron la mente de la gente!’.
-¿Los torturadores eran las mismas personas que la habían detenido?
Sí. Polanco, Ojeda, Osvaldo Pincetti Gac. Cheyre, también, por supuesto. Él estaba ahí… Después me trasladaron a la cárcel de La Serena. Estuve allí incomunicada. Me sacaban amarrada y con la vista vendada para ir otra vez a la tortura en el regimiento”.
-¿Un militar que la custodiaba le entregó un papel con los nombres de los torturadores?
“Me trasladaron a la cárcel en calidad de castigada y aislamiento, sin embargo, siempre era llevada al regimiento para proseguir con los interrogatorios. A la tercera semana de diciembre de 1973, me levantaron la incomunicación. Un militar que me acompañaba me entregó en un papel escrito los nombres de aquellos que me habían torturado. Dijo: ‘alto, alto… Ustedes, córtenle las amarras’. Uno de los custodios le manifestó: ‘No tengo cuchillo’. Me imagino que fue él quien me cortó las amarras. Me puso por escrito el nombre de los torturadores y me dijo: ‘señora, yo no he participado en esto… No olvide nunca esos nombres’”.
-¿Ud. no sabe quién es él?
“Después, con el tiempo, supe quién era. Pero no quiero nombrarlo. No quiero causarle algún problema a él y su familia”.
-Ud. señala que fue violada y le aplicaron electricidad al interior del Regimiento Nº 2 Arica de La Serena…
“Sí. Ese fue el ‘tratamiento’ que me dieron. Me violaron y aplicaron corriente en partes de mi cuerpo por casi un mes. Esas vejaciones las sufrieron muchas mujeres. Lo que sucede es que aún existe el miedo a confesarlo, sobre todo el acto de la violación. Miedo y vergüenza por nuestras familias. Muchas mujeres no quieren que sus esposos sepan algo tan atroz.
Las personas que me torturaron eran las mismas que ‘asaltaron y rompieron’ mi casa y me detuvieron. Ellos integraban el grupo de tortura: Cheyre, Polanco, Ojeda y Pincetti Gac, conocido como el Profesor o doctor Destino. Él hipnotizaba a los prisioneros y participaba de las sesiones de tortura. Pincetti tenía un programa en la radio. En su programa ‘veía el destino y futuro’ de los auditores. La gente lo llamaba para saber cómo les iba a ir ese día o cómo solucionar sus problemas afectivos. Esa era ‘su área’. Por eso se lo conoce como Profesor, Destino o doctor Tormento…”.
Dinamitado en su casa
-Sus dos hijas más pequeñas también fueron detenidas…
Sí. Natacha, de un año y 9 meses, y Yelena, de 3 años y 6 meses. Luego, permanecí con ellas en la cárcel. Mi familia me buscó durante dos meses, el mes que estuve en el regimiento y, después, el mes de incomunicación. Mi madre, que estaba muy enferma, se agravó y falleció, mientras yo estaba en la cárcel”.
-¿Qué sucedió con su esposo, también lo detuvieron?
“No, a él no. Sólo lo golpearon e insultaron. Le dieron de patadas y culatazos y lo dejaron libre. El propio Cheyre dijo ‘que era un tal por cual, que no sabía nada’”.
-A Ud. la acusaron de pertenecer al Partido Comunista.
“Sí, entre otras cosas. Yo pertenecía a otro partido, el Partido Socialista. Pero nunca, tampoco, se los dije. ¿Sabe por qué?, si les decía mi militancia me habrían torturado más y más. Si les hubiera dicho que pertenecía a un grupo de la dirigencia del Partido Socialista, me habían preguntado muchas más cosas. Nunca les dije a qué pertenecía. Siempre negué la militancia comunista, porque en realidad no la tenía, a pesar de que conocía a muchos compañeros, ninguno de ellos fue por mí a la cárcel. Ninguno fue golpeado por mi culpa”.
-¿Cómo llegaron a su casa?
“No lo sé. Lo único que pienso es que alguien de mi población me delató. Los militares buscaban comunistas. Esa era su ‘tarea’, eliminarlos, destrozarlos”.
-Ud. denuncia que el dirigente socialista Daniel Acuña Sepúlveda fue dinamitado por militares en 1979.
“Sí. Cuando salí de la cárcel. Tres o cuatro años después, fui a la casa de Daniel Acuña, dirigente socialista de 69 años. Vivía en una parcela que estaba a la subida de Tierras Blancas. Fui a saludarlo y proponerle que nos fuéramos al exilio. Él me dijo que no podía hacerlo ‘porque se había casado con la hermana de un capitán del Regimiento’. Le dije a Daniel que eso no lo iba a eximir de que un día vinieran a su casa y lo llevaran detenido. Le hablé de las torturas. Me dijo que ‘nada de eso le iba a suceder’.
Un día de agosto de 1979, de madrugada, el empleado que tenía, un viejito que trabajaba con su hijo la parcela, apareció en mi casa gritando y llorando. Ellos vivían en un rincón bien alejado de la casa principal. Vino a buscarme y me golpeó la puerta desesperado. Me decía ‘señora Eliana, levántese. Asaltaron la casa de don Daniel. Y no sé si está vivo o muerto’. Hay muchas cosas extrañas en la muerte de Daniel Acuña. Su esposa no estaba en la casa, y su hijo huyó herido, aunque después fue detenido al llegar al Hospital. Tenía heridas de bala”.
-Ud. entró a la casa de Acuña. ¿Qué pudo ver?
“Sí, entré a su casa. Estaba todo completamente destrozado. Todo hecho pedazos. Sangre en todas partes. Tuve que pasar por sobre la puerta. La habían sacado a la fuerza. Estaba hecha pedazos, los vidrios, y todo lo que había sido su sueño. Todas sus pertenencias. Los muebles despedazados. Fui al dormitorio y no quedaba nada. Sus restos estaban repartidos en las murallas y piso. Al viejo -tenía 69 años- lo amarraron a su cama y lo dinamitaron”.
- Ud. acusa a Juan Emilio Cheyre en las detenciones de José Rodríguez Torres (1º noviembre 1973), José Rodríguez Acosta, (padre del anterior, 8 noviembre 1973), Bernardo Lejderman Konoyoica y María Ávalos Castañeda (matrimonio argentino-mexicano, 8 diciembre 1973). Ellos fueron asesinados por militares del Regimiento Nº 2 Arica de La Serena. El entonces teniente Cheyre era el “ayudante” del comandante del regimiento Ariosto Lapostol. También Ud. menciona al estudiante de la Universidad de Chile, Bernardo Cortez y a Santoni. Ambos no figuran en el Informe Rettig… y a Jorge Vásquez Matamala (16 septiembre 1973), que sí figura, pero asesinado por carabineros.
“Todos ellos son personas que detuvo el grupo formado por Cheyre, Ojeda, Polanco, Pincetti y otros. Los militares actuaban muchas veces en conjunto con Carabineros de la zona. Ellos detuvieron a estas personas. Santoni y Bernardo Cortez, me imagino que fueron ejecutados. Ellos no figuran en el Informe Rettig, es cierto. Lo único que sé de ellos dos es que fueron detenidos por ese grupo comandando por Cheyre.
Santoni era un profesional. No recuerdo su nombre. De Bernardo sí me recuerdo. Era estudiante de la Universidad de Chile, y un joven muy participativo. Fue detenido por este mismo grupo.
Pienso que Cheyre y sus dos ayudantes, Polanco y Ojeda, se dedicaron a eliminar las cabezas de los partidos de la izquierda, para que nunca más se volvieran a reestructurar, para sembrar el miedo. Sin duda existen muchos más casos que no conocemos aún”.
-¿Qué opina que Juan Emilio Cheyre sea hoy el nuevo comandante en Jefe del Ejército? Su denuncia pública, Ud. la realizó hace varios años.
“A mí me parece realmente horroroso que un ser tan siniestro como él sea capaz de dirigir el Ejército de Chile. Es cierto que Augusto Pinochet ya lo hizo, por lo que no es extraño. Es asqueroso. No sé cuándo el Ejército va a lograr sacar a todos esos criminales. El dictador lo premió con una estadía en Sudáfrica y Europa, porque Cheyre hizo su trabajo a cabalidad. Él destruyó nuestras vidas”.
«Misión cumplida»
El cuestionado comandante en Jefe del ejército, Juan Emilio Cheyre Espinosa, proviene de una familia militar. Su padre, Emilio Cheyre Toutin, se desempeñó como director de la Escuela Militar, de Inteligencia y, como civil, en Investigaciones, siendo, además, embajador de Chile en Portugal, durante la Unidad Popular.
La familia militar mantiene su tradición. Cheyre está casado con María Isabel Forestier Ebensperger, hija del general (r), ex vice comandante en jefe y ministro de Defensa de Pinochet, Carlos Forestier Haensgen, quien fuera comandante de la VI División del Ejército en 1973. Forestier está acusado de graves violaciones a los derechos humanos, siendo responsable de fusilamientos, desapariciones, y actos represivos en la I Región. Procesado por Caravana de la Muerte y Pisagua; el suegro de Cheyre sigue siendo “socio” del ex director de la DINA, Manuel Contreras Sepúlveda, en una empresa de seguridad.
Cheyre Espinosa ha seguido una meteórica carrera militar y académica. Es licenciado en Ciencias Militares y magister en Ciencias Políticas, con mención en Relaciones Internacionales, además posee un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid. Augusto Pinochet le destinó en la Escuela de Infantería, en la Militar, y fue comisionado a Sudáfrica y en la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos. Durante la dictadura ejerció el mando en los regimientos de Infantería Nº 4 Rancagua y Nº 23 Copiapó, y en la Academia de Guerra del Ejército.
En 1987, al mando del Regimiento Copiapó, Cheyre fue nombrado por Pinochet, Intendente de la III Región, cargo que desempeñó hasta el fin de la dictadura. Fue allí donde estrechó vínculos con el círculo político del dictador. En 1996, también por instrucciones de Pinochet, coordinó el “encuentro académico” realizado en El Escorial, España, donde se reunió una delegación militar, representantes del PS y asesores del ex dictador -en ese momento comandante en Jefe del ejército-, próximo a asumir como Senador Vitalicio. Esa reunión de “diplomacia secreta y garantías”, sin duda selló el destino de Pinochet y de las violaciones a los derechos humanos, la institucionalidad y la presidencia de Lagos. Allí terminó el veto del ejército a los políticos socialistas.
Durante la detención del ex dictador Augusto Pinochet Ugarte en Londres, el comandante en Jefe, Ricardo Izurieta Caffarena lo destinó a cumplir la misión de “enlace” entre Pinochet y el ejército. Juan Emilio mantuvo un aplicado contacto con Pinochet durante el proceso. Pocos recuerdan que fue mencionado como uno de los redactores de al menos una de las cartas que el ex dictador envió a los chilenos mientras se encontraba detenido.
Cheyre es Profesor Militar de Escuela, en las asignaturas de “Técnica y Táctica de Infantería”, y Profesor Militar de Academia, en las asignaturas de “Historia Militar y Estrategia” y “Táctica y Operaciones”. Como oficial subalterno se le destinó a diversas Unidades militares entre ellas: el regimiento de Infantería de Montaña Nº 11 Caupolicán, la Escuela de Infantería, la Escuela Militar y el Regimiento de Artillería Nº 2 Arica. Es en este último, que se le nombra como uno de los oficiales que remató a los ejecutados de la Caravana de la Muerte, al mando del general (r) Sergio Arellano Stark.
En 1981, Cheyre fue destinado a Sudáfrica, donde se graduó como Oficial de Estado Mayor del Staff College del Ejército Sudafricano. Regresando a Chile se desempeñó como Profesor de la Academia de Guerra del Ejército, donde permaneció hasta 1986. Al año siguiente, ejerció el mando del regimiento de Infantería Nº 4 Rancagua en Arica, y hasta 1990, comandó el regimiento de Infantería Nº 23 Copiapó. Se desempeñó como Director de la Academia de Guerra del Ejército durante el gobierno de Patricio Aylwin.
Durante 1995 y 1996, Cheyre asumió como Jefe de la Misión Militar de Chile en España y Agregado Militar y de Defensa en ese país, bajo el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle.
El año 2001 asume la Jefatura del Estado Mayor General del Ejército. Es miembro de la Academia de Historia Militar y del Instituto Geopolítico de Chile. Entre sus publicaciones se menciona: “Interpretación Político-Estratégica” y “Medidas de Confianza Mutua, Casos de América Latina y el Mediterráneo”. Como docente ha dictado las asignaturas de “Estrategia”, “Teoría del Conflicto” y temas vinculados a Seguridad y Defensa en las Academias de Guerra del Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos, además de clases en la Universidad Católica y Gabriela Mistral. Se le considera un “intelectual” y un “modernizador” en el Ejército.
Entre sus “condecoraciones y medallas” destaca la del Presidente de la República de Chile en los grados de “Oficial” y “Caballero”, Estrella Militar de las Fuerzas Armadas en el grado de “Gran Estrella al Mérito Militar” y la soberbia “Misión Cumplida”, otorgada de manos del propio Pinochet. ¿Misión cumplida de qué?
(¹) Los artículos son del año 2002 y fueron publicados en El Siglo.
http://fugadetinta.cl/vi-el-odio-desatado-por-el-senor-cheyre/

La Historia Oculta del Régimen Militar

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