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jueves, 19 de septiembre de 2013

Puerto Montt Marzo 1969: Crimen colectivo premeditado. Discurso de Salvador Allende

"Quiero señalar que estuve en Puerto Montt. Por lo tanto, lo que voy a decir lo he vivido, observado, conversado y discutido”.

“Digo, midiendo mis palabras, que a mi juicio, éste ha sido un crimen colectivo y que hubo en él premeditación y alevosía. No se me escapa la gravedad de lo que estoy sosteniendo. Pero ¿por qué lo digo? ¿cuáles son los hechos?. No ha habido ocupación de terreno, sino ampliación de una población que empezó a formarse hace ocho o diez meses y que estaba terminada. Ello sucedió el día 4 de marzo. Ciertamente fueron ocupándose terrenos adyacentes a esa población, para ampliarla, hasta que llegó el día viernes 7, me parece a ser de setenta o noventa el número de ocupantes que levantaron allí sus modestas, humildes viviendas de madera, enarbolando la bandera patria. Carabineros no intervino.

“El día 8 de marzo óigalo bien el Senado ¡el día 8 de marzo! A las 11.10, el comisario de Puerto Montt, mayor Rolando Rodríguez, llega al domicilio del regidor y diputado electo, compañero Luis Espinoza y le pide acompañarlo a los terrenos ocupados. Lo espera, porque Espinoza estaba enfermo en cama. Juntos, en el “Jeep” de carabineros, llegan donde se encontraban los ocupantes de los sitios, y el comisario justifica su presencia diciendo que su propósito es hacer una encuesta. Pide a los dirigentes, por medio del compañero López no sé qué domicilio político tenga; hablo de “compañero”, porque es un trabajador, los nombres de esos pobladores. Le son indicados 51 nombres y se le agrega que son más, pero que la lista no está completa y que en la tarde le serán proporcionados los demás. En la tarde, el jefe de Carabineros manda a dos de sus hombres de civil, a quienes se entrega la lista de los cuarenta y tantos nombres restantes.

“¿Qué dice el comisario a la gente? Que estén tranquilos, que respeten el trazado de las calles, que no se va a suceder nada. Y ese hombre que busca al regidor a quien el gobierno y el subsecretario del interior, con impudicia y cobardía, han calificado de responsable material de los hechos; ese hombre que va allí a hacer una encuesta, ¡es el que manda la tropa dieciséis horas más tarde!.
“En mi vida he visto, Señor Presidente, un hecho de tal naturaleza. Esa actitud requiere una explicación inmediata. ¿ Cómo es posible que el comisario vaya a buscar al que después será sindicado como responsable, se ampare en su autoridad moral frente a la gente y más tarde ordene disparar impune, cobarde y arteramente contra los trabajadores.

“Pero hay más, el señor Espinoza se retiró poco después de que se fuera el mayor de Carabineros. Regresó a su casa, y el sábado en la tarde fue al pueblo de Llanquihue, vecino a Puerto Montt, de donde regresó a la una de la mañana, porque había ido a un festejo de su victoria electoral . Al llegar muy cerca de su casa es detenido por personal de Investigaciones que llevaba una orden del intendente subrogante y secretario en propiedad, de apellido Pérez Sánchez. Es llevado al cuartel de Investigaciones y se le notifica que debe ser trasladado de inmediato a Valdivia. Estando ahí con los jefes de Investigaciones, llega el coronel Apablaza, con veinte o treinta carabineros armados que rodean el cuartel, y solicita se le entregue el detenido. Investigaciones rehúsa. El coronel Apablaza se defiende, injuria al detenido y le dice qué le va a ocurrir pocas horas después y que no se ha de librar. Se retiran el Coronel Apablaza y su tropa. Deliberan los jefes de Investigaciones y resuelven que vayan, no dos o tres, sino cinco o seis funcionarios, en una camioneta, a dejar al detenido en Valdivia, pues temen lo que ocurrió a cinco kilómetros de la ciudad de Puerto Montt: un furgón de Carabineros intercepta la camioneta de Investigaciones, y un oficial de baja graduación, acompañado de tres soldados, reclama se le entregue al señor Espinoza. De nuevo, los jefes de Investigaciones rehúsan, y, frente a la actitud amenazante de carabineros, les dicen que ellos también están armados.

“Señores senadores, ¡qué extraño es oír a un político relatar estos hechos! Es lo que ha dicho Luis Espinoza en presencia de diez mil personas en los funerales, en Puerto Montt. Y está comprobado por el fiscal y por el intendente subrogante, coronel de aviación señor Antonio Espinace. 

Me refiero al hecho de que el mayor Rolando Rodríguez estuviera con el regidor en la población, y a que el coronel Apablaza fuera con tropa, a reclamar el detenido ¿qué explicación valedera puede darse de esas actitudes? ¿puede alguien admitir que carabineros iba a realizar una encuesta, dado su proceder posterior? ¿Puede alguien imaginar que un jefe de la graduación del coronel Apablaza reclamara un detenido por temor a que la población fuera a rescatarlo al cuartel de Investigaciones? ¿Y que, camino a Valdivia, fuera nuevamente requerido en igual sentido el personal de Investigaciones? Lo sucedido obedecía, a mi juicio, a sola intención: cometido el error de detener, a la una de la mañana, al regidor Espinoza, se le quería llevar a la población para proceder después sindicarlo como el responsable material y acribillarlo como se acribilló a los pobladores”.

“¡Qué desproporción, señores senadores! Lo sucedido en Puerto Montt, además de ser crimen colectivo, fue un crimen premeditado: se retiró al intendente Bartolomé Palacios y se nombró en calidad de subrogante al secretario abogado titular señor Pérez Sánchez, hermano de otro abogado a quien el regidor señor Espinoza acusó públicamente de tener responsabilidad en el homicidio de una menor de diecisiete años. Ese abogado Pérez Sánchez fue condenado en primera instancia y absuelto después por la Corte porque la familia de la muchacha no tuvo abogado. ¡Tal es el drama económico de esa pobre gente!.

“Durante las pocas horas en que fue intendente subrogante el señor Pérez Sánchez con intervención directa de él, se suscitó el drama. El fue quien solicitó autorización para proceder, la que le fue entregada por el ministro por intermedio del subsecretario. Al mismo tiempo, dio la orden de hacer detener al regidor Espinoza. Ya he señalado la enormidad jurídica que esto implica: órdenes administrativas en ambos casos.

“La ocupación de los terrenos fue, como he dicho, una simple ampliación de una ocupación anterior, que dio origen a la población “Ampliación Manuel Rodríguez”, porque allí existía desde antes la población “ Manuel Rodríguez”. Hace seis u ocho meses se tomaron esos terrenos, pertenecientes al mismo propietario y que forman la llamada “Pampa Irigoin”, que ahora se denomina con razón “Pampa de sangre”. El sector ocupado últimamente está separado por un trazo que será algún día calle, llamado “Magallanes”. Es decir, entre la “Ampliación Manuel Rodríguez” y los terrenos en que se suscitó el drama no hay veinte metros de distancia: es útil no olvidarlo, lo que más adelante daré a conocer.

“La ocupación de ahora fue tolerada. Se hizo a la luz pública, de día y en forma paulatina, a partir del 3 de marzo. El desalojo ocurrió el 8 de marzo. ¿Por qué carabineros no procedió antes?.

“Otro hecho corrobora que hubo premeditación, y este hecho no ha sido negado ni se han atrevido a ponerlo en duda: el mayor Rodríguez fue a la casa del regidor señor Espinoza óiganlo bien, señores senadores a pedirle, ¡a ese “delincuente prontuariado”!, cuyos antecedentes, falsos por ciertos, tenía el ministerio y fueron publicados al día siguiente del drama, que lo acompañara para realizar una encuesta. Y el mayor Rodríguez estuvo junto con el regidor más de una hora conversando con los pobladores, a quienes dijo que respetaran los trazos de las futuras calles, qué nada ocurría”.

“Hubo premeditación, porque se trasladó allá a más de doscientos carabineros de las provincias de Osorno, Chiloé y Valdivia. Y después de ocurrido el hecho que condenamos, llegó el grupo móvil de Santiago en aviones de la Fuerza Aérea”.

“Sostengo que, además de ser el de Puerto Montt un crimen colectivo y premeditado, ha sido alevoso, porque la actuación del mayor Rodríguez permite así afirmarlo: Fue a estudiar las condiciones del terreno en que iba a operar dieciséis horas después”.
“Señor presidente, carabineros actuó con el poder de fuego propio de una guerra. A eso también se debe que la mayoría de los heridos y de los muertos no fueran ocupantes: las víctimas se encontraban en la población “Ampliación Manuel Rodríguez” la cual, como dije hace un instante, está separada sólo por el trazo de una calle, a veinte metros, de los terrenos en cuestión. 
Y aquí se encuentran las fotografías las entregaré para que sus señorías las vean tomadas por ese profesor universitario. En ellas pueden verse algunas casas de la Ampliación Manuel Rodríguez, cuyas murallas tienen el espesor de una tabla. Una bala de carabina puede atravesar tres, cuatro, cinco o más viviendas miserables. Eso fue lo que ocurrió: fueron asesinadas personas que no participaban en la ocupación y que estaban en sus casas. Allí murieron algunas de ellas”.

“Hay más señores senadores. Me cuesta decirlo, y no por la responsabilidad que pueda caer sobre mí, porque lo voy a expresar públicamente. Se asesinó óigalo bien el Senado, se asesinó a un muchacho de diecinueve años cuyo nombre tengo y daré a conocer en pocos minutos más. Una o dos horas después de la masacre y hay testigos que lo acreditarán , cuando todavía había heridos que continuaban desangrándose, cuando, lógicamente, no pudo hacer otra cosa que gritar “¡Asesinos!”, entonces se rubricó el asesinato, porque lo balearon. ¡una o dos horas después! Su nombre es Arnoldo Gonzáles Flores”.

“Por tanto, insisto en que se trata de un crimen , de un homicidio premeditado y alevoso, es decir , con dos agravantes definitivas”.

“No voy a suponer que el Presidente de Chile ordenara la matanza; pero sí puedo decir que , lamentable y dolorosamente, el señor Edmundo Pérez fue llevado al ministerio del interior como símbolo de la mano dura, nombre de una política que no pusimos nosotros, señores senadores, sino los propios democratacristianos que reclamaron su implantación en un acto único en la historia de Chile, después de la masacre de El Salvador ”.

“Pero también hubo algo de tipo personal, porque la actuación del intendente Pérez Sánchez, que duró prácticamente 36 horas, tenía el sello del encono familiar en contra del diputado electo señor Espinoza, por haber sido éste quien denunció al hermano de aquél. Tan sospechosa, irresponsable y torpe fue la actuación del intendente subrogante, que duró 36 horas, ya que, producidos los hechos, fue removido, colocándose en su lugar al jefe de la plaza coronel Espinace, buscando en la autoridad moral de un hombre que viste el uniforme de los soldados de Chile la serenidad que quería darse a quienes seguramente no habrían tolerado que siguiera como jefe de la provincia un hombre con los antecedentes políticos y con la manera de actuar del secretario de la intendencia.

“Pues bien, a mi juicio, queda claramente establecido el porqué de este crimen y las características que ha tenido”.
(*) Intervención ante el Senado de la República de Chile, 13-III-1969, Archivo Salvador Allende, Universidad Autónoma Metropolitana, México, 1990.





martes, 4 de diciembre de 2012

CANTATA DE CHILE, 1975, una película de Humberto Solás



Largometraje de Ficción. 1975 119 minutos.

Productora: ICAIC, Guión: Humberto Solás, Dirección: Humberto Solás, Producción General: Ricardo Istueta, Dirección de Fotografía: Jorge Herrera
Montaje o Edición: Nelson Rodríguez, Música Original: Leo Brouwer, Sonido: Ricardo Istueta, Dirección Artística: Luis Lacosta.

INTÉRPRETES: Nelson Villagra, Shenda Román, Eric Heresmann, Alfredo Tornquist

Sinopsis: En 1907 los obreros calicheros del norte de Chile organizaron una huelga de gigantescas proporciones, con el propósito de mejorar las condiciones de vida de las miles de familias de mineros que eran explotados despiadadamente por las empresas salitreras extranjeras.

La respuesta de la oligarquía chilena consistió en lo que históricamente se conoce como la masacre de Iquique, hecho vandálico que no consiguió aplastar la combatividad de la clase obrera chilena.


martes, 27 de marzo de 2012

EL CASO DE UN INTENTO DE HOMICIDIO EN SANTIAGO COMO CONSECUENCIA DE LA MASACRE DE SANTA MARÍA DE IQUIQUE



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Sensacionalista grabado de la prensa de la época, reproduciendo el momento en que Antonio Ramón Ramón ataca al General Roberto Silva Renard, en las inmediaciones del Parque Cousiño (Fuente imagen: diario "La Tercera").
Coordenadas: 33°28'13.04"S 70°39'24.19"W (lugar aprox. del atentado)
¡Quién lo diría! Un golpe a la tranquilidad del centralismo y un caso de implicaciones internacionales vino a tener lugar en Santiago pasado el Primer Centenario, como coletazo inesperado de la brutal matanza de obreros salitreros en la Masacre de la Escuela Santa María de Iquique del 21 de diciembre de 1907, manchado de sangre y culpas las inmediaciones del copetudo Parque Cousiño, hoy Parque O'Higgins.
Era la mañana del lunes 14 de diciembre de 1914, cuando el General Roberto Silva Renard se dirigía a pie hacia su lugar de trabajo. El militar tenía su residencia en este mismo barrio, que por entonces era un vecindario aristocrático y elegante, del que aún quedan varias casonas suntuosas. Si embargo, llegando a la proximidad del parque con su perfecto uniforme y espada al cinto, fue súbitamente abordado por un sujeto que lo atacó con violencia intentando darle muerte: el obrero andaluz Antonio Ramón Ramón. Mientras era apuñalado, el militar cayó de rodillas y trató de caminar tambaleante, afirmándose de los barrotes de las ventanas y rejas de las casas, hasta que se desplomó en el suelo: estaba gravemente herido y se desangraba por la más peligrosa de las estocadas, propinada en el cuello. Su agresor, creyendo que ya le había asegurado la muerte, se echó a correr.
A pesar del abismo de diferencias que separaban a ambos hombres, sus hilos de existencia se habían anudado en el destino, pero no allí en la barrio del Parque Cousiño, sino antes, en la Plaza Manuel Montt de Iquique: el Silva Renard había sido el encargado de "trabajo sucio" contra los huelguistas de las salitreras en 1907, mientras que su agresor español era hermanastro de una de las innumerables víctimas, Manuel, a quien quería como un verdadero hermano y compañero, sin aceptar su pérdida en manos de impunes asesinos en el poder.
Al respecto, se recordará que las nóminas de víctimas de Iquique demuestran que la cantidad de muertos en la masacre (se habla desde 240 vidas hasta "miles", según otros) eran en su mayoría extranjeros, principalmente peruanos y bolivianos. Podrían haber alcanzado hasta el 60% de los asesinados, según ciertos documentos. Los obreros españoles, en particular, habían comenzado a llegar a Chile en gran número con los trabajos de canalización del río Mapocho, hacia 1888-1891, habiendo sido de mucha importancia en la proliferación del ideario anarquista entre los sindicatos chilenos, mismo que era compartido por Ramón Ramón y que fuera parte de la agitación de Iquique aquel año de la masacre, además de permitirle cobijo y cómplices a las posteriores acciones de Buenaventura Durruti en su paso por Chile.
El atentado era, pues, un intento del ciudadano español Ramón Ramón por hacer justicia personal y venganza, tratando de liquidar al hombre que fue señalado y condenado ante el juicio de la historia como el responsable de esa matanza, aunque veremos aquí que la suya fue sólo una tarea de ejecución ordenada por otros que, a diferencia suya, nada pagaron culpas al respecto.
El anarquista español Antonio Ramón Ramón, venerado por unos y odiado por otros. Su caso fue novelado en 1997 por Sergio Missana en la obra "El Invasor".
El controvertido General Roberto Silva Renard. Aunque su mano fue la ejecutora de la siniestra masacre de Iquique, el anatema de su figura sirvió para expiar a los políticos que dieron la orden de la horrorosa matanza durante el Gobierno de Pedro Montt Montt y que fueron, jerárquicamente, los primeros responsables de la misma.
SOBRE EL LUGAR DEL ATAQUE
Antonio Ramón Ramón interceptó al General Silva Renard cuando éste caminaba esa mañana desde su casa hacia la Fábrica de Cartuchos de la Dirección de Material de Guerra que estaba bajo su dirección en las Maestranzas del Ejército, por donde hoy está la Estación Metro Toesca.
El anarquista español lo venía siguiendo discretamente esa mañana y le atacó de súbito en el camino hacia la fábrica, propinándole cinco puñaladas como su venganza por la muerte de Manuel y los demás obreros del salitre, en un sector que la prensa de la época tiende a mencionar ambiguamente como las afueras del Parque Cousiño.
Es aquí donde encuentro un primer detalle confuso sobre la ubicación exacta del lugar de los hechos: decía la prensa que Antonio, tras perpetrar el ataque, corrió agitadamente hacia el Norte por avenida Viel. Esto estaría documentado también la causa que se le siguió con celeridad tras el atentado. Cuando llegó a Rondizzoni, y supongo que previendo el riesgo de correr por la larga cuadra que contorne al parque, dobló por esta calle pretendiendo dejar atrás a los vecinos que vieron la agresión sangrienta contra Silva Renard y comenzaron a perseguirlo. Esto también está constatado en el proceso que inició casi de inmediato el juez Franklin de la Barra y luego el Ministro Carlos Vergara Cerda, asignado especialmente para el caso.
Se ha señalado como el lugar exacto del ataque aquella esquina de Viel con Rondizzoni, pero el sentido común dice que, si Ramón quería dejar atrás a sus perseguidores, no podía llevarles sólo unos cuantos pasos de ventaja, quizás media cuadra o más antes de doblar por Rondizzoni. Algunas biografías aseguran, incluso, que hasta tuvo tiempo para beber una botella de veneno antes de seguir corriendo, aunque sin lograr causarse la muerte. Pero, a medida que corría, más testigos y acechadores se sumaron a la persecución. Por supuesto, no están claros todos los datos ofrecidos por la documentación de la época y llegan a ser contradictorios. Sin embargo, lo totalmente seguro es que Ramón Ramón dobló por Rondizzoni porque fue allí donde lo capturaron: para su desgracia, por esta calle venía transitando el prefecto de la Penitenciaría de Santiago, Salazar Acevedo, quien reaccionó a los gritos de la muchedumbre en la distancia sacando su arma de servicio y procediendo a detener al anarquista en fuga. También llegaron otros uniformados que lograron reducirlo haciendo uso de sus sables. Por esta razón, Ramón Ramón aparece vendado en las fotos posteriores.
Modestamente, creo que esto significa que el atentado contra Silva Renard debió darse en la proximidad del empalme de Viel con Rondizzoni, pero no tengo seguridad de que haya sido exactamente allí como se indica en algunos documentales y fuentes, sino un poco más al interior de la cuadra. Veremos pronto que, a pesar de esto, fue allí donde se erigió informalmente el pequeño monolito, en recuerdo de este acontecimiento.
 
Recortes de los diarios de la época. Creo, en general, que la mayor parte de la prensa oficial solidarizó con Silva Renard y condenó el atentado de Ramón Ramón, aprovechando de hacer toda una apología de la Masacre de Santa María de Iquique sucedida siete años antes. (clic encima de cada una para ampliar).
CONSECUENCIAS INMEDIATAS
No bien llegó la noticia del atentado a los medios de prensa, diarios como "El Mercurio" aprovecharon el contexto del ataque de Ramón Ramón para hacer sendas defensas revisoras en favor de Silva Renard, donde se informaba escasamente de los detalles del intento de asesinato pero se resaltaba que correspondía a un ataque a mansalva y por la espalda, perpetrado por un civil extranjero contra un uniformado de categoría, etc.
No sólo se intentó hacer apología de la figura del General Silva Renard, sino también de la sangrienta Masacre de Santa María de Iquique, justificándola como necesaria y casi inevitable al calor de los ánimos de entonces, además de describirla como una respuesta al peligro que revestían los movimientos huelguistas manipulados por agitadores políticos y por extranjeros. Todavía es posible encontrar algunas opiniones de este tipo, por cierto.
Como vimos, era cierta la presencia de ciudadanos extranjeros en los hechos de Iquique, incluyendo algunos provocadores que, dicho sea de paso, dejaron abandonados a los obreros durante la matanza y corrieron a refugiarse al consulado de los Estados Unidos, paradójicamente, como se ha demostrado en estudios a cien años de la masacre. Sin embargo, los apologistas de Silva Renard intentaron exponer esta situación ya entonces, tras el atentado, como un caso de amenaza a la seguridad nacional, concepto que no sé si se habrá aplicado así de fríamente para justificar alguna otra de las innumerables masacres del salitre que tiñeron de sangre los desiertos chilenos, hasta fines de la República Parlamentaria.
En cierta forma, y a riesgo de exaltar pasiones entre los admiradores de Ramón Ramón, me atrevería a decir que el atentado, además de fallar, resultó en un contrasentido pues, por un lado, se identificó ante la historia sólo a Silva Renard como responsable de la infausta matanza de Iquique, y por otro, los sectores dominantes de la sociedad chilena aprovecharon con desparpajo el atentado para hacerle un verdadero homenaje público y restaurar sus insistencias sobre la legitimidad que creían ver en su actuación en los sangrientos sucesos de 1907.
Considérese además que, siendo Silva Renard sólo un ejecutor de órdenes, éstas en realidad fueron emanadas del Ministro de Interior Rafael Sotomayor Gaete, quien jamás fue reprochado por lo sucedido. Según algunos estudios, además, se supo después de su participación accionaria en las salitreras nortinas y de un escándalo de corrupción política que habría alcanzado su figura, caso que, de ser cierto, haría verla tan distinta y contrastante con la intachable imagen de su fallecido padre, don Rafael Sotomayor Baeza. Algo sobre estas controversiales relaciones aparece mencionado por los productores del documental "La Venganza de Ramón Ramón", del año 2007, dedicado precisamente al atentado contra Silva Renard.
Por supuesto, no me correspondería distraerme cuestionando la efectividad del acto de venganza del español Ramón Ramón ni polemizando con la validez de su conmemoración como hecho histórico, materializada en actos como la colocación de una piedra a modo monumento, de la que hablaré más abajo. Puedo comprender la lectura apasionada que los actuales anarquistas quieran darle a este personaje y a su acción, pero no deja de ser menor el hecho de que la revisión de la mayoría de la prensa de aquellos años en torno al atentado, arroje por conclusión que prácticamente toda la crónica se cuadró en favor del uniformado y en contra de la intervención de agitadores extranjeros dentro del país, salvo uno que otro pasquín asociado al sindicalismo revolucionario.
Ubicación antigua del monolito. Éste fue desplazado después hacia el interior del jardín que se observa atrás, pues todo el sector de la esquina fue embaldosado para un puesto de comercio. Desconozco si sigue allí.

Acercamiento a la piedra grabada.
DESPUÉS DEL ATENTADO
Como dije, tengo algunas observaciones con la versión de que haya sido en el punto preciso de la esquina el lugar exacto del atentado, pero eso es una minucia comparado con otra creencia muy generalizada que leo en algunos sitios: que la muerte de Silva Renard tuvo lugar en este mismo lugar de su atentado.
La verdad es que, para molestia de sus enemigos, el General Roberto Silva Renard sobrevivió a sus heridas y murió unos años después, en otra ciudad.
A mayor abundamiento, revisando datos relativos a los informes médicos que le fueron entregados al Juez De la Barra por el Doctor Enrique Valenzuela, quien se encargó de los cuidados del general herido, se advertiría que sólo dos de las cinco heridas recibidas por el militar eran realmente graves y virtualmente mortales. Hay quienes han recalcado que la lesión que recibiera Silva Renard cerca del cuello y la nuca, y que le provocara una parálisis parcial en la cara, habría revestido tal gravedad que, finalmente, le llevó a la muerte años después. Pero esto me suena más a una forma orgullosa de no renunciar a la idealización del atentado cometido por Ramón Ramón, evitando aceptar que el odiado uniformado sobrevivió al apuñalamiento. Todavía más: veo en los reportes médicos citados en la prensa de la época sobre el estado de Silva Renard que, aunque aún estaba lejos del alta, éste ya se hallaba fuera de peligro de muerte sólo dos días después del ataque, de modo que la gravedad de sus heridas lo mantuvieron en peligro vital solamente durante las primeras horas después del atentado.
Lo que sí podrían anotarse como "puntos de daño" en la vida de Silva Renard es que, tras el atentado, debió acelerar su retiro. Jubilación, que, de todos modos, no habría estado cerca de concretarse ya, pues rondaba los 59 años de edad. Así, se mudó más tarde a Viña del Mar y allá fue afectado de una enfermedad invalidante y degenerativa que le dejó postrado y casi ciego, parecida a alguna forma parálisis progresivo que le costó un ojo y le provocó los problemas para respirar e ingerir alimentos, llevándolo a la tumba. Con relación a esto, ciertas fuentes sugieren que tal forma de deceso se debió en el largo plazo a las mismas heridas causadas por el apuñalamiento, según leí en un periódico digital que se autodefine latinoamericanista y en un ejemplar de un diario "El Mercurio" más cercano a nuestra época. Pero tengo la sospecha de que esta afirmación es más bien para salvar la esperanza de que Ramón Ramón haya concretado en la posteridad la eficacia del atentado. Quizás algún médico pueda aportar más al respecto, alguna vez, comentando la sintomatología de Silva Renard al final de sus días.
Lo concreto es que Silva Renard murió seis años después del ataque y a 130 kilómetros del lugar donde fuera apuñalado. El verdugo de los huelguistas en Santa María de Iquique y sobreviviente del atentado contra su vida en el Parque Cousiño, falleció el 7 de julio de 1920, con cerca de 66 años.
Ramón Ramón, por su parte, pudo salir libre después de fallecido el general, en 1921, cuando fue expulsado de vuelta a España. Aunque la sacó "barata" frente al rigor de la justicia, jamás pudo superar los dolorosos sucesos de haber perdido a su hermano, cayendo postrado por las depresiones contraídas en esta negra aventura en tierras chilenas. Falleció tres años después de haber recuperado la libertad, solo y pobre.
En tanto, el ex Ministro Sotomayor Gaete, quizás verdadero responsable de la orden de la Masacre de Santa María de Iquique en 1907 según algunos autores, misma que se llevara la vida del hermano de Ramón Ramón que éste intentó vengar apuñalando a Silva Renard, había fallecido muy poco tiempo después del atentado al general y de una enfermedad con apropiado gentilicio a las circunstancias de todos estos hechos: gripe española, mientras se dirigía a Europa en 1918, a tomar una legación.
UN MONOLITO INFORMAL
Un monolito conmemorativo del atentado fue colocado a un costado del Parque O'Higgins, al parecer por grupos autodefinidos como anarquistas (más bien anti-sistema). Es de roca rosa con inscripciones en caracteres pintados de rojo. Hasta no hace mucho, sin embargo, los vecinos y comerciantes callejeros le daban un empleo muy poco "histórico": la usaban como asiento e incluso para apoyar mercaderías de algunos vendedores. Luego, la piedra fue despegada del piso y colocada en otra posición dentro de la misma esquina.
Mi impresión es que estos grupos anarquistas chilenos han visto en Ramón Ramón una especie de analogía entre su intento de asesinato a Silva Renard con otras acciones de ácratas radicales internacionales de la misma época, como por ejemplo el atentado explosivo que le quitó la vida al Coronel Ramón Lorenzo Falcón en 1909, militar argentino que había reprimido duramente las huelgas y revueltas obreras de ese año. En venganza, y tal como en el caso chileno, el joven inmigrante judeo-ucraniano Simón Radowitzky decidió darle muerte en Buenos Aires al controvertido jefe de la policía federal, convirtiéndose en un icono del anarquismo local.
Según consulté, el monolito había sido instalado por particulares sin autorización del Consejo de Monumentos Nacionales. Se lo inauguró el 21 de diciembre de 2008, en el año 101 de la Masacre de Santa María de Iquique, por un colectivo autodenominado Memoria Rebelde. Inicialmente, estaba en la esquina del costado poniente de avenida Viel con General Rondizzoni, a escasos metros de la Estación Metro Rondizzoni, llevando grabada la siguiente inscripción (interrumpida por una fractura sobre la roca):
EL DESPERTAR DE LOS TRABAJADORES DIC 1914
ANTONIO RAMON RAMON VENGADOR DEL PUEBLO
SE HA HECHO LA JUSTICIA DEL PUEBLO
A un costado de la piedra está pintado también el rostro de Antonio Ramón Ramón, me parece que basándose en una de las imágenes que captó el diario "El Mercurio" en aquellos años, después de haber atacado a Silva Renard y ser hecho prisionero. A continuación, en una placa de mármol colocada en el suelo, se lee:
"EN ESTE LUGAR, ANTONIO RAMÓN RAMÓN, AJUSTICIÓ AL GENERAL SILVA RENARD QUIEN DIO LA ORDEN DE MATAR A LOS OBREROS PAMPINOS, DE LA ESCUELA "SANTA MARÍA" DE IQUIQUE. MEMORIA REBELDE".
No sé quién habrá asesorado a los muchachos de Memoria Rebelde pero, lamentablemente para ellos, el monolito conmemorativo repite el comentado error esencial de creer que Silva Renard murió allí; en estricto rigor, yerra al hablar de ajusticiamiento, más allá de las lo que se estimó como buenas intenciones para colocarlo. Dijimos también que quien "dio la orden" habría sido el Ministro Sotomayor, mientras que el general sólo la ejecutó con los hombres bajo su mando.
Siento que se debe ser majadero en recalcar que Silva Renard no murió en el lugar de su atentado, ni logró ser "ajusticiado" allí: vivió por algunos años más, teniendo tiempo incluso de cambiarse de ciudad y hasta superar el límite de edad de aquella época, como vimos. Si algo debía decir el monolito, entonces era que aquí Ramón Ramón "intentó ajusticiar" a Silva Renard, pues el acto de ejecución quedó truncado al fracasar en su deseo de darle muerte al militar. Curiosamente, hay una enormidad de fuentes en la internet que todavía acogen este mismo error, creyendo que Silva Renard efectivamente murió "ajusticiado", por lo que se puede eximir de cierta responsabilidad a los anarquistas chilenos de nuestros días por haberlo repetido en el monolito.
El Consejo de Monumentos Nacionales me informó hace unos años que no tenía competencia para corregir estos errores en monumentos particulares es espacios públicos. Hace pocos meses, además, esta pieza estaba desmontada y colocada en otro sitio de la esquina, muy maltratada, luego que se repavimentó y embaldosó ese lado de la esquina por un local comercial. Desconozco, por lo tanto, si en este momento sigue allí.



http://urbatorium.blogspot.com.ar/2012/03/el-caso-de-un-intento-de-homicidio-en.html

TOTAL ABANDONO DE MONUMENTO A MATANZA DE ESCUELA SANTA MARÍA DE IQUIQUE

21 marzo, 2012 – 19:29




Indignación causa el mal estado del lugar donde fueron acribillados más de mil luchadores sociales, pampinos, mineros, y explotados
Por Bastián Garcés y Patricio Mery
El antiguo edificio conocido como la escuela Santa María de Iquique donde se supone que ocurrió la matanza (aunque muchos creen que la verdadera matanza sucedió en el lugar de la vega) y que es un patrimonio de las reivindicaciones y sobre todo un recordatorio de la brutalidad del Estado en contra de los movimientos sociales, se encuentra en abandono y transformado en un peladero. Este terreno, ubicado en el centro de la ciudad está resguardo por paredes de cholguán azules que no permiten ver su interior, sólo está en pie un humilde monolito realizado por la CUT regional y familiares de las víctimas. Además, este lugar es usado como baño público y basural dejando entrever la despreocupación de las autoridades del gobierno regional, entre ellos el Gobernador de Iquique Felipe Rojas, militante de la UDI y operador político de la ministra Matthei, que no tienen considerado ningún plan para el lugar. No es de extrañar que para este gobierno que entre sus miembros se encuentran  defensores y fans del gobierno militar  no sea una prioridad el mantener viva la memoria histórica de una de las matanzas más horribles realizadas en contra de la clase trabajadora. Por otra parte ni el senador socialista Fulvio Rossi ni el diputado comunista Hugo Gutiérrez se han mostrados muy activos en denunciar esta grave vulneración de la memoria histórica.
HISTORIA DE UN GENOCIDIO
El 21 de diciembre de 1907 la historia de nuestro país se tiñó de rojo por el derramamiento de sangre de miles de trabajadores ocurrido en la escuela Santa María de Iquique, la masacre obrera más terrible que ha presenciado nuestro país.
Los antecedentes de la matanza se remontan al de 10 de Diciembre de dicho año en el que los trabajadores de la salitrera San Lorenzo se van a huelga, pidiendo reivindicaciones sociales y mejoras laborales, para luego iniciar una marcha junto a trabajadores de otras salitreras que también se habían adherido a la huelga. Dicha marcha culminó el día 16 del mismo mes en la ciudad de Iquique, en donde los esperaba una ciudad militarizada, ya que además de los 2 regimientos habían llegado desde Valparaíso 3 adicionales, mientras que el Ministro del Interior Rafael Sotomayor ordena al Intendente de Tarapacá, Carlos Eastman, restringir las libertades debido a la negativa de los huelguistas de volver a la faena del salitre.
La actitud represiva del Gobierno del presidente Pedro Montt seguía en aumento llegando al punto máximo el día 21 de Diciembre en el que el Intendente de la región exige a los huelguistas abandonar la Escuela Santa María de Iquique, la cual ya llevaba una semana ocupada por los mineros, exigencia que no fue cumplida. A estas alturas la región estaba sitiada por numerosas fuerzas militares y tres buques de guerra.
El General Roberto Silva Renard junto al Coronel Ledesma fueron los encargados de perpetuar este acto cobarde, vil, en el cual las metralletas y los soldados rodearon la escuela ocupado por los huelguistas, no solamente hombres sino que familias completas, con niños pequeños, mujeres y ancianos, esperando la orden para abrir fuego contra gente indefensa. La orden se dio a las 15.30 y los soldados arremetieron contra la escuela sin miramientos, el objetivo era sofocar el movimiento social y darle una lección al resto de los trabajadores. Después de acometer la masacre, en lo que actualmente los tribunales internacionales califican como genocidio o crimen de lesa humanidad, se dedicaron a rematar a los moribundos. Los militares chilenos asesinaron a sus compatriotas dejando un saldo de 2000 muertos y 400 heridos. Este acto quedo impune, es más fue avalado por las autoridades de la época, quienes entregaron compensaciones a los autores del hecho, dejaron a un país de luto y  una política de Estado represiva contra los movimientos sociales que perdura hasta nuestros días.
LA SANGRIENTA FIGURA DE ROBERTO SILVA RENARD
Benditas víctimas que bajaron
desde la pampa llenas de fe
y a su llegada lo que escucharon
voz de metralla tan solo fue
Por Alejandro Lühr
Los sucesos que culminaron en la trágica masacre de la Escuela Santa María de Iquique, el 21 de diciembre de 1907, constituyeron unos de los hitos más emblemáticos del movimiento obrero chileno. La mediación del gobierno durante la huelga, su masividad y su fatal desenlace, le dieron una especial connotación al conflicto, además de afectar profundamente la actividad salitrera y de provocar un fuerte impacto en la época, reflejado en la extraordinaria difusión de los acontecimientos en la prensa.
Pese a que desde principios de 1907, Iquique se encontraba convulsionado por una serie de conflictos debido a la fuerte devaluación del peso y la consiguiente alza de precios, la huelga salitrera propiamente tal, estalló el 10 de diciembre en la oficina San Lorenzo, extendiéndose rápidamente a todo el cantón de San Antonio.
Es aquí donde aparece la triste y macabra figura del general Roberto Silva Renard quien en el movimiento obrero de 1907, sin mediar compasión, ordenó a sus tropas hacer fuego en contra de la multitud. La trayectoria del general Silva Renard no solo se remite a la matanza obrera de la Escuela Santa María. Su curriculum es mucho más agresivo. En 1903 actuó como fiscal militar en el proceso por la masacre que ese año perpetraron efectivos del ejército contra los obreros del puerto de Valparaíso, llegando a la conclusión que los militares acusados eran en realidad las víctimas. Igualmente, El 17 de septiembre de 1904 comandó las tropas que masacraron a los obreros en la huelga de la oficina salitrera Chile. Estos eventos dejaron como resultados la muerte de un número indeterminado de obreros.
Pero eso no es todo, el mencionado general también actuó en el mes de octubre de 1905 cuando en Santiago se produjeron masivas manifestaciones en protesta por el impuesto a la carne argentina en el llamado mitin de la carne. Para enfrentar a la multitud, se hizo regresar a las tropas, que al mando de Silva Renard perpetraron una nueva masacre. Unos 70 manifestantes murieron, 300 quedaron heridos y otros 530 fueron detenidos. Pero sin duda, su mayor matanza fue, como se dijo, perpetrada en la ciudad de Iquique. Según relatos de la época hacia las 3:30 de la tarde, el general a la usanza de Napoleón hizo tocar su clarín y dio la orden del crimen. Fríamente dio la orden de fuego. El ruido de los disparos fue ensordecedor. Uno de los tantos acribillados en la Escuela Santa María fue un ciudadano español de nombre Manuel Vaca, obrero de la oficina salitrera Jaspampa. Su medio hermano, el supuesto anarquista Antonio Ramón Ramón quiso hacer justicia con sus propias manos.
Antonio tardó 7 años en tener su encuentro con el general Silva Renard, años en que imaginó una y otra vez  el poder cobrar venganza por la muerte de su hermano y toda la gente asesinada en la pampa salitrera. Su vida fue un reflejo de las enmarañadas vidas de principios de siglo, barbaries militares, trabajos abusivos, honor, venganza, ideales obreros, conversaciones revolucionarias, fraternidad y solidaridad.
Y el día llegó. En pleno centro de Santiago, el 14 de diciembre de 1914 a eso de las 10:15 de la mañana, asestó sobre Silva Renard cinco puñaladas, una de ellas obligó al general llevar un parche en el ojo hasta su muerte en 1920. Si, hasta 1920, porque Antonio no pudo acabar con la vida del macabro general. Se cuenta que ante los gritos del general, al verse enfrentado a un obrero con un puñal en mano, y no a una masa de obreros indefensos como tanto le gustaba, Antonio Ramón se apiadó y se echó a huir por las calles de Santiago. Antonio luego intentó tomar una botella con veneno, que no produjo efecto alguno. Corrió en dirección hacia el parque Cousiño, donde fue capturado por guardias del ejército y ayudantes del general. Fue herido a golpes y sablazos en la cabeza, y a la medianoche del mismo día, fue llevado al hospital de la cárcel. De ahí en adelante su verdadero futuro es incierto, un detenido desparecido más en la historia de Chile.


http://www.pnews.cl/2012/03/21/total-abandono-de-monumento-a-matanza-de-escuela-santa-maria-de-iquique/

La Historia Oculta del Régimen Militar

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