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miércoles, 11 de septiembre de 2013

El informe secreto de Pinochet sobre los crímenes


Por : Mónica González en Reportajes de investigaciónPublicado: 10.09.2013


Una investigación ordenada por el general Augusto Pinochet y realizada entre marzo y abril de 1976 por su ministro de Defensa, general Herman Brady, sobre los “juicios instruidos contra personal del Ejército por abuso de sus funciones” revela episodios desconocidos de la violencia indiscriminada después del Golpe, agrega numerosas víctimas que no aparecen consignadas en el Informe Rettig y demuestra que las autoridades del régimen conocieron los crímenes y sepultaron sus huellas.

En marzo de 1976, Augusto Pinochet ordenó investigar las violaciones a los derechos humanos cometidas por sus tropas. Así, como suena. El anuncio de la visita de una delegación de parlamentarios demócratas norteamericanos, la inminente reunión de la OEA (en junio) en Santiago además de las crecientes condenas a Chile por la violación a los derechos humanos provocaron la insólita decisión. Ordenó informar y sus subordinados lo hicieron. En un extenso documento se detallan 93 casos de asesinatos, violaciones a mujeres y torturas. Lo que devolvieron las fiscalías militares no fue del agrado del entonces presidente de la Junta Militar. No era presentable. El informe ordenado por Pinochet desapareció. Nadie más supo de su existencia.
El general lo pidió en cuanto se enteró de la visita a Chile de los congresales estadounidenses Toby Moffett, George Miller y Tom Harkin. Y peor: los extranjeros pedían una audiencia con Pinochet para plantearle las graves violaciones a los derechos humanos que se cometían en Chile. Pinochet estaba frenético. Todavía repercutían los ecos del reportaje publicado sólo días antes por The New York Times revelando, por primera vez, las discrepancias en la Junta Militar en torno al poder de Pinochet y de la DINA, y también frente el conflicto mayor: los plazos para la llamada “normalización” del país.
General Gustavo Leigh
El influyente diario norteamericano no inventó la crónica. Sus reporteros obtuvieron una detallada información de lo que ocurrió en la sesión de la Junta Militar del 5 de enero de 1976. Fue el general Gustavo Leigh quien abrió el fuego. Con un tono más agudo que el habitual en esos días de soterrado conflicto con el presidente de la Junta, le pidió que levantara el Estado de Sitio y dictara un Acta Constitucional resguardando los derechos ciudadanos. Pero no se quedó ahí. Hizo una pausa y con voz más alta y enérgica pidió que el coronel Manuel Contreras fuera sacado de la dirección de la DINA. Mendoza, como era su costumbre, calló y agachó la vista. Y Pinochet, rojo de ira, optó por la salida más conveniente: dio por terminada la sesión. La prensa nacional nada informó.
En esos precisos días la batalla entre la DINA y la DIFA (Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea) se había agudizado. Con despliegue de armas los hombres de ambas reparticiones se disputaban en las calles su botín de guerra: los prisioneros que más tarde figurarían en la nómina de detenidos desaparecidos. Y en ese preciso mes de marzo, Contreras iniciaba su plan más ambicioso.
En la tranquila calle Doctor Charlin (N° 1475) de Providencia, la DINA instalaba un cuartel tan secreto como sus cárceles. Desde allí se estructuraría el sistema de financiamiento de los batallones de la “Operación Cóndor”, el plan de coordinación con los servicios de Seguridad de las otras dictaduras del Cono Sur. En ese mismo mes de marzo, el general Jorge Rafael Videla asumía como jefe de la dictadura en Argentina. Días más tarde, Contreras se haría ungir en escritura pública –con la firma del Ministro de Economía y del director ejecutivo de la Corfo– como presidente de la Pesquera Chile. Más de 30 empresas y millones de dólares del presupuesto nacional –que salían en partidas secretas– alimentarían el terrorismo internacional.
Pinochet no estaba dispuesto a ceder poder ni a licenciar a Manuel Contreras. Tampoco podía desafiar a los parlamentarios estadounidenses y menos a los delegados a la crucial reunión de la OEA que se desarrollaría en Santiago. Ambas cosas más la delación interna de los crímenes podían hacerle perder los 25 millones de dólares que el FMI acababa de otorgarle y los 150 millones más que le anunciaba el BID.
Por eso uno de sus más estrechos aliados, el general Raúl Benavides, ministro del Interior, organizó un inusual y sorprendente “acto de desagravio” a su jefe. El 27 de enero de 1976 ocho mil soldados desfilaron desafiando la “afrenta del enemigo”. Toda una parafernalia destinada a demostrar a los “dubitativos” del régimen la férrea unidad en torno a su único conductor: Pinochet.
Pero la única guerra que libraba los hombres de Pinochet era contra chilenos. Mientras algunos se envolvían en una burbuja disfrutando con la Unión Española como único líder del fútbol local y repletaban los cines para conmoverse con los sufrimientos de Papillón, en esas precisas horas, decenas de ciudadanos yacían torturados y moribundos en las cárceles secretas de la DINA. Lo que se vivía en muchos sectores del país eran los efectos de un Ejército de ocupación.
9 de marzo de 1976. Ese día Pinochet le envió un oficio “secreto” –ver facsímil– a su ministro de Defensa, general Herman Brady, pidiéndole con extrema premura “una información completa de las Fiscalías, Consejos de Guerra y/o Juzgados Institucionales” con los procesos instruidos contra militares “frente a denuncias hechas por particulares por posibles infracciones a los artículos 150 del Código Penal o 330 del de Justicia Militar, según corresponda; o con arreglo a lo prevenido en la legislación general del país y en especial en el artículo 1° del Decreto Ley N°1.009 del 8 de mayo de 1975”.
Bajo el enunciado “numerosas personalidades han solicitado audiencia al Presidente de la República para plantearle entre otras materias, sus inquietudes sobre la aplicación práctica en la protección a los derechos humanos”, se pidió un resumen con ítems precisos de causas cuyo desglose pudiera ser usado por Pinochet para mostrar frente a los demócratas de Estados Unidos los castigos ejemplarizadores que el Ejército había llevado a cabo en todo el país para controlar todo abuso de poder.
De su puño y letra, Pinochet tarjó –en otro documento, un borrador– que la información era requerida frente a la “próxima visita de tres congresales de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos”. Lo cambió por “necesidad de conocer estado de procesos e investigaciones a funcionarios que se han propasado en sus atribuciones”.
El jefe del Estado Mayor del Ejército, general Gustavo Álvarez, debió transmitir la urgencia de Pinochet a Brady.
Brady le respondió a Pinochet el 30 de abril. El enunciado del escrito –rotulado también como “SECRETO”– señalaba los verdaderos objetivos del informe: “Remite antecedentes solicitados por el Presidente de la República y otros solicitados por la Delegación de Chile ante la Conferencia de la O.E.A.”
La comisión chilena ante la OEA había pedido información acerca de cinco casos, además de estadísticas. Entre ellos figuraban el baleo de la doctora Sheila Cassidy y la muerte de Dagoberto Pérez.
El contenido de la investigación desarrollada por el Ejército –que entrega información y detalla el contenido de 93 procesos en la Justicia Militar– llegó a las manos del general Pinochet. Leerlo es casi como leer los informes de un Ejército de ocupación que comete todo tipo de tropelías sin límite: asesinatos, torturas, robos, desaparecidos y violaciones a niñas de sólo 12 ó 14 años.
La mayoría de las víctimas del informe no se encuentran incluidas en el documento oficial de la Comisión Rettig. También, en las nóminas de Brady aparecen ciudadanos “N.N.” que fueron ejecutados y cuya desaparición nunca fue denunciada.
La lista de Brady contiene el detalle de 93 juicios que la Justicia Militar tuvo en sus manos por crímenes cometidos por uniformados y que en su amplia mayoría terminaron sin condena. Un informe que fue sepultado en el escritorio de Pinochet un día de abril de 1976.
Muerto por abrir la puerta. De entre las causas por “homicidio” que informa el Juzgado Militar de Santiago a Brady, varias merecen ser transcritas.
General Herman Brady durante su juramento
Bajo el ROL N °502-73 se encuentra el proceso iniciado el 24 de octubre de 1973: “El 23 de octubre de 1973, alrededor de las 23.15 horas, Miguel Estol Mery fue muerto en el interior de su domicilio ubicado en Avenida Manquehue Sur N° 600, por una ráfaga de fusil SIG que lo alcanzó en la región mamaria superior externa derecha y en el flanco derecho del abdomen. El autor de los disparos fue el cabo Víctor Muñoz, integrante de una patrulla compuesta por personal de la Academia Politécnica Militar, la que, en cumplimiento de órdenes superiores, ubicaba en ese domicilio a Miguel Estol hijo, quien días antes había tenido un altercado con un subteniente de esa unidad. El señor Estol, al sentir ruidos en el exterior, salió afuera y al ver a los militares se paralogizó y regresó corriendo al interior de su casa siendo impactado por el citado cabo en los momentos en que trataba de cerrar la puerta de su morada”.
La denuncia fue presentada por el abogado Álvaro Larraín. El dictamen de la justicia: condena a 5 años y un día por el delito de violencia innecesaria causando la muerte. Pero la sentencia definitiva fue otra: “Absuelve por no haber convicción de haberse cometido un hecho delictivo”. Dictamen aprobado por el comandante en jefe de la II División de Ejército.
Miguel Estol no figura en el Informe Rettig.
La marihuana mata. Tampoco figura en el Informe Rettig el caso de Orlando Zambrano Sepúlveda, muerto de un disparo el 28 de abril de 1974 a manos de una patrulla del Regimiento Buin, cuando –según la misma investigación que registra el parte–, se encontraba en calle Muñoz Gamero esquina de Andrés Olivar, a las 15:30 horas, en compañía de otros nueve jóvenes.
El parte que consigna el juicio ROL N°474-74 dice: “A esa hora una llamada telefónica al Regimiento Buin, denunció que un grupo de más de 10 personas se hallaba fumando marihuana” en la mencionada esquina. El joven Zambrano falleció en la persecución.
El caso fue sobreseído. La justicia militar dictaminó que el hecho no era constitutivo de delito.
Arrancando el cuero cabelludo. Hay escenas de salvajismo. El 3 de abril de 1974, se inició una investigación (ROL N°514-74) a partir de un parte enviado por la 5ª Comisaría de Carabineros el 25 de marzo de ese año. Los policías habían encontrado en un sitio eriazo de Américo Vespucio Norte esquina Recoleta los cuerpos sin vida de Jorge Sandoval Astorga y Carlos Estay Miranda.
El parte policial es conciso pero aterrador: “El día anterior, los sujetos habían sido interceptados en General Gamboa esquina Cardenal Caro por una patrulla de soldados que viajaban en un bus E.T.C. quienes les cortaron el pelo y arrancaron el cuero cabelludo al fallecido Estay”.
La denuncia se centró –formalmente– contra una patrulla de la Fuerza Aérea y fue sobreseída temporalmente “por no haber indicios para acusar de autor a determinada persona”. El sobreseimiento fue confirmado más tarde. Ninguno de los dos asesinados figura en el Informe Rettig como víctimas de violencia.
Cantar era delito. Otra de las víctimas que no figura en el Informe Rettig es Manuel Segundo Palma Henríquez. Su juicio por homicidio lleva el ROL N°756-74 y fue iniciado el 8 de agosto de 1974.
El parte enviado por la Tenencia Roosevelt el 30 de diciembre de 1973, señala que ese día a las 09.30 horas, a raíz de una llamada telefónica, el cabo José S.S. junto al carabinero Luis J.O. se constituyeron en la ribera norte del río Mapocho, frente al Campamento Tania. En el lugar, se encontraba el cadáver de Palma Henríquez, con heridas a bala en distintas partes del cuerpo. El parte policial consigna: “La madre del difunto señala que el día anterior, Segundo Palma fue sacado desde el interior de su casa por militares debido a que se encontraba cantando a viva voz y diciendo garabatos. Los militares no fueron identificados”.
El caso también fue sobreseído.
EL SUBTENIENTE LOCO. La locura como causal de ineptitud para ser juzgado no es monopolio de Pinochet. También lo era un año después del Golpe militar. Así lo estableció la justicia militar en el proceso caratulado con el ROL N°890-74, iniciado el 12 de noviembre de 1974, a partir de la detención de Agustín Contreras Santander y Manuel Jesús Valencia Cáceres “por presuntas injurias proferidas contra las FF.AA. y la H. Junta de Gobierno”.
Ambos detenidos fueron llevados hasta el Cuartel de la Sub-Agrupación “Yungay”, donde quedaron detenidos. Al día siguiente, dice el informe, “asumió servicio como Oficial de Guardia el subteniente de reserva Juan Martínez Oyaneder, quien impuesto de la existencia de los dos detenidos mandó traerlos a su presencia y sin motivo racional aparente les causó lesiones que en definitiva les causaron la muerte. Acto seguido, procedió a enterrarlos en una fosa que él mismo había cavado. Se encuentra establecido que el oficial se hizo asesorar por el sargento 2° de reserva Gustavo Marambio Olmos y los soldados conscriptos Arcadio Lobos Cisterna y Luis Castro Guajardo, quienes violentaron físicamente a los detenidos produciéndoles -–en opinión del Fiscal Instructor– lesiones de carácter leves”. El Consejo de Guerra condenó a 15 años y un día a Martínez por homicidio calificado. Sus subalternos se llevaron 60 días de arresto militar como cómplices.
La sentencia, sin embargo, terminó ordenando nuevas diligencias “relativas al estado psíquico del acusado Martínez” y terminó sin condenas.
MILITARES QUE DENUNCIAN. Las aberraciones no son exclusivas de Santiago. En el Juzgado Militar de Concepción, la muerte de José Tiznado Aguayo, el 16 de junio de 1974 y denunciada por un cabo 2° del Ejército, también fue sobreseída. El juicio lleva el ROL N°858-74, no tiene mayores precisiones, salvo la identificación del “autor”. Tiznado tampoco aparece en el Informe Rettig.
Y existe otro proceso, más extraño. Iniciado por el jefe de la 2ª comisaría de Carabineros de Chanco en funciones el 21 de noviembre de 1973. El policía denunció el homicidio de Juan Villaseñor Jara (juicio ROL N°11-73) e identificó a los soldados José Sepúlveda Vergara y Raúl Aguilar Oyarce como los autores. El fiscal del caso, a juzgar por la sentencia que propuso, estaba por sancionar aunque fuera tibiamente los hechos:
“Solicita se condene a los soldados a la pena de 5 años y un día de presidio mayor en su grado mínimo, como autores de la muerte de Juan Villaseñor Jara, en circunstancias que los soldados lo sorprendieron conduciendo un vehículo con luces apagadas y lanzarlo encima de los soldados”. Pero el Consejo de Guerra absolvió a los militares.
Tuvieron que pasar los años para que el Informe Rettig le hiciera justicia a Villaseñor: “Tenía 37 años, era casado y tenía dos hijos. Era buzo submarino, pequeño industrial de la zona y militante de la Democracia Cristiana. El 21 de noviembre de 1973 transitaba en su vehículo en mal estado, había tenido un altercado. Estas personas dispararon a la cabina, resultando el conductor con un impacto en la cabeza sin salida de proyectil que le provocó su muerte instantánea, constituyendo este hecho un abuso de poder”.
SANCION EN ESCUDOS. En Talca se desarrolló un juicio que llama la atención. Bajo el ROL N° 024-74, se registra el proceso seguido por la Fiscalía de Ejército de esa ciudad y que tuvo como denunciante al Comisario Subrogante de la 3° Comisaría de Talca. El fiscal pidió condenar a Jaime Puebla, a la época capitán de Ejército, como autor del delito de lesiones graves a Jaime Achurra García; y a la pena de tres años de presidio menor en su grado medio como autor del delito de homicidio de Francisco Silva Parot”.
El Consejo de Guerra condenó a Puebla a “una multa de E° 600 (escudos) por lesiones y a 3 años de presidio por homicidio. No se remite la pena. Resolución del comandante en jefe de la III División del Ejército”.
Silva Parot tampoco aparece en la nómina de víctimas de violencia política en el Informe Rettig.
EXTRAÑO CUMPLIMIENTO DEL DEBER. El comandante en jefe de la III División, no actuó de la misma manera en otro juicio cuya víctima no está incluida en el Informe Rettig. Se trata del proceso que aparece bajo el ROL N° 232/74, iniciado el 20 de marzo de 1974, en el que aparece como denunciante el subteniente del Grupo de Artillería N°3 Silva Renard, Marcelo Palma Fontana.
El fiscal pidió sobreseer definitivamente la causa “respecto de la muerte a bala ocasionada a Hugo Gómez H., por el cabo 2° del Ejército José Romero Fuentes, por haber actuado en actos propios del servicio en cumplimiento del deber”. La resolución del comandante en jefe de la III División del Ejército fue sobreseer temporalmente la causa.
FALSEANDO LA HISTORIA. Uno de los juicios que grafica cómo actuaba la justicia militar de la época, es el que da cuenta del homicidio de Oscar Arros Yáñez, de Concepción. Bajo el ROL N° 797/75, y con fecha 30 de noviembre de 1975, el resumen del fiscal indica: “Da cuenta del accidente ocurrido en operativo practicado por personal del CIRE de Concepción (el que dirigía en calidad de subrogante  el capitán de fragata Hugo González D’Arcangeli), causando la muerte de Oscar Arros Yánez al tratar éste último de arrebatarle el arma que portaba Arturo Calderón Passalacqua. En el forcejeo se disparó un tiro impactando a Arros. Se solicita sobreseer total y definitivamente la causa a favor del funcionario Arturo Calderón en razón de hallarse el autor exento de responsabilidad criminal”.
Y así lo hizo el comandante en jefe de la III División del Ejército. Pero el Informe Rettig cuenta otra historia: “Arros, de 27 años, casado, una hija, era estudiante de la Universidad Técnica del Estado y trabajaba como tornero en la Empresa Nacional del Carbón (ENACAR). Militante del MIR, fue detenido en su lugar de trabajo el 26 de septiembre de 1975 por agentes de la DINA y llevado al Estadio El Morro de Talcahuano. El 28 de septiembre su cuerpo fue encontrado en la morgue del Hospital de Lota Bajo con evidencias de haber sido torturado y con impactos de bala”.
MUERTO EN LA OSCURIDAD EN VALDIVIA. En Valdivia, la situación no fue distinta. En la causa ROL N° 1.601/73, iniciada el 30 de noviembre de 1973, se dice en el resumen de la vista del fiscal:
“El día 28 de noviembre de 1973, el subteniente Marcos Aguirre, condujo la patrulla a su mando, compuesta por un SG. y un SLC., hacia el domicilio de Domingo Pérez San Martín, a quien sacaron de su casa, siendo golpeado y falleciendo al día siguiente a consecuencia de las lesiones descritas en los informes médicos. La Fiscalía pide que se le aplique al inculpado 541 días de presidio menor en su grado medio”.
El Consejo de Guerra sobreseyó a Aguirre “en consideración a que éste (el civil) adoptó una actitud rebelde y agresiva contra el personal militar, y como huyó hacia la oscuridad, el personal de la patrulla se abalanzó sobre él y lo redujo golpeándolo con las culatas de los fusiles”.
Pérez San Martín tampoco aparece en el Informe Rettig.
DESAPARECIDO. Ya en febrero de 1975 el Juzgado Militar de Valdivia ocupó la palabra “desaparecido” para iniciar un proceso por la “presunta muerte de Cardenio Ancura Manquean y otros desaparecidos durante los Operativos Militares efectuados durante el mes de octubre de 1973 en Lago Ranco”.
El juicio lleva el ROL N° 27-75 y tiene como denunciante a María Marian. El resumen del fiscal concluyó que, agotada la investigación “no ha sido posible establecer la comisión de delito alguno ni de responsabilizar a persona determinada”. El comandante de la IV División refrendó el fallo.
En el Informe Rettig, Cardenio Ancura Manquean tuvo su espacio. “Casado y con 4 hijos, era agricultor y también trabajaba como lanchero. Militante del PS, participó activamente del proceso de Reforma Agraria. Fue detenido por Carabineros de Lago Ranco y trasladado a la Tenencia de la localidad. De allí fue sacado el 16 de octubre junto a otras tres personas por efectivos de la Gobernación Marítima de Valdivia, dependiente de la Armada. Lo subieron a bordo del vapor Laja y lo ejecutaron, lanzando su cuerpo al lago con dos de sus compañeros. Los cadáveres nunca fueron encontrados”.
SINTESIS MORTAL. Una de las referencias más pequeñas del informe “secreto” -sólo 8 líneas- tiene relación con el juicio ROL N° 27-74. Textual:
“Fecha inicio: 23 de enero de 1974. Tribunal Instructor: Fiscalía Letrada de Valdivia. Tribunal Sentenciador: IV Juzgado Militar Valdivia. Individualización denunciante: Jefe Estado Mayor IV División. Individualización del denunciado: N.N. Resumen (vista) de los hechos: En operativo dispuesto por la superioridad fueron dados de baja los extremistas: Victoriano Matus Hermosilla, N.N., Manuel Paillán y N.N.”
Ni Paillán ni Matus aparecen en el Informe Rettig. Los otros dos “extremistas” N.N. tampoco.
LA HUELLA DE CHENA. En 1974, Rosa Silva Veliz denunció ante el II Juzgado Militar la detención de su marido, Franklin Antonio Valdés Valdés, contador administrador del Sanitario El Pino. La denuncia formó la causa ROL N°274-74. Valdés fue detenido en el hospital por una patrulla militar de la Escuela de Infantería de San Bernardo, comandada por el teniente Pedro Pablo Montobane y conducido al Campamento Chena donde habría sido muerto días después, según relata la denunciante basada en el testimonio de otros detenidos.
El cadáver fue conducido al Instituto Médico Legal, donde se le practicó la autopsia, la que concluye como causa de la muerte “estado asfíctico”. Los hechos habrían ocurrido entre el 28 de septiembre y el 4 de octubre de 1973”.
El dictamen de la justicia militar decretó el sobreseimiento temporal de la causa por no haber convicción de haber cometido el delito. En el Informe Rettig, Franklin Valdés sí aparece: “Murió de un estado asfíctico provocado por agentes del Estado”.
UN CAPITAN SIN JUICIO. El capitán de Ejército Sergio Valenzuela González se fue a retiro en junio de 1988 sin que jamás tuviera que responder por la muerte de Eliseo Segundo Jara Ríos y Pedro Muñoz Apablaza. Así lo dispuso la Fiscalía de Ejército de Valdivia.
El fiscal del caso estableció que Jara Ríos y Muñoz Apablaza murieron “a consecuencia de los proyectiles disparados por personal militar, en circunstancia que eran interrogados por el capitán Valenzuela y se dieron a la fuga”. Pidió el sobreseimiento definitivo. Y así se hizo. Pero la investigación de la Comisión Rettig estableció otra cosa: ambos fueron ejecutados el 27 de octubre en el fundo California.
EL TROZO QUE FALTA EN EL INFORME RETTIG. La muerte de Víctor Hugo Carreño Zúñiga no ocupa más de diez líneas en este informe oficial. Pero entrega la información que falta a lo que consigna el Informe Rettig para este joven de 21 años, soltero y presidente regional de la Juventud Socialista de Valdivia. En la Comisión de Verdad y Justicia se concluyó que Carreño “fue detenido el 4 de octubre de 1973, en su domicilio por personal del Ejército. Fue ejecutado el 5 de octubre durante horas de toque de queda”.
En el juicio que se abrió en Valdivia, y que lleva el ROL N°1.480/73 y tiene como fecha de inicio el 5 de octubre de 1973, el resumen del fiscal concluye: “El fallecimiento de Víctor Hugo Carreño se debió a que trató de huir del vehículo militar que mandaba el subteniente Alejandro Kraemer Pinochet, por lo que la patrulla le disparó. Se pide su sobreseimiento”.
El jefe militar de la zona aprobó su sobreseimiento.
SIN SENTENCIAS NI HUELLAS. El primer juicio del catastro con mención al delito de homicidio está registrado en la Fiscalía Militar de Calama. La víctima es Raimundo Bello S., y el acusado el cabo 2° del Ejército Martín Salamanca, del Regimiento N°15 de Calama. No hay sentencia y Bello no aparece en el Informe Rettig.
LOS NOMBRES QUE SE AGREGAN. El 17 de noviembre de 1975, la fiscalía letrada de Antofagasta inició juicio por el homicidio de Óscar Armando Leiva Jiménez. La denuncia la interpuso el CIRE de Antofagasta en contra del capitán de Ejército Luis Besamat Morales. Pero en 1976 no hubo resolución. En el Informe Rettig se estableció que Leiva, de 27 años, fotógrafo, era militante del MIR y fue ejecutado en casa de familiares por “un funcionario de Carabineros”.
Entre las víctimas por otros casos de homicidio que aparecen consignadas en estos juicios y que no aparecen en el Informe Rettig, figuran Luis Humberto Ferrada Piña, muerto el 4 de diciembre de 1973, en calle Buenaventura esquina Azteca, en Punta Arenas.
Los juicios dan cuenta de nuevas víctimas y atropellos, pero también revela que en esos días de terror hubo militares y carabineros que se atrevieron a denunciar la violencia y a sus autores y que pidieron justicia. Todo ello fue sepultado un día de abril de 1976.
VIOLACIONES  
Un capítulo aparte merecen los juicios por violación. De los 90 juicios a los que pudimos acceder, hay más de 20 por ese delito y casi todos terminan sobreseídos. Ninguna de las víctimas ha sido jamás reconocida como tal.
La causa N°370-74 del 25 de enero de 1974 se inicia con un parte de la tenencia Peñalolén, que informa que ese día “M.M.G., de 14 años, fue interceptada a las 13.00 horas en calle Sánchez Fontecilla por una patrulla de cinco militares que viajaban en un jeep y a viva fuerza la subieron al vehículo trasladándola al interior del Aeródromo Eulogio Sánchez en donde la introdujeron a una casa deshabitada y procedieron a violarla uno por uno”.
Al principal acusado, Carlos Mondaca Cabello, la justicia militar lo sobreseyó del delito de violación y sólo lo castigó con 30 días de arresto por “negligencia en el cumplimiento de su puesto de vigilante”.
La impunidad de los militares en esos días la comprobó dramáticamente A. Flores, de 31 años. A la 1 de la madrugada del 3 de junio de 1974, la mujer  “pidió ayuda a personal uniformado que cubría servicios en la Plaza Chacabuco, para ser trasladada a la casa de su madre. Subió a un bus militar en el que viajaban 15 uniformados. El bus se habría dirigido por Avenida Hipódromo Chile en dirección al Poniente y en una población con calles no pavimentadas el vehículo se detuvo y a viva fuerza habría sido violada sucesivamente por no menos de 4 a 5 uniformados… Posteriormente se la habría abandonado en Avenida Independencia casi esquina Cotapos”. Así se relatan los hechos en el juicio caratulado bajo el ROL N° 605-74.
La causa fue sobreseída “por no haber convicción de haberse perpetrado el delito”.
Las menores de edad no merecieron mayor compasión. Bajo el ROL N° 615-74, se relata el siguiente caso de violación (parte N° 292 de la 12ª Comisaría de Carabineros, del 5 de mayo de 1974). “M. González, de 14 años, habría sido violada el 2 de mayo. Ese día, como a las 23 horas, en el paradero 21 de Vicuña Mackenna, se puso a esperar micro para ir a su casa y fue llevada en un jeep con seis militares uniformados a quienes no conocía. Los militares la llevaron a la ex Radio Luis Emilio Recabarren y como a las 4 de la mañana fue violada por la fuerza por un militar que según sus posteriores averiguaciones sería el cabo Díaz. En ese lugar fue retenida 4 días, la hacían lavar ollas siendo violada en cada ocasión. El informe médico legal de fecha 8 de mayo acredita la desfloración en fecha reciente, no más de 6 a 8 días a la fecha del examen”.
La denuncia es contra “uniformados militares Regimiento N° 7 de Puente Alto”. Pero el dictamen sobreseyó el caso.
Igual suerte corrió la menor Rossana G.F:, de sólo 12 años. Su padre, Juan G., empleado y cuyo domicilio aparece consignado, denunció que su hija fue violada por dos militares del Regimiento N° 2 Motorizado Santa Rosa, cuyos nombres entrega, el 29 de junio de 1974. El juicio ROL N° 662-74, finaliza con un sobreseimiento.
Al mes siguiente, el 10 de julio de 1974, sería Rosa S.S., de 25 años, la que sería “violada por dos militares en servicio y armados los que la detuvieron en su domicilio y la llevaron a otro domicilio en Avenida Cerrillos, donde procedieron a agredirla y violarla”. Así se relatan los hechos en un juicio (Rol n° 671-74) que sólo tiene 10 líneas y que finaliza con otro sobreseimiento.
Los juicios por violación se suceden con abismante sordidez en los relatos en Iquique (el autor es un cabo de Ejército y el denunciante la Prefectura de Carabineros de Iquique); en Antofagasta (el autor y la víctima están identificados y no hay sentencia a pesar de haberse iniciado el juicio en noviembre de 1974), y en Santiago varios. En todos ellos la sentencia fue “absolución”, ratificada por los comandantes de las respectivas divisiones.
Valdivia no fue la excepción. Y uno de los casos referidos retiene la atención:
“Causa N°64/74. Individualización Denunciante: R.M. Iturra”.
Ofreció ir a dejarla a su domicilio y en el trayecto se desvió de la ruta y luego de ser intimada con armas de fuego, ocho militares la violaron, uno de los cuales, el SL J. Maldonado, posteriormente se suicidó en su unidad. Se solicita sobreseimiento total y definitivo”.
Resolución Cdte en Jefe IV D/E. Dictó sobreseimiento total y definitivo”.
Dicho y hecho.
*Este reportaje fue publicado el año 2000 en el diario electrónico El Mostrador

jueves, 15 de noviembre de 2012

El secreto mas oscuro de Chile

EL secreto mejor guardado del Chile de hoy ¿estas preparado? ahi va: 
En 2001 la periodista María Olivia Mönckeberg publica “El saqueo de los grupos económicos al Estado chileno” El libro no es sobre los ricos en general, ni acerca de las maneras en que empresarios privados han hecho fortuna. No trata de Agustín Edwards, Eleodoro Matte o Constantino Kochifas, hombres todos que con mucho cacumen y garra han expandido las fronteras de sus imperios, sino que sobre un nuevo tipo de especulador que valiéndose del poder político se apodera de bienes públicos. Narra cómo ciertos funcionarios de gobierno se adueñaron de las grandes empresas formadas en la segunda mitad del siglo XX por el Estado, vale decir la Compañía de Acero del Pacífico CAP, la Empresa Nacional de Electricidad ENDESA con su vasta red de generadoras y embalses, la Línea Aérea Nacional LAN con sus jugosos derechos de ruta propios de la nación, la Compañía de Teléfonos de Chile CTC, el virtual monopolio de la telefonía, la Industria Azucarera Nacional IANSA, SOQUIMICH con todas las pertenencias mineras bajo protección del Fisco, etc., etc. 

En cada caso circularon rumores, insidias infundadas decían, de que el procedimiento de privatización fue turbio, que los mismas autoridades encargadas de velar por el buen funcionamiento de dichas empresas terminaron quedándose con ellas, que los precios pagados fueron muy por debajo de su valor comercial, que Chile perdió miles y miles de millones por obra de estas “piratizaciones”, además de las almas que quedaron sin empleo y de los nuevos valores que debió costear el consumidor por sus servicios. 

Pero la información concreta, específica y documentada fue siempre escasa en estos tiempos sin libertad de prensa ni periodismo investigativo. También el maniobrar de las cúpulas financiero políticas que deciden el devenir económico del chileno se ha visto facilitado por ese gran ausente que es la opinión hecha voz. Uno que otro alegato sindical, y luego, el silencio de los inocentes. 

Y en medio de la batahola de los derechos humanos, el dedo apunta a la verdadera y más profunda llaga hoy, que es la de los derechos económicos. Página a página, en el frío lenguaje de los informes financieros, María Olivia, periodista especializada en economía y negocios, va presentando las auditorias, informes de Contraloría, actas de directorio, acuerdos de gabinete, pericias contables y datos de las mismas memorias anuales que van configurando el accionar concertado de un grupo de tecnócratas del régimen militar. 

Es un clan muy específico de economistas, el que estudia la autora. Mirados en conjunto provienen casi todos de una clase media empobrecida, hijos de pequeños comerciantes o agricultores venidos a menos, a menudo de provincia, y en su mayoría vinculados a la Universidad Católica para luego ser becados en Chicago. Llegan con lo puesto al servicio público: amplia sonrisa, la recomendación de un amigo, y un título que lo acredita estar embebido de la ideología neo liberal de los años ‘80. Al final del gobierno militar salen convertidos en multimillonarios, dueños de las principales empresas nacionales, de universidades, Isapres y Administradoras de Fondos de Pensiones, además de vastos fundos en el sur, minas en el norte y frondosos capitales invertidos en el extranjero

La tesis central de Monckeberg es que los mentados “Chicago boys” actuaron cual banda delictual con el propósito de desarticular en SU PROPIO BENEFICIO EL APARATO PRODUCTIVO DEL ESTADO y que esos 34 “hombres decisivos” (figura una sola mujer) siguen hasta el día de hoy controlando a su gusto y amaño la economía de Chile. Por ejemplo, mientras Yuraszceck desde el ministerio de Energía privatizaba ENDESA, Piñera desde el ministerio de Trabajo y Previsión Social facilitaba que se usaran los fondos de pensiones para tal operación para luego amanecer los dos como propietarios de tamaña empresa. Roberto De Andraca, como gerente de CAP del régimen militar emprende la privatización de esa compañía con el apoyo de Hernán Buchi, entonces ministro de Hacienda, operación que fue subsidiada por el fisco y tras la cual uno quedó de Presidente del holding (accionista mayor) y el otro de Vicepresidente. 

A ratos uno se pierde en la complejidad, e ingeniosa chuecura de los asaltos a propiedad pública efectuados por los modernos bucaneros. Pero la investigación de la periodista enuncia ciertos temas que quedan dando vueltas: ¿Cómo lograron doblegar a los militares nacionalistas, como el general de ejército Fernando Hormazábal, a cargo de CORFO, quien se limita a dejar constancia de su desaprobación al saqueo en el memorando para la historia que cita la autora? ¿Por qué los demás encargados de defender la integridad de la nación no hicieron nada para impedir un despojo mayor que el de la Patagonia o cualquiera de las islas y arenales celosamente defendidos? 

¿Cómo es que siguen las piratizaciones de propiedad pública -sanitarias, bosques magallánicos- en gobiernos elegidos para revertir ese modelo? Durante el gobierno de Aylwin, recordemos, se le vendieron al consorcio Trillium pedazos de Tierra del Fuego a un mil ochocientos pesos la hectárea. 

¿Cuál es el rol de movimientos religiosos en la conducción económica del país? Indica la autora las vinculaciones de los distintos personajes con el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, pero queda por investigar el fundamento ético que imparten a sus cofrades, sobre todo en lo referido al segundo de los siete pecados capitales, la avaricia o codicia de dinero. Parecen ser, además, grupos de socialización que le brindan al joven ambicioso una red de amistades y contactos muy útiles para ascender, sobre todo tratándose de recién llegados a la gran ciudad. 

No olvidemos que las sectas se caracterizan por la creencia de ser los mejores, entonces es natural que los miembros de estos clubes de mutua admiración privilegien a los suyos por sobre quienes postulan por concursos abiertos de mérito profesional. 

Curiosamente, muchas de las privatizaciones no fueron para crear en el país un sector privado fuerte, sino para terminar traspasando empresas del Estado chileno a otros Estados, como es el caso de CTC, y Endesa que ahora pertenecen al gobierno español. El puro traspaso de Endesa al monarca peninsular le reportó, asegura la obra, más de 500 millones de dólares a Yuraszeck y sus cómplices

¿Será la historia que se repite?. O’Higgins, San Martín, Manuel Rodríguez, los padres de la patria se alzaron en armas para hacer de Chile una nación soberana, dueña de su destino. Antes del bicentenario ¿habrá que hacer otro tanto? 

EL SAQUEO DE CHILE 
por Pablo Huneeus 

Si la mitad de lo que denuncia Maria Olivia Monckeberg en su libro “El Saqueo de los Grupos Económicos al Estado Chileno” (Ediciones B, 270 páginas, $4.500.-) es cierto, entonces Buchi, Carlos Cáceres, Brunno Philippi, Joaquín Lavín, José Piñera (hermano de Sebastian Piñera), Julio Ponce Lerou, Alvaro Saleh(dueño de La Tercera), Yuraszeck y demás protagonistas de la magna obra serán pronto llevados al paredón. 

En la oportunidad, la profesional hizo una detallada exposición del periodo comprendido entre 1985 y 1990, donde mencionó los procesos privatizadores de CAP, ENDESA, SOQUIMICH, Chilectra, ENTEL y el Instituto de Seguros del Estado. 

Privatizaciones sin un congreso fiscalizador 

Monckeberg inicia su investigación a partir de su experiencia como reportera en el sector económico desde 1973 en adelante. Desde ahí da cuenta de la falta de transparencia que existió en el proceso privatizador, debido a la falta de libertad de prensa, a la inexistencia de un Congreso fiscalizador y de la escasa independencia del Poder Judicial. 

Asimismo, sostiene la tesis que existió un ablandamiento ejercido por los economistas de la época -los Chicago Boys- a las fuerzas militares que regían el país, quienes hasta entonces concebían a las empresas del Estado como estratégicas.

María Olivia Monckeberg señaló que existió un sustento legal que permitió la privatización, y afirmó que la misma red de poder que se fue conformando en esa época, continúa vigente hasta ahora en el país. 

Esto dio paso a la aparición de grupos económicos nuevos que crecieron y se desarrollaron al amparo del Gobierno Militar y de las estructuras sociales. En este ámbito, destacó a ex funcionarios civiles y miembros del Gabinete de régimen de Augusto Pinochet, y a ex dueños de empresas privatizadas, que continúan ejerciendo cargos en directorios y como dueños de empresas en los más diversos ámbitos, pero concentrando cada vez más el poder económico. 

La periodista sostuvo que tituló su libro El Saqueo de los grupos económicos porque se generó en Chile un notable traspaso de poder económico en el que pasaron del Estado a manos privadas miles de millones de dólares. 

Hizo mención a que este proceso se mantuvo fuera de la esfera informativa, principalmente debido a la relación de los grupos económicos y los medios de comunicación, lo que se tradujo en que su libro, publicado en 2001, no haya sido comentado en diarios como El Mercurio y La Tercera, lo que contrasta con las cifras de ventas que obtuvo. 

Impulso con Buchi 

El proceso privatizador investigado por Monckeberg se inicia en 1985, cuando Hernán Büchi asume el Ministerio de Hacienda. Desde esa fecha, explica, Chile inicia una fase más radical que el resto de Latinoamérica, incluso más aún que el de la Inglaterra de Margaret Thatcher

Las ventas, afirmó la periodista, se realizaron a puertas cerradas, con legislaciones ad-hoc, y beneficiando a los privatizadores, quienes contaron con información privilegiada. 

Se utilizó también el capitalismo popular, que cumplió un doble objetivo de permitir a los privatizadores contar con recursos y créditos, y aplazar las tímidas críticas del movimiento sindical de la época

Yuraszeck, maestro en la creación de sociedades de papel 

Un caso emblemático presentado por la periodista fue el de Chispas I y II, y de su gestor José Yuraszeck (hoy dia accionista y dirigente del club de futbol universidad de chile), quien, de simple funcionario de ODEPLAN a fines de los 70, pasó a transformarse en el “Zar de la electricidad”, gracias a la privatización de Chilectra y ENDESA. 

Cuando Chilectra se privatizó, se dividió en Chilmetro, Chilquinta y Chilgener. Yuraszeck se centró en Chilmetro, que luego se convirtió en ENERSIS. Yuraszeck fue uno de los maestros en la creación de sociedades de papel diseñadas para lograr el control de las empresas que se privatizaban a través de este denominado capitalismo popular, afirmó María Olivia Monckeberg. 

En julio de 1987, se constituyeron Chispitas I y II, donde los trabajadores aportaron con un 20% y los ejecutivos un 2% del capital. Esta garantía les permitió acceder a créditos con el Banco del Estado por un valor 10 veces mayor. 

Chispitas se asociaron con otras 2 empresa de papel: “Luz y Fuerza” y “Los Almendros”. Cuando culminó la privatización en 1989, asumió como presidente el ex Ministro José Piñera. Junto a Yuraszeck, tomaron el control de ENDESA. 

Al momento de la privatización, la compañía manejaba el 60% de la generación eléctrica del país y casi la totalidad de los derechos de agua. En la Región Metropolitana, informó Monckeberg, la generación y distribución de electricidad quedaron en las mismas manos. 

A la vez, dio cuenta de un informe de Contraloría de 1991, que explicaba que la privatización de esta empresa le costó al país U$ 1.000 millones. 

Ex ministros a los directorios de la empresas privatizadas 

La periodista graficó ante la comisión otros procesos privatizadores, relacionando a ex ministros del Gobierno Militar, como los titulares de Hacienda Hernán Büchi, Sergio de Castro y Carlos Cáceres, que presidieron posteriormente directorios de empresas privatizadas, con los ejecutivos que llevaron a cabo estos procesos, como Juan Hurtado Vicuña (Chilquinta), Bruno Filippi (Chilgener), Julio Ponce Lerou (Este tipo es ex yerno de Augusto Pinochet, durante la dictadura le encargaron administrar la sociedad quimica y minera de chile, SOQUIMICH ¿y que hizo el lindo?¡termino quedandose con ella! hoy es uno de los hombres mas ricos de chile pero su nombre nunca es menciondo por los medios ¿o tu crees que teletrece hara un reportaje sobre esto?), José Yuraszeck y Alvaro Saieh. 

“El saqueo de las grandes empresas públicas quedó instalado antes de que Pinochet se fuera de La Moneda” 

Privatizaciones y grupos económicos 

Extracto de una entrevista de Maria Olivia Mönckeberg 
Por Patricia Bravo 
Punto Final (octubre 2009) 

…….. 
“Por cierto. Uno podría pensar que el sentido último de lo que el régimen militar quería perpetuar pasa por la implantación de este nuevo modelo socioeconómico que abarca todos los ámbitos de la vida de las personas, y que a la vez es la nueva salida de la derecha en Chile. El hecho de haber reporteado desde el comienzo para una revista semanal, tratando de entender lo que estaba pasando en ese ámbito, me hizo seguir una pista sin que me lo propusiera. Fui observando, indagando y también tuve la oportunidad de conocer gente muy interesante, economistas y políticos que estaban en la oposición, como Radomiro Tomic, Alejandro Hales y Eduardo Frei Montalva. Tuve largas conversaciones con Aníbal Pinto Santa Cruz, por ejemplo. Recuerdo haber analizado muchas veces la distribución del ingreso con Ricardo Ffrench-Davis. Además, pude estar alerta respecto de lo que ocurría en otras partes en materia de periodismo, aunque todo el período de la dictadura lo pasé en Chile. Tuve la posibilidad de ir a EE.UU. después del caso Watergate, a un seminario de periodismo de investigación. También pude conocer el tipo de periodismo que se hacía en Europa. 

Por otra parte, tengo la costumbre de llevar archivos, seguir los temas y anotar lo que me llama la atención. Y también hay hitos. Al seguirle la pista a la economía vi cómo se fueron formando los grupos económicos en su etapa inicial, con las primeras olas privatizadoras. Por ejemplo, el de Manuel Cruzat y Fernando Larraín Peña. También seguí estudios sobre estos temas y escribí artículos sobre eso. Me parece que el primer reportaje que hice en Análisis fue sobre el nuevo sistema previsional, en combinación con Patricio Rozas. También una investigación económica sobre el caso Crav, que reventó en 1981. Eso era ya periodismo de investigación”. 

-¿Por qué ha orientado sus investigaciones a centros de poder, como los grupos económicos, Opus Dei, universidades? 

“Creo que tiene que ver con mostrar y develar lo que ocurre en los poderes fácticos, en los enclaves que limitan la democracia”. 

Esos poderes fácticos no siempre son reconocidos como tales. 

“Por eso hablo de develar, levantar los velos, sacar las cortinas, mostrar. En relación a esto me sobrevino la inquietud por el tema de las universidades, cuando en 1987 estalló la crisis de José Luis Federicci, rector delegado de la Universidad de Chile nombrado por Pinochet. Quise investigar directamente lo que ocurría, y en parte por eso dejé la revista Análisis. Me empecé a juntar con gente de las dirigencias estudiantil y académica, y fui atando cabos. 

Personas a las que había seguido desde el punto de vista económico, porque estaban al frente de las privatizaciones de las empresas del Estado -que todavía no podían materializar, porque había crisis económica-, aparecieron formando comisiones sobre la política universitaria. Fue el caso de Bruno Phillippi, José Yuraszeck, Alvaro Saieh, Sergio Melnick. Esa relación me llamó la atención. Eran personas con mucho sentido estratégico. ¿Estaban preocupadas de la energía, de las empresas eléctricas, y a la vez de qué hacíamos con las universidades? 
Siguiendo este hilo empecé a darme cuenta que no los movía sólo una inquietud económica, sino hacer que los cambios que se estaban produciendo fueran perdurables. 

En mi opinión, eso se hizo más evidente cuando ya se había generado la movilización social y las grandes protestas de los años 80. Creo que percibían que la dictadura iba a tener fin, cualquiera fuera éste, y estaban preparando sus caminos. Parte de esos caminos era destruir la Universidad de Chile y la Universidad de Concepción, entre otras. Se disponían a hacer el gigantesco traspaso económico de los recursos del Estado a grupos privados. Y como los grupos privados más tradicionales se habían desmoronado, había que reconstruir otros para que llevaran la batuta cuando Pinochet ya no estuviera instalado en La Moneda. En la medida en que iba percibiendo estas relaciones, más me interesaba el tema”. 

Y al descubrir los nexos, un tema la fue llevando al otro… 

“Exactamente. Algunos los dejé en barbecho por distintas razones, pero después los he retomado. La primera motivación que sentí en 2001 fue lanzarme con el libro sobre la privatización de las empresas, El saqueo de los grupos económicos al Estado chileno. Después retomé el tema de las universidades y entre medio hice el libro sobre el Opus Dei. Son temas bastante relacionados. La gente creía hasta hace algunos años que el Opus Dei se trataba de algo netamente religioso. Y lo es, pero con una notable influencia y poder en la sociedad, tanto en términos educacionales como empresariales”. 

Entre las patas de los caballos 

Si retomara el tema de los grupos económicos y la evolución que han tenido bajo los gobiernos de la Concertación ¿qué aspectos enfatizaría? 

“El saqueo, el traspaso a manos privadas de las grandes empresas públicas, quedó instalado antes que Pinochet se fuera de La Moneda. Quedó ese terreno sembrado. Voy a retomar este tema para actualizarlo. Lo notable es que hasta ahora no ha habido marcha atrás. Los grupos que se gestaron al amparo de la dictadura, con prebendas del régimen militar, siguen siendo tremendamente significativos. Los que aparecen en El saqueo… continúan avanzando en gloria y majestad en otros sectores de la economía, vinculándose con la educación superior, la salud, el sistema previsional. Falta en Chile un Estado más activo. La crisis económica mundial ha mostrado que hay muchas cosas a las que hay poner coto. Si queremos una sociedad más equitativa y que no se mantenga esta enorme estratificación social que tenemos hoy, debería haber un rol más activo del Estado, una mejor distribución de las utilidades, más fiscalización y mayores posibilidades de diversidad”. 

En todo caso se habla mucho de que se requiere ‘más Estado’. 

“Lo que a mí me gustaría saber es ‘cómo’ más Estado. ¡Es tan importante lo que se podría hacer si hubiera una mayor toma de conciencia de las limitaciones! Partiendo por el rol de los medios de comunicación, de los espacios públicos para debatir. Por más que la gente crea que goza de mayor libertad porque tiene muchos sitios de Internet para visitar, yo tiendo a ser escéptica. Si bien a través de Internet se pueden gatillar fenómenos interesantes, se requieren espacios más amplios. En el caso de los medios, faltan espacios de papel, espacios de televisión abierta y ojalá espacios de televisión digital realmente democráticos, y no que se repartan la torta entre los mismos de siempre. En los medios de comunicación la relación con los grupos económicos es muy fuerte”…. 

¿y que hay de los medios de comunicaión? ¿también estan “con las manos limpias”? la actual situación de concentración en la prensa escrita fue producto del salvataje que le dio el Estado al final de la dictadura, por medio de personeros muy interesados en que el poder de la prensa quedara en manos amigas, a las dos cadenas que hoy copan el mercado: El Mercurio y Copesa. 

Ambas, gracias a la censura impuesta por la dictadura, no tuvieron competidores por años, pero contrajeron importantes deudas modernizando sus instalaciones y sus procesos. Para la crisis del 82, las deudas de Edwards llegaban a cien millones de dólares. Y mientras cientos de empresas quebraban, el régimen salvaba a El Mercurio entregándole 53 millones de dólares en créditos a través del Banco del Estado. Muy importante en esta y en las transacas que vinieron -traspaso de acciones de El Mercurio S.A.P. al Banco del Estado, renegociación de la deuda a quince años con intereses excepcionalmente bajos, opción de rematar deudas, “permutas” de créditos e importantes inversiones del Estado en publicidad para el decano- fue, nada mas ni nada menos, Jovino Novoa, quien al salir de la Subsecretaría General de Gobierno llegó como editor general de informaciones a El Mercurio y trabajó con Edwards para sanear las platas. 

Copesa, por su parte, estaba en esos años en manos de Gonzalo y Germán Picó Domínguez y adeudaba 1.137.742 UF. Para salvarla, el Banco del Estado se quedó con el 70% de las acciones de Malán Inversiones S.A., principal accionista de Copesa. Y luego se las vendió a Álvaro Saieh, Carlos Abumohor y Alberto Kassis, todos amiguis del régimen, en sólo un tercio de la deuda original. Todos los movimientos para realizar este rescate, incluidas las polémicas “permutas” de créditos que vinieron después, significaron una pérdida de 273.503 UF para el Banco del Estado. 

Terminada la dictadura, el duopolio se ha llevado gran parte de la publicidad, pagada en la mayoría de los casos por sus contactos en las cerradas redes del poder económico. Los medios nacidos en dictadura, como el diario La Época, han muerto, lo mismo que gran parte de los proyectos que han nacido en los años posteriores. Hoy, el duopolio se lleva el 82,7% de la venta de diarios. 
¿y tu crees que en Chile hay Democracia? piensa en esto: Cuando veas hablar en TV a los politicos del profundo amor que sienten por chile y de las cualidades republicanas de este pais, cuando veas a los politicos dar discurso con la bandera de fondo y al mismo tiempo obligan a los niños a cantar el himno nacional todos los lunes por la mañana, piensa en lo que acabas de leer. 

Fuentes: http://www.atinachile.cl/content/view/234262/El-Saqueo-de-Chile.html 
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=93999 
http://www.theclinic.cl/2009/11/23/%E2%80%9Clos-magnates-de-la-prensa%E2%80%9D-el-penoso-panorama-de-la-prensa-chilena/http://www.atinachile.cl/content/view/761041/Los-magnates-de-la-prensa-en-Chile.html

miércoles, 13 de junio de 2012

La justicia chilena es ciega... y racista





Los juicios de Temuco

Por: Ernesto Carmona* (16/02/2004)

El Estado prepara un gran juicio en Temuco contra 18 dirigentes de la Coordinadora Arauco Malleco, la organización mapuche más beligerante en la zona que el gobierno denomina oficialmente 'Novena Región de la Araucanía', reconocimiento implícito al territorio indígena. La 'formalización' de la causa está prevista para el 10 de marzo, bajo la nueva modalidad de juicios orales impuesta por una reciente Reforma del Código de Procedimiento Penal.
La Reforma comenzó a aplicarse hace dos años, precisamente en el territorio mapuche, con halagüeños resultados para sus precursores. Dos lonkos, o jefes mapuche, Pascual Pichún Paillalao y Aniceto Norín Catrimán, fueron condenados a 5 años de prisión en diciembre, después que la Corte Suprema anulara el primer juicio oral, es decir, fueron sometidos a dos juicios, una aberración jurídica para los tratados internacionales ratificados por Chile. En Concepción está en prisión el werkén Víctor Ancalaf Llaupe, acusado de 'asociación ilícita terrorista' en su lucha contra la empresa española Endesa que atropelló los derechos humanos indígenas al construir una represa hidroeléctrica en el alto Bío Bío, con la ayuda de los gobiernos de Eduardo Frei y de Ricardo Lagos. El juez Diego Simpertigue lo condenó a 10 años.
Ni los niños se escapan
Un informe de la Comisión Mapuche de Derechos Humanos (Comapu), adscrita a la Coordinadora de Comunidades Mapuche en Conflicto Arauco Malleco (Cam) indica que en abril de 2003 ya había 105 indígenas procesados bajo el nuevo sistema, 68 varones, 11 mujeres y 6 menores. Desde 1999, cientos de hombres, mujeres, ancianos y niños pasaron por las cárceles chilenas acusados de usurpación de tierras, sabotajes a transnacionales y, en el último año, de 'asociación ilícita' en organizaciones 'terroristas'. Según el Kolectivo Lientur, de 'contrainformación mapuche', más de 400 ciudadanos mapuche están procesados hoy por la justicia, en su mayoría campesinos que luchan por recuperar territorios usurpados en el pasado por el Ejército y ahora en poder de grandes corporaciones forestales y energéticas, locales y transnacionales. En enero había tres presos en Concepción, los werkenes (voceros o líderes políticos) Víctor Ancalaf Llaupe, José Huenchunao Mariñan y Héctor Llaitul Carillanca; uno en la cárcel de Lebu, el mapuche Juan Carlos Arriagada Fren; nueve en la cárcel de Angol, Juan Antonio Colihuinca Ancaluán, Luis Amable Catrimil Huenupe, José Osvaldo Cariqueo Saravia, José Francisco Llanca Ahilla, José Belisario Llanquileo Antileo, Florencio Jaime Marileo Saravia, Juan Ciriaco Millacheo Licán, Juan Patricio Marileo Saravia y Patricia Troncoso Robles; dos en la cárcel de Traiguén, Pascual Pichún Paillalao y Aniceto Norin Catrimán; y uno en la cárcel de Temuco, Mireya Figueroa Araneda. Otro centenar de mapuches condenados en los últimos tres años sufre penas no-carcelarias, en tanto numerosos militantes del movimiento mapuche se hallan prófugos de la justicia, por temor a la arbitrariedad de los jueces y de altas autoridades políticas del gobierno obsesionadas con la represión judicial como única 'solución final' a un conflicto de profundas raíces históricas, culturales y políticas, ligado a la esencia de la 'chilenidad' enseñada en los manuales escolares y exhibida al turismo.

Segunda Guerra de la Araucanía

Las reivindicaciones indígenas constituyen una demanda política y social, a la que el gobierno resolvió darle una respuesta judicial, simplemente por incapacidad de instrumentar otra política. Mucha gente ignora que la principal herramienta del Estado para combatir al movimiento indígena activo desde hace 13 años es la Ley Antiterrorista N° 18.314, establecida en 1984 por la dictadura de Augusto Pinochet cuando el 'poder legislativo' lo ejercía un solo individuo, el almirante José Toribio Merino Castro, fallecido. El nuevo código de procedimiento penal aportó la 'asociación ilícita' figura que, al combinarse con la vieja norma dictatorial de 1984, engendró como en un cóctel el nuevo delito de 'asociación ilícita terrorista', aplicada hasta hoy exclusivamente al pueblo mapuche.
El nuevo estatuto 'legaliza' una suerte de 'estado de sitio permanente' en el territorio indígena, donde Carabineros y guardias privados de las compañías forestales actúan como fuerzas de ocupación en un país donde no existe respeto alguno por los derechos humanos de los ciudadanos indígenas. El Estado, además, está muy lejos de reconocer e incorporar los derechos civiles y políticos de los pueblos indígenas al ordenamiento jurídico constitucional, como reclaman Naciones Unidas y la Organización Internacional del Trabajo.
La 'Segunda Guerra de la Araucanía' está dándose en la judicatura, de una manera vergonzosa para un país civilizado y democrático, al amparo de una supuesta lucha contra el 'terrorismo' y según recetas aplicadas en otras latitudes. El comando supremo de esta guerra impulsada desde la Reforma Procesal Penal se llama Ministerio Público, cuyo jefe nacional es el abogado Guillermo Piedrabuena, con la Fiscal Regional Smirna Vidal Moraga a cargo del teatro de operaciones de la Araucanía, secundada por un estado mayor de unos 38 fiscales locales y adjuntos, en su gran mayoría jóvenes servidores públicos ansiosos de escalar por sus méritos.

Apartheid judicial

Pareciera que la Reforma fue concebida justamente para 'detener a los mapuche' poniendo como caballo de Troya al Poder Judicial. 'Hasta antes de la aplicación de la Reforma no existía en la región una política criminal explícita, es decir, una persecución directa desde el Estado hacia el movimiento mapuche', analizó en la revista mapuche Azkintuwe el abogado Rodrigo Lillo, académico de la Universidad Católica de Temuco y fundador de la Corporación Nor Alinea. Antes de la Reforma, los jueces sancionaban los delitos comunes de orden público de acuerdo a sus atribuciones, sin que muchas veces llegaran formalmente a los tribunales porque muchos se solucionaban en el camino. Todo eso ha cambiado. 'Hoy, el Ministerio Público tiene la facultad de decidir qué casos perseguir hasta el final, a que casos van a dirigir sus mayores esfuerzos y eso se nota claramente en la zona sur, donde el conflicto mapuche es su principal preocupación', dijo Lillo. 'Esto se ve en la etapa de formalización (de los juicios), que es donde el fiscal le comunica a una persona que la van a investigar por un delito determinado'. 'En general, la tendencia de los fiscales en el conflicto mapuche ha sido formalizar por delitos desproporcionados, exagerados, que no corresponden muchas veces a la conducta que se realizó, y a iniciar, además, investigaciones por varios delitos a la vez; esto les permite obtener la prisión preventiva y, por otra parte, satisfacer ciertas exigencias de algunos sectores de la sociedad', sentenció Lillo, aludiendo a los dueños de las tierras reclamadas, principalmente Anacleto Angelini Fabbri y Eliodoro Matte Larraín, los hombres más ricos del país junto a Andrónico Luksic Abaroa, quien mantiene sus negocios minero-financieros alejados del sur.
A juicio del académico, durante el primer año de la Reforma, las sentencias correspondieron a delitos de baja categoría en el Código Penal, daños, usurpación, desórdenes, con penalidades también bajas. 'Pero en el último año vemos que tanto fiscales como jueces comparten las mismas tesis exageradas de las conductas 'terroristas', lo que ha traído graves consecuencias; para los mapuche imputados ha significado una vulneración de las garantías del debido proceso y, para el movimiento en su conjunto, una estigmatización del discurso mapuche como 'subversivo' y 'peligroso' ante el resto de la sociedad'.
La propaganda del Ministerio Público asegura que la Reforma consagra, en teoría, nuevos derechos, hasta favorables para el violador de la ley dicen algunos, como es la presunción de inocencia hasta demostrarse lo contrario. Pero nada de eso es válido para los mapuches, aunque pudiera serlo para el resto de los mortales, los 'chilenos blancos'.
Tema de la próxima nota: la metodología del Ministerio Público no tiene nada que envidiarle a los Juicios de Stalin, del Moscú de los años 30, sólo que en la Araucanía los acusados no 'confiesan sus crímenes'. Recortes de prensa y testigos sin rostro, apropiadamente sobornados como los de Fujimori, son piezas clave en las acusaciones.


* Ernesto Carmona es periodista chileno.
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http://www.mapuche-nation.org/espanol/html/ppm/dd-hh/juicio-01.htm

La Historia Oculta del Régimen Militar

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