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lunes, 7 de noviembre de 2011

Chile: los restos de un médico francés cerca de Allende enterrado 38 años después


Los restos de los franceses Georges Klein médico, asesinado durante el golpe de Estado contra el presidente chileno Salvador Allende en 1973, de la que fue identificado y esta semana 38 años después de su muerte, fue enterrado el viernes en Santiago.

Los restos del Dr. Klein, colocados en una urna cubierta con una bandera chilena con dos margaritas y unas pocas fotografías del médico asesinado a los 27 años, fueron enterrados en el Cementerio General de Santiago, que honra a más de 3.000 víctimas de la dictadura Augusto Pinochet (1973-1990).
Estos restos fueron devueltos el martes para su hija, Vannesa Klein, el servicio forense, después de casi 10 años de investigaciones.
"Nos despedimos con la dignidad de mi padre", dijo su hija, que casi no tiene memoria de él.El doctor había muerto dos días después del golpe y el bombardeo del palacio de La Moneda presidencial, donde fue cortado con el Presidente Allende.
Él era parte de un grupo de asesores y amigos de Salvador Allende, que estaban con él poco antes de que decida poner fin a su vida antes que caer en manos de los militares.
Después de la muerte del médico, su esposa y su hija Alice, Fausto se fue al exilio en Brasil, donde todavía viven.
Dr. Klein, miembro del Partido Comunista, fue hecho prisionero con otros colaboradores del Presidente Allende después del bombardeo de La Moneda por los militares.
Una encuesta realizada por el chileno Alejandro Madrid juez desde 2001 ha ayudado a localizar los huesos en un regimiento del Ejército, Fuerte Arteaga, que fueron identificados por el médico-legal, como las del médico y otras 11 personas cercanas al presidente despojado.
Una declaración del forense dijo que las víctimas habían muerto 13 de septiembre en el Fuerte Arteaga y que la muerte se debió a heridas de bala.
Vannesa Klein enterrado a su padre antes de participar en una misión a la Federación Internacional de los Derechos Humanos (FIDH), cuyo objetivo es recordar que 12 ex soldados y un civil fueron condenados en ausencia en Francia en los penaltis que van desde 15 años hasta cadena perpetua por la muerte del señor Klein y otros tres ciudadanos franceses.


Traducido por: http://translate.google.com/translate?sl=fr&tl=es&js=n&prev=_t&hl=es&ie=UTF-8&layout=2&eotf=1&u=http%3A%2F%2Ftempsreel.nouvelobs.com%2Fsociete%2F20111028.AFP7167%2Fchili-les-restes-d-un-medecin-francais-proche-d-allende-enterres-38-ans-apres.html




ORIGINAL: http://tempsreel.nouvelobs.com/societe/20111028.AFP7167/chili-les-restes-d-un-medecin-francais-proche-d-allende-enterres-38-ans-apres.html


Chili: les restes d'un médecin français proche d'Allende enterrés 38 ans après


Publié le 28-10-11 à 21:50    Modifié à 21:50 



Les restes du médecin français Georges Klein, assassiné lors du coup d'Etat au Chili contre le président Salvador Allende en 1973 auprès duquel il se trouvait et identifié cette semaine 38 ans après sa disparition, ont été enterrés vendredi à Santiago.
Les restes du Dr Klein, placés dans une urne couverte d'un drapeau chilien avec deux marguerites et quelques photographies du médecin tué à 27 ans, ont été inhumés au Mémorial du cimetière général de Santiago, qui honore les plus de 3.000 victimes de la dictature d'Augusto Pinochet (1973-1990).
Ces restes avaient été remis mardi à sa fille, Vannesa Klein, par le service médico-légal, à l'issue de presque 10 ans d'investigations.
"Nous disons adieu de façon digne à mon père", a déclaré sa fille, qui n'a presque pas de souvenir de lui. Le médecin était mort deux jours après le coup d'Etat et le bombardement du palais présidentiel de la Moneda, où il était retranché avec le président Allende.
Il faisait partie d'un groupe de conseillers et amis de Salvador Allende, qui se trouvaient à ses côtés peu avant que celui-ci ne décide de mettre fin à ses jours plutôt que de tomber entre les mains des militaires.
Après la mort du médecin, sa femme Alice Fausto et sa fille se sont exilées au Brésil, où elles vivent encore.
Le Dr Klein, militant du Parti communiste, a été fait prisonnier avec d'autres collaborateurs du président Allende suite au bombardement de la Moneda par les militaires.
Une enquête menée par le juge chilien Alejandro Madrid depuis 2001 a permis de localiser des ossements dans un régiment de l'armée, Fuerte Arteaga, qui ont été identifiés par les services médicaux-légaux comme étant ceux du médecin et de 11 autres proches du président déchu.
Un communiqué de la médecine légale a précisé que les victimes étaient décédées le 13 septembre à Fuerte Arteaga et que la mort était due à des blessures par balles.
Vannesa Klein a enterré son père avant de participer à une mission de la Fédération internationale des droits de l'Homme (FIDH) dont l'objectif est de rappeler que 12 ex-militaires et un civil ont été condamnés par contumace en France à des peines allant de 15 ans de prison à la perpétuité pour la mort de M. Klein et de trois autres ressortissants français.





Para que Latinoamérica conozca mejor a la Derecha chilena


Esta no ha renunciado a los brutales y clasistas estándares que aplicó en dictadura. Extracto de artículo del mismo autor publicado en 2008 sirve de base para confirmar vigencia de lo dicho.
Arturo Alejandro Muñoz | Para Kaos en la Red | 26-2-2010 a las 0:58 |
www.kaosenlared.net/noticia/para-latinoamerica-conozca-mejor-derecha-chilena





LA APOSTASÍA HIPÓCRITA que se condensa en el poder absoluto, llevó a la Derecha chilena –o a gran parte de ella- a abandonar su carácter republicano y realizar actos tan absolutamente reñidos con la moral política y humana, que el mismo gobierno dictatorial pinochetista sintió vergüenza por algunos de esos hechos.
Pese a ello, y en beneficio de la defensa de su propia firmeza autoritaria, el tirano y sus adláteres optaron por imponer silencio y censura, durante 17 años, -en todos los medios de prensa existentes en Chile en aquella época- respecto de los graves sucesos en los que algunos de sus más connotados colaboradores civiles participaron, desmadrándose legal y moralmente. 
Por cierto, esos civiles defensores de la tiranía y ayudantes de la misma, nunca fueron sancionados. Aún más, algunos de ellos ocupan hoy –en esta supuesta democracia- cargos públicos relevantes en el Senado, en la Cámara de Diputados, en los Tribunales de Justicia, en las Fuerzas Armadas, y en una multiplicidad de instituciones. 
Pareciera cosa de locos, pero en estos asuntos plenos de barbaridades indecentes cometidas al cobijo del poder total, el régimen de Augusto Pinochet se aproximó al de Adolf Hitler. El ‘führer’ nazi estuvo rodeado no sólo por fanáticos, asesinos y genocidas sino, también, por sicópatas, degenerados  y drogadictos como Goebbels, Goering, Heindrich, Mengele, y otros similares o peores.  La dictadura militar chilena no le fue en zaga al mesiánico cabo austriaco con individuos tales como 'Mamo' Contreras, 'Guatón' Romo, Berríos, Townley, Fernández Larios, y un larguísimo etcétera. . 
Aunque mucho les duela a algunos dirigentes de la actual derecha criolla, la realidad concreta indica que el fallecido senador Jaime Guzmán Errázuriz perteneció a esos grupos y,  aún más, los dirigió y orientó. En el desarrollo de sus decididas acciones contra la ideología comunista e izquierdista en general, Guzmán abrazó el fascismo…y en la hora final de su vida intentó, vanamente, combatir a este último. En el ínterin cerró los ojos y clausuró su propia fe católica en relación a las actividades sicopáticas ejecutadas por los mismos ‘alumnos políticos’ que conformaban su cofradía. 
El libro “Impunidad diplomática”, escrito por el periodista Francisco Martorell, editado en Argentina, acusaba al embajador trasandino, Óscar Spinosa Melo, de haber ejecutado en Chile –profitando de su cargo- actos reñidos no sólo con su alta investidura sino, también, con las más elementales normas morales. Pero, el año 1993 la Corte de Apelaciones de Santiago prohibió la publicación de ese libro en Chile, acogiendo una demanda interpuesta por el empresario Andrónico Luksic Craig y el matrimonio formado por Gonzalo Menéndez Duque y Carmen Ibáñez Soto (conocida en programas de televisión como ‘La Regalona’) ya que, según afirmaban, ellos aparecían mencionados en la obra de Martorell como participantes en algunas de las ‘fiestas’ administradas por el embajador argentino en Chile. 
No sólo ellos estaban en el libro ‘Impunidad Diplomática’, pues también  figuraban conocidos asesores y seguidores del gobierno dictatorial, a quienes el autor (Martorell) sindicaba como partícipes en sesiones de sexo desenfrenado con prostitutas (tanto adultas como también menores de edad),  travestis, homosexuales, droga y alcohol. 
Si tales fiestas se produjeran hoy, año 2008, con toda seguridad esos mismos derechistas,  católicos fanáticos, habrían obligado a las mujeres que les acompañasen en las orgías a tragar la píldora del día después...o habrían usado condones…precisamente los elementos contra cuya distribución y venta aún oponen tenaz oposición.

El doble estándar es una de las  principales características de la política criolla, especialmente de la derecha. ‘Sepulcros blanqueados’, les habría llamado aquel maravilloso carpintero que vivió en Galilea. 
“Los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo; lo demás es masa influenciable y vendible; ella no pesa ni como opinión ni como prestigio”. Lo dijo hace más de un siglo Eduardo Matte Pérez, bisabuelo de Eliodoro Matte Larraín, actual mandamás de una de las pocas familias que continúan controlando el grueso del Producto Interno Bruto (PIB) de Chile. 
Por otra parte, una de las “gracias” de Andrónico Luksic padre es que siempre supo estar bien con quienes ocupaban las esferas de gobierno, desde la Unidad Popular hasta las administraciones del presente siglo. En enero de 2001 logró controlar el Banco de Chile mediante un polémico préstamo de 120 millones de dólares del Banco Estado. Esto le permitió fusionarlo con el Banco Edwards, también de su propiedad.
Jean Paul Luksic, a cargo del negocio minero, tiene colaboradores y amigos en la Concertación. Los escándalos han merodeado a Andrónico hijo y otros miembros del clan -como los denunciados en el libro “Impunidad Diplomática”- hasta hoy prohibido en Chile, así como el encuentro en Lima con Vladimiro Montesinos, pero todos ellos han sido silenciados y, al parecer, olvidados.   
Años atrás, en el 2001, Jorge Aravena, hijo del ‘Padrino’ Aravena y director de la agrupación de empresarios nocturnos, durante la discusión  sostenida con una comisión de la Cámara de Diputados en la que participaba  el diputado UDI Julio Dittborn (que se oponía con fuerte decisión católica-apostólica-romana  a la actividad realizada por pubs y discotecas), manifestó que todas esos establecimientos cumplían con la normativa de no admitir a menores de edad ni menos aún venderles alcohol. "Los señores que tanto hablan, que comprueben cuáles discotecas dejan pasar a menores. Yo tengo dos locales y en ninguno he tenido problemas. Por eso le mando a decir al diputado Dittborn que acá las fiestas son mucho más sanas que las que se hacían en la Embajada de Argentina", ironizó Aravena recordando el episodio consignado en el censurado libro de Martorell, donde aparece el parlamentario UDI como una de las figuras connotadas del pinochetismo que gozaban de esas veladas. 
Hoy, la Derecha parece respirar tranquila porque mucha gente ha olvidado ciertos capítulos de su historia reciente, o de la historia personal de algunos de sus actuales líderes, gracias al apoyo irrefrenable de los medios de comunicación que ellos manejan y al silencio –casi cómplice- de las autoridades de los gobiernos concertacionistas. Pero… 
…Hernán Larraín, ex presidente de la ultraderechista UDI,  durante la época dictatorial, fue un  asiduo visitante y defensor de la tenebrosa Colonia ‘Dignidad’ que dirigía el pederasta y torturador  nazi Paul Schäffer.  En los momentos que Larraín defendía a ultranza las ‘bondades’ de la Colonia, dentro de ella eran torturados decenas de chilenos y otras decenas de niños resultaban vejados y abusados sexualmente por el vejete alemán. ¿No lo sabía el senador? ¿Nunca vio, escuchó, intuyó o sospechó nada? Extraño que nada haya conocido, pues la mitad de Chile sí estaba  enterado de lo que allí ocurría, más aún si el entonces coronel  Manuel Contreras –miembro dilecto de la cofradía de Pinochet- también se apersonaba en la Colonia de vez en cuando y participaba en las mismas veladas especiales a las que el actual senador concurría como invitado. 
Andrés Allamand no escapa a esta crítica, ya que la tarde del día martes 11 de septiembre de 1973,  desde la ventana de un tercer piso de un  edificio de calle Esmeralda (entre Miraflores y McIver), junto a Juan Luis Ossa y otros simpatizantes de la extrema derecha, disparó con arma larga varios tiros a los trabajadores de ‘Chile Films’, quienes deseaban abandonar el lugar para dirigirse a sus hogares y evitar lo que se sospechaba: caer en manos de militares golpistas que a esa hora avanzaban casa por casa arrasando, destruyendo, golpeando, matando y quemando lo que encontraban a su paso. Y esto no es un invento ni una suposición, sino una confesión del propio Allamand en su casi desconocida autobiografía novelada sobre la UP, publicada el año 1974: “No virar izquierda. Al parecer, desde la tarde aquella en que disparó a mansalva cobardemente contra trabajadores pacíficos y desprotegidos, Andrés Allamand ha venido practicando un estilo de ‘desalojo’ que le  causa placer. 
¿Y el señor Ricardo Claro, dueño del canal televisivo Mega, qué?  Imposible olvidar que el mismo día martes 11 de septiembre este financista ‘ejemplar’ de la ultraderecha fundamentalista católica y conservadora puso a disposición de la Junta Militar algunas de sus naves de la Compañía Sudamericana de Vapores, las cuales sirvieron como ‘cárceles flotantes’ en las que muchos presos políticos sufrieron torturas, apremios ilegítimos e incluso –en varios casos- la muerte.  Este magnate falleció el año 2009 sin haber logrado acercar posiciones con el actual Presidente electo, Sebastián Piñera, con quien mantuvo un decidido distanciamiento durante al menos tres lustros debido a turbias traiciones comerciales y financieras, cuyos orígenes –según manifestó el fallecido empresario dueño de Cristalerías Chile y del Canal Mega de TV-, se encontrarían en el ámbito de responsabilidad de quien es hoy el próximo Presidente de Chile.
Sergio Diez, abogado y latifundista, fue durante largo tiempo decidido colaborador de la dictadura y luego, ya en calidad de embajador de Chile ante las Naciones Unidas (cargo que mantuvo desde 1977 a 1982),se presentó ante la Asamblea General de la o­nU para exponer ante los delegados de cien naciones las ‘maravillas’ del gobierno militar, en un compendio de  mentiras, inexactitudes y engaños que hoy conforman una de las principales vergüenzas diplomáticas vividas oficialmente por nuestro país en organizaciones  supranacionales.  En el foro de la o­nU, Sergio Diez negó la existencia de torturas, asesinatos y detenciones arbitrarias cometidas por la Junta Militar chilena.

Hoy, muy campante y orondo, asegura que lo hizo porque ‘nada sabía de ello’. ¿Es posible creerle esto a quien fue, ni más ni menos, uno de los hombres de confianza de Pinochet, con pleno acceso al manejo e información de las actividades clasificadas y confidenciales del gobierno interior durante los primeros años de la dictadura? 
Por último, en el conocido ‘Caso Spiniak’ –que terminó con sanciones judiciales para un exiguo  número de los realmente involucrados en las deleznables acciones contra menores- la opinión pública continúa sospechando que en esos graves ilícitos participaron encopetados ‘señorones’ y ‘connotados’, que obviamente no eran de izquierda y ni siquiera ‘progresistas’.
Por fortuna,  ninguna ley ni tribunal puede castigar a ‘la opinión pública’ cuando el río sigue sonando, menos aún en este preciso momento en que muchos de los citados a lo largo de esta nota se encuentran encaramados nuevamente en el gobierno de la república.  
Por ello, que América Latina no se engañe. El recién electo Presidente de Chile –Sebastián Piñera Echeñique- pertenece a la misma trinchera ideológica de los cuestionables dirigentes políticos mencionados en estas líneas, y ya mostró sus primeras ‘bondades pro yanquis’ al declarar que “luchará por lograr que Cuba retorne a la democracia” (democracia en el sentido que la entienden, explotan y abusan los ultra derechistas), al mismo tiempo que ha manifestado intenciones de gobernar muy cercanamente a las ideas del colombiano Álvaro Uribe, lo cual significa lo mismo que asegurar haberse entregado de pies y manos a los intereses norteamericanos y 'bancomundialistas' que han asfixiado, invadido y/o explotado a los pueblos de los países del tercer mundo.
Con este tipo de dirigentes chilenos de extrema derecha  neoliberal, entreguistas pro yanquis y opositores a ultranza de la unidad latinoamericana, deberán relacionarse los gobiernos  progresistas de nuestro subcontinente (durante cuatro años) a partir del 11 de marzo.


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El cinismo político de la derecha gobernante


Dictadura de lo 'políticamente correcto' satisface a la derecha dura que acepta la democracia en tanto esta respete el neoliberalismo; en caso contrario esa derecha se viste de sedición y dictadura.
Arturo Alejandro Muñoz | Para Kaos en la Red | 13-6-2010 a las 17:43 
www.kaosenlared.net/noticia/cinismo-politico-derecha-gobernante




EL CINISMO ES parte activa de la política partidista…quizá no sea así en todos los países, pero al menos en Chile lo es, pues aquí, hoy, fungen de demócratas los mismos que ayer cercenaron la democracia porque la decisión ciudadana les resultaba negativa en lo económico.
Hoy dicen ser demócratas aquellos que antaño –y no tan antaño- exigían a gritos a la soldadesca la eliminación física de sus opositores políticos; esos de ayer son los mismos que arrasaron a golpes de bayonetas ycañonazos los derechos humanos que decían defender; son los responsables, en gran medida, del asesinato, tortura y exilio de miles de compatriotas, incluyendo ancianos y niños.
Decididos y alharaquientos a la hora de defender bancos y financieras, pero siempre bien dispuestos a colaborar con el fascismo si se trata de asesinar al pueblo cuando este piensa y decide, esos demócratas de ayer –que son los mismos de hoy- propugnan la imposición de un sistema político que considera a la democracia como el perfecto non plus ultra que se basa y defiende (en exclusiva) los aspectos meramente económicos por sobre los sociales, culturales, deportivos, etc.
Tales ejemplares se declaran demócratas porque el sistema actual –el neoliberalismo- implementa la preeminencia del capital financiero en la vida rutinaria de la nación, minimizando a niveles cercanos al cero absoluto a las actividades más relevantes de una sociedad civilizada y libre, como el derecho al trabajo digno y bien remunerado, a la salud y a la educación pública gratuitas y de calidad. Por cierto, eso es lo único que les interesa a lo largo de sus existencias: contar con mucho dinero que les permita ponerle riendas al poder total…si el ‘sistema político’ imperante es la democracia institucional y les ofrece aquello, entonces adoran el sistema y dicen casarse con él…pero el matrimonio dura exactamente hasta el momento en que el pueblo –democrática y soberanamente- elige una opción de gobierno que no se ajusta a los requerimientos emanados de la banca internacional ni de las cuentas corrientes del gran empresariado.
En ese instante, la democracia deja de ser una alternativa ‘civilizada y moderna’, por lo que aquellos enriquecidos conservadores que había constituido un matrimonio con ella, dejan de amarla…y no sólo dejan de quererla, sino que van mucho más lejos: la asesinan para luego hablar pestes y desprestigiarla con falacias que no resisten el más mínimo análisis.
Lo dicho arriba debe ser reiterado: la democracia cuenta con el respeto de los derechistas sólo si les resulta beneficiosa para sus negociados, sean estos lícitos o ilícitos. Con el neoliberalismo desplegando sus alas a todo dar, esos derechistas hoy día declaran que son demócratas, que detestan el totalitarismo, pero cualquier chileno medianamente informado es consciente de que personajes como “el Príncipe” (aquel oficial de ejército que torturó y masacró a Víctor Jara en el Estadio Chile), o el actual senador Hernán Larraín (que durante todo el período de la dictadura apoyó, defendió, visitó y colaboró activamente con Paul Schaeffer y con la Colonia Dignidad, donde se torturó y asesinó a chilenos), o algunas de las nuevas autoridades regionales designadas por Sebastián Piñera, las que participaron abiertamente en sus provincias como informantes de la CNI para “encarcelar” (léase torturar, e incluso asesinar) a gente de izquierda…todos ellos, y otros como ellos, definitivamente no son demócratas ni nunca lo serán.
En el mes de febrero de este año 2010, publiqué un artículo titulado: “Para que Latinoamérica conozca mejor a la Derecha chilena”.Y respecto del tema que se ha señalado en las líneas anteriores, quiero rescatar de ese artículo los siguientes dos párrafos.
“”Andrés Allamand no escapa a esta crítica, ya que la tarde del día martes 11 de septiembre de 1973,  desde la ventana de un tercer piso de un  edificio de calle Esmeralda (entre Miraflores y McIver), junto a Juan Luis Ossa y otros simpatizantes de la extrema derecha, disparó con arma larga varios tiros a los trabajadores de ‘Chile Films’, quienes deseaban abandonar el lugar para dirigirse a sus hogares y evitar lo que se sospechaba: caer en manos de militares golpistas que a esa hora avanzaban casa por casa arrasando, destruyendo, golpeando, matando y quemando lo que encontraban a su paso. Y esto no es un invento ni una suposición, sino una confesión del propio Allamand en su casi desconocida autobiografía novelada sobre la UP, publicada el año 1974: "No virar izquierda". Al parecer, desde la tarde aquella en que disparó a mansalva cobardemente contra trabajadores pacíficos y desprotegidos, Andrés Allamand ha venido practicando un estilo de ‘desalojo’ que le  causa placer.””
“”Por ello, que el país no se engañe. El actual Presidente de Chile –Sebastián Piñera Echenique- pertenece a la misma trinchera ideológica de los cuestionables dirigentes políticos mencionados en estas líneas, y ya mostró sus primeras ‘bondades pro yanquis’ al declarar que “luchará por lograr que Cuba retorne a la democracia” (democracia en el sentido que la entienden, explotan y abusan los ultra derechistas), al mismo tiempo que ha manifestado intenciones de gobernar muy cercanamente a las ideas del colombiano Álvaro Uribe, lo cual significa lo mismo que asegurar haberse entregado de pies y manos a los intereses norteamericanos y 'bancomundialistas' que han asfixiado, invadido y/o explotado a los pueblos de los países del tercer mundo.””
El striptease político que realizó Miguel Otero (llamado ahora ‘el breve’, o ‘el otario’) con sus declaraciones abiertamente fascistas al diario argentino ’Clarín’ -en su calidad de Embajador de Chile- sirvieron para confirmar todo lo que se ha dicho respecto de la derecha y su amor inagotable por el golpismo, el militarismo, la sedición y el clasismo. El Presidente Piñera le pidió la renuncia (ella no fue voluntaria, como algunos medios oficialistas mencionaron) porquesu propia imagen de mandatario  comenzó a ser cuestionada en muchos diarios de países también dominados por el neoliberalismo, sistema económico que, por cierto, satisface sin ambages las demandas e intereses de las clases dueñas de los medios de producción, por lo que ningún gobierno extranjero podría entender cuál era el objetivo real del señor Otero al declarar las sandeces que explicitó en Buenos Aires “como representante del Presidente Piñera”.
¡Grave, muy grave para don Sebastián y para sus asociados empresarios!, ya que esta seudo democracia les viene como anillo al dedo y cualquier basura que se lance sobre ella conformaría un asunto muy contraproducente en lo interno y en el exterior.
Ergo, sumando y restando, el resultado de todo lo que aquí se ha dicho de manera sucinta no es otro que la necesaria actitud de alerta que debe tener la ciudadanía chilena, pues la Historia Política criolla de los últimos 100 años señala que los sectores derechistas patronales empresariales reniegan decididamente del sistema democrático institucional cuando este –mediante la concreción de la voluntad del pueblo- les resulta inconveniente en lo económico.
Si ello sucede, entonces el desfile de visitas a los regimientos y unidades militares pasa a ser una constante en la rutina de la derecha chilena. Ya ocurrió varias veces (1891, 1924, 1930, 1973), y podría repetirseen cualquier momento si, por ejemplo, los chilenos deciden –soberana y democráticamente- zafarse del neoliberalismo en lo económico, y echar por la borda al sistema binominal en lo político.
Ahí nuestro pueblo comprobaría, una vez más, que la derecha –esta misma que nos gobierna hoy- se transforma rápidamente en lo que siempre ha sido: un sector económicamente poderoso que vive propugnando la sedición, el clasismo y la explotación del hombre por el hombre.
Por ahora, Piñera y la Alianza (o Coalición por el Cambio), agregando algunos viejos estandartes de la Concertación, como Alejandro Foxley, el fallecido Edgardo Boenninger, Ricardo Lagos (Escobar y también el Webber), Eugenio Tironi, Ernesto Ottone, Marcelo Schilling y otros especimenes similares, realizan el jueguito de la hipocresía que gusta a los pinochetistas, vale decir, practican la dictadura de lo ‘políticamente correcto’ que en esta democracia coja y tuerta se ha convertido en el modus vivendi de nuestros políticos corruptos y pusilánimes.

http://www.kaosenlared.net/noticia/cinismo-politico-derecha-gobernante

Allamand defiende a segundo hombre del Ejército vinculado a la CNI y rechaza petición de Agrupación de DDHH


El ministro de Defensa desestimó la solicitud de la Agrupación de Detenidos Desaparecidos para destituir de su cargo al comandante en jefe subrogante del Ejército, el general Guillermo Castro, por haber pertenecido a la CNI.

por La Tercera - 22/02/2011 - 20:01




El ministro de Defensa, Andrés Allamand, recibió esta tarde a la directiva de laAgrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, para tratar la política del gobierno en materia de Derechos Humanos (DD.HH).
En la reunión, Lorena Pizarro -presidenta de la agrupación- , pidió al ministro despedir de las ramas castrenses y del área de Defensa a todas las personas que hayan estado vinculadas a organismos de seguridad durante el régimen militar y que permanecen en las instituciones.
Esto, incluyendo al particularmente al actual Jefe del Estado Mayor y segundo hombre del Ejército chileno, el general Guillermo Castro Muñoz, quien actualmente subroga al general Juan Miguel Fuente-Alba, que está vacaciones desde la semana pasada.
Castro admitió al juez Héctor Solís haber pertenecido a la Central Nacional de Informaciones (CNI) entre 1979 y 1982. Esto, en el marco de la investigación del fusilamiento de 22 capesinos en Paine, en octubre 1973, cuando Castro se desempeñaba como fusilero de la escuela de Infantería de San Bernardo.

“El general Castro es el segundo hombre del Ejército, él cumple el rol de entregarle información a los tribunales de justicia. Es como poner al gato a cuidar carnicería”, aseguró Pizarro.

En tanto, el ministro de Defensa reiteró la decisión del gobierno de no retirar de sus cargos a quienes hayan participado en estos organismos, a menos de tener antecedentes suficientes que los inhabiliten de sus cargos.

“Lo que ellos (la agrupación) formulan es que, por el sólo hecho de haber participado en algún organismo de seguridad, eso debiera ser una condición per se inhabilitante”, dijo el secretario de Estado.

Con respecto a la situación del General Castro en el caso Paine, Allamand dijo que “ los propios tribunales han, formalmente, desestimado la participación del general en los hechos que se le imputan. (La agrupación) simplemente no ha sido capaz de corroborar tales hechos. Al revés. Los tribunales han señalado que no existe antecedente alguno de participación del General Castro”.
Por último, el ministro aseguró que a la agrupación no le “corresponde transformarse en tribunales de justicia” y que revisará prontamente su petición de dar a conocer una lista con los nombres de los uniformados que permanecen activos en las FF.AA , vinculados a los aparatos de seguridad durante el régimen militar.



http://latercera.com/noticia/politica/2011/02/674-346848-9-allamand-defiende-a-segundo-hombre-del-ejercito-vinculado-a-la-cni-y-rechaza.shtml

Una maniobra contra los actores secundarios


No hay dudas. A pesar de la contaminación y los gases lacrimógenos, el aire parece más respirable por estos días. La movilización que los estudiantes secundarios han puesto en marcha, ha permitido que miles recuperen la esperanza en la viabilidad del horizonte de un país más vivible, con ciudadanos y con derechos, con una democracia que no sea una mera palabra vacía de contenido.

Tengo la impresión de que es una percepción compartida por los que fuimos estudiantes secundarios en los 80 e integramos el Comité Pro FESES y la FESES.

Lo comentamos con Javiera Parada frente a los vetustos muros del Liceo de Aplicación. Me lo señaló Juan Azócar, presidente del Centro de Alumnos del Liceo Barros Borgoño en 1985, mientras caminábamos hacia la “Universidad del Matadero”. Lo compartimos también con mis ex compañeros del Insuco Nº 2, cuando recorrimos sus viejas aulas. Se lo he dicho a los “pingüinos” en movimiento con los que he tenido ocasión de dialogar, desde el Liceo 4 de Niñas hasta el Colegio San Ignacio.

La capacidad organizativa demostrada por los estudiantes secundarios, su horizontalidad y carácter democrático, la calidad de su dirigencia, la contundencia de sus demandas, el coraje que han demostrado, logró seducir a una sociedad cansada.

Por cierto, no ha sido fácil. Desde el primer momento han estado sometidos al acoso del poder. Y en la medida que el movimiento ha persistido y se ha desarrollado, también se han multiplicado las maniobras tendientes a fracturarlo y debilitarlo, o escamotear parte de su contenido básico. Algunas han sido evidentes y desenfadadas, y otras subrepticias y sutiles, pasando casi desapercibidas.

Una de esas últimas es una curiosa “operación mediática”, los medios de comunicación del establishment introdujeron una idea–fuerza –en apariencia irrelevante– pero cargada de significados subyacentes, posicionándola en el imaginario colectivo.

Tuvo su expresión más acabada en “La Tercera” del pasado 29 de mayo, el mismo día que se realizaría el primer fracasado intento de diálogo entre el Ministerio de Educación y los estudiantes, y cuando era inminente la convocatoria al paro nacional.

La nota principal sobre este tema, a página completa, tenía el titular: “Escolares definen hoy mayor paro nacional de educación desde 1972”.

Esa idea–fuerza fue inmediatamente recogida y repetida una y otra vez en los despachos informativos de los más diversos medios informativos, incluso por “Crónica Digital”, los cuales sostuvieron que la movilización de los estudiantes secundarios es “la mayor que se ha producido desde hace 34 años”.

Una semana más tarde, y cuando era inminente la cristalización del “paro social” al que convocaba la Asamblea de Estudiantes Secundarios, “La Tercera” publicó el 4 de junio un reportaje que sostenía que “el único precedente de un movimiento emblemático de estudiantes secundarios en Chile data de 1972”.

HACE 34 AÑOS

A comienzos de 1972, la Federación de Estudiantes Secundarios de Santiago (FESES) se encontraba presidida por un joven de la Democracia Cristiana, Guillermo Yunge, que el año anterior arrebató la conducción a la izquierda, en el primer triunfo opositor en el mundo juvenil tras la elección de Salvador Allende como Presidente de la República.

Yunge otorgó a esta Federación una orientación de enfrentamiento a la Unidad Popular, con movilizaciones en las calles y tomas de liceos, transformándose en una pieza clave de la primera etapa de la ofensiva desestabilizadora. En este panorama, los estudiantes de izquierda pusieron en marcha una táctica de contención de los opositores y de cerrar filas con el Gobierno.

Al respecto, ese primer reporte de “La Tercera”, el 29 de mayo, sostenía enfáticamente que “hasta hoy, la organización de los escolares sólo se puede comparar con la de la Federación de Estudiantes Secundarios (FESES), creada en los años 60 y que en 1972 realizó su primera paralización nacional en repudio al entonces ministro de Educación, Aníbal Palma. Ese paro en octubre tuvo una convocatoria de 400 mil estudiantes entre los escolares de Santiago y 18 federaciones provinciales. Las movilizaciones no fueron simultáneas, pero fueron más violentas, pues la toma del Liceo Nº 12 de Niñas dejó 40 heridos. No hubo vacaciones de invierno y Palma renunció”.

Un poco más adelante, añadió: “La FESES –que tuvo entre sus filas al ex embajador de Chile en Costa Rica, Guillermo Yunge y a Andrés Allamand, entre otros– exigía que se acabara la designación de directores y pudieran formar centros de alumnos, entre otras demandas”.

Resultan impresionantes las impresiones del reporte de “La Tercera”. Así por ejemplo, mezcla movilizaciones diferentes (una realizada en octubre, en que la FESES se sumó al Paro Nacional convocado por la Confederación Nacional de Dueños de Camiones, y un paro realizado un mes antes, en torno al cual se produjeron los incidentes en el Liceo Nº 12 de Conchalí) y atribuye mecánicamente la salida de Aníbal Palma del Ministerio de Educación al conflicto, en circunstancias que dejó la cartera a raíz del reordenamiento del Gabinete realizado por el Presidente Allende para dar salida a la crisis de octubre (luego asumió la Secretaría General de Gobierno).

Es insólito que se sostenga que una de las demandas de la FESES en esos tiempos era que “pudieran formar centros de alumnos”… Hasta el golpe de Estado, los estudiantes secundarios tenían completa libertad para constituir centros de alumnos y federarse. Por tanto, jamás fue una demanda estudiantil en esa época.

Por otro lado, las movilizaciones de mayor envergadura contra el Gobierno de la UP no se registraron en 1972, sino al año siguiente.

En noviembre de 1972 hubo elecciones en la FESES, la que terminó escindida entre la izquierda, representada por el hoy senador socialista Camilo Escalona, y los opositores liderados por el democristiano Miguel Salazar.

La fracción opositora retomó el camino del enfrentamiento con el Gobierno, el que llegó a su mayor nivel de masividad en 1973, a propósito del rechazo al proyecto de Escuela Nacional Unificada (ENU). La batalla contra este proyecto de reforma educacional, a la larga, fue una pieza clave en la creación de condiciones sociales para el golpe. El actual senador de RN, Andrés Allamand, era entonces dirigente estudiantil y recogió parte de esas experiencias en un libro publicado en 1974 con el título “No Virar Izquierda”.

El reportaje de “La Tercera” del 4 de junio se refiere exclusivamente a esas elecciones de la FESES, pero omite toda referencia a las acciones en contra de la ENU.

Un detalle: también recuerda al candidato del MIR, Luis Valenzuela, aunque omite que fue secuestrado por la DINA el 10 de enero de 1975, fecha desde la que se encuentra en las nóminas de detenidos–desaparecidos.

Con todo, aquellas imprecisiones no son el problema de fondo…

La premisa de “La Tercera” es que “el único precedente de un movimiento emblemático de estudiantes secundarios data de 1972”, y que la actual movilización y organización estudiantil “sólo se puede comparar” con la existente ese año en contra del Gobierno de la Unidad Popular.

En definitiva, se posiciona como el antecedente de lo que ocurre en los liceos del país a una movilización de carácter antisocialista, que nunca llegó a representar la totalidad de los estudiantes secundarios y que se vincula con el proceso fundacional de la dictadura.

El problema es que constituyen afirmaciones falsas, que adulteran los hechos históricos.

Y HACE 20 AÑOS

En mayo de 1986 comenzó un proceso de movilización de los estudiantes secundarios en rechazo a una medida clave que entonces resolvió imponer la dictadura: completar el proceso de municipalización de los liceos públicos, que se había iniciado en 1981 como uno de los pilares básicos de su proyecto de “modernización” del sistema de educación. Los establecimientos afectados eran los “emblemáticos”. Al mismo tiempo, se privatizó a los liceos técnico–profesionales.

Fue una movilización de enorme envergadura, la que logró involucrar al conjunto de los estudiantes secundarios, más allá del “activo democrático”, y que les dio visibilidad en la confrontación con la dictadura. Se paralizaron las clases por casi dos meses, con los liceos en toma y marchas por las calles de Santiago. Estas acciones fueron respaldadas por los padres y apoderados, y el Magisterio agrupado en la Agrupación de Educadores de Chile (AGECH) y el recién democratizado Colegio de Profesores.

Hubo centenares de estudiantes arrestados, golpeados y vejados, e incluso una víctima fatal: la adolescente Guadalupe Chamorro Leiva.

El ministro de Educación, Sergio Gaete, se reunió con la dirigencia estudiantil, aunque para notificarlos de los detalles de la medida y precisar que su opinión no sería tomada en consideración. A partir de esta premisa y ocupando la represión como la herramienta principal, el régimen apostó a una táctica de desgaste que terminó resultando exitosa: la movilización se agotó a comienzos de julio y la municipalización se impuso.

En curiosa sincronía histórica, ese paro estudiantil comenzó exactamente 20 años antes del inicio de la actual movilización de los estudiantes secundarios.

En abril de 1985 se había constituido el Comité Pro–FESES, con el propósito de lograr la reconstrucción de la Federación disuelta luego del golpe, y de luchar por conquistar demandas que incluían aspectos como la democratización de los Centros de Alumnos y el acceso igualitario al pase escolar y la Prueba de Aptitud Académica (que antecedió a la PSU). Por su rechazo al modelo educativo de la dictadura, asumió también la lucha contra la municipalización.

Su primera movilización de envergadura fue la Toma del Liceo A 12 en julio de 1985, la que terminó resultando en la renuncia del ministro de Educación, Horacio Aránguiz.

En el colmo de la tergiversación histórica, el reporte de “La Tercera” del 29 de mayo señalaba que “la última toma habría sido (sic) en 1985 en el Liceo Arturo Alessandri A–12”, poniendo en duda la realidad de esa movilización y, lo más grave, vinculándola con las acciones emprendidas más de una década antes contra la Unidad Popular.

La lucha de los estudiantes secundarios en la dictadura permaneció invisibilizada para la memoria histórica hasta que fueron recuperados por “Actores Secundarios”, documental que se ha transformado notoriamente en referente de significación para los estudiantes ahora en movimiento (lo que, por cierto, no ocurre en modo alguno con los hechos de hace 34 años atrás).

¿Por qué se intenta velar la existencia de aquellas luchas de los estudiantes secundarios en los 80?

Un dato importante: la irrupción de los intentos de asociar la actual lucha estudiantil con la protesta de un sector de la FESES contra el Gobierno de Allende fue coincidente con la emergencia de la derecha política en la controversia sobre la educación chilena que fue desencadenada por la movilización estudiantil. Desde los elencos dirigentes de la UDI y RN se levantó un discurso con dos componentes básicos: señalar que asumían la legitimidad de las demandas estudiantiles, que “comprendían” su movimiento y que la responsabilidad de lo ocurrido se circunscribía sólo a las políticas de los Gobiernos de la Concertación en esa materia.

Poco más tarde, la UDI se encargaría de precisar los alcances de su postura: no están dispuestos a revisar la Ley Orgánica Constitucional de Educación (LOCE).

La reiteración mediática en ubicar a 1972 como el referente de la actual movilización pretende establecer en la opinión pública una burda falacia: los estudiantes secundarios se alzaron hace 34 años contra un Gobierno encabezado por un Mandatario socialista, al igual que hoy se enfrentan a un Gobierno con una Presidenta socialista… O sea, se trata de resignificar el actual conflicto, para aumentar el costo político del oficialismo.

Sin embargo, no es sólo eso. Pareciera que también se busca escamotear el contenido de la lucha que hoy desarrollan los estudiantes.

PROBLEMA DE FONDO

La dictadura diseñó e implementó una profunda reforma del sistema educacional desde 1981, mediante la imposición de diferentes normas, en coherencia con el modelo de país que instaló. Se trataba de despojar a la educación de su carácter de derecho social, para poner énfasis en la “libertad de educación”, es decir, la libertad de emprendimiento del capital privado en la educación, transformándola crecientemente en un bien adquirible conforme a la oferta y la demanda, en el marco de la economía de libre mercado.

Cuando expiraba su permanencia en el Gobierno, el 10 de marzo de 1990, garantizó la protección estratégica de esta transformación mediante la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE), cuya promulgación tenía una evidente racionalidad: “blindar” el modelo e impedir que se le introdujeran reformas.

La derecha fue la autora del modelo educacional impuesto por la dictadura, así como del modelo de desarrollo en que se encuentra inserto. Y hoy son sus defensores.

En este contexto, provocan indignación las declaraciones de sus portavoces señalando que “comprenden” la protesta de los estudiantes secundarios, en circunstancias que ellos son los creadores del modelo educacional contra el que los jóvenes se han rebelado… El problema, que los dirigentes estudiantiles parecen comprender con total rigurosidad, no se reduce a una “ineficiencia” de los Gobiernos de la Concertación para “administrar” el sistema, ni tampoco se resolverá con cambios cosméticos que no afecten lo esencial de esa concepción del sistema educacional.

¿Hacia adonde apunta la crítica y la protesta de los estudiantes? Lo gritan en las calles, lo sostienen sus dirigentes en cada tribuna, lo proclaman los lienzos en las paredes de los liceos tomados: se rebelan contra la “educación de mercado”.

El cuestionamiento a la Concertación es que sus cuatro Gobiernos no han demostrado la voluntad de modificar el sistema educacional que heredaron (como, por lo demás, ha ocurrido en otros ámbitos de la vida social).

¿Cuál era el fundamento reivindicativo de la movilización del movimiento estudiantil en los liceos de la aciaga década de los 80?

Lo hemos indicado: el rechazo a la municipalización de los liceos públicos científico–humanistas, a la privatización de los establecimientos de carácter técnico–profesional, al proyecto del régimen para la educación. Eran demandas por la revalorización del papel del Estado en garantizar el derecho a la educación para todas las chilenas y chilenos. Y se formulaban exigencias asociadas a esa materia: la gratuidad de la Prueba de Aptitud Académica y el acceso al pase escolar. En una frase ya citada: era una rebelión contra la “educación de mercado”.

La lucha del movimiento estudiantil secundario de los 80 formaba parte constitutiva de una lucha más amplia, vinculada al propósito de poner fin a la dictadura. En ese sentido, hizo una contribución significativa, pero en lo que se refiere a sus demandas específicas no se logró triunfar: el régimen militar logró imponer su proyecto, y tres años y medio después promulgó la LOCE para garantizar su perpetuación.

En este sentido, la lucha que hoy desarrollan los estudiantes secundarios es continuidad programática, en lo esencial, de la que protagonizaron los estudiantes secundarios de los 80. El proyecto educativo con el cual se enfrentaron los estudiantes hace 20 años se logró imponer y continuó en el tiempo sin modificaciones a sus premisas básicas. Y los estudiantes de estos días decidieron que no estaban dispuestos a seguir soportándolo.

Por eso, el intento por velar el recorrido del movimiento estudiantil en los 80 se explica por el propósito de encubrir que el origen de la protesta del 2006 hunde sus raíces en el sistema educacional que impuso la derecha en el tiempo de la dictadura militar y cuyos contenidos programáticos continúa sustentando (hasta ahora, con la cooperación de los Gobiernos de la Concertación).

Y no sólo se trata de eludir responsabilidades de carácter político e histórico. Lo que se pretende instalar es que la resolución al conflicto, no requiere un cambio de sistema.

En todo caso, los estudiantes en movimiento no ignoran la historia que los precedió. Lo más importante: han demostrado una lucidez tremenda y fecunda para diagnosticar con rigor el mal que los afecta y el horizonte hacia el que tienen que transitar.

Lo comentó María Huerta, dirigente de la Asamblea de Estudiantes Secundarios, en la revista “Pluma y Pincel”: “Este movimiento se parece a las protestas estudiantiles de los años 80 contra Pinochet”. Me lo dijeron las alumnas del Liceo 7 de Niñas de Santiago: “Somos la continuidad de las luchas de los años 80, cuando los estudiantes no pudieron triunfar. Ahora vamos a vencer: lo haremos por nosotros y también por los que lucharon hace 20 años”.

Esa hermosa lucidez permite que el aire parezca más respirable en estos días.





http://victorosorior.blogspot.com/2007/03/una-maniobra-contra-los-actores.html

EL PASADO GOLPISTA DE ANDRÉS ALLAMAND

La nueva obra de Andrés Allamand, titulado “El Desalojo”, ha causado enorme interés público. Al respecto, nos parece pertinente reproducir fragmentos sobre la historia del actual senador de RN, publicados en el libro “Los Hijos de Pinochet”, escrito en 1995 por los periodistas Víctor Osorio e Iván Cabezas.

La mañana del 11 de septiembre de 1973, en calle Esmeralda, los empleados de Chile Films se habían atrincherado desde temprano en la empresa, acatando las confusas instrucciones de los partidos de Izquierda y de la Central Única de Trabajadores (CUT) de no moverse de sus lugares de trabajo en caso de golpe de Estado.

Hacía rato, sin embargo, que habían tomado conciencia de que no existía ninguna posibilidad de resistencia en el lugar. No tenían otra opción que la de retirarse. Pero cada vez que intentaban asomarse a la puerta recibían una andanada de disparos de arma corta, provenientes de un edificio ubicado enfrente. Era un angustioso y macabro juego que se prolongó durante horas.

El paso del tiempo, las noticias cada vez más alarmantes y desconsoladoras sobre la evolución del golpe y la proximidad con la Primera Comisaría de Carabineros les hacía temer por su seguridad y libertad. Pero cada nueva tentativa era repelida de inmediato.

Al frente se ubicaba el departamento de soltero del diputado Juan Luis Ossa, presidente de la Juventud Nacional, para quien Chile Films era “un nido de comunistas”.

No estaba solo esa mañana. Junto a él se hallaba un muchacho de larga cabellera y escasos 17 años. Su nombre era Andrés Allamand.

En 1972 estaba claro que era el más destacado cuadro político de los estudiantes medios de la colectividad derechista. Juan Luis Ossa se convenció de que él era el hombre más adecuado para dar la batalla por la Federación de Estudiantes Secundarios de Santiago (FESES), que era, aparte de la gremialista Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC), la única otra organización estudiantil de importancia controlada por la oposición al Gobierno de Salvador Allende. De hecho, desde el año anterior, la FESES había sido una de las principales trincheras opositoras, sobre todo en la acción directa: lucha callejera, enfrentamientos con el Ministerio de Educación, tomas de liceos.

Andrés Allamand se preparó cuidadosamente para asumir el desafío. Abandonó, sin el conocimiento de sus padres, el aristocrático Colegio Saint George y se matriculó en el cuarto año medio del Liceo Victorino Lastarria de Providencia, un establecimiento fiscal típico de las capas medias.

Una de las primeras personas a las que confió su decisión, aparte de Juan Luis Ossa, fue su mejor amigo, y además compañero de colegio y correligionario de partido, Bernardo Matte Larraín. Matte había ingresado a la Juventud Nacional luego de vivir de cerca las angustias de los empresarios ante las políticas de la Unidad Popular. El Gobierno había insistido en estatizar la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, una empresa ligada íntimamente a su padre, Eleodoro Matte Ossa.

Una de las primeras medidas de Allamand, en su carrera a la FESES, fue dejarse crecer el pelo, antes de ser proclamado candidato de las Juventudes de los Partidos Nacional y Democracia Radical a la presidencia del organismo. La melena no fue del agrado del presidente del PN, Sergio Onofre Jarpa, quien –de todos modos– sentía un particular afecto por la nueva promesa de la derecha.

Durante la campaña, Allamand afirmó su liderazgo en las filas opositoras, destacándose por una dura y vehemente oratoria, y por la radicalidad de sus planteamientos. Sus amigos Bernardo Matte, Roberto Palumbo y Félix Viveros, entre otros, fueron los principales operadores de la campaña, desde las filas de la estructura de estudiantes secundarios de la Juventud Nacional.

El recuento de votos al final de las elecciones estudiantiles terminó con una gresca generalizada y con urnas (y estudiantes) volando por las ventanas del local, ubicado en la calle Fanor Velasco. La FESES se dividió, quedando a un lado los secundarios leales a la UP, presididos por el socialista Camilo Escalona, y por el otro, una FESES opositora, encabezada por el democristiano Miguel Salazar.

De acuerdo a los recuentos opositores, Allamand logró elevar la votación de la derecha de un cuatro a un 24 por ciento en relación a los anteriores comicios. Se hizo así más clara su posición de líder, pasado a ser además una de las escasas figuras juveniles de vuelo nacional que podía exhibir la derecha, aparte de ser, por su escasa edad, un dirigente con amplias proyecciones futuras. Pasó a ser el brazo derecho de Juan Luis Ossa, con el cual afirmó una estrecha amistad.

La radicalización del enfrentamiento político se hacía cada vez más aguda. En las calles, los nacionalistas de Patria y Libertad eran secundados por los combatientes del Comando “Rolando Matus” de la Juventud Nacional. Por todo el país se multiplicaban los atentados dinamiteros, la quema de vehículos de la locomoción colectiva, los ataques a sedes políticas y domicilios de dirigentes políticos, las barricadas, las tomas.

Allamand encarnaba, en esos días, la realidad que vivía la derecha: partidario de la acción directa y del enfrentamiento físico más que de la lucha legal y parlamentaria; partidario del “poder gremial”; convencido de las ideas “nacionalistas”, corporativistas y militaristas que, a esas alturas, habían venido a reemplazar los antiguos paradigmas de la derecha.

Esta experiencia es la que recoge Allamand por escrito en su libro “No Virar Izquierda”, mezcla de novela y testimonio, apología de la lucha violenta e insurreccional que la derecha desarrolló contra Salvador Allende y su Gobierno. Apareció a fines de 1974, cuando Allamand cursaba Derecho en la Universidad de Chile y recién habían cesado de humear las pilas de libros que con tanto entusiasmo los militares quemaban en los días siguientes al golpe.

El texto muestra claros elementos autobiográficos, y aparece como una auténtica radiografía del espíritu de rabiosa violencia que se apoderó de los que luego serían triunfadores en septiembre de 1973.

El libro está encabezado por un “Saludo a Andrés Allamand en el Nacimiento de su Primer Libro”, firmado por Nina Donoso, quien entre otras cosas señalaba: “¡Que triste fue esa guerra, esos mil días negros donde cayó el tambor de la azul cacerola y ustedes, nuestros hijos, se tomaron el cielo como si se tomaran en la calle una rosa! Andrés, fuimos Quijotes de una causa sagrada, luchábamos contra monstruos, disparando palomas”...

“No Virar Izquierda” contiene no pocos ejemplos de la clase de “palomas” que solían disparar los jóvenes opositores en su afán de “tomarse el cielo”.

Así por ejemplo, se describe la participación de los protagonistas en manifestaciones antigubernamentales en el barrio alto de Santiago:

“Partimos corriendo hacia donde estaban armando una barricada. Nos integramos rápidamente al grupo. En un par de minutos las llamas tenían más de dos metros e iluminaban la calle. Las viejas hacían sonar las cacerolas sin parar (...) En eso, un inocente chofer de micro dobló por Los Leones hacia Providencia. Grave error.

“–¡Krumiro, krumiro! –insultaron todos al tiempo que corrían a la micro. Salieron las primeras piedras, que impactaron en las ventanas de los lados. Los pasajeros, adentro, gritaban enloquecidos.

“–¡Al chofer, al chofer! –era la orden (...)

“El Tata apodaban al que mandaba (...) Bruscamente aparecieron unos lolos corriendo. Eran tres. El mayor tendría a lo más unos dieciséis años.

“–Tata –le dijeron anhelantes–, viene un trole en la otra cuadra, ¿lo podemos hacer recagar? –Al Tata se le iluminó la cara.

“Los lolos se taparon la cara con unos pañuelos que en un pasado remoto debían haber sido blancos (...) Partieron embalados. En la carrera se les unieron unos cuantos más (...) Lo primero que hicieron fue colgarse de los cables al trole en marcha. Desconectado, el trole se detuvo (...) Los lolos, sin dar tiempo al chofer ni de que se parara de su asiento, se subieron al vehículo, palo en mano.

“–¡Ya, huevón, te fuiste, partiste! –le gritaron, amenazándolo con los garrotes en alto.

“El chofer puso cara de espanto. Los pasajeros, paralizados, no atinaban a nada que no fuera no moverse... Los lolos demostraban una decisión y una fiereza asombrosas.

“–¿Qué no entendís castellano? ¡Ándate, te dicen! –le gritaron de nuevo mientras lo zamarreaban (...) ¡Apúrate, mierda! Chao, pescao, chao, pescao –y nuevo empujón (...) Una vez que el chofer se hubo bajado, los lolos se dirigieron a la gente, que seguía inmóvil.

“–¡Abajo, abajo, vamos bajando! Si no, quemamos el trole con ustedes adentro –advirtieron.

“Un viejo de anteojos trató de resistirse. Se paró y avanzó hacia los lolos con claras intenciones de agredirlos. Sin inmutarse, el más chico le hizo comerse un tremendo palo en la cabeza, que de pasada le quebró los anteojos. Antes que se repusiera, de dos patadas lo dejaron sentado en la calle (...) Los de afuera... procedieron a quebrar los pocos vidrios que quedaban intactos. Fue suficiente. Los pasajeros empezaron a bajar, empujándose, atropellándose unos con otros. El viejo de los anteojos imploraba, lloroso, que lo dejaran subir a buscar su portafolio...

“Lo cruzaron en la calle (al trole) y trataron de quemarlo. No prendía. ¡Los troles no usan bencina, que es la que se inflama! Hizo su aparición entonces el engendro criollo de ‘Misión Imposible’. Le conectó un suspensor al vehículo, sacó unos cables, arrancó otros, abrió unas tapas, cuidadosamente hizo contacto entre dos polos opuestos y se produjo la explosión. Saltaban millones de chispas, producto del tremendo cortocircuito. El objetivo lo logró sólo a medias...

“El Tata desesperadamente buscaba cómo solucionar el impasse. Se fijó entonces en una vieja parada en la vereda del frente, que observaba detenidamente el proyecto de incendio. Tenía a su lado un bidón azul. El Tata corrió hacia ella (y procedió a robarle la parafina)... Sin detenerse, le sacó la tapa al bidón. Llegó hasta el trole y le vació el contenido equitativamente entre las distintas ruedas. Un segundo más tarde, el trole ardía por los cuatro costados.

“–Nuevamente, muchas gracias, señora. La Patria se lo agradecerá –le dijo, mientras le devolvía el bidón sin una gota del, en esos días, apetecido combustible”.
Estos fragmentos están extractados de las páginas 76 a 83. Más adelante, Allamand caracteriza a estos personajes como “cabros choros, valientes, decididos y que no tenían nada que ver con leseras” (página 87).

También es de antología el pasaje que describe el levantamiento de una barricada en la Plaza Italia, a manos de los estudiantes opositores:

“Cuando llegamos a la esquina, justo nos dieron la luz roja. Nos metimos a la calle velozmente, ante la mirada atónita de los automovilistas. En breves segundos, cada uno botó su neumático al suelo, y los encargados los rociaron con grandes cantidades de parafina... Al solo contacto con las antorchas, la parafina encendía y los neumáticos luego de una violenta llamarada empezaban a quemarse.

“En breves y contados segundos la Alameda era un infierno. Gran cantidad de pequeños volcanes surgían del suelo. Como esperábamos, se levantó un humo espeso y negro (...) El tacto se armaba y crecía a cada minuto. Los autos que subían o bajaban por Alameda sólo veían el tráfico y a lo más una humareda. Cuando los conductores advertían lo que ocurría, recién entonces se les venía a la cabeza girar en U. Ya era tarde: otros autos les habían cerrado el camino. Las bocinas no sonaban de pitear. Uno que otro grito iracundo se dejaba oír... Como al cuarto de hora, con las llamas en su punto más alto, se produjo el primer problema.

“Un camionero, upeliento y krumiro, que estaba en segunda fila y que nos había insultado hasta cansarse, en audaz maniobra se subió a la vereda y se lanzó rajado, para tratar de pasar entre los neumáticos.

“–¡Piedra con él, mierda! –gritó alguien (...)

“Todos corrimos hacia el camión, lanzándole todo lo que tuviéramos a mano. Cuando ya traspasaba el límite, derrotándonos, un lolo corrió frente a él. Blandía un trozo de cañería en la mano (...) Saltó impulsado por un resorte invisible y se colgó del espejo lateral, afirmado en una puerta de la pisadera. Le descargó el fierrazo en medio del parabrisas, destrozándolo (...) La valiente y aguerrida actitud nos encendió el espíritu (...) Ver al camión detenerse fue la expresión cabal de nuestra victoria. El camionero abrió la abollada puerta despacito y se bajó con las manos en alto.

“–No me peguen, por favor –imploraba.

“Lo sacaron de los límites de la barricada entre una ensalada de combos. Su cuerpo se sumergió en una pila de puños que lo golpeaban sin misericordia. El camionero no se defendía, apenas se cubría. A nadie los que le pagaban le importó. Empujamos el camión fuera de la barricada, que fue a estrellarse a un poste, peligrosamente cerca de los automovilistas del frente” (páginas 156–159).

Uno de los ejes principales del libro es la historia de la toma del Liceo Benjamín Vicuña Mackenna (aparentemente el Lastarria) donde estudian los protagonistas:

“La defensa del liceo se basaba en lo que pudieran realizar los miembros del grupo escogido. Eran exactamente doce. Cuatro de ellos armados. Eran los patos malos del liceo. Inefables camorreros. En caso de producirse un intento de retoma, en cada uno de los lugares preestablecidos había un cajón lleno de bombas molotov, preparadas por los químicos del grupo. Eran botellas vineras, las que mejor se quiebran, con bencina, azúcar y aserrín para mantener las llamas. El resto de los tomadores habrían de arreglárselas a peñascazos y hondazos” (página 133).

Un momento realmente espectacular de la novela se produce cuando los estudiantes descubren a un joven infiltrado de la UP:

“Saltamos para atrás levantando las pistolas.

“–¡Muévete y te mato! –lo amenazó Gerardo.

“Retrocedimos lentamente, en el colmo de la excitación, sin quitarle los ojos de encima. Lo observamos con atención. Alto y moreno. De unos 20 años. Vestía blue jeans y una parca negra. Estaba muerto de susto. Algo intentó balbucear.

“–¡No digai ni una huevá! –se le adelantó Gerardo.

“–Yo... no... he hecho nada... nada... –tartamudeó.

“Se ganó el primer coscacho. Se lo pegó Emilio”.

Proceden luego a interrogar al intruso:

“–¡Contesta, mierda! –gritó Gerardo, pegándole con el cañón de su pistola en las costillas. Soltó un grito y se retorció de dolor. Se llevó instintivamente las manos a la parte afectada.

“–¡Las manos a la pared! –gritó Gerardo de nuevo, golpeándole fuertemente los dedos... Bruscamente el intruso se dio vuelta y trató de correr. Estúpido. Iluso. Emilio lo tumbó de una certera zancadilla antes que diera dos pasos.

“Lo patearon de lo lindo.

“–No me peguen, no me peguen. Yo no he hecho nada –rogaba, cubriéndose el rostro. Una cantidad mayor de insultos y amenazas, como asimismo una mayor cantidad de patadas, fue la respuesta. Se puso a llorar. Una precisa patada, donde duele de veras, lo dejó sin respiración. De las mechas lo pararon y lo pusieron nuevamente de cara a la pared.

“–A la otra no la contai –amenazó Gerardo. No bromeaba.

“El intruso prorrumpió en sollozos (...) Las lágrimas le corrían por la cara, que empezaba a hinchársele”.

Pero el martirio no cesa:

“La inmediata golpiza fue macabra. Al poco rato la cara del intruso era una masa informe, llena de sangre, moretones y polvo. Lo golpeaban sin piedad. Con verdadero rencor. Con franco odio. En medio de la paliza saltaba una que otra pregunta... antes que tuviera tiempo para contestar, nuevos golpes lo remecían. Gerardo los paró. Si no, lo mataban.

“–Ta güeno. Ya es suficiente. ¡Empelótenlo y échenlo a la calle!

“Apenas se tenía en pie. Le sacaron la ropa. A tirones. Rajándosela. Daba lástima.

“–Oye –se dirigió a él Gerardo. Estaba de pie, con frío, con vergüenza y los sentidos algo embotados. La cabeza gacha. Tambaleándose.

“–¡Mírame!

“Una patada lo hizo levantar la cabeza. Gerardo sacó la pistola, que con anterioridad había guardado en la funda, y se la pegó a la sien derecha. El intruso casi se cae de miedo.

“–No te mato pa’ que les digai a tus amigos lo que les espera. Si te veo de nuevo, no te perdono. ¿Entendiste? (páginas 176–186).

En otro pasaje, el protagonista dice, refiriéndose a los militantes de la Izquierda: “¡Cómo los odiaba! De haber podido agarrar a uno lo habría pateado hasta no poder mover las piernas y le habría pegado hasta romperme las manos, hasta no poder levantarlas” (página 67).

Frente a los atentados terroristas que se multiplicaban durante el paro de los camioneros, el libro de Allamand dice: “Los atentados eran incontables. Los oleoductos y cañerías volaban en las noches, cortando el combustible a las ciudades, pero incentivando a los fieros camioneros, tonificando el paro” (página 71).

Luego, se describe el aporte de los manifestantes estudiantiles al paro del comercio: “Íbamos cerrando los negocios y quebrando algunos vidrios a quienes no accedían a nuestras caballerosas peticiones” (página 89).

Sobre los incidentes entre propagandistas nocturnos, se cuenta una anécdota sobre un personaje llamado “Grone”, que dispara a un militante de las Brigadas “Ramona Parra” durante un rayado nocturno de los jóvenes opositores: “El negro se detuvo y fríamente le hizo puntería. Le vació la nuez del revólver (un 38, cinco tiros). El otro saltaba y se retorcía en el pavimento” (página 119).

También son muy ilustrativas las reflexiones políticas que aparecen en el libro, las que son absolutamente congruentes con la tesis de “lucha paralela en contra de la UP”, desarrollada por la Juventud Nacional:

“La oposición sigue creyendo que el poder político surge de los votos exclusivamente. Siguen creyendo que el poder político es una resultante de las elecciones, mientras la UP se caga en las elecciones y desarrolla un poder político cada vez más poderoso, expresada en toda (una) cantidad de organizaciones (...) Sin los militares la UP no cae (...) Hay que presionarlos, obligarlos a intervenir. Hacer que se decidan. Si no lo hacen no la contamos. Nos friegan de todos modos”.

Entonces, frente al problema de cómo lograr que los militares se comprometan con el golpe, el libro señala: “Dejando la escoba en todas partes. Provocar crisis y desórdenes. Desatar el caos. No ceder. Oponerse a todo lo que la UP haga con la mayor energía” (páginas 19–23). “(Los militares) actuarán cuando el caos sea total. La toma del liceo es nuestra cooperación al caos” (página 170).

El libro concluye luego de producido el golpe. El protagonista sentencia:

“¡Fin al comunismo! Sería la esperada hora del nacionalismo”.

Cuando fue publicado el libro de Andrés Allamand, estaba vigente con todo su rigor la disposición que prohibía todo lo que pudiera incitar a la violencia o alterar el receso político. Nadie lo acusó de violarlo, a pesar de todas las evidencias.

publicado en Cronica Digital



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