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jueves, 12 de septiembre de 2013

40 años del Golpe: 11 centros de tortura que no tienen una placa conmemorativa

11 de septiembre de 2013 - 15:40 | Por: 

Casas, edificios, comisarías, colegios, estadios, edificios públicos. Los agentes de la represión, según los informes Rettig y Valech, ocuparon 1.168 lugares físicos para llevar a cabo sus crueles interrogatorios. Esta es un muestra de 11 olvidados recintos de la RM.

Nido 18/Boris Yaikin
Según el Informe Rettig, realizado por la Comisión de Verdad y Reconciliación, y el Informe Valech, realizado por la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Torturaen Chile fueron más de 35 mil las personas que fueron víctimas de violaciones de los Derechos Humanos, de los cuales cerca de 28 mil fueron torturados.
En dictadura se dispusieron centros de tortura y detención política, lugares donde se  sistematizaron las violaciones de derechos humanos como política de Estado, y donde se actuó con total impunidad. 
Casas, edificios, comisarías, colegios, estadios, servicios públicos. Se han logrado identificar 1.168 lugares físicos donde se mantuvieron detenidos prisioneros bajo crueles interrogatorios y tormentos. Hay lugares emblemáticos como Villa Grimaldi donde estuvieron detenidas la ex presidenta Michelle Bachelet y su madre Angela Jeria, pero no todos hoy exhiben una placa que los identifique como tales y que recuerde a los  infortunados chilenos que pasaron por ahí.
A 40 años del Golpe de Estado, estos son 11 centros de tortura de la dictadura que no tienen ni una placa conmemorativa.

1.- MARURI 245: “UNA CASA TERRORÍFICA”

Tal como otras casas que sirvieron como centros de tortura durante la dictadura, la casona de dos pisos de calle Maruri 245, en Independencia “no existe”. Es imposible llegar hoy a la enumeración que aparece en el Informe Rettig y que la señalaba como parte del Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea, SIFA, que la ocupaba para retener transitoriamente a detenidos.
La casa además fue utilizada como habitación para agentes solteros del Comando Conjunto, la agrupación bajo el alero de la SIFA que coordinó la labor de inteligencia de Carabineros y FFAA, y que se centró en la persecución, tortura y eliminación de los miembros del Comité Central del Partido Comunista entre 1975 y 1977.
Hoy, sobre el dintel principal de la casa está  el número 251 y pocos vecinos la reconocen como ex centro de tortura. La mayoría prefiere no hablar del tema por temor a  ”persecuciones”.
“En las noches parpadeaban las luces y se veía entrar y salir mucha gente”, dice una de las vecinas, quien no quiere dar su nombre, porque afirma que “es muy reconocible”. Como una postal de los años 80, vestida de un implacable negro, pero con los ojos bien pintados, la mujer mira la casa con detención y agrega que “siempre esa casa ha sido terrorífica”.
“Siempre he sentido que me penan”, dice María, una de los actuales arrendadoras de la casa, donde viven varias familias de inmigrantes peruanos. “He visto a un hombre con bigotes en las madrugadas y mi pareja me dice que ha visto a unos enanos con la cara grande. Mi hija nunca ha podido quedarse sola en una pieza porque se pone a llorar sola. Sí, puede ser que sea por eso”, dice.

/Boris Yaikin C.

2.- NIDO 18

Serpaj es un proyecto social que atiende a unos 50 niños y niñas en situación de calle de comunas del sector sur de Santiago. Funciona desde el 1995 en el terreno que corresponde al 9.053 de calle Perú, cerca del paradero 18 de Vicuña Mackenna, en la comuna de La Florida en Santiago.
En el lugar, hoy se ven dos pequeñas construcciones donde funciona la administración, además de una carpa de circo, donde los menores realizan expresiones artísticas.
Nada fuera de lo común, salvo por un pilar de cemento al medio del terreno, con una calavera pintada.
Es el pilar de los colgados. Los niños le pusieron así porque ahí colgaban a la gente. Es una de las pocas cosas que quedan de la construcción antigua”, señala una de las trabajadoras del lugar refiriéndose al centro de tortura que existió en ese lugar a mediados de los años 70.
Se trataba del recinto denominado Nido 18, uno de los lugares que funcionó como cárcel del Comando Conjunto y que fue destinado casi exclusivamente a las torturas.
En este lugar, según el informe Rettig “actuaban agentes miembros de la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea (DIFA) y de la Dirección de Inteligencia de Carabineros (DICAR), y civiles provenientes de grupos nacionalistas o de extrema derecha, todos ellos agentes operativos del Comando Conjunto”.
Según María Inés Salgado, directora de Serpaj, el lugar “fue donado al Fondo de Solidaridad Nacional que había sido creado por decreto por Pinochet”.
Para Salgado, “lo más importante ha sido poder recuperar la memoria para la comunidad”, dice apuntando un memorial, donde hoy,  11 de septiembre,  se encenderán velas.
/Boris Yaikin

03.- LA DISCOTEQUE O VENDA SEXY

Junto a Londres 38, José Domingo Cañas y Villa Grimaldi, la casa que fue bautizada como ‘La discoteque’ o la ‘venda sexy’ fue uno de los principales recintos de detención y tortura de la DINA.
Según el Informe de la Comisión Nacional de Comisión Prisión Política y Tortura de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, este lugar se caracterizó porque en él se ocuparon agresiones sexuales como método de tortura recurrente.
La casa está ubicada en la calle Irán, en Quilín, y según el informe Rettig “funcionó como recinto de detención durante el verano de 1975 y hasta mediados de ese año, en forma paralela a Villa Grimaldi, donde se centralizaba la labor de represión interna”.
Hoy la casa de dos pisos continúa erguida en la esquina con Los Plátanos, pero a diferencia de esos años, está en silencio. No se escucha la permanente música ambiental que ponían los represores para tapar los gritos.
Hoy en el lugar vive un empresario que compró la casa a bajo precio hace ocho años y nunca se enteró que había sido centro de tortura hasta varios años después.
“Es súper complicado vivir acá, hay que ser fuerte de espíritu. Mis hijos han tenido problemas. Mi hijo menor y el que está en el medio, ven cosas, personas. A veces ven a un niño”, dijo a The Clinic.
/Boris Yaikin

04.- MATTA ORIENTE: “SE VENDE”

La casa de calle Matta Oriente se conoció públicamente el año 1990, cuando apareció entre los lugares que fueron traspasados al Ejército desde la Central Nacional de Inteligencia, CNI.
Hoy el lugar está a la venta.
/Boris Yaikin

05.- BRIGADA LAUTARO

La Brigada Lautaro fue uno de los grupos de exterminio de la dictadura. Pertenecía a la Dirección de Inteligencia Nacional DINA, comandada por Manuel Contreras.
Se creó en 1974, pero fue un año después cuando se instaló en avenida Simón Bolívar 8630, en La Reina.
En el lugar fueron asesinados los dirigentes comunistas Jorge Muñoz, esposo de Gladys Marín; Fernando Ortiz, padre de Estela Ortiz y Waldo Pizarro, esposo de Sola Sierra y padre de Lorena Pizarro, actual presidenta de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos.
Hoy el lugar es la entrada trasera del Liceo Eugenio María De Hostos, establecimiento de educación municipal y administrado por la Corporación de Desarrollo de la Municipalidad de La Reina.
/Boris Yaikin

06.- CUARTEL VENECIA

Ubicado en el sector norte de la capital, el Cuartel Venecia fue uno de los lugares que ocupó una de las unidades de la agrupación Caupolicán de la DINA.
La casa de calle Venecia, entre Freirina y Quezada Acharán había sido ocupada como escondite de altos miembros del MIR hasta finales de 1974, cuando cayó en manos de la dictadura.
Según el Informe Rettig este cuartel secreto fue ocupado para mantener detenidos y realizar torturas.
Hoy la dirección mencionada en el Informe de la Comisión Nacional de Comisión Prisión Política y Tortura no existe. Consultados, los vecinos desconocen cuál era exactamente la casa.
/Boris Yaikin

07.- JUAREZ LARGA

La casa de calle Juarez es otro centro de tortura que se conoció públicamente el año 1990, cuando apareció entre los lugares que fueron traspasados al Ejército desde la Central Nacional de Inteligencia, CNI.
Hoy la casa de la comuna de Recoleta está abandonada y su terreno aparece dividido en dos: el 852 y el 852A.
/Boris Yaikin

08. TRES ALAMOS

El Campamento de prisioneros Tres Alamos estaba ubicado en calle Canadá y era administrado por Carabineros. En su interior albergaba a Cuatro Alamos, un centro de incomunicación y tortura de la DINA.
Tres Alamos fue abierto en 1974 y definido como un lugar de tránsito para hombres y mujeres”, según el Informe Rettig. Este recinto albergó permanentemente a unos 400 detenidos.
El lugar, ubicado en la comuna de San Joaquín, cercano a la esquina de Vicuña Mackenna y Departamental, es un recinto bajo dependencia del Servicio Nacional de Menores.
El Centro de Internación Provisoria del Sename hoy alberga a menores infractores de ley y de la dictadura solo hay un gran mural. En su interior hay un par de placas recordando qué pasó en el lugar.

09 CLÍNICA LONDON: DEMOLIDA

Hasta marzo del 2011 estuvo en pie el edificio de calle Almirante Barroso donde funcionaba la Clínica London, lugar de atención médica de la DINA.
El nuevo edificio será parte de la sede de Santiago de Inacap, pese a los reclamos que en su momento realizaron diversas agrupaciones, por la autorización dada por el Consejo de Monumuentos Nacionales.
En él no sólo se atendía al personal del organismo represivo de la dictadura de Pinochet, sino que también a algunos detenidos, ya sea porque comenzaban a colaborar o porque necesitaban “recuperarse” de las torturas sufridas para continuar con los interrogatorios. En este lugar también se desempeñaba el grupo de médicos que operó al ex presidente Eduardo Frei Montalva antes de su repentina muerte en la Clínica Santa María.
/www.elsitiodeyungay.cl

10 JUAN ANTONIO RÍOS 6

En el edificio que hoy alberga a parte del Ministerio de Bienes Nacionales no siempre estuvieron preocupados del patrimonio nacional.
Según el Informe Rettig, el recinto fue utilizado en 1975 por la Direccion de Inteligencia de la Fuerza Aérea (DIFA). Este centro de tortura está ligado a la desaparición de detenidos bajo la Operación Condor.
/Boris Yaikin

11 CLÍNICA SANTA LUCÍA

Este recinto fue uno de los antecesores de la Clínica London. Fue hasta 1973 sede del Mapu y luego pasó a manos de la DINA, que instaló una clínica clandestina que primero velaba por la salud de los agentes represores del Estado, pero que luego también atendió a los detenidos que estaban moribundos luego de las torturas recibidas.
Hoy en la casona de 4 pisos está la Comisión Chilena de Derechos Humanos, sitio de memoria donde se mantiene una exposición permanente de pinturas sobre el tema de la represión. En el lugar, además, se pueden visitar los pasillos y piezas que eran ocupadas como celdas. Especialmente escalofriantes son las del último piso, donde a través de ventanas cerradas entra algo de luz que permite ver las marcas que aún están en el piso.
Afuera, solo un par de lienzos y algunas fotocopias en los muros hacen referencia al lugar.
/Boris Yaikin


Brigada Lautaro, Simón Bolívar 8630

Brigada Lautaro, Simón Bolívar 8630

Brigada Lautaro, Simón Bolívar 8630

Brigada Lautaro, Simón Bolívar 8630

Santa Lucía 16

Santa Lucía 16

Juan Antonio Ríos 6

Juan Antonio Ríos 6

Juárez Larga 852

Juárez Larga 852

Juárez Larga 852

Juárez Larga 852

La Venda Sexy

La Venda Sexy

La Venda Sexy

Barros Borgoño /www.elsitiodeyungay.cl

Barros Borgoño /www.elsitiodeyungay.cl

Maruri 245

Maruri 245

Maruri 245

Matta Oriente 394

Matta Oriente 394

Nido 18/

Nido 18/

Nido 18/

Nido 18/

Tres Alamos, Canadá 5359

Tres Alamos, Canadá 5359

Venecia 1700 


http://www.eldinamo.cl/2013/09/11/fotos-40-anos-del-golpe-11-centros-de-tortura-que-no-tienen-una-placa-conmemorativa/

Los reyes de la pantalla: la prensa encubridora en dictadura

10 de septiembre de 2013 - 07:52 | Por: 
Era el tiempo de una televisión de vedettes que salían con torturadores y de programas de entretenimiento. La TV era otro campo de batalla para los agentes de Pinochet y los “otros periodistas”. ¿Qué pasa cuando el Estado asesina ciudadanos y los reporteros, en vez de cubrir la noticia participan de un montaje? Aquí el recuerdo de una historia de indolencia.

Su sonrisa lo decía todo, micrófono en mano, trataba de cautivar a una audiencia temerosa de los terroristas y reacia a hacerse preguntas. Era noviembre de 1975 y la represión subía su tenor a punta de torturas y desapariciones. Claudio Sánchez se erigía como el periodista movilero del momento y al mismo tiempo, aquí y allá  se contaba la historia de una imagen: los detenidos apostados en las graderías del Estadio Nacional, hombres abatidos que apagaban el hambre con un cigarro. Sánchez aseguraba que allí se hacían ejercicios y que los prisioneros se divertían.
-¿La pasan muy mal los detenidos en el Estadio Nacional? ¿Están muy angustiados? No. Porque tienen tiempo hasta de formar improvisadas orquestas-, remataba el periodista. Enseguida, se mostraba a los prisioneros cantando “El patito chiquito”, la canción icono de quienes apoyaban a Augusto Pinochet.
Cuando en los noventa se empezó a hablar del  “Montaje Rinconada de Maipú”, Claudio Sánchez, Carlos Araya Silva y Julio López Blanco comenzaron a ser investigados como posibles encubridores de estos crímenes. Una década después, Araya fue procesado durante la investigación del juez Alejandro Solís.   El caso fue dado a conocer a la opinión pública en junio del 2003 por el periodista Jorge Escalante, cuando la investigación ya estaba en curso.

Los ojos de Catalina

Isabel Gallardo tiene la piel blanca y una melena crespa que doma con una media cola. Está en el comedor de su casa y se frota las manos para capear una mañana fría en la comuna de Renca. Trae una bandeja con dos tazas de café y galletas de agua. Mientras reparte las cucharadas de azúcar, recuerda que Catalina, su hermana mayor, era vanidosa y le enseñaba modales como a caminar derecha equilibrándose sobre un tablón con pasos cortos.
Isabel la admiraba. “Tenía los ojos achinados pero oscuros y profundos y llevaba el pelo corto ‘a lo garçon’… Sus ojos eran muy lindos”, repite y bebe un sorbo de café al seco.

Catalina y Beto
Isabel dice que Catalina estaba enamorada, se había casado y ya tenía al pequeño Alberto de seis meses, antes había sufrido una pérdida, por eso sentía que a los 29 años su felicidad estaba casi completa. Casi, porque a veces, “Cathy” sospechaba de esa racha de buena suerte.
-A mi hermana le arrancaron los ojos durante la tortura, le dejaron las cuencas vacías ¿sabía?- pregunta Isabel.
Ofelia, la madre, está a su lado, tiene 88 años, lleva  moño de pelo color ceniza y un aparato auditivo en el oído izquierdo. Recuerda que Alberto, su esposo, era un hombre grande y de sonrisa bonachona que trabajaba como tornero mecánico. Esa semana le tocó el turno de la noche.
Según los documentos de la investigación de Villa Grimaldi, el 17 de noviembre de 1975, se produjo un enfrentamiento entre miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR con algunos militares lo que terminó con la muerte de Hernán Salinas, un funcionario del ejército y Roberto Gallardo (hijo). Al día siguiente la policía de Investigaciones fue en la busca de los padres de Roberto. Se llevaron a Ofelia, Alberto (padre), sus hermanas Catalina, Isabel, a su cuñado Guillermo y sus sobrinos: el pequeño Alberto y a Viviana de nueve años.
A Ofelia le dijeron que su hijo había muerto y que el resto de la familia quedaría en manos de la DINA. “No sabíamos que existían centros de tortura, vi pasar a mi marido por el pasillo con los ojos chiquititos, como encandilados, nunca creí que los llevarían a Villa Grimaldi…”, recuerda la madre de Isabel. De la familia Gallardo, sólo sobrevivieron ellas, el pequeño Beto y el esposo de Catalina, Rolando Rodríguez, a quién asesinaron a tiros en la calle un año después. “Mi cuñada Mónica del Carmen Pacheco tenía tres meses de embarazo cuando la mataron, y la reconocieron con señales claras de aborto provocado por los golpes”, agrega Isabel.
Esa misma madrugada, fue detenida Ester Torres en su casa junto a sus hijos Renato, Mauricio y Francisco Javier, por agentes de la DINA, los que buscaban a su hijo Luis Andrés Gangas.
La noche del 18 de noviembre fue una de las más espantosas en aquel centro de tortura. Los testigos recuerdan que la luz mortecina que llegaba bajo las vendas de sus ojos, venía colmada de ruidos: chirridos de autos, llanto y los gritos de hombres pidiendo agua y aceite hirviendo para quemar a las víctimas. También recuerdan haber visto a la mañana siguiente el cuerpo de dos mujeres y un anciano que yacían en el patio.

Los rostros del noticiero

El 25 de abril del 2006, y mientras el ministro Alejandro Solís llevaba adelante el proceso judicial, Isabel Gallardo exigió una investigación al Tribunal de Ética y Disciplina del Colegio de Periodistas (TRED). En la resolución se pidió la expulsión y censura pública de Carlos Araya, más suspensión por un año de la orden para Julio López Blanco y Claudio Sánchez: y un año de suspensión de colegiatura para Vicente Pérez Zurita, jefe de prensa de TVN en ese entonces y Manfredo Mayol Durán, director del canal en 1975. En junio del 2008, el Colegio de Periodistas pidió perdón por este caso y el de la Operación Colombo.
Lo último que se supo de Julio López Blanco en Mega, fue que contaba que estaba preparando un piloto de programa para el adulto mayor llamado “Vivan las canas” que no prosperó. Ahora, al teléfono, dice que todo lo que tenía que decir lo confesó en la investigación del Colegio de Periodistas. “No hablo de ese tema, hoy trabajo en unas revistas con unos amigos y no sé si seguiré en la Universidad privada en la que estoy”, comenta.
Hasta el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, Carlos Araya trabajaba como locutor de radio Sargento Aldea en el puerto de San Antonio y era dueño del periódico El Pelícano. Con la dictadura instalada, se dedicó delatar a dirigentes sindicales y políticos desde su lugar. Así, rápidamente se ganó la amistad de Manuel Contreras, jefe del cercano Regimiento Tejas Verdes. Araya llegó a Televisión Nacional como su hombre de confianza y se afilió al Colegio de Periodistas. Así los respalda  las 405 páginas de la sentencia del juez Alejandro Solís contra Manuel Contreras -y otros- por torturas en Tejas Verdes, del 9 de agosto de 2010.
En la investigación, el periodista relató que fue contactado por los agentes de Pinochet. También que de esas manos recibió los libretos para hacer las notas.
Así lo corrobora una copia en DVD del video que emitió TVN.
Se ve el día de calor en los pastizales secos, el cable del micrófono, el periodista vestido de traje. “Aquí en el suelo están los testimonios del violento enfrentamiento”, dice Julio López Blanco y continua con sus comentarios sobre el exterminio de “grupúsculos cercados por agentes de la DINA”.
Por otra parte en canal 13, Claudio Sánchez, también habría participado in situ en el reportaje con el libreto de Dinacos para la Corporación Canal 13, competencia de TVN. Este video tiene calidad más borrosa y es difícil distinguir el audio.
Sigue el video, Julio López, en cuclillas, exhibe las balas que supuestamente habían disparado los enemigos. No hay cadáveres ni sangre, sólo cápsulas vacías, piedras, arbustos y la maleza seca del cerro. “Las últimas informaciones dicen que otros grupúsculos del MIR y del proscrito Partido Comunista se encuentran cercados, en este momento, por fuerzas de la DINA. Y trasladémonos ahora hasta nuestro móvil dos, donde Carlos Araya, está en el mismo lugar donde cayeron los extremistas…”, remata  Lopez Blanco.
Aparece Araya, tiene una libreta en la mano, la abre y entrega los nombres de los abatidos: “Mónica del Carmen Pacheco Sánchez, Roberto Gallardo Moreno, Catalina Gallardo… “
En su hogar, Isabel y su madre mueren en vida.
La semana pasada, Isabel supo que Carlos Araya falleció hace dos meses de una enfermedad al corazón.
“Hoy se habla de perdón, no sé si se puede perdonar a quien tortura de esa forma a tu familia, después de tantos años, sólo hay una orden de procesamiento… No, no se puede”, dice y vuelve a su silencio.

http://www.eldinamo.cl/2013/09/10/los-reyes-de-la-pantalla-la-prensa-encubridora-en-dictadura/

¿DÓNDE ESTABA MARCEL CLAUDE EL 11 DE SEPTIEMBRE DE 1973?

 – 12 SEPTIEMBRE 2013

En una toma del liceo 17 de Las Condes, pero no para respaldar al compañero Allende, sino para ¡pedir su destitución!
Porque el actual aspirante a La Moneda que ahora vende la pomada de la revolución, en esos años era un joven DC que afirmaba un lienzo en el liceo que pedía el golpe contra Allende:
“O renuncia o se suicida”, decía el cartel que apoyaba Marcel Claude.
El hecho lo recuerda un ex compañero de colegio del “candidato” en un blog que circula en las redes sociales y fue subido a twiter por Artemio Lupin.
IMPOSTOR
El autor dice que cualquiera que lo escucha a Claude, pareciera que se trata de un individuo que estuvo en  silencio trabajando en la dictadura, o bien que  pasó de una suerte de condición independiente no ligado a la política a una de  crítico del sistema.
Pero lamentablemente, no es así: su tema no es sólo su empleo “por necesidad” en  el Banco Central, durante la dictadura, bajo el mando de Carlos Cáceres.
“La pregunta que reitero es ¿dónde estaba el 11 de septiembre de 1973?
“Como  nadie la formula ni tampoco he encontrado referencia alguna al respecto, me  tomaré la libertad de hacerlo yo, que estudiaba en el mismo liceo que Claude.
“Él  estudiaba en el Liceo 17 de Las Condes y era dirigente de la JDC, cuando la DC  formaba parte de la CODE, y les aseguro que él estaba feliz con el golpe, tanto  que jugaba “a los bandidos” acercándose descaradamente a escuchar las  conversaciones de quienes militábamos clandestinamente, en una evidente actitud  de amedrentamiento, después del golpe.
“No puedo afirmar que delató a  alguien, porque no me consta.
“Sólo recuerdo que la JN se había tomado el liceo  días antes, con apoyo de la DC, y había desplegado un lienzo que decía “que  renuncie o se suicide”.
“Claude, que en ese entonces estaba en 4o. medio, no era  inocente ni “apolítico” ni “independiente”, sino un activo dirigente de la JDC.
“El mínimo acto de nobleza que yo esperaría es que no pretendiera argumentar que  en esa época era “apenas un niño”, sino que dijera derechamente que celebró el  golpe, que le importó un carajo el sufrimiento de muchas y muchos y que se  arrepintió, y no este triste papel de andar presentándose como trabajador  opositor, silencioso y abnegado, o como “revolucionario” en actos de diversa  índole.
“Es más, también le preguntaría qué opina de  Ignacio Valenzuela  Pohorecki, que también estudió en ese mismo liceo, que fue conocido dirigente de  la JJ.CC. del mismo y que posteriormente fue asesinado en la operación Albania  siendo dirigente del FPMR, a ver si muestra alguna emoción, a ver si dice algo.  A Valenzuela (“porky”) todos lo conocían.
“Al menos espero que la amnesia no le  sobrevenga con eso también”.


http://www.elpatagonico.cl/?p=62981


Hace 40 años se instalaba en Chile la atroz dictadura de Augusto Pinochet




TELAM -La idea de que Salvador Allende no gobernara Chile se gestó en los escasos días entre su victoria con la Unidad Popular (UP), el 4 de septiembre de 1970, y el 24 de octubre de ese año, cuando el Congreso, que tuvo que definir la elección por la escasa ventaja que le dieron los votos, decidió que fuera el presidente por los siguientes seis años.

La derecha chilena, que nunca digirió la derrota ni a la izquierda en el poder, y el gobierno de Estados Unidos, en plena Guerra Fría, con alguna participación de la Democracia Cristiana, dedicaron en esos tres años esfuerzos y recursos en planes y acciones desestabilizadores que socavaron la política, la sociedad y la economía del país, al margen de los errores de gestión cometidos por el gobierno de la UP

Cada bando comenzó bien temprano la actividad ese 11 de septiembre: Allende y sus asesores en La Moneda, y la Armada en el puerto de Valparaíso, desde donde irradió la acción militar para derrocar al mandatario.

“Qué será del pobre (Augusto) Pinochet”, se preguntaba preocupado el presidente, cuando aún no sabía que al levantamiento se habían sumado los Carabineros, la Fuerza Aérea y el Ejército, al frente del cual Allende había puesto pocos días antes al general, quien tras jurarle lealtad terminó siendo uno de sus principales verdugos.

El líder socialista, acompañado por sus principales asesores y amigos, ordenó evacuar la sede del gobierno y esperó a los sediciosos en La Moneda, con casco militar y fusil.

Después de horas de ataques con tanques y ametralladoras al palacio gubernamental, los sublevados exigieron la renuncia de Allende con el compromiso de enviarlo junto a su familia al exterior.





“Pero qué se han creído. ¡Traidores de mierda!”, les contestó, lo que desencadenó el ataque final hacia el mediodía con el fuego aéreo de unos Hawker Hunter.

“Tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano; será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”, había proclamado el presidente a los chilenos momentos antes, a sabiendas de que resistiría hasta morir el golpe cívico militar.

Tras dos horas de bombardeos, Allende ordenó la salida de sus asesores y, en su oficina, se disparó en el mentón con su fusil.

“Misión cumplida. Presidente muerto”, fue la comunicación que envío a sus superiores el general Javier Palacios, a cargo del ataque, cuando al entrar a La Moneda encontró al jefe del Estado.

El golpe echó a perder la ilusión del socialismo chileno de una “revolución” que se identificaba como inédita, sin violencia, en medio de las entonces volátiles democracias de América latina, y, al mismo tiempo inauguró una de las dictaduras más atroces de la región.

Pinochet fue, además, uno de los autores intelecuales e impulsores del Plan Cóndor, el esquema de colaboración represiva del que tomaron parte las dictaduras en la región para perseguir y asesinar a militantes políticos.



El régimen, liderado por Pinochet, dejó al menos 38.000 víctimas que sufrieron en carne propia tortura, secuestro, despojo o muerte.

La represión pinochetista, que llegó a nutrirse de policía e inteligencia propias, entre ellas la célebre Dirección de Inteligencia Nacional (Dina), se practicó incluso con el uso de armas químicas, como gas sarín y toxinas botulínicas, según una reciente revelación de funcionarios de entonces, y hasta con atentados terroristas en Washington, Buenos Aires y Roma para terminar con opositores que habían logrado exiliarse.

El plan de exterminio interno fue sistemático y planificado, tal como evidencian los entrenamientos de miles de represores desde 1974 en el campo de concentración de Tejas Verdes, en el puerto de San Antonio, bajo el mando del capitán Manuel Contreras, el primer jefe de la Dina.

Pero la profundidad de la represión, que incluyó el exilio de miles de personas y allanamientos masivos en los barrios pobres, sólo fue posible porque existieron amplios sectores civiles que respaldaron las acciones y que incluso fueron educados en esas lógicas.

Los propios archivos secretos del régimen revelan que cientos de funcionarios de ministerios políticos o sociales asistieron a cursos sobre guerra psicológica, poder naval o guerra nuclear en la Academia Nacional de Estudios Políticos Estratégicos.

Esta complicidad civil, en algunos casos, y la pasividad de líderes y sociedad en general, es la que encuentra aún hoy, en el 40mo. aniversario del golpe, divididos a los chilenos.


http://www.contrainjerencia.com/?p=74411

Desentierran las fotografías escondidas del Chile de Allende


Para no exponer a la cárcel, torturas y muerte a quienes aparecían en sus fotos y salvaguardarlas de la sangrienta represión, el periodista Fernando Velo, tras cubrir las primeras horas del golpe militar en las afueras del palacio presidencial,por la noche, el 11 de septiembre de 1973, sin decir nada a nadie, ni siquiera a su familia, escondió todos sus archivos fotográficos dentro de unos tambores de aceite, enterrándolos en unos hoyos que cavó con sus propias manos en el patio de su casa. Después de varios años, a punta de sudor y lágrimas, las rescata y las hace viajar a Estados Unidos, donde reside desde 1976.




Era una colección de alrededor de 23 mil negativos,mayoritariamente inéditos, que empieza a recuperar poco a poco, tras revelar el secreto de los tambores clandestinos a su hermano menor, pero desafortunadamente sus esfuerzos no prosperan según lo planificado. Los archivos que habían logrado sobrevivir, venciendo al paso de los años, la humedad y las lluvias no superan las barreras policiales que se suceden en los aeropuertos. En México, le requisan cerca de 20 mil negativos a una persona de su máxima confianza que se los llevaba a Los Angeles, Estados Unidos, donde llega en 1976 como refugiado político, después de permanecer un año y medio exiliado en Perú. En vano hizo lo posible e imposible para encontrarlos. Nunca supo dónde fueron a parar.



Las fotos registraban los mil días del gobierno de la Unidad Popular, lo que sucedió en Chile entre 1970 y 1973, el pueblo movilizado a su sueño por un país sin explotadores, ni explotados; la temperatura psicológica de una utopía; un registro logradadesde el corazón mismo de la revolución puesta en marcha fruto de su trabajo como integrante del pool del equipo gráfico de la editorial Quimantú, fotógrafo oficial de las brigadas muralistas, Ramona Parra, de la Organización Nacional del Servicio Voluntario (ONSEV) de la Secretaría Nacional de la Juventud y colaborador de la revista, “Claridad” de la Federación de Estudiantesde Chile, FECH.

Recuperando una decima parte, algunas universidades norteamericanas le han ofrecido comprar este valioso material. No obstante, él no ha querido embarcarse en ninguna propuesta porque considera que sus fotos constituyen un patrimonio que pertenece al pueblo chileno y a las nuevas generaciones para que puedan conocer la obra y vigencia del compañero presidente Salvador Allende, y no se dejen llevar por los discursos de los gestores e ideólogos del golpe militar, y sus propósitos de silenciar la verdad.

En la primera fila de la noticia

La mañana del 11 de septiembre de 1973, Fernando Velo, se levantó temprano, pero no fue como lo hacía de costumbre a la universidad, donde estudiaba Historia y Geografía y realizaba su tesis de grado en Periodismo, dos carrerassimultáneas ya que un año antes había dejado de cursar Derecho por falta de tiempo. Por entonces la educación era pública y gratuita.

A primera hora, escuchando la radioemisora Corporación en un equipo portátil que tenía bajo su almohada, oyó decir que algo sucedía en La Moneda, y que Carabineros había establecido un cerco en torno a ella. Presintiendo, pues recuerda había una cierta clave que sería propalada al aire en caso de un levantamiento militar, se puso su terno y camisa blanca, que por lo general no solía vestir, prepara su credencial de periodista, sus dos cámaras; una vieja Nikon de visión directa y una Zenith rusa réflex, y se dirige al palacio presidencial.

Ese día, el tránsito estaba disminuido, pero logra subirse a una liebre, encontrándose allí con un amigo, quién le informa el alzamiento de la Armada, la sublevación de un sector de la marinería, y que algunos barcos de la Operación Unitas, habían regresado a Valparaíso. Esta alerta no fueimpedimento para que siguiera hacia donde pensaba y creía tenía que estar.



Bajándose del vehículo, una cuadra antes de llegar, caminando, desde el paradero más cercano,Carabineros impedía el paso de los transeúntes hacia las calles aledañas al barrio cívico. A él lo dejan pasar, luego que constatan su maletín lleno de rollos fotográficos y sus dos cámaras de fotos. Eran las ocho de la mañana con apenas un par de minutos.

Al llegar a la Plaza de la Constitución, se suma de inmediato a los casi 20 periodistas, reporteros gráficos, entre ellos camarógrafos de canal 13, Televisión Nacional, y un grupo de corresponsales extranjeros. Poco antes, el Presidente Allende, había salido a uno de los balcones a ver el ambiente exterior.Cerca de las nueve de la mañana, fotografía la llegada de un microbús de Carabineros que se estaciona frente a la puerta del edificio de la Intendencia mientras sacan con las manos en alto a unas quince personas. A lo lejos, reconoce que era un equipo del GAP (Grupo de Amigos Personales) que había intentado llegar a La Moneda para reforzar a la guardia personal del presidente. A todos, los llevan presos.

La confusión de lo que acontecía era tan grandeque algunos periodistas decían maliciosamente que los detenían por intentar robar en las tiendas del comercio. Hasta este momento nadie dimensionaba la tragedia.

A continuación se produce una balacera, cuyos primeros disparos procedían de una ametralladora de uno de los tanques militares que abría fuego situado en la calle Morandé. Entonces, en medio del fuego cruzado, los equipos de prensa buscan resguardo, parapetándose entre los árboles y arbustos, donde permanecen hasta cerca de las diez de la mañana cuando carabineros en un intento de resguardarles su seguridad física los invita a guarecerse en el sótano de la plaza, donde funcionaba el Servicio de Investigaciones de Accidentes de Tránsito (SIAT).

Estando allí, uno de los camarógrafos filma a un tanque que se detuvo frente a la entrada del SIAT para informar un incendio en uno de los pisos superiores del Hotel Carrera. Fue el detonante para que el oficial les impidiera seguir laborando, decomisándoles sus cámaras, grabadoras y filmadoras. Fernando dice, que a raíz de esto, le aconsejó no destruir el material gráfico porque “pasara lo que pasara, todo eso era parte de la historiade Chile”.

También recuerda que antes de entrar a los sótanos de la plaza divisa en el perímetro a los tres tanques Sherman quedisparaban sus ametralladoras contra el palacio de Gobierno. Dice que eran unos armatostes de la Segunda Guerra Mundial que Estados Unidos había donado al ejército chileno como parte de la renovación de material bélico, y a los aviones Hawker Hunter, sobrevolando.

Más o menos, a las 10:45 horas, alrededor de cuarenta carabineros ingresan al subterráneo. Era el contingente de la guardia presidencial a cargo de la seguridad y defensa del palacio. Medía hora después, como a las 11:15, una vez que se sabía con certeza que el bombardeo aéreo se iniciaría al mediodía, un oficial les comunica a viva voz a los periodistas que pueden irse, aprovechando una tregua previa a los ataques por aire y tierra.

Al salir les devuelven los equipos, y escoltados por los uniformados armados con fusiles, SIC, los llevan a las puertas del edificio delCongreso, donde los dejan libres, y a su propia suerte.

Ahora convencido de que había que marcharse porque ya nada más podía hacer, Fernando Velo, poco antes de despedirse de los corresponsales extranjeros, con quienes reporteó las primeras horas del golpe militar, entrega sus rollos fotográficos a un periodista de la revista mexicana “Siempre”, y a unos argentinos que trabajaban para la televisión sueca. Nunca conoció el destino de aquellas gráficas.

Pasado el mediodía, el palacio de La Moneda en llamas, con un sentimiento de total frustración por el desigual combate que tenía lugar, con su cámara en mano, camina solo, bordeando el Mapocho. Fotografía los murales que habían pintado las Brigadas Ramona Parra en los murallones del río, las paredes con rayados de la Unidad Popular; el arte gráfico que encontró al costado del lecho, y en las cercanías del Parque Forestal.

Este último registro se lo requisa un capitán delbatallón que había cercado la Plaza Italia. Indagando su bolso fotográfico encuentra que había guardado varios cartuchos vacíos puntocincuenta que recogió como recuerdo en la calle Agustinas y Morandé, tras los disparos de los tanques militares. Tenía 24 años.

Cada momento, una historia

Fernando Velo llega al periodismo atraído por el mundo de las fotografías y las circunstancias fortuitas que le permitieron situarse propiamente en la primera fila de la noticia. En 1971, en la universidad, su profesor de fotografía, Domingo Ulloa, fotógrafo y docente que había sido asistente de Antonio Quintana, y en más de una ocasión trabajó junto a Sergio Larraín, lo expulsó de la sala de clases, argumentando que “un profesor no podía enseñar a otro profesor”. “O se va usted o me voy yo”, le dijo.

Puestas así las cosas, sin nada más que hacer, abandonó la sala con sus ojos llenos de lágrimas, sellando la promesa de meterse de lleno al arte de la fotografía, sus técnicas de iluminación, encuadres, y procesos de revelados.


Negativos originales.



Había finalizado el primer curso con muy buenas notas y a modo de premio, un profesor de ingles, que recuerda como el famoso “Pito” y otro de Historia, lo contactaron para que dictara clases gratuitas de fotografía en el Instituto Chileno Checoslovaco de Cultura. Pese a que sentía que aún no contaba con las “credenciales propias” acepta el desafío porque le explicaron era un trabajo de índole político.

Constatando su tesón, Mario Planet, decano de la Facultad de Comunicación y Periodismo de la Universidad de Chile, lo envía a realizar su práctica profesional en la Editorial Quimantú, (Sol de sabiduría, en lengua mapuche), recién nacionalizada por el presidente Allende, en el marco de sus lineamientos programáticos que consideraban a la cultura y la información como una herramienta de cambio social y concientización de sujetos sociales libres, críticos y autónomos.

Integrándose al equipo de doce reporteros gráficos que trabaja en Quimantú bajo la dirección del fotógrafo argentino, Juan Domingo Politi, Fernando parte cubriendo noticias del quehacer deportivo y en el curso de pocas semanas lo integran a trabajar codo a codo en tareas informativas de índole política, cultural y de carácter comunitario. Al finalizar 1971, el profesor Ulloa le otorgó una nota cinco sin que él hubiese terminado el curso que impartía.

Quimantú fue una editorial que edita en menos de dos años cerca de quince millones de libros y publicaciones especiales que vendían a muy bajo precio. Fernando conserva como tesoro su colección. Forman parte de su preciada biblioteca que sigue viva e intacta en Estados Unidos. Y es que también los escondió dentro de los tambores bajo tierra, salvándolos de la hoguera y la editorial clausurada.

Tras el golpe militar, se quedó en Chile. Trabajaba como profesor de Historia y Geografía en el Liceo 18 de Niñas, en el Liceo Nocturno “Federico Hansen”, y en el Colegio Compañía de María. Entre octubre de 1973 y mediados de 1974, los militares lo apresaron en tres oportunidades. La primera vez fue delatado por una alumna y después por un grupo de padres y apoderados que anónimamente lo acusaron de hacer proselitismo político y pronunciarse públicamente en contra de la Junta Militar.

Emprendiendo por la memoria histórica

Desde 1980 trabaja como editor en el diario Azteca News”, que se publica en California dirigido a la comunidad latinoamericana. Su gran sueño y proyecto personal es montar una muestra fotográfica a nivel masivo a lo largo de Chile. Mientras tanto, digitaliza sus archivos, y sumándose a los innumerables esfuerzos por recuperar la memoria colectiva, ha decidido sacarlas a la luz, y ponerlas paulatinamente a disposición de quienes quieran verlas en Youtube, en las redes sociales, e invitaciones que realiza de manera más selectiva.



Las fotografías de la Unidad Popular no mueren ni moriran. El escrutinio ya es público. Las fotografías que la noche del 11 de septiembre de 1973 fueron ocultas bajo tierra, a 40 años de la tragedia resignifican un testimonio viviente de una hazaña revolucionaria reconocida internacionalmente. En Chile, esperan con los brazos abiertos el arribo de esta colección, y con ella dos nuevos ojos observadores.



Fotografías Fernando Velo en Los Angeles, Estados Unidos.


http://jarashott.wordpress.com/2013/09/12/desentierran-las-fotografas-escondidas-del-chile-de-allende/

La Historia Oculta del Régimen Militar

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