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sábado, 28 de septiembre de 2013

Michael Townley relata cómo Manuel Contreras quiso matar a Odlanier Mena





A mediados de junio el ministro en visita Alejandro Madrid -que sustancia la investigación por el homicidio del químico de la DINA Eugenio Berríos, como también su responsabilidad en la muerte del ex Presidente Eduardo Frei Montalva- debiera viajar a Estados Unidos a interrogar al ex agente Michael Townley.

La declaración indagatoria que deberá prestar el norteamericano fue solicitada por el abogado de la familia Frei, Álvaro Varela, y coordinada con el actual embajador del país del norte en Chile, Craig Kelly, como una invitación a Madrid para evitar el trámite de autorización formal de la Corte Suprema.

Townley fue interrogado en Miami, en enero del año pasado, por dos oficiales de la policía civil, a propósito de estos dos casos. El ex agente de la DINA prestó una declaración ante los comisarios Nelson Jofré Cabello y Marianela Gómez Toboada.

Las seis páginas que constan en el cuaderno separado B-IX entre las fojas 2.993 a la 2.999 del proceso, servirán de marco para la indagatoria que tomará el ministro Madrid próximamente.

Una copia del testimonio fue obtenido por La Nación en fuentes policiales, donde Townley revela un detalle que permite comprobar cómo el ex jefe de la DINA, Manuel Contreras Sepúlveda, quiso asesinar a su reemplazante de la CNI, general Odlanier Mena.

El ex agente relata que en noviembre de 1977 el “Mamo” le pidió que preparara una sopa de bacterias para “incapacitar a Mena”.

“Hablé con Eugenio Berríos, ya que el laboratorio de la DINA lo habían desmantelado y después de algunos días me dijo que lo haría con tétano o toxina botulínica (que provoca el Botulismo) y que las podía conseguir con el director del ex Instituto Bacteriológico (IB, hoy ISP), pero me pidió una incubadora… El producto se lo pasó al mayor Vianel Valdivieso… para introducir este producto bacteriológico en el té…”.

Esta denuncia fue hecha precisamente por el general Mena hace algunos años, pero esta es la primera vez que aparece un antecedente concreto que la confirme.

Lazos operativos
Al mismo tiempo, los dichos de Townley se entralazan con un aspecto de la investigación por la muerte de Frei, ya que el jefe del ex Instituto Bacteriológico mencionado más arriba era el coronel Joaquín Larraín. Este último no sólo era el contacto de Berríos con la DINA, sino que además con el laboratorio de guerra bacteriológica del Ejército en la década de los 80, como establece un documento reservado del 8 de enero de 2001 adosado a la causa.

De hecho, es precisamente en el IB que desde fines de los 70 se importa toxima botulínica desde Brasil y Estados Unidos.

Otro de los antecedentes aportados por Townley dice relación con el homicidio del ex agente de la DINA, Manuel Jesús Leyton, ocurrido en 1975 y que también es investigado por el ministro Madrid.

“Recuerdo que (el sarín) se utilizó para eliminar a un cabo de Ejército involucrado en el robo de una renoleta… y que el sarín se lo aplicó el hermano de Eduardo Iturriaga Neumann (Jorge)”, dijo.

Con estas declaraciones el ministro se apronta a dictar procesamientos en el caso de Leyton, uno de los primeros procesos donde se acreditó el uso del sarín para la eliminación de personas en una de las clínicas clandestinas de la DINA.

Michael Townley, que fue expulsado de Chile en 1978 y luego de ello asumió su responsabilidad en el atentado que costó al vida al ex canciller Orlando Letelier -ocurrido en septiembre de 1976 en EEUU-, asegura desconocer antecedentes sobre la muerte de Eduardo Frei, acaecida en enero de 1982. Sin embargo, Madrid manejaría antecedentes respecto a que la labor de Townley va más allá de sus propios dichos.


Felipe Henriquez Ordenes wrote 96 articles on this blog.

Ingeniero Computacional y Profesor de Inglés. Activista de los DDHH Chile. @PipeHenriquezO

lunes, 23 de septiembre de 2013

Indemnizan en Chile a la familia de Prats

SANTIAGO, Chile (EFE).- A 38 años de su muerte, el Estado chileno deberá pagar una indemnización de 600 millones de pesos (1,23 millones de dólares) a la familia del ex jefe del ejército chileno Carlos Prats, asesinado por agentes de Augusto Pinochet en 1974 en Buenos Aires, informaron ayer fuentes judiciales.
El fallo es muy importante porque establece que pese al tiempo transcurrido, en delitos de lesa humanidad "no se aplica la prescripción por normativas internas, tratados internacionales o la propia Constitución política", afirmó Luciano Fouilloux, abogado de la familia.
El general Prats, que fue antecesor de Pinochet en el mando del ejército, durante el gobierno de Salvador Allende, murió junto a su esposa, Sofía Cuthbert, al estallar una bomba que había sido colocada bajo su auto en el barrio porteño de Palermo.
El ex jefe militar se había trasladado a Buenos Aires, donde aún existía un gobierno democrático, luego del golpe militar del 11 de septiembre de 1973 en Chile.
Un año más tarde, el norteamericano Michael Townley, agente de la Dirección de Inteligencia chilena (DINA), ingresó al garaje de Prats y colocó un aparato explosivo bajo el auto del general.
Luego se hizo estallar el artefacto por medio de control remoto en el momento en que el ex jefe militar y su esposa subieron al vehículo.
En julio de 2010, en un fallo definitivo, la Corte Suprema de Chile condenó a 17 años por homicidio calificado, más otros tres años y un día por asociación ilícita, a los dos máximos responsables de la temible DINA, el general retirado Manuel Contreras y el ex brigadier Pedro Espinoza.
Además, el general retirado Raúl Eduardo Iturriaga Neumann, el ex brigadier José Zara y los coroneles Christoph Willeke y Juan Morales Salgado fueron condenados a 15 años y un día de prisión por los homicidios y 100 días por asociación ilícita.
La escritora Mariana Callejas, que según el expediente judicial fue quien activó el control remoto que hizo explotar la bomba, fue condenada a cinco años de prisión, que cumple en régimen de libertad vigilada.

martes, 17 de septiembre de 2013

El año que EEUU quiso eliminar a Augusto Pinochet

Martes 22 De Enero 2013
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Un alto funcionario de la Inteligencia argentina durante el gobierno de Raúl Alfonsín, revela los planes norteamericanos para deshaacerse del general chileno en los 80.

Por Claudio Mardones (desde Buenos Aires)

Aunque cueste creerlo, Estados Unidos, el mismo país que apoyó e incentivó abiertamente el derrocamiento de Salvador Allende en 1973 y urdió una de las redes de terrorismo de Estado más feroces de la historia, conocida como Plan Cóndor, implementó a partir de 1983 el debilitamiento de la dictadura de Augusto Pinochet y de su par paraguayo Alfredo Stroessner.
La fecha del giro de las operaciones posiblemente haya sido el 10 de diciembre de 1983, cuando el argentino Raúl Alfonsín asumió la presidencia de su país luego de una dictadura de 7 años que había dejado cerca de 30 mil desaparecidos. Pero lo cierto es que mientras Buenos Aires comenzaba a transformarse en una de las pocas sedes de un gobierno democrático en el Cono Sur, los hombres enviados por Washington hicieron saber la decisión del gobierno republicano de Ronald Reagan.
A continuación la trama secreta de una discreta ofensiva diplomática, donde la CIA no ahorró agentes para cerrar el cerco. Luego de las primeras señales el nuevo presidente argentino comunicó la decisión a su equipo: “ustedes díganles que sí, vayan más allá y hagan todo lo que puedan”.
Sin embargo, este nuevo capítulo de una historia bilateral cargada de crímenes políticos aun impunes, posiblemente no haya llegado a su fin. Los historiadores registran que en las relaciones argentinas con Chile, entre 1983 y 1989, “existieron tres temas generadores de fricciones: la violación a los derechos humanos, la continuidad de la posición pro-británica adoptada por el régimen de Pinochet respecto de la cuestión de las islas Malvinas y, finalmente, la persistencia del diferendo limítrofe en torno al canal de Beagle”.
A las letras de bronce, se ha sumado un nuevo descubrimiento que posiblemente haya sido el potenciador de la discreta virulencia entre La Moneda, aún manchada de sangre, y el recién nacido gobierno democrático en Buenos Aires.
La punta del ovillo se conoció gracias al periodista argentino Gerardo Young, autor de la primera investigación íntegra que cuenta la historia de la Secretaría de Inteligencia del Estado, más conocida como SIDE y célebre por configurar una verdadera catacumba del Estado argentino que, según este periodista del diario Clarín de Buenos Aires, funciona “para lo que guste servir” a cada presidente.
Con un pasado inocultablemente criminal antes, durante y después de la última dictadura argentina, este organismo depende de la Presidencia de la Nación y encierra buena parte de la historia no contada del país trasandino. Quizás por eso, el libro se llame “SIDE, la Argentina Secreta”.
Más allá de demostrar la subordinación de este organismo a la CIA y al Mossad y aportar datos muy importantes sobre la historia reciente, la obra de Young ha revelado en sus páginas, desde el segundo semestre de 2006, un dato que pasó inadvertido para la prensa chilena y que El Periodista ha procurado desarrollar e indagar entrecruzando datos, contrastando versiones con fuentes diplomáticas que han elegido el anonimato y procurando reconstruir los hechos gracias al testimonio de uno de los testigos directos de aquellos hechos que ya llevan 20 años guardados en la historia.
En uno de sus capítulos la investigación recorre 1986 y dispara: “En Chile seguía gobernando Augusto Pinochet y la SIDE se ocupaba de abrirle los pasos fronterizos a los opositores, en especial a los miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, y de darles cobijo de este lado de la cordillera a cambio de información sobre el régimen vecino. La CIA buscaba por aquellos años a un general que pudiera suceder a Pinochet para encarar la transición con las botas puestas. A Alfonsín, que seguía estas operaciones con mucha atención, le alcanzaba con saber que Estados Unidos estaba dispuesto a prescindir de Pinochet”.
Según relata el libro, inconseguible ya en cualquier librería, las operaciones estaban a cargo del embajador Oscar Eduardo Torres Ávalos, que apenas asumió Alfonsín en 1983, fue subsecretario en la Cancillería Argentina hasta 1986, cuando pasó a ser Subsecretario de Medios en la oscura SIDE.
Tras los rastros de semejante revelación, El Periodista pudo analizar estos datos con este diplomático de carrera, que en la actualidad preside el Consejo Superior de Embajadores del ministerio de Relaciones Exteriores argentino y que hasta el 4 de mayo de 2001 fue el primer y último embajador en La Habana del gobierno de Fernando de la Rúa.
Su misión concluyó luego de que el presidente cubano Fidel Castro, acusara al gobierno de de la Rúa de “lamer la bota yanqui” en vísperas de un nuevo voto de condena contra Cuba en la extinta Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en Ginebra.
En diálogo exclusivo con El Periodista, Torres Ávalos consideró que: “En la parte primera, no es cierto que el gobierno le abrió las puertas al Frente Manuel Rodríguez, al contrario, a nosotros nos preocupaba su presencia y la influencia que pudieran llegar a tener en nuestro país. Lo cierto es que fue al contrario, a nosotros nos preocupaba la presencia por los contactos que pudieran tener acá. Pero en cuanto a que el gobierno de los Estados Unidos se había interesado en la suerte de Pinochet, es cierto, y estamos hablando de la presidencia de Ronald Reagan. Yo diría que hasta les fastidiaba la presencia de Pinochet. También es cierto que Estados Unidos estaba interesado en dar una salida democrática y buscar un general, dos o tres o un conjunto de oficiales que pudieran facilitar esa salida, prescindiendo de la presencia del por entonces presidente de facto Pinochet. Pero en esos momentos, yo creo, y por lo que pudimos advertir en conversaciones reservadísimas que hubo, que ni ese grupo ni ningún militar eran la vía o el acceso posible para salir de Pinochet. La dictadura en Chile era un régimen monolítico en donde había algún general disidente, pero que no alcanzaba a tener suficiente poderío como para poder derrocarlo. Así es que el régimen, en cuanto a la consolidación respecto a su columna vertebral, que eran las fuerzas armadas, para mi eran, casi inexpugnables”.
La delicadeza del lenguaje diplomático de este hombre, muy cercano al ex presidente Raúl Alfonsín, no ocultan que los contactos comenzaron a partir de 1984 y se fueron extendiendo en el tiempo. “Los intercambios fueron informales, salvo un caso en especial que prefiero no nombrar y que no fue una visita a la cancillería, sino una visita al gobierno argentino, que sí venía con proyectos en mano. Esos contactos se intensificaron a partir del 87, en el segundo semestre de 1987″.

EL HOMBRE DE LANGLEY

Dos fuentes diplomáticas que reclamaron el anonimato, corroboraron los dichos de Torres Ávalos y confirmaron que el contacto oficioso de la CIA ocurrió en ese año. El Departamento de Estado y la Central de Inteligencia norteamericana habían resuelto intensificar las presiones y nadie duda que hubo anteriores, pero todos los consultados coinciden en señalar que luego del fallido atentado al dictador y la Operación Carrizal Bajo, consistente en la internación ilegal de armas más grande en la historia de Chile, Washington había resuelto intensificar las presiones sobre Buenos Aires.
En septiembre de 1987, aterrizó en la capital argentina el agente de la CIA Néstor Pérez, posiblemente el nombre de fantasía de un ciudadano que las fuentes consideraron puertorriqueño o cubano residente en Miami. El hombre, según revelan dos distintos ex funcionarios alfonsinistas, llegó a la Casa Rosada para pedirle al gobierno argentino que contuviera al Frente Patriótico Manuel Rodríguez, que controlara la frontera con Chile y les informara si había contactos concretos con militares chilenos disidentes.
Según supo esta revista, la respuesta oficial fue: “Si ustedes no pueden controlar la frontera con México que es mucho más chica, ¿cómo hacemos para controlar nosotros los más de 4 mil kilómetros que tenemos con Chile?”. A lo que el hombre de Langley reconoció que intensificaban los contactos porque “ya habían chequeado generales sin éxito y aunque hubieran tenido las fuentes y los recursos desde Argentina no habrían logrado cambiar el panorama, ya que también habían concluido que el grueso de las fuerzas frentistas estaban en Chile”.
Es que luego de la operación Siglo XX, los funcionarios norteamericanos mostraban una mayor preocupación sobre la suerte de Pinochet y el futuro de Chile. “Lo ideal para Estados Unidos era que ganara la derecha, pero democráticamente, lo que pasa –acota Torres Ávalos– es que algunos se preocupaban de que esa derecha no tuviera vestigios de Pinochet. A lo que recuerdo una conversación con un funcionario norteamericano donde le dije “eso es muy difícil, por no ser imposible, porque la derecha es Pinochet. No puede haber derecha sin Pinochet, es inescindible la derecha de Pinochet. No se puede esperar, así es que si ustedes piensan que puede haber una salida democrática sin las huellas digitales de Pinochet están equivocados, esto no es así”.

LAS MISIONES

Lo cierto es que Estados Unidos dedicó a “unos 30 o 40″ funcionarios y agentes secretos que desde 1983 hasta 1989 “mostraban un particular interés, sobre qué hacer con Chile, qué va a pasar con Pinochet, si está fuerte, si está débil, si hay puntos vulnerables. “Sin duda –acota Torres Ávalos– creo que tiene que haber habido una fortísima presión de Estados Unidos para la salida electoral e incluso me da la sensación que el propio Pinochet no se lo imaginó y pensó que ganaba el candidato del gobierno.”

 ¿Cual era la visión del gobierno de Alfonsín respecto a la dictadura de Pinochet?

 La peor. En el análisis concreto teníamos vigente que por más que tuviéramos la peor impresión ideológica lo teníamos que aceptar, teníamos que convivir y convivimos bien. Una democracia como la nuestra recién nacida tenía que convivir con una dictadura fuerte que llevaba años en el poder. Pero debo decir que el mérito fue específicamente de Alfonsín.

Después de los contactos informales, ¿qué análisis hacía el gobierno de Alfonsín sobre el gobierno de Reagan que mientras estaba desatando una ofensiva contra el sandinismo y soportaba un escándalo como el caso Irán-Contras, resolvía deshacerse de una dictadura como la de Pinochet?

En ese momento Estados Unidos tenía una política de Estado. Si bien es cierto que no tuvo la misma intensidad con Jimmy Carter que con Reagan, era la política de Estado y estaba basada en los derechos humanos. Quizás con Reagan estaba más alivianada, menos enérgica, pero la estrategia fundamental sobre el fin de la guerra fría era que sabía perfectamente que el mundo socialista era un régimen inadmisible. La nueva arma para ir socavándolos era la política de derechos humanos, pero para que esa política fuera eficaz tenía que desprenderse de los lastres. Es decir que Estados Unidos no tendría autoridad si condenaba las violaciones a los derechos humanos en otras partes del mundo sin tomar medidas con Pinochet y Stroessner. Es una hipocresía total. Pero para evitarlo, Estados Unidos comenzó a decir que estaban contra las violaciones a los derechos humanos en todas partes del mundo. Así abrieron el abanico para tener autoridad e ir contra la Unión Soviética. Tenían que sacarse el lastre de tener regímenes bancados como el de Pinochet para poder tener autoridad en América Latina.

¿Y cuál fue la lectura cuando estalla el caso Irán- Contras?

Se trata de un caso de la torpeza de los manejos de la CIA y del manejo de la inteligencia de los Estados Unidos que ya es un clásico. Pero bueno, así como les salió mal, les podría haber salido bien.

Bush padre, juicio y DDHH

Ninguno de los consultados duda que el gobierno de Alfonsín fuera más allá de los mandatos de Washington contra Pinochet. La relación que se había desarrollado con Buenos Aires era buena e incluso, según reconoció el entrevistado, “sectores del partido republicano comandado por George Bush padre, aplaudieron el juicio a las juntas (que encarceló en Argentina a la Junta Militar por delitos de lesa humanidad) e incluso fueron de inmediato a prestar su apoyo con el levantamiento carapintada del 20 de abril de 1987 que intentó derrocar al gobierno de Raúl Alfonsín.
De hecho, Bush padre, por entonces vicepresidente, fue espontáneamente solidario. Es cierto, el propio vicepresidente Bush, estaba abiertamente en contra de los carapintadas y abiertamente a favor del juicio a las juntas. Me consta en vivo y en directo porque conversé con ellos”, admite el embajador.

¿Pero cuál era la visión argentina sobre la salida de la dictadura chilena?

Alfonsín sostenía que era necesario salir a la democracia como las condiciones lo permitieran. En función de las condiciones políticas que tenga cada sistema, saldrá como pueda, pero hay que salir de esta. Si era por izquierda o por derecha, por arriba o por abajo, había que salir de las dictaduras. En la medida que pudiéramos incidir lo íbamos a hacer ya que las condiciones no se daban para nosotros. El Frente Patriótico no era amigo nuestro, el proyecto no era un proyecto democrático.

¿Y en qué se diferenciaba el régimen de Pinochet del de Stroessner?

Eran dos dictaduras distintas. La dictadura de Pinochet era de última generación, la otra era de una generación primitiva, torpe, con una corrupción tosca y burda. De modo que era más fácil trabajar contra Stroessner porque era tal el primitivismo que todo se hacía más fácil. Estados Unidos jugó un papel total: dijo este señor se cae y lo vamos a hacer caer nosotros, y la Argentina colaboró hasta económicamente incluso con el exilio que estaba acá. Se les daba trabajo, se les conseguía un nivel de vida para que tuvieran una vida digna y pudieran hacer sus cosas. Acá (por Buenos Aires) se les dio una actitud permisiva: la Argentina no corrió a los exiliados paraguayos. Incluso acomodó a algunos en reparticiones públicas. Pero además lo estábamos haciendo a pedido de Estados Unidos, no era una cuestión descolgada. Washington nos dijo “este tipo tiene que desaparecer”.

¿Y con el exilio chileno que hicieron?

El exilio chileno no es lo mismo que el exilio paraguayo. Lo cierto es que hubo varios casos de exiliados chilenos en Buenos Aires, pero no eran del Frente.

SANTIAGO-BUENOS AIRES

Lo cierto es que además de las posibles presiones, el gobierno de Alfonsín recibía “muy buena información” procedente de la Estación Chile de la SIDE que le remitía a la Casa Rosada detalles sobre las violaciones a los derechos humanos.
Cuenta el diplomático, que “sabíamos cómo Pinochet apretaba, ablandaba, volvía a apretar y volvía a ablandar. Más apretaba que ablandaba y alguna información se suministraba sobre el ex comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, Gustavo Leigh. Sabíamos qué capacidad podía tener para derrocar a Pinochet y luego de algunos contactos constatamos que ninguna. Los norteamericanos estaban interesados en Leigh y se dieron cuenta que no alcanzaba. A lo mejor tenía la voluntad, pero no podía. Recibíamos información todos los días sobre las violaciones a los derechos humanos y teníamos en cuenta la información sobre posibles ataques a la dictadura, pero sabíamos que las Fuerzas Armadas de Chile eran fuerzas muy eficientes, con armamento muy sofisticado”.

¿Y cuál era el trabajo de la inteligencia chilena?

Era muy activo. Sabíamos que tenían contactos con personajes de la derecha argentina y contactos que querían tener con nosotros, además de informaciones que pedían y no se la dábamos, o se la dábamos a regañadientes o se la demorábamos. Ellos pedían mucha información sobre el Frente Manuel Rodríguez, que era lo más urticante para ellos. No se la ocultamos, pero tampoco fuimos muy fluidos en lo que les informábamos. Hacíamos los deberes, nada más.

¿Que significa hacer los deberes?

Y bueno, imagínese. Le doy un ejemplo: acá hay un matrimonio de fulano y fulana que están por acá hace dos años. Nosotros sabemos que es gente de extrema izquierda. Y nosotros respondíamos: sí, los tenemos, están bien en Mendoza, los tenemos perfectamente controlados, así es que ustedes no se preocupen, sabemos qué hacen, qué no hacen, con quién se ven y con quién no, de qué trabajan, de qué se ganan la vida, así es que no se preocupen. Ellos querían información: qué es lo que hace, dónde está, con quién se ve, de dónde le llega la plata, o ¿es cierto que tal senador es amigo de tal chileno y colabora con tal comité de solidaridad? Pero la decisión política era administrar la información. O no les dábamos nada, o la poca que le dábamos se la entregábamos un poco cambiada.

El hecho que inclinó la balanza
¿Cuáles fueron las razones que llevaron a Washington a desarrollar en Buenos Aires conspiraciones para eliminar a dos de sus mejores aliados?

Es posible que la presunta y poco creíble razón de Estado sobre los derechos humanos haya servido para justificar giros diplomáticos tan contradictorios, pero varios consultados coinciden la balanza en contra de Pinochet comienza a inclinarse lentamente a partir del 21 de septiembre de 1976, cuando una bomba mató al ex embajador de Chile en los Estados Unidos y su secretaria Ronni Moffitt, de 25 años, en un atentado planificado y ejecutado por Michael Townley, un agente estadounidense al servicio de la DINA Exterior que ahora goza de protección en territorio norteamericano.
“Yo no sé si la inclina o la empieza a inclinar, acota Torres Ávalos, pero siempre analizamos que ahí empezó la curva descendente de la imagen de Pinochet respecto a Estados Unidos. Quizá hubiera venido otro hecho o el tiempo hubiera producido su desgaste, pero este hecho aceleró para que los americanos dijeran basta”.

¿No le pareció que los funcionarios que venían a Buenos Aires tenían un alto nivel de cinismo? Se trataba de una operación sobre los principales aliados del Plan Condor, aparte de Buenos Aires.

Algunos sí, otros no, otros eran muy honestos. Pero del Plan Cóndor de 10 años atrás a esos momentos, Estados Unidos había cambiado. Porque debemos situarnos, Allende fue derrocado en 1973, donde Estados Unidos intervino en forma directa. En 1983/84 Estados Unidos, dijo “esto que hicimos acá hay que borrarlo, esto no nos sirve más”. Todo en función de sus intereses que ahora era recuperar la democracia y tenerla del lado de ellos. No importa si era de derecha, lo importante era que Estados Unidos demostrara que no era cinismo decir que eran los adalides de la democracia, porque no se bancaban ni al comunismo, ni a Stroessner, ni a Somoza ni a Pinochet. Éste era el objetivo final.

http://elperiodistaonline.cl/de_archivo/2013/01/el-ano-que-eeuu-quiso-eliminar-a-augusto-pinochet/


domingo, 15 de septiembre de 2013

Todas las muertes conducen a Berríos

Por : Mónica González en Reportajes de investigaciónPublicado: 08.12.2009



eugenio-berrios
El juicio por el asesinato del ex Presidente Eduardo Frei Montalva está directamente vinculado a otros cinco crímenes que tienen a Eugenio Berríos y la fabricación secreta de armas químicas durante la dictadura como eje central. Los seis procesos están concentrados en las manos del ministro Alejandro Madrid, en una investigación que ya acumula diez años.
El juicio por el asesinato del ex Presidente Eduardo Frei Montalva está directamente vinculado a otros cinco crímenes que tienen a Eugenio Berríos y la fabricación secreta de armas químicas durante la dictadura como eje central. Los seis procesos están concentrados en las manos del ministro Alejandro Madrid, en una investigación que ya acumula diez años.
El químico de la DINA, cuyo cadáver fue encontrado en abril de 1995 en una playa de Uruguay con impactos de bala en la cabeza, había sido sacado clandestinamente del país cuatro años antes. Su fuga fue ejecutada por un equipo del grupo más secreto de la Brigada de Inteligencia del Ejército (BIE), encabezados por los escoltas de Pinochet, que le dieron muerte junto a militares uruguayos que lo tenían bajo su custodia cuando intentó escapar.
Existe certeza sobre cómo se ejecutó la salida de Eugenio Berríos hacia Uruguay. Una operación que tuvo por objeto evitar que Bañados interrogara al hombre que “sabía mucho”. Su escape se concretó el 26 de octubre de 1991, poco después de que la abogada Fabiola Letelier le pidiera al ministro Adolfo Bañados que interrogara al químico de la DINA en la investigación por el asesinato del ex canciller Orlando Letelier. Se trataba de un testigo estelar.
Michael Townley había confesado que en un principio se pensó matar a Letelier (en Washington, septiembre de 1976) con gas sarín, un agente químico letal inventado por los nazis en la Segunda Guerra Mundial y perfeccionado por Berríos en un laboratorio de la DINA. Tan avanzado estaba el plan inicial que Townley recordó haberse embarcado en 1976 en un vuelo de Lan portando“un frasquito de perfume Chanel Nº 5 que me había dado mi esposa y que yo había llenado con sarín”.
Cuando el ministro Bañados dictó el 8 de noviembre de 1991 la orden de detención en contra del químico de la DINA, ya era tarde: Berríos estaba clandestino en Uruguay, país al que llegó vía Argentina el 29 de octubre. El ministro Bañados ignoraba que en su propio despacho la BIE tenía un topo que les informó de la orden antes incluso que fuera firmada.
Sólo ahora se entiende el por qué de los millones de dólares que se gastaron en la operación para sacar a Eugenio Berríos del país. No eran los autores del crimen de Orlando Letelier lo que Pinochet y sus custodios del BIE temían que revelara el químico. Bañados ya tenía ese cuadro claro. Eran otras muertes que en ese momento, recién iniciada la recuperación de la democracia, permanecían ocultas y podían detonar problemas mayores. Incluso de defensa nacional por el destino y uso potencial que se les daría a las armas químicas fabricadas en laboratorios del Ejército.
Desde 1999, fecha del inicio del juicio por el secuestro y homicidio de Berríos, primero la jueza Olga Pérez y luego el ministro Alejandro Madrid -junto al mismo equipo policial integrado por el prefecto Nelson Jofré y la inspectora Palmira Mella- han ido armando pieza por pieza un puzzle macabro.
Primero se esclareció el crimen de Renato León Zenteno, conservador de Bienes Raíces de Santiago, asesinado por un equipo de la DINA. El crimen se perpetró el 30 de noviembre de 1976, dos meses después de ser asesinado Letelier, en el propio departamento de León Zenteno. El protocolo de autopsia dice que murió víctima de una “toxemia aguda inespecífica”.
Uno de los agentes que participó en el asesinato confesó que al dejar la escena del crimen, Berríos reparó en que el frasco de perfume con gas sarín había quedado olvidado en la mesa de noche de León Zenteno. Ya era tarde. No podían regresar. Muchos años después, cuando se revisó el viejo expediente archivado, la sorpresa de los investigadores de Madrid fue mayúscula: en las fotos tomadas por los peritos se ve nítidamente el mismo frasco descrito por el agente de la DINA en su confesión.
¿Por qué matar a León Zenteno? Por una simple razón. Éste se oponía a traspasar ilegalmente a sociedades de la DINA terrenos en la Reina Alta de los que fueron despojados opositores al régimen. De cualquier forma, el ex conservador de Bienes Raíces de Santiago no fue obstáculo para los propósitos de la DINA. En esos mismos terrenos hoy se levantan sólidos y hermosos conjuntos residenciales para militares.
Ha quedado establecido judicialmente que Berríos formó parte de la Brigada Quetropillán de la DINA, un laboratorio que funcionó en la casa que Michael Townley y su esposa Mariana Callejas compartían en Lo Curro. En ese laboratorio se desarrolló el proyecto “Andrea”, destinado a producir armas químicas para la eliminación de opositores y, eventualmente, para ser usados en algún conflicto con países vecinos. Sarín, Soman y Tabun fueron algunas de las toxinas químicas desarrollados por Berríos y el científico Francisco Oyarzún Sjoberg, quienes trabajaban bajo las órdenes directas de Manuel Contreras.
El gas sarín obtenido en la casa de Lo Curro fue probado por primera vez en abril de 1976, utilizando perros y hasta un burro. También se experimentó con ratones y conejos.
Una de las primeras víctimas humanas fue el poeta Luis Waldo Silva Caunic. Después fue el turno del diplomático español Carmelo Soria, quien fue secuestrado en julio de 1976 y conducido a la casa de Lo Curro. Cuatro meses después ocurrió el asesinato del conservador de Bienes Raíces de Santiago. Y en marzo de 1977 la víctima provino de las propias filas del organismo dirigido por Manuel Contreras.
Manuel Jesús Leyton Robles, un cabo de Ejército adscrito a la DINA, había sido detenido en 1977 por robo de autos y uno de ellos pertenecía a un detenido desaparecido. En su declaración a Carabineros dijo que lo hacía por encargo de la DINA. Poco antes de ratificar sus dichos ante un tribunal fue eliminado con gas sarín, aunque oficialmente el Ejército adjudicó la muerte a “causas naturales”.
Treinta años después Alejandro Madrid estableció la verdad y, de paso, demostró por primera vez que la DINA utilizó gas sarín para la eliminación de personas. Por este juicio hay 13 ex agentes procesados, entre los que se cuentan los médicos Hernán Taricco Lavín, Pedro Valdivia Soto y Osvaldo Leyton. La enfermera Eliana Carlotta Bolumburu Taboada, quien cumplía un rol clave en la Clínica London de la DINA y luego de la CNI, también fue vinculada.
A partir del asesinato de Letelier, en septiembre de 1976, se desató una fuerte pugna entre el jefe de la DINA, coronel Manuel Contreras, y el jefe de la entonces Dirección de Inteligencia Nacional del Ejército, general Odlanier Mena. Este último objetaba los brutales y desprolijos procedimientos de Contreras.
Entonces, de acuerdo con el testimonio de Michael Townley, Contreras decidió matar al general Mena “mediante la incorporación de una bacteria mortal en su café” que había sido proporcionada por Berríos. El plan se frustró porque en esa oportunidad Mena prefirió un agua de yerbas.
En 1978, una vez que la participación de Townley en el crimen de Letelier quedó al descubierto y fue reclamado por Estados Unidos y expulsado a ese país ante la presión de su gobierno, Berríos y su laboratorio de Lo Curro se trasladaron al Complejo Químico e Industrial del Ejército en Talagante. El hombre al mando: el coronel Gerardo Huber, uno de los mandos operativos de la DINA, asesinado tras el escándalo que provocó el descubrimiento de un cargamento de armas rotulado como material sanitario cuyo destino final era Croacia.
Las armas químicas fabricadas por Berríos cobrarían nuevas víctimas el 8 de diciembre de 1981, el mismo día que Frei Montalva se agravó para ya no recuperarse y era operado por tercera vez por el doctor Patricio Silva Garín.
Mientras en la Clínica Santa María el ex mandatario comenzaba a evidenciar signos de muerte, en la Cárcel Pública un grupo de cuatro presos políticos del MIR y otros dos reos comunes experimentaban los mismos signos, a raíz de un envenenamiento. Adalberto Muñoz Jara, Guillermo Rodríguez Morales y Ricardo y Elizardo Aguilera lograron sobrevivir al ataque, aunque con serias secuelas. Sin embargo, dos presos comunes -Víctor Corvalán Castillo y Héctor PachecoDíaz- que compartieron almuerzo con los miristas, murieron a causa de una “intoxicación aguda inespecífica”. Nunca se investigó sus muertes.
Sí lo hizo el juez Madrid y su equipo, logrando establecer la identidad de los funcionarios de Gendarmería que tenían vínculos con los organismos represivos, además de acreditar que la intoxicación fue provocada con toxinas botulínicas fabricadas en el Instituto Bacteriológico del Ejército. El episodio lleva la marca de fábrica de Berríos.
Cuando las verdaderas circunstancias de la muerte de Frei Montalva comienzan a despejarse, es el turno del envenenamiento de la Cárcel Pública. Pero antes, se espera la sentencia en primera instancia por el secuestro y homicidio de Eugenio Berríos. Veintiuna personas serán condenadas, entre ellas cuatro generales de Ejército y tres altos oficiales del Ejército de Uruguay.
Sobre el destino de las armas químicas el secreto se mantiene. Y Berríos se llevó a la tumba los nombres de los otros personajes molestos a los que se eliminó con su fabricación letal.

http://ciperchile.cl/2009/12/08/todas-las-muertes-conducen-a-berrios/

viernes, 23 de agosto de 2013

Misterioso médico de Neruda es Michael Townley

SANTIAGO DE CHILE, 2 (ANSA) – El misterioso médico que inoculó al poeta Pablo Neruda provocándole la muerte "es Michael Townley", el doble agente estadounidense procesado por las muertes del general Carlos Prats y el ex canciller Orlando Letelier.
    Así lo anticipó a ANSA Manuel Araya, el chofer del vate, querellante en el proceso que busca establecer la causa de muerte del Premio Nobel de Literatura 1971.
    Townley, casado con la escritora chilena Mariana Callejas, militaba para 1973 en el ultranacionalista movimiento de derecha Patria y Libertad, opositor al gobierno de Salvador Allende. Tras el golpe militar pasó a formar parte de los servicios de inteligencia y en su casa se experimentaba con el gas sarín y otras sustancias químicas que se inocularon a opositores a la dictadura. Araya dijo que en dos semanas más se conocerán además los nombres de otros dos médicos vinculados con el deceso del autor de "Canto general". "El doctor Sergio Drapper acusa a Price y por las características físicas que da (1,80 de estatura, delgado rubio), seria Michael Townley quien hizo la maldad contra Neruda, y otros dos mas que ya están identificados en la investigación que lleva el juez Mario Carroza", precisó Araya.
    El hombre que trasladó a Neruda desde Isla Negra hasta la Clínica Santa María para que al día siguiente emprendiera viaje a México se mostró confiado en que "estamos en el camino correcto" y dijo que han aparecido "más cosas raras" sobre ese 23 de septiembre cuando murió el poeta. Recalcó que hay que esperar los peritajes que se están haciendo en Carolina del Norte y que ellos esperan que se haga estudio de ADN, incluso con María Malvina, la hija fallecida de Neruda. (ANSA). MBA-DS/MRZ 


02/06/2013 17:35 

http://www.ansa.it/ansalatina/notizie/notiziari/chile/20130602173535570037.html


Was Pablo Neruda Murdered by the Pinochet Regime?

By Justin Peters

Posted Monday, June 3, 2013, at 1:52 PM

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In September 1973, 12 days after Augusto Pinochet overthrew the Chilean government in a military coup, poet Pablo Neruda died in a hospital, ostensibly of cancer. Now, 40 years later, a Chilean court is investigating the possibility that Neruda might have been murdered by government agents hoping to silence his dissident voice.
Although Bart Simpson is familiar with the works of Pablo Neruda, you may not be. Briefly, Neruda was a prolific poet and ardent communist whose works addressed themes of love and liberation. He won the Nobel Prize for Literature in 1971, right around the time he became close to Salvador Allende, Chile’s socialist president. Allende was deposed (and possibly killed) by Pinochet on Sept. 11, 1973. Neruda was shocked and saddened by the coup, and, according to the Independent, was planning to move to Mexico, where he could write against Pinochet in relative safety. He never got the chance. Here’s the Independent:
The enquiries started after Neruda’s former driver, Manuel Araya, alleged the poet was poisoned by agents working for Pinochet. He said an unscheduled injection was given to the poet just hours before his death and Neruda rang him from the hospital saying he was feeling sick afterwards. The Chilean Communist Party said he had not displayed symptoms associated with the advanced stage of the cancer.
A doctor from the hospital where Neruda died claims that the injection may have been ordered by a blond, blue-eyed man calling himself “Dr. Price,” who vanished from the hospital soon after Neruda died, never to be seen again. Price’s description matches that of Michael Townley, a CIA agent who pulled double duty as an assassin for Pinochet’s secret police.
Neruda’s body was exhumed in April and is currently being tested for traces of poison. On Saturday a judge issued an order for the Chilean police to track down the mysterious Dr. Price. (If Price and Townley are the same person, then the police have their work cut out for them: Townley has been in the federal witness protection program for 30 years.)
This is a hell of a story, if true. But, at this point, there is no real reason to assume that it’s true. Forty-year-old memories and suspicious resemblances might count as smoking-gun evidence in the movies, but they ought to be treated with extreme caution in real life. And, yes, the Pinochet regime killed a lot of dissidents. But multiple sources have said that Pinochet’s agents didn’t start killing people with poison until the 1980s. One of these sources is Neruda’s own nephew, Bernardo Reyes, who told CNN that the investigation into his uncle’s death “is a circus in which I want no part.”
At the beginning of May, Nature reported that the first round of tests on Neruda’s exhumed corpse found no poison but did confirm that the poet had advanced prostate cancer. The tests are continuing, and poison may still be found—but until it is, we should refrain from jumping to conclusions about Neruda’s death.

http://www.slate.com/blogs/crime/2013/06/03/pablo_neruda_poisoned_did_pinochet_agents_and_michael_townley_murder_the.html


Los expertos afirman que Michael Townley no pudo haber matado a Pablo Neruda

04/06/2013 

Aunque Manuel Araya, chofer de Pablo Neruda, dijo reconocer y acusó este domingo al agente de la DINA y supuesto agente de la CIA Michael Townley de haber envenenado al Premio Nobel de Literatura, expertos en la materia aseguran disponer de pruebas que lo exculpan.

Pablo Neruda

Manuel Araya, quien fuera chofer de Pablo Neruda y actual querellante en el juicio que busca establecer la causa de la muerte del escritor, acusó el pasado domingo al estadounidense Michael Townley de haber envenenado al Premio Nobel de Literatura.

"El doctor Sergio Drapper acusa a Price y por las características físicas que da (1,80 de estatura, rubio), seria Michael Townley quien hizo la maldad contra Neruda, y otros dos más que ya están identificados en la investigación que lleva el juez Mario Carroza", dijo Araya en una entrevista con la agencia de noticias italiana ANSA.

El 19 de septiembre de 1973, ocho días después del golpe de estado que derrocó al gobierno del presidente socialista Salvador Allende, Neruda, que padecía cáncer de próstata, fue internado de urgencia en la clínica privada Santa María, de Santiago, donde falleció cuatro días más tarde.

Oficialmente, la causa de su muerte fue el cáncer, pero hace dos años Araya afirmó que el poeta fue asesinado mediante una inyección letal y junto a algunos familiares del escritor solicitaron una investigación judicial que está en curso y para la cual se exhumaron los restos el 8 de abril pasado.

Michael Townley era un violento militante de extrema derecha que creció en Chile en los años ’60 y difundía propaganda contra el presidente Salvador Allende, gran amigo de Neruda, a principios de 1973. Pero los expertos dicen que Townley estaba en Florida en el momento de la muerte de Neruda, el 23 de septiembre de 1973, apenas 12 días después de Golpe de Estado con que el general Augusto Pinochet derrocó a Allende. Y, contrariamente a la historia difundida por Manuel Contreras, jefe de la DINA, Townley nunca fue un agente de la CIA, dijeron.

Existen evidencias: la licencia de conducir de la Florida, un nuevo pasaporte de EE.UU. y recibos de sueldo de un garaje donde Townley trabajó como mecánico que prueba que estaba en Florida en septiembre de 1973, asegura John Dinges, periodista que cubrió Chile para The Washington Post y escribió acerca de Townley en dos libros, "Operación Cóndor" y "Asesinato en Embassy Row".

Por su parte, Peter Kornbluh, autor de "El archivo Pinochet, un expediente desclasificado sobre Atrocidad y Rendición de Cuentas", también descartó la idea de que la de Townley fuera una pista que valga la pena analizar.

Townley, que comenzó a trabajar en la Dirección de Inteligencia Nacional de Chile (DINA) en junio de 1974 y procesado por las muertes del excanciller Orlando Letelier y el general Carlos Prats, así como por el atentado en Roma al exvicepresidente Bernardo Leighton, vive en Estados Unidos como testigo protegido, luego de haber reconocido su participación en el primer crimen, cometido en Washington en 1976.

http://www.cancioneros.com/co/5181/2/los-expertos-afirman-que-michael-townley-no-pudo-haber-matado-a-pablo-neruda

Michael Townley “no pudo haber matado a Neruda”, afirman expertos

4 de junio de 2013 - 12:07 | Por:  

El ex colaborador de la DINA no habría estado en Chile a la fecha en que falleció el poeta. “Todos queremos ver este caso resuelto, pero las pistas falsas no nos acercan a la verdad” dice el periodista Peter Kornbluh.

/ Agencia UnoExpertos estadounidenses sobre violaciones a los derechos humanos durante la dictadura de Augusto Pinochet, en Chile, aseguraron que la investigación judicial sobre la muerte del poeta Pablo Neruda corre el riesgo de “perder el foco” de perseguir la tesis de que Michael Townley, el ex colaborador de la Dirección de Inteligencia Nacional, (DINA) sería el responsable del fallecimiento.
Townley era un violento militante de extrema derecha que creció en Chile en los años ’60 y difundía propaganda contra el presidente Salvador Allende,  gran amigo de Neruda, a principios de 1973. Pero los expertos dicen que Townley estaba en Florida en el momento de la muerte de Neruda, el 23 de septiembre de 1973, apenas 12 días después de Golpe de Estado con que el general Augusto Pinochet derrocó a Allenda. Y, contrariamente a la historia difundida por Manuel Contreras,  jefe de la DINA, Townley nunca fue un agente de la CIA, dijeron.
Existen evidencias: la licencia de conducir de la Florida, un nuevo pasaporte de EE.UU. y recibos de sueldode un garaje donde Townley trabajó como mecánico que prueba que estaba en Florida en septiembre de 1973, asegura John Dinges, periodista que cubrió Chile para The Washington Post y escribió acerca de Townley en dos libros, “Operación Cóndor” y “Asesinato en Embassy Row”.
Por su parte, Peter Kornbluh, autor de “El archivo Pinochet, un expediente desclasificado sobre Atrocidad y Rendición de Cuentas”, también descartó la idea de que la de Townley fuera una pista que valga la pena analizar.
“Todos queremos ver este caso resuelto, pero las pistas falsas no van a llevarnos más cerca de llegar a la verdad de la prematura muerte de Pablo Neruda”, dijo Kornbluh.
Tanto Dinges como Kornbluh afirman que la CIA rechazó dos veces los esfuerzos de Townley de unirse a la agencia, agregando que  Contreras trató de desviar la culpa de sus crímenes difundiendo la falsa historia de que la CIA había plantado a Townley en el interior de la policía secreta de Chile.
“Esta es una historia que Manuel Contreras ha estado repitiendo sistemáticamente desde la muerte de Letelier: que Townley no estaba trabajando para la DINA sino para la CIA, y la izquierda cae en la trampauna y otra vez, porque quieren enlodar a la CIA “, sostuvo Dinges.

http://www.eldinamo.cl/2013/06/04/michael-townley-no-pudo-haber-matado-a-neruda-afirman-expertos/

jueves, 22 de agosto de 2013

El chofer de Neruda identificó al agente Michael Townley como supuesto asesino del poeta

Manuel Araya, quien fue chofer de Pablo Neruda, es querellante en el juicio que busca establecer la causa de la muerte del escritor y sostiene que éste fue asesinado, acusó hoy al agente estadounidense Michael Townley de haber envenenado al Premio Nobel de Literatura.


“El doctor Sergio Drapper acusa a Price y por las características físicas que da (1,80 de estatura, rubio), seria Michael Townley quien hizo la maldad contra Neruda, y otros dos más que ya están identificados en la investigación que lleva el juez Mario Carroza”, dijo Araya en una entrevista con la agencia noticiosa italiana ANSA.

El 19 de septiembre de 1973, ocho días después del golpe de estado que derrocó al gobierno del presidente socialista Salvador Allende, Neruda, que padecía cáncer de próstata, fue internado de urgencia en la clínica privada Santa María, de Santiago, donde falleció cuatro días más tarde.

Oficialmente, la causa de su muerte fue el cáncer, pero hace dos años Araya afirmó que el poeta fue asesinado mediante una inyección letal y junto a algunos familiares del escritor solicitaron una investigación judicial que está en curso y para la cual se exhumaron los restos el 8 de abril pasado.

Otros parientes, en cambio, sostienen que Neruda murió como consecuencia de la enfermedad que sufría.

En la misma clínica Santa María falleció en 1982 -todavía durante la dictadura que sucedió al gobierno de Allende- el expresidente Eduardo Frei Montalva, cuyo deceso se atribuyó entonces a motivos de salud, hasta que en 2006 se probó que fue asesinado con gas mostaza y talio.

Townley, casado con la escritora chilena Mariana Callejas, militaba en 1973 en el movimiento ultranacionalista de derecha Patria y Libertad, opositor al gobierno de Allende.

Tras el golpe militar pasó a formar parte de los servicios de inteligencia y en su casa se experimentaba con gas sarín y otras sustancias químicas que se inocularon a opositores a la dictadura.

Townley, procesado por las muertes del excanciller Orlando Letelier y el general Carlos Prats, así como por el atentado en Roma al exvicepresidente Bernardo Leighton, vive en Estados Unidos como testigo protegido, luego de haber reconocido su participación en el primer crimen, cometido en Washington en 1976.

http://www.telam.com.ar/notas/201306/19776-el-chofer-de-neruda-identifico-al-agente-michael-townley-como-supuesto-asesino-del-poeta.html

viernes, 1 de febrero de 2013

¿Quién mató a Frei?

20 de octubre de 2000



    La posibilidad de que el ex presidente de la República Eduardo Frei Montalva haya sido asesinado por agentes de la dictadura de Pinochet comenzó a cobrar cuerpo de manera espectacular en estos días. Luego de 18 años de silencio, la familia, por intermedio de la hija mayor, senadora Carmen Frei Ruiz-Tagle, planteó públicamente sus dudas en sesión del Senado y requirió diversos antecedentes a la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) por intermedio del Ministerio de Defensa.

    La senadora Carmen Frei habló en un ambiente tenso, con asistencia de la mayoría de los senadores democratacristianos y en presencia de su hermano Eduardo, senador vitalicio en su calidad de ex presidente de la República y de Gabriel Valdés Subercaseaux, ex canciller de Frei Montalva, que la escucharon con rostros severos. El discurso tuvo dos objetivos: a) resaltar la figura del ex mandatario, fallecido en enero de 1982 y aclarar aspectos de la reciente biografía publicada por el historiador Cristián Gazmuri, que según Carmen Frei distorsionan la imagen de su padre y lo hacen aparecer comprometido con el golpe militar de 1973; b) y, al mismo tiempo, formular oficialmente dudas en torno a la muerte de Frei Montalva,vinculando a ella a organismos de seguridad y eventualmente al ex químicio de la DINA, Eugenio Berríos, asesinado en 1992 en Uruguay, según todo indica por agentes chilenos.

    La intervención de la senadora Carmen Frei provocó revuelo y aportó nuevos antecedentes. Pocas horas después declaró haber recibido otras informaciones "muy valiosas", según dijo. De esos informantes, agregó, a lo menos "dos tienen perfil público notorio" y estarían dispuestos a declarar.

    El ex presidente Frei Riuz-Tagle respaldó más tarde las apreciaciones de su hermana senadora. Reiteró que había muchas cosas extrañas en la muerte de su padre que debían ser investigadas.

    La denuncia de la familia Frei hizo renacer rumores que vienen desde el momento mismo de la hospitalización y muerte del ex presidente, convertido en esa época en abierto crítico de Pinochet y en personalidad relevante del arco opositor a la dictadura.

    Frei Montalva murió en enero de 1982 y exactamente un mes después fue asesinado el líder sindical Tucapel Jiménez Alfaro (PF 481). En treinta días el régimen militar se vio liberado de dos personalidades que potencialmente podían serle muy peligrosas en el plano político y en el terreno social. En el caso de Tucapel Jiménez, las pistas apuntan a la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE). Las dudas de la familia Frei van, al parecer, en la misma dirección, con referencia adicional al químico de la DINA, Eugenio Berríos, que en ese tiempo actuaba en proyectos todavía más o menos misteriosos -pero siniestros- en organismos de seguridad y del ejército. La DINA había sido disuelta en 1977 y reemplazada por la CNI. Contreras debió ceder el mando a su archirrival, el general (r) Odlanier Mena, que hizo una limpieza de los elementos más cercanos a Contreras y luego entregó el mando de la CNI al general Humberto Gordon, que había sido edecán del ex presidente Frei Montalva.


    LAS BACTERIAS DE BERRIOS

    La audacia era un rasgo característico en las operaciones de eliminación de opositores políticos o enemigos de Contreras y otros jefes de seguridad. El propio Odlanier Mena, jefe de la CNI, se convirtió en blanco de los ex agentes de la DINA. Estuvo a punto de ser envenenado con una bacteria que Eugenio Berríos obtuvo en el Instituto Bacteriológico. Hermes -nombre de guerra de Berríos- fracasó en su empeño, pero la idea estaba latente.

    Berríos, un bioquímico de alta calificación profesional, trabajó con Michael Townley para la DINA por instrucciones directas de Contreras. Tuvo a su cargo el desarrollo del gas Sarín descubierto por científicos nazis durante la segunda guerra mundial. A Berríos se le asignó la doble misión de convertirlo en un veneno no rastreable para eliminar a opositores políticos y también en arma de eliminación masiva en caso de guerra (primero con Perú y luego ante la eventualidad de un triple conflicto limítrofe detonado por un enfrentamiento con Argentina en 1978).

    El bioquímico convirtió el Sarín en un veneno que podía matar sin dejar huellas aparentando un ataque cardíaco. Fue probado por lo menos en dos ocasiones, en el caso del asesinato del conservador de Bienes Raíces, Renato León Zenteno, y luego en el de Manuel Leyton, un agente de seguridad que había desobedecido órdenes. Probablemente se usó en otros casos. Se consideró también su posible utilización para asesinar a Orlando Letelier para lo cual se introdujo en Estados Unidos un frasco de perfume "Chanel Nº 5" cargado con gas Sarín.

    El plan de utilización del gas Sarín fue conocido como "Proyecto Andrea" y participaron otros expertos. Hasta el momento se conocen los nombres en clave de tres de ellos: Gaviota, Canario y Dag. Hay un amplio campo penumbroso en esta materia, pero se dice que el Proyecto Andrea se mantuvo bien avanzados los años 80.

    Eugenio Berríos tenía una poderosa imaginación en materia de procedimientos letales. Dudaba si efectivamente el Sarín era indetectable. Como buen científico sabía que un elemento químico extraño puede ser rastreado con procedimientos cada vez más sofisticados en proporción a la sospecha de los investigadores. Por eso pensaba en un sistema "más natural" que matara sin dejar huellas.

    Mariana Callejas ha recordado en sus memorias que el locuaz Berríos afirmaba que "no había mejor manera de librarse de un indeseable que una gota de estafilococo dorado", una bacteria de efecto violentísimo que suele infectar los quirófanos de los hospitales. En esa línea de pensamiento Berríos debe haber considerado también el envenenamiento mediante el desarrollo incontrolado de bacterias patógenas que normalmente existen en el organismo humano.

    Los conocimientos letales de Eugenio Berríos no eran de su exclusividad.

    Hay otros personajes que aparecen y desaparecen en esta historia. Uno es el bioquímico Francisco José Oyarzún Sjoberg, mencionado hace algunos años como trabajando en una universidad californiana en ingeniería genética.

    En marzo de 1998 hubo una denuncia de Manuel Contreras que pasó casi inadvertida. Para liberar de responsabilidades a la DINA respecto a la operación veneno, sostuvo que entre 1978 y 1990 -ya disuelto ese organismo- se pagaron honorarios a Mariana Callejas, Francisco J. Oyarzún y Eugenio Berríos por la CNI u otros organismos de seguridad.

    En todo caso, para envenenar a un enfermo hospitalizado con alguna bacteria patógena no se necesita una alta calificación científica. Basta disponer del veneno -que podía conseguirse en el Instituto Bacteriológico, controlado por el gobierno- de un agente infiltrado en la Clínica Santa María y de la ocasión adecuada. Berríos no era, por lo tanto, indispensable. Pero también pudo cometer el crimen.


    FREI Y TUCAPEL JIMENEZ: OPOSITORES A LA DICTADURA

    A esas alturas la trayectoria de Eduardo Frei Montalva había cambiado. Luego del apoyo que dio al golpe militar y al nuevo gobierno en los momentos en que la represión masiva alcanzaba extremos aterradores, su posición empezó a variar. Se convenció de que los militares y especialmente Pinochet estaban decididos a gobernar de acuerdo a sus propias orientaciones. La dictadura podía prolongarse muchos años. Los generales más proclives a la DC -Bonilla y Arellano Stark- no estaban dispuestos a jugarse por un cambio. El desencanto del ex presidente fue determinante para que la DC retirara del gobierno a un grupo de militantes que actuaba en cargos técnicos con autorización del partido. A tono con las reticencias de Estados Unidos, Frei percibió que la ultraderecha y los militares más "duros" controlaban la situación. Y para ellos la DC y Frei eran enemigos de primera magnitud. Consideraban a los democristianos ambiguos y vacilantes, que habían abierto el camino al comunismo y la decadencia moral. Frei era estigmatizado por haber facilitado el ascenso de Allende y haber descabezado al ejército después del "tacnazo" del general Roberto Viaux, a fines de 1969. Dos años después del golpe, miles de ejemplares de "Frei, el Kerensky chileno", libro difamatorio escrito por un integrista brasileño, fueron repartidos en los cuarteles y enviados por correo a destinatarios seleccionados. La represión comenzó a alcanzar a la DC. Hubo detenciones y torturas de militantes. La radio Balmaceda fue clausurada y "La Prensa", diario del partido, dejó de circular. Contribuyó al cambio de orientación del ex mandatario la relación que mantenía con el cardenal Raúl Silva Henríquez y la impresión que le produjo el intento de asesinato en Roma de Bernardo Leighton y Anita Fresno, en septiembre de 1975. Los conocía de toda la vida. Poco antes había tenido un áspero intercambio de cartas con Leighton en el cual éste le reprochó su apoyo al golpe de Estado y no ahorró críticas ante la actitud ciegamente opositora de la DC, influenciada por Frei, que se entendió con la derecha y sectores fascistoides para provocar la caída del gobierno de Allende.

    Eduardo Frei Montalva seguía siendo la figura dominante en la DC. Además de Leighton, cuyo regreso a Chile había prohibido la Junta, estaban fuera del país Radomiro Tomic y Gabriel Valdés. Patricio Aylwin ya no dirigía el partido. En 1977 Frei se opuso más o menos discretamente a la "consulta nacional", mascarada organizada por la dictadura para exhibir un supuesto respaldo ciudadano ante las críticas de la opinión internacional. Un año y medio después, Eduardo Frei se reunió reservadamente con representantes del PC. Unos y otros exploraban la posibilidad de un entendimiento amplio contra la dictadura. El plebiscito convocado por Pinochet para aprobar la Constitución de 1980, dio a Frei la oportunidad que buscaba. Se jugó a fondo. Fue el orador principal en una multitudinaria concentración en el Teatro Caupolicán en que criticó a la dictadura y llamó a votar en contra del plebiscito.

    Fue un golpe al gobierno dictatorial que Pinochet resintió como un ataque personal. En medio de un fraude en gran escala, un 30% de la votación apareció rechazando la nueva Constitución y la legitimación de Pinochet como presidente de la República. La dictadura y las fuerzas opositoras sabían que ese porcentaje era muy inferior a la realidad.

    Frei a partir de entonces se convirtió claramente en líder de la oposición. Era un evidente peligro para el régimen, al que preocupaban no solamente las actividades de la oposición clandestina de Izquierda sino, especialmente, la oposición que se podía hacer más o menos públicamente. Como la que Tucapel Jiménez intentaba articular en el campo social, quien sería cruelmente asesinado no mucho después de la muerte de Frei.


    MISTERIO EN LA CLINICA

    A fines de 1981, Frei Montalva estaba próximo a cumplir 71 años y se mantenía en muy buenas condiciones físicas y psíquicas. Solamente lo molestaba una esofagitis producida por una hernia al hiato, enfermedad crónica no mortal y ni siquiera grave. Decidió operarse. Hizo consultas con médicos chilenos sobre la conveniencia de hacerlo en el país. Estos le garantizaron que existían condiciones técnicas equivalentes a las de Estados Unidos y altísimas posibilidades de una curación plena.

    Se internó en noviembre de 1981 en la Clínica Santa María y fue operado por un equipo dirigido por el doctor Alejandro Larraín, secundado por un grupo de médicos de alto nivel. Días más tarde aparecieron complicaciones -obstrucción intestinal por adherencias peritoneales-, que obligaron a una nueva operación el 6 de diciembre. Todo parecía todavía bajo control, pero al día siguiente se desencadenó un proceso infeccioso -derivado del virus Proteus Providence, según se dijo- que motivó otra operación de urgencia. El cuadro patógeno no fue conjurado. Otra operación el 17 de diciembre marcó el comienzo del fin. Murió el 22 de enero de 1982.

    Aparte del doctor Alejandro Larraín, intervinieron en una u otra calidad 20 a 25 médicos de los mejores de Chile entre ellos los doctores Alejandro Goic, Ramón Valdivieso y Juan Pablo Beca, para intentar salvarlo. Hubo interconsultas con médicos norteamericanos y se trajeron al país medicamentos de alta eficacia. Todo fue inútil.

    En esos mismos días comenzaron los rumores. Algunos recordaron el caso del general Augusto Lutz, jefe del SIM, Servicio de Inteligencia Militar al momento del golpe, fallecido después de una seguidilla de operaciones y tratamientos en el Hospital Militar a partir de una úlcera gástrica que hicieron pensar en un asesinato encubierto. Muchos años después su familia sostiene que Lutz fue víctima de la DINA por oponerse al coronel Manuel Contreras, ya convertido en hombre de confianza de Augusto Pinochet.

    Hubo cosas extrañas, que ahora son mencionadas oficialmente por Carmen Frei. Llamadas anónimas que advertían sobre un posible envenenamiento, trajines en la clínica de personas extrañas al cuerpo médico tratante y al personal auxiliar. La senadora Frei confimó también el rumor del desaparecimiento del protocolo de autopsia.

    Para los médicos el caso sigue siendo misterioso. La probabilidad estadística de la muerte como resultado de la operación era bajísima y más por la buena condición física del paciente y la competencia del equipo tratante.

    El médico Alejandro Larraín tuvo a su cargo la operación. Ha sostenido que la complicación post operatoria fue sumamente extraña. La única de esas características que ha visto en más de cinco mil pacientes. Por su parte, el doctor Alejandro Goic coincide en lo inusual de las complicaciones que condujeron al incontrolable y mortal proceso infeccioso. Ambos aclaran, sin embargo, que no tienen elementos para afirmar que hubo envenenamiento deliberado del paciente. Pero también concuerdan en que seguramente han aparecido antecedentes muy serios como para que la familia haga públicas ahora sus dudas.

    El misterio sobre la muerte de Frei y las posibles actuaciones encubiertas de la DINE abren nuevas interrogantes sobre mecanismos y dispositivos de seguridad y represión encubiertos durante la dictadura.

    En la investigación del asesinato de Tucapel Jiménez la atención se ha dirigido al DINE, después de haber estado focalizada por años en la CNI.

    Se encuentra procesado el general (r) Ramsés Arturo Alvarez Scoglia, junto con el ex director, Hernán Ramírez Rurange, junto a varios de los oficiales a su mando, entre ellos el ex mayor Carlos Herrera Jiménez.

    ¿Cumplía la DINE funciones especiales de eliminación y de quién era la responsabilidad en el caso de los asesinatos cometidos por sus agentes?

    ¿Sabía la CNI de estas operaciones paralelas? ¿Dependía Berríos de la DINE, de la CNI o de otro organismo secreto?

    El ex director del DINE, general Alvarez Scoglia alega inocencia. Afirma sin embargo que tuvo que haber "una orden" para el asesinato de Tucapel Jiménez, que no pudo ser decidido por "un capitán o un oficial cualquiera". Y agrega que "alguien tiene que haber dado esa orden".

    El ex director de la CNI general Humberto Gordon, fallecido recientemente, responsabilizó al DINE por la muerte de Tucapel Jiménez, eximiendo de responsabilidad a su institución. Puede que haya entregado alguna información sobre la muerte del presidente Frei Montalva a la familia. Acostumbraba decir que tenía admiración y respeto por el ex mandatario. "Don Eduardo me proteje desde el cielo", comentaba a sus íntimos

    La investigación de la muerte del ex presidente no será sencilla. Ha pasado mucho tiempo. Los archivos del ejército, por otra parte, no serán abiertos. No lo han sido hasta ahora

    FEDERICO LOPEZ

      Frei y el golpe
      Uno de los puntos conflictivos de la familia Frei frente al libro del historiador Cristián Gazmuri -"Eduardo Frei Montalva y su época"- es el supuesto apoyo del ex presidente de la República al golpe militar. Gazmuri sostiene que eso no aparece en el libro. Lo que sí aparece -declara- es el respaldo que Frei entregó a los militares después del golpe de Estado y en los primeros meses de la dictadura.

      Efectivamente, no hay antecedentes precisos, pruebas concretas de que Frei haya participado en la organización del golpe de Estado. Pero a lo menos debe haber estado en conocimiento del mismo. Importantes militares ligados a la DC -como los generales Sergio Arellano Stark y Oscar Bonilla- estaban entre los conspiradores principales. Hombres muy cercanos a Frei como su ex ministro de Defensa, Sergio Ossa Pretot, y el senador Juan Hamilton, tenían contactos con militares. Pero no hay pruebas concluyentes de participación efectiva.

      Son abundantes, en cambio, las demostraciones de la actitud favorable o el respaldo que Frei dio al golpe una vez producido. No estuvo entre los escasos parlamentarios y personeros DC encabezados por Bernardo Leighton y Radomiro Tomic que rechazaron el golpe y el fin de la democracia.

      Junto con ese silencio, hubo actitudes de apoyo inequívoco. Se mencionan las más relevantes. Eduardo Frei Montalva concurrió como ex presidente de la República al Te Deum del 18 de septiembre de 1973 en que la Junta Militar tuvo sitial de honor.

      En una entrevista dada al diario "ABC" de Madrid, Frei justificó apasionadamente el golpe y llegó a decir que "las fuerzas militares han salvado realmente al país de su total aniquilamiento".

      De manera aún más oficial lo hizo mediante una extensa carta al presidente de la Democracia Cristiana Mundial, el político italiano Mariano Rumor. En ella se hizo eco de acusaciones calumniosas contra el gobierno del presidente Salvador Allende y la Unidad Popular. Fue más allá. Pidió apoyo para los militares en su tarea de "reconstrucción nacional". Escribió: "Su fracaso (el de las FF.AA.) ahora sería un fracaso del país y nos precipitaría en un callejón sin salida". La carta de Frei a Mariano Rumor fue ampliamente publicitada por la Junta Militar.

      Hizo también una defensa de los militares y del golpe y una argumentada crítica al gobierno de la Unidad Popular en el prólogo al libro de Genaro Arriagada, publicado poco después del 11 de septiembre de 1973, titulado "De la vía chilena a la vía insurreccional". En un plano privado, Frei justificó su actitud en las cartas que envió a Bernardo Leighton, dadas a conocer hace pocos años

      F.L.

http://www.puntofinal.cl/001020/nactxt2.html

La Historia Oculta del Régimen Militar

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