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sábado, 26 de octubre de 2019

Víctimas de la represión Gobierno de Sebastian Piñera 2019


 Valeska Fernanda Carmona Lopez , Chilena, sexo femenino , 33 años ; domiciliada en Indepencia , Santiago de Chile.

Acta de Defunción :
Lugar de Defunción: Independencia
20 de Octubre de 2019 a las 01:37 hrs
Causa de muerte : Traumatismo toraxico por proyectil

Encontrada incinerada en supermercado en la comuna de San Bernardo supuestamente saqueado.

Este caso detono que Gob solicitara renuncia a  a la jefa de Laboratorio del servicio medico legal


martes, 14 de mayo de 2019

Mónica Angélica Briones Puccio


Hace 25 años, una mujer lesbiana fue asesinada brutalmente en pleno centro de Santiago. Su caso, el cual fue cerrado en la justicia sin encontrar culpables, motivó la creación de la primera agrupación lésbica en la historia del movimiento, Ayuquelén. Se llamaba Mónica Briones Puccio, era escultora y nunca ocultó su lesbianismo.

“La Mónica era una artista, sobreviviente del hippismo, el Parque Forestal y de tantos cafés utópicos que humeaban las tardes de la UNCTAD, en la lejana Unidad Popular. Y a pesar del golpe, del toque de queda y la milica represión, todavía le quedaban ganas para soñar noches en ese Santiago amordazado por el toque de queda”. **

El 8 de julio de 1984, Mónica Angélica Briones Puccio cumplió 34 años. Ella lo quería celebrar en grande y para eso, se reunió con una amiga y unos amigos gays a brindar por ello. Ese fin de semana en Santiago, arreciaba uno de los tantos y recordados temporales ochenteros, esos que desbordaban el río Mapocho y donde aparecían muchos cuerpos en la calle producto de la lluvia o de automovilistas que se daban a la fuga.

Pese a las condiciones climáticas, Mónica salio a celebrar. Primero se dirigio a la casa de su amiga Gloria del Villar Gajardo, una mujer heredera del hippismo setentero con dos hijos que vivía en una cómoda casa en Vitacura. De ahí, se reunirían con dos amigos gays, dueños de la mítica discoteque “Atlantis”, un centro nocturno para homosexuales que se encontraba en calle Merced. Todos irían a comer a “Los Chinos” para después, terminar en la discoteque de calle Merced. Pero algó ocurrió que Mónica y Gloria decidieran, en la madrugada del 9 de julio, separarse de ellos y dirigirse al reconocido bar “Jaque Matte”. Esa decisión sigue siendo un enigma hasta hoy.


Amigos pascuenses

“Aún le quedaba pasión, esa fecha del setenta y algo para brindar por la esperanza en el bar Jaque Mate de la Plaza Italia. Y la Mónica hablaba tan fuerte, no tenía pelos en la lengua para manifestar su rabia frente al machismo, la repre, y todas las fobias que alambraban de púas su prohibido amor”.

El “Jaque Matte” en esos años ochenta era administrado por dos mujeres, la madre y su hija. Como sucede en la actualidad, el bar pasaba lleno de hombres y muy pocas mujeres. Mónica y Gloria entraron al lugar. Pidieron un “navegado con naranja y chancaca “, que según relataba Gloria en su declaración judicial “estaba intomable”. Se encontraron con dos amigos de Mónica oriundos de Isla de Pascua. Conversaron, e incluso, cantaron a la Edith Piaf, la cantante favorita de la Mónica. Un dificultoso francés se escuchaba en el vetusto bar, mientras a cada momento la Mónica se paraba a conversar con la hija de la dueña, a quien denominaban “Lucy”. Nadie sabía de qué hablaban, sólo reían y cuchicheaban. Gloria interpretó que tal vez la Mónica estaba coqueteando con ella, pero no tuvo la certeza de eso.

Hicieron hora. Sólo a las 6 de la madrugada comenzaban a circular las heladas e incomodas micros de colores. No convenía salir antes. Gloria propuso ir a tomar la micro a la esquina de Merced con Irene Morales. Se despidieron de los pascuenses y salieron de ahí raudamente con el vino navegado retumbando en sus sienes cuando la lluvia había comenzado a amainar.


El hombre de corte militar

“Y cuando se fueron, caminando tranquilos por la oscuridad macabra de la dictadura, la Mónica quedó hecha un guiñapo estampado en el suelo. Y cuando llegó la policía, nadie había visto nada, nadie se atrevía a dar información sobre esos monstruos, seguramente CNI, que se desplazaban libremente en el Santiago de la botas”.

Pasaban los minutos y nada parecido a locomoción se veía en esa esquina. No llovía, pero como suele suceder en Santiago, después de la lluvia viene el frío. Gloria y Mónica platicaban sobre lo bien que lo habían pasado primero donde “Los chinos” y después en el Jaque Matte. De pronto, como contaría años después Gloria del Villar en sus declaraciones a la justicia, de la oscuridad aparecio un hombre. Alto, fornido, rubio, de ojos verdes muy juntos y con corte de pelo “a lo militar”, ninguna de las dos lo había visto antes . Llevaba gabardina de color beige, botas gruesas y un paraguas rosado. Tomó a Mónica por la espalda, la agarró firmemente del cuello, propinándoles empujones e insultos.

“oye, y a ti, ¿qué te pasa?” – le preguntaba insistente y sorprendida, mientras su amiga Gloria no sabía qué hacer, sólo gritaba. Con el mismo paraguas le propinaba golpes en la cabeza al individuo. A lo lejos, vio a unos obreros esperando micro, pero se hacían “los lesos”, miraban a otro lugar, callados, impéterritos, inmunes a los gritos de socorro que profilaba la Gloria. Los empujones continuaban y Gloria fue lanzada unos metros más allá por una patada en el estomago que le propinó el desconocido “contigo no es la cosa, ¡puta!”, le dijo. Súbitamente, Mónica, de 1,60 de estatura y 58 kilos, cayó al suelo después de un brusco empujón que le dio el rubio fornido. “Así te quería pillar ¡Lesbiana!”- le gritaba el hombre sin saber que ése era el nombre que ella orgullosamente llevaba. Ella se defendió como pudo, algunas de sus viejas amigas contaban que “era buena para los combos”, pero nadie lo confirmó.

Sólo fueron 10 minutos. Diez minutos eternos donde la bota del desconocido golpeaba sin césar la cabeza de Mónica, hasta desangrarla, hasta partirla, mientras un charco de sangre se mezclaba con la acera en la esquina de Irene Morales con la calle Calle Merced, justo frente al Parque Forestal que tantas veces la vio deambular vendiendo sus pinturas y las muñecas de trapo que confeccionaba junto a su abuela y su madre.


¿Accidente?

“La bella Mónica, como recordaba la Su entre cervezas y fotografías de mujeres y la voz incansable de Chabela Vargas que timbraba de boleros el testimonio horroroso de aquel asesinato”.

Según el parte del deceso, “el accidente”, como le llamaron en el Servicio Médico Legal, se habria producido a las 6.20 hrs de la mañana del sábado 9 de julio “después que la vicitima fuera arrollada por un vehículo que se dio a la fuga. La victima fue encontrada en posición cúbico abdominal”, relataba el Carabinero en su parte..

Pero esas fueron las impresiones iniciales. El hombre de corte militar salio corriendo por las calles aledañas hasta que se perdio en la oscuridad. Gloria, no recordaba bien, no sabía por qué tomó esa decisión, pero ella se fue de ahí, arrancó. Estaba en estado de schok. Se alejó unos pasos hasta casi llegar a la otra cuadra con calle Coronel Bueras, cuando, según contó, se detuvo un automovil de color azul con un hombre que la invitó a subir. “Suba rápido, yo la llevo a su casa” – recordó que le dijo. Del Villar estaba tan choqueda, que obedeció como una automata. El chofer le habló de muchas cosas mientras la llevaba a su casa en Vitacura. Tantas, que después las olvidó sin explicación alguna.

En tanto, los habituales al Jaque Matte salieron corriendo a la calle cuando esucharon el grito de las mujeres. Cuando llegaron al lugar, parecía que era demasiado tarde. Ahí yacía el cuerpo inerte de una de las clientas del lugar. No entendían, no había nadie ahí y estaban seguros que la habían visto acompañada de otra mujer. Alguien dijo que fue un automovil, no era primera vez, ya se hacía cotidiano por esos días que de la nada aparecieran autos marca “Opala” atropellando a algún sospechoso del régimen. Llamaron a Carabineros y llegaron con la “CIAT” (Unidad especializada en accidentes del Tránsito) a tomar fotografías de la occisa que vestía unas botas negras, un abrigo verde y una chaleca de lana gris perla. “Pelo corto rubio, mediana estatura, tez blanca, contusiones por todo su cuerpo”, recitaba el primer parte. Un carabinero con mala caligrafía escribio “María Briones Pujio” y agregó que según su teoría se trataría de una “prostituta”.

El Servicio Médico Legal al parecer no quiso dar una hipótesis contraria a la teoría del teniente. La doctora de Tatonología América González Figueroa- la misma facultativa que saltó a la palestra por el caso del patio 29 veinte años después- concluyó exactamente lo mismo: se había tratado de un accidente automovilistico que le había provocado a la occisa, un “traumatismo cráneo encefálico facial” no a golpes atribuibles a puños.

Después vino lo más triste. Informar a su familia: su padre, su madre, su abuela y su hermana. Sus amigas, sus millones de amigos, repartidos por todos lados y desaparecidos en estos instantes. Había mucho miedo, mucho temor, cualquiera podía ser el próximo o la próxima. Era mejor guardar las apariencias. Así y todo, para su funeral en la Capilla Nazareno de calle Manuel Montt, aparecieron muchos. La llevaron al Cementerio General donde la cremaron para luego dirigirse a la Caleta de Horcón, en la Quinta región. Ëse era el lugar predilecto de Mónica. Ahí, en ese mar que tantas veces la vio deambular, fueron arrojadas sus cenizas. En tanto, algunas de sus amigas se juntaban en el mitico bar “Quita Penas” ese que queda frente al Cementerio. No podía volver a pasar. Había que organizarse, decían convencidas. Así nació Ayuquelén, la primera agrupación lésbica en Chile, pero eso ya es otra historia.


* Este reportaje es la primera parte de una investigación periodística que se está preparando en torno al caso. El adelanto es publicado como un homenaje al cumplirse este mes de julio, 23 años de la muerte de Mónica, quien habría cumplido el pasado 8, la edad de 57 años.
** Pedro Lemebel “Las amazonas de la colectiva lésbica Ayuquelén”. Artículo gentileza www.cuds.cl.


¿Quién mató a Mónica?

  • - La causa se abrió en 1985, cuando el padre de Mónica interpuso una querella por cuasi delito de homicidio. La decisión fue adoptada ante los reiterativos sucesos extraños que le ocurrieron a diferentes miembros de la familia después de su muerte.
  • - En la morgue, un Carabinero le entregó un papel a su hermana Cristina con los datos de Gloria del Villar, indicándole que ella tenía relación con la muerte de Mónica. También, en esos duros días, un primo de Mónica recibió la llamada de una misteriosa mujer que le indicó ver cuándo asesinaban a su prima a golpes en plena vía pública y ante la presencia de su amiga, Gloria.
  • - La aludida recién fue ubicada a principios de 1986 en el norte del país. Prestó su primera declaración como única testiga de los hechos, pero cambio muchas veces su versión de cómo ocurrio la golpiza y por qué ella se fue de ahí, dejando a su amiga en la calle. Incluso, en sus primeras declaraciones, omite cualquier referencia al lesbianismo de Mónica.
  • - Alfredo Etcheberry ya gozaba del prestigio que tiene hoy como uno de los abogados más respetados y reconocidos en Chile. Ayudó a los Briones Puccio porque se lo pidio la Pastoral Católica y representó a la familia en el caso. En la familia, sólo su hermana, Cristina, sabía del lesbianismo de Mónica y conocía a algunas personas de su círculo de amistades.
  • - En esos años, el abogado se dedicó a interrogar a todos los conocidos de Mónica y a ubicar a cada uno de ellos que aparecían en una agenda telefónica que se encontraba en poder de la victima al momento de su deceso y que recién pudo recuperar a principios de los 90.
  • - Otra corriente de su investigación derivó en que el crimen de Mónica, fue por encargo, ya que habría mantenido una relación sentimental y extra marital con una mujer casada. Gloria del Villar lo confirma en una de sus declaraciones. En el texto final del expediente, Gloria indica: “Me costó y me sigue costando superar este incidente que jamás se ha borrado de mi mente como fue ver morir a una persona querida a manos de un salvaje”.
  • - El líbelo judicial estuvo cerca de 10 años en los antiguos Juzgados del Crimen. Muchas veces estuvo a punto de sobreseerse al no encontrarse culpables. Se cerró definitivamente en septiembre del año 1995, pese a los reiterados intentos del abogado Etcheberry por continuar indagando. En su análisis final, declaró como principal sospechosa del crimen a Gloria del Villar, sin embargo, dicha tesis no fue acogida por la Corte. La razón fue que “no existen indicios suficientes para acusar a determinada persona como autor, cómplice o encubridor”.


Su caso en el siguiente video

Santiago, 1984. La artista Mónica Briones Puccio inicia una relación con Natalia, la cual estaba casada con un agente de la CNI. El agente se entera de la infidelidad de su esposa y Mónica empieza a ser víctima de extrañas persecuciones de neonazis. Después del cumpleaños número 34 de Briones, testigos afirman que un desconocido “con pinta de nazi”, la golpeó violentamente hasta asesinarla. Su muerte origino la primera organización lésbica de chile, Ayuquelén.



domingo, 8 de septiembre de 2013

Violaciones con perros y ratones en la vagina: 8 relatos de la dictadura para no olvidar jamás



- Mujer, detenida en octubre de 1973. Relato de su reclusión en el Regimiento Arica, La Serena, IV Región

“[...] embarazada de cinco meses, fui detenida y hecha prisionera. Estuve un mes y medio incomunicada en la Cárcel del Buen Pastor, y sometida en el Regimiento Arica a vejámenes y torturas, entre las cuales debo, como denuncia, mencionar: [...] instada a tener relaciones sexuales con la promesa de una pronta liberación; obligada a desvestirme, acariciada en los pechos y amenazada de recibir las visitas nocturnas del interrogador; golpes de electricidad en la espalda, vagina y ano; uñas de las manos y pies fueron arrancadas; golpeada en varias ocasiones con bastones de plástico y con culatas de rifles en el cuello; simulacro de fusilamiento, no me mataron pero debí escuchar como las balas silbaban a mi alrededor; obligada a tomar e ingerir medicinas; inyectada en la vena con pentotal, bajo la severa advertencia que sería hipnotizada como único medio de declarar la verdad; colocada en el suelo con las piernas abiertas, ratones y arañas fueron instaladas y dispuestos en la vagina y ano, sentía que era mordida, despertaba en mi propia sangre; se obligó a dos médicos prisioneros a sostener relaciones sexuales conmigo, ambos se negaron, los tres fuimos golpeados simultáneamente en forma antinatura; conducida a lugares donde era violada incontables y repetidas veces, ocasiones en que debía tragarme el semen de los victimarios, o era rociada con sus eyaculaciones en la cara o resto del cuerpo; obligada a comer excrementos mientras era golpeada y pateada en el cuello, cabeza y cintura; recibí innumerables golpes de electricidad [...].”


- Mujer 16 años, Región Metropolitana, 1975.

“Fui violada, me ponían corriente, me quemaron con cigarrillos, me hacían “chupones”, me pusieron ratas. Creo que estuve en [recinto secreto de la DINA] me amarraron a una camilla donde unos perros amaestrados me violaron. Estaba siempre con scotch, después una venda y después una capucha. Se reían, nos ofrecían comida y nos daban cáscaras de naranjas. Nos despertaban de noche para perder la noción del tiempo.”


- Niña de 14 años, VII Región, 1973. Estuvo detenida 12 días en la cárcel sin registrar proceso y egresó por falta de méritos.

“Fui llevada a [unrecintodelEjército] y fui objeto de abuso sexual. Nos llevaron detenidas con mi hermana y una amiga. Yo fui la primera en ser interrogada. Me hicieron pasar auna pieza donde había tres milicos con su rostro tapado, tenían una bolsa negra en la cabeza , uno por uno me hacían preguntas, pero yo no sabía nada por lo tanto no podía responderle nada. Entonces uno de ellos se bajó los pantalones y sacó su pene y me obligó a que se lo tenía que enderezar con mi boca. Después vino el otro y el otro. En total fueron tres milicos que tuve que enderezárselo, el último se fue en mi boca, no sé quienes fueron o cómo eran porque estaban encapuchados. Lo único que sé es que mi vida nunca volvió o volverá a ser como antes, ya que en ese tiempo era solo una estudiante. Por lo ocurrido no pude continuar estudiando hasta ese momento (…) lo único que sé es que no puedo olvidar nada.”


- Mujer, detenida en septiembre de 1974. Relato de su reclusión en la casa de la DINA de José Domingo Cañas

“Fui golpeada en diversas partes del cuerpo. Nuevamente fui manoseada y obligada a presenciar la tortura de mi esposo. Fui desnudada y amarrada a un catre metálico en el que fui golpeada. Estaba embarazada con 6 meses de gestación.”


- Mujer. Región Metropolitana, 1975.

“En un recinto secreto fui torturada, amarrada y vendada. Me dieron de golpes de pies y puños. Me aplicaron electricidad en diversas partes del cuerpo. Me volaron los dientes delanteros de un culatazo. Sufrí abusos sexuales y reiteradas violaciones que resultaron en un embarazo.”


- Hombre, detenido en septiembre de 1973. Relato de su reclusión en el Fuerte Borgoño, VIII Región

“[...] me pusieron algodón en ambos ojos, luego huincha adhesiva encima y un capuchón negro amarrado a la nuca, me ataron de pies y manos fuertemente y me hundían en un tambor de esos de aceite de 250 litros que contenía amonia, orina, excrementos y agua de mar, así me sumergían hasta que mi respiración no daba más, ni menos mis pulmones y la volvían a repetir una y otra vez, acompañados de golpes y preguntas, eso era lo que llamaban ellos en tortura el famoso submarino.”


 - Hombre, detenido en septiembre de 1973. Relato de su reclusión en la Isla Quiriquina, VIII Región

“[...] nos desnudaron y nos pusieron en una jaula, al mismo estilo como transportan los leones de un circo, pero la diferencia era que la de nosotros estaba rodeada de alambres de púas, estábamos a exhibición [...].”


- Hombre, detenido en septiembre de 1973. Relato de su reclusión en la Base Aérea Cerro Moreno, II Región

“[...] Siguieron las golpizas por largo rato y después de algunas horas, finalmente, cesaron de maltratarnos. Nos encerraron en una especie de jaula de alambre de púa, tirados en el suelo, desnudos y al aire libre. Era demadrugada, hacía mucho frío. Tiritábamos bajo la brisa helada del desierto. Al interior de esa jaula nos encontrábamos amontonados unos sobre otros, por lo que a cualquier intento para acomodarnos provocábamos el dolor de algún compañero. A uno de ellos le habían quebrado la clavícula. Desgraciadamente quedé en una posición incómoda, lo que ocasionó nuevos dolores.”




sábado, 27 de octubre de 2012

Dramático Testimonio de Torturado por Labbé: “Escuchábamos los gritos de las mujeres pidiendo que no las violaran”





En el año 2006, el ex presidente de la pesquera Arauco Anatolio Zárate, presentó una declaración jurada donde asegura que fue torturado por el ex guardaespaldas de Pinochet, último ministro secretario general de la dictadura y actual alcalde de Providencia Cristián Labbé. El Diario La Nación acompañó a Zárate al Regimiento de Tejas Verdes, donde revivió el infierno y tuvo un dramático encuentro con otros ex detenidos.

 Para el 11 de septiembre de 1973, el oficial de la marina mercante Zárate se desempeñaba como presidente y jefe de flota de la estatizada pesquera Arauco en San Antonio. Como tal, representaba al Presidente Salvador Allende en el directorio de la empresa. Además, Zárate era militante del Partido Socialista, hijo de un connotado ginecólogo y amigo personal de Allende. Su hermano era ahijado del Presidente. Motivos suficientes para encabezar la lista de los más buscados en el puerto.

El día del golpe de Estado fue detenido en su casa de calle Luis Alberto Araya de San Antonio por un oficial de reserva del Ejército y un grupo de conscriptos. Los militares allanaron la residencia, lo interrogaron por casi dos horas y le comunicaron que estaba bajo arresto domiciliario. Nueve días después, el 20 de septiembre de 1973, fue enviado al Regimiento de Ingenieros Militares de Tejas Verdes, donde permaneció detenido hasta el 30 de octubre, acusado -al igual que muchos- de participar en el falso Plan Z.  En ese recinto comenzó su calvario. En diciembre de 2004, Zárate prestó declaración ante el juez Alejandro Solís en el marco de la investigación por la querella presentada por las víctimas de Tejas Verdes.

“Al llegar al regimiento me tuvieron con la frente apoyada en un muro, las manos atadas a la espalda y las piernas separadas desde las diez de la mañana hasta las siete y media de la tarde, aproximadamente. Después (…) me llevan al campamento de prisioneros, lugar donde permanezco 15 días a la intemperie, durmiendo al aire libre”.
Días después hicieron dormir a los prisioneros en mediaguas construidas por ellos mismos. En ese período, Zárate asegura haber visto al regidor y presidente de la CUT de San Antonio, Luis Norambuena, y Ceferino Santis, dirigente del PS de la ciudad, que actualmente figuran como detenidos desaparecidos. En la declaración de 2004 que dio Zárate, uno de los últimos en ser llamado a testificar ante Solís, relata los vejámenes que escuchó y los apremios a que fue sometido:

“Nos hacían esperar debajo de la sala de torturas, donde escuchábamos los gritos de los torturados, los gritos de las mujeres que pedían que no las violaran. En la sala de tortura me aplicaban electricidad, sufrí colgamientos, golpes de pies y manos y el submarino de excremento”.

“También nombró a otros ex detenidos de San Antonio, entre ellos Ana Becerra, Mariela Bacciarini y Luis Sepúlveda. Además, Zárate declaró ante Solís que en su último interrogatorio logró ver a “un teniente que era uno de los principales torturadores; era alto, macizo, rubio, pecoso, pelo liso, muy salvaje y sé que se llamaba teniente Labbé, no sé su nombre de pila”.

domingo, 10 de junio de 2012

Mujeres violadas en la dictadura chilena rompen su silencio con historias dramáticas



Después de 37 años del golpe militar en Chile, miles de mujeres violadas en la dictadura de Augusto Pinochet han roto su silencio sobre una violencia sexual que hasta ahora se mantenía oculta. Tras ser reabierta en febrero pasado, la Comisión sobre Prisión Política y Tortura, que en 2005 certificó más de 28.000 casos de tortura cometidos durante el régimen militar, ha recibido miles de testimonios de detenidos desaparecidos, ejecutados y víctimas de prisión y tortura que ahora deberá estudiar. Este es el caso de las mujeres que fueron violadas de forma sistemática y generalizada durante la dictadura (1973-1990) y que hasta ahora no habían compartido sus experiencias por vergüenza, pudor y miedo a enfrentar un pasado que desean olvidar.

Entre quienes están decididas a poner punto final a esta situación está Patricia Herrera, una militante del Partido Socialista que fue detenida la noche del 27 de junio de 1974 "por pensar distinto".
Patricia, que entonces era una estudiante universitaria de 19 años, siempre ha contado su historia por "compromiso moral y ético con la gente que ya no está".
"Desde el momento en que eres detenida, te ponen una venda en los ojos y te amarran, pierdes la condición de ser humano. Yo sentí que me estaba muriendo, que caía en un hoyo en el que no había presente, pasado y futuro; no había nada. Fue mi primera muerte", explicó a Efe.
Esta mujer, que nunca dejó de luchar ni perdió la ilusión por la vida, fue llevada a un centro de detención y tortura que había en esa época bajo la Plaza de la Constitución, frente al Palacio de La Moneda, donde mientras la tenían encañonada con una pistola la violaron sistemáticamente los once días que estuvo allí.
"La primera noche fue la peor", recuerda. Amarrada y vendada sobre una colchoneta, forcejeaba inútilmente para evitar que los guardias la violaran en presencia de sus compañeros también detenidos, entre los que estaba su novio.
"Fue atroz, fue el peor día de mi vida", relató a Efe.
De allí, Patricia Herrera fue llevada al centro de tortura de la calle Londres, adonde llegó casi inconsciente a causa de una infección que no le permitía ni mantenerse sentada, y de ahí a un pabellón secreto en el que se convirtió en una "desaparecida", antes de ser conducida a un campo de concentración.
Pese a haber sufrido todo tipo de vejaciones para quebrar su fortaleza, aprendió a sobrevivir.
"Aprendí que algo es bueno dependiendo de donde vengas, y yo venía de algo muy terrible. El ser humano se acomoda a todo y puede sobrevivir".
El 2 de septiembre de 1975, Patricia fue puesta en libertad y partió al exilio. Al llegar a París hizo un gran esfuerzo por superar lo que acaba de vivir.
"Tengo 20 años, es verano y hay flores en todas partes. Yo estoy aquí, viva, así es que, ¡adelante!", se dijo.
Tras un mes de hospitalización, retomó sus estudios, terminó su doctorado, trabajó como activista pro derechos humanos y viajó a Cuba donde se enamoró y tuvo una hija, hasta que en 1991 pudo volver a un Chile "totalmente distinto al que había dejado".
Retomó su vida, volvió a la misma casa donde la detuvieron y al partido que nunca dejó, pero siempre recordará lo que pasó.
"Hay cosas que nunca se olvidan, uno no puede salir de todo esto sin marcas", reconoce esta mujer que siempre tuvo claro por qué luchaba.
"No soy una pobre mujer; soy alguien que sufrió cárcel, tortura y exilio y que no se arrepiente de nada en su vida".
Tampoco Catalina Palma lamenta lo que hizo. Ella, militante también del Partido Socialista, fue detenida el 25 de noviembre de 1975 en Buenos Aires, en el marco de la "Operación Cóndor", como se denominó a la operación coordinada entre las dictaduras militares del Cono Sur americano para asesinar a opositores en los años setenta y ochenta.
"Nunca piensas que vas a ser detenida y torturada, por eso eres capaz de hacer cosas, porque tienes cero sentido del miedo", explicó Catalina a Efe al recordar el calvario en la cárcel argentina donde permaneció un año sometida a torturas y todo tipo de violencia sexual.
"Tenía miedo, estaba aterrorizada. No pensaba más que en vivir y sentir", explica.
A pesar de ello, Catalina, que cumplió los 27 años en la cárcel, rehizo su vida durante su exilio en Inglaterra, tuvo un hijo y volvió en 1986 a Chile, donde hoy trabaja en la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica.
Como Catalina y Patricia, 3.399 mujeres rompieron su silencio y presentaron sus casos ante la comisión que presidió el obispo Sergio Valech y cuyo trabajo permitió en 2005 que 27.255 personas accedieran a medidas de reparación.
Casi todas fueron víctimas de violencia sexual y 316 reconocieron haber sido violadas, según datos que facilitó a Efe la Corporación Humanas, un centro de estudios que promueve los derechos de la mujer y que reclama que la violencia sexual sea considerada una forma de tortura.
"Lo que tradicionalmente se vincula a la tortura son la parrilla y los golpes" porque predomina "una mirada absolutamente machista", declaró a Efe Carolina Carreras, presidenta de esta organización.
La Corporación Humanas critica que no haya un solo proceso judicial que revele la auténtica dimensión de este tipo de agresiones.
"En la memoria de este país y de las atrocidades de la dictadura tiene que aparecer la violencia sexual, porque eso nos asegura que que nunca más ocurra", concluyó. EFE


La Historia Oculta del Régimen Militar

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