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miércoles, 16 de octubre de 2013

MARIO ENRIQUE MUÑOZ PEÑALOZA

Rut       : 5.969.277-1
F.Nacim. : 15-1-49, 24 años al momento de su detención
Domicilio : Asentamiento 24 de abril, Paine
E.Civil              :            Casado
Actividad            :            Obrero Agrícola
C.Repres. : Vicepresidente del Asentamiento 24 de Abril. Militante del Partido Socialista.
F.Detenc. : 10 de octubre de 1973

                                                                   

SITUACION REPRESIVA
            Mario Enrique Muñoz Peñaloza, 24 años, casado, 2 hijos, obrero agrícola y vicepresidente del Asentamiento 24 de abril, militante del Partido Socialista, fue detenido el día 10 de octubre de 1973 desde las cercanías de su domicilio por un grupo de Carabineros a cargo del Sargento Manuel Reyes Alvarez de la Subcomisaría de Paine. Sus familiares lo vieron por última vez el día siguiente a su detención en el interior de la Subcomisaría de Paine. A partir de esa fecha se encuentra detenido y desaparecido.
            Los hechos se iniciaron aproximadamente a las 18:00 horas del día 10 de octubre de 1973. Personal de la Subcomisaría de Paine, llegó hasta su domicilio en el cual no había moradores; Mario Enrique se encontraba en casa de su madre, ubicada cerca de su domicilio, por lo que rápidamente se informó de que era requerido, decidiendo volver a su casa. Al llegar frente a su domicilio fue interceptado por el Sargento Manuel Reyes Alvarez que era acompañado por otros cinco carabineros, entre estos un carabinero de apellido Sagredo. Inmediatamente fue detenido, subido a un jeep y botado en el piso del vehículo. Testigos de estos hechos fueron su madre doña Mercedes Peñaloza, su hermana Silvia Muñoz P. y su vecina Amanda Duarte Soriano. Su esposa Ana María Alvarez Balmaceda se informó de los hechos horas más tarde, dado que al momento de la detención no se encontraba en casa. Al día siguiente su cónyuge concurrió en compañía de su madre y su suegra a la Subcomisaría de Paine, allí solicitó insistentemente verlo accediendo los carabineros a sacarlo a un patio y mostrarlo desde lejos. Su esposa lo vio muy maltratado y en claras evidencias de estar desorientado.
            Al día siguiente en la mañana, al volver la cónyuge a la Subcomisaría se le dijo que Mario Enrique había sido trasladado a la Escuela de Infantería de San Bernardo. Al concurrir hasta dicha Escuela se le informó que no se encontraba en ese lugar. Pese a haber continuado haciendo averiguaciones tendientes a dar con su paradero, nunca pudo saber de él.
            Antecedentes judiciales consignan que Mario E. Muñoz Peñaloza fue llevado en calidad de detenido a raíz del operativo que Militares de la Escuela de Ingeniería de San Bernardo efectuaron el día 16 de octubre en Paine con un saldo de 22 detenidos, -todos los cuales permanecen en calidad de detenidos desaparecidos- incluyendo entre ellos a sus dos hermanos Ramiro Antonio, Silvestre René y Jorge Hernán Muñoz Peñaloza.
            Es del caso señalar que ese día 10 de octubre, también se detuvo desde su lugar de trabajo al mecánico José Gumercindo González Sepúlveda, también militante del Partido Socialista. La detención según han afirmado sus compañeros de trabajo, que presenciaron el arresto, se efectuó por Carabineros de la Subcomisaría de Paine, al mando del Sargento Manuel Reyes. González Sepúlveda fue trasladado desde el recinto policial a la Escuela de Infantería de San Bernardo. Su detención no fue reconocida oficialmente. Posteriormente, en diciembre de 1973, su familia encontró su nombre en las listas del Instituto Médico Legal, donde se le confirmó su muerte y posterior entierro en el Patio 29 del Cementerio General. En el certificado que extendió el Registro Civil en el caso de González Sepúlveda se señala como lugar de defunción: Canal Viluco, Fundo El Carmen de Linderos, y por causa de muerte: estallido caja craneana con salida de proyectil.
            Mario Enrique Muñoz Peñaloza permanece hasta la fecha en calidad de detenido desaparecido, al igual que sus hermanos Jorge Hernán, Ramiro Antonio y Silvestre René, detenidos 6 días después que él. Sus detenciones y posteriores desaparecimientos se enmarcan en lo que fue la represión en Paine en 1973. (Mayores antecedentes en relato de José Domingo Adasme Núñez)


GESTIONES JUDICIALES Y/O ADMINISTRATIVAS
            El 24 de marzo de 1974, se interpuso un recurso de amparo masivo por 131 personas ante la Corte de Apelaciones de Santiago, el que fue rolado con el N°289-74. El caso de Mario Enrique Muñoz Peñaloza fue incluido en dicha presentación.
            Se consultó a las autoridades sin que se lograra establecer la situación particular de cada uno de los amparados. El 28 de noviembre de 1974, el recurso de amparo fue rechazado. Se apeló de la resolución. El Pleno de la Corte Suprema confirmó el fallo el 31 de enero de 1975, acordando nombrar Ministro en Visita Extraordinaria que se abocara a la investigación correspondiente. La designación recayó en el Ministro Enrique Zurita Camps, quien el 24 de febrero de ese año instruyó el proceso rol N°106.657 en el Primer Juzgado del Crimen de Santiago. A dicho proceso se acumuló el 25 de mayo de 1975, los antecedentes de un recurso de amparo en favor de Mario Enrique Muñoz Peñaloza y José Germán Fredes García, rol 216-74, interpuesto en marzo de 1974 y una denuncia por presunta desgracia, también por ambas personas rol 23847, del Juzgado de Letras Maipo-Buin, iniciado con fecha 9 de diciembre de 1974.
            El 25 de septiembre de 1975, sin que se hubiese profundizado en ninguno de los casos denunciados, se cerró el sumario por "no poderse adelantar más en la investigación". El 29 de septiembre del mismo año el Ministro dictó fallo, en el caso de Muñoz Peñaloza así como en otros 27 casos de detenidos de Paine, sobreseyó temporalmente la causa por cuanto no quedaba plenamente justificada la existencia de algún hecho delictuoso. El 10 de mayo de 1976 la Corte de Apelaciones de Santiago aprobó la resolución del Ministro Zurita Camps.
            La tramitación judicial en favor de Mario Enrique Muñoz Peñaloza, continuó con la presentación de una denuncia por presunta desgracia interpuesta en favor de 23 personas detenidas en Paine. Esta causa se inició el 21 de marzo de 1975 ante el Juzgado de Letras de Buin-Maipo, y se le asignó el rol N°24005-1. A ella se acumuló el 30 de enero de 1979 una querella por el delito de secuestro de Mario E. Muñoz Peñaloza en contra del Sargento Antonio Reyes Alvarez de la dotación de la Subcomisaría de Paine. (rol 25059-3) y que se había iniciado el 4 de octubre de 1977. En la causa rol 25059-3 la Prefectura de Investigaciones tomó declaración al carabinero en retiro Manuel Antonio Reyes Alvarez, por existir orden de investigar impartida por el Juez Sumariante Sr. Montenegro. En el Informe que la Prefectura de Investigaciones evacuó al Tribunal, reproducía textualmente las palabras del carabinero (R) Antonio Reyes Alvarez. "No recuerdo conocer ni haber detenido a la persona de Mario Enrique Muñoz Peñaloza el día 10 de octubre de 1973. Soy muy conocido en el sector de Paine por haber trabajado como funcionario de Carabineros durante muchos años, lo que a su vez hace que cualquier persona me nombre o me ubique. En 1973 participé en acciones contra las Escuelas de Guerrillas en el sector, lo que me ha hecho tener mucha gente resentida con mi persona".
            Al concurrir el Sargento Reyes a declarar ante el Tribunal reiteró lo ya afirmado a la policía de Investigaciones. En la oportunidad además se le ordenó entregar una nómina del personal uniformado que integraba la dotación de la Subcomisaría a octubre de 1973.
            En la misma causa Amanda Duarte Soriano, vecina de Mario Enrique Muñoz Peñaloza, fue careada el 7 de febrero de 1978 con el Sargento Manuel Antonio Reyes Alvarez. Textualmente declaró ella "Efectivamente vi al Sargento Reyes aquí presente, cuando el 10 de octubre de 1973 junto a otros carabineros detuvo a Mario Enrique Muñoz Peñaloza, y que lo hicieron subir a un jeep verde o camioneta chica...". El Sargento Reyes se mantuvo en sus dichos.
            El 9 de marzo de 1978 el Tribunal exhortó a la 1a. Fiscalía Militar a fin de que se constituya en la Subcomisaría de Paine e investigara el "probable" arresto de Muñoz Peñaloza. El Tribunal Militar solicitó el expediente y lo retuvo tres meses quedando prácticamente retenida la tramitación del proceso. El 19 de julio de 1978 el Tribunal Militar pudo comprobar -al constituirse en la Subcomisaría- que los libros índices de ingresos de detenidos habían sido incinerados en 1977, tras haber sido remitidos a la 7a. Comisaría de Carabineros de Buin. El 19 de julio del mismo año, se constituyó por segunda vez el Tribunal en el recinto policial y procedió a tomar declaración al Sargento Primero Víctor Sagredo Aravena, único funcionario que continuaba cumpliendo labores en la Subcomisaría desde 1973, quien manifestó desconocer todo antecedente respecto a una posible detención de Mario Enrique Muñoz Peñaloza. En la oportunidad el Tribunal confeccionó nómina del personal que prestaba servicios en septiembre de 1973 en la Subcomisaría de Paine con lo cual procedió a citarles.
            Al concurrir a declarar los uniformados, todos negaron haber detenido y/o visto recluido a Mario Enrique Muñoz Peñaloza en el recinto policial. De sus afirmaciones se concluyó que en muchos casos los detenidos políticos eran posteriormente entregados a los militares.
            El Sargento Primero Lucas Humberto Pacheco Barrera declaró: "las veces que yo tomé detenidos estos los ingresaba a la Subcomisaría, y algunos de ellos eran dejados en libertad allí mismo, y otros, si tenían cargos eran pasados a los militares", por su parte el Suboficial Raúl del Carmen Ortiz Maluenda declaró, "en cuanto a los detenidos que llegaron a dicha unidad, algunos fueron entregados a los militares y otros quedaban en libertad el mismo día, todos ellos eran ingresados en el correspondiente libro de guardia".
            Con estos antecedentes, la parte querellante solicitó que fuera citado a declarar el entonces Director de la Escuela de Infantería de San Bernardo, Coronel Leonel Koening Alterman. Petición a la cual se dio lugar. El Tribunal dejó consignado más adelante en el expediente que dicho militar se suicidó el 21 de junio de 1979.
            Respecto al proceso rol 24005-1 y que como ya se señaló se iniciara el 21 de marzo de 1975, transcurridos 8 meses de tramitación fue sobreseído definitivamente por el juez sumariante. En la causa se recibieron Oficios respuesta negando la detención de las 23 personas consultadas, de la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos (SENDET), Escuela de Infantería de San Bernardo, Prefectura de Investigaciones y Subcomisaría de Paine. Además el Instituto Médico Legal informó al Tribunal que no figuraba el ingreso de los cadáveres correspondientes a las personas consultadas. El 20 de enero de 1976 la Corte de Apelaciones de Rancagua aprobó el sobreseimiento con carácter temporal. El 23 de marzo de 1977, la causa fue reabierta. La parte denunciante así lo solicitó, en consideración a que 10 casos incluidos en el proceso rol 24005-1 figuraron en una nómina que el gobierno chileno hizo acompañar a su informe sobre "la situación actual de los derechos humanos en Chile" al Trigésimo Período de Sesión de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en octubre de 1975. La nómina en cuestión -según el gobierno chileno- se refería a personas que figuraban muertas en el Instituto Médico Legal y que sus familiares las reclamaban como "detenidos desaparecidos". Es preciso recordar que en esta causa se recibió Oficio respuesta del Instituto Médico Legal en el cual afirmaba exactamente lo contrario. La causa fue reabierta para continuar la investigación de la totalidad de los casos. Cabe hacer presente que Mario Enrique Muñoz Peñaloza no figuraba en dicha nómina.
            Al momento de la acumulación de la querella rol 25059-3 a la causa rol 24005-1, en ésta última no se habían decretado diligencias significativas respecto a la detención de Mario Enrique Muñoz Peñaloza, más bien estas se realizan durante la tramitación de la querella antes de su acumulación.
            Respecto de la tramitación de la causa rol 24005-1 es del caso señalar que el 3 de abril de 1979, por instrucción de la Corte Suprema, la Corte de Apelaciones de Rancagua, designó a Don Juan Rivas Larraín, como Ministro en Visita Extraordinario para el conocimiento de ésta. Esta designación se efectuó a raíz de una presentación de la Iglesia de Santiago en la cual solicitaban "se designen Ministros en Visita para que investiguen los casos de detenidos desaparecidos (31 de marzo de 1979)".
            La investigación judicial se centró en dos asuntos, a) aclarar la contradicción entre información sobre los detenidos desaparecidos consignada en el proceso emitido por el Instituto Médico Legal y aquella consignada en el informe del Gobierno chileno ante la ONU. b) Investigar la suerte corrida por estas personas, tras su arresto.
            Respecto a lo primero, el Ministro Rivas ofició al Ministro de Relaciones Exteriores solicitando se informara acerca de los antecedentes y procedimientos que le permitieron confeccionar dicha nómina, toda vez que requerido al respecto, el Instituto Médico legal había respondido no haber encontrado Oficios del Ministerio de Relaciones Exteriores y del Instituto Médico Legal sobre dicha nómina.
            El 17 de mayo de 1979 el Ministro Rivas se constituyó en el Instituto Médico Legal constatando, tras revisar el Libro de Indice General de Ingreso de Cadáveres del período del 2° semestre de 1973, que ninguno de los nombres de las personas cuya presunta desgracia se investigaba figuraba en tal Indice. Por otra parte, en el Indice de Protocolos de Autopsia constató que todos los protocolos consignados en el informe del gobierno a la ONU, efectivamente correspondían a personas muertas por impactos de bala en diferentes lugares de Santiago y sus alrededores, con posterioridad al 11 de septiembre de 1973. Pero todas ellas habían quedado consignadas en calidad de NN al no lograrse su identificación por carecer sus manos de epidermis. Ninguno de los cadáveres había sido identificado con posterioridad. En la oportunidad, el Director del Instituto informó al Ministro respecto a una investigación que en tal sentido realizó el Instituto a pedido del Ministro en Visita Adolfo Bañados -que tenía a su cargo el proceso por hallazgo de cadáveres en Lonquén- el cual había encontrado que algunas víctimas de Lonquén figuraban también incluidos en dicha nómina. En este informe el Instituto había precisado que existían dudas relativas a la identidad de la firma y timbre que aparecían agregadas a la nómina y en la cual la firma se le adjudicaba al Dr. Alfredo Vargas B. (Q.E.P.D) y el Timbre al Instituto. En la oportunidad el Ministro no tuvo acceso al informe en cuestión -contenido en el oficio N°36 de fecha 19 de febrero de 1979 que remitiera el Instituto al Ministro Bañados- dado que el Instituto no había dejado copia en el servicio de atención al estado de sumario de la causa. Tras haber recibido informes de la oficina Central de Identificación, dependiente del Registro Civil, y haber estudiado personalmente cada uno de los 10 protocolos de autopsia asignadas a casos de desaparecidos motivo de su investigación, el Ministro Rivas concluyó, en momentos que dejaba su Visita, que la nómina empleada por el gobierno chileno en su informe ante las Naciones Unidas era falsa en su confección y en su contenido. (Agosto 1979).
            Por su parte, la respuesta del Ministerio de Relaciones Exteriores no llegó hasta el 30 de octubre de 1979; en ella decía textualmente: "respecto de la forma como haya llegado la nómina a poder de esta Secretaría de Estado, cabe hacer presente que tampoco existe documentación oficial cursada al antedicho instituto, por lo que debe concluirse que ella ha sido solicitada verbalmente y entregada por mano a funcionarios de este Ministerio". Firmaba el oficio el Viceministro de Relaciones Exteriores, General de Brigada Enrique Valdés Puga.
            Respecto al segundo punto, materia de su investigación, vale decir, establecer la suerte corrida por estas personas tras su arresto, se acumularon a la causa querellas contra el Teniente Andrés Magaña, quien figura identificado como el militar a cargo del operativo del día 16 de octubre en Paine con un saldo de 22 desaparecidos y 5 querellas en contra del Coronel Jorge Dawling Santa María por el delito de encubrimiento de arrestos ilegales, toda vez que se había negado en 1977 a proporcionar información referente a unidades militares que operaron en la zona, al ser consultado por el Tribunal.
            Con fecha 19 de abril de 1979, el Teniente Magaña declaró ante el tribunal y fue careado con los familiares directos de René del Rosario Maureira Gajardo, los cuales lo habían reconocido al momento de la detención ocurrida desde el domicilio de Maureira la madrugada del 16 de octubre de 1973. En la gestión judicial negó haber participado en algún operativo realizado en la zona de Paine, así como también negó conocer a los hijos de Maureira los cuales afirmaron haber departido con él en reuniones sociales efectuado en casas de lugareños con anterioridad al 11 de septiembre de 1973, período en el cual Andrés Magaña realizó labores de patrullaje en torres de alta tensión aledañas a la Estación de Ferrocarriles de Paine.
            Al requerir el Tribunal la comparecencia del Coronel Jorge Dawling Santa María, fue informado que éste desde agosto de 1978, se encontraba nombrado Agregado Militar en la Embajada de Chile en Uruguay, cargo que se prolongaría por más de un año.
            Por otra parte, a requerimiento de la parte denunciante, el Ministro Rivas en mayo de 1979 ofició a la 1a. Fiscalía Militar a fin de solicitar la causa rol 23643 en la cual se investigaba el hallazgo de osamentas ocurrido en marzo de 1974, en la cuesta de Chada y que podrían corresponder a desaparecidos materia de su investigación. En junio de 1979 respondió el Comandante en Jefe de la II División del Ejército General de Brigada Enrique Morel Donoso negando la remisión del expediente argumentando que se trataba de un proceso tramitado conforme al procedimiento penal militar en Tiempo de Guerra y agregaba que con fecha 4 de noviembre de 1975 se había dictado sobreseimiento temporal en dicha causa.
            Durante su Visita, el 27 de junio de 1979, recibió respuesta a Oficio que enviara a la Central Nacional de Informaciones (CNI); en él se le expresó que revisada la documentación pertinente, se comprobó que ninguna de las 24 personas consultadas registraba antecedentes como "extremista o activista político" desde septiembre de 1973 en adelante.
            Con fecha 13 de agosto de 1979 el Ministro Rivas se declaró incompetente para seguir conociendo de la causa, tras haberse creado la Corte de Apelaciones Presidente Aguirre Cerda a la cual por distribución territorial recaía los asuntos de Maipo-Buin. La investigación bajo el nuevo rol 1-79 estuvo a cargo del Ministro en Visita, Humberto Espejo Z.
            A diciembre de 1979, se encontraban acumulados a la causa 1-79 nueve querellas criminales en contra de la dotación de la Escuela de Infantería de San Bernardo, por los delitos de secuestro en las personas de Hernán Pinto Caroca, Ramón Luis Silva Carreño, Laureano Quiroz Pezoa, Ramiro Antonio Muñoz Peñaloza, Silvestre René Muñoz Peñaloza, José Ignacio Castro Maldonado, Luis Alberto Gaete Balmaceda, José Germán Fredes García y Carlos Gaete López. Otra querella, también contra efectivos de la Escuela de Infantería, por los delitos de secuestro y homicidio calificado de Juan Guillermo Cuadra Espinoza e Ignacio Santander Albornoz. Querella en contra del Teniente Magaña por la detención ilegal de René del Rosario Maureira Gajardo. Querella en contra del Coronel Jorge Dawling Santa María como encubridor de arrestos ilegales de Jorge Hernán Muñoz Peñaloza, Carlos Enrique Lazo Quintero, Carlos Alberto Nieto Duarte, José Domingo Adasme Núñez, Samuel Altamiro Lazo Quintero, Samuel del Tránsito Lazo Maldonado y Luis Rodolfo Lazo Maldonado. Querella por secuestro de Andrés Pereira Salsberg y, finalmente, querella en contra del Sargento Reyes por el delito de secuestro de Mario Enrique Muñoz Peñaloza.
            Un mes antes, el 13 de noviembre de 1979, el Vicario General y Vicario subrogante de la Vicaría de la Solidaridad, Monseñor Ignacio Ortúzar Rojas, puso en conocimiento del Ministro Espejo antecedentes que obraban en poder de la Iglesia Católica acerca de inhumaciones masivas e irregulares en el Patio 29 del Cementerio General de Santiago. Inhumaciones que se refieren a cerca de 200 fosas exclusivamente del patio 29. En ellas se encontraban enterrados cadáveres consignados como NN, como igualmente cadáveres correspondientes a personas identificadas, los cuales en algunos casos figuraban enterrados solos, y en otros se trataría de más de un entierro por tumba. Entre los restos que aparecían sepultadas con su identificación aparecían varios casos de detenidos en Paine en los meses de septiembre y octubre de 1973, en algunos de los cuales se había consignado como lugar de muerte el Campamento de Detenidos del Cerro Chena, dependiente de la Escuela de Infantería de San Bernardo. Tal era el caso de Juan Guillermo Cuadra Espinoza e Ignacio del Tránsito Santander Albornoz. Esto permitía deducir que los detenidos desaparecidos de Paine, podrían encontrarse en esas tumbas.
            El Tribunal se constituyó en el Cementerio General, y constató la existencia de tumbas en las cuales se registraba más de una persona sepultada, así como la existencia de más de 100 tumbas con anotaciones de NN. El Tribunal solicitó listado completo de sepulturas con NN del Patio 29 con sus datos anexos. El 19 de noviembre de 1979 ofició al Director del Cementerio General a fin de comunicarle que hasta nueva orden de ese Tribunal, no se podría incinerar, exhumar a trasladar los restos de las personas enterradas como NN en el Patio 29 del Cementerio General.
            Con fecha 12 de diciembre de 1979 el Ministro Espejo se declaró incompetente y remitió los antecedentes a la Fiscalía Militar en atención que todas las denuncias y querellas contenidas en esta causa (rol 1-79) adjudicaban la autoría de los arrestos a personal de las Fuerzas Armadas y de Carabineros, tanto de la Escuela de Infantería de San Bernardo como de la Subcomisaría de Paine. La parte querellante apeló tal resolución, fundamentándola en que la designación de Ministro en Visita había sido resuelta a fin de determinar circunstancias de la detención, lugares en que fueron conducidos, lugar en el cual aún permanecían los detenidos y, en definitiva, establecer la "suerte corrida por los detenidos desaparecidos" y en ningún caso aludía al otro problema de la "responsabilidad de los presuntos inculpados". Por otra parte en la apelación se expuso que aún quedaba por investigar las irregularidades denunciadas por la Iglesia Católica relativos al Patio 29 del Cementerio General. El 6 de marzo de 1980 la Corte de Apelaciones Presidente Aguirre Cerda resolvió revocar la incompetencia y ordenó al Ministro Visitador retomar la investigación en 2 sentidos; interrogar al querellado Coronel Jorge Dawling Santa María y establecer si se efectuó un sumario en el Instituto Médico Legal por las irregularidades detectadas en el informe de dicho Instituto, presentada por el Ministerio de Relaciones Exteriores en la ONU. En caso de proceder, el Tribunal debía poner en conocimiento del Fiscal de la Corte Suprema estos antecedentes en su calidad de organismo fiscalizador. Durante el desarrollo del proceso quedó establecido que el sumario no se realizó y el 12 de marzo de 1980 el Ministro ofició al fiscal de la Corte Suprema.
            El 2 de abril de 1980 el Ministro de Defensa Nacional Teniente General Raúl Benavides E. informó respecto a la comparecencia de Dawling Santa María textualmente, "...el citado Oficial tiene calidad de General de Brigada y, en conformidad a lo dispuesto por el art.101 N°1 y 192 del Código de Procedimiento Penal, se solicita a US que el citado Tribunal requiera del señor General de Brigada don Jorge Dawling Santa María su declaración por escrito". El Tribunal ofició y acompañó minuta al General de Brigada, la cual fue erróneamente formulada, lo cual dio pie para que en su respuesta se limitara a decir "en relación a las preguntas 2 a la 13 no tengo antecedente alguno que poder señalar".
            El 5 de junio de 1980 se declaró por segunda vez incompetente el Ministro Espejo, fundamentando su resolución en exactamente los mismos términos que la incompetencia anterior. La resolución apelada fue revocada el 25 de junio de 1980 disponiendo la propia Corte que el Ministro Visitador oficiara nuevamente al General de Brigada Dawling Santa María, acompañando minuta elaborada al tenor de las citas que de él se hacían en las querellas acumuladas en la causa 1-79, y en las cuales se le atribuía participación en el encubrimiento de los hechos que se investigaban.
            Además ordenó diligencias precisas orientadas al estudio de las irregularidades del Patio 29.
            En julio de 1980, el Tribunal recibió respuesta del General de Brigada Dawling Santa María. En él reiteraba su imposibilidad de proporcionar la información solicitada por no existir en el año 77 relaciones escritas en la Escuela de Infantería de maniobras militares u operativos que se hubieren efectuado en Paine o sus alrededores, igual desinformación se refería respecto a nombres del personal militar que podría haber participado en operativos en Paine el 16 de octubre de 1973. Su Oficio concluía planteando que los antecedentes de la causa 1-79 los había puesto en conocimiento de la Comandancia en Jefe del Ejército para los efectos de la competencia que a su juicio correspondería a los Tribunales Militares, toda vez que se le imputaba en las querellas transcritas una participación como encubridor en "supuestos delitos" que habría cometido en acto de servicio. El 17 de octubre de 1980 los antecedentes del proceso fueron remitidos definitivamente a la II Fiscalía Militar por el Ministro Espejo tras declararse por tercera vez incompetente, para seguir conociendo la causa. En la oportunidad apeló la inhibitoria de jurisdicción, al ser solicitado el expediente por el II Juzgado Militar. Al momento de dejar su Visita el Ministro Espejo, había importantes avances en la investigación acerca de irregularidades del Patio 29, había solicitado y obtenido los protocolos de autopsia posteriores al 16 de octubre de 1973, había realizado inspección ocular de las tumbas del Patio 29 correspondientes a dichos protocolos, había elaborado fichas antropomórficas de los detenidos desaparecidos, había obtenido fichas dactiloscópicas de los protocolos investigados y había realizado en base a estos antecedentes un estudio comparativo de los diversos datos acumulados.
            El Ministro Espejo concluyó, finalmente, que 6 tumbas registradas como NN podrían entregar información respecto a detenidos desaparecidos de Paine. Se trata de las tumbas 2342-2365-2468- 2481-2665 y 2526.
            Durante la tramitación de esta causa en la II Fiscalía Militar bajo el rol 952-80, entre los años 81 y 87 en cinco oportunidades, se solicitó al Tribunal Militar la exhumación de estas 6 tumbas siendo denegada en todas sus oportunidades por ser considerada la diligencia inconducente atendido el tiempo transcurrido. Tras haber recurrido de queja la parte querellante, el Tribunal de alzada con fecha 22 de enero de 1982 rechazó la queja, por no existir falta o abuso susceptibles de ser considerada por la vía disciplinaria. En la queja también se había planteado la negativa del Tribunal Militar de acumular el proceso por hallazgo de Cuesta de Chada (rol 23643) con igual resultado.
            El 24 de mayo de 1982, la causa fue sobreseída total y temporalmente por el juez militar "no obstante encontrarse agotada la investigación no resulta completamente acreditada la perpetración de los hechos denunciados a fjs.1 y que imputa a personal de las Fuerzas Armadas y de Orden, sujetos a la jurisdicción militar".
            Tal resolución, fue apelada, siendo revocada en el mes de marzo de 1984 por la Corte Marcial, ordenando la propia Corte diligencias orientada a completar la investigación. A consecuencia de ello se logró durante 1985 la comparecencia de Oficiales y Suboficiales que componían la dotación de la Escuela de Infantería a septiembre/octubre de 1973. Al menos 26 Oficiales y Suboficiales declararon. Todos ellos aseguraron estar en absoluto desconocimiento de los hechos investigados; no haber participado ni haber tenido conocimiento de operativos en Paine, igualmente todos los uniformados señalaron no haber tenido conocimiento de la permanencia de detenidos en el Campamento de Cerro Chena.
            En enero de 1987, se acumuló la causa por Presunta Desgracia de Francisco Baltazar Godoy Román rol 25245-3 (rol Fiscalía 46-80) en cuyo arresto participaron Carabineros de la Subcomisaría de Paine.
            El 22 de noviembre de 1989, el Fiscal Militar de la II Fiscalía Militar Enrique Ibarra Chamorro se hizo parte en representación del Ministerio Público Militar, solicitando la aplicación del Decreto Ley de Amnistía N°2191 de 1978. El Juez Militar resolvió sobreseer total y definitivamente la causa por encontrarse extinguida la responsabilidad penal de las personas presuntamente inculpadas en los hechos denunciados. Tal resolución fue revocada en febrero de 1992 por la Corte Marcial, este Tribunal instruyó que la causa volviera a estado de sumario y ordenó la diligencia de la exhumación de las seis tumbas en el Patio 29. Dicha exhumación no se pudo realizar por orden de este Tribunal, ya que en septiembre de 1991 en la causa 4449-AF del 22 Juzgado del Crimen de Santiago, se había practicado la exhumación del total de restos de personas no identificadas enterradas entre septiembre y diciembre de 1973 en el referido patio en el Cementerio General. La causa a diciembre de 1992 continuaba en tramitación.
            En octubre de 1990 se inició en el Juzgado de Letras Buin Maipo la causa rol 2-90-E con la designación del Ministro en Visita don Germán Hermosilla por la Corte de Apelaciones Presidente Aguirre Cerda. Dicha designación obedeció a una solicitud en tal sentido de la Vicaría de la Solidaridad del Arzobispado de Santiago, dada la existencia de inhumaciones ilegales de personas en la localidad de Paine y que afectara a detenidos desaparecidos. Los antecedentes de Mario Enrique Muñoz Peñaloza fueron entregados por su cónyuge al Tribunal, no habiendo resultados esclarecedores en su caso al término del año 1992.
            El 22 de agosto de 1991 se inició la causa rol 4449-AF en el 22° Juzgado del Crimen de Santiago al darse curso a la investigación judicial de los delitos de inhumaciones ilegales, respecto a cadáveres que actualmente permanecen sepultadas en calidad de NN en el Patio 29 del Cementerio General, antecedentes contenidos en querella criminal que presentara la Vicaría de la Solidaridad del Arzobispado de Santiago. Los antecedentes antropomórficos de Mario Enrique Muñoz Peñaloza fueron acompañados a dicha causa. En el mes de septiembre de 1991 se procedió a la exhumación de 108 tumbas en el Patio 29. A fines del año 1992 las osamentas extraídas se encuentran en proceso de identificación por parte del Instituto Médico Legal de Santiago.
           



Esta pagina fue modificada el 17/07/2010

Si posee cualquier información sobre este caso,  nuevas o mejores imágenes, relatos, testimonios, etc., escribanos a info@memoriaviva.com


http://www.memoriaviva.com/Desaparecidos/D-M/mario_enrique_munoz_penaloza.htm

sábado, 5 de octubre de 2013

Andrés Valenzuela: Confesiones de un agente de seguridad



En noviembre de 1984, el régimen militar decretó Estado de Sitio y clausuró las revistas opositoras, entre ellas Cauce. Se buscó impedir la publicación de la entrevista que Mónica González, actual directora de CIPER, le hizo a Andrés Valenzuela (Papudo), suboficial activo de la Fach y agente del Comando Conjunto. En diciembre la publicó El Diario de Caracas, en Venezuela. Esta es la versión del diálogo en que, por primera vez y en plena dictadura, un militar reveló cómo los servicios de seguridad torturaron, asesinaron y desaparecieron a los opositores. Un testimonio que con los años fue confirmado punto por punto en tribunales.

“Quiero hablar de detenidos desaparecidos” dijo y su voz hizo eco en las paredes. En sus manos estrujaba un ejemplar de la revista Cauce, donde se denunciaban crímenes cometidos en la zona norte de Chile por los mismos servicios de seguridad a los que él hasta ese día (27 de agosto 1984)perteneció. Trémulo, ansioso, consciente de la desconfianza que inspiraba, las palabras salían de su boca a borbotones.

Era uno de esos hombres a los que once años de régimen militar transformaron primero en carceleros, luego en torturadores y más tarde en asesinos. “Sin querer queriendo, me fui transformando”, susurró luego de muchas horas, agobiado por el cúmulo de detalles relatados. Cientos de hombres y mujeres pasaron por sus manos, por sus ojos y oídos. Muchos de ellos fueron salvajemente torturados. Hasta la muerte. Otros, despojados de toda dignidad, obligados –al límite de la resistencia- a entregar a sus propios compañeros, fueron luego expulsados a la calle. Hombres sin hueso y sin alma. Una manera diferente de matar. Todos ellos dejaron sus huellas en Andrés Antonio Valenzuela Morales, 28 años, miembro de la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea de Chile, FACH.

El relato que a continuación se transcribe es un episodio más en una larga historia de once años de violencia, muerte y destrucción. Es una historia simple que involucra a centenares de personas. Muchas de ellas han luchado durante años para que sus familiares –detenidos desaparecidos- regresen algún día con vida. Este relato les cortará las esperanzas para siempre. Una historia simple que retrata en forma descarnada la crueldad de un régimen, el abuso de poder que transformó a campesinos, jóvenes ciudadanos de Chile, en vulgares asesinos al amparo de la autoridad.

Esta es la historia de Andrés Valenzuela y de todos aquellos que hicieron que un día este hijo de campesinos quisiera “volver a ser un humano”.

¿Cuántos murieron sin haber claudicado jamás, sabiendo que su testimonio quedaba en las manos de sus captores asesinos?

Este relato es una prueba fehaciente de que todos esos sacrificios no fueron en vano. De alguna manera cada uno de esos prisioneros aportó para que un día Andrés Valenzuela se decidiera y relatara lo que hasta hoy el régimen militar ha intentado por todos los medios acallar.

Este es el mérito del relato de Andrés Valenzuela. Es el primero que compromete a muchos torturadores, asesinos, responsables de muertes fríamente planificadas. Es el primero también que entrega la verdad sobre algunos detenidos desaparecidos. Es el primero que penetra en el agobio y la desesperanza acumulados en los hombres que dicen representar el poder. Muchos hombres más, como Andrés Valenzuela, esperan algún día tener la valentía de dar un salto y hablar.
LA PREPARACION

“Sólo necesito hablar” musitó, mientras extendía su tarjeta de identificación militar (TIFA) número 66.650, válida hasta el 3 de septiembre de 1986.

“Quiero hablarle sobre cosas que yo hice, desaparecimiento de personas…”

-¿Recuerda nombres?
Sí. Los hermanos Weibel Navarrete, por ejemplo…

-Explíquese. Usted está muy nervioso y la carga emocional que ambos tenemos es grande. No será fácil este trabajo pero es necesario que explique y con detalles. Grabaremos todo y después veremos qué se publica. ¿Está de acuerdo?
Me da lo mismo.

-Yo no quiero que a la salida lo maten.
Va a suceder, pero al menos hablé.

-¿Cuándo entró a los servicios de seguridad?
El año 1974. Llegué a hacer el Servicio Militar al Regimiento de Artillería Antiaérea de Colina. Allí seleccionaron personal para llevarlo a la Academia de Guerra de la FACH, en avenida Las Condes. En ese momento estaban terminando los procesos de los prisioneros. Al parecer, a mí los jefes me consideraban vivaracho y por eso creo me sacaron para trabajar en los “grupos de reacción”.

-¿Qué hacían en los grupos de reacción?
Acompañábamos a los que hacían allanamientos.

-¿Quién los seleccionó?
Un instructor cuyo nombre no recuerdo. Pero él no tiene nada que ver porque la selección fue al azar, no más. Fuimos alrededor de 60 conscriptos los seleccionados. Nos dividieron en dos grupos. La mitad se fue a trabajar a la Academia de Guerra; el resto, trabajamos directamente con prisioneros.

-¿En qué lugar?
En los subterráneos de la Academia de Guerra.
EL PRIMER PRISIONERO

-¿Usted venía de Papudo?
Sí. De ahí llegué a Colina y luego pasamos a depender de la Fiscalía de Aviación. Nosotros pasamos a los subterráneos, el lugar donde estaban los detenidos. Era la primera vez que veía a un prisionero. Creo que no lo voy a olvidar nunca…

-¿Por qué?
Nos formaron y nos dijeron que lo que íbamos a ver teníamos que procurar olvidarlo y el que hablara algo… Empezaron las amenazas y uno, que era muy joven, se impactaba. Descendimos al sector de la cocina. Bajamos una escalera de caracol, que era como un vértice; había tubos. Me dio la impresión de ir como en un submarino, un barco. Cuando salimos, pasamos cerca de unos baños. Éramos seis o siete hombres que íbamos a relevar a los reservistas, los primeros conscriptos. Los otros eran sólo reservistas, gente que habían llamado a cumplir ese trabajo. Recuerdo que, al doblar, lo primero que vi fue mucha gente de pie, con esposas, algunos con uniforme de la Fuerza Aérea. El capitán Ferrada(Gustavo Ferrada) estaba entre ellos. Ese fue el primer impacto. Uno viene de un regimiento donde tiene que saludar a medio mundo. Todavía recuerdo que se rieron cuando le pregunté al oficial cómo me dirigía a Ferrada; si le decía capitán. El oficial me dijo: “¡No, huevón, son prisioneros! Están con uniforme porque no tienen otra ropa”.

Lo que más me impactó fue ver a unas mujeres detenidas. Estaban de pie, con unos letreros que decían: “De pie 24 horas” y firmaba el “Inspector Cabezas”. Después supe que Cabezas era el coronel Edgar Ceballos, está en servicio activo todavía. Yo no entendía nada, hasta que el oficial me explicó que había que sentarse en la puerta de las piezas, con fusil, y “protegerlos”: es decir, impedir que conversaran. Había un reglamento interno que había que hacer respetar. La primera pieza que me tocó a mí fue la número 2; en ella estaban una señora de edad y Carol Flores (Nota 1), quien pasó luego a ser nuestro informante.

-¿Recuerda otros nombres?
Se suponía que había prisioneros considerados de cierta importancia y que podrían venir otros a rescatarlos. Por eso, las medidas de seguridad eran muy severas. Los reservistas pasaban junto a un prisionero y le decían: “A ver, huevón, párate, te quedai de pie”. Mandaban a sus presos como se les daba la gana. Yo comencé a preguntar por los prisioneros y decían: “Mira, con este hay que tener cuidado, porque es karateca. Es Víctor Toro”. A mí me impactó mucho; lo había escuchado nombrar por los diarios, era famoso. Era como estar frene a un personaje conocido. Retamales había otro, Moreno. También conocí allí a Arturo Villabela Arauco, enyesado. Había caído en un tiroteo. Así terminó mi primer día en la AGA.

-¿Hizo turnos en la noche también?
Sí, y me asusté mucho. Nos habían dicho que en caso que sonara la alarma toda la academia se oscurecía y se encendían unos reflectores. Había más ametralladoras punto 50 y desde ahí mismo alumbraban los reflectores durante la noche. Una noche sonó la alarma. Teníamos orden de que, en ese caso, todos los prisioneros tenían que tenderse con las manos en la nuca, estuviesen como estuviesen, desnudos, heridos… Y si el oficial daba la orden debíamos disparar contra los prisioneros. Yo estaba frente a la pieza donde se encontraba la señora de edad, era la esposa de un diputado comunista, estaba con sus hijos…

-¿Era Jorge Montes?
Sí, él era. Bueno, comenzó a sonar la sirena, todo quedó oscuro y se encendieron unas luces. Los detenidos actuaban en forma automática. Esto lo venían viviendo casi a diario y, a veces, se hacía para probarlos. Esa noche vi que el oficial de turno tomo una granada, le sacó el seguro y empezó a pasearse con la granada por el pasillo. Miraba todo, trataba de controlarnos ya que estábamos muy tensos. Él decía: “Tranquilos, muchachos, si quieren rescatar detenidos, van a cagar, porque van a morir todos: yo tiro la granada en el pasillo”. Recuerdo que en esa oportunidad, Flores dijo que no nos asustáramos porque eso pasaba todos los días. Así comenzó el proceso. Yo hacía guardias diarias hasta que me sacaron para los grupos de “reacción”


LA CAPTURA DEL MIR

-¿Cuánto tiempo estuvo en la Academia de Guerra?
No recuerdo exactamente, pero deben haber sido unos seis meses más o menos. Luego nos fuimos a casas de seguridad.

-¿Qué pasaba con los detenidos de la Academia?
Yo solamente hice guardias. Vi que les pegaban, los castigaban y, además, continué participando en allanamientos.

-¿En qué consistían los castigos?
En golpes, aplicación de electricidad. En realidad, nunca vi morir a nadie, pero nosotros estábamos aislados, no existía confianza para… En un enfrentamiento, sí, murió el “Coño” Molina (José Bordaz Paz, Nota 2), del MIR. Murió también un oficial del Ejército (el teniente Hugo Cerda Espinoza, hijo de un oficial jefe del Hospital Militar, Hugo Cerda Pino), de mala suerte no más… En ese tiroteo yo participé, después me fui metiendo más.

-¿Qué más recuerda?
Había un hombre de cuyo nombre no me acuerdo, que intentó suicidarse. Tenía incluso la marca en la garganta: se había cortado con una botella o un vaso, en el baño. La verdad es que yo en ese momento era centinela no más, después me fui metiendo más.

-¿Cómo sucedió?
Sin querer queriendo, fueron seleccionando gente y todas las veces me incluyeron.

-¿Sabía usted lo que estaba haciendo?
Sí. Me daba cuenta.

-¿Y lo hizo?
Tenía que trabajar en alguna cosa.

-¿Le había hecho daño a usted o a su familia, el gobierno de la Unidad Popular?
No, en nada.

-¿Qué edad tiene?
28 años.

-Eso quiere decir que tenía 19 años cuando fue destinado a trabajar en casas de seguridad de la DINA.
No, yo nunca estuve en la DINA. Pertenezco al SIFA, Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea. En ese tiempo, teníamos problemas graves con la DINA, pensábamos que era inoperante. Por lo menos así opinaban nuestros jefes. Nosotros, siendo tan pocos, actuábamos más efectivamente que ellos. Por ejemplo, nuestro grupo logró detener a toda la cúpula del MIR.

-¿Y cómo siguió después su itinerario en la SIFA?
Ya le dije: pasé a los grupos de “reacción”. Realizábamos allanamientos, hacíamos guardia frente a las casas, controlábamos el tránsito mientras el resto allanaba, sacaba a la gente de la casa, detenían gente.

-¿A qué lugar llevaban a los detenidos?
Primeramente a la AGA. Pero nosotros en esa época no sabíamos más. No nos preocupábamos de los detenidos. Si los soltaban o los juzgaban, no teníamos idea. Sé que los torturaban. La primera vez que me tocó presenciar un trabajo de esos fue con una mujer. Me chocó mucho. Era una niña del MIR cuyo nombre olvidé.

-Descríbala.
Era una muchacha muy joven de buena situación económica, pelo rubio…

-¿Por qué le chocó?
Es que nunca había presenciado algo así. Yo estaba considerado entre los centinelas paleteados digamos. Entonces la hicieron pasar al baño y allí le sacaron la cresta y yo los vi. Otra vez me impresionó mucho un hombre que tenía la piel morada. Estaba enteramente morado, morado (Víctor Hugo Salinas Vilches, 55 años, detenido el 13 de septiembre de 1973. Le preguntaron una y otra vez por las armas sin creer que Salinas no sabía ni siquiera disparar).

-¿Qué le hicieron a la mujer?
Le pusieron corriente y ella gritaba. Era novia de un muchacho del MIR, karateca. No recuerdo la chapa que usaba, nos estaban haciendo una prueba para ver quiénes podían quedar definitivamente en el servicio.

-¿En qué consistían esas pruebas?
Nos empezaban a meter de a poco dentro del sistema y veían como aguantábamos, cómo reaccionábamos. Parece que yo reaccioné bien porque ya llevo diez años en esto.

LA CASA DE SEGURIDAD

-¿Usted me habló de dos casas de seguridad que tuvieron?
Sí. Fue antes de irnos a Colina. La primera casa estaba ubicada en el paradero 20 de Gran Avenida (Santa Teresa Nº 037, expropiada al dirigente del MIR, José Bordaz). Hoy día funciona allí una sociedad no sé si de diabéticos o de antialcohólicos.

-¿Cuántos detenidos había allí aproximadamente?
Se iba rotando, pero llegamos a tener alrededor de 40 detenidos, repartidos en tres piezas. Incluso había algunos metidos dentro de los closets.

-¿Qué tipo de torturas aplicaban?
Corriente, los colgábamos, golpes de manos y pies…

-¿Murió gente en ese lugar?
Sí. Uno fue el llamado “Camarada Díaz”. Tenia unos 50 años, medio canoso, bajito, de contextura regular (Humberto Castro Hurtado, Nota 3). El otro era un joven al que le decían “Yuri” (Alonso Gahona Chávez, Nota 4). Fue colgado en una ducha y como antes le habían aplicado corriente, tenía mucha sed. Abrió con la boca la llave y tomó agua. Luego llegó un centinela y le cortó el agua, pero él nuevamente la volvió a abrir y nosotros dejamos que el agua corriera. Debe haber estado unas horas con el agua de la ducha corriendo por el cuerpo. En la noche falleció de una bronconeumonia fulminante.

-El “Camarada Díaz”, ¿era Víctor Díaz, subsecretario general del Partido Comunista?
No, no era él. Llegó en una oportunidad un equipo que no sé de dónde provenía, podría haber sido DINA. No los conocía y empezaron a interrogarlo sobre armamento. Tengo entendido que Díaz sabía dónde estaba el armamento del Partido Comunista. Él no contestó nada y le pegaron bastante. Eran alrededor de nueve hombres lo que conformaban el grupo y entre todos le dieron. Antes ya le habían pegado, estaba bien golpeado.

-¿Habló?
No. No habló. Lo dejaron después allí y dijeron que iban a volver al día siguiente para seguir interrogándolo. Parece que notaron que estaba muy débil. Falleció esa misma noche.

-¿Qué hicieron con el cuerpo?
No lo sé. En el grupo que lo sacó estaba Roberto Fuentes Morrison.

-¿Dónde estaba la otra casa de seguridad?
En el paradero 18 de Vicuña Mackenna (“Nido 18” estaba ubicada en Avenida Perú Nº 9.035). Esa casa parece que pertenecía a un hombre de apellido Sotomayor, del MIR (Humberto Sotomayor). Era una casa grande de madera que tenía un taller mecánico y unos maniquíes. Parece que la esposa de él era modista. Allí se suicidó un hombre alto que andaba con una chaqueta de cuero café claro y pantalones café. Eran dos hermanos, comunistas. En ese tiempo trabajábamos solamente al Partido Comunista.

-Cuando dice nosotros, ¿a quiénes se refiere?
Al Comando Unido que actuaba junto a gente de Carabineros y la Armada. (Por la Armada el jefe era el entonces capitán Manuel Barra von Kretschmann y el teniente Daniel Guimpert; y por Carabineros, al mando de la entonces DICAR estaba el general Rubén Romero Gormaz y el teniente Manuel “Lolo” Muñoz Gamboa)

-Usted habló de los hermanos Weibel Navarrete, ¿qué pasó con ellos?
En ese tiempo nosotros trabajábamos en la Base Aérea de Colina. Allí estaba el menor de los Weibel: Ricardo. (Fue detenido el 26 de octubre de 1975). Estuvo con nosotros algunos días (hasta el 6 de noviembre). Yo conversaba mucho con él porque me tocaba hacer guardia si es que no tenía que salir a los operativos. Supe que era chofer de micro de la línea Recoleta-Lira. La primera vez que lo detuvimos yo participé, era en la avenida El Salto, cerca del Regimiento Buin. Luego fue en la casa, un equipo que integró el propio comandante Fuentes Morrison. Un día, cuando iba entrando a mi servicio, lo vi y le pregunté: “Y ¿qué pasó?”. No sé, me contestó, parece que hay algunas cosas que aclarar. Estaba muy nervioso, me dijo que creía que lo iban a matar. Ricardo se impactó mucho por la operación del helicóptero. Ellos sintieron cuando aterrizó.

-¿Se lo llevaron en un helicóptero?
No, se fueron en un vehículo, junto a Rodríguez Gallardo (Nota 5). Yo después saqué conclusiones y pienso que lo fueron a buscar por eso, porque lo iban a matar…

-¿Quién lo detuvo en la segunda oportunidad?
Recuerdo que fue Fuentes Morrison. Yo no fui. Lo fueron a buscar amistosamente. Llegó con una polera solamente. Lo sacaron varios más y lo mataron a balazos.

-¿En qué lugar?
En Peldehue. No sé exactamente el lugar, pero sí sé que fue en Peldehue, en los terrenos militares.

-¿Cuántos prisioneros más iban en esa operación?
Como ocho o nueve personas.

-¿Qué hacían con los cadáveres?
Me imagino que los quemaron porque iban con combustible. Llevaban un bidón con diez litros de combustible, llevaban además chuzos y palas. Me imagino que los quemaron para desfigurarlos y después los deben haber enterrado. También como le dije iba “El Quila” Rodríguez Gallardo, dirigente de la Juventud Comunista (detenido el 28 de agosto de 1975). “El Quila” incluso se despidió de nosotros.

-¿Cómo estaban cuando partieron?
Estaban enteros. Weibel se quebró un poco pero no como para llorar, muy luego se recuperó. Otro de los hombres que salieron era pintor o dibujante.
El amigo informante

-¿Quién entregó a Miguel Rodríguez Gallardo?
El informante Carol Flores; nosotros le decíamos Ricardo. Él entregó a casi toda la gente del Partido y de la Juventud. Vivía en una casa en la calle Los Tulipanes.

-Pero, ¿a Rodríguez Gallardo también lo entregó?
Sí, tengo entendido que habían sido compañeros de estudio. Miguel Rodríguez Gallardo fue un prisionero que llegué a admirar por su valor. Fue respetado incluso por los mismos jefes nuestros, por su inteligencia, por su hombría. Murió por sus convicciones. Pensó que lo que hacía estaba bien. Nunca lo pudimos quebrar, en ninguna circunstancia, ni mental ni físicamente. Estuvo en un armario, vendado; para que no se le fuera la mente buscaba dibujos en las tablas, se imaginaba situaciones, estuvo tanto tiempo vendado que llegó a desarrollar el sentido del oído más que nosotros, el olfato. Él cayó detenido poco antes que florecieran los árboles y en el “Nido 20” (la casa de seguridad del paradero 20 de Gran Avenida) había árboles y un día dijo “yo sé donde estoy: en el paradero 20 de Gran Avenida, la sirena que suena y que da la hora, yo la conozco”. Parece que en su juventud había sido bombero en esa compañía. También reconoció un pito de una fábrica que había por allí. El escuchaba y sacaba cuentas.

Antes de eso lo tuvimos en un hangar en Cerrillos, en el lado civil del aeropuerto. Allí un día nos dijo que estaba detenido en Cerrillos. Nosotros le preguntamos: “Pero, ¿cómo sabes? Puede ser Pudahuel, la Base Aérea El Bosque”. No, dijo, “escucho todas las indicaciones que da la torre de control y nunca ha dado la salida de un avión de combate ni tampoco de pasajeros: tiene que ser Cerrillos”. Así nos fuimos haciendo amigos de él. Cuando lo llevamos a Colina, estuvo perdido un tiempo. Sabía que era un lugar donde se hacía instrucción, que era un regimiento porque escuchaba los conscriptos en la mañana que trotaban y cantaban.

-¿Cómo murió?
En los terrenos militares de Peldehue junto a Ricardo Weibel.

-¿Por qué esa gente tenía que morir?
No lo sé. Eso lo dictaminaba el jefe.

-¿Usted no sintió nada? ¿No se había hecho amigo de él?
Sí, sentí pena, a varios de nosotros les pasó lo mismo, porque cuando él se fue sabía que lo iban a matar. Incluso nos dio la mano, se despidió de nosotros, nos agradeció que le diéramos cigarrillos. Nos conocía hasta los pasos. El sabía quien estaba de guardia, cuando era yo me llamaba y decía: “Papudo, dame un cigarrillo…”.

-¿Qué pasó con José Weibel, miembro de la comisión política del Partido Comunista?
Yo participé directamente en su detención. Lo bajamos de una micro, lo seguíamos desde su casa. Hacía varios días que era vigilado. (Fue detenido el 29 de marzo de 1976). Actuaban otros tipos que no eran de la Fuerza Aérea, actuaban como agentes, era gente de derecha, habían sido de Patria y Libertad. En la micro iba con su señora.

-¿Qué sucedió?
No recuerdo bien. Hubo un robo. Nosotros buscábamos la posibilidad de bajarlo. Iba una señora que no tenía nada que ver con nosotros ni con la DINA, le robaron y nosotros dijimos que éramos de Investigaciones y lo bajamos culpándolo del robo. Lo conducimos luego a una casa de seguridad que teníamos en Bellavista.

-¿En qué lugar?
Cerca de donde hay unas canchas de tenis, casi al llegar a la esquina. Creo que ahora construyeron un edificio de departamentos y parece que en el primer piso de la casa reparan lavadoras. Allí vivíamos los solteros del servicio y también teníamos detenidos.

-¿Qué hicieron con él?
Fue interrogado, estaba junto a René Bazoa, que también había sido detenido pero mucho antes y era nuestro informante. Lo usábamos para que sacara información a los otros. Había otro informante que le decían el “Fanta” (Miguel Estay), este cayó junto con René Bazoa y todavía es informante de los servicios de seguridad. Ahora usa el pelo muy corto, cortito, y barba.

-¿Está usted seguro?
Totalmente. Hace cuatro días lo vi llegar a una de las oficinas nuestras en Amunátegui N° 54 pero trabaja indistintamente para varios servicios incluyendo SICAR.

-¿Qué pasó con José Weibel?
Bueno, él fue interrogado y de allí salió un equipo y lo mataron en el interior del Cajón del Maipo y luego lo tiraron al río.

-¿Podría identificar el lugar?
Creo que sí porque allí se hicieron otras operaciones, la de Carlos Bratti Cornejo, por ejemplo.

-¿Quién era Bratti Cornejo?
Fue colega mío. Soldado primero de la Fuerza Aérea, pero trabajaba en nuestro servicio, claro que llegaba esporádicamente a la Academia de Guerra porque trabajaba en la Base Aérea El Bosque, trabajaba todo el sector de La Granja. Lo mataron en el Cajón del Maipo junto al informante comunista Flores (Carol Flores).

-¿Los mataron a los dos?
Sí, porque intentaron cambiarse de servicio e irse a la DINA. En ese tiempo la DINA les ofreció mejor remuneración económica, automóvil, casa. Los jefes se reunieron y decidieron que eso era traición porque la información nuestra la estaban pasando a la DINA y entonces ellos llegaban antes que nosotros a ejecutar una operación. Por ejemplo, incautar automóviles. Una vez se descubrieron unos tanques de combustible que tenía el MIR, no recuerdo el lugar pero quedaba cerca de Las Condes, sólo nosotros sabíamos de su existencia y llegó la DINA y los requisó. Hubo sospecha de que alguien estaba pasando información y se supo que eran ellos. En la institución se les hizo un proceso y el director de Inteligencia lo dio de baja. Dos meses después salió la orden, los empezamos a buscar y los mataron.

-¿Recuerda usted detalles de la “operación Bratti”?
En ese tiempo nosotros estábamos viviendo en la casa de Bellavista, éramos ocho agentes más o menos. Me pasó a buscar Adolfo Palma Ramírez alrededor de las diez de la noche y me dijo que había una operación. Nos fuimos a “La Firma”, como le llamábamos nosotros, que es la casa de calle Dieciocho, el ex local del diario Clarín. Allí había otros oficiales de Carabineros, de la Marina. Estaban todos los jefes del Operativo Conjunto. Me sorprendió que hubiera pisco en la mesa, una especie de cóctel pequeño. Uno de los presentes me dio una pastilla y me dijo que me la tomara. Yo me di cuenta de inmediato que era droga. La conversación siguió hasta que el trago se terminó. Yo no sabía de qué se trataba. A un centinela le dijeron que trajera “el paquete”, así llaman a los detenidos. En ese momento vi que entraron con Bratti esposado y los ojos vendados.

-¿Desde cuándo conocía a Bratti?
Él ingresó antes que yo. Yo lo conocí el año 1974 en la Academia de Guerra, después dejé de verlo un tiempo hasta que apareció nuevamente trabajando con nosotros.

-¿Qué paso luego? Me refiero a cuando llegó esposado…
Le hicieron preguntas. Se notaba que estaba muy choqueado. Estaba drogado. Le dieron órdenes luego al centinela para que lo sacara de la especie de living en que nos encontrábamos y salimos a los vehículos. Creo que iban dos autos. Adolfo Palma iba en uno de ellos conduciendo. A mi lado iba un agente de Carabineros y otro oficial de Carabineros también. Nos dirigimos al Cajón del Maipo.
ASESINATOS EN EL CAJON DEL MAIPO

-Descríbame el lugar en el Cajón del Maipo donde mataron a Bratti.
Hay que pasar San Alfonso, El Melocotón y cuando el camino cruza el río, pasábamos el puente e inmediatamente doblábamos a la izquierda. Nos internábamos por un camino de tierra unos 10 ó 15 kilómetros, no recuerdo con exactitud. Allí había unos acantilados.

-¿Estaba vivo Bratti?
Drogado creo, pero vivo. Lo pararon al frente de una piedra y él insistió en que le sacaran la venda y le soltaran las esposas. Supuso que lo iban a matar. Palma le preguntó que cómo quería morir, si quería arrancar. Se pretendió hacer un juego macabro por cierto. Bratti dijo que quería morir sin venda y sin esposas. Estaba muy entero. Palma entonces, se dirigió a mí y me ordenó que le retirara las esposas. Recuerdo que cuando me acerque a sacarle las esposas, él me dijo que hacía mucho viento y agregó: “Está fría la noche Papudo”. Sí, le contesté, pero yo estaba quebrado a pesar de estar drogado. Tenía miedo, pensé que los demás que participaban eran todos oficiales, salvo un agente de Carabineros y que quizás me iba a ir yo también con Bratti p´abajo. Me dio mucho miedo cuando me ordenaron: “¡Ya, sácale las esposas!”. Ellos estaban como a diez metros. Cumplí la orden, me devolví donde Palma y me mandaron a los vehículos. No recuerdo a qué fue, si a buscar algo, no sé. Cuando iba caminando hacia los vehículos, en una noche muy clara, sentí la ráfaga. Cuando volví al lugar había cordeles y ya estaba muerto. Me dijeron que lo amarrara y le pusiera unas piedras y lo tiramos por el acantilado.

-¿Le puso sólo piedras? ¿No incluyeron amarras con alambre?
No lo recuerdo. El hecho es que después se comentó que debíamos haberle puesto otra cosa porque apareció el cadáver, a los pocos días, en el Canal San Carlos. Palma me dio la mano para que yo me acercara al acantilado y lo soltara en el río.

-¿Usted lo tiró al río?
Sí, yo lo hice. En ese instante pensé que también me iban a soltar a mí. Me dio mucho miedo pero lo solté. Después regresamos a los vehículos y volvimos a “La Firma” donde tomamos otra botella de pisco y luego me fueron a dejar a la casa. Lógicamente me pidieron que no hiciera comentarios de lo que había sucedido, pero dentro del servicio se sabía de todas las operaciones que se realizaban.

-¿Cómo supo usted que estaba drogado?
Sentía como que no pisaba, no coordinaba. Recuerdo además, que fumaba y era como que no estuviera fumando.

-¿Qué sintió cuando asesinaron a su compañero de servicio?
Hasta ese momento pensaba que nos había traicionado. Porque nos dijeron que pasaba información al MIR y al Partido Comunista. Sentía pena pero en el fondo tenía rabia porque nos dijeron que había entregado una lista con nuestros domicilios, los lugares que frecuentábamos, etcétera, para que nos mataran. Pensé entonces que estaba actuando bien por el hecho de que Bratti era un funcionario.

-¿Cómo supo usted que esa no era la verdad?
El año 1979 estuvimos trabajando en Antofagasta, no en subversión. Y Adolfo Palma Ramírez me dejó en una oportunidad en su casa porque viajaba a Chuquicamata. Le cuidé su casa y me dediqué a escuchar casettes. Encontré declaraciones de detenidos, entre ellas las de Bratti. Ahí supe la verdad: se le acusaba de traición por querer pasarse a la DINA. Yo le hice saber a Fuentes que Palma tenía grabaciones con declaraciones de Bratti y de otros detenidos. Para ese entonces ya no estaba Palma en la FACH. Fuentes dijo que estaba bien porque eso iba a ser un respaldo en caso de que mañana él cayera detenido para entregar información.

-¿Participó Palma en muchas operaciones de detenidos desaparecidos?
En casi todas. Era el segundo de a bordo después de Roberto Fuentes. Él había sido de Patria y Libertad. Fue uno de los que participaron en el asesinato del comandante Arturo Araya Peters, el edecán de Allende y se jactaba de eso (asesinado por un comando de Patria y Libertad con armas entregadas por la Marina, el 26 de julio de 1973).

-¿Hay algún otro funcionario que haya sido eliminado?
No, de la FACH es el único que yo conozco.

-¿Y Calor Flores?
No era funcionario de la FACH. Era informante.

-¿Por qué mataron a Flores?
Porque intentó irse a trabajar a la DINA. Fue en 1976, no recuerdo si era DINA o si ya era CNI. En ese problema también estuvo metido Otto Trujillo, era de Patria y Libertad, lo había traído el comandante Fuentes Morrison al servicio. También estuvo implicado en el grupo que se quiso pasar a la DINA. A él lo dejaron en libertad. Por la influencia de Fuentes no lo mataron.

-¿Qué pasó con Trujillo después?
Trujillo ahora está trabajando para el SIM, el Servicio de Inteligencia Militar. Recuerdo que como castigo se le mandó a Punta Arenas, él era de allá. Fuentes lo trajo después a Santiago. De repente aparecía trabajando para nosotros. A Trujillo le dijeron que regresara a Punta Arenas, que no volviera más a Santiago, que se olvidara del asunto y de sus amigos. Luego apareció en el SIM trabajando con René Bazoa. Andaban juntos. Hace poco Otto Trujillo fue requerido por la justicia por una estafa. Estuvieron unos detectives en la oficina y le consultaron a Fuentes por él. Fuentes contestó que no tenía idea en consecuencia que sabía que estaba en el SIM.

-¿Qué pasó con Palma Ramírez?
En Pudahuel tiene una distribuidora de frutas, un local grande.

-¿En qué lugar?
Es por José Joaquín Pérez, una calle paralela a esa (da la dirección exacta)). A Palma le decíamos también “Fifo”.

-¿Hubo otras operaciones en el mismo lugar del Cajón del Maipo?
Sé de varias, una de ellas la de José Weibel, pero en las otras yo no participé. Carol Flores también fue muerto allí.

-¿Está seguro que allí mataron a José Weibel?
No sé si lo llevaron con otras personas pero sí sé que Weibel murió allí.

EL VIAJE EN HELICÓPTERO

-Usted me dijo que también supo de una operación en que lanzaron detenidos desaparecidos desde un helicóptero.
En ese tiempo estábamos en la Base Aérea de Colina, trabajábamos cuatro servicios: SICAR, Armada, Carabineros, Ejército y nosotros. Supe de una sola operación pero puede que hayan hecho más. Fue en el año 1976, cuando fue combatida la Juventud del Partido Comunista.

-Cuénteme todo lo que recuerda de la operación.
Llegó un helicóptero de la FACH a Colina y sacaron alrededor de diez o quince personas. Entre esas personas recuerdo claramente que iba un ex regidor (hoy concejal) de Renca que era cojo, tenía sus años, deben haber sido los mismos que cayeron con él en la redada. (Se trata de Humberto Fuentes Rodríguez, detenido desaparecido desde el 4 de noviembre de 1975. Fue arrestado en una camioneta amarilla con distintivo FACH).

-¿Salieron vivos de la Base Aérea?
Sí, los drogaban, les daban unas pastillas pero parece que no eran muy efectivas, porque se daban cuenta. Uno de los que participó, “Fifo”, me contó después que uno había despertado en el vuelo y le había pegado un fierrazo. Luego empezaron a lanzarlos al mar, frente a San Antonio creo.

-¿Les hacían algo antes de tirarlos?
Dicen que los abrían.

-¿Que los abrían…?
El estomago, para que no floten. Iban comandos de seguridad del Ejército, creo que con el corvo, antes de tirarlos al mar, los abrían. Fue una sola vez que llegó el helicóptero. Recuerdo a otro de los que se llevaron, de unos 45 ó 50 años, comunista, peladito, medio moreno, en una oportunidad intento suicidarse y se quebró un brazo. Se lo llevaron, lo vio un médico y estuvo enyesado harto tiempo. Él también se fue en el helicóptero. Había otro que hacía caricaturas. Los otros no los recuerdo.

-Trate por favor…
Intento, pero no recuerdo ni siquiera sus chapas.

-¿Recuerda los nombres de agente de seguridad que participaron en dicha operación?
Rolando Fuentes Morrison es uno y Palma Ramírez. Esos dos eran los jefes. En ese tiempo los que trabajábamos en esto éramos muy pocos militares, la mayoría era de afuera. Me acuerdo del “Luti”, llegaban de repente a la oficina pero dos eran extremistas de derecha que habían participado en atentados, como el asesinato de Araya Peters, por ejemplo, asaltos bancarios, etcétera, durante el período de la UP. Les conocía las chapas no más, nunca les supe los nombres. Eran de buen nivel social. Ellos hacían generalmente todo el trabajo de seguimiento. Los mandaba Palma. Nosotros participábamos en la captura solamente.

-¿Qué otras operaciones se hicieron en Colina?
Murió otra persona, era de aspecto similar al “camarada Díaz” que murió en la casa de seguridad. Lo mataron los del Ejército, lo interrogaron y lo dejaron allí. Luego lo fuimos a ver y estaba muerto. Lo llamamos, entonces se devolvieron y lo echaron en el portamaletas del auto. No sé qué pasó después con él.

-¿En qué estado estaba?
Golpeado, con moretones por todo el cuerpo, muy rígido. Tengo entendido que le pusieron corriente directa, de 220. Se le ponen dos cables directamente del enchufe, no de la máquina especial con que se tortura. Tiene que haber sido el año 1976 porque ese fue el año en que trabajamos en Colina, totalmente separados de la Base. Al interior de ella había una cárcel recién construida para los funcionarios que tienen que cumplir penas militares.

-¿Funcionaba como centro de torturas?
Sí. Estaba nueva. Ellos no la usaron. Incluso creo que no la usaron más porque allí funciona ahora otra cosa. Después fue cuando tuvimos problemas con el Ejército.

-¿Qué tipos de problemas?
Ellos querían mandar todas las operaciones y echaban a correr la antigüedad entre los jefes. Después, el Ejército optó por no operar con nosotros y empezaron a trabajar aparte. Nosotros seguimos trabajando igual con la Marina y Carabineros. Luego nos fuimos a trabajar a la calle Dieciocho, en el ex edificio del Clarín, que ahora pertenece a DICOMCAR. Ahí teníamos a los detenidos. De ese lugar sacamos a los que mataron en la Cuesta y ahí también cayo detenido Contreras Maluje.

-¿Participó René Bazoa en esa detención?
Él era el informante nuestro. Estuvo detenido en Colina. No era informante de antes porque fue torturado en Colina, él cambio su vida por la entrega de información. Digo esto porque él fue testigo de la operación que se hizo con el helicóptero y con la citroneta. Bazoa llegó con varios más, una mujer, uno que le decían “Fanta” (Miguel Estay). Después apareció Bazoa trabajando con nosotros.

-¿Con ustedes o con la DINA?
Él empezó a trabajar con los servicios de la FACH y después tengo entendido que se lo pasaron al Ejército cuando nosotros dejamos de trabajar la subversión.

-¿Quién asesinó a René Bazoa?
Tengo entendido que fue el Ejército, el SIM.

-¿Quién entregó a Carlos Contreras Maluje?
(El 3 de noviembre de 1976, a las 11.30 horas en Nataniel Cox, entre Coquimbo y Aconcagua y poco después de haber sido atropellado por un microbus, fue detenido por personal de seguridad. Desde ese día se encuentra desaparecido).
Un hombre alto, medio moreno, nariz respingada, abultada, ojos café, pelo negro y brillante. Él había estado detenido en el edificio del Clarín y entregó a Contreras porque dio el contacto. No recuerdo el puesto que tenía este hombre en las Juventudes Comunistas, pero era importante. Lo llamábamos “José”. Había otro, el “Macaco” que le decían, bajito, morenito, nosotros le pusimos “Macaco” porque le encontrábamos cara de mono. Había otro comunista que cayó con el “Macaco”, era de finanzas y tenía un departamento en el centro. A ése le decíamos “Relojero”. Todos esos detenidos se iban el día viernes a sus casas y los pasábamos a buscar el domingo a lugares previamente concertados, la Plaza Ñuñoa, por ejemplo. Cuando ellos nos entregaron a Carlos Contreras Maluje, se fijaron de a poco las reglas.

(Los tres comunistas informantes serían presumiblemente: Vargas, Mallea y Saravia).

-¿Murieron estos hombres?
De todos ellos el único que murió fue Contreras Maluje.

-¿Dónde vivía “José” (Vargas)?
Por el sector donde está la Municipalidad de Las Condes, creo que la calle se llama Paul Harris. Tengo entendido que todavía vive allí porque hace poco tiempo pasamos con un jefe por allí y dijo: “Por aquí vive José”. Ahí me di cuenta que todavía era un informante porque comentó que se había contactado con no sé qué nombre, el de una agente de la CNI.
MUERTE DE UN COMUNISTA

-¿Qué pasó con Carlos Contreras Maluje?
Recuerdo todo muy bien porque yo participé. Lo detuvimos con un familiar o un amigo de Contreras en San Bernardo. Íbamos con el informante “José”, que estaba detenido. En ese momento teníamos prácticamente a toda la directiva de las Juventudes Comunistas, nos faltaba Contreras. Para entonces ya trabajábamos sólo con la Marina y Carabineros.

-¿Dónde funcionaba el cuartel general?
En calle Dieciocho. Cuando cayó “José”, en el interrogatorio, él dijo que tenía un contacto con Contreras en una casa de San Bernardo. Y nos dijo: “Si me sueltan, yo hago el contacto con él y luego nos agarran”. Lo soltamos, hicimos todo el operativo y detuvimos a Contreras Maluje junto a un joven. Nos costó mucho detenerlo porque era más o menos fornido. Cuando bajábamos por Gran Avenida uno de los vehículos atropelló a una persona y seguimos. Llegando al cuartel comenzó el interrogatorio de Contreras. Le preguntábamos por todos los que teníamos detenidos, y él respondía que hacía tiempo que no los veía o decía no conocerlos. Le preguntamos por José, y contestó que no lo veía desde hacía mucho tiempo. Le sacamos la venda y le mostramos a todos los dirigentes que teníamos detenidos. Se dio cuenta –creo- que lo había entregado José. En ese momento, él dijo que tenía un “punto” (un contacto) con otro dirigente, no recuerdo con quién, en la calle Nataniel. Los jefes se reunieron porque había algunos que no querían efectuar la operación por la importancia que tenía Contreras en el Partido Comunista. Suponía que estaba tramando algo. Se decidió que la operación se llevara a cabo y salimos. Lo largamos en Nataniel y empezó a caminar hacia Avenida Matta. De repente, yo por radio escuché que dijeron: “Se tiró a la micro el sujeto”. Contreras había sido torturado hasta las últimas horas de la noche anterior, tenía las muñecas rotas con las esposas. Cuando escuchamos por la radio yo estaba como a siete cuadras del lugar. Cuando llegamos ya se había juntado mucha gente.

-¿Qué sucedió después?
Al vernos empezó a gritar que éramos de la CNI o de la DINA, no me recuerdo bien ya, que lo queríamos matar, que avisaran a la farmacia Maluje de Concepción. Gritaba además, cual era el pecado de ser comunista. Después empezó a hablar con gestos porque estaba semiinconsciente. Ahí llegaron todos los demás vehículos que estaban participando en el operativo y también un radiopatrullas de Carabineros. Ellos no sabían qué hacer, si llevarse detenido al chofer de la micro (Luis Rojas Reyes) y miraban a los tipos que se bajaban de los autos con radios, metralletas, pistolas. Luego, uno de los carabineros tomó al chofer y lo llevó a la parte trasera del vehículo para tomarle los datos y después le dijo: “ya súbase y váyase no más”. Cuando quisimos subirlo al vehículo, Contreras Maluje gritaba que no, que no quería que se acercaran los de la DINA. Le pidió incluso ayuda a Carabineros y decía: “Me han torturado” y mostraba las muñecas que tenía rotas. No quería subirse pero lo logramos meter a un automóvil Fiat 125 celeste cuya patente estaba a nombre del director de Inteligencia de la Fuerza Aérea, general Enríque Ruiz Bunger. A todo esto el general no tenía idea. En todas las operaciones el que mandaba era Roberto Fuentes Morrison. Incluso ese auto no debió haber participado en el operativo porque andaba con la patente derecha, no era una patente falsa. Por eso lo llamaron después a declarar por el proceso que hubo.

-¿A qué lugar lo llevaron?
Al cuartel de la calle Dieciocho. Allí fue golpeado. Llegó herido, con la cabeza rota y un brazo facturado. Lo bajaron como un paquete. Lo tiraron dentro del calabozo a puras patadas. Le dieron fuerte. Dijeron que había traicionado.

-¿Cuándo y cómo lo mataron?
En la noche. Estuvo todo el día en el calabozo. Le pegaron por pegarle porque ya nadie le preguntaba nada. Un suboficial de Carabineros le pegó una patada en la cara y le fracturó la nariz. Al otro día, cuando llegué, supe que lo habían llevado a enterrar al mismo lugar de la Cuesta donde yo había ido antes. Un equipo de Carabineros salió temprano a hacer el hoyo. Yo estaba ahí y les pregunté dónde iban, y respondieron: “al mismo lugar donde fuimos la otra vez”.

-¿Quién dirigió la operación?
Roberto Fuentes Morrinson.

-¿Dónde está ubicado el lugar donde fue enterrado Carlos Contreras Maluje y otros detenidos desaparecidos?
En una Cuesta en el camino Melipilla. Es una bifurcación del camino principal y nosotros doblamos a la derecha. Recuerdo que hay un desvío, avanzábamos por ese camino hasta un puente, pasando el puente empezaba la Cuesta. Como en la tercera o cuarta curva había un camino secundario, una huella. Había que internarse por allí unos 100 metros. Allí procedíamos a dejar los detenidos y los fusilábamos en el lugar. Allí mismo eran enterrados.

-¿Sin dinamitarlos?
No. Sólo se les disparaba con armas con silenciador.

-¿Llegaban vivos allá?
Sí.

-¿Cuánta gente llevó usted?
Dos personas, pero anteriormente habían ido con otros detenidos al mismo lugar, unas ocho personas más o menos. En la operación en la que yo participé había un olor típico de cementerio. Se notaba que antes habían ido a hacer otras operaciones. Esas operaciones se hacían en conjunto con el SICAR y la Armada.

-¿Qué sabe de las muertes de otros detenidos desaparecidos, como Eduardo Paredes, Bautista Von Showen, Enrique París…? (le entrego una lista haciendo una pausa entre cada hombre)
No, no tengo idea.

-¿No hacían comentarios entre ustedes?
Mucho compartimentaje. Lo que hace mi unidad no tiene por qué saberlo otra.

-¿Por desconfianza?
Sí, mucha.
EL JURAMENTO DE LA FACH

-¿Sabía usted que en cualquier momento también lo podían matar?
Siempre lo supe.

-¿Hizo algún juramento en la FACH antes de iniciar su trabajo?
Tengo un documento firmado en la Dirección de Inteligencia de la FACH en el que se dice que todo lo que haga no debo comentarlo, y si el día de mañana me echan del trabajo, debo seguir llevando una vida normal, pero no debo involucrar a nadie. Incluso dice que el que cae detenido, cae solo, todas las acciones las hizo solo, nunca contó con el apoyo de la institución.

-¿En qué otras operaciones participó?
En Fuenteovejuna y Janequeo.

-¿Cómo fueron esas operaciones?
Había que detectar a los que mataron al intendente de Santiago, Carol Urzúa. A nosotros nos llamaron cuando ya la operación estaba armada. Al equipo de contra subversión de la FACH le pidieron una colaboración. La CNI ya había hecho los seguimientos, tenía detectadas las casas, todo. Ahí cayeron presos los que están detenidos actualmente, a uno que le decían “Pitufo” Palma. El día de la operación estuve todo el tiempo en una camioneta. De repente se nos avisó que si salía el “uno” -los teníamos por número de acuerdo a su importancia-, se iniciaba toda la operación. Por radio escuché: “salió el uno, ¡síganlo!”, hizo contacto con otro y después se separaron y los detuvieron a los dos. A otro lo agarraron aquí al frente de Capuchinos, uno gordo, no recuerdo su nombre.

-Continúe…
Al que más recuerdo es a Palma, que fue sacado de un colectivo o de un taxi. En la tarde nos dirigimos a la casa de Fuenteovejuna. Nos reunieron antes en un supermercado por ahí cerca. Éramos alrededor de 60 agentes. Llegó un jeep con una ametralladora punto 30, nos reunió uno de la CNI, tengo entendido que es oficial de Carabineros, y dijo: “Bueno, aquí ningún huevón vivo, todos muertos”.

-¿Cuántos sospechosos eran?
Tres. Nosotros cerca de sesenta. De repente yo vi entrar el jeep que se estacionó. Justo al frente de la casa hay un pasaje. Dieron la orden por radio que tomáramos todas nuestras posiciones y luego, el mismo oficial preguntó si estaba lista la base de fuego. Yo no tenía idea de qué se trataba: era el jeep que estaba preparado, el jeep que tenía la CNI con una ametralladora que sale con un mecanismo hidráulico. Salió la ametralladora y empezó a disparar a la casa durante alrededor de un minuto. Después, por un altavoz se les conminó a rendirse diciéndoles que estaban rodeados por fuerzas de seguridad. Uno salió con las manos en alto, y cuando venía saliendo lo rafaguearon. De adentro respondió el fuego una mujer. Inmediatamente la casa comenzó a incendiarse por los efectos de una bengala.

-¿La bengala fue lanzada por ustedes?
Sí, por uno de los agentes que estaban apostados en el interior y al parecer cayó en algunos documentos, papeles y se dio inicio al incendio de la casa.

-¿La bengala tenía por objeto incendiar la casa?
No. Iluminarla para ver si había más personas adentro. Sabíamos que había dos muertos, pero eran tres personas, aún no teníamos conocimiento que Villavela había muerto. Por la posición en que fue encontrado posteriormente supimos que murió con las primeras ráfagas de ametralladora sorpresivas.

-¿Cuál fue su papel en la operación?
Disparar en caso de que alguien saliera de la casa. En realidad no fue necesario. Era una cosa de locos, toda la gente disparaba. Yo le disparé a un foco que había frente a la casa para obscurecer más el sector. Después, me preocupé de sacar a la gente de las casas de los lados, a los vecinos.

-¿Qué pasó después?
Llegó investigaciones y tomó en sus manos el caso, el asunto digamos legal. Luego, nos fuimos a Janequeo, en Quinta Normal, y como algunos de nuestros agentes se encontraban sin balas, por haber utilizado todo el stock, pasamos a buscar a nuestra oficina. Cuando llegamos a Janequeo ya nos estaban esperando. El mismo jeep estaba haciendo su trabajo.

-¿Cuántos eran los sospechosos?
Dos personas y deben haber habido unos cuarenta agentes, entre gente de la CNI y de la Fuerza Aérea. Sé que a uno de los extremistas lo mataron pasando una plaza que hay por ahí cerca. No llevaba armas, después apareció en la presa con un arma, pero se la puso la CNI. “José”, un argentino, murió en el patio de la casa.

-¿Qué paso con los cadáveres? ¿También se hizo cargo Investigaciones?
Después que nosotros terminamos nuestra parte en la operación, nos devolvimos a la oficina. La CNI siguió trabajando sola.

-¿Sabe usted de donde provino la información sobre este grupo mirista?
No, no lo sé. Sí sé que el MIR y el Partido Comunista están infiltrados por la CNI.

-¿En este momento?
Sí.

-¿Cómo lo prueba?
Me lo dijo un agente de la CNI. Hacen operaciones, matan personas cuando quieren. Ellos saben dónde está fulano, zutano, perengano. Incluso la gente que se asiló recientemente en la Nunciatura estaba vigilada.

-¿Por qué quiso hablar conmigo?
Porque quería desahogarme. Compré la revista Cauce y me puse a leer. No tenía idea sobre la muerte del cuñado de Juan Delmás. Vi quién era el periodista que había escrito esa crónica y la escogí. Pero a esto le vengo dando vuelta hace varios meses. Hoy día me decidí.

-¿Qué otros trabajos de este tipo a desarrollado?
Desde fines de 1976 en adelante la Fuerza Aérea se retiró de la acción antisubversiva. Sólo actuamos esporádicamente porque Roberto Fuentes, el comandante, tiene contactos y es muy amigo con la gente de la CNI.

-¿Roberto Fuentes Morrison sigue perteneciendo a la Fuerza Aérea?
Sí, pero ni siquiera trabaja, la jefatura no le da trabajo. Está ahí no más.
LA ESTRUCTURA DEL TERROR

-¿Qué contactos tiene usted con la CNI?
Todos los servicios tienen un contacto que se llama el “canal técnico”. Para traspasar informaciones hay contactos personales.

-¿No ha habido ningún operativo en el que le haya tocado participar?
Sí, un operativo para el que nos solicitó Carabineros. Nosotros, el equipo que yo conformo, estamos bien considerados dentro del trabajo de la contra subversión. Nos tienen por buenos. Fuimos llamados para hacer unos allanamientos en Pudahuel.

-¿Qué indicaciones les entregaron?
Tienen que ir a esta casa y estos son los dos sujetos que buscamos. Creo que estaban involucrados en la muerte de un carabinero. El pasaje creo que se llamaba “Apolo”.

-¿Descubrió algo?
Armas, no. Sólo documentación, propaganda, nada de importancia…

-Pero la televisión mostró armas…
Esa vez se hizo un allanamiento en el que participaron alrededor de 200 carabineros. Se allanó creo la mitad de la comuna de Pudahuel. Si en otro lado aparecieron armas, a mí no me consta. Todo se llevó a la Comisaría de Santo Domingo. Estaba en el suelo todo el material incautado, pero armas no había en ningún lado.

-¿Qué pasó en la Comisaría?
Cuando llegamos a la Comisaría de Santo Domingo, pasado Matucana, había más de cien detenidos de Pudahuel y algunos de Renca. Estaban todos en el patio de la Comisaría, puestos contra la muralla, vendados, con capucha. Luego ingresó un vehículo con los vidrios polarizados, sacaban uno a uno a los prisioneros y los ponían al frente del auto, con las luces altas. Les sacaban las capuchas y en el interior del auto había uno que indicaba quiénes eran y quiénes no eran. Al parecer era un hombre que había caído detenido tres días antes.

-¿Su señora sabía qué clase de trabajo realiza?
Sabe que trabajo en seguridad, pero no los trabajos específicos que yo realizo.

-¿Cuándo se casó?
Hace seis o siete años. Conviví con ella y me casé legalmente después.

-¿Cuándo la conoció?
En 1975, creo. Llegué a vivir a su casa, de uniforme, como aviador. Y de repente pelo largo, me pasaban a buscar en auto, bajaban tipos con ametralladoras. Se dio cuenta que tenía que ver con seguridad.

-¿Nunca le preguntó nada?
Sí, pero yo le decía que eran trabajos institucionales, nada que ver con la DINA o la CNI.

-¿Ella se preocupaba?
Sí, mucho. Mi señora después se empezó a dar cuenta y tuvo la certeza con la operación de Fuenteovejuna. Llegué con mi pantalón con sangre y ella había escuchado las noticias. Me preguntó si trabajaba en el lugar y tuve que decirle que sí. Como ella es muy reservada, no dijo nada pero sé que se tiene que haber preocupado mucho.

-¿No le dieron ganas de hacer otro trabajo?
Yo llegué a hacer el Servicio Militar a la FACH, a los 18 años, cuado recién salí del liceo.
TRATAMIENTO PARA LOS NERVIOS

-¿Nunca estuvo relacionado con actividades políticas?
No. El año 1973 tenía 17 años. Llegué a esto en una forma…, quiero decir que no lo busqué. De repente me vi involucrado en esto.

-¿Saben sus padres qué tipo de trabajo ha realizado?
Saben que soy agente de seguridad, o sea la parte legal del asunto, la seguridad del territorio pero nunca en…

-¿Conoció a Osvaldo Romo?
No. Lo único que sé es que le decían “El Dedo de Yeso”, porque lo usaba para indicar…, al menos dentro del servicio se le conoce así.

-¿Dónde vive?
En la población Juanita Aguirre, de la Fuerza Aérea.

-¿Arrienda o es propietario?
La Fuerza Aérea nos da la casa. No pagamos arriendo.

-¿Ha estado enfermo de los nervios alguna vez?
Sí, estuve en tratamiento, hay varios casos, muchos hospitalizados.

-¿Dónde los hospitalizan?
En la Clínica Ñuñoa. Hay un convenio con esa clínica. A mi me atendió un psiquiatra.

-¿Le preguntaba sobre estas mismas cosas?
No, porque el médico es del servicio. Yo pedí asistencia médica porque estaba muy tenso, nervioso. Conversé con un psicólogo y éste me mando a sacarme un electroencefalograma. Después me citó varias veces a conversar con él, armé cubos, etcétera, luego determinaron que mis problemas eran derivados de mis problemas económicos.

-¿Fue en profundidad el tratamiento?
No. Fue muy superficial.

-¿Después cómo se sintió?
Los problemas continúan pero me siento bien. Lo que quiero decir es que los problemas que tengo son conmigo mismo. O sea, lo que estoy haciendo ahora.

-¿Pero por qué no le contaba esto al psiquiatra?
No se lo podía decir. ¿Cómo le voy a decir que estoy aburrido de esto, que me quiero ir, que no quiero trabajar más acá, que estoy asqueado de este trabajo. ¡Imagínese!, el psiquiatra del servicio… Me iba a durar re poquito la vida.

-¿Cómo se llamaba el psiquiatra?
Hay tres médicos. El que me atendió no sé si es psiquiatra o psicólogo. Es muy importante, está considerado entre los mejores de Chile. Incluso ha participado en foros en televisión. Tengo entendido que trabaja en Canal 7 y hace campañas de propaganda.

-¿Cómo se llama?
Aracena.

-¿Le hacía preguntas relacionadas con su trabajo?
No, con mi familia nada más. Del trabajo no porque sabe todo. Nos conoce bien a todos. Otro de los médicos se apellida Rey y el tercero participa poco, su nombre no lo recuerdo pero tiene cara de loco, es más bajo que yo, usa los pantalones cortos, camina medio raro, usa anteojos ópticos, pelo liso, semi canoso. Pero Aracena sí que ha participado en contra subversión.

-Si un compañero suyo desaparece, ¿pueden preguntar a sus jefes por él?
Se pregunta, siempre que no exista lo que se llama cobertura, o sea, que fue trasladado, que fue dado de baja o en último término que fue sorprendido en una u otra cosa y está detenido. Ahí nadie lo puede visitar porque el que lo visite se va de baja. Le echan a perder la imagen como se dice.

-¿Qué misión estaba cumpliendo usted en este momento?
Hacía un curso de cuatro meses de Inteligencia de seguridad territorial, pero de eso no voy a hablar ni una sola palabra.

-¿Qué piensa usted del general Pinochet?
No me gusta. Creo que es el pensamiento de la Fuerza Aérea. No nos gusta porque es un dictador. Se rompieron las relaciones digamos cuando salió el general Gustavo Leigh. Dentro de los generales hay una cierta división por el general Pinochet…

-Y a usted, ¿por qué no le gusta?
Pienso que las ideas se deben combatir con ideas. Esto lo vengo pensando desde hace mucho tiempo. Si alguien me dice a mí que es comunista y… bueno, yo no lo puedo matar, tengo que demostrarle que está equivocado. Es que un país no se puede…
“HAY MIEDO”

-¿Está convencido de lo que esta diciendo?
Totalmente.

-¿Sus compañeros opinan lo mismo?
No se pronuncian abiertamente. Hay miedo a las represalias. Uno no puede opinar libremente. Nadie le va a preguntar a uno o a un jefe “¿qué te parece el general Pinochet?”. Eso no se hace.

-¿Conoció usted al general Leigh?
El día que dejó de ser miembro de la Junta de Gobierno. Trabajábamos en una casa de seguridad, pero no en contra subversión. De repente, llegó un oficial nuestro y eligió gente. A mí me eligieron -creo por la experiencia- para que prestáramos protección a la escolta del general. Nos fuimos al Ministerio de Defensa en un Fiat 125 y no nos querían dejar pasar. Le tiramos el auto encima a un centinela del Ejército que tenía cortado el camino por Gálvez. El conscripto no hizo nada, no se atrevió. Luego esperamos que saliera el general. Había muchos periodistas en el sector, gente que aplaudía y en eso llegó un auto Chevy Nova. Se bajó un oficial rubio y conversó con nuestro oficial y le dijo que la seguridad del general Leigh estaba en manos de ellos. Nuestro oficial le dijo que no, que lo escoltaríamos hasta su casa y que las únicas órdenes que esperábamos eran del general Leigh, que seguía siendo nuestro comandante en jefe. Pero ya había jurado el general Fernando Matthei. Recuerdo que uno de los guardaespaldas del general Leigh le pegó un puñete a un comando del Ejército que no lo quería dejar pasar hacia una oficina. De todas maneras no nos dejaron entrar al Ministerio. Se armó una discusión entre los dos oficiales y el nuestro dijo: “Ustedes se bajan, en caso de que este Chevy Nova se mueva, lo repelen”. No se atrevieron.

-¿Qué pasó después?
Luego nos fuimos escoltando hasta el edificio Diego Portales. Nosotros nos bajamos con nuestras armas en la mano y creo que el general Leigh se asombró mucho. Cuando bajan hay un centinela que dice: “Baja el uno”, ese es el general Pinochet; “baja el dos” y así sucesivamente. Cuando salió el general Leigh, dijo “baja el…” y no supo qué decir. Lo acompañamos hasta su casa. Allá Leigh nos formó a todos y se despidió de cada uno de nosotros y nos dijo que teníamos que seguir prestándole apoyo al nuevo comandante en jefe. Cuando le dijeron que alguien quería hablar con él, respondió que no quería a nadie de la Junta, ni ministro ni nadie. Se juntó mucha gente fuera de la casa. Nosotros seguimos vigilando el lugar y echamos a los CNI: estaba lleno de autos de la CNI. Para evitar problemas se fueron.

-¿No pensó nunca que todas las cosas y trabajos como usted les llama iban a salir un día a la luz?
Sí, lo pensé.

-¿Hay gente de la FACH en la CNI en estos momentos?
No. Los retiró el general Matthei después del caso de la dinamitada.

-¿Causó mucha conmoción en la FACH?
Sí, pero no por un problema sentimental. Encontramos que era un trabajo mal hecho. Una estupidez. Por eso mismo causó revuelo, porque había mucha gente nuestra trabajando en la CNI.

-¿Pero no habían retirado el año 1976 a su gente de la CNI?
Sí, pero como una semana antes se había enviado nuevamente gente en comisión, por un año. Cuando se supo el caso de la dinamitada, al día siguiente llegó una orden del general Matthei pidiendo que toda la gente regresara. La orden llegó a las ocho de la mañana a la CNI, a la diez se retiró toda la gente. Y al que no quería regresar se le dio de baja en la Fuerza Aérea y la CNI se hacía cargo de ellos, pero no como funcionarios FACH.

-¿No provocó problemas eso?
Problemas con el Presidente Pinochet, sí. Cuando se pidió gente nuestra para la CNI fue por una orden de él. En realidad pidieron de todas las instituciones. La única rama que retiró su gente fue la FACH, los otros siguieron trabajando. Nosotros pensamos que iba a haber un quiebre porque el general Matthei pasó a llevar una orden del Presidente.

-¿En qué forma?
Cuando se solicitó gente nuestra para la CNI, la FACH se opuso, pero luego salió una orden directa del Presidente de la República exigiendo que Matthei enviara gente. Con el problema de la dinamitada… se pensó que habría un quiebre. El mismo Álvaro Valenzuela, jefe de operaciones de la CNI, que quedó a cargo de nuestra gente, primero estaba muy prepotente y después tuvo que aceptar que los regresaran a la unidad de la FACH. Por eso mismo, después la Fuerza Aérea solicitó a todo el personal de seguridad que entregáramos toda la numeración de nuestro armamento. Para tener absoluto control y que nuestras armas no aparezcan mezcladas en un hecho delictual o algo raro que no tenga relación con la institución. Eso pasó hace como dos meses más o menos.



-¿Hubo otro momento de quiebre institucional que usted recuerde?
Sí, debe haber sido en febrero o marzo, marzo más seguro. Parece que hubo un quiebre al interior de la Junta, porque nosotros tuvimos que vigilar durante una noche el movimiento de los regimientos. Fue una sola noche porque al otro día se levantó la alerta.

-¿En qué lugar vigiló usted?
Tuve que controlar con mis compañeros el área de Independencia, el Regimiento Buin. Ver si había movimiento de camiones, cualquier cosa extraña. También debíamos estar alerta en mi unidad por si había movimiento desde Peldehue y El Salto.

-¿Ocuparon todo Santiago me imagino?
Por supuesto. Se comentó después que se estaba esperando que Pinochet firmara un decreto que afectaba a la Fuerza Aérea y entonces nosotros íbamos a estar en contra de esa iniciativa. Quisimos evitar sorpresas, como sucedió con el caso del general Leigh y por eso controlábamos por si había movimientos para destituir al general Matthei.

-Volvamos a lo personal, el adiestramiento que ustedes tienen, ¿no lo lleva a pensar que el tipo de trabajo que están haciendo es absolutamente anormal?
Pienso que sí. Uno actúa, no piensa, sólo actúa. Queremos ser eficientes y por eso mientras menos huellas quedan, mejor hecho está el trabajo que uno realiza.

-Para las protestas, ¿no jugaban un papel?
Nunca hemos participado. Hacemos un día común y corriente. La orden la impartió el general Matthei, él está muy preocupado de la imagen de la institución, quiere que la FACH desarrolle solamente su labor profesional y no pretenda más.

-¿En qué consiste su trabajo institucional?
Básicamente en la defensa territorial, para eso fueron creadas las Fuerzas Armadas.
LA MAQUINA DE MUERTE

-¿Ha matado a sangre fría alguna vez?
No.

-¿Estaba usted realmente consciente del tipo de trabajo que hacía?
Sí, hasta ahora.

-Pero… ¿se da cuenta?
Sí.

-¿Cómo pudo hacerlo?
Es una máquina que lo va envolviendo a uno hasta el punto de la desesperación, como me ha ocurrido a mí ahora. Sé que en este momento me estoy jugando la vida. Yo sé que quizás mi familia no me va a acompañar. Ni siquiera están de acuerdo con lo que he hecho, pero tenía que contarlo. Me sentía mal, estaba asqueado. Como le decía, quiero volver a ser civil.

-Pero usted lleva diez años como agente de seguridad, ¿no cree que de todas las balas que ha disparado…?
Es muy probable porque he participado en varios tiroteos. Es muy probable…

-¿Ha torturado?
Sí.

-¿En qué consistían esas torturas?
Aplicación de corriente, golpes…

-¿Cómo se comporta usted como padre?
Soy un mal padre.

-¿Por qué? ¿Les pega a sus hijos?
No, pero juego raramente con ellos.

-¿A qué lo atribuye?
No lo sé. Creo que en todo este tiempo he empezado a mirar la vida de otra manera. Me he dado cuenta de la situación por la que he pasado. No quiero que mis hijos me quieran. Sé que cualquier día me van a matar y no quiero que sufran. Por eso soy así en mi casa. Incluso mis hijos quieren más a los tíos. Cuando éstos llegan, mis hijos corren, los abrazan, los saludan… Cuando llego yo, a veces corren y yo no les hago mucho caso. Los quiero, pero no en el sentido que debería ser…

-¿Pero usted ha querido alguna vez a alguien? ¿Ha sentido cariño por alguna persona?
Sí, claro que sí, pero tengo una forma muy particular de querer a las personas. No sé como explicarlo… Prefiero que a mí no me quieran. Con mi familia soy muy distinto. No visito nunca a mis padres.

-¿Siempre fue así?
No. Cuando era muchacho me iba bien en los estudios. Era cariñoso y regalón de mis padres a pesar que soy el hermano del medio, somos tres hermanos. Era muy sentimental, después todos esos valores los fui perdiendo.

-¿Y no se daba cuenta?
Claro que sí y eso me producía conflictos.

-¿Cómo los solucionaba?
No los solucioné nunca en realidad. Los dejaba pasar.

-¿Tiene resentimientos contra la institución?
Contra ella, claro que no. Contra los que me transformaron, sí. Con los jefes que me llevaron a hacer lo que hice. Contra la institución no, tampoco contra las Fuerzas Armadas.

-¿Quiénes fueron esos jefes?
Roberto Fuentes Morrison.

-¿Cuándo lo conoció?
El año 1974, en la Academia de Guerra. Él no era de la FACH. Tengo la impresión que el año 1975 fue nombrado subteniente de reserva. Él siempre dio a entender que antes estaba infiltrado en Patria y Libertad. En 1980 fue baleado, le pegaron dos balazos y lo ascendieron a comandante. En este momento es comandante de escuadrilla, de reserva claro. Le gusta mucho lucir el uniforme.

-¿Qué tipo de persona es Roberto Fuentes?
Es alegre, siempre se le ve alegre, jovial.

¿Siempre fue él el que ordenaba matar?
Siempre salía en los operativos y era él que participaba con los jefes de Carabineros, de la Marina y del Ejército que trabajaban con nosotros. Dictaminaban a quien se mataba, por eso dudo que los jefes máximos de la FACH sepan qué pasó realmente.

-¿Está seguro que en este momento Fuentes Morrison no hace nada en la FACH?
Nada, a excepción que a veces trabaja con la CNI, pero porque él se ofrece para cooperar, hace contactos, favores personales. Ahí me enteré que en la CNI hay diversas unidades o agrupaciones. Una se llama la Agrupación Azul que se ocupa de los partidos políticos y así por cada área que tienen que trabajar: periodistas de oposición, sindicatos… Llevan años ya especializándose. Hay un área MIR, otra Partido Socialista, Partido Radical. Incluso se hacen bromas entre ellos porque los que más trabajo tienen son los que se ocupan del MIR.

-¿Tenía muchos amigos Fuentes?
Tenía amigos en diferentes lugares. Por ejemplo, uno de los que está detenido por la muerte de un obrero del POJH en Pudahuel, Joaquín Justo Piña Glamesti, era su amigo desde el tiempo de Patria y Libertad. En una oportunidad fuimos juntos a la Municipalidad de Pudahuel a hacer un trabajo. Buscábamos una persona, teníamos la dirección pero no lo podíamos ubicar en Pudahuel y fuimos a la Municipalidad. Cuando salimos, Fuentes subió a un funcionario de la Municipalidad al auto y comentaron que había que ir a ver a Piña y Fuentes dijo: “yo a mi gente no la boto, así que voy a ir a verlo a la cárcel”. Luego nombró a los otros que estaban presos con Piña. El que iba con nosotros en el auto respondió que se acordara que habían trabajado muchos años juntos y le dijo a Fuentes: “de ti aprendimos”. Ahí me quedó claro que habían trabajado juntos y que también pertenecieron a Patria y libertad. Siguieron conversando, hicieron alusión a que Fuentes había sido autor de la voladura de un oleoducto durante la época de Allende.
EL FUTURO

-¿Tiene miedo por su vida? ¿Ha pensado qué le va a pasar en el futuro?
Ahora sí tengo miedo.

-¿Qué medidas ha pensado tomar para el futuro?
No sé… dejo que el tiempo diga… No sé qué va a pasar conmigo.

-¿Sabe alguien que vino a conversar conmigo?
Nadie, absolutamente nadie.

-¿Usted se acaba de graduar?
Claro, tengo aprobado el curso. Me espera una nueva destinación. Tengo que graduarme mañana.

-¿Y lo va hacer?
No. No voy a estar.

-¿Va a ser una sorpresa para todo el mundo…?
Sí, para todos. Sé que va a ser un remezón fuerte dentro de la Fuerza Aérea, con repercusiones en muchos lugares, en la CNI…

-¿Pero usted en ningún momento se pudo oponer a ejecutar ese tipo de trabajo?
Tenía18 años y quería saber, nunca había estado con prisioneros y quise ir a ver. Le puedo decir que dentro de los servicios hay gente joven que llegó como yo y se metió tanto en la violencia que creo que ahora no pueden vivir sin violencia.

-¿Y qué pasará si quedan sin trabajo?
Por eso hay muchos casos de delincuencia. Carabineros que han sido sorprendidos asaltando servicentros, por ejemplo. No sé, creo que después de esto cuesta entrar en el mundo de la ley.

-¿Pensaba usted que estaba por sobre la ley?
Siempre pensé que estaba por sobre la ley…

-¿Se sentía muy poderoso?
Yo no. Pero a veces sí, tiene razón, poderoso, no yo como persona, el sistema lo encontraba poderoso.

-¿Eso lo llevaba a ser prepotente en su casa?
No. Nunca he sido prepotente ni peleador. En ese aspecto hasta he sido cobarde para pelear con otra persona de igual a igual. No me dominó la violencia hasta ese extremo.

-¿A otros compañeros suyos sí?
Ya le dije que no quiero dar los nombres de mis compañeros. Un día venía con un colega, en auto, habían atropellado una persona la que estaba debajo de la micro hecha pedazos. Nosotros veníamos comiendo un sándwich y él pasó en el auto muy despacio. Noté que gozó con el espectáculo. Yo miré y volví la cara. Había visto muchos muertos pero me impactó esa escena, no tanto el muerto, sino mi colega. Él siguió comiendo y era muy sano. Y eso es lo que creo que me ha llevado a hacer lo que estoy haciendo con usted. Me he dado cuenta del cambio que hemos tenido desde que éramos conscriptos, pavos algunos, otros tontos, sin mundo.

-¿Qué hace en sus horas libres?
No me gusta llegar a mi casa. Leo mucho. Me gusta leer. Antes me gustaba mucho jugar fútbol, después dejé de ir a la cancha.

-¿Qué le habría gustado hacer en la vida?
No lo sé. No lo he pensado nunca.

-¿No recuerda lo que quería ser cuando usted era un adolescente?
Aunque le parezca irónico, policía, detective, carabinero también.

-¿Qué le gustaría que fueran sus hijos en el futuro?
Doctor, cualquiera de los tres.

-Cuando veía usted a un médico que era del servicio y que participaba de esos trabajos, ¿qué sentía?
Vi a un médico poniendo pentotal, eso me impactó.

-¿Dónde lo vio?
En Colina. No sé qué médico era. No recuerdo. Se la puso al “Quila” (Miguel Rodríguez Gallardo)… Fue hipnotizado también… No hubo caso. Por eso le digo que es una de las personas que nosotros considerábamos enemigos que yo admiré, por su temple, su valentía, sus convicciones. A veces nos quebrábamos nosotros al lado de él cuando veíamos cómo le daban. Él siempre estuvo entero.

Yo diría que al principio cuando uno empieza, primero llora, escondido, que nadie se de cuenta. Después siente pena, se le hace un nudo en la garganta pero ya soporta el llanto. Y después, sin querer queriendo, ya se empieza a acostumbrar. Definitivamente ya no siente nada de lo que está haciendo…

NOTAS

*1-. CAROL FEDOR FLORES CASTILLO: Trabajaba en la Municipalidad de La Cisterna, vivía junto a su esposa en San Bernardo. Con el Golpe de estado quedó sin trabajo y se convirtió en soldador. Su padre era suboficial de Carabineros en retiro. Fue detenido junto a sus dos hermanos el 5 de agosto de 1974 en la casa de sus padres y llevado a la Academia de Guerra Aérea (AGA). Allí fue visitado en tres oportunidades por su esposa.
Fue liberado después de ser torturado el 23 de octubre de 1974. En su ausencia había nacido su primer hijo. Tras ser dejado en libertad comienzan a visitarlo agentes de la SIFA, entre otros Roberto Fuentes Morrison alias “Wally” hasta que se convierte en informante. Desapareció el 30 de mayo de 1976. Su cadáver apareció el 2 de julio de ese mismo año.

*2-. “Coño” Molina: José Bordas Paz, uno de los principales dirigentes del MIR, fue detenido el 5 de diciembre de 1974, en una ratonera que le hicieron en la calle y que terminó en una cacería a balazos en pleno barrio Vitacura. El equipo estaba al mando del coronel Horacio Otaíza y Edgar Ceballos.

*3-. HUMBWERTO CASTRO HURTADO (“CAMARADA DIAZ”): Obrero de 54 años, quien vivìa en una modesta casa en calle General Las Heras, en el pa5adero 30 de Gran Avenida junto a su esposa y sus dos hijos. Todos ellos presenciaron su detención, la que se produjo el 3 de septiembre de 1975 a las 2:30 de la madrugada.

*4-. ALONSO GAHONA CHAVEZ: Era un esforzado obrero de la Municipalidad de La Cisterna que había quedado solo, a cargo de sus dos pequeños hijos: Yuri (7 años) y Evelyn (6 años). Fue detenido por un grupo del Comando Conjunto, el que integraba su amigo Carol Flores, el 8 de septiembre de 1975. Su hijo “Yuri” se llego a mimetizar con un árbol a la salida del campo de prisioneros de “Tres Alamos”, esperando cada día su regreso. El tablero de ajedrez en el que su padre lo inició a mover los peones fue mudo testigo nocturno de su angustia. Sus largas caminatas durante las cuales le enseñaba a contar quedaran para siempre en su recuerdo.

*5-. MIGUEL ANGEL RODRIGUEZ GALLARDO: Casado con Rosalba Mendoza, tres hijos. Era ex grumete de la Armada y trabajaba como tornero mecánico. Fue arrestado el 28 de agosto de 1975.

*6-. Arsenio Leal Pereira, casado con Rosa Carrasco, cuatro hijos, fue otro de los detenidos asesinados por el Comando Conjunto y que Andrés Valenzuela identificó. Fue detenido en su casa, frente a su esposa e hijos en la madrugada del 29 de agosto de 1975. Cuando le entregaron el cadáver a su mujer el 9 de septiembre de 1975, le dijeron que se había suicidado. Así lo describió: “Parecía un viejito de 80 años en circunstancias que tenía 44 años. Tenía manchas violáceas bajo los ojos y en la parte superior izquierda del tórax. En sus piernas y brazos tenía manchas moradas. Las puntas de los dedos evidenciaban rastros de violencia: no tenía uñas. Los testículos los tenía aplastados como si hubiesen sido golpeados. En uno de sus hombros tenía una extraña marca: una quemadura. Tenía un orificio de bala, marcas en los tobillos y en los brazos de haber sido amarrado, un hoyo que le atravesaba la mano derecha, la frente golpeada y la nariz chueca. El pelo estaba pegado por sangre seca. Alrededor del cuello tenía una huincha de mezclilla…”.






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