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viernes, 10 de mayo de 2019

La extraña muerte del militar que enfrentó a la DINA


Ayudó a prisioneros del MIR, se enfrentó a un oficial cercano a Manuel Contreras y finalmente su cuerpo fue hallado con un disparo en el cráneo. Luego de 40 años de mentiras y de datos que vinculan a Colonia Dignidad en el crimen del oficial, la causa está sobreseída temporalmente.

Cuarenta años se cumplen ya desde el día en que fue hallado, en un cerro cercano a Talca, el cuerpo sin vida del capitán de Ejército Osvaldo Heyder Goycolea, cuya extraña muerte es uno de los grandes misterios que aún quedan por resolver de la época de la dictadura, pues en ella habrían participado en conjunto la Colonia Dignidad y la DINA, organismo de inteligencia con el cual Heyder se enfrentó abiertamente, al ayudar a un grupo de presos del MIR que estaban en las manos de la policía secreta de Pinochet.
Durante años, la dictadura dijo públicamente que la muerte de Heyder era un homicidio. Dependiendo de quien contara la historia y a quién, los responsables eran miristas que se infiltraban por la cordillera desde Argentina, o “guerrilleros” que habían seguido al capitán desde el regimiento Maipo de Valparaíso hasta Talca, donde lo habrían ultimado de un disparo al interior de su Citroen AX-330 blanco, el cual fue hallado en la mañana del 05 de junio de 1975 en el sector del Cerro La Virgen.
En privado y en la investigación judicial que se abrió a inicios del siglo XXI, sin embargo, los militares que conocieron el caso, así como los ex miembros de la DINA sospechosos de haber participado en su muerte, cuentan otra historia: que Heyder se suicidó. Los supuestos motivos también varían: algunos dicen que tenía problemas de faldas, otros que tenía problemas económicos, otros incluso dicen que tenía problemas de drogas. No obstante, nada de ello se condice con el buen estado que tenía su matrimonio, con la buena situación económica del mismo, ni con los proyectos que Heyder abrigaba para su futuro.
Lo que prácticamente todos olvidan, sin embargo, es cómo Heyder se opuso a la bestialidad de la DINA en Valparaíso, dando un trato digno a una serie de detenidos que formaban parte del MIR y salvando la vida de varias mujeres.

El Regional Valparaíso

A fines de 1974, la Agrupación “Vampiro”, perteneciente a la Brigada “Caupolicán” de la DINA, se dejó caer en Valparaíso, con un objetivo muy claro en mente: exterminar a la dirigencia regional del MIR.
Un par de meses antes había dado muerte al líder máximo del grupo, Miguel Enríquez, y luego de Valparaíso el siguiente objetivo era Concepción. Para ello contaban con un arma secreta: la ex mirista penquista Marcia Merino Vega, “La Flaca Alejandra”, en ese momento ya reconvertida en agente de la DINA. De ese modo, poco les costó capturar a los más importantes líderes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria en el puerto, en operativos liderados por el entonces teniente Fernando Lauriani Maturana, más conocido como “El teniente Pablito”.

A ellos les contó que, luego de ser detenidos y llevados al regimiento Maipo, los presos del MIR fueron brutalmente interrogados y torturados por la DINA. No obstante, después se presentó ante ellos, vestido de uniforme, el capitán Heyder, quien “me dijo que él también era de Concepción, dándome a entender que no estaba de acuerdo con el procedimiento de la DINA, a cargo del teniente Lauriani, señalando que en esta ocasión no se cumplía el dicho de ‘donde manda capitán, no manda marinero’, ya que Lauriani, con un grado inferior suyo, impartía instrucciones para detener y torturar a los detenidos, mostrándose en desacuerdo con ese tratamiento”, aseveró Zott.

En dichos operativos también prestó apoyo el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) del Regimiento Maipo, encabezado por su jefe, el capitán Heyder. El resultado del raid de cerca de un mes que se dio la DINA por la Quinta Región culminó con más de veinte detenciones y una muerte, la del militante Alejandro Villalobos Díaz, quien fue asesinado en una casa de calle Montaña. Además, tenían un premio de caza mayor, ya que habían capturado al jefe regional del MIR, Erick Zott, quien, al igual que Heyder y Merino, era de Concepción.
La participación de Heyder en los operativos quedó estampada en su hoja de vida, donde figura una felicitación al respecto.
No obstante, Heyder se sentía repugnado por los métodos de la DINA, como lo señaló judicialmente su esposa, Cecilia Contador, en la causa que se abrió a inicios de los años 2000 en el entonces Tercer Juzgado de Letras de Talca.
Por cierto, quienes eran sus amigos dentro de Ejército no creen en la versión del suicidio. El brigadier general en retiro Luis Eugenio Meza, quien fue uno de los primeros en llegar al cerro La Virgen ese 5 de junio, declaró ante la Brigada de Derechos Humanos de la PDI que “hasta el día de hoy tengo la duda de lo que realmente ocurrió”, mientras que el mayor en retiro Carlos Verdugo fue más directo ante los detectives, a quienes señaló que “quiero ser muy enfático en decir que Osvaldo no era una persona que tuviera la capacidad de suicidarse, por su carácter y forma de ser”, agregando que ante una injusticia “sé que se la iba a jugar entero”.
De hecho, Cecilia Contador, la viuda de Heyder, dijo el 13 de abril de 2004, en el proceso judicial, que Meza le reconoció en privado muchos años después, ya estando en retiro, “que mi marido no se suicidó, lo mataron, nada más, muy escueto”.

El policía bueno

El 23 de octubre de 2002 Erick Zott se presentó ante el cónsul de Chile en Austria, donde reside, y prestó una declaración fundamental para la causa. En ella señaló que a mediados de los años 80, mientras actuaba como testigo en una causa que Colonia Dignidad había incoado en Bonn (Alemania) en contra de Amnistía Internacional, presenció una conversación confidencial entre Walter Rövenkamp, dirigente de Amnistía, y el ex número dos de la Colonia, Hugo Bäar, que a fines de 1984 logró huir del enclave regentado por Paul Schäfer.
Según el relato de Bäar, a mediados de los años 70 él estaba, entre otras cosas, a cargo de las armas de la colonia, “y de esta manera se enteró que en el invierno de 1975 dos miembros de la Colonia Dignidad, a quienes identificó y cuyos nombres no recuerdo, participaron en un atentado en contra de un oficial del Ejército chileno en la ciudad de Talca. Hugo Bäar recibió el arma de vuelta y estos dos miembros de la colonia se ocultaron temporalmente en el sur de Chile. Sobre esta conversación recuerdo que Rövenkamp tomó notas escritas y se iniciaron consultas para poder determinar la identidad de la víctima de este atentado”.
Zott no atinó de inmediato a comprender que se trataba de Heyder, el hombre a quien conoció muy de cerca en sus días en cautiverio en el regimiento Maipo, como lo declaró también en Viena, el 15 de abril de 2003, a dos detectives chilenos que viajaron a entrevistarlo.
A ellos les contó que luego de ser detenidos y llevados al regimiento Maipo, los presos del MIR fueron brutalmente interrogados y torturados por la DINA. No obstante, después se presentó ante ellos, vestido de uniforme, el capitán Heyder, quien “me dijo que él también era de Concepción, dándome a entender que no estaba de acuerdo con el procedimiento de la DINA, a cargo del teniente Lauriani, señalando que en esta ocasión no se cumplía el dicho de ‘donde manda capitán, no manda marinero’, ya que Lauriani, con un grado inferior al suyo, impartía instrucciones para detener y torturar a los detenidos, mostrándose en desacuerdo con ese tratamiento”, aseveró Zott.
Por supuesto, varios de los prisioneros creyeron que lo de Heyder era una simple impostura, suponiendo que jugaba al papel de “el policía bueno”. Sin embargo, Zott le creyó por algún motivo, quizá por haber sido casi de la misma edad, ser penquistas y ambos haber estudiado en la Universidad de Concepción (Heyder cursó dos años de derecho antes de entrar a la Escuela Militar). Además, el oficial le dijo cosas que le hicieron creer en él: “Osvaldo Heyder me reiteró en varias oportunidades su progresivo asco frente al personal de la DINA y su pleno distanciamiento de los métodos y brutalidad empleados por ellos”, precisó Zott a los funcionarios de la PDI.

Tratos especiales

La situación hizo crisis luego de que Lauriani golpeara a Zott con su arma, tras lo cual fueron detenidos unos 50 sospechosos, muchos de ellos sin vínculos con el MIR. “Todas las personas sufrieron los malos tratos del personal de la DINA y del regimiento que los acompañaban. Este hecho enfrentó a Lauriani con Heyder, quien desaprobaba el procedimiento”, recordó “el gringo” Zott ante la policía.
En diciembre de 2003 la PDI interrogó a “La Flaca Alejandra”. Allí, ella aseveró que después de estar en Valparaíso, “me enteré que Fernando Lauriani había tenido problemas con un oficial importante del regimiento Maipo, quien no estuvo de acuerdo con los métodos utilizados por el encargado de los interrogatorios (Lauriani); es decir, con la aplicación de torturas en los interrogatorios”.


Pero no fue lo único que señaló: “Esta situación la recuerdo muy bien, por cuanto fue la primera vez que escuchaba que algún militar estuviera totalmente en contra de los métodos de la DINA y les encarara los interrogatorios o la aplicación de torturas”.
Otro hecho que enemistó a Heyder con la DINA fue lo que sucedió con Liliana Castillo Rojas (esposa de Neftalí Carabantes Olivares, quien hasta el día de hoy se encuentra desaparecido), la que se encontraba en avanzado estado de embarazo y dio a luz a dos gemelas en la enfermería del regimiento. “Osvaldo dispuso todos los recursos a disposición para que el parto y la convalecencia fueran satisfactorios, a pesar de que Lauriani se opuso a los ‘tratos especiales’ aplicados”, contó Zott a los agentes de la Brigada de DD.HH.
Luego de ello, “recuerdo que el capitán Heyder solicitó mi intervención para que convenciera a un militante, conocido con el apodo de ‘Mota’ para que proporcionara la ubicación de armas que había escondido. Heyder me comenta que este joven estaba siendo salvajemente torturado y que Lauriani estaba dispuesto a matarlo si no confesaba. Yo hablé con el ‘Mota’ y lo obligué a proporcionar la información requerida, bajo mi responsabilidad ante el partido. Los agentes realizaron el desentierro y encontraron un par de armas cortas, completamente oxidadas e inservibles”.
Sergio Vásquez, en tanto, a quien le decían “El Mota”, expresó a la PDI, en 2004, que “creo también que sería Osvaldo Heyder quien el día 27 de enero dio permiso para que nos sacáramos las vendas y nos relajáramos, e incluso Sergio Vesely pudo cantar ‘Gracias a la vida’ de Violeta Parra y otras canciones”.

Heyder, Heider, Heiden

A fines de enero de 1975, la DINA estaba a punto de volver a Santiago y Heyder sabía lo que significaba aquello. Por eso se acercó a hablar con Zott, “preguntándome qué podía hacer por nosotros, haciendo presente que por mí no estaba en condiciones de intervenir. Yo le solicité que, bajo el pretexto de diligencias pendientes, solicitara que permanecieran en el regimiento las mujeres”, recordó el ex prisionero ante la policía.
El 29 de enero, quince prisioneros fueron trasladados a Santiago, entre ellos dos mujeres que Heyder no logró retener. Desde allí, Zott fue después llevado a Concepción y luego a Colonia Dignidad, donde quedó en manos del segundo hombre de la DINA, Pedro Espinoza. Luego de una serie de vejámenes y una larga detención, Zott finalmente quedó en libertad, lo mismo que otros seis de sus compañeros, pero los ocho restantes fueron hechos desaparecer. Recientemente la Corte Suprema dictó condena por este caso, conocido como “Los ocho de Valparaíso”. Las víctimas de estos hechos son Horacio Carabantes, Alfredo García, María Isabel Gutiérrez, Fabián Ibarra, Sonia Ríos, Carlos Rioseco, Abel Vilches y Elías Villar.
Entre los condenados por estos secuestros se cuenta Fernando Lauriani, pese a que este dijo, en el proceso judicial del caso Heyder, que en esa época pertenecía al Departamento de Educación de la DINA, donde trabajaba como “encargado de la infiltración marxista” en los liceos, sin haber estado nunca en Valparaíso: “No recuerdo haber formado parte de una comisión de servicio a dicha ciudad en ese periodo”, afirmó, olvidando no solo su viaje a la Quinta Región, sino el hecho de que existen varios testimonios que lo sitúan en esa época como un interrogador estable al interior de Colonia Dignidad.
Por cierto, el jefe de la Brigada Caupolicán, el mayor Marcelo Morén Brito, tampoco recordaba haber viajado a Valparaíso a ese operativo.
Heyder, en tanto, fue trasladado a Talca hacia febrero de 1975. Aunque nunca estuvo claro a qué función llegó, las detalladísimas fichas de la Colonia Dignidad, desclasificadas el año pasado, relatan que fue destinado al mismo Servicio de Inteligencia Militar (SIM), organismo al cual la DINA le tenía un odio profundo… lo mismo que Colonia Dignidad, que mantenía fichas de todos los miembros del SIM del sur de Chile, atribuyéndoles a cada uno de ellos las más nefastas características, a diferencia de los integrantes de la DINA, de quienes también tenían fichas, aunque por lo general estas mostraban alabanzas hacia los agentes de Contreras.
Un hecho curioso de las tres fichas halladas en Colonia Dignidad sobre Heyder es que, pese a quien las escribía era un germanoparlante, Gerd Seewald, el apellido “Heyder” está mal escrito, pues figura con “i”, es decir, “Heider”, en las tres fichas que se encontraron a su nombre.
En español no existe a nivel fonético diferencia alguna entre la “y” y la “i”. Sin embargo, en alemán, la combinación de letras “hei” se pronuncia distinto que la combinación “hey”. Mientras la primera suena a oídos de un hispanoparlante como “jai”, la segunda suena a “jei”.
Lo anterior no pasaría de ser anecdótico, si no fuera porque en una confusa declaración prestada en alemán por el ex guardaespaldas de Paul Schäfer, Kurt Schnellenkamp, se le preguntó al respecto, ante lo cual dijo no conocer el nombre Osvaldo Heyder, pero sí el de un tal “Heide” o “Heiden”, respecto del cual aseveró que “no puedo decir si este corresponde a Osvaldo Heyder. Sobre este ‘Heiden’ se discutía bastante en la colonia, aunque de forma reservada. La discusión se terminaba prontamente bajo el argumento de que era una sarta de mentiras”. Al respecto, más adelante agregaría un detalle muy llamativo, que mencionó fuera de contexto, cuando ya había dejado de hablar de “Heide”: “Se trataba de un arma particular con silenciador, que Hugo Baar debió haber proporcionado, pero que nunca llegó”.
Sobre este punto, en su declaración de 2003, Zott agregó un detalle importante: que a Hugo Bäar le constaba la participación de la colonia en el crimen “porque le tocó entregar las armas ocupadas en dichos operativos, recordando además que una de estas era una pistola marca Luger, calibre 9 mm., la cual fue devuelta por estos y recibida por él mismo”.
Y hay otro detalle nada de menor: tanto Lauriani como Morén Brito reconocieron ante la justicia haber estado en Talca en junio de 1975, enviados por Manuel Contreras a “investigar” la muerte del capitán. Por supuesto, de acuerdo a sus conclusiones, fue un suicidio, aunque en 1975 Morén Brito, quien se acercó a Cecilia Contador, le señaló algo distinto: además de asegurarle que Osvaldo era “su amigo”, le dijo que debía consolarse pensando “que Osvaldo había peleado cuerpo a cuerpo antes de morir, ya que tenía piel en las uñas y algo en los botones”.

Sobreseída temporalmente

Si a principios de los años 2000 sonaba descabellado pensar que los alemanes participaban de operativos en conjunto con la DINA, las fichas revelan hoy que eso sucedía en forma constante. Aun cuando en el sumario del caso Heyder, el ex director de la DINA, Manuel Contreras, negó toda relación con la colonia, la lectura de las 45 mil fichas entregadas el año pasado a organizaciones de DD.HH. por parte del juez Jorge Zepeda muestran cómo la colonia espiaba para sí y para la DINA desde Santiago al sur, la forma en que acopiaba información de todo tipo y las misiones de inteligencia que realizaba en ciudades como Concepción, Talca, Chillán, Los Angeles y San Carlos.
Pese a toda la información, la causa se encuentra hoy afecta a un sobreseimiento temporal. A este respecto, Hernán Fernández, el abogado que representa a Adriana Heyder, puntualiza que se están haciendo todos los esfuerzos posibles a fin de reabrir el sumario, para lo cual, entre otras cosas, se está en la búsqueda de un testigo que tendría información clave al respecto.
Adriana Heyder, en tanto, señala que “por todas las declaraciones hechas hasta ahora durante el proceso estoy convencida de que mi hermano fue asesinado, especialmente por mi análisis de las contradicciones de los militares, pero también por los resultados de la autopsia. Se hizo una exhumación, para la cual viajé a Chile especialmente, la cual sugiere la intervención de terceros. Creo saber quién fue el asesino de mi hermano, pero no lo puedo comprobar”.
Luego de casi 15 años de trámites judiciales, Heyder se declara “desilusionada de la justicia chilena”, ya que asevera que “todo está paralizado y los posibles testigos se están muriendo”.
Finaliza recordando que, luego de la muerte de su hermano, el propio Augusto Pinochet les dio el pésame en Concepción, para lo cual mandó a buscar a su familia en un Mercedes Benz blindado (que, comenta, quizá era de la Colonia Dignidad), oportunidad en la cual dijo a Lola Goycolea, su madre, que “usted debería estar orgullosa de haber perdido un hijo por la patria”. Vaya ironía.

martes, 17 de septiembre de 2013

Red de protección a Colonia Dignidad: Los contactos de Schäfer

Martes 19 De Febrero 2013

Paul Schäfer logró, a través de cuatro décadas, que se desestimaran los graves cargos de pedofilia y de violaciones a los derechos humanos en su contra. De esta forma se convirtió en uno de los criminales más protegidos de la historia del delito en Chile. Hoy, cuando se conoce por sentencia judicial que cuando más se abusó de niños fue entre 1993-1997, se percibe con mayor fuerza la responsabilidad de aquellos que protegieron a la Colonia durante la democracia. Aquí nombres y acciones.

“Que de los hechos establecidos que configuran los ilícitos de abuso sexual y violación se puede advertir que si bien se identifica sólo a un sujeto como autor de los mismos, el que actualmente está muerto, claramente resulta la participación de otros sujetos que por actos anteriores o simultáneos cooperaron con él en la ejecución de los hechos; y la de otros que con conocimiento de la perpetración de los crímenes o simple delitos o de los actos ejecutados para llevarlos a cabo, sin haber tenido participación en él como autores ni como cómplices, intervinieron con posterioridad a su ejecución ocultando o proporcionando la fuga al culpable, o acogiendo, receptando o protegiendo habitualmente a los malhechores, sabiendo que lo son, aún sin conocimiento de los crímenes o simples delitos determinados que hayan cometido, o suministrándoles auxilios o noticias para que se guarden, precavan o salven”, afirma el fallo.“De la prueba reseñada en los motivos precedentes puede concluirse —fundamentalmente porque todas apuntan en la misma dirección, proporcionando informaciones precisas y, por lo mismo, convincentes, acordes con otras (por ejemplo, las pericias médico legales) que verificaron los abusos sexuales— que Hopp, Seewald, Kurt Schnellenkamp, Dennys Alvear y Mücke eran los directivos de Villa Baviera y que, como tales, constituyeron en ese lugar una especie de instituto que Paul Schäfer nominó “internado intensivo”, al cual asistían niños de localidades vecinas que eran reclutados por Mücke y Alvear, haciendo firmar a los padres de los menores un compromiso donde se establecía que los niños estarían a cargo de algunos personeros de la agrupación, lo que no ocurrió, privándolos de un sistema educacional reglamentario. Además debe concluirse que tal organismo permitió a Paul Schäfer violar a algunos de ellos y a otros abusarlos sexualmente, en un modus operandi que generalmente comenzaba con tocaciones en los genitales de los menores cuando este sujeto los bañaba en el servicio aledaño a la habitación que ocupaba en la casa de huéspedes de la Villa, y que continuaba -con algunos de ellos- en el dormitorio de ese individuo donde hacían pernoctar a los ofendidos. Los menores del internado eran dirigidos por Gunter Schaffrick, quien trasladaba a los menores hasta la residencia de Schäfer, lo que también hizo en algunas oportunidades el acusado Uwe Cöllen. Dicho internado intensivo funcionó durante los años 1995 a 1997, y durante su vigencia se produjeron la mayoría de los ataques sexuales a las víctimas, sin perjuicio de que con anterioridad a ésa época, durante los encuentros de fines de semana que se desarrollaban en la Villa, también se reportaron ataques de esa índole”. Sentencia de enero de 2013

En junio del 2000 se incautaron en Villa Baviera una serie de escritos sobre la contingencia nacional. Los documentos, calificados de muy importantes, fueron entregados al juez de Parral. En cuanto a quiénes realizaron dichos análisis, los investigadores afirmaron que poseían nombres, los que serían puestos en conocimiento del magistrado. Pero las identidades de quienes efectuaron dichos informes fueron acalladas.
Una telaraña socio-política y judicial quedó en evidencia. Se trata de una red de protección construida a partir de comienzos de los ’60 y que se amarró durante la dictadura con las visitas de los uniformados, como el propio Pinochet y familiares, del mandamás de la DINA y su hijo.
No sólo los militares visitaron el enclave germano. Un grupo de líderes del naciente movimiento gremialista, surgido en el alma mater de la Pontificia Universidad Católica, encabezado por Jaime Guzmán, fueron asiduos visitantes del fundo “El Lavadero”, donde realizaban sus seminarios políticos e ideológicos.
Guzmán y el gremialismo, antecedente político de la UDI, apoyaron la persecución de sus oponentes políticos. Las estrategias para alcanzar dicho objetivo fueron en sucesivas reuniones de análisis realizadas a partir de la década del `70 en Colonia Dignidad. En ellas participaron un grupo de jóvenes estudiantes y titulados de la Universidad Católica, que con el tiempo se convertirían en destacados políticos, académicos y empresarios.
Entre éstos, el actual senador Hernán Larraín; el analista del CEP, Arturo Fontaine Talavera; el arquitecto y docente de la Universidad Mayor, Alberto Hardessen; el abogado y socio de la firma Vial y Palma Abogados, Manuel José Vial; el empresario y Director de Terranova S.A., Juan Carlos Méndez.
El colono José Efraín Vedder, quien desde niño fue abusado por el pedófilo Paul Schäfer, afirmó en La Nación Domingo que “Hernán Larraín llegó a la Colonia cuando era un estudiante, de la mano de Jaime Guzmán. Larraín ayudó al doctor Hopp a formar la comunidad Perquilauquén. También visitaron la Villa los periodistas Claudio Sánchez y Esteban Montero. Por supuesto que todos los gobernadores, intendentes y carabineros de la zona fueron amigos de la Colonia”.
Vedder sostuvo que el senador de la UDI formó parte de la red “Corporación de Amigos de Colonia Dignidad”, cuya misión era impedir cualquier investigación en el enclave germano. Recordó que cuando miembros de la Colonia realizaron una huelga de hambre para protestar por los allanamientos en busca del pederasta Schäfer, los senadores Hernán Larraín y Bruno Siebert se hicieron presentes para pedir a los colonos que desistieran de su protesta.
Consultado sobre la identidad de los políticos que visitaban el fundo “El Lavadero”, el (ahora ex) senador Jaime Naranjo indicó que “los parlamentarios de la VII Región estaban ahí muy presentes, el diputado Sergio Correa, el senador Hernán Larraín, sólo por citar ejemplos”. Añadió que el ex ministro de Relaciones Exteriores de Pinochet, Jaime del Valle, en una entrevista publicada en La Segunda en la década del `90, admitió que los miembros del movimiento gremial iban a la Colonia Dignidad.
La (entonces) precandidata presidencial de la Concertación, Soledad Alvear, afirmó que en su calidad de ministra del gobierno del Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle recibió presiones de la derecha en favor de Colonia Dignidad. Alvear recordó que “me tocó como ministra de Justicia recibir a varios parlamentarios, hoy de oposición, que iban a defender a Colonia Dignidad”.

LAS QUEMANTES FIRMAS

En 1991, cuando el Presidente Aylwin presentó la cancelación de la personalidad jurídica de Colonia Dignidad, hubo 17 parlamentarios de la UDI y RN -casi todos, excepto Sebastián Piñera- que recurrieron ante el Tribunal Constitucional para alegar la inconstitucionalidad del decreto del ministerio de Justicia que declaraba disuelta la persona jurídica Sociedad “Benefactora y Educacional Dignidad”.
Entre las firmas figuran el actual presidente del Senado, Sergio Romero, y los senadores Sergio Fernández, Mario Ríos, Sergio Diez, Olga Feliú, Bruno Siebert, William Thayer y Santiago Sinclair. También fue suscrito por Jaime Guzmán y Sergio Onofre Jarpa. El requerimiento fue rechazado, pero dejó de manifiesto cuán poderosa era la red de apoyo de Schäfer, que permitió la impunidad en Villa Baviera.
En 1994, otros personeros de la oposición formaron “un grupo de amigos” a favor del hospital y la escuela de Villa Baviera. Entre ellos se encontraban el entonces recientemente elegido senador por la zona, Hernán Larraín; los diputados Carlos Bombal, Evelyn Matthei, Andrés Chadwick, Jaime Orpis y Juan Antonio Coloma, entre otros.
Existe una declaración de 1996 en que 15 parlamentarios de derecha -entre ellos, Hernán Larraín, Mario Ríos y Sergio Fernández- reclaman por un operativo de Investigaciones que pretendía detener a “un anciano de cerca de 80 años, que además sufre la pérdida parcial de la visión”. En 1998, los mismos parlamentarios votaron en contra de una comisión investigadora para esclarecer las violaciones a los derechos humanos cometidas en ese recinto durante el régimen militar.

LOS CIVILES ULTRA

Los vínculos de Schäfer con Patria y Libertad, el grupo civil armado de ultra derecha que surgió en Chile en la década de los `60, fueron fáciles. La Colonia ofrecía a los conspiradores de ese grupo facilidades y secreto. Allí podían reunirse a planificar sus actos de sabotaje y sus acciones nacionalistas. Roberto Thieme reconoció frente a las cámaras que los miembros de Patria y Libertad recibieron sistemáticamente entrenamiento militar en Colonia Dignidad durante el período 1970-73. Incluso el abogado Pablo Rodríguez, uno de los líderes más activos de este movimiento que llamaba a derrocar por las armas al Gobierno de Salvador Allende, se entrenaba allí.
Los líderes de Colonia Dignidad continuaron apoyando a los de Patria y Libertad después del derrocamiento de la Unidad Popular y brindaron al régimen militar apoyo financiero, logístico, económico y político. Thieme terminó la entrevista calificando de una vergüenza que los mismos que usufructuaron de esta gente, ahora se laven las manos, no enfrenten la verdad, se alegren de la caída del pedófilo y persistan en la mentira de “no saber nada” de los horrores ocurridos durante 17 años y del activo involucramiento de Schäfer y sus adláteres en ellos.

LOS PODERES DE ESTADO

El conflicto no resuelto entre el Estado de Chile y la facción germana refugiada en Villa Baviera se refleja en 18 informes de distintas instituciones públicas que, desde 1968, fueron emitidos con resoluciones concretas para abordar integralmente el statu quo. Sin excepción, uno a uno han quedado sumidos en el fracaso.
Entre ellos, los emitidos por cinco comisiones investigadoras de la Cámara de Diputados entre 1968 y 1997; aquellos de dos ministros de Corte en visita de 1989 y 1996; dos del Consejo de Defensa del Estado de 1969 y 1991; y uno surgido de una sesión especial del Parlamento alemán en 1988, al que hay que agregar el acuerdo del Bundestag de mayo de 2002, que propuso a Chile una serie de medidas específicas para abordar conjuntamente el problema, ninguna de las cuales se implementó. A esto hay que añadir un informe del Registro Civil y otro del Servicio de Impuestos Internos, en los que se abordan los ilícitos cometidos por la dirigencia alemana en estos dos ámbitos.
Por años siguen abiertos y sin resolverse unos 60 procesos civiles y criminales por 20 delitos diferentes en contra de unos 30 altos dirigentes de Colonia Dignidad. Todos estos expedientes están abiertos, pero sin resoluciones definitivas, trabados por razones burocráticas, tráfico de influencia, pérdida de expedientes, cambio de jueces, o vistas de causas no puestas en tabla por meses y años en las cortes, entre los motivos más conocidos.
Este tipo de organizaciones cuenta con un gran aparato jurídico que, utilizando al máximo las características propias del sistema procesal penal antiguo, ha logrado entrabar los procesos. Sólo en contra de la policía, hay más de 86 recursos presentados por los abogados de la Colonia por sus intervenciones al interior de Dignidad.
El ministro en visita de la Corte de Apelaciones de Talca, Hernán González, dictó el 14 de diciembre de 2000 una sentencia absolutoria en favor del segundo hombre del enclave alemán, el Dr. Harmut Hopp, argumentando que no hubo ilegalidades en la adopción de un menor. Tras esa resolución, el Consejo de Defensa del Estado, el Servicio Nacional de Menores y otros querellantes apelaron, acción que fue rechazada por el tribunal de alzada maulino, instancia que el 9 de septiembre de 2002 mantuvo la absolución a Hopp.
Dicho fallo llevó al abogado querellante, Hernán Fernández, a interponer un recurso de casación en el fondo para que la Corte Suprema emitiera su opinión. La Segunda Sala del Máximo Tribunal, integrada por los ministros Enrique Cury, Milton Juica, Jaime Rodríguez y los abogados integrantes Fernando Castro y Emilio Pfeffer, consideraron que no existiría delito, puesto que a la época en que debieron ocurrir los hechos considerados como delictuales no existía ley que los sancionara, por lo que debía rechazarse el recurso.
El 22 de septiembre de 2004, la Corte Suprema absolvió definitivamente al jerarca de la ex Colonia Dignidad del delito de adopción ilegal por el que había sido encausado en el 2000.
En el pasado, hubo reportajes de Canal 13 que fueron verdaderas operaciones comunicacionales. José Miguel Villouta criticó duramente el eufemismo usado en el programa “Contacto” para referirse al apoyo de la derecha a Colonia Dignidad, cuando la conductora, Mercedes Ducci, hablaba de “autoridades de la época” o “cierta prensa”. El iconoclasta conductor de TV escribe en su página que “Villa Baviera contaba con el apoyo a brazo partido de Jovino Novoa, Hernán Larraín, Jaime Guzmán, Pinochet y El Mercurio”.
El prefecto (R) Luis Henríquez, ex subdirector y ex jefe de inteligencia de la Policía de Investigaciones, quien por más tiempo dirigió las pesquisas relacionadas al enclave germano, afirma que “la red de protección -que incluía a fiscalizadores, parlamentarios, jueces, industriales, personajes públicos y sacerdotes- todavía funciona, aunque hoy más debilitada”.
Por otro lado, un juicio iniciado por Colonia Dignidad contra del decreto Nº 143 del ex Presidente Patricio Aylwin, mediante el cual se caducó la personalidad jurídica a la “Sociedad Benefactora y Educacional Dignidad” el 31 de enero de 1991, todavía está pendiente en las cortes.

Reportaje publicado en 2005

http://elperiodistaonline.cl/de_archivo/2013/02/red-de-proteccion-a-colonia-dignidad-los-contactos-de-schafer/

jueves, 5 de septiembre de 2013

Los generales civiles del golpe de Estado chileno

11 septiembre 2012   - por Roberto Ortiz

No parece haberse explorado a fondo el papel que jugaron los civiles en la conspiración que a lo largo de más de tres años culminó con el golpe militar de septiembre de 1973, cuando se abrió la puerta a una dictadura que cambió profundamente a Chile. Los “generales civiles” no trepidaron en producir el caos y, luego, respaldar sin mayores escrúpulos las atrocidades salvajes que se prolongaron diecisiete años. Muchos de ellos se enriquecieron y hasta hoy eluden responsabilidades y vergüenzas. Se las ingeniaron para empujar a los militares y para ejecutar la política que más convenía a los intereses de la oligarquía.

A la cabeza de la conspiración estuvo Agustín Edwards Eastman, ya entonces director propietario de la cadena El Mercurio y cabeza de un grupo económico. Edwards sufrió una verdadera conmoción por el triunfo de Salvador Allende y la derrota del candidato derechista, Jorge Alessandri. Había creído en las encuestas y en las opiniones de Edward Korry, embajador de Estados Unidos. Las peores pesadillas parecían materializarse. El Mercurio había planteado que la decisión del pueblo se daba entre democracia y comunismo. Había triunfado el comunismo. Y eso era lo que temía Edwards. Dos años antes, cuando el general Roberto Viaux se había acuartelado en el Regimiento Tacna tratando de derribar al presidente Eduardo Frei Montalva, el dueño de El Mercurio -según se dice- conspiró en las sombras. Y para asegurarse, había viajado a Estados Unidos.

CONSPIRADORES Y GOLPISTAS

En septiembre de 1970, el propietario de El Mercurio -que había vivido en Estados Unidos- decidió viajar a Washington. Lo invitaba su amigo, el principal ejecutivo de Pepsi Cola, cercano al presidente Richard Nixon. Su objetivo era hablar con el presidente de Estados Unidos. Y lo consiguió. La entrevista fue breve pero específica. Edwards pidió a Nixon que interviniera para que Allende no pudiera ser presidente de la República, haciendo que el Congreso chileno, que debía decidir entre las dos primeras mayorías relativas, o sea entre Allende y Alessandri, eligiera al segundo. Nixon estuvo de acuerdo. Y no era para menos, porque prácticamente desde el mismo 4 de septiembre -como lo reveló el Informe Church-, Nixon y su secretario de Estado, Henry Kissinger, estaban diseñando con la CIA medidas de urgencia, con fondos ilimitados para cerrar el paso a Allende por cualquier medio. Incluyendo, implícitamente, el asesinato.

Edwards, entretanto, decidió quedarse en Estados Unidos, trabajando en una subsidiaria de Pepsi Cola. Sólo volvió a Chile en 1975. Dejó en todo caso a dos peso pesado a cargo del negocio periodístico: Arturo Fontaine Aldunate, un ideólogo de la derecha, y como director a René Silva Espejo, experimentado redactor político con relaciones con oficiales del ejército y la Fach. Una práctica que el propio Edwards cultivaba esmeradamente como miembro de una cofradía náutica. El Mercurio libró una lucha sin cuartel contra el gobierno del presidente Allende y la Unidad Popular. Sin cuartel y sin escrúpulos. Desde junio de 1973 llamó abiertamente al golpe de Estado.

La desestabilización inicial se centraba en la presión sobre la Democracia Cristiana para que votara a favor de Alessandri en el Congreso Pleno; el candidato derechista renunciaría enseguida a la Presidencia de la República y debería llamarse a nuevas elecciones en las que la DC y la derecha unidas podrían reelegir a Eduardo Frei. Al mismo tiempo, se desencadenó una ofensiva terrorista para amedrentar a la población. Simultáneamente y en el mayor secreto, con la colaboración de agentes norteamericanos se planeaba el secuestro del comandante en jefe del ejército, general René Schneider, en una operación que contaba con el apoyo de los máximos jefes de las FF.AA. y Carabineros. El secuestro sería la provocación necesaria que obligaría a los militares a intervenir.

Las conversaciones políticas fracasaron cuando la DC negoció con la Unidad Popular un Estatuto de Garantías para votar a favor de Allende en el Congreso. A los pocos días, el general Schneider fue herido de muerte en el atentado realizado por la ultraderecha, lo que provocó una reacción corporativa en el ejército que cerró filas junto al general Carlos Prats, y fue necesario cambiar de estrategia por una que sería de largo plazo. Era necesario esperar que la economía sometida a tensiones internas y externas impulsadas por Estados Unidos actuara. La presión sobre la Democracia Cristiana debería acentuarse para que se aliara con la derecha. Sería necesario un movimiento de masas que incluyera a sectores medios y bajos, y una creciente agitación que llevara en definitiva a las Fuerzas Armadas, y especialmente al ejército, a dar un golpe de Estado. Pasados los primeros sesenta días, la tranquilidad empezó a imponerse. Pero no entre los grandes empresarios que preparaban las espadas.

Eugenio Heiremans, importante dirigente empresarial, propuso al ingeniero Orlando Sáez que jugara un papel de primera línea. Necesitamos, le dijo, dirigentes jóvenes, menos conocidos, que sean capaces de articular un movimiento gremial muy amplio que abarque a todos desde los empresarios grandes a los chicos y también a los comerciantes y transportistas. Eso para empezar. Orlando Saéz comenzó a moverse. Salió al extranjero. En Argentina, México, Perú y Brasil se reunió con empresarios amigos, no solo chilenos, para que financiaran la oposición antiallendista. En octubre de 1974, en el New York Times , un periodista norteamericano, Jonathan Kendall, reveló que dirigentes de la Sofofa habían contado que desde México, Perú y Venezuela se habían enviado 200 mil dólares a Chile para sostener la huelga de los camioneros. Kendall precisó que los dirigentes empresariales chilenos “no dijeron cuánto dinero recibieron de la CIA”. También los empresarios agrícolas fueron implacables. Se distinguió Benjamín Matte, dirigente de Patria y Libertad, movimiento sedicioso que empezó a preparar acciones armadas y sabotajes. Patria y Libertad fue dirigida por el abogado y profesor de derecho civil, Pablo Rodríguez Grez. Tuvo grupos de choque y saboteadores, vinculaciones secretas con grupos subversivos de las Fuerzas Armadas y participó en el “tanquetazo” del 28 de junio de 1973, antesala del golpe del 11 de septiembre. Después del golpe, muchos de sus militantes se incorporaron a los organismos represivos. Los terratenientes resistían la reforma agraria comenzada en tiempos de Frei Montalva, que sabían que se profundizaría en el gobierno de Allende. Muchos empresarios querían hacer un escarmiento con los campesinos que tomaban tierras. La Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, del grupo Matte, se transformó, con apoyo de la CIA, en un baluarte de la oposición. Su máximo ejecutivo, Ernesto Ayala, mano derecha de Jorge Alessandri, se convirtió en dirigente opositor entre los empresarios.

Ricardo Claro Vial actuaba por su lado. Sus empresas -Elecmetal y Cristalerías Chile- fueron intervenidas, así como la naviera Sudamericana de Vapores. Claro hacía gala de su anticomunismo. Siendo estudiante universitario había denunciado a compañeros de curso como militantes comunistas pidiendo su expulsión de la Universidad. Conservador integrista, Claro tenía buenos contactos con la Marina y prestigio entre los empresarios por su manejo de información, especialmente de mercados internacionales. Después del golpe, Claro -que fue nombrado asesor de la Cancillería que manejaba el contralmirante Ismael Huerta- recuperó sus empresas, puso barcos a disposición de los golpistas para que sirvieran de cárceles y no se preocupó mayormente por la suerte de dirigentes sindicales de sus empresas que se convirtieron en detenidos desaparecidos. Se ha sostenido que Ricardo Claro fue uno de los financistas de la Dina, lo que no se ha investigado suficientemente.

JAIME GUZMAN, EL IDEOLOGO

El sociólogo francés Alain Touraine, que estaba entonces en Chile, y vio a Jaime Guzmán en televisión, poco antes del golpe dejó un retrato exacto en su libro Vida y muerte de Chile popular : “Me impresiona ver y escuchar a un tal Guzmán, periodista que es además profesor de derecho constitucional en la Universidad Católica: jamás había visto un hombre así en este país. Me ha asustado: en los períodos de tensión extrema se ven salir las cabezas más horribles. La suya está habitada por una pasión fría armada de una lógica falsa: es un inquisidor, su palidez es la de los jóvenes fascistas de antes de la guerra. Cada una de sus palabras lanza una maniobra sinuosa. No sé si forma parte de un grupo extremista clandestino. En todo caso merece ser uno de sus jefes, pues pertenece al mundo del fanatismo fascista”.

Esa es la verdad. Jaime Guzmán fue siempre fascista. Nunca fue un demócrata como se ha querido mostrar. De adolescente fue franquista. Era seguidor del sacerdote Osvaldo Lira, mentor del Movimiento Revolucionario Nacional Sindicalista, que sería capellán de la Dina. Jaime Guzmán fue dirigente de Patria y Libertad. Después del golpe se acercó al general Gustavo Leigh, porque éste prometía extirpar “el cáncer marxista”; sólo después se acercó a Pinochet. Entretanto guardaba silencio sobre las atrocidades en materia de derechos humanos, aunque diría que lo hacía para poder seguir ayudando, en silencio, a algunas víctimas de la represión. 

Renato Cristi, académico, experto en el pensamiento de Jaime Guzmán, señaló: “Me parece que Guzmán es el autor intelectual del pronunciamiento militar. A Pinochet no se le habría ocurrido jamás destruir la Constitución, precisamente el golpe fue dado para protegerla”. Guzmán sentía, como escribió a su madre, que con Pinochet “Chile había reencontrado su verdadero destino”.

El año 1975 escribía: “La creencia de que la democracia debe aceptar la coexistencia de marxistas leninistas y demócratas en la vida cívica, en medio de un Estado ideológicamente neutral es un grave error porque la democracia debe protegerse. Sin caer en excesos de fanatismo macartista, creo que los Estados libres deben ser militantemente antimarxistas y anticomunistas”. En la discusión constitucional Guzmán propuso e hizo aprobar las normas para la vigencia de una “democracia protegida”: binominal, leyes orgánicas constitucionales y virtual imposibilidad de reformar la Constitución debido al previsible empate que se produciría entre mayoría y minoría configuradas en dos bloques enfrentados. Se aprobaron otras normas altamente reaccionarias -como el artículo 8° para proscribir a la Izquierda, la creación del Consejo de Seguridad Nacional y de los senadores designados-, que fueron derogadas a medida que se consolidaba la transición.

Jaime Guzmán fue un político hábil y con clara visión de futuro para sus intereses. Tuvo notables condiciones de liderazgo. El “gremialismo”- origen de la UDI- por inspiración suya, prestó especial atención a estudiantes, jóvenes, mujeres y pobladores.

COLONIA DIGNIDAD

Hay antecedentes serios, todavía sujetos a investigación judicial, de que la Colonia Dignidad, cerca de Parral, dirigida por Paul Schaeffer, condenado por pedofilia que murió preso, fue un centro de torturas, de eliminación de presos políticos y ocultamiento de restos de prisioneros. Está demostrado que antes del golpe, Schaeffer y sus secuaces colaboraron con Patria y Libertad y con oficiales navales y militares que preparaban acciones de sabotaje. Cerradamente anticomunista, Dignidad saludó como triunfo propio el golpe militar. El hallazgo de arsenales, de automóviles pertenecientes a detenidos políticos cuyo paradero no se conoce aún, la desaparición del físico norteamericano Boris Weisfeiler y los testimonios de ex presos políticos torturados en el que fuera un enclave de colonos alemanes sometidos a la voluntad y a la corrupción de sus líderes, hace verosímiles las denuncias que se investigan.

Dignidad no solamente fue un modelo admirado por Pinochet, Lucía Hiriart y altos mandos como el almirante Patricio Carvajal, o por funcionarios y hombres de negocios de la derecha alemana, como el canciller de Baviera, Franz Josef Strauss, sino también fue apoyada por dirigentes de la derecha chilena. En democracia, diputados y senadores de la UDI y Renovación Nacional fueron celosos defensores de la Colonia frente a las acusaciones que en definitiva se han demostrado ciertas. Salvo Sebastián Piñera, se pronunciaron en contra de la revocación de la personalidad jurídica de la Colonia. La cercanía Dignidad-UDI es un hecho. La ex ministra de Justicia Mónica Madariaga recordó en una entrevista la presencia de Jaime Guzmán, Pablo Longueira y otros dirigentes disfrutando de la hospitalidad de la Colonia. Mónica Madariaga fue desmentida, pero insistió aclarando que era explicable que la paz que rodeaba a la Colonia haya llevado a los entonces jóvenes líderes a utilizar la Colonia como eventual sitio de descanso. No habría sido extraño. Pinochet fue más de una vez a la Colonia, Manuel Contreras fue también un visitante asiduo, incluso acompañado de su hijo, Manuel Contreras Valdebenito, que también ha recordado haber visto entonces a dirigentes de la UDI. Lucía Hiriart elogió con entusiasmo a “los alemanes” de la Colonia por sus obras de apoyo a la comunidad vecina.

EL MODELO ECONOMICO

El mismo 11 de septiembre de 1973 el Alto Mando de la Armada recibió un voluminoso estudio económico que había encargado a un grupo de economistas de derecha. Indicaba las medidas indispensables para empezar la construcción de una economía al servicio de los triunfadores que eran las clases acomodadas. Había sido preparado básicamente por economistas de la Universidad Católica que desde hacía casi diez años mantenían un convenio con la Universidad de Chicago, donde imperaba el pensamiento neoliberal de Milton Friedman. Año a año viajaban a esa universidad norteamericana alumnos becados que volvían pertrechados de instrumentos teóricos para establecer un capitalismo desregulado, con una drástica disminución de las funciones del Estado y cero aranceles, abierto al mundo y basado en el aprovechamiento de las ventajas comparativas. Obviamente el documento consideraba eliminar por completo la obra de la Unidad Popular. El trabajo hecho a petición de la Armada, que preparaba el golpe, fue llamado “El ladrillo” por su extensión y espesor y sus autores, conocidos luego como Chicago boys, aunque no todos provenían de esa universidad.

Respaldados por la Armada (a través de Roberto Kelly) pronto asumieron funciones de gobierno. Una avanzada fue el empresario Fernando Léniz, ex gerente de El Mercurio . Luego vino Jorge Cauas, que había actuado en el gobierno de Frei Montalva, hasta que llegó Sergio de Castro, quien junto a Pablo Baraona y Miguel Kast eran los líderes del grupo que controlaba la Facultad de Economía de la Universidad Católica y también su Instituto de Economía.

Las medidas económicas que impulsaron fueron drásticas. Tan brutales, según sus críticos, que solamente pudieron imponerse por la feroz represión de la Dina, el Comando Conjunto y los servicios de inteligencia y seguridad de las Fuerzas Armadas y Carabineros, como lo denunció en Washington el exiliado ex ministro Orlando Letelier pocos días antes de ser asesinado por agentes de la dictadura.


Roberto Ortiz
"Punto Final"
www.puntofinal.cl
http://www.abacq.org/calle/index.php?2012/08/25/581-acayucan-mexico#c2027

viernes, 1 de febrero de 2013

Proyecto Andrea


El Proyecto Andrea es el criptónimo militar chileno por el cual la dictadura deAugusto Pinochet fabricó gas sarín,1 para usarlo como arma en contra de sus opositores.2 3

Índice

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[editar]La casa de Lo Curro

En los albores de la dictadura pinochetista, se instaló un laboratorio de guerra electrónica y química en la casa de Michael Townley y Mariana Callejas en Lo Curro, ubicada en la Vía Naranja 4925, Vitacura. El gobierno de Augusto Pinochet les había entregado esa casa —tres pisos, casi mil metros cuadrados construidos y cinco mil de terreno—, ubicada en la parte alta de Santiago, en retribución a los servicios que prestaban en la DINA.4
“Una voluminosa masa cúbica de concreto, más bien fea, con algo de orfanato, hospital u otro edificio público”.
Carlos Iturra, Caída en desgracia4
Legalmente no era de ellos, pues había sido adquirida por el entonces mayor de Ejército Raúl Iturriaga Neumann y un abogado de la DINA fallecido en 1976 en extrañas circunstancias, bajo identidad falsa.4
La idea era que sirviera de vivienda para el matrimonio de agentes y sus hijos, pero principalmente —-porque no era un regalo incondicional—- para que operara ahí el cuartel desde el que se digitarían las siguientes operaciones terroristas en el exterior. Esta casa cuartel en la DINA se llamaba Quetropillán. Contaba con dos agentes permanentes, que oficiaban de chóferes y ayudantes; y una secretaria, que llevaba las cuentas y asistía al dueño de casa en tareas administrativas. Además, el equipo incluía a un jardinero, una cocinera y dos químicos: Francisco Oyarzún y Eugenio Berríos, alias Hermes, que se pasaban el día encerrados en un laboratorio experimentando con ratones y conejos la efectividad de un gas letal. Se trataba, precisamente, del gas sarín4

[editar]Víctimas del Proyecto Andrea

Townley reveló al juez Alejandro Madrid que en Chile no solo fueron asesinados con sarín el conservador de bienes raíces Renato León Zenteno (1976), el cabo del Ejército y agente de la DINA Manuel Leyton (1977), sino también otras personas cuyas muertes se hicieron aparecer como suicidios o fallecimientos extraños.2 Algunas de estas personas, según Townley, tuvieron relación con el almacenamiento y transporte de envases con sarín en los años 1970 y comienzos de los ’80. Uno de ellos sería un médico o asistente que participó en las autopsias de Renato Zenteno y el cabo Leyton.
Townley afirmó al juez que el director de Protocolo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, Carlos Guillermo Osorio, no se había suicidado —como se hizo aparecer oficialmente en octubre de 1977—, sino que había sido asesinado.2 5 Osorio estuvo a cargo de otorgar los pasaportes con identidades falsas para que oficiales del Ejército —entre ellos, Armando Fernández Larios—, viajaran a Estados Unidos a preparar el atentado contra Orlando Letelier, y otros dos (Rolando Mosqueira y René Riveros) a intentar despistar a la inteligencia estadounidense sobre la autoría del atentado y cubrir las espaldas a la DINA. Las fuentes sostienen que Townley afirmó que Osorio fue otra víctima del sarín, a pesar de que tenía un tiro en la cabeza.
Eugenio Berríos tuvo un papel en la muerte de Carmelo Soria, funcionario del CEPAL, que fue secuetrado por un operativo de la DINA en julio de 1976 y llevado a la casa de Townley en Lo Curro. Allí, en el laboratorio de Berríos, a Soria se le administró gas sarín, según la investigación, y luego fue torturado hasta que le quebraron la columna vertebral. Posteriormente, su cuerpo fue hallado en un auto en elCanal San Carlos.6
El gas sarín lo fabricaba la DINA primero en Santiago y luego comenzó a hacerse en la Colonia Dignidad, con su apoyo logístico. Era exportado y servía para asesinar opositores al régimen tanto en Chile como en el extranjero. Las víctimas presentan los síntomas de un ataque al corazón.
Probablemente con este gas asesinaron al periodista Eugenio Lira Massi, que en junio de 1975 fue encontrado muerto en circunstancias no del todo aclaradas, en la habitación que ocupaba en París, donde trabajaba en el diario L'Humanité. En 1990, el periodista Edwin Harrington publicó en la revista Nueva Voz que Lira habría sido asesinado por la Dina en el marco de un plan denominado Operación Francia después de que a la capital francesa llegara "Bernardo Conrads Salazar, cédula de identidad Nº 4.152.556-6, funcionario del servicio de seguridad de la dictadura". Harrington, que citaba como una de sus fuentes principales un informe del FBI, sostenía que la muerte de Lira pudo haber sido provocada por el gas sarín, que Townley llevaba en sus viajes en un frasco de perfume Chanel.7
Otra muerte sospechosa fue la de Alfred Schaak,8 representante de Paul Schäfer en Alemania encargado del tráfico de armas. En 1985 las dos parejas que huyeron de Colonia Dignidad, denunciaron públicamente la pedofilia de Schäfer. Parece que Schaak quiso entonces denunciar el tráfico de armas. Para impedirlo, habrían viajado desde Dignidad a Alemania Winfried Schmidtke y Helmut Seelbach, quienes fueron recibidos en el aeropuerto por Schaak, que estaba en perfecto estado de salud. A los poco días, en octubre, Schaak murió repentinamente. El doctor Hartmut Hopp viajó en seguida a Alemania y se trajo el cadáver de Schaak a Chile. En la asamblea de colonos dijo que Schaak había muerto de fiebre y que en su testamento dejaba sus bienes a la Colonia. Al mismo tiempo informaron —con diez meses de atraso— de la fuga de las parejas, agregando que sus denuncias en Alemania les habían hecho un gran daño.8
En la posterior condena a Schäfer no figura la producción de gas sarín en Colonia Dignidad, ni la masacre de Cerro Gallo, ni el campo de trabajo forzado que la colonia mantuvo Monte Maravilla, ya que el juez Jorge Zepeda Arancibia no incluyó estos cargos en el fallo que lo sentenció a siete años de presidio mayor en su grado mínimo, por infracción a la Ley sobre Control de Armas.
El 23 de julio de 2007, el juez Alejandro Madrid tomó "dos resoluciones que marcan hitos en los juicios por violación de los derechos humanos" y que están relacionadas con el Poryecto Andrea: "afirmó que el asesinato del excabo de Ejército Manuel Leyton se ejecutó utilizando gas sarín y procesó por este delito a trece exagentes de la DINA. Paralelamente, sometió a proceso por asociación ilícita al exauditor del Ejército, Fernando Torres Silva, justamente en el caso del asesinato del químico que produjo el elemento venenoso en los servicios de seguridad, Eugenio Berríos".9

[editar]FBI

El FBI tiene pruebas que confirman que Augusto Pinochet acumuló grandes cantidades de ese gas mortífero,10 según Saul Landau, el investigador estadounidense del asesinato de Orlando Letelier. El FBI investigó el sarín y sus conclusiones fueron condensadas en un informe que indica que se fabricó en una cantidad suficiente para matar dos veces al ejército peruano.10
Las órdenes explícitas eran ubicar la residencia y lugar de trabajo de Letelier y contactar el grupo Movimiento Nacionalista Cubano (MNC) para que lo elimináramos con sarín, por atropello u otro accidente, por cualquier método, pero a Letelier el gobierno de Chile lo quería muerto
Michael Townley10

[editar]Referencias y notas

  1. ↑ El sarín es un arma química de guerra creada por el hombre y clasificada como un agente nervioso. Los agentes nerviososson los agentes químicos de guerra más tóxicos y de más rápido efecto que se conocen. Son parecidos a los pesticidas(insecticidas) organofosforados debido a la forma en que actúan y a los efectos dañinos que producen. Sin embargo, son mucho más potentes que los pesticidas organofosforados. El sarín fue desarrollado originalmente como pesticida en 1938 en Alemania. Es un líquido claro, incoloro e insípido que no tiene olor en su forma pura. Sin embargo, puede convertirse en vapor (gas) y propagarse al medio ambiente. El sarín también se conoce como GB y no se encuentra en forma natural en el ambiente.
  2. ↑ a b c Jorge Escalante. Tras los pasos del gas sarín, La Nación, 12.11.06; acceso 08.08.2012
  3. ↑ *Mández Méndez, José Luis (2006). Bajo las alas del Cóndor. Editorial Capitán San Luis. pp. 108-114. ISBN 959-211-293-. Consultado el 27 de febrero de 2012.
  4. ↑ a b c d Cristóbal Peña. Mariana Callejas (II): Las dos vidas de su casa-cuartel en Lo Curro, página del CIPER, 09.07.2010; acceso 04.08.2012
  5. ↑ La misteriosa muerte del recluta Pedro Soto Tapia no es el único caso difícil en el currículo del ministro Manuel Silva Ibáñez. Mientras fue titular del Sexto Juzgado del Crimen, dictaminó erróneamente que el extraño deceso de Osorio había sido un "suicidio clásico". También le correspondió averiguar el paradero de los tres profesores degollados cuando aún estaban con vida y sobreseer un proceso de 13 detenidos desaparecidos.
  6. ↑ Jorge Molina Sanhueza. El último secreto del crimen de Soria abre la puerta para condenar a brigadier (R) Lepe, La Nación, 21.08.2006; acceso 04.08.2012
  7. ↑ Víctor Osorio. Eugenio Lira: ¿Murió de pena o fue asesinado?, Equipo Nizkor, 09.11.2011; acceso 04.08.2012
  8. ↑ a b Lucía Sepúlveda Ruiz. Colonia Dignidad: lo que no sale en la resolución del juez Zepeda
  9. ↑ Jorge Escalante. Juez acredita uso de gas sarín y procesa a exfiscal Torres Silva, La Nación, 24.07.2007; archivado en la página dedicada a Fernando Torres Silva en el portal Memoria Viva; acceso 04.08.2012
  10. ↑ a b c Mónica González. Gas sarín, el arma secreta de Pinochet, Clarín, 16.03.2000; acceso 04.08.2012

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Proyecto Andrea
Dirección de Inteligencia Nacional.gif
Logo de la DINA
LocalizaciónChile
Parte deEjército de Chile
TipoServicio de Inteligencia
Policía represiva
Coordenadas33°26′26.26″S 70°38′7.65″OCoordenadas: 33°26′26.26″S 70°38′7.65″O (mapa)
ComandantesManuel Contreras
Conflictos bélicosGuerra sucia en Chile
Manuel mamo contreras.PNG
Manuel Contreras, director de la DINA


http://es.wikipedia.org/wiki/Proyecto_Andrea

La Historia Oculta del Régimen Militar

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