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jueves, 29 de agosto de 2013
Tejas Verdes
Tejas Verdes
V Región
Foto arriba: Cortesia de Julio Oliva
El campo de concentración “Tejas Verdes” estaba ubicado en la Avenida El Arrayán s/n, Población Tejas Verdes, en la Provincia de San Antonio, y era parte de la infraestructura de represión del Ejército y fue uno de los más paradigmáticos centros de tortura, relacionado directamente con la formación y centro de operaciones de la DINA desde 1973. En este recinto de tortura también se entrenaba a agentes de los diferentes servicios de inteligencia en métodos de tortura y represión. Entre los “profesores” se encontraba el hoy Alcalde de Providencia (Santiago) Cristian Labbe Labbe.
De acuerdo al Informe Rettigg “Tejas Verdes” correspondía al: Campamento Nº 2 de Prisioneros de la Escuela de Ingenieros Militares "Tejas Verdes": Dicho recinto de detención, que llegó a tener más de 100 prisioneros en ciertas épocas, funcionó como tal desde el mismo 11 de septiembre de 1973, existiendo testimonios de su uso sistemático para tales efectos hasta mediados del año 1974.
Los presos politicos que estuvieron detenidos en Tejas Verdes señalan que, inmediatamente después del golpe de Estado, eran trasladados desde San Antonio y Melipilla a Tejas Verdes. Se trataba de arrestos realizados por carabineros. Luego, desde principios de 1974 y hasta el año 1976, se concentraron aquí prisioneros venidos de otros puntos del país, especialmente de otros recintos de la DINA de Santiago. Testimonios entregados por ex presos políticos señalan que en este recinto de detención se utilizó shocks eléctricos, vejaciones y violaciones como practica diariamente en los interrogatorios. Estas declaraciones también señalan que en muchas ocasiones se utilizo médicos y enfermeras para cuidar a los presos que quedaban en mal estado físico después de los interrogatorios, los cuales, después de recuperarse, eran trasladados a nuevas sesiones de torturas. Los presos políticos permanecían en el Campamento N° 2y en la Cárcel Pública, en tanto los interrogatorios se realizaban en la escuela. Hay testimonios de que relatan que a éste lugar, desde la cárcel, eran trasladados en camiones frigoríficos pertenecientes a una empresa pesquera. Iban siempre amarrados, con los ojos vendada o encapuchados. Eran llevados a distintas dependencias de la escuela, entre las que se menciona el subterráneo del casino de oficiales y un segundo piso; en el intertanto eran mantenidos en una celda húmeda.
Numerosos testimonios entregados a la Comision Valech señalan que transcurridas algunas horas se los llevaba a una sala en la que permanecían desnudos, atados a una silla, o a un somier metálico, se les propinaban golpes, se les aplicaba electricidad, sufrían colgamientos, quemaduras, extracción de uñas, estiramiento del cuerpo con cuerdas, simulacros de fusilamiento, vejaciones y situaciones de violencia sexual. Como efecto inmediato sufrieron fracturas y pérdida de conciencia. Después del los interrogatorios eran devueltos al campamento o la cárcel. Consta en las denuncias que otra forma de humillación y castigo fue la reclusión en una pieza de madera de aproximadamente 5 ó 6 metros cuadrados de superficie, sin ventanas, con fisuras en sus paredes, muy helada, donde permanecían hacinados, con restricciones de alimentos, agua, abrigo, sueño y sin baños. Adicionalmente se torturaba a los detenidos arrojándolos en unos contenedores, donde permanecían días incomunicados; otros eran llevados a los nichos, un pequeño espacio que inmovilizaba a la persona, ubicados bajo las torres de vigilancia, como consta en las declaraciones hechas ante laComisión Valech. Finalmente, en muy malas condiciones, los presos políticos eran enviados a algún campo de prisioneros o a la Cárcel Pública de San Antonio.
Testimonio de una ex -prisionera política del campo de concentración Tejas Verde
"...estuve detenida en el campo de prisioneros de Tejas Verdes, desde la primera semana de enero de 1974. Tres meses aproximadamente. Posteriormente me trasladaron a otros campos de concentración. Salí de Tres Álamos, luego de ocho o nueve meses. Nunca estuvo claro por qué me detuvieron. Trabajaba con mujeres, y estábamos convencidas del proceso de Salvador Allende y lo que significaba el gobierno de la Unidad Popular. Mi marido trabajaba en Madeco, y luego del golpe fue detenido.
Vivíamos en la Población Madeco. En enero de 1974, yo estaba tratando que a mi marido lo pudiera visitar su familia. Estaba incomunicado. Vecinos me avisaron que en mi casa había hombres de civil. En la casa estaban mis hijos y una cuñada. Cuando entré, permitieron salir a los niños. Tres civiles allanaron la casa y me llevaron en una camioneta sin patente. No tenía conciencia de lo que iba a vivir...
Me vendaron los ojos, trasladándome a Londres 38. Allí me golpearon... Después me trasladaron al Tacna, unas horas... luego a Tejas Verdes...
Llegamos de noche. Iba con otra persona, sentada en el suelo y amarrado con alambre. Yo estaba vendada. No sabíamos qué lugar era, pero sentí que estaba cerca del mar y de eucaliptos... Me encerraron en una especie de mediagua, y al día siguiente comenzaron los interrogatorios... las primeras semanas fueron las más duras. Nos trasladaban en camiones hasta el lugar de tortura, el Casino de la Escuela de Suboficiales de Tejas Verdes. En ese momento no sabía donde estaba. Nos llevaban en camiones frigoríficos, amarrados, vendados, con capuchas. Nos hacían bajar escalones y, a mí me dejaron en una celda. Los interrogatorios empezaban muy temprano... me golpearon y aplicaron todas las formas de tormento: Golpes, corriente eléctrica, quemaduras con cera, cigarrillos; en un brazo aun tengo las marcas. Les dije que estaba embarazada, pero la verdad a ellos no les importó, al contrario. Me golpeaban con una fusta en el bajo vientre, para que perdiera mi guagua. Al tercer o cuarto día, comenzaron a violarme... varias veces me violaron y aplicaron corriente en la parrilla eléctrica...
Me hacían estar parada toda la noche. Me tiraban agua. No podía dormir. No nos daban comida ni agua. Fueron meses espantosos, horribles... Cuando volví a la caseta, al día siguiente, llegó Rebeca Espinoza [hoy detenida-desparecida]. Yo estaba en tan malas condiciones que pusieron una enfermera -también prisionera-, y le permitían que me atendiera. Me venían convulsiones musculares, producto de las sesiones de tortura... A los veinte días de ser torturada diariamente -me sacaban al sol para que las heridas cicatrizaran-, Rebeca Espinoza desapareció... la llevaron a la tortura y no volvió nunca más. Sé que desapareció porque los torturadores burlándose, cuando me venían convulsiones, me pasaron su chaleco para que me tapara...
Nunca estuve con otras compañeras. Sabía que había más detenidas. A través de las rendijas se veían. Se escuchaban voces. Vi muchos hombres y trabajadores de Madeco. Estaban desde antes que yo llegara. Supongo que mi detención tuvo que ver con el amedrentamiento a esos compañeros, para que hablaran... Luego nos hicieron firmar un papel que decía que no teníamos daños ni quejas. Yo tenía más de cinco meses de embarazo. Estaba en muy malas condiciones, mi bebé también, producto de la tortura física y psicológica. Me trasladaron a la Correccional, donde estuve unos 20 días. Allí agentes de civil nos llevaron al Estadio Chile con un tremendo despliegue... Luego a Tres Álamos desde donde salí en libertad. Mi casa siguió siendo allanada por soldados de Ingeniería de Tejas Verdes, a muchos los ubicaba...
En Tejas Verdes escuché las torturas de otras personas, gritos de hombres... Quien comandaba el campo de prisioneros era el general Manuel Contreras... recuerdo algunas caras de los soldados y torturadores... Fueron tres meses terribles. Las torturas, las primeras semanas, eran prácticamente todos los días. Después se fue espaciando, pero no dejaron de ser... No hubo momento en que no me torturaran. En el casino había pequeñas celdas... allí dejaban a los prisioneros. De vuelta del campo de tortura, me llevaban una frazada. La tomaban cuatro militares por las puntas. Nos llevaban en calidad de ovillos, en el medio de las frazadas... uno no era capaz de caminar... Luego me dejaban en una celda de cemento...
Tengo la impresión que había unas 15 mujeres, pero por ahí pasaron muchas más... en el campo hubo unos 1.500 prisioneros. Recuerdo algunas caras y cómo estaban vestidos. Nos daban té en unas pailas y un pan. Cuando uno venía de la tortura no había comida ni agua... Los mismos milicos y torturadores nos decían que 'no tomáramos agua porque nos podía dar un paro cardíaco'... Recuerdo que se hablaba de que desde allí desaparecieron unos Tupamaros. Nos mantenían vendados con la capucha y, en el campo de tortura, nos amarraban... Normalmente nos interrogaban cuatro o cinco torturadores. Nos violaban, hacían simulacros de fusilamiento, aplicaban corriente. Después uno de ellos nos decía 'habla lo que te preguntan, no seai... yo te voy a ayudar'. Había una tortura física y otra psicológica. Yo no sé cuál es la que hace más daño. Pienso la peor es la tortura psicológica, porque todo lo físico se recupera. El daño psicológico es irreparable. Por eso nuestra sociedad está enferma y dañada...
Recuerdo que había también torturadores de civil. Uno de ellos me tomó y me puso en la parrilla. Tenía un acentoextranjero, uruguayo o brasileño, puede ser. Sé que había extranjeros ahí, que estaban 'formando' al resto de los torturadores, les explicaban cosas. A uno le parecía increíble. Aplicaban corriente y si te convulsionabas o te desmayabas, ellos decían: 'esto es lo que hay que hacer', eran 'instructores'... Eso lo vivieron todos los que pasaron por el campo de prisioneros... Finalmente perdí mi guagua en la Correccional... Cuando llegué a Tejas Verdes tenía dos meses de embarazo".
[Preso politico detenido en septiembre de 1973]: “...fui sometido durante mis primeras dos semanas en Tejas Verdes: choques eléctricos a las partes más sensibles del cuerpo estando yo amarrado en una silla de madera; golpes con "tontos de goma"; golpes con culatas de los fusiles; y golpes en los oídos con las dos manos al mismo tiempo [el telefono]...”
[Presa politica, menor de edad, detenida en septiembre de 1973]: “...Me condujeron a una sala, al entrar sentí mucho olor a sangre [...] escuchaba individuos que hablaban bajo, uno de ellos me desató las manos y me ordenó que me desnudara, les dije que por favor no lo hicieran, pero luego en forma violenta me desvistieron, dejándome sólo la capucha puesta, me pusieron en una especie de camilla amarrada de manos y pies con las piernas abiertas, sentí una luz muy potente que casi me quemaba la piel. Escuché que estos individuos se reían, luego un hombre comenzó a darme pequeños golpes con su pene sobre mi cuerpo, me preguntó de que porte me gustaba, otro hombre escribía cosas sobre mi cuerpo con un lápiz de pasta. Luego vino el interrogatorio [...] en seguida ordenó que me pusieran corriente en los senos, vagina y rodillas [...]. Luego de las descargas pararon un rato, mientras sentía que hablaban entre ellos. Nuevamente retomaron el interrogatorio, esta vez me dijeron que me habían conectado a la máquina de la verdad [...] por cada respuesta que daba sonaba un pito de esta máquina, por cuanto me decían que yo estaba mintiendo [...] el pito de ese aparato se transformó en un infierno [...] vinieron nuevamente los golpes y las descargas eléctricas, cuando casi estaba inconsciente me levantaron la capucha hasta la nariz, me pusieron un vaso en la boca haciéndome ingerir un líquido, no supe qué pasó conmigo hasta el día siguiente que me devolvieron al campo de prisioneros. En el campo fui recibida por el suboficial [...] el que al verme comentó que si se diera vuelta la tortilla no querría que esto le pasara a su hija, le pregunté qué me había pasado, pero enseguida llamó a las enfermeras militares [...] sentía dolor en la vagina y en todo mi cuerpo [...] estaba muy deteriorada sin poder defecar...”
[Presa politica, embarazada, detenida en 1974] “...Al momento de la detención me vendan los ojos [...] y fui trasladada a [un recinto de la DINA]. Uno de los hombres pidió trato especial para mí porque estaba destinada para otro lugar. Ese trato fue golpes en los oídos, y aplicación de electricidad. Me llevaron a Tejas Verdes: siempre encapuchada e incomunicada en una barraca [...] Para los interrogatorios éramos trasladados en un camión frigorífico, amarrados, encapuchados. Nos desnudaban y nos introducían en unas celdas a la espera. Las sesiones de tortura duraban alrededor de doce horas. Este procedimiento era a diario. Yo tenía tres meses de embarazo. Recibí golpes bajo el vientre, golpes con sacos mojados sobre las piernas, baldazos de agua estando amarrada a un poste, amarrada por horas con cuerdas que pasaban bajo mis piernas. Me hicieron simulacro de fusilamiento y violación. Me arrancaron las uñas de los dedos chicos de los pies y quemaduras en el cuerpo. Escuchaba torturas de otros presos y me hacían escuchar un casete con la grabación de quejidos de niños y me decían que eran mis hijos. Me hacían comer excrementos. En el [se omite] y producto de las torturas se me produjo un aborto espontáneo. Nunca recibí atención médica...”
Criminales y Colaboradores:
General Manuel Contreras Sepulveda (Ejército Director de la DINA); Mayor David Miranda Monardes (Ejercito; SubDirector y Fiscal Militar); Coronel Cristian Labbe Labbe (Ejército DINA; actual Alcalde de Providencia, Santiago); Oficial Roberto Araya Silva (Oficial de Reserva, Corresponsal de guerra, Fach); Teniente Zarevich (Ejercito); Sub Oficial Carriel (Ejercito); Capitán Mario Jara Seguel (Ejercito); Sargento Parada (Ejercito); Capitán Kosin (Ejercito); Cabo Bahamondes (Ejercito); Sub Teniente de reserva Gutiérrez (Ejercito); Soldado Luis Berríos (Ejercito); Nano Jorquera (DINA – Agente Rocas de Santo Domingo); "Joel"; "El Coronta"; Capitán Videla (Ejercito); Teniente Luis Vargas (Carabineros); Váldes (Prefecto de Policía de Investigaciones); Cevallos; Teniente Quintana (Ejercito); Jorge Villagran (DINA – Ejército); Arturo Romero (DINA); Sub Oficial Ramon Acuña (Ejercito); Vittorio Orvieto Teplizky (Medico); Capitan Germán Jorge Barriga Muñoz (Ejercito); Teniente Jorge Marcelo Escobar Fuentes (Ejercito DINA); Conscripto Samuel Enrique Fuenzalida Devia alias “gato” (Ejercito DINA); Alejandro Rodríguez Fainette(Ejercito); Mayor Gerardo Urrich González alias " Mano Negra " (Ejército DINA); Capitán Eugenio Armando Videla Valdebenito (Ejército DINA);.
Fuentes de Información: Informe Rettig; Diario “El Siglo”; Libro: “Tejas Verdes: Mis primero tres minutos”; “Tejas Verdes: Diario de un Campo de Concentración en Chile”; CODEPU;Informe Valech; Archivos Memoriaviva
http://www.memoriaviva.com/Centros/05Region/tejas_verdes.htm
Investigación sobre Tejas Verdes señala participación en torturas de ex alcalde Cristián Labbé
Viernes 23 agosto 2013 | 9:23 · Actualizado: 9:25
http://www.biobiochile.cl/2013/08/23/investigacion-sobre-tejas-verdes-senala-participacion-en-torturas-de-ex-alcalde-cristian-labbe.shtml
El relato de las víctimas que pasaron y sobrevivieron el centro de tortura ‘Tejas Verdes’ conmovió para siempre a Javier Rebolledo, autor del libro ‘El despertar de los cuervos. Tejas Verdes, el origen del exterminio en Chile’.
En conversación con nuestro medio asociado CNN Chile, Javier Rebolledo reconoció que tras ocho años de reporteo sobre las violaciones de los Derechos Humanos en nuestro país, buscó descubrir cómo nació la Dirección Nacional de Inteligencia, DINA, en la localidad de Tejas Verdes, San Antonio.
Según el autor, en este recinto los funcionarios de la DINA aprendieron “el arte de la tortura” y pusieron en práctica gran parte de los conocimientos adquiridos en la Escuela de las Américas, entidad establecida en Panamá en 1946, y luego transladada a Fort Benning, Georgia, en 1984.
Javier Rebolledo describió parte de los vejámenes a los que eran sometidos los detenidos de Tejas Verdes.
En relación a este tema, Rebolledo aseguró que son más de veinte los ex integrantes de la DINA que confirmaron que el ex alcalde de Providencia, Cristián Labbé, los entrenó y participó de las torturas aplicadas a las víctimas en el recinto.
Sin embargo, el relato de un civil vinculado al ejército, Patricio Salvo, fue clave en la vinculación de Labbé con las torturas.
Según explicó el autor del libro, Salvo vio al teniente Labbé torturando a personas en el sótano del casino de oficiales.
Javier Rebolledo asegura que también estaría vinculado a la DINA el actual candidato a diputado de Renovación Nacional por el distrito de Los Ángeles, Rosauro Martínez, tal como lo indicaría un documento del Ejército.
Asimismo, el reconocido notario nacional, Hernán Blanche, se encargó de pagar los sueldos a los integrantes de la DINA con empresas clandestinas, entre otras asesorías legales.
Finalmente, Javier Rebolledo reconoció que aún no se sabe qué pasó con los hijos de nueve mujeres embarazadas que fueron detenidas en Villa Grimaldi.
http://www.biobiochile.cl/2013/08/23/investigacion-sobre-tejas-verdes-senala-participacion-en-torturas-de-ex-alcalde-cristian-labbe.shtmlLibro El Despertar de los cuervos de Javier Rebolledo, Anatolio Zarate y Feliciano Cerda ambos torturados en Tejas Verdes.
martes, 20 de agosto de 2013
Las denuncias que acusan al coronel Labbé de tortura en Tejas Verdes
20 DE AGOSTO DE 2013
Adelanto de la investigación periodística contenida en el libro “El Despertar de los Cuervos”“Patricio Salvo está completamente seguro de que vio a Cristián Labbé ese día en la sala de torturas. No tiene dudas”, es una de las citas del nuevo libro del periodista Javier Rebolledo. El texto aborda la historia de cuatro prisioneros, detenidos en los albores de la dictadura, al interior del primer campo de concentración que hubo en Chile. De sus páginas, adelantamos parte del capítulo 17. Se trata de, hasta ahora, desconocidos testimonios contra el ex alcalde de Providencia.
por JAVIER REBOLLEDO
Quien cuenta el episodio que se detalla a continuación, es Héctor Patricio Salvo Pereira, aspirante a oficial de reserva antes del golpe de Estado en el regimiento de ingenieros militares Tejas Verdes. Con la organización del aparato represivo en dicho lugar, Salvo pasó a conformar parte de la Agrupación de Patrullaje Nocturno, comanda por el mayor Mario Alejandro Jara Seguel, conocido entre los soldados como “El Papi” y brazo derecho del director del regimiento, el entonces teniente coronel Manuel Contreras Sepúlveda. La función de la agrupación era detener personas, allanar lugares, prestar guardia personal a las familias de los altos oficiales de Tejas Verdes, y también torturar.
Salvo, quien prestó testimonio para El Despertar de los Cuervos, declaró judicialmente este episodio hace poco más de un mes en la Corte de Apelaciones de San Miguel, donde se sigue una causa por los crímenes cometidos en Tejas Verdes. Es el primer militar que reconoce a Cristián Labbé en el centro de torturas, lo que se suma al testimonio (que recoge el mismo libro en un capítulo anterior) de Anatolio Zárate, quien declaró judicialmente que fue torturado por el ex alcalde de Providencia.
El acontecimiento narrado se desarrolla en el subterráneo del casino de oficiales del regimiento. El lugar fue acondicionado exclusivamente para la tortura de detenidos, quienes permanecían presos a poco más de un kilómetro de distancia, en el campo de prisioneros número dos. Eran llevados periódicamente hasta este lugar para recibir tormentos de parte de un grupo torturador dependiente de Manuel Contreras e integrado por el mayor Jorge Núñez Magallanes y el capitán Klaus Kosiel Hornig, entre otros.
Labbé junto a otros oficiales de la naciente DINA, instruía a los aspirantes a agentes, en un conjunto de cabañas —expropiadas por Manuel Contreras a la CUT— ubicadas en el balneario Rocas de Santo Domingo, también a poca distancia de Tejas Verdes y el campo de detenidos. Los nuevos agentes, alojaban y entrenaban en las cabañas, y asistían al subterráneo del casino de oficiales donde se aplicaban los tormentos, con el fin de observar las torturas y aprender como aplicarlas. En total, los tres lugares —el subterráneo del casino de oficiales, el campo de detenidos y las cabañas de la CUT, como centro de formación— conformaban un triunvirato destinado a foguear a los prospectos de la DINA.
A continuación, parte del texto:
–Vamos, necesito que me acompañes al subterráneo. Tengo que mostrarte algo.
Entraron por el ingreso interior del casino. Al bajar las escaleras vio el perchero al frente. Normalmente, los especialistas de la tortura dejaban ahí su chaqueta de trabajo y la cambiaban por un delantal blanco, ad hoc para la situación. Jara se quitó su chaqueta y dejó ahí su boina granate. Le llamó la atención que en uno de los percheros, otro delantal había sido sacado y en su lugar se encontraba una boina de color negro.
Bajó detrás de Jara por el pasillo hasta una de las habitaciones del subterráneo. Ahí estaba Kosiel y, a su lado, el mismo hombre que casi había llegado a los balazos con el Papi. Ambos con sus delantales blancos. A su alrededor, unos cinco detenidos, entre hincados y acostados, con el estómago hacia el piso, amarrados los brazos tras la espalda, en malas condiciones. Parecían torturados. Si hubiera andado con casco, se le hubiera caído de la impresión.
—Te presento a Patricio Salvo, jefe de patrullaje nocturno —dijo Jara con su buen tono habitual, como si nada. Salvo, él es el teniente Cristián Labbé. Viene a Rocas de Santo Domingo. Está haciendo un curso para los futuros agentes.
Es justamente esta unidad desde la cual Cristián Labbé cumplió su labor. Se trataba de un grupo de elite compuesto prácticamente en su totalidad por comandos salidos de la Escuela de Paracaidistas y Fuerzas Especiales de Peldehue y cuyo rol fue dar seguridad a Pinochet, su familia y, en un comienzo, al resto de los integrantes de la Junta de Gobierno. Pero según reconoció el propio subdirector de la DINA, Pedro Espinoza Bravo, el trabajo de Mulchén incluía también «operaciones clandestinas», tal como lo hacía la Brigada Lautaro, que fue guardia de Contreras y, al mismo tiempo, grupo exterminador en el cuartel Simón Bolívar de La Reina.
Se saludaron cordialmente. Labbé reaccionó del mismo modo que Jara, como si el enfrentamiento ni siquiera fuera un mal recuerdo (unos días atrás, Salvo había presenciado una disputa entre Jara y Labbé que casi había terminado a balazos). En ese mismo instante, uno de los detenidos levantó la cabeza y miró hacia donde estaban ellos. «Creí que el hombre había reconocido mi voz de alguna parte. Algún allanamiento o, simplemente, me buscó por instinto. Labbé también se dio cuenta. Caminó hacia el detenido, levantó la pierna y le dio un tacazo fuerte, seco, en la espalda».
–¿Qué estái escuchando, sapo?
Tras un profundo quejido, el hombre cayó de nuevo a su posición original.
Luego, Jara conversó un par de palabras más con Kosiel y Labbé, de forma animada. Con camaradería. Parecía una locura, pero bueno, se debieron haber arreglado en algún momento sin que él se enterara. Por lo menos vio a Labbé ahí durante un par de semanas. Yendo y viniendo, desde Rocas hacia Tejas Verdes. Se veía como parte de ese núcleo cercano a Jara.
Luego de su paso por Tejas Verdes y Santo Domingo, Cristián Labbé partió a la capital para realizar su trabajo de seguridad presidencial por encargo de la DINA.
Para ordenar su estructura, las unidades bajo el mando de la Brigada de Inteligencia Metropolitana (BIM) —creada en Rocas de Santo Domingo— se habían dividido en dos grandes agrupaciones: Caupolicán y Purén, para dar caza al MIR y al Partido Socialista, respectivamente. Algunas agrupaciones, sin embargo, quedaron fuera del mando de la BIM, dependiendo directamente de Manuel Contreras. Una de ellas era la Brigada Mulchén.
Es justamente esta unidad desde la cual Cristián Labbé cumplió su labor. Se trataba de un grupo de elite compuesto prácticamente en su totalidad por comandos salidos de la Escuela de Paracaidistas y Fuerzas Especiales de Peldehue y cuyo rol fue dar seguridad a Pinochet, su familia y, en un comienzo, al resto de los integrantes de la Junta de Gobierno. Pero según reconoció el propio subdirector de la DINA, Pedro Espinoza Bravo, el trabajo de Mulchén incluía también «operaciones clandestinas», tal como lo hacía la Brigada Lautaro, que fue guardia de Contreras y, al mismo tiempo, grupo exterminador en el cuartel Simón Bolívar de La Reina.
Del análisis de las declaraciones de agentes de la DINA e información anexa se obtuvo que en una primera etapa Labbé integró la Agrupación Pisagua, apéndice de Mulchén y destinada a la seguridad presidencial.
Mulchén ha sido un fantasma para la justicia chilena. Su única acción «encubierta» y luego «descubierta» fue el crimen del diplomático español y militante comunista Carmelo Soria, asesinado por agentes de Mulchén el 16 de julio de 1976. Lo torturaron, luego le fracturaron el cuello y, finalmente, lo lanzaron cuesta abajo en el sector de La Pirámide por un barranco, con botellas de alcohol en el interior del vehículo, simulando que había muerto en un accidente. En la tarea habrían recibido la cooperación de la Brigada Lautaro, su hermana en «operaciones clandestinas».
Cristián Labbé declaró judicialmente: «Fui destinado a la seguridad domiciliaria del Presidente Pinochet», rol que comenzó a cumplir «luego del 11 de septiembre de 1973» y se mantuvo ahí «hasta el año 1978», lo que significa que cuando ocurrió el crimen de Soria habría estado cumpliendo labores en dicha unidad.
Al cruzar los datos biográficos entre el jefe de Mulchén, Guillermo Salinas Torres, procesado por el crimen de Soria, y Cristián Labbé se obtiene que tuvieron el mismo camino en la DINA. Para el 73, ambos estaban destinados a la Escuela de Paracaidistas y Fuerzas Especiales de Peldehue. Salinas era capitán y Labbé teniente. Luego, los dos fueron llamados desde ahí a integrar el equipo de seguridad de Augusto Pinochet y ambos viajaron a Santiago para efectuar la seguridad directa en su casa. En otras palabras, trabajaron juntos.
Para el crimen de Soria, como jefe de Mulchén, Salinas fue quien dio la orden de eliminarlo.
Otra de las pocas huellas que ha dejado Mulchén respecto de sus «operaciones clandestinas» se encuentra en la declaración judicial del jefe de la Brigada Lautaro, Juan Morales Salgado, quien situó a los agentes de Mulchén en el centro de exterminio Simón Bolívar el mismo día que ahí envenenaron a dos ciudadanos peruanos con gas sarín. Fue un ensayo, ya que era una de las posibilidades para eliminar al ex canciller Orlando Letelier. Finalmente se optó por una bomba bajo su auto y en la acción participaron agentes de Lautaro y Mulchén en conjunto.
Si Labbé integró la seguridad presidencial entre 1973 y 1978, como él mismo lo declara, significa que también habría estado dentro de la Brigada Mulchén cuando se eliminó a los peruanos y en la caza a los militantes del Partido Comunista y sus dineros, con el fin de seguir financiando su estructura.
Patricio Salvo está completamente seguro de que vio a Cristián Labbé, ex alcalde de Providencia, ese día en la sala de torturas. No tiene dudas. Como a esas alturas tenía el ojo aguzado y estaba entre sus funciones controlar el tránsito de todos los vehículos en el regimiento, incluso se dio cuenta que el Volkswagen rojo de Klaus Kosiel, el segundo de la Secretaría de Estudios, por esos días era manejado por Cristián Labbé. Kosiel se lo había prestado. Quizás eran amigos. Durante esos días vio el Volkswagen estacionado en el cuartel Rocas de Santo Domingo y afuera del casino de oficiales.
http://www.elmostrador.cl/pais/2013/08/20/las-denuncias-que-acusan-al-coronel-labbe-de-tortura-en-tejas-verdes/
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