Secciones

Buscamos Editores - Participa - Colabora

Mostrando entradas con la etiqueta DINE. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta DINE. Mostrar todas las entradas

sábado, 28 de septiembre de 2013

3 elementos que levantan sospechas en la muerte de #OdlanierMena, ex jefe de la CNI


El cadáver del general en retiro Odlanier Mena, primer director de la Central Nacional de Informaciones (CNI) y militar condenado por violaciones a los derechos humanos que sería trasladado a Punta Peuco, fue encontrado muerto esta mañana en las proximidades de su departamento de Las Condes mientras disfrutaba del permiso de salida dominical.

El fallecimiento de Mena generó una ola de incertidumbres sobre el futuro del traslado de reos desde el Penal Cordillera a Til Til, considerando laextraña suspensión del operativo que debía realizarse ayer por la noche.

"La decisión tomada, a pesar de este trágico fallecimiento no se va a ver alterada y se va a implementar en el momento oportuno", declaró hoy el presidente Sebastián Piñera.

Según reportes de prensa, el ex director de la CNI se habría disparado en la sien con un arma de fuego a eso de las 9:00 hrs. de este sábado, hallándose su cuerpo “tendido en el sector del depósito de basura, que se encuentra en la parte exterior del inmueble”, en el pasillo del edificio.

En el lugar de los hechos se constituyó el fiscal Roberto Contreras, quien habló de un “supuesto suicidio” y no descartó la participación de terceros.

A continuación analizamos tres elementos que podrían arrojar luces sobre la posibilidad de un asesinato.

1. Manuel Contreras trató de envenenarlo

No son menores las discrepancias que el fallecido militar tenía con el otrora jefe de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), "Mamo" Contreras.

En 1977, luego del asesinato en Washington del ex canciller allendista, Orlando Letelier, Mena asume como director de la recién creada CNI para comprobar la eventual participación de Contreras en los hechos.

La investigación logra dar rápidamente con el químico Michael Vernon Townley, estadounidense radicado en Chile que operaba al servicio de la CIA. Mena lo detiene y procede a citar a Contreras a su oficina. Allí le pregunta si tiene vinculaciones con Townley. “No, mi general, no tengo nada que ver”, fue la respuesta.

“En un mes me di cuenta de que sí había abierta participación de la DINA… Y eso significó la iniciación del proceso de los pasaportes, y el que llevó a la cárcel a Contreras”, declaró Mena a La Segunda el 22 de septiembre de 2012.

“Sigo pensando que Contreras es la persona más perversa que pasó en la historia de Chile… Me asiste la casi seguridad de que el asesinato a Prats y Letelier fue una prueba profesional que él rindió a la DINA para posicionarse en la comunidad internacional de inteligencia”.

“Es cierto que trató de envenenarme”, agrega Mena en la entrevista. “El dejó mucha gente de la DINA enquistada en la CNI. Había tres secretarias. Un día una de ellas me dijo que su compañera había echado veneno en una taza de té que luego me sirvió. Después lo contó Townley en una entrevista; que Contreras le había encargado un veneno para mí".

2. Muerte favorece tesis de la “tortura psicológica” y estrategia judicial de Contreras

El presunto suicidio de Mena ocurre justo cuando los demás militares recluidos por crímenes de lesa humanidad en el Penal Cordillera, a través de una presentación del abogado René López a la Corte de Apelaciones de Santiago, señalan que han sido víctimas de una “tortura psicológica” por el anuncio de la transferencia.

“El presidente (Piñera) ha estado jugando con la gente… El presidente ha torturado psicológicamente a los presos que están en este momento cumpliendo sus condenas tranquilamente en Cordillera”, sostuvo López en la presentación del recurso que será revisado el próximo lunes por la justicia.

Horas después del deceso, el defensor de Contreras no tuvo tapujos enresponsabilizar al primer mandatario por “esta persona que se nos ha ido”, en alusión al ex jefe de la CNI. “¿Quiere usted seguir con otro? Yo creo que si el Presidente insiste en no entender la situación, quiere decir que o no tiene sentimientos o tiene un resentimiento en contra de estas personas”, declaró.

“El único responsable es el Presidente de la República”, se sumó el general retirado Luis Cortés Villa, ex presidente de la Fundación Augusto Pinochet. “Odlanier fue un hombre injustamente condenado. El Presidente no pensó en las consecuencias”.

Sumándose a los comentarios vertidos por el “Mamo” en contra de Piñera,amenazándolo con revelar detalles de su responsabilidad en el desfalco del Banco de Talca si se concreta el traslado a Punta Peuco, el supuesto suicidio de Mena pasa a convertirse en una conveniente medida de presión para el presidente.

3. Extraños robos sugieren que asociación ilícita se mantiene

Tal y como demostraron los asesinatos del ex coronel de la DINA, Gerardo Huber, y el bioquímico Eugenio Berríos –posiblemente además, el homicidio del periodista británico Jonathan Moyle en el Hotel Carrera (Fidae 1990) – la asociación ilícita de elementos corruptos del Ejército chileno y civiles ligados a los crímenes de la dictadura siguió prosperando con posterioridad al término del régimen pinochetista.

El secuestro de un hijo de Sebastián Piñera en mayo de 1993, justo cuando el entonces senador de RN estaba a punto de dilucidar el caso de espionaje telefónico del Ejército que lo había hecho pasar más de una vergüenza – “Kiotazo” – comprueba que una intrincada red de influencias dedicada a ocultar delitos y proteger la impunidad de victimarios logró asentarse incluso durante la democracia.


En diciembre de 2012, el periodista Mauricio Weibel sufrió el extraño robo de su computadora. Weibel había difundido hace muy poco una serie de documentos secretos de la DINA y la CNI, compendio que publicó en un libro de la Editorial CEIBO titulado “Asociación ilícita”. En un período relativamente corto, la misma sustracción de discos duros afectó a Javier Rebolledo, escritor de “La danza de los cuervos”, a la corresponsal del New York Times, Pascale Bonnefoy, y al director en Chile del Le Monde Diplomatique, Víctor Hugo de la Fuente.

Frente a la seguidilla de robos, Weibel se mostró abierto a la posibilidad de que éstos correspondieran a “una operación de ex agentes de inteligencia”.

Lo anterior derivó en una acción judicial que buscó indagar si la policía, el Ministerio Público, la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI) y la Dirección de Inteligencia Nacional del Ejército (DINE), poseían información sobre algún grupo que estuviera operando para encubrir ilícitos cometidos durante la dictadura de Pinochet.

"No me cabe dudas que estos organismos, en especial el que opera bajo el amparo del Ejército, tienen datos de algún grupo (vinculado a los robos)”, aseveró el abogado Eduardo Contreras, patrocinante del periodista. "Todo esto demuestra una sola cosa: que el largo brazo de la dictadura sigue vigente", enfatizó.

Es de esperar que la investigación sobre la muerte de Odlanier Mena considere los antecedentes ya descritos antes de descartar completamente la participación de terceros.


http://linkis.com/verdadahora.cl/mDKo

General Odlanier Mena no aceptó traslado del Hotel Cordillera a Punta Peuco y se suicidó

Este sábado se confirmó el suicidio ocurrido durante esta mañana de Odlanier Mena, ex jefe de la CNI y uno de los 10 internos que iba a ser trasladado a Punta Peuco. El general en retiro hacía uso de un beneficio penitenciario que le permitió salir hasta su casa en Las Condes, lugar donde atentó contra su vida.
Su detención ocurrió el 9 de enero de 2009 en el balneario de Maitencillo y fue condenado a 6 años de presidio por la muerte por fusilamiento de 3 militantes socialistas el 20 de octubre de 1973 en las cercanías de Arica. Mena tenía que regresar este domingo y, según fuentes oficiales, se disparó en la sien al no aceptar trasladarse del hotel 5 estrellas que es el Penal Cordillera a uno de 4 como lo es Punta Peuco.

AHÍ TIENEN A LA VERGUENZA NACIONAL DE LOS “VALIENTES SOLDADOS”

UNA TROPA DE RATAS INMORALES


http://www.gamba.cl/2013/09/exterminado-como-rata-general-odlanier-mena-no-acepto-traslado-del-hotel-cordillera-a-punta-peuco-y-se-suicido/

La última carta del general (R) Odlanier Mena Salinas

Ex director de la CNI, se quitó la vida a los 87 años.

Solo dos días después del decisión de cerrar el Penal Cordillera, el general (R)Odlanier Mena, se quitó la vida en su casa, mientras gozaba del beneficio de la salida dominical.
En una trágica coincidencia, este sábado, también salió publicada una carta suya en el diario El Mercurio. En la misiva, el ex director de la CNI, negó haber participado en el Plan Cóndor.
A continuación el texto completo:
Señor Director:

El sábado pasado se publicó en este diario una nota según la cual yo tendría participación en el Plan Cóndor, junto con Contreras y Arellano.

Declaro, bajo juramento, que no he tenido conocimiento ni participación alguna en dichas acciones ilegales. Es más, al término de mi mando en el Regimiento Rancagua, en Arica en 1974, fui trasladado a Santiago para recibirme de la Dirección de Inteligencia del Ejército. Accedí, pero con la condición de no tener contacto alguno con Contreras, quien mandaba la DINA. Como esto no se cumplió, y, por el contrario, con fecha 25 de septiembre de ese año, se dispuso la subordinación de todos los servicios de inteligencia a ese organismo, me retiré de inmediato de mi cargo y renuncié de forma indeclinable a mi institución.

Todo esto figura en mi libro "Al encuentro de la verdad".


Odlanier Mena Salinas

http://www.24horas.cl/nacional/la-ultima-carta-del-general-r-odlanier-mena-salinas-863512

Se suicida uno de los militares del penal Cordillera, el General Odlanier Mena ex director de la CNI

Tras la noticia de su traslado, el ex director de la CNI se quitó la vida en su casa en la comuna de Las Condes.

por Karen Soto Galindo - 28/09/2013 - 11:18

En su casa en la comuna de Las Condes, el ex director de la CNI Odlanier Mena se quitó la vida.
De acuerdo a informaciones de Gendarmería, el hecho ocurrió en horas de esta mañana, en circunstancias que aún se desconocen.
El imputado -compañero de cabaña del brigadier Pedro Espinoza Bravo- se encontraba gozando de un beneficio de salida de fin de semana, por lo que tendría que haber retornado al centro penitenciario mañana domingo por la tarde.
El suicidio del general en retiro de 87 años, se produce en medio del operativo de Gendarmería para iniciar el traslado de los diez internos que permanecen recluidos en el Penal Cordillera por delitos contra los derechos humanos.
Noticia en desarrollo...

http://www.latercera.com/noticia/nacional/2013/09/680-544541-9-se-suicida-odlanier-mena-ex-director-de-la-cni-y-uno-de-los-internos-del-penal.shtml

viernes, 1 de febrero de 2013

¿Quién mató a Frei?

20 de octubre de 2000



    La posibilidad de que el ex presidente de la República Eduardo Frei Montalva haya sido asesinado por agentes de la dictadura de Pinochet comenzó a cobrar cuerpo de manera espectacular en estos días. Luego de 18 años de silencio, la familia, por intermedio de la hija mayor, senadora Carmen Frei Ruiz-Tagle, planteó públicamente sus dudas en sesión del Senado y requirió diversos antecedentes a la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) por intermedio del Ministerio de Defensa.

    La senadora Carmen Frei habló en un ambiente tenso, con asistencia de la mayoría de los senadores democratacristianos y en presencia de su hermano Eduardo, senador vitalicio en su calidad de ex presidente de la República y de Gabriel Valdés Subercaseaux, ex canciller de Frei Montalva, que la escucharon con rostros severos. El discurso tuvo dos objetivos: a) resaltar la figura del ex mandatario, fallecido en enero de 1982 y aclarar aspectos de la reciente biografía publicada por el historiador Cristián Gazmuri, que según Carmen Frei distorsionan la imagen de su padre y lo hacen aparecer comprometido con el golpe militar de 1973; b) y, al mismo tiempo, formular oficialmente dudas en torno a la muerte de Frei Montalva,vinculando a ella a organismos de seguridad y eventualmente al ex químicio de la DINA, Eugenio Berríos, asesinado en 1992 en Uruguay, según todo indica por agentes chilenos.

    La intervención de la senadora Carmen Frei provocó revuelo y aportó nuevos antecedentes. Pocas horas después declaró haber recibido otras informaciones "muy valiosas", según dijo. De esos informantes, agregó, a lo menos "dos tienen perfil público notorio" y estarían dispuestos a declarar.

    El ex presidente Frei Riuz-Tagle respaldó más tarde las apreciaciones de su hermana senadora. Reiteró que había muchas cosas extrañas en la muerte de su padre que debían ser investigadas.

    La denuncia de la familia Frei hizo renacer rumores que vienen desde el momento mismo de la hospitalización y muerte del ex presidente, convertido en esa época en abierto crítico de Pinochet y en personalidad relevante del arco opositor a la dictadura.

    Frei Montalva murió en enero de 1982 y exactamente un mes después fue asesinado el líder sindical Tucapel Jiménez Alfaro (PF 481). En treinta días el régimen militar se vio liberado de dos personalidades que potencialmente podían serle muy peligrosas en el plano político y en el terreno social. En el caso de Tucapel Jiménez, las pistas apuntan a la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE). Las dudas de la familia Frei van, al parecer, en la misma dirección, con referencia adicional al químico de la DINA, Eugenio Berríos, que en ese tiempo actuaba en proyectos todavía más o menos misteriosos -pero siniestros- en organismos de seguridad y del ejército. La DINA había sido disuelta en 1977 y reemplazada por la CNI. Contreras debió ceder el mando a su archirrival, el general (r) Odlanier Mena, que hizo una limpieza de los elementos más cercanos a Contreras y luego entregó el mando de la CNI al general Humberto Gordon, que había sido edecán del ex presidente Frei Montalva.


    LAS BACTERIAS DE BERRIOS

    La audacia era un rasgo característico en las operaciones de eliminación de opositores políticos o enemigos de Contreras y otros jefes de seguridad. El propio Odlanier Mena, jefe de la CNI, se convirtió en blanco de los ex agentes de la DINA. Estuvo a punto de ser envenenado con una bacteria que Eugenio Berríos obtuvo en el Instituto Bacteriológico. Hermes -nombre de guerra de Berríos- fracasó en su empeño, pero la idea estaba latente.

    Berríos, un bioquímico de alta calificación profesional, trabajó con Michael Townley para la DINA por instrucciones directas de Contreras. Tuvo a su cargo el desarrollo del gas Sarín descubierto por científicos nazis durante la segunda guerra mundial. A Berríos se le asignó la doble misión de convertirlo en un veneno no rastreable para eliminar a opositores políticos y también en arma de eliminación masiva en caso de guerra (primero con Perú y luego ante la eventualidad de un triple conflicto limítrofe detonado por un enfrentamiento con Argentina en 1978).

    El bioquímico convirtió el Sarín en un veneno que podía matar sin dejar huellas aparentando un ataque cardíaco. Fue probado por lo menos en dos ocasiones, en el caso del asesinato del conservador de Bienes Raíces, Renato León Zenteno, y luego en el de Manuel Leyton, un agente de seguridad que había desobedecido órdenes. Probablemente se usó en otros casos. Se consideró también su posible utilización para asesinar a Orlando Letelier para lo cual se introdujo en Estados Unidos un frasco de perfume "Chanel Nº 5" cargado con gas Sarín.

    El plan de utilización del gas Sarín fue conocido como "Proyecto Andrea" y participaron otros expertos. Hasta el momento se conocen los nombres en clave de tres de ellos: Gaviota, Canario y Dag. Hay un amplio campo penumbroso en esta materia, pero se dice que el Proyecto Andrea se mantuvo bien avanzados los años 80.

    Eugenio Berríos tenía una poderosa imaginación en materia de procedimientos letales. Dudaba si efectivamente el Sarín era indetectable. Como buen científico sabía que un elemento químico extraño puede ser rastreado con procedimientos cada vez más sofisticados en proporción a la sospecha de los investigadores. Por eso pensaba en un sistema "más natural" que matara sin dejar huellas.

    Mariana Callejas ha recordado en sus memorias que el locuaz Berríos afirmaba que "no había mejor manera de librarse de un indeseable que una gota de estafilococo dorado", una bacteria de efecto violentísimo que suele infectar los quirófanos de los hospitales. En esa línea de pensamiento Berríos debe haber considerado también el envenenamiento mediante el desarrollo incontrolado de bacterias patógenas que normalmente existen en el organismo humano.

    Los conocimientos letales de Eugenio Berríos no eran de su exclusividad.

    Hay otros personajes que aparecen y desaparecen en esta historia. Uno es el bioquímico Francisco José Oyarzún Sjoberg, mencionado hace algunos años como trabajando en una universidad californiana en ingeniería genética.

    En marzo de 1998 hubo una denuncia de Manuel Contreras que pasó casi inadvertida. Para liberar de responsabilidades a la DINA respecto a la operación veneno, sostuvo que entre 1978 y 1990 -ya disuelto ese organismo- se pagaron honorarios a Mariana Callejas, Francisco J. Oyarzún y Eugenio Berríos por la CNI u otros organismos de seguridad.

    En todo caso, para envenenar a un enfermo hospitalizado con alguna bacteria patógena no se necesita una alta calificación científica. Basta disponer del veneno -que podía conseguirse en el Instituto Bacteriológico, controlado por el gobierno- de un agente infiltrado en la Clínica Santa María y de la ocasión adecuada. Berríos no era, por lo tanto, indispensable. Pero también pudo cometer el crimen.


    FREI Y TUCAPEL JIMENEZ: OPOSITORES A LA DICTADURA

    A esas alturas la trayectoria de Eduardo Frei Montalva había cambiado. Luego del apoyo que dio al golpe militar y al nuevo gobierno en los momentos en que la represión masiva alcanzaba extremos aterradores, su posición empezó a variar. Se convenció de que los militares y especialmente Pinochet estaban decididos a gobernar de acuerdo a sus propias orientaciones. La dictadura podía prolongarse muchos años. Los generales más proclives a la DC -Bonilla y Arellano Stark- no estaban dispuestos a jugarse por un cambio. El desencanto del ex presidente fue determinante para que la DC retirara del gobierno a un grupo de militantes que actuaba en cargos técnicos con autorización del partido. A tono con las reticencias de Estados Unidos, Frei percibió que la ultraderecha y los militares más "duros" controlaban la situación. Y para ellos la DC y Frei eran enemigos de primera magnitud. Consideraban a los democristianos ambiguos y vacilantes, que habían abierto el camino al comunismo y la decadencia moral. Frei era estigmatizado por haber facilitado el ascenso de Allende y haber descabezado al ejército después del "tacnazo" del general Roberto Viaux, a fines de 1969. Dos años después del golpe, miles de ejemplares de "Frei, el Kerensky chileno", libro difamatorio escrito por un integrista brasileño, fueron repartidos en los cuarteles y enviados por correo a destinatarios seleccionados. La represión comenzó a alcanzar a la DC. Hubo detenciones y torturas de militantes. La radio Balmaceda fue clausurada y "La Prensa", diario del partido, dejó de circular. Contribuyó al cambio de orientación del ex mandatario la relación que mantenía con el cardenal Raúl Silva Henríquez y la impresión que le produjo el intento de asesinato en Roma de Bernardo Leighton y Anita Fresno, en septiembre de 1975. Los conocía de toda la vida. Poco antes había tenido un áspero intercambio de cartas con Leighton en el cual éste le reprochó su apoyo al golpe de Estado y no ahorró críticas ante la actitud ciegamente opositora de la DC, influenciada por Frei, que se entendió con la derecha y sectores fascistoides para provocar la caída del gobierno de Allende.

    Eduardo Frei Montalva seguía siendo la figura dominante en la DC. Además de Leighton, cuyo regreso a Chile había prohibido la Junta, estaban fuera del país Radomiro Tomic y Gabriel Valdés. Patricio Aylwin ya no dirigía el partido. En 1977 Frei se opuso más o menos discretamente a la "consulta nacional", mascarada organizada por la dictadura para exhibir un supuesto respaldo ciudadano ante las críticas de la opinión internacional. Un año y medio después, Eduardo Frei se reunió reservadamente con representantes del PC. Unos y otros exploraban la posibilidad de un entendimiento amplio contra la dictadura. El plebiscito convocado por Pinochet para aprobar la Constitución de 1980, dio a Frei la oportunidad que buscaba. Se jugó a fondo. Fue el orador principal en una multitudinaria concentración en el Teatro Caupolicán en que criticó a la dictadura y llamó a votar en contra del plebiscito.

    Fue un golpe al gobierno dictatorial que Pinochet resintió como un ataque personal. En medio de un fraude en gran escala, un 30% de la votación apareció rechazando la nueva Constitución y la legitimación de Pinochet como presidente de la República. La dictadura y las fuerzas opositoras sabían que ese porcentaje era muy inferior a la realidad.

    Frei a partir de entonces se convirtió claramente en líder de la oposición. Era un evidente peligro para el régimen, al que preocupaban no solamente las actividades de la oposición clandestina de Izquierda sino, especialmente, la oposición que se podía hacer más o menos públicamente. Como la que Tucapel Jiménez intentaba articular en el campo social, quien sería cruelmente asesinado no mucho después de la muerte de Frei.


    MISTERIO EN LA CLINICA

    A fines de 1981, Frei Montalva estaba próximo a cumplir 71 años y se mantenía en muy buenas condiciones físicas y psíquicas. Solamente lo molestaba una esofagitis producida por una hernia al hiato, enfermedad crónica no mortal y ni siquiera grave. Decidió operarse. Hizo consultas con médicos chilenos sobre la conveniencia de hacerlo en el país. Estos le garantizaron que existían condiciones técnicas equivalentes a las de Estados Unidos y altísimas posibilidades de una curación plena.

    Se internó en noviembre de 1981 en la Clínica Santa María y fue operado por un equipo dirigido por el doctor Alejandro Larraín, secundado por un grupo de médicos de alto nivel. Días más tarde aparecieron complicaciones -obstrucción intestinal por adherencias peritoneales-, que obligaron a una nueva operación el 6 de diciembre. Todo parecía todavía bajo control, pero al día siguiente se desencadenó un proceso infeccioso -derivado del virus Proteus Providence, según se dijo- que motivó otra operación de urgencia. El cuadro patógeno no fue conjurado. Otra operación el 17 de diciembre marcó el comienzo del fin. Murió el 22 de enero de 1982.

    Aparte del doctor Alejandro Larraín, intervinieron en una u otra calidad 20 a 25 médicos de los mejores de Chile entre ellos los doctores Alejandro Goic, Ramón Valdivieso y Juan Pablo Beca, para intentar salvarlo. Hubo interconsultas con médicos norteamericanos y se trajeron al país medicamentos de alta eficacia. Todo fue inútil.

    En esos mismos días comenzaron los rumores. Algunos recordaron el caso del general Augusto Lutz, jefe del SIM, Servicio de Inteligencia Militar al momento del golpe, fallecido después de una seguidilla de operaciones y tratamientos en el Hospital Militar a partir de una úlcera gástrica que hicieron pensar en un asesinato encubierto. Muchos años después su familia sostiene que Lutz fue víctima de la DINA por oponerse al coronel Manuel Contreras, ya convertido en hombre de confianza de Augusto Pinochet.

    Hubo cosas extrañas, que ahora son mencionadas oficialmente por Carmen Frei. Llamadas anónimas que advertían sobre un posible envenenamiento, trajines en la clínica de personas extrañas al cuerpo médico tratante y al personal auxiliar. La senadora Frei confimó también el rumor del desaparecimiento del protocolo de autopsia.

    Para los médicos el caso sigue siendo misterioso. La probabilidad estadística de la muerte como resultado de la operación era bajísima y más por la buena condición física del paciente y la competencia del equipo tratante.

    El médico Alejandro Larraín tuvo a su cargo la operación. Ha sostenido que la complicación post operatoria fue sumamente extraña. La única de esas características que ha visto en más de cinco mil pacientes. Por su parte, el doctor Alejandro Goic coincide en lo inusual de las complicaciones que condujeron al incontrolable y mortal proceso infeccioso. Ambos aclaran, sin embargo, que no tienen elementos para afirmar que hubo envenenamiento deliberado del paciente. Pero también concuerdan en que seguramente han aparecido antecedentes muy serios como para que la familia haga públicas ahora sus dudas.

    El misterio sobre la muerte de Frei y las posibles actuaciones encubiertas de la DINE abren nuevas interrogantes sobre mecanismos y dispositivos de seguridad y represión encubiertos durante la dictadura.

    En la investigación del asesinato de Tucapel Jiménez la atención se ha dirigido al DINE, después de haber estado focalizada por años en la CNI.

    Se encuentra procesado el general (r) Ramsés Arturo Alvarez Scoglia, junto con el ex director, Hernán Ramírez Rurange, junto a varios de los oficiales a su mando, entre ellos el ex mayor Carlos Herrera Jiménez.

    ¿Cumplía la DINE funciones especiales de eliminación y de quién era la responsabilidad en el caso de los asesinatos cometidos por sus agentes?

    ¿Sabía la CNI de estas operaciones paralelas? ¿Dependía Berríos de la DINE, de la CNI o de otro organismo secreto?

    El ex director del DINE, general Alvarez Scoglia alega inocencia. Afirma sin embargo que tuvo que haber "una orden" para el asesinato de Tucapel Jiménez, que no pudo ser decidido por "un capitán o un oficial cualquiera". Y agrega que "alguien tiene que haber dado esa orden".

    El ex director de la CNI general Humberto Gordon, fallecido recientemente, responsabilizó al DINE por la muerte de Tucapel Jiménez, eximiendo de responsabilidad a su institución. Puede que haya entregado alguna información sobre la muerte del presidente Frei Montalva a la familia. Acostumbraba decir que tenía admiración y respeto por el ex mandatario. "Don Eduardo me proteje desde el cielo", comentaba a sus íntimos

    La investigación de la muerte del ex presidente no será sencilla. Ha pasado mucho tiempo. Los archivos del ejército, por otra parte, no serán abiertos. No lo han sido hasta ahora

    FEDERICO LOPEZ

      Frei y el golpe
      Uno de los puntos conflictivos de la familia Frei frente al libro del historiador Cristián Gazmuri -"Eduardo Frei Montalva y su época"- es el supuesto apoyo del ex presidente de la República al golpe militar. Gazmuri sostiene que eso no aparece en el libro. Lo que sí aparece -declara- es el respaldo que Frei entregó a los militares después del golpe de Estado y en los primeros meses de la dictadura.

      Efectivamente, no hay antecedentes precisos, pruebas concretas de que Frei haya participado en la organización del golpe de Estado. Pero a lo menos debe haber estado en conocimiento del mismo. Importantes militares ligados a la DC -como los generales Sergio Arellano Stark y Oscar Bonilla- estaban entre los conspiradores principales. Hombres muy cercanos a Frei como su ex ministro de Defensa, Sergio Ossa Pretot, y el senador Juan Hamilton, tenían contactos con militares. Pero no hay pruebas concluyentes de participación efectiva.

      Son abundantes, en cambio, las demostraciones de la actitud favorable o el respaldo que Frei dio al golpe una vez producido. No estuvo entre los escasos parlamentarios y personeros DC encabezados por Bernardo Leighton y Radomiro Tomic que rechazaron el golpe y el fin de la democracia.

      Junto con ese silencio, hubo actitudes de apoyo inequívoco. Se mencionan las más relevantes. Eduardo Frei Montalva concurrió como ex presidente de la República al Te Deum del 18 de septiembre de 1973 en que la Junta Militar tuvo sitial de honor.

      En una entrevista dada al diario "ABC" de Madrid, Frei justificó apasionadamente el golpe y llegó a decir que "las fuerzas militares han salvado realmente al país de su total aniquilamiento".

      De manera aún más oficial lo hizo mediante una extensa carta al presidente de la Democracia Cristiana Mundial, el político italiano Mariano Rumor. En ella se hizo eco de acusaciones calumniosas contra el gobierno del presidente Salvador Allende y la Unidad Popular. Fue más allá. Pidió apoyo para los militares en su tarea de "reconstrucción nacional". Escribió: "Su fracaso (el de las FF.AA.) ahora sería un fracaso del país y nos precipitaría en un callejón sin salida". La carta de Frei a Mariano Rumor fue ampliamente publicitada por la Junta Militar.

      Hizo también una defensa de los militares y del golpe y una argumentada crítica al gobierno de la Unidad Popular en el prólogo al libro de Genaro Arriagada, publicado poco después del 11 de septiembre de 1973, titulado "De la vía chilena a la vía insurreccional". En un plano privado, Frei justificó su actitud en las cartas que envió a Bernardo Leighton, dadas a conocer hace pocos años

      F.L.

http://www.puntofinal.cl/001020/nactxt2.html

jueves, 31 de enero de 2013

Asesinato de Jaime Guzmán: Oscuros secretos de la transición chilena salen a la luz

EL AGENTE DINE, EL SUBVERSIVO Y UN INFORMANTE EN COMÚN:

Por : Cristóbal Peña en Reportajes de investigaciónPublicado: 05.10.2011



portada-leninguardia
En la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) lo conocían como Gustavo Benedetti. Su verdadero nombre: Lenin Guardia, “un informante que me entregaba todos los trabajos a mí o a mi secretario”, afirmó su agente controlador, el coronel Raúl Rojas Nieto, quien dijo que la relación se inició en 1987, cuando el futuro asesor de inteligencia del gobierno de Aylwin tejía vínculos privilegiados con la jefatura del FPMR. Más tarde advirtió al Ejército del crimen de Jaime Guzmán. ¿Para quién trabajaba realmente Lenin Guardia? Esta historia devela una oscura conjunción de intereses que urge desentrañar.
A Raúl Ernesto Rojas Nieto le quedaba una última carta que jugar. Una carta que rompía su lealtad al Ejército pero lo salvaba de caer en contradicciones ante la justicia. A fines de 2010, al declarar en el proceso judicial por el asesinato de Jaime Guzmán, el ex coronel y agente de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) había reconocido que uno de sus informantes estrella le había prevenido del atentado del que sería objeto en 1991 el senador y líder de la UDI por parte del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR). A ese informante lo conocía como El Noruego.
El agente Rojas Nieto no habló por iniciativa propia. Habló porque no le quedó otra opción cuando sólo días antes, el que fuera su superior y jefe máximo de la DINE, general (r) Hernán Ramírez Rurange, le contó al juez Mario Carroza que la información que hizo llegar oportunamente al general Augusto Pinochet, quien quedó de alertar al senador, le había sido proporcionada por el coronel Rojas Nieto. Este último admitió el hecho, pero en su primera declaración judicial aseguró no recordar el verdadero nombre de El Noruego. Entonces, como el juez programó un careo entre los dos militares, Rojas Nieto le mandó a decir que quería volver a declarar.
Raúl Rojas Nieto había recobrado la memoria.
En su segunda declaración judicial, el coronel (r) Rojas dijo que El Noruego, a quien también conocía por el apodo de Gustavo Benedetti, no era otro que Lenin Gilberto Guardia Basso. “Un informante de la DINE que me entregaba todos los trabajos a mí o a mi secretario personal”, detalló el ex agente DINE, quien agregó que “para tener calidad de informante se requiere de un periodo de tiempo anterior importante. Por ejemplo, yo llegué el año 1987 a la Dirección y pienso que él (Guardia) debe haber estado antes”.
Aunque Guardia negó tener calidad de informante, pues se definió como “una persona que se dedica a realizar análisis de la contingencia, todo ello de manera independiente”, sí reconoció ante el juez Carroza que “mantenía conversaciones de análisis” con personal de la DINE. Conversaciones y negocios. Todo mientras asesoraba en materias de seguridad al subsecretario de Interior del gobierno de Aylwin, Belisario Velasco.
Pero sus contactos iban todavía más lejos. En el mismo proceso judicial por la muerte de Jaime Guzmán, un alto jefe de la Central Nacional de Informaciones (CNI) aseguró que al menos desde fines de los ‘80 Lenin Guardia mantenía contactos con la comandancia del FPMR. Esos contactos plantean un escenario perturbador. Si el Ejército de la época tenía acceso a la comandancia del FPMR, bien pudo inducir algunas de las acciones subversivas de mayor impacto político.

APRECIO MUTUO

El mismo Lenin Guardia contó alguna vez que el fallecido general Herman Brady Roche, que para 1973 era comandante de la Guarnición de Santiago, intercedió a su favor para conseguir que saliera sano y salvo del país tras el Golpe de Estado. El militante del Partido Socialista, hijo de padres comunistas y con un pasado en el MIR, se estableció en Francia y más tarde en Cuba y Alemania Oriental. En Europa fue allegado a Carlos Altamirano, lo que según el asesor le generó enemistades con sus correligionarios.
En su última declaración ante el juez Carroza, Guardia recordó que en los días posteriores al retorno de la democracia, Osvaldo Puccio lo recomendó ante Enrique Krauss como asesor en seguridad. Sin embargo, su cercanía con Altamirano –afirmó- habría significado el veto de Marcelo Schilling y otros militantes socialistas que poco más tarde lideraron el combate a la subversión. “A pesar de ello soy llamado a trabajar con Belisario Velasco, lo que me vale una pugna con el resto de los socialistas que forman parte de la Oficina”, testificó a fines de 2010.
La Oficina era el nombre coloquial con que se conocía al Consejo de Seguridad Pública. Una de las personas que conoció su origen dice que las desconfianzas hacia Guardia no decían relación con su cercanía a Altamirano. Lo que generaba sospechas eran sus vínculos con los servicios de inteligencia del Ejército. En 1985, con motivo del remezón provocado por los tres profesionales comunistas degollados, el asesor coordinó un encuentro celebrado en su casa entre el general Humberto Gordon, entonces mandamás de la CNI, y dirigentes del Partido Comunista. El interés del general era descartar la participación de la CNI en los asesinatos.
El analista nunca aclaró cómo llegó a ganarse la confianza del jefe de la CNI. Lo que está fuera de dudas es que entre ambos había una relación de aprecio mutuo. En 2001, cuando Lenin Guardia cayó detenido por el caso de las cartas bombas, la policía encontró tres revólveres. Uno de ellos le había sido obsequiado por el general Gordon.

LA TARIFA

A fines de 1991, cuando Cristián Edwards aún se encontraba secuestrado por el FPMR, Lenin Guardia llegó hasta el despacho del subsecretario Velasco con una primicia. Traía el nombre de uno de los secuestradores, Ricardo Palma Salamanca, que además resultó ser uno de los dos pistoleros que disparó contra Jaime Guzmán.
“Le hice presente a Velasco que me parecía necesario que la información que le daba fuera trabajada por un organismo de investigación policial. Después de eso yo me desligué del asunto”, se lee en la declaración que el analista de inteligencia dio en 1996.
Según un funcionario del gobierno de la época que conoció este capítulo, Guardia puso precio al nombre de Ricardo Palma Salamanca: $30 millones. Un precio justo si se considera que gracias a ese dato la policía pudo resolver los dos casos que marcaron la transición política. Pero muy elevado atendiendo a que el soplo no fue fruto de un trabajo de inteligencia. Al menos no aparentemente. Se lo confidenció su pareja, la psiquiatra Consuelo Macchiavello Forni, quien tenía de paciente a la hermana de Ricardo Palma.
Dubilia María Consuelo Macchiavello Forni era parte de un equipo de profesionales de la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (Fasic) que asistía a víctimas de la dictadura. Entre esas víctimas se encontraba Marcela, la hermana de Ricardo Palma.
Desde fines de los ochenta, cuando comenzó a confidenciarle secretos de su vida, Marcela Palma desconocía por completo que su psiquiatra era pareja de un analista de inteligencia de filiación socialista. Es más: ni siquiera había escuchado hablar de Lenin Guardia. Igualmente desconocía que su psiquiatra estaba emparentada con el general Herman Brady Roche por medio de la esposa de este, Inés Macchiavello.
Brady, ex ministro de Defensa de la dictadura y el único de los generales que tuteaba a Pinochet, fue el mismo oficial de Ejército a quien Lenin Guardia agradeció de haberlo salvado tras el Golpe de Estado. El mismo a quien en sus últimas declaraciones identificó como el hombre que lo vinculó al coronel Rojas Nieto y otros militares de la DINE. Y el mismo con quien se asoció en 1993 para hacer negocios en una empresa formada un año antes junto a otros militares. La sociedad tenía el nombre de Carlos Durán y Compañía Limitada y estaba especializada en seguridad.
Herman Julio Brady Roche fue procesado por la desaparición de varias de las personas detenidas el día del Golpe de Estado en La Moneda. Murió a comienzos de este año, tras pasar los últimos dos en estado vegetal.

JEFE DE JEFES

Lenin Guardia pudo haber tenido aciertos fortuitos. Datos como el de Ricardo Palma Salamanca que no le demandaron mayor esfuerzo. Pudo también haber mostrado un exceso de amateurismo, presa del nerviosismo y la ambición, como ocurrió en 2001 al ser sorprendido enviando cartas bombas para generar una sensación de inseguridad que perseguía ampliar su campo laboral. Pero también hay que reconocer que, en su mejor momento al menos, accedió a lo más alto y granado de su especialidad. Que había ahí un trabajo que demandaba esfuerzo y talento. No se explica de otra forma que sus buenos oficios llegaran tanto a la inteligencia del Ejército como a la comandancia del FPMR.
Sobre esto último hay evidencias consistentes en el testimonio judicial que entregó Krantz Bauer Donoso, comandante de la Brigada Azul de la CNI, especializada en el combate al FPMR. Bauer le contó al juez Carroza que en 1989, la CNI siguió los pasos de “un oficial de alta jerarquía en el FPMR, educado en una escuela militar en Cuba y compañero de Galvarino Apablaza”. Este alto oficial se reunió en el Tavelli de Providencia con una mujer que luego de una corta reunión partió a un segundo encuentro. “Cuatro cuadras más allá lo esperaba un auto bonito al cual se sube, y revisada la patente del vehículo su propietario resultó ser Lenin Guardia”, contó el ex jefe de la CNI.
El alto oficial del FPMR fue identificado por Bauer Donoso como Aníbal Maur Sibanik, “una persona tan importante como (Raúl) Pellegrin” dentro del FPMR y candidato a sucederlo cuando éste fue asesinado tras el asalto al cuartel Los Queñes, en 1988. Precisamente en los días posteriores a ese hecho, la CNI detectó la entrada a Chile de Maur, un ciudadano argentino nacido en 1950 a quien los servicios de inteligencia de la dictadura consideraban el cerebro en las sombras del FPMR. El jefe de jefes.
El mito pudo haber tenido su origen hacia fines de los ’70 en La Habana, cuando Maur Sibanik participó junto a Jacinto Nazar y otros dirigentes del Partido Comunista (PC) chileno en una discusión que impulsó la lucha armada contra la dictadura. Era uno de los oficiales más brillantes de su generación, hijo de un matemático de origen judío polaco que llegó a la Argentina arrancando del nazismo y en 1970, atraído por el ascenso de Allende al poder, se trasladó a Chile junto a su familia. Fue en este país, mientras estudiaba Ciencias en la Universidad de Chile, que Aníbal Maur Sibanik asomó como dirigente comunista. Más tarde, en el exilio en La Habana, fue uno de los primeros militantes del PC chileno en ingresar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Desde mediados de los ’80, tras un breve paso por Nicaragua, tuvo a su cargo la estructura de apoyo del FPMR en Buenos Aires. Tenía contacto permanente con la comandancia del FPMR, y en uno de esos contactos la CNI detectó su entrada al país y descubrió el vínculo con Lenin Guardia.
Aníbal Maur no puede corroborar el hecho. En 2000, mientras conducía un Mazda Miata descapotable por una carretera argentina, perdió el control y se mató. Sin embargo, su viuda confirma hoy que el jefe del FPMR en Argentina tuvo encuentros con el analista de inteligencia. Los tuvo al igual que algunos de los comandantes de la Dirección Nacional del FPMR encabezada por Galvarino Apablaza, artillero como Aníbal y uno de los más cercanos a este.
“Para Aníbal fue una sorpresa volver a verlo tiempo después en televisión”, cuenta la viuda de Maur Sibanik. “Mira, me comentó, ese tipo es el mismo con el que nos reuníamos (en el FPMR)”.

LA OPORTUNIDAD

La información sobre Guzmán que Lenin Guardia vendió al Ejército pudo haberla obtenido de primera fuente. Pero también, como dijo él a la justicia, pudo haberla recogida del gobierno de Aylwin, que unas semanas antes del asesinato de Jaime Guzmán recibió un informe de la Dirección de Inteligencia de Carabineros alertando del hecho. El informe estaba basado en el contenido de panfletos firmados por el FPMR que amenazaban con matar a Jaime Guzmán y Manuel Contreras.
En esas fechas, el FPMR tenía otros políticos en la mira a los que también espiaba sus rutinas. Francisco Javier Cuadra era uno de ellos, y en 2010, al reabrirse la investigación por la muerte del senador, aseguró haber sido alertado por el general (r) Jorge Ballerino del peligro que corría. Ese fue el primero de varios secretos de la transición que comenzaron a salir a luz. El segundo apunta a la responsabilidad de Pinochet en el asesinato de Jaime Guzmán.
Nadie aún ha podido explicar por qué el entonces comandante en jefe del ejército nunca advirtió a Jaime Guzmán del peligro que corría, pese a que se había comprometido a ello cuando el general Ramírez Rurange, jefe de la DINE, le confidenció el dato que trajo Lenin Guardia.
El asesinato de Guzmán ocurrió a la semana siguiente, pocos días después de que el Presidente Aylwin diera a conocer el Informe sobre Verdad y Reconciliación que sentaba una verdad histórica sobre las violaciones a los derechos humanos en dictadura. Como terminarían por reconocer los propios dirigentes del FPMR, la muerte del senador UDI sólo podía favorecer a los intereses de un Ejército que demorará varios años en liberarse de la tutela de Pinochet.


http://ciperchile.cl/2011/10/05/asesinato-de-jaime-guzman-oscuros-secretos-de-la-transicion-chilena-salen-a-la-luz/

sábado, 12 de noviembre de 2011

Los servicios secretos militares de Chile: el rostro criminal oculto

“Dejad, pues, los que entráis aquí, toda esperanza” 
Inscripción en la puerta del infierno, según Dante Alighieri en ‘La Divina Comedia’. 


Ningún análisis sobre el actual sistema de inteligencia nacional chileno, podrá tener una adecuada perspectiva, sin rememorar los extremos criminales poco conocidos y que se siguen revelando, de sus inmediatos antecesores: los perversos servicios secretos del régimen pinochetista (1973-1990); el cual en 1974, creó la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), que luego de múltiples denuncias adjudicándole diversos crímenes -dentro y fuera de Chile-, fue reemplazada por la Central Nacional de Inteligencia (CNI) entre 1977 y 1990. La DINA y la CNI, fueron responsabilizadas, tanto por el informe de la chilena “Comisión Rettig” en 1991, como mediante 1.500 documentos desclasificados por EE.UU., y a través de juicios diversos vigentes hasta la fecha: de haber servido como base principal articuladora de la ‘Operación Cóndor’ (1976-1983), donde se perpetró espionaje, represión política y violación de los DD.HH., a la par, con miles de desapariciones y asesinatos, en sociedad con los servicios secretos de Bolivia, Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, de la época. 

Los servicios secretos tras la ‘delgada línea blanca’ 

Traficantes internacionales de drogas; la mafia italiana; contrabandistas de armas y drogas sirios; ex agentes de inteligencia militar argentina y uruguaya; criminales de guerra croatas; ex espías ingleses; terroristas italianos; ex nazis, narcos colombianos y peruanos; es decir, toda clase de sórdidos tipos afines a los ‘negocios’ criminales, fueron cómplices de los aparatos de inteligencia militar de Augusto Pinochet y su círculo más directo. Lo más probable, es que bajo la premisa: ‘los fines justifican los medios’, los dividendos de la cocaína, sirvieron para financiar muchas tenebrosas operaciones de los servicios secretos militares de Pinochet y para enriquecer a sus jefes. 

El diario chileno La Nación, reveló en mayo de 2006, varios de estos sucesos, asegurando por ejemplo, que el 22 de junio de 1985, un sujeto ingresó a Chile con un pasaporte a nombre de ‘Trinidad Moreno’. Su contacto en Chile era un funcionario del consulado chileno en Los Ángeles (California), Federico Humberto Silva Pizarro, con quien estableció relaciones comerciales y de amistad. Ambos arribaron a Chile en el mismo vuelo, y el tal ‘Moreno’, no era otro, que un ex sargento de la Infantería de Marina de Estados Unidos: el ciudadano greco-colombiano-americano-chileno, Frankel Iván Baramdyka Rodríguez, conocido narcotraficante estadounidense radicado en Los Ángeles, que escapaba de la justicia de Estados Unidos, y que el 10 de julio del mismo año, ingresó a la sociedad ‘Redes del Pacífico’, dedicada a la explotación y comercialización de pescado fresco chileno en Estados Unidos 

En 1993, Baramdyka fue extraditado a Estados Unidos, luego de cumplir una condena de cinco años por giro doloso de cheques. Pero antes que el FBI se lo llevara, dejó su historia grabada en video, donde reconoció sus vínculos con Patricio Madariaga Gutiérrez, el Cónsul de Chile en Los Ángeles, y encargado de cuidar los asuntos de Augusto Pinochet Hiriart (hijo del General Augusto Pinochet), cuando éste fue asignado a esa legación a comienzo de los años 80. Baramdyka también contó que entre 1983 y 1984, varias mafias colombianas fabricantes de cocaína, compraban éter y acetona producidos en el ‘Complejo Químico Industrial del Ejército Chileno’ en Talagante. Dicha planta fue transferida en 1979 desde el Instituto Bacteriológico de Chile (actual Instituto de Salud Pública de Chile). En 1987, el Mayor del Ejército Chileno (ECH), Gerardo Huber Olivares, ex oficial de la DINA que fue asesinado a inicios de 1992, tras ser involucrado en un contrabando de armas a Croacia, fue el último a cargo de dicha planta. 

Pero eso no es todo: en el proceso por el homicidio del químico de la DINA, Eugenio Berríos, tramitado por el juez Alejandro Madrid, hay un documento donde los jefes del Complejo Químico de Talagante, reconocen que la DEA de EE.UU. les advirtió en varias oportunidades que no existía documentación (en regla) sobre la producción de éter y acetona en esa planta, productos químicos esenciales para la fabricación de cocaína. Incluso uno de los oficiales del ECH, declaró ante la Policía de Investigaciones de Chile, que en una oportunidad, un sujeto de nacionalidad peruana, le compró miles de litros de éter y le dejó 50 mil dólares en un maletín, luego de firmar un contrato que se haría efectivo horas después. Al día siguiente, el peruano fue detenido en el aeropuerto, acusado de tener lazos con el cartel de Cali, por el ‘Departamento Drogas OS-7’, de la Dirección de Investigación Delictual y Drogas, de la Policía de Carabineros de Chile. 

Baramdyka relata igualmente, que a pocas semanas de su llegada a Chile, un oficial del ECH llegó a su oficina de la calle Huelén # 102. Le traía un mensaje: el Teniente Coronel ECH Álvaro Corbalán Castilla, ex Jefe Operativo de la CNI, deseaba ‘conversar’ con él. Se reunieron en el restaurante santiaguino, ‘Rodizio’ en la Avenida Apoquindo # 6480. Corbalán le pidió su asesoría para encontrar comprador de 75 kilos de cocaína que su organización tenía en las Bahamas. En diciembre de 1985, los mismos oficiales del ECH le presentaron en el restaurante ‘Oliver’ de Santiago, a un personaje clave en la organización: Edgardo Bathich Villarroel, de origen sirio y muy popular en el jet-set local de los ’80, poseía el único Rolls Royce de la ciudad, tenía casas en el Sur de Chile, propiedades lujosas en balnearios de moda y en centros invernales de esquí, donde ostentaba su colección de automóviles, lanchas y vehículos deportivos. 

Usualmente, Bathich viajaba en helicópteros de su propiedad, y ser invitado a sus fiestas, junto a estrellas de televisión y reinas de belleza, llegó a considerarse un verdadero privilegio. Bathich representó en Chile los intereses de Monzer Al-Kassar, un notorio y temido traficante de drogas y de armas sirio radicado en España, que compraba grandes extensiones de tierras en las cercanías de Mendoza (Argentina), y quien más tarde, obtuvo ciudadanía argentina gracias a los buenos oficios del gobierno de Carlos Menem. En 1985, el negocio de Bathich era la importación desde Europa, de motores diesel usados. Sus estrechos contactos con la familia Pinochet llegaban al punto, que Marco Antonio Pinochet Hiriart (otro hijo del General Pinochet), representante en Chile de las lanchas ‘Chaparral’, vendía sus productos a través de la empresa de Bathich, ubicada en la entonces, Avenida Circunvalación Américo Vespucio # 1313, de Santiago. 

En el restaurante ‘Oliver’, Baramdyka escuchó de Bathich algo asombroso: “Me dijo que él podía ayudarme y que tenía excelentes relaciones con el General Pinochet y con los Servicios de Seguridad. Me contó que movía cantidades importantes de cocaína, la ingresaba a Chile, en los motores usados que traía por tierra desde Brasil para su empresa ‘Bathich Motoren Ltda’. También usaba helicópteros y camiones que traían minerales de Bolivia. Pero ese no era un problema; Álvaro Corbalán de la CNI, se preocupaba de la seguridad del ingreso y del transporte de la cocaína dentro de Chile. Era en el exterior, donde sus operaciones presentaban dificultades. Me dice que tiene buenos contactos en Cancún-México, y en las Islas Vírgenes. También un sistema de correo con las azafatas y pilotos de LAN Chile, para ingresar cocaína a Miami. Pero ahora, están empeñados en transportes masivos. Me pide que lo ayude a ampliar sus contactos en Colombia. Ellos trabajan casi exclusivamente con Fabio Ochoa (entonces, capo colombiano del cartel de Medellín), y con sus tres hijos, los hermanos Ochoa Vázquez.”, contó el ex marine. 

En 1986, Baramdyka habría realizado tres viajes al extranjero por cuenta de la organización. El procedimiento fue siempre el mismo: vehículo militar hasta la frontera argentina, donde le entregaban un pasaporte paraguayo a nombre de Hernán Fuenzalida Galvarino. De ahí un taxi a Mendoza, avión a Ezeiza y traslado a otro país. Su misión era asegurar el tránsito de los vuelos con pertrechos militares chilenos, en algunos aeropuertos centroamericanos y del Caribe. En estos lugares se descargaban alijos de cocaína que venían desde Chile escondidos entre el material militar. Baramdyka aseguró haber conocido el contrabando de doce toneladas de cocaína, desde Chile hacia EE.UU. y Europa, entre 1986 y 1987. En Santiago fundó la empresa ‘Seafood Pacific Processing’. 

En torno al tema, el 27 de julio de 2006, el periodista chileno Rodrigo de Castro, autor del libro sobre Chile y el narcotráfico: ‘La Delgada Línea Blanca’, explicó a El Nuevo Herald de Miami, lo siguiente: “Quienes han investigado esta cara criminal oculta de la dictadura, saben por qué Manuel Contreras (ex jefe de la DINA) no entrega información dura, capaz de constituir pruebas concretas en contra -en este caso- de Augusto Pinochet. No lo hace, porque acabaría incriminándose a sí mismo”. En cualquier caso, la historia reciente viene mostrado que los militares chilenos, no han podido cerrar las puertas del pasado, y su involucramiento con el tráfico ilegal de drogas, podría ser una vertiente que destape una ‘Caja de Pandora’, llena de nuevos crímenes. 

El origen de la corrupta fortuna de Pinochet 

El 21 de diciembre de 1990, el Registro Civil chileno denunció la pérdida de 134 pasaportes, iniciándose un proceso en el Quinto Juzgado del Crimen de Santiago. Dos de estos documentos habían sido incautados el 18 de mayo de 1990 en la ciudad de Roma (Italia), al chileno Alejandro Ramírez Cáceres. Los pasaportes iban a ser entregados nada menos que a Edgardo Bathich Villarroel. De éstos pasaportes, al menos cuatro fueron extendidos con identidades adulteradas al General Augusto Pinochet y sirvieron para que éste abriera sus cuentas en el ‘Banco Riggs’ (vendido luego al grupo financiero PNC Financial Services), y estableciera sociedades en paraísos fiscales. 

Es necesario explicar, que a pesar de las indagaciones judiciales en Chile y EE.UU. iniciadas el 2004, cuando un Subcomité Permanente de Investigadores del Senado estadounidense, descubriera que Pinochet tenía millonarias cuentas en el ‘Banco Riggs’ de EE.UU.; aún es desconocido el total de la fortuna del ex jefe del régimen militar chileno. Se estima, que su dinero sobrepasa los 33 millones de dólares, y hasta hace poco, los indicios razonables apuntaban a que el origen era la venta de armas a Croacia (1991) o a Ecuador (1995), también comisiones por la compra de armamento. Pero ahora, el tráfico de drogas constituye otra sólida pista, para explicar la fortuna de quien lideró el Ejército chileno, entre 1973 y 1998: ¡25 años continuos! 

Volviendo al relato: en 1990, el Presidente Patricio Aylwin -recién instalado en La Moneda- designó como jefe de la Policía de Investigaciones de Chile, al General (r) Horacio Toro. A los pocos días de asumir el cargo, Toro recibió una información perturbadora: a fines de 1989, un joven colombiano llamado Jesús Ochoa Gálvez, se había instalado en Chile. El sujeto era pariente del clan de los Ochoa Vázquez, los capos del cartel de Medellín. Su vínculo con Chile era Bathich y la empresa ‘Focus Chile Motores’, la única, cuya sede contaba con helipuerto autorizado por la ‘Dirección de Aeronáutica Civil’. 

Estableciendo una relación lógica: si Ochoa Gálvez era socio de Bathich y éste estaba conectado con Marco Antonio Pinochet Hiriart; la inteligencia militar chilena tendría también allí su ‘puño de acero’. Pero además, la firma de Bathich y el colombiano, eran representados por el abogado Héctor Novoa Vásquez. Las sospechas de la Policía de Investigaciones chilena se redoblaron en 1992, cuando Bathich fue detenido en el aeropuerto español de Barajas, junto a Monzer Al-Kassar, en momentos en que iban a viajar hacia Viena en un Lear-Jet privado, matrícula OE-GBR. Ese mismo avión, de propiedad de los Al-Kassar, fue utilizado en 1986 para rescatar de Italia, a Abu Abbas, el terrorista palestino responsable del secuestro del barco de pasajeros ‘Achille Lauro’. 

Días más tarde, el juez Baltasar Garzón, a cargo del caso, ordenó la excarcelación del chileno, que viajaba con un pasaporte sirio a nombre de Yamal Bathich. El juez español mantuvo en cambio a Monzer Al-Kassar bajo arresto para procesarlo por los delitos de falsificación de documentos, tráfico ilegal de vehículos, tenencia ilícita de armas y participación en terrorismo internacional. Tiempo después, luego que los testigos o murieran en extrañas circunstancias o se retractaran, Al-Kassar fue sobreseído. Según los investigadores, Monzer Al-Kassar, uno de los capos de la llamada ‘mafia siria’, mantuvo estrechos lazos con la Cosa Nostra siciliana y con carteles colombianos. 

El 7 de diciembre de 1992, la suerte de Bathich cambió. El Servicio de Impuestos Internos chileno, ingresó a las oficinas de ‘Focus Chile Motores’ y un grupo de inspectores selló todos los muebles que contenían documentación. Al día siguiente, descubrieron que los sellos habían sido violados. Hombres de Bathich habían ingresado al recinto la noche anterior. Los documentos contables desaparecieron. En uno de los patios humeaban aún las cenizas de papeles y archivos. Los detectives de la Brigada de Narcóticos y Delitos Económicos de la Policía de Investigaciones, encontraron un pequeño arsenal: escopetas recortadas, cascos de guerra, chalecos antibalas, pistolas, municiones y una pistola ametralladora Uzi con mira infrarroja. El 9 de diciembre de 1992, Bathich salió de Chile rumbo a Argentina para después instalarse en el ‘Palacio Mifadil’ que posee Al-Kassar en Marbella (España). Dos días más tarde, Jesús Ochoa Gálvez, su socio colombiano del cartel de Medellín, escapó impunemente con toda su familia. Acto seguido, este proceso terminó con multas y penas menores de cárcel. Bathich no volvió a Chile sino hasta mediados de los 90, pasó unos meses en prisión y salió en libertad bajo fianza. 

Los militares chilenos y el espeluznante ‘Proyecto Andrea’ 

Augusto Pinochet, mientras tanto, padecía la transición democrática. Sus relaciones con el gobierno de Patricio Aylwin fueron muy conflictivas. Sobre todo, luego que se iniciara en 1990 la ofensiva judicial contra los militares de la dictadura pinochetista. El análisis de la inteligencia militar chilena no daba lugar a dudas: ‘se desataría una tormenta contra militares del ex régimen pinochetista’. El ex dictador Pinochet, entonces actuó rápido: Creó el Departamento Cuarto, un grupo de abogados, coordinados por la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), para defender a militares que volvieron a desfilar, pero esta vez, por los tribunales de justicia. 

Ciertamente, había uniformados con procesos judiciales muy complejos e indefendibles. Este era el caso del ex agente de la CNI, Capitán ECH Luis Arturo Sanhueza Ros, culpado del crimen del empresario gastronómico Aurelio Sichel, como también del homicidio del vocero del MIR Jécar Neghme, ocurrido en setiembre de 1989. Fue entonces, cuando Pinochet dio la orden al jefe de la DINE, General ECH Hernán Ramírez Rurange, para que lo sacara de Chile, según declaraciones judiciales del propio Ramírez Rurange. Pero el contexto se agravó para Pinochet en junio de 1991, cuando la Corte Suprema de Chile nombró al juez Adolfo Bañados, para llevar el proceso por el homicidio –perpetrado en Washington en 1976– del ex canciller del presidente Allende, Orlando Letelier. 

Por aquellas fechas, el juez Bañados, había citado al ex químico de la DINA, Eugenio Berríos Sagredo, a declarar en el caso Letelier. Las alarmas de la inteligencia militar chilena se encendieron de inmediato. La situación de Berríos era bastante complicada y podía comprometer a muchos militares chilenos, ya que además, conocía detalles del ‘Proyecto Andrea’: la producción de gas sarín y de toxina botulínica, entre otras, como armas químicas y biológicas para asesinar a los opositores del régimen militar, y como arma de destrucción masiva (ADM), si una potencial guerra externa con Perú y/o Argentina, se volvía adversa para Chile. El último ‘encargado’ del ‘Proyecto Andrea’, fue el entonces Mayor ECH, Gerardo Huber Olivares. 

El ‘Proyecto Andrea’, está referido más al detalle, en el expediente judicial denominado “Calle Conferencia” a cargo del juez chileno Víctor Montiglio Rezzio, y cobró fuerza el año 2007 en Santiago, al surgir nuevas pruebas sobre el uso del gas sarín (y quizá toxina botulínica), por parte de la DINA y la CNI, que manejaban sus laboratorios y ‘Casas seguras’ de este letal ‘Proyecto’, en el centro mismo de la capital chilena: Comuna Las Condes; Comuna La Reina y en la calle Vía Naranja de la Comuna Lo Curro. Inclusive, en enero de 2007, la presidenta Michelle Bachelet, se solidarizó con la familia Frei y pidió establecer la verdad sobre las circunstancias que rodearon la muerte del ex presidente de Chile, Eduardo Frei Montalva en 1981; sobre la cual, su hijo el también ex mandatario y actual candidato presidencial, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, tiene “la convicción moral de que atentaron contra su vida”, agentes del gobierno de Pinochet, mediante alguna sustancia química o biológica. 

¿Peruanos asesinados con gas sarín por la DINA? 

Pero el horror del gas sarín, también habría alcanzado a compatriotas peruanos: la agencia France-Presse (AFP), informó el 19 de junio de 2007, que la DINA, había usado con peruanos el mortal gas sarín, según una investigación del juez del caso “Calle Conferencia”, donde se ha revelado que tras ser detenidos en un operativo callejero, dos peruanos (cuyas identidades se desconocen, así como el destino final de sus restos), fueron utilizados como ‘conejillos de indias’ en 1976, para probar el letal agente químico. Y aunque el informe de la ‘Comisión Rettig’, sólo registra una persona del Perú como víctima de la dictadura pinochetista: el cantante Percy Arana, acribillado en 1984, en la avenida Santa Rosa a la salida de un local nocturno. El supuesto crimen de peruanos con gas sarín, fue confesado al juez Montiglio Rezzio, según aseveró el diario electrónico ‘El Mostrador.cl’, el 18 de junio de 2007. En este medio se describió, que los ex agentes de la DINA, no han revelado la identidad de las víctimas. Unos dicen que eran inmigrantes ilegales peruanos detenidos por provocar caos en la vía pública, mientras, otro de los ex agentes, identificado como Eduardo Alejandro Oyarce, expresó que tuvo la oportunidad de conversar con uno de los peruanos y que éste le dijo que se llamaba Juan Pablo y era chofer del Embajador peruano en Chile, en aquella época, Juan Carlos Mariátegui, hoy fallecido. 

En parte de la espeluznante versión de los ex agentes de la DINA, al juez Montaglio, se narraría: “…saca de un bolso un tubo spray, acercándose lentamente. Espera que estas personas inhalen para aplicarles un toque del tubo. El primer afectado por el gas cayó de forma instantánea y a los pocos segundos dejó de moverse. Consecutivamente le aplica este mismo mecanismo a la segunda persona detenida, a la cual le produce el mismo efecto”. Adicionalmente, los agentes coinciden en que los peruanos estuvieron detenidos en el cuartel ‘Simón Bolívar’, uno de los principales centros de tortura de la DINA, a cargo de la ‘Brigada Lautaro’, que comandaba, el luego Coronel ECH, Germán Barriga Muñoz, quien acorde con los sucesos macabros relacionados a la inteligencia militar chilena, se suicidó el 17 de enero de 2005, arrojándose desde el piso 18 del edificio ubicado en Pío XI, # 505, a pocos metros de la Escuela Militar en Santiago. 

El juez Montiglio del caso “Calle Conferencia”, derivó las declaraciones sobre el asesinato de los peruanos, a su colega Alejandro Madrid, quien investiga la muerte del químico Eugenio Berríos y el uso del gas sarín, contra el ex presidente Eduardo Frei y el diplomático español, Carmelo Soria, entre otros. Y precisamente, fue el magistrado Madrid, quien por primera vez, el 23 de julio de 2007, en el proceso judicial, dio por acreditado que la DINA utilizó el gas sarín para eliminar personas, al aseverar que el ex agente de ese organismo, Cabo ECH Manuel Leyton Robles, fue muerto por sus propios colegas de la DINA, en marzo de 1977, utilizando “el denominado gas sarín”. Por este caso, el juez Madrid decretó el arresto de 13 ex agentes DINA: cuatro médicos, tres enfermeras, y ex integrantes de las brigadas Mulchén, Lautaro y Águila. 

El secreto que buscaron ocultar con la muerte de Berríos 

Pero el químico Eugenio Berríos -seudónimo ‘Hermes’ o ‘Conde’- guardaba otros secretos: sus nexos con el narcotráfico, chilenos prestamistas y militares. Las declaraciones judiciales de uno de los narcos vinculado con este químico, militares y Carabineros, son reveladoras. Se trata del peruano Justo Cornejo Hualpa, cuya parcela en Pirque, Provincia de Cordillera, en la Región Metropolitana de Santiago, contaba con modernos sistemas de seguridad, guardaespaldas y vínculos con la ex CNI. Cornejo Hualpa, entregó una versión que da luces del por qué la inteligencia militar chilena protegió al ex químico de la DINA y después lo asesinó antes de que Pinochet viajara a Uruguay en febrero de 1993. “A mi finca iba la alta sociedad chilena, políticos, militares, congresistas; hasta a los hijos y sobrinos de Pinochet los vi alguna vez. Todos eran viciosos, todos eran amigos”, declaró Cornejo Hualpa. 

Berríos fue sustraído de Chile por la DINE, en octubre de 1991 con destino a Uruguay, a través del paso Monte Aymond de Punta Arenas. Y luego de ser asesinado, su cuerpo recién apareció el 13 de abril de 1995 en una playa cercana a Montevideo. Berríos pertenecía a una potente red de tráfico de cocaína que abastecía de drogas a Australia y Europa. Más de una vez, se reunió en Argentina y Montevideo con sus socios narcotraficantes, todo esto mientras estaba bajo la estricta custodia de la inteligencia militar chilena. En buena cuenta, a Berríos lo mataron porque sabía demasiado: habría estado implicado en el caso Letelier, producido la mítica cocaína negra (se dice que mezcló cocaína con sulfato ferroso y otras sales minerales para quitarle el olor y hacer más fácil su contrabando), o bien encontró un nuevo método para refinarla con alta pureza; todo ello, además de estar implicado en la elaboración del gas sarín, y por si fuera poco, hoy se investiga su participación en la muerte del ex presidente Frei Montalva. 

¿Militares chilenos en las grandes ligas del narcotráfico y contrabando de armas? 

A principios de los años 90, el narcotráfico se mezclaba con la alta sociedad de Viña del Mar. El empresario Manuel Losada Martínez traficaba drogas con los carteles colombianos. Como se relató en una nota del diario chileno ‘La Nacion’, el 7 de mayo de 2006: el representante del cartel de Cali y después de Medellín, Carlos Zuluaga, tenía dos contactos importantes, tanto para llevar la droga fuera de Chile como para trasladar desde Europa hacia Chile, los narco-dólares colombianos. La cocaína era distribuida en ese continente por la Cosa Nostra siciliana, liderada entonces por Bernardo Provenzano. El primer contacto de Zuluaga era un Coronel de la inteligencia militar chilena; el segundo, un conocido industrial también chileno. En 1998, Losada acabó detenido en la ‘Operación Océano’. Años antes también cayó Zuluaga. La ‘Operación Océano’, es hasta ahora, la más grande en la historia de la lucha contra el narcotráfico y lavado de activos en Chile, dirigida por la DEA. 

Traían la cocaína desde Mendoza (Argentina) para procesarla en Caleta Abarca, Viña del Mar, donde la transformaban en líquido. En 1991, según las confesiones de Zuluaga, salieron de Chile 150 kilos del alcaloide a EE.UU. en 360 botellas de vino de la ‘Viña Manquehue’. Y justamente, en Caleta Abarca vivía un peruano experto en ‘licuar’ la cocaína. Se trata de Máximo Isidro Bocanegra Guevara, un ex agente de la inteligencia militar peruana, que formaba parte de la organización criminal que integraba el ex químico de la DINA, Eugenio Berríos. El peruano fue detenido en junio de 2001, por el OS-7 de Carabineros, por estar implicado en un laboratorio de este tipo. 

En diciembre de 1991, un cargamento de armas chilenas fue descubierto en Budapest (Hungría), rotulado como ayuda humanitaria. El responsable se llamaba Gerardo Huber Olivares, Coronel ECH y jefe del Departamento de Adquisiciones en el Exterior de la Dirección de Logística del ECH. ¿Recuerdan? El entonces Mayor ECH, Gerardo Huber Olivares, fue jefe de Berríos, durante los años del ‘Proyecto Andrea’ y último ‘encargado’ de dicho proyecto, en la Planta de Químicos del Ejército en Talagante. La operación, sin embargo, había comenzado en abril de 1991, con la llegada a Chile de dos personajes: el ex espía inglés Sydney Edwards y el nazi croata Vladimir Secen. Ambos desempeñaban diferentes roles para un mismo fin: armar a los neonazis croatas contra los serbios. Secen será vinculado por la prensa argentina con los servicios de inteligencia militar de Chile. En los primeros meses de 1992, Monzer Al-Kassar, que también traficaba armas a Croacia, viajó en dos oportunidades a Chile. 

Debido al escándalo que produjo el hallazgo en Europa Oriental, la Justicia chilena nombró juez del caso, a Hernán Correa de la Cerda. Una de las primeras diligencias que realizó el magistrado fue interrogar a Huber. Este último se declaró inocente, pero a diferencia del resto de los involucrados dijo que debían preguntarle mayores detalles al General ECH Florencio Tejos, entonces Jefe de Material de Guerra del ECH. Ese sólo hecho puso en alerta a la inteligencia militar, y Huber fue apartado con una licencia médica ‘por estrés’. Se refugió en el Cajón del Maipo, paradisíaca reserva verde a 35 minutos de Santiago, en casa de su amigo Elwin Tapia. Permaneció allí hasta el 29 de enero de 1992, no sin antes, quemar una serie de documentos que comprometían al alto mando del ECH de la época. Ese mismo día, desapareció sin dejar rastro hasta el 20 de febrero de 1992, cuando su cuerpo fue encontrado en el lecho del río Maipo con un tiro en la cabeza. Aparentemente, Huber no quiso ser sacado de Chile, sospechando su trágico final. 

Una pesquisa en el año 2000, del periodista Juan Gasparini, del diario Clarín de Buenos Aires, señala que Edgardo Bathich Villarroel (vinculado a Marco Antonio Pinochet Hiriart) se habría asociado con Carlos Cardoen, un fabricante de armas chileno que en diciembre de 1991, apareció también envuelto en este escándalo internacional cuando se descubrió en Budapest el cargamento de 11 toneladas de armas y municiones chilenas que estaban destinadas a Croacia en plena guerra de los Balcanes. “Gracias al apoyo del ECH, Cardoen fabricaba armas para las FF.AA. de Chile y bombas de aviación para Saddam Hussein, en guerra con Irán. Cerrando el círculo, Cardoen estaba estrechamente “relacionado con Augusto Pinochet- hijo y con el esfuerzo de la dictadura chilena por levantar una industria nacional de armas”, indicó el Clarín. 

Los ‘fantasmas del pasado’ siguen vigentes en el presente 

Con el transcurrir de los años, las valientes revelaciones de periodistas de investigación, jueces y policías antinarcóticos, están permitiendo que varias evidencias y sucesos aparentemente inconexos, se vayan uniendo. Paulatinamente, la espantosa verdad se abre paso ante el mundo, sobre los nexos entre la inteligencia y militares de Chile, con el crimen organizado, mafias internacionales del narcotráfico y contrabando de armas; además de las ya conocidas violaciones sistemáticas de los DD.HH. Sin embargo, a quienes piensen que ésta es una historia del pasado, los tendré que alertar: hechos verificables y puntuales, muestran los vínculos de integrantes -al más alto nivel- de la actual inteligencia militar chilena, con acciones de su pasado más oscuro y criminal: El General de División ECH, Ricardo Ortega Prado, quien se desempeñó desde ¡el año 2003 hasta octubre de 2008! como jefe de la DINE, teniendo 15 años en tareas de inteligencia militar, era quinto en antigüedad del escalón de mando en la línea de sucesión para la Comandancia General del Ejército, y sólo fue reemplazado en octubre de 2008, en la DINE, por el General de División ECH, Andrés Avendaño Rojas. 

Tras laborar con ahínco desde su oficina de la DINE, en el séptimo piso del edificio en Paseo Bulnes de Santiago de Chile, donde se opera día y noche con iluminación artificial y persianas permanentemente cerradas, junto a un vidrio doble, con minúsculos parlantes que emiten música entre ambos cristales durante las 24 horas, para obstruir cualquier equipo de interceptación auditiva; Ortega Prado, pasó al retiro a fines del año pasado, incluso después de haberse desempeñado el 2000, como Agregado Militar en la Embajada de Chile en Lima. Pero ahora, afrontará juicios por violación de los DD.HH. y otros delitos durante el gobierno de Pinochet; donde éste reciente ex jefe de la DINE, aparece vinculado ¡Oh casualidad! A los procesos por el asesinato en 1992, del ex agente de la DINE e integrante de la Dirección de Logística del ECH, Coronel Gerardo Huber, quien decidió colaborar con la justicia chilena, en la investigación sobre el tráfico de armas a Croacia y además fue el último ‘coordinador’ del ‘Proyecto Andrea’, de armas químicas y biológicas en la DINA. Finalmente, el ex jefe DINE, Ricardo Ortega, está presuntamente implicado en el asesinato y desaparición en el mar, durante 1987, de cinco cuadros del grupo subversivo, Frente Patriótico Manuel Rodríguez. 



http://www.avizora.com/atajo/colaboradores/textos_jorge_serrano_torres/0012_servicios_secretos_militares_chilenos.htm

La Historia Oculta del Régimen Militar

Donde Están?

Entradas populares

¡TERMAS DE POLLOQUERE Y SURIRE EN PELIGRO!