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lunes, 3 de marzo de 2014

Coronel Carreño afirma a 22 años de su secuestro que Fach o Ejército estuvo involucrado

El ex gerente de Famae, secuestrado en 1987 por el FPMR, declaró ante un juez que su plagio -que duró 90 días y causó gran impacto- está vinculado a la fracasada y secreta venta de armamento a Irán, que él negociaba.

POR PATRICIO CARRERA Y ANDRÉS LÓPEZ - 13/06/2010 - 09:19


Las primeras palabras que el 27 de julio de 2009 escuchó el ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago Mario Carroza en su despacho anticipaban la certeza a la que había llegado un hombre a casi 22 años de su secuestro: "He querido presentarme al tribunal para ampliar mi declaración, toda vez que con el tiempo he analizado con calma la situación de la cual fui víctima y he recordado una serie de sucesos que en su momento no declaré, ya que siempre contesté lo que me preguntaban".

Quien hablaba frente al juez era el ex gerente de Famae, coronel (R) Carlos Carreño Barrera (62), y el motivo de su asistencia, declarar su convicción respecto del origen del plagio que sufrió el 1 de septiembre de 1987 a manos de un comando del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR): según él, su secuestro fue planeado junto con agentes militares.

El testimonio de Carreño -quien estuvo 90 días cautivo, fue sacado del país y liberado en Brasil el 2 de diciembre de 1987- fue entregado en el marco de la investigación por la desaparición de cinco rodriguistas, hecho ocurrido a los pocos días de su secuestro, en venganza contra el FPMR. En ese caso, hay varios ex uniformados procesados.

En el texto, que es su última declaración judicial, Carreño afirma, por primera vez, lo que en anteriores declaraciones sólo había dejado entrever: "He llegado a la conclusión de que el Ejército o la Fuerza Aérea se coludió con algún organismo de izquierda para realizar mi secuestro".

EL NEGOCIO ARMAMENTISTA
En su declaración ante el juez Carroza, transcrita en siete carillas, Carreño afirma que el plagio puede estar ligado a la secreta operación de venta de armas y aviones a Irán.

El ex militar relata que, inicialmente, el negocio era vender bombas llamadas "avispa" a Nigeria, pero que esto derivaría en una transacción con Irán. Esa operación terminaría por provocar roces entre la Fuerza Aérea (Fach) y el Ejército, pues se incluyó el traspaso de aeronaves a Teherán.

El coronel (R) cuenta que durante las pruebas realizadas en Irán, una de las bombas de Famae presentó una falla que destruyó un avión de guerra. "Poco tiempo después, una delegación compuesta por el ingeniero francés Berrnard Stroiazzo, acompañado por una muy alta autoridad iraní, Ahmadi Hosseni, vino a Chile a negociar un contrato con Famae de US$ 200.000.000 en suministros militares y la condición única era la entrega de un avión F-5 de la Fuerza Aérea en Chile, en compensación al siniestrado durante las pruebas en Irán", explica Carreño. El ex militar precisa que los extranjeros "traían documentos en que contaba una negociación secreta entre la Fuerza Aérea de Chile y algún país árabe o islámico para la venta de los 15 aviones F-5 de la Fach. Esto lo hacían a modo de chantaje".

En su declaración, Carreño explica que la delegación logró que se les consiguiera un F-5 que estaba en Antofagasta. "Esta compra del avión era secreta, ya que EE.UU. vetaba todo tipo de ventas. Se firmó el contrato de US$ 200.000.000 entre Famae e Irán y para hacer efectivo el contrato debían haberse mandado los documentos del avión a Irán. Poco tiempo después fui secuestrado de mi casa". En efecto, Carreño fue plagiado un día antes de viajar a Teherán para cerrar el contrato.

"Estos (antecedentes) pueden ser indicadores de un motivo de mi secuestro, ya que yo fui quien atendió a los iraníes, los fui a buscar al aeropuerto, no quedando registro de su ingreso al país. Ellos llegaron en un avión civil y en el aeropuerto fueron escoltados por personal de Inteligencia de civil, no sé si de la Dine (la Dirección de Inteligencia del Ejército) o CNI (...). Yo era el principal testigo", relata el ex gerente de Famae.

Asimismo, sostiene que un tiempo antes del plagio "fui objeto de un seguimiento muy burdo, ya que era notorio. Siempre había personas revisando los postes de luz, fotografiando a mis perros, situación que di cuenta al director de Famae, Sr. Renato Varela, general de Brigada (ya fallecido), quien no me hizo caso".

LAS SOSPECHAS QUE LO ALERTARON

Carreño cuenta que le pareció "muy extraña" la facilidad con que sus secuestradores lo sacaron hacia Argentina, donde también permaneció cautivo por el comando rodriguista. También expone sus sospechas respecto de la actuación del Ejército tras el secuestro. "El general Arturo Alvarez, que fue mi comandante cuando yo era capitán en el Regimiento Copiapó, días después del secuestro, estando en mi casa, increpó al general Hugo Prado, director del Dine, para que pagara el rescate de US$ 6.000.000. El general Prado estaba de acuerdo en pagar el rescate, esto lo discutieron delante de mi esposa y mi padre. Sin embargo, el Ejército se oponía a pagar".

El coronel (R) agrega: "Mis padres fueron a hablar con el general (Santiago) Sinclair (el segundo tras Pinochet en la época), quien les dijo que lo más probable es que yo estuviera muerto, por lo tanto no iban a pagar el rescate". Por este motivo, su familia -dice- intentó tomar distancia del Ejército.
Y aporta otro hecho: "Quiero dejar constancia que el comandante de la industria militar de esa época, general Washington García, durante el período del secuestro iba junto a su señora permanentemente a mi casa. Su señora sabía mucho. En particular, un día le dijo a mi esposa que pidiera una foto mía actualizada por parte de los secuestradores y a los pocos días salió en el diario un retrato mío dentro del barretín".

Carreño también explica que durante su permanencia en Buenos Aires fue sometido a un último y extenso interrogatorio por sus captores, el que fue filmado con una cámara. "Me preguntaron de todo, sobre todo lo relacionado con las negociaciones con Irán. Yo contesté lo mínimo posible. Me pareció muy extraño, ya que sabían muchas cosas sobre Famae, sobre la venta de armas, que no tenían por qué saber".

El ex uniformado dice que poco tiempo después de ser liberado y mientras estaba en su oficina de Famae, efectivos de inteligencia del Ejército lo fueron a buscar: "Me llevaron para mostrarme el video y reprocharme severamente acerca de mis comentarios. Esto lo hicieron superiores del Dine, a quienes no conocía. Me excusé señalando que dadas las circunstancias yo lo único que quería era salvarme. Ignoro cómo llegó dicho video a las manos del Dine". Y concluye: "Creo que ellos querían cerciorarse de cuánto yo estaba dispuesto a decir y como nunca dije nada sustancial, finalmente me salvé".

"CONVENIA QUE ME MATARAN"
Pero hubo otros hechos que el coronel relacionó con su caso y aumentaron sus convicciones: "Lo que pasó con el general (Gerardo) Huber (hallado muerto en 1992 en el Cajón del Maipo, también implicado en una venta de armamento) y con el general (Renato) Varela, a quien acribillaron en un asalto (en 2003, en Maipú), me parece muy raro, porque este último era la otra persona que conocía del tema de la exportación de armas y me ha conducido a pensar que en mi secuestro hubo algo más".

De esa manera, enumera algunos hechos extraños: "El Ejército envió sicólogos para mis familiares para prepararlos en el caso que estuviera muerto. Una de las sicólogas se llamaba (...), quien años más tarde mi esposa la encontró en una reunión social y ella se le acercó muy asustada y le pidió que por favor no la delatara o no la reconociera, ya que en el lugar la nombraban con otro nombre. Con el tiempo hemos pensado que no son profesionales, sino agentes, que estaban preparando a mi familia para mi muerte. Mucho me gustaría que pidiesen las fichas médicas del Hospital Militar de mi esposa e hijos e, incluso, la mía, para verificar si los tratamientos fueron verídicos. Una vez fui al Hospital Militar, me dijeron que (las fichas) habían desaparecido".

Carreño expone sus sospechas sobre la actuación posterior de importantes autoridades: "Cuando el general Sinclair se entrevistó con mis padres, les dijo que lo más probable era que hubiera un autosecuestro de parte mía para ganar dinero. También les dijo a compañeros de armas que posiblemente yo me había vendido al Frente y les hicieron ver a los militares que yo prácticamente era un traidor, sin dar y sin tener antecedente para hacer dichos comentarios. Según lo que me decían mis secuestradores, al gobierno le convenía que me mataran, para volver al toque de queda y poder, incluso, anular el plebiscito".

"El fiscal a cargo de mi investigación, Fernando Torres, me interrogó en muchas ocasiones y estaba muy al tanto sobre mi secuestro, e incluso, hubo ocasiones en que enfrentó mis dichos con situaciones que él conocía relativas al secuestro. Tenía demasiada información de detalles que no tenía por qué saberlos y dirigió la investigación a su manera", concluye.

http://www.latercera.com/contenido/680_267705_9.shtml

Embajada de EEUU realizó demoledor perfil sicológico de Pinochet tras el plebiscito

Imagen de www.saladehistoria.org
Documento dice que luego del plebiscito, el entonces jefe de gobierno se sintió “arrinconado y bramó con un toro furioso”, pero no es todo. Asegura que cayó en una depresión semejante a la que tuvo en 1984, por la cual debió –precisa el texto- recibir tratamiento con litio. El informe señala además que tenía rasgos de paranoia, lo califica como “el perfecto líder maquiavélico” e indica que en un discurso en CEMA se comparó con Cristo. 
Por Carlos Basso
Un perfil sicológico según el cual Augusto Pinochet poseía rasgos propios de una “personalidad paranoica” figura en medio de una extenso documento desclasificado, enviado por la Embajada de Estados Unidos en Santiago al Departamento de Estado (en Washington) cuatro meses después de que Pinochet perdiera el plebiscito del 05 de octubre de 1988, texto confeccionado con motivo de la primera gira pública que el capitán general realizaba luego de su derrota.
El reporte, firmado por algún funcionario de apellido “Jones” fue enviado con copia, como era habitual, a las embajadas de EEUU en los países del vecindario (Brasil, Bolivia, Perú y Argentina), pero además fue remitido también a las misiones norteamericanas en las dos principales sedes de la ONU, en Ginebra y Nueva York , además de la base del comando sur del Ejército de EEUU en Panamá, Quarry Heights.
El documento, fechado en febrero de 1989 y redactado cuando el embajador era el fallecido Charles Gillespie, relata la gira que Pinochet efectuó por varias comunas de la Novena Región, en agradecimiento por haber sido una de las dos zonas de Chile donde ganó el “Sí”. El autor del escrito –que tenía carácter de confidencial- señalaba al respecto que “el paso de ser un dictador todopoderoso a uno cuyo contrato se termina pronto ha sido dificultoso, y él está determinado a demostrar que está al mando”.
El texto agrega que a futuro, la preocupación principal de Pinochet a nivel personal era “la seguridad para él mismo y su familia” y que en el plano político “mientras urge a la unidad de la derecha, él mismo hace complejo que surja algún liderazgo alternativo. El continúa declarando públicamente que no será candidato en 1989. Mientras él quizá no quiera cerrar esa opción completamente por temor a parecer un pato cojo, su apoyo político para correr de nuevo permanece mínimo”.
Buena forma y negación
Imagen de www.memoriachilena.cl
El informe detalla que por esas fechas, el dictador se encontraba en un notable estado físico y relata una anécdota: “los que fueron a un asado para los agregados militares realizado en Bucalemu el 10 de febrero vieron un comandante en jefe en forma óptima. Relajado y sonriente, fácilmente se las arregló para dar una larga caminata por el cerro mientras hombres jóvenes resoplaban sin aliento”.
En su punto 4, el documento reseña que luego del plebiscito, Pinochet parecía un paciente con alguna enfermedad terminal, que pasó por todas las etapas: “su primera reacción fue la negación”… “luego vino la furia” detalla el texto, que recuerda que “en su discurso del 25 de octubre a las voluntarias de CEMA se comparó a sí mismo con Cristo, a quien la gente rechazó en favor de Barrabás. Unos días después dijo que sus oponentes habían salido a asesinarlo, y amenazó con anular los resultados de las elecciones si no dejaban tranquila su Constitución”.
Tres ello, se rememora una entrevista del 31 de diciembre de 1988 con Le Monde, donde finalmente parece ya haberse resignado, pero se agrega que en un discurso en la gira por provincias había hablado contra “las fuerzas oscuras que conspiran en su contra”.
Perfil sicológico
Así se denomina el punto 6 del reporte. Con más de un línea borrada, se lee que “…quien trabaja con un grupo de sicólogos y otros profesionales que analizan la conducta de Pinochet en el poder, encuentran estos ‘cambios de humor bipolares’ como típicos de ‘personalidades paranoicas’. De acuerdo a (borrado) ese tipo de personalidad puede funcionar muy bien, pero presenta profundos problemas y tiene poca tolerancia a la frustración. Viviendo en constantemente a la defensiva, es mesiánico en su sentido del deber, obsesionado con las lealtades personales y con su imagen de omnipotencia”.
Pese a que el punto 7 lleva por nombre “lecciones de realidad”, la misma fuente asevera que “la ola de protestas de marzo de 1984 llevó a Pinochet a una crisis depresiva, debido a la cual recibió tratamientos de litio. Nuevamente sufrió una depresión mayor después del 5 de octubre y alternaba entre periodos de retraimiento con una hiperactividad exaltada”. Asimismo, el redactor decía que “afortunadamente la Fuerza Aérea y la derecha responsable se movieron acertivamente, amenazando con producir un quiebre en el gobierno. Pinochet se sintió arrinconado y bramó como un toro enojado, pero no tenía opciones excepto aceptarlo”.
“Asuntos de tripas”
Y claro, ese es el título del punto 9: “gut issues”. Una fuente del redactor del documento dijo que de las dos cosas que más preocupaban a Pinochet en términos políticos, “una es la protección de los juicios por Derechos Humanos”. Y había más detalles: “el presidente está embrujado con el espectro de los crímenes de Derechos Humanos y temeroso de los juicios que pudieran hacerlo objeto de la misma suerte del general argentino Galtieri”.
Además de ello, se menciona como su segunda obsesión el ya mencionado asunto de la seguridad, pero con más antecedentes: “desde su intento de asesinato en 1986, incluso su nieto tiene guardaespaldas. Mantener una estrecha protección en el futuro será una gran preocupación (suya)”.
Asimismo, el informe señala que su principal línea de defensa sería la Constitución del 80 y se relata que si bien quiso dejar como vicecomandante en Jefe del Ejército a Santiago Sinclair, finalmente optó por Jorge Zincke, debido a que el primero tenía poco apoyo interno.
Citando a otro “pinochetólogo”, como quedó escrito, el redactor señalaba que los retiros de Sinclair y otros generales aseguraban a Pinochet un alto mando que le era totalmente leal en términos personales.
Se cuenta además (y con esto queda claro que al menos una de las fuentes del documento era alguien muy bien ubicado en el gobierno) que tras el plebiscito Pinochet comenzó a exhibir un fuerte interés por las encuestas, especialmente las del CEP, estando muy preocupado de cómo esta mostraba a Patricio Aylwin, a Ricardo Lagos, a Hernán Buchi y a Sergio Onofre Jarpa.
Luego de un recuento sobre los mensajes que enviaba a la Derecha política, el paper de EEUU califica a Pinochet como “el perfecto líder maquiavélico” que dejaba que “cada uno de sus asesores supiera sólo una parte de lo que piensa, y que demanda lealtad total”.
Se citan también palabras del director del Servicio Electoral, Juan Ignacio García, quien está próximo a dejar su cargo luego de 35 años en este, que dijo a los norteamericanos que Pinochet, quien lo había nombrado en el cargo, era como un gran roble, “que no deja que algo crezca a su sombra”.
El documento termina diciendo respecto de Pinochet que “no hay dudas que estará complotando hasta el final”.
Lee el documento. El informe sicológico está en la página 5:


El día que Pinochet creyó que la CIA lo quería matar


Pinochet luego del atentado, mostrando cómo los impactos de bala habían formado -según él- la imagen de la Virgen del Carmen en su auto.
Inmediatamente después del atentado por medio del cual el FPMR intentó aniquilarlo en septiembre de 1986, el entonces mandatario culpó en primer lugar a otros uniformados. Luego cambió de parecer y pensó en la CIA y, en tercer lugar, en el Partido Comunista. Meses antes de ese hechos, la CIA emitió al FBI una curiosa petición de información sobre Pinochet y su familia para “un estudio” que, si existió, no fue desclasificado.
Por Carlos Basso
No es difícil imaginarse la escena. Luego de la feroz embestida del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) ese domingo 7 de septiembre de 1986, Augusto Pinochet no sabe qué pensar. Todo fue extremadamente rápido y violento. Según la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), el entonces mandatario no tenía presupuestado regresar ese día a Santiago desde la mansión que se había construido en El Melocotón, pero a último minuto tomó la decisión. Contrario a su costumbre, no viajó en helicóptero, sino en una de las clásicas caravanas presidenciales, las cuales –afirmaba la agencia norteamericana- “son habitualmente precedidas por varios contingentes de seguridad, que se apostan en diferentes puntos a lo largo de la ruta, y brindan cobertura desde el aire por helicóptero. Esto no se hizo en esta ocasión”.
En el auto, además de Pinochet y su nieto Rodrigo, viajaban también –de acuerdo al documento- el edecán naval y un conductor. La CIA describió el inicio del ataque de modo cinematográfico, relatando que el marino “vio una explosión correspondiente, aparentemente, a uno de los autos de escolta que fue alcanzado por un cohete, y luego numerosos flashes de disparos”.
Pinochet, de acuerdo al relato norteamericano, “tomó una ametralladora que mantenía cerca de él y trató de salir del auto. El edecán naval lo alejó de la puerta y le dijo que se lanzara al suelo, cubriendo a su nieto, y ordenó al conductor poner reversa y salir de la emboscada. Cuando retrocedía, el auto de Pinochet se enredó con otro, que se pensó era aquel donde iba el médico de Pinochet y guardaespaldas adicionales, y lo hizo salirse del camino”.
Siempre según esta versión,  más tarde se determinó que el móvil chocado por el Mercedes de Pinochet “era uno de los vehículos de los terroristas, que de algún modo se las arregló para unirse a la caravana presidencial”.
De regreso en la mansión de El Melocotón, Pinochet pensó como primeros autores del ataque en otros miembros del Ejército, según la CIA. No hay que olvidar los problemas que había tenido incluso con miembros de la junta militar y la espada de Damocles siempre pendiente del retiradogeneral Manuel Contreras, para comprender dicha idea. Luego, sin embargo, y tras hablar con varios oficiales de alto rango, cambió su posición “y dijo que detrás del ataque estaban la Agencia Central de Inteligencia o el Partido Comunista Chileno”.
Claro, era lógico pensar en el PC o más bien en –como sucedió- en su aparato armado, el FPMR, pero la mención a la CIA, la misma que había trabajado desde 1969 para evitar que Allende tomara el poder y luego para defenestrarlo, es un tanto extraña, pero a la propia CIA no le llamaba la atención en lo más mínimo. En el mismo cable, de hecho, se indicaba que “muchas autoridades del gobierno, de línea dura, y oficiales militares, creen que el gobierno de Estados Unidos posee un plan para derrocar a Pinochet, y que ha desarrollado una extensa red de oficiales navales y de la Fuerza Aérea para este fin. Pinochet también cree que este es el caso, y considera a su peor enemigo al Departamento de Estado y la CIA. El PC es un problema menor”, decían los agentes de la estación de la CIA en Santiago el 21 de noviembre de 1986.
La familia
En 1987, Pinochet fue más lejos e insistió en el supuesto papel de la CIA en el atentado. Le Monde reprodujo esos dichos y el diario La Epoca -relata un cable de dicha agencia de inteligencia, del 08 de mayo de 1987- publicó un titular que decía, al lado de una foto de Pinochet, “Caramba, caramba, ¿La CIA?”. La Tercera, por su parte, fue un poco más templada en su título: “mano de la CIA en el intento de asesinato”.
De acuerdo al texto de La Epoca, según el capitán general la CIA ya lo había tratado de asesinar dos veces, en 1973 y 1976, sin dar mayores datos al respecto. El redactor del cable decía que “Pinochet puede creerse muy en serio lo que está diciendo, pero también parece que estas declaraciones se están haciendo para crear un ambiente en el cual virtualmente no pueda haber contacto entre los militares chilenos y la misión (militar) de Estados Unidos”.
Aceptando que no podía decirse con certeza cuáles eran las razones por las cuales Pinochet había escogido a la CIA como blanco, el informe menciona que alguien cuyo nombre esta borrado puede haber “envenenado la mente de Pinochet”.
Para nadie es un misterio que hacia el final de su gobierno, las relaciones ente la dictadura y los republicanos encabezados por Ronald Reagan eran pésimas, lo que de hecho se refleja en el informe de la personalidad de Pinochet confeccionado en 1988 por los norteamericanos, en el cual dicen que el militar poseía una personalidad paranoica, afectada por cambios de humor bipolares, con poca tolerancia a la frustración y –entre otras cosas- con un sentido mesiánico del deber.
Sin embargo, la CIA sí poseía un interés en Pinochet que iba mucho más allá de lo que se podría pensar como normal. Sin ir más lejos, en 1974 y 1976 la agencia había confeccionado perfiles biográficos de Pinochet, en el último de los cuales, por ejemplo, se señalaba que estaba dedicado a borrar cualquier vestigio del marxismo, que tenía una “preocupación por la gente” y que era “genuinamente popular en Chile, a pesar de las severas críticas a su persona en el exterior”. Por cierto, allí se relataba que estaba casado con Lucía Hiriart, y que tenía cinco hijos y siete nietos. También lo calificaban como un hombre que podía ser “cálido y paternal”.
Curiosamente, en abril de 1986 la CIA andaba muy interesada en nuevos detalles acerca de la familia de Pinochet, pues ello consta en un documento desclasificado por el FBI, en el cual el director de dicho organismo respondía a su par de la CIA una petición que este le hiciera por telex sobre antecedentes para “un estudio del presidente chileno Augusto Pinochet Ugarte” y su familia. Al respecto, el FBI, que posee habitualmente menos funcionarios que la CIA en embajadas como la de Chile (y por ende maneja menos información) respondía que lo único que habían podido encontrar al respecto en sus archivos era una información relativa a una reunión que Pinochet había tenido en 1975 con un grupo de cubanos anticastristas, a los cuales habría ofrecido interceder ante Paraguay y Uruguay para que los apoyaran.
Lo más interesante del asunto, es que entre los documentos desclasificados por la CIA (hasta la fecha son más de 2 mil los relativos a Chile) en parte alguna está el estudio al cual hacían referencia en el cable del FBI.
¿Habrá sabido Pinochet algo al respecto?
Lee los detalles del cable que relata el atentado y los primeros pensamientos de Pinochet:

http://documentomedia.cl/2013/09/04/el-dia-que-pinochet-creyo-que-la-cia-lo-queria-matar/

Los informes secretos de la CIA sobre Jaime Guzmán

Durante varios años, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos siguió con mucha atención el papel del gestor de la Constitución del ’80 en materia de Derechos Humanos, así como su enfrentamiento con Manuel Contreras. Incluso, un documento de la CIA, escrito después del crimen del senador Jaime Guzmán, sugiere de algún modo que el jefe de la DINA pudo estar implicado de algún modo en el homicidio.

La real dimensión y peso que Jaime Guzmán tuvo en la historia de Chile y, especialmente, en la forma en que se opuso a Manuel Contreras, es un capítulo que aún está por escribirse, pero hay distintas fuentes documentales del pasado reciente que arrojan indicios al respecto y que también reflejan de algún modo las apreciaciones que su sobrino, Ignacio Santa Cruz, ha planteado acerca del asesinato del senador.

Quizá el indicio más potente respecto del papel que Guzmán tendría luego del 11 de septiembre reside en el Acta Nº1 de la Junta Militar, que sesionó en forma secreta el 13 de septiembre de 1973, a partir de las 9.55 horas, con la presencia de los cuatro comandantes en Jefe, presididos por Augusto Pinochet, más el Secretario General del Ejército, el coronel Pedro Ewing.

Allí, según quedó transcrito, ”se encuentra en estudio la promulgación de una nueva Constitución Política del Estado, trabajo que está dirigido por el Profesor Universitario Dn. Jaime Guzmán”.

La Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) también sabía de la importancia que Guzmán tenía en el diseño de la institucionalidad que el régimen pretendía implantar, como se refleja en un informe secreto de la Dirección de Operaciones de la CIA, del 8 de julio de 1975, relativo  a la posibilidad de que fuera liberado el secretario general del Partido Comunista, Luis Corvalán.

Pocos días antes, Pinochet había anunciado públicamente que no permitiría la entrada a Chile de una delegación de observadores de Derechos Humanos de la ONU, lo que levantó una enorme polvareda. Según la CIA, la idea que comenzó a manejarse al interior de la dictadura en orden a liberar a Corvalán, es que se podía tratarse de una “contramedida”, destinada a reducir el nivel de las críticas por el episodio de la ONU.

En dicho contexto, Pinochet realizó un viaje al norte del país, al cual se unió Guzmán, sorpresivamente.

De acuerdo al documento desclasificado ya mencionado, “Jaime Guzmán, un prominente asesor de Pinochet, fue al norte de Chile a unirse a Pinochet, que se encuentra en una gira oficial en esa área. El propósito de Guzmán es hacer lobby para liberar a Corvalán lo antes posible”.

Pese a sus esfuerzos, el líder gremialista no pudo imponerse ante los sectores más duros y no consiguió -en ese momento- su propósito, aunque lo lograría a fines de 1976, cuando se canjeara a Corvalán por el disidente soviético Vladimir Bukovsky, en el aeropuerto de Zurich.

En julio de 1975, no obstante, el apuro de Guzmán por reunirse con Pinochet y no esperar que este regresara a Santiago se entiende a la vista de lo que estaba ocurriendo en ese momento en las capitales de Chile y EEUU.

De acuerdo a otro documento de la CIA, del 10 de julio, “el presidente Pinochet desea que el general Walters reciba un emisario, con el propósito de explicar la posición de Chile en el asunto de los Derechos Humanos, para que lo sepa el secretario Kissinger”.

Walters era Vernon Walters, el general que en ese momento ejercía como Director Adjunto (subdirector) de la CIA, y el emisario que Pinochet mandó un par de días después, desoyendo a Guzmán tras atenderlo en el norte, era Manuel Contreras, el director de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA),  principal responsable de las violaciones a los Derechos Humanos que la ONU quería investigar.

El mismo texto, redactado por los agentes de la CIA en Santiago, dejaba en claro que les parecía que Contreras poco contribuiría a convencer a alguien en EEUU sobre la realidad de los DDHH en Chile, “dada la distorsionada visión de los líderes chilenos sobre su propia situación”.

Contreras en EEUU
No hay documentación específica relativa a ese viaje de Contreras a Washington, salvo un paper del Departamento de Estado (fechado el 24 de agosto de 1975) en que el funcionario que firmaba, sólo identificado como “R.V. Fimbres”, contaba que “me reuní con Contreras a través del general Morel a principios de julio, cuando el jefe de la DINA visitó Washington” (Morel era el general Enrique Morel, agregado militar chileno en ese momento).

Este informe precisa que el coronel de la inteligencia chilena efectivamente estuvo en la capital de EEUU “explicando las razones de las acciones de Pinochet” en torno a la visita de la comisión de DDHH de la ONU.

Lo que sí es claro es que dicha visita ocurrió prácticamente en la misma fecha en que la CIA reconoce -a través del informe Hinchey- que hizo un pago a Contreras por información, lo que ocurrió “entre mayo y junio de 1975″. Si bien el reporte Hinchey asegura que la idea de convertir al jefe de la DINA en informante de la CIA fue prontamente rechazado al interior de la agencia, dado el historial de brutalidades atribuidas al personaje, de todos modos, “por un malentendido”, la Agencia Central de Inteligencia le entregó dinero.

Poco más de un mes después Contreras viajó nuevamente a Washington. El 24 de agosto de reunió con Fimbres, el mismo funcionario del Depto. de Estado con quien había hablado en julio. Cenaron juntos y allí, entre otras cosas, Contreras le dijo que quedaban 600 “presos políticos de línea dura”, 300 de los cuales eran “miristas o extremistas “, anotó Fimbres. Conversaron además sobre otros 17 presos “VIP”, como se los describe en el cable, diálogo que deja en evidencia que Contreras había doblado la mano a Guzmán, pues informó al estadounidense que el número 1 de esa lista, Luis Corvalán, seguiría preso.

Al día siguiente, 25 de agosto, Manuel Contreras almorzó con Vernon Walters, quien envió un informe al director de la agencia de inteligencia norteamericana en el cual hacía presente que le había dicho al chileno que “la agencia (CIA) no puede proveer entrenamiento ni apoyo para cualquier actividad que pueda ser considerada como ‘represión política interna’. A este respecto, la agencia está muy complacida de la circular del 17 de enero de 1974, del Ministerio de Defensa (de Chile) que entrega instrucciones sobre el tratamiento de prisioneros, de acuerdo a las normas de la Convención de Génova, de 1949″.

Sin embargo, parece que Walters no fue el único funcionario de la CIA con quien conversó Contreras. El 29 de agosto la División Hemisferio Occidental (WHD, por sus siglas en inglés) de la CIA emitió un documento en contra de Jaime Guzmán, basado en fuentes que se identificaban como “autoridades gubernamentales y oficiales militares” de Chile, quienes culpaban a Guzmán y su sector de haber sido ellos quienes habían presionado a Pinochet para no recibir a la delegación de la ONU.

Guzmán comienza a imponerse
Poco a poco Guzmán logró ir imponiendo sus puntos de vista en el tema de los DDHH. Ya a principios de 1976 la CIA dejaba constancia de ello. Un reporte confidencial del 20 de febrero de ese año aseguraba que Pinochet estaba “ansioso” por publicar la primera parte de la nueva Constitución durante el primer semestre de ese año, porque se refería a los derechos individuales. Esta actitud del dictador, a juicio de los hombres de la CIA, se debía a las conversaciones que este mantenía con el ministro de Justicia, Miguel Alex Schweitzer; el presidente de la Corte Suprema, José María Eyzaguirre, y Jaime Guzmán, quien habría reconocido a alguna de las fuentes de información de los agentes estadounidenses que había tardado en darse cuenta de la seriedad de los abusos en materia de Derechos Humanos, pero que ya se había convencido de ello y de la responsabilidad que tenía al respecto la DINA.

El mismo memo de la CIA indicaba que a fines de enero el nuncio apostólico, Sótero Sanz, se había quejado a Pinochet sobre la “visita” de agentes de la DINA a la nunciatura, exigiendo la entrega del líder del MIR Nelson Gutiérrez (quien se encontraba allí refugiado).

Sanz, según la CIA, mostró posteriormente a Jaime Guzmán una carta que había escrito al Vaticano, “expresando temor por su propia vida y pidiendo ser redestinado”. Guzmán, a consecuencia de ello, “ahora cree que es su deber tanto garantizar la seguridad del nuncio en Chile, como corregir los abusos de los cuales este habló”.

Cabe mencionar que meses antes de la arremetida de la DINA contra la Nunciatura, el propio Papa Paulo VI había ordenado a la iglesia en general presionar a Augusto Pinochet, luego de conocer la denominada “Operación Colombo”, la que también había pedido a Sanz que investigara. El nuncio fue remplazado al año siguiente por Angelo Sodano. 

Estado de Sitio
Algunos meses más tarde, un informe de la CIA fechado el 3 de diciembre de 1976, relataba la salida de Alvaro Puga como encargado de las comunicaciones del gobierno y señalaba que este había sido remplazado por Hugo Rosende, “hijo de un abogado que ha ganado prominencia recientemente, como resultado de su exitosa defensa de las posiciones del gobierno en importantes casos ante la Corte Suprema”.

Luego de casi una página borrada, el reporte continuaba reseñando que “Contreras también perdió una batalla importante frente a Guzmán y Rosende padre, respecto de la decisión de liberar a todos los prisioneros detenidos bajo estado de sitio”.

Una fuente clasificada (cuyo nombre está borrado) agregó al respecto que “Contreras estaba totalmente en contra de esta política porque, después de la liberación, será difícil justificar la continuidad del estado de sitio”.

Sin embargo, los redactores del informe de inteligencia señalan que más tarde Contreras cambió de opinión, mostrándose a favor de la liberación (cuando esta ya era un hecho), lo que explicaban como “una indicación de cómo se ajusta a los cambios de circunstancias”. Incluso, sin nombrar a Guzmán, el texto evidencia que el jefe de la represión chilena una vez más aprovechó lo que estaba ocurriendo para manchar a su adversario, aseverando que “Contreras mantuvo que ciertos asesores civiles se opusieron a la medida”.

El cable agregaba al final del mismo que “Guzmán ha sido visto haciendo lobby para la inclusión de civiles en el grupo de Asesoría Política (Asep). Específicamente, le gustaría que el grupo de cinco hombres se expandiera para incluirlo a él, a Rosende padre, a Amunátegui y a Sergio Fernández Larraín”, decía el escrito, que como comentario final explicaba que “el común denominador entre estos civiles es que todos ellos son antiguos seguidores del ex presidente Jorge Alessandri”.

Un memorando de la Embajada de Estados Unidos en Santiago, del 11 abril de 1977, reflejaba que, pocos meses después, Guzmán ya estaba completamente posicionado en las esferas del poder.

En un almuerzo con el embajador David Popper, quien calificaba a Guzmán como “un influyente asesor de Pinochet”, el profesor de la UC elogió los comentarios de dos funcionarios estadounidenses sobre un supuesto mejoramiento del tema de los DDHH en Chile, lo que a juicio de Popper implicaba que “él piensa que esto podría ser útil para combatir una tendencia dentro de la junta en orden a creer que, no importa lo que haga, el gobierno no recibirá crédito por las mejoras en la situación de los Derechos Humanos en Chile”.

Pese al optimismo de Guzmán, el estadounidense le representó que “el aparato represivo de la junta en pleno sigue en su lugar y no hay seguridad de que no vayan a reiniciarse las desapariciones misteriosas, las detenciones arbitrarias y las torturas”.

Guzmán -escribió el diplomático- acordó en general con el análisis” y agregó que Pinochet tendía a tomar medidas “de gran severidad”, debido a la influencia de Manuel Contreras y de alguien que, solo meses antes, los estadounidenses veían como muy cercano al fundador de la UDI: Hugo Rosende.

Luego de ello, Guzmán explicó que él había sido, sin embargo, capaz de revertir esa tendencia a la dureza, añadiendo que le habían requerido su asistencia para la redacción de un discurso de Pinochet, el 18 de marzo anterior, ocasión que había aprovechado para insertar una frase en la cual se sugería que el Consejo de Estado podría convertirse en un cuerpo legislativo con “alguna participación popular determinada”. La conclusión del jurista era que “al aceptar este lenguaje, Pinochet, en efecto, ha reconocido que el gobierno ha ido muy lejos y que es necesario un giro en esa dirección”.

El 9 de noviembre de 1977, un informe de la CIA analizaba la salida de Manuel Contreras del mando de la CNI, junto a su segundo, el coronel Rafael Pantoja, que sería remplazado (según ese paper) por el coronel Walter Doerner Andrade, a quien se identifica en el documento de inteligencia como ex director de operaciones de la DINA, describiéndolo además como “pro-Estados Unidos, anticomunista incondicional y de puntos de vista conservadores”.

El punto 6 del mismo reporte argumentaba que “un asesor del general Contreras interpreta la salida de este y del general Hernán Bejares González, ministro secretario general del gobierno, que está en retiro, como una victoria significativa para Jaime Guzmán, un asesor civil clave de Pinochet, y otros delínea blanda en el gobierno chileno”. En el mismo sentido, se expresaba que “Contreras, Bejares y el general César Benavides, ministro del Interior, están en el centro del grupo que presiona al presidente Pinochet para mantener políticas de seguridad interna duras, a pesar de la presión internacional sobre Pinochet por mejorar la imagen de los Derechos Humanos en Chile”.

Siempre en el mismo documento, quedaba establecido que “Contreras quedó completamente en shock” con su salida y se comparaba lo que le sucedió con “la actitud del marido engañado, que es el último en enterarse de que su mujer es infiel”. Acomodaticio como siempre, los analistas de la agencia estadounidense relataban que, una vez asumido el golpe, Contreras –destinado en ese momento a la dirección de la rama de ingenieros militares- comenzó a decir que “él estaba de acuerdo con el cambio”.

El crimen
Aproximadamente a las 1830 horas del 1 de abril del ’91, el senador Jaime Guzmán Errázuriz, de la Unión Demócrata Independiente (UDI), uno de los partidos de la oposición, fue tiroteado por cuatro posibles terroristas, tras salir del Campus Oriente de la Universidad Católica, al Este de Santigo”, explicaba un cable urgente de la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA, por sus siglas en inglés), despachado la noche del 1 de abril de 1991, desde la Misión Militar de Estados Unidos en Santiago, al Pentágono.

El reporte explicaba que los tiradores habían disparado con armas calibre 9 mm y que dos horas más tarde Guzmán fallecía en el Hospital Militar.  Además, se recordaba que el asesinado parlamentario “se opuso fuertemente en el senado, una semana atrás, a una reforma constitucional que franquea al presidente la posibilidad de indultar a presos políticos que hayan cometido actos terroristas antes del 11 de marzo de 1990″.

El mismo informe señalaba también que “el Frente Manuel Rodríguez (FMR) se adjudicó responsabilidad por el acto terrorista” a través de un llamado telefónico efectuado a Radio Minería.

Hasta hoy en día, nadie duda de ello. Existe una completa investigación judicial que establece sin lugar a equívocos la responsabilidad material, como autores de los disparos, de dos militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez Autónomo (FPMR-A), los aún prófugos Raúl Escobar Poblete y Ricardo Palma Salamanca. Como autor intelectual está condenado Raúl Hernández Norambuena, actualmente preso en Brasil tras fugarse de la Cárcel de Alta Seguridad el 30 de diciembre de 1996 junto a Palma Salamanca y otros dos frentistas, y está pendiente el fallo en el caso del antiguo comandante “Eduardo”, Enrique Villanueva. A mayor abundamiento, el propio grupo se adjudicó el “ajusticiamiento”.

Sin embargo, 28 días después del crimen; es decir, el 29 de abril de 1991, la Estación de la CIA en Santiago envió un informe de tres páginas a Washington referido al homicidio, el cual estaba dirigido a la NSA (la Agencia de Seguridad Nacional), el INR (la agencia de inteligencia del Departamento de Estado), la propia DIA, la famosa “situation room” de la Casa Blanca y los cuarteles del comando sur del Ejército de Estados Unidos, en Panamá.

Este cable fue desclasificado en julio del año 2000, y es probablemente uno de los documentos más censurados de entre los que liberó la CIA.

De hecho, tiene borrados todos los encabezados y casi todo el texto, salvo los destinatarios y una frase incompleta, en la segunda página, que alcanza a decir “A mediados de abril de 1991″.

Además, sobrevivieron al plumón de los desclasificadores seis líneas del punto 4, donde está tachado el nombre de una fuente de información, quien dijo a los agentes la misma tesis que ha esbozado en los últimos días Ignacio Santa Cruz, director de la película “El tío” y sobrino del senador: que existía información en orden a que “una célula de la facción disidente del FPMR (FPMR-A), que fue infiltrada por el antiguo director de Inteligencia Nacional, general en retiro Manuel Contreras Sepúlveda, llevó a cabo, el 1 de abril, el asesinato del senador derechista Jaime Guzmán Errázuriz”.

Posteriormente se agrega que alguien, quizá la misma fuente o alguien más, lo que no sabremos porque el nombre también fue eliminado por los desclasificadores, comentó con enojo que “esto es desinformación”, sin que sea posible entender si dicha referencia es a la inculpación de Contreras o a otra cosa, dado que no se sabe cuál es el contexto en que se dejaron esas líneas.

En todo caso, quien mejor información manejaba en Chile acerca de los movimientos del FPMR era la CIA. Existen numerosas evidencias de cómo esta infiltró a ese grupo, averiguando –por ejemplo- que luego del atentado de 1986 en contra de Pinochet se ordenó un segundo ataque, que luego fue desactivado y, del mismo modo, sabían con detalle que el coronel Carlos Carreño, secuestrado en 1987, sería liberado en Sao Paulo, en un polémico caso donde la propia víctima declaró hace cuatro años que sus secuestradores, del FPMR-A, estaban digitados por los organismos militares de la época.

La Historia Oculta del Régimen Militar

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