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lunes, 19 de noviembre de 2012

MASACRE SEGURO OBRERO 5 DE SEPTIEMBRE DE 1938








La denominada "Matanza del Seguro Obrero" fue un hecho de carácter político contra miembros del Partido Nacional Socialista ocurrida el 5 de septiembre de 1938 durante el gobierno de Arturo Alessandri Palma.

Los hechos se iniciaron cuano un grupo de jóvenes nazis intentó provocar un golpe de estado contra el gobierno, con la intención de que Carlos Ibáñez del Campo tomase el poder. El golpe fracasó, y los nacionalsocialistas ya rendidos a las fuerzas policiales, fueron baleados en el edificio de la Caja del Seguro Obrero, cercano al Palacio de la Moneda.

El impacto que produjo este hecho lo reflejó la elección presidencial de 1938, en que fue electo el candidato radical del Frente Popular, Pedro Aguirre Cerda.

Muchos de los implicados en este hecho de sangre, quienes dieron la orden de ajusticiamiento y quienes dispararon, nunca se conocieron.


FALLECIDOS

1. Enrique Herreros del Río                 2. César Parada Henríquez 

3. Francisco Maldonado Chávez         4. Juan Silva Tello

5. Hugo Badilla Tellería                       6. Jesús Ballesteros Miranda

7. Ricardo White Alvarez                    8. Julio César Villasiz Zura

9. Pedro Angel Riquelme Triviño        10. Mario Pérez Perreta

11. Mauricio Falcon Piñeiro               12. Luis Thennet Gillet

13. Héctor Thennet Gillet                   14. Guillermo Cuello González

15. Waldemar Rivas Vilaza                16. Hermes Micheli Candia

17. Raúl Méndez Ureta1                    18. Bruno Bruning Schwarzenberg

19. José Sotomayor Sotomayor          20. Gerardo Gallmeyer Klotzche

21. Neftalí Sepúlveda Soto                 22. Domingo Chávez Whalen

23. Walter Kusch Dietrich                  24. Víctor Muñoz Cárdenas

25. Juan Kähni Holzapfel                    26. Marcos Magasich Huerta

27. Enrique Magasich Huerta              28. Heriberto Espinoza Lizana

29. Jorge Jaraquemada Vivanco         30. Félix Maragaño Flores

31. Jorge Valenzuela San Cristóbal     32. Salvador Zegers Terrazas

33. Carlos Alfredo Barraza Robles     34. Jorge Alvear Soto

35. Víctor Tapia Briones                    36. Humberto Yuric Yuric

37. Jorge Tépper Bradanovic             38. Juan Orchard Fox

39. Alejandro Bonilla Tajan                40. Emiliano Aros Molina

41. Salvador Fernández Ponicio         42. Jorge Sepúlveda Céspedes

43. Timoleón Jijón González               44. José Figueroa Figueroa

45. Eduardo Suárez Suárez                46. Renato Chea Meneses

47. Manuel Silva Durán                      48. Daniel Jorge Jeldres

49. Carlos Jorge Jeldres                     50. Luis Arriagada Muñoz

51. Alberto Murillo Muñoz                 52. Julio Hernández García

53. Efraín Rodríguez Sáez                  54. Carlos Riveros Sáez

55. Hugo Moreno Donoso                 56. Alberto Ramírez Zamora

57. Manuel Jelves Olea                      58. Pedro Molleda Ortega

59. Carlos Muñoz Cortés





 






 “LOS ASESINOS DEL SEGURO OBRERO”, Carlos Droguett, 1949


... Nunca pensé que pudiera ocurrir tan de repente.

Todos creíamos que el Gobernador dejaria, en

el último tiempo, que el pueblo de abajo nombrara un

Gobernador como lo deseaba, pero nos olvidábamos

que eco no lo pddía querer el pueblo de arriba y que el
Gobernador tampoco lo querría. No ocurrió eso, pero
ocurrió en cambio que algunos estudiantes de los que
perseguía el Dentista con su gente, y algunos obreros
que ya no querían al Gobernador, pensaron expulsarlo
a él de su palacio. Esto ocurrió al comenzar el mes de
setiembre. Ustedes saben lo que es entre nosotros
este mes. En otra época, durante él ocurrió la independencia
de la ciudad del poder del conquistador godo.
Y cada año, además, este mes nos trae el viento tibio
que viene del verano distante, y aparece ya, encima de
él, el cielo, con su celeste cáscara tierna. El pueblo de
abajo, triste árbol aborigen, había pasado el invierno
con sus piernas metidas en la lluvia, suelto todo él en
el frío, habitado su pelo de piojos y de pulgas, de pájaros
secos. Era un árbol carcomido por la tisis, que abría
galerías por donde pasaba tosiendo el viento. Por las
raíces de sus pies llagados subía la leyenda, con el agua
y la nieve de los cerros, con el campo y el desierto, a
irrigar a la mujer del pueblo. Así pasó el pueblo en el
invierno. Luego, yo lo vi saliendo del invierno, abandonándolo.
Vivía-se conoce la casa-en la época
de interminables corredores, con un dolor en cada
puerta, un humo acre en cada día, la escarcha - ropa
blanca - colgada en largos cordeles ateridos, y la
muerte al medio, en el medio, abierta lo mismo que un
patio. Arrendatario de la miseria, vivía así, con mucho
frío, con mucha agua. Había neblinas a veces, una neblina
ploma, espesa, para abrigar la fiebre. Y una angustia
grande, pura y desabrida, igual que un hueso
remojado. En la noche llegabael recuerdo de la gente
muerta, de los chiquillos llevados cada alba al cementerio
y que cumplían años allá. Entonces la ternura
iba con su aceite, suavizaba las horas, se escurría en
las arrugas de la madre que se hacía abuela en un rincón.
El hombre se metía en el vino. Junto a una mesa
con amigos se ponía a tejer su suave telaraña. E! borracho
es un hombre trasmutándose en ángel. Ellos
se trasmutaban. El vino hacía interiores sus orejas.
Así ya no se sufría. Se hacían viejos, se hacían tristes
en el invierno. El vino les ayudaba a hacerse. Porque
el invierno es una triste sopa fría. Pero el pueblo de
abajo sólo mascaba maldiciones - con maldiciones le
rezaba al diablo-. Había un hambre para cada boca,
una tos para cada espalda. La tos-obrero funerario
cavando, sacando piedras del pulmón, sacando
sangre adherida a cada acceso, sacando muerte. en
suma. Inquilino de la pobreza, vino caminando, pasando
en el invierno de cuarto frío a cuarto húmedo,
de mes de junio a mes de julio y mes de agosto, de
cuarto frío a mes de setiembre, a meses del verano,
poblaciones obreras. Se estaba cayendo el invierno, el
tiempo húmedo estaba demoliendo su rabiosa arquitectura.
Se estaba incendiando el conventillo del invierno
con el sol.
En la noche llegabael recuerdo de la gente
muerta, de los chiquillos llevados cada alba al cementerio
y que cumplían años allá. Entonces la ternura
iba con su aceite, suavizaba las horas, se escurría en
las arrugas de la madre que se hacía abuela en un rincón.
El hombre se metía en el vino. Junto a una mesa
con amigos se ponía a tejer su suave telaraña. El borracho
es un hombre trasmutándose en ángel. Ellos
se trasmutaban. El vino hacía interiores sus orejas.
Así ya no se sufría. Se hacían viejos, se hacían tristes
en el invierno. El vino les ayudaba a hacerse. Porque
el invierno es una triste sopa fría. Pero el pueblo de
abajo sólo mascaba maldiciones - con maldiciones le
rezaba al diablo-. Había un hambre para cada boca,
una tos para cada espalda. La tos -obrero funerario
- cavando, sacando piedras del pulmón, sacando
sangre adherida a cada, acceso, sacando muerte, en
suma. Inquilino de la pobreza, vino caminando, 
pasando en el invierno de cuarto frío a cuarto húmedo.
de mes de junio a mes de julio y mes de agosto, de
cuarto frío a mes de setiembre, a meses del verano,
poblaciones obreras. Se estaba cayendo el invierno, el
tiempo húmedo estaba demoliendo su rabiosa arquitectura.
Se estaba incendiando el conventillo del invierno
con el sol. 
El pueblo de abajo se sentía animoso por esto, se
sentía robusto, nuevo. Se creía capaz de poder obligar
al Gobernador a que se fuese. Ustedes conocen la Universidad.
Es un edificio grande, viejo, sombrío, con
dos pisos, con dos patios grandes y fríos en el invierno,
y grandes y frescos en el verano: tiene salas grandes
y numerosas oficinas. Yo estuve esa mañaná ahí, fuí
a clases, porque entonces (no sé si ya se los he dicho)
yo era estudiante y aun no enfermaba. Las clases
duraban en la mañana hasta unos minutos antes de
las doce y se cerraban las puertas y nadie quedaba
adentro. Esa mañana - se supo después - un grupo
de estudiantes y de obreros se escondió, por ejemplo
en la terraza, en la sala del ajedrez, por ejemplo en los
baños, y dijeron: “iDerribemos al Gobernador!”, y al
momento juraron que lo derribarían. Luego, fueron a
averiguar si las puertas grandes estaban bien cerradas,
y después de un rato en que estuvieron fumando en
silencio, un poco pálidos, un poco nerviosos, se instalaron
tras las ventanas, afirmaron las carabinas en los
fierros y comenzaron a disparar. Ya estaban metidos
en eso grande y profundo, que los tragaba, que los tragaría
hasta el último.
El Gobernador estaba hablando por teléfono con
su ministro de escuelas cuando le avisaron, y tuvo
rabia y pens6 en el almuerzo que con exactitud comenzaría
a evaporarse desde que se lo sirvieran. Pensando
eso, rabiando y hablando llamó al General y le dijo
algo. El General se fué apurado. Era la una. Almorzó
una comida fría, que le dió la impresión de que comía
una comida muerta, y se fué enseguida a buscar asus
soldados. Cuando los encontró, arrastraron un cañón
cerca de la Universidad. El cañón disparó, la granada
rajó la puerta y explotó adentro, (en un espacio sombrío
y frío, a un lado, un barómetro descompuesto y al
otro un aviso de la cooperativa estudiantil). La granada
mató a dos estudiantes, los otros vieron saltar
sus cuerpos y quedar sosegado cada pedazo, desangrándose
(un pedazo de género delgado y grueso, un
pedazo de carne y un pedazo de sangre). Cada trozo
de carne era un pedazo de estudiante que no podía
faltar si se quería reconstruirlo, y cada trozo de carne
tenía un temblor, un dolor, tal vez un brillo, un pedazo
de alma. Fué corto todo eso. Caídas las puertas, se
metieron por ellas los hombres uniformados de verde,
con sus terribles armas rabiosas, y desgarraron y balearon
sobre cada par de ojos que los miraba, sobre
cada oreja que los oía, sobre cada cuerpo que los atestiguaba.
Siete muertos hubo ahí, pero no siete cadáveres,
sólo quedaron muchos pedazos de cadáver, 
piernas solitarias, brazos huérfanos, ojos saltados, cráneos
y cabellos hundidos sobre los sesos, la sangre y las ideas,
porque las ideas no son sino eso, pelos, sangre, carne
que dan su vislumbre.
No murieron todos. Treinta y siete salieron de
mala manera, salieron vivos, pero muriéndose por
dentro, ardiendo. ¿Se acuerdan de Yuric? El caminaba
delante, muy co!orado, muy rubio y alto, con su abrigo
azul, abierto, flotando, y con los dos brazos levantados.
Yo lo conocí mucho. Vivía en el barrio Independencia:
su madre era viuda, vivían pobres. Un día yo estaba
en la biblioteca de la Escuela, era el invierno.
Yuric se sentó a mi lado, sacó un cigarrillo, lo encendió;
después, lentamente, sach una pregunta. Había
ido con otros a las fiestas de la primavera, arrendaron
un carretón abierto (amigos, yo nunca tuve buena
memoria, llaman golondrinas a esos carretones)
y el dueño de él se había encargado del arreglo. Sobre
cuatro pesadas ruedas había instalado una alegoría.
Pero en el paseo de los carros, se derrumbó la alegoría
(tablas y lienzo con la marca del fabricante en tinta
azul) y hubo heridos. El problema era el siguiente: los
heridos reclamaban dinero, pero no podían reclamarlo
del dueño del carro. Yuric creía que podían, pero no
estaba seguro. Y me hacía la pregunta a mí. Yo nunca
fuí un gran estudiante. Cada artículo del código (cada
uno con un número, reos obligados a arrastrar siempre
el mismo significado), tan preciso y tan vago, me hacía
pensar en una especie de religión dura, de cuya
esencia nadie se podía apartar. Pero yo no podía, yo
me apartaba pensando, no me conformaba con las situaciones
normales y anormales que ellos contemplaban.
Cada artículo penal era la degeneración de un artículo
civil correspondiente. El matrimonio enfermo
se llamaba adulterio, parricidio. Yo no sabía, pues,
muchas leyes, pero conocía lo que detrás de ellas se escondía,
y, así, sabía que detrás del preciso artículo que
reglamentaba el aborto, había una mujer embarazada
llorando. No eran mi fuerte las leyes, y no pude satisfacer
la pregunta de Yuric. El se sonreía hablando de
la fiesta y de las heridas que le achacaban. Tenía una
sonrisa especial, gorda y varonil, pero no muy alegre,
Al mirar su sonrisa yo pensaba: Sus antepasados habrán
sido tristes. Y pensaba támbién en todos los que
como él, estudiantes y obreros del pueblo de abajo,
confiaron en el Gobernador y ya no confiaban. Estaba
cansado el pueblo de abajo, está cansado. Tiene un
cansancio muy grande, porque está cansado por él y
por los otros, por el padre y por la madre, por los cuatro
abuelos, que se murieron cansados en el otro siglo,
en otro barrio de la vida. Está cansado por el hijo que
tuvieron, y que nació raquítico, viejo, que nació cansado.
Tiene un cansancio grande, flaco y silencioso,
igual que el hijo que se les murió en el invierno,
delgado y largo pedazo de sufrimiento, hijo de un
cansancio y de otro cansancio. Le duele el pulmón izquierdo,
porque le dolía ya en el pulmón de su madre.
Ella era lavandera y, cuando lavaba, el dolor le frotaba
la espalda, jabonoso y rosado, lavándola a ella. De la espalda
de su madre pasó a la suya y era chiquito entonces,
era un dolor niño que no sabía nada que después
tendría que dolerle. Le duelen las manos del padre
obrero. Le parece, a veces, que en la mano derecha le
faltan dedos, no los siente a los dedos. Se extraña
la mano de tenerlos otra vez puestos,
porque la mano en un tiempo muy lejos perdió dos dedos
en la fábrica. El sabe que debajo de sus manos
le duelen las manos del padre obrero. Le
duelen los pies, por el abuelo y por la abuela, que se
vinieron emigrando a través de la tierra. Le duele la
lengua de los antepasados, goteando extranjeras palabras
que, al llegar, había que cambiar por otras
palabras también extranjeras, cual convertible dinero.
Se asustaba el alma de los gringos, se asustaba su lengua
porque querían meterle otro idioma, de la misma
manera como le meten los padres un hombre entre las
piernas a su hija, cuando la casan a la fuerza. Le duelen
los riñones, y él nunca ha estado con mujeres. Le
duelen los riñones del tío que vivió en el club de noche
y que nunca durmió solo, sino cuando se acostó
enfermo para morirse; le duelen los riñones del tío
que con él anduvieron entre alcoholes y mujeres, y
él los heredó, y él los tiene ahora, usados, viejos, y
mira a las mujeres, se ve obligado a mirarlas, como si
él ya no pudiera. Le duele el cuerpo, tiene un dolor
grande, pesado y bestia, que no lo suelta. No quiere
hijos, mujer preñada, no des a luz de miseria. No quiere
que llegue el hijo, para que este dolor después no duela,
desea que este dolor muera con él, ahogado en la tierra,
que se apague esa luz triste en el conventillo de
su cuerpo, que a tanta gente viva y muerta alberga.
Le duele el cuerpo de los pies a la cabeza, de mano
izquierda a mano derecha, le duele abiertamente. Le
está doliendo en el alma ahora, en la de él y en la del
padre y en la de la madre, en el alma del abuelo y de la
abuela. Es el dolor hermafrodita, que no es el padre
y no es la abuela. Es el dolor que a sí mismo se está
doliendo, es el dolor sin sexo, es lo sin sexo conocido,
es el alma del padre y de la abuela.
En la calle Morandé, en la puerta de la casa del
Gobernador, estaba el General, que preguntó : “¿Quiénes
son esos y adónde van?”. Cuando atravesaban la
calle, Enrique Herreros alzó la vista hacia el edificio
del Seguro Obrero, hacia el piso doce, y pensó en la
carta que había dejado en su casa, en su cuarto: “Para
ser abierta si no regreso a las seis de la tarde”. Tenía
recelos ahora, y pensaba que ya esa carta tenía una
seriedad que no tuvo la noche antes, cuando la escribió.
Entonces pensó vagamente que, quizás, no alcanzarían
a abrirla, pero la verdad era ahora que quizás
alcanzaran a leerla. Pasaron frente al edigcio del
Seguro Obrero, frente a la Caja Nacional de Ahorros,
frente al Banco, y ya Humberto Yuric comenzaba a
caminar frente a las oficinas de la Línea Aérea, cuando
vino un hombre uniformado a decir que había orden
de que retrocedieran. Ellos retrocedieron. Pero a esa
hora el destino ya andaba suelto en la ciudad. A
las tres de la tarde, las obras de construcción de
la polichica de la calle Maruri, al otro lado del río,
fueron suspendidas. El obrero Miguel Cabrera, que
trabajaba ahí, abandonó la faena en compañía de
dos amigos, trabajadores de la misma obra. Cabrera
vestía un jersey blanco bajo su vestón manchado de
cemento y de cal. Vinieron caminando por Morandé 
hacia Agustinas, y se encontraron con los prisioneros 
que venían desde la Universidad. Hubo un momento 
de confusión, los prisioneros retrocedieron, pasaron
frente al Banco, frente a la Caja de Ahorros. Cuando
llegaron al edificio del Seguro Obrero, los metieron
en él y los encerraron en una oficina de un piso alto.
Amigos, los metieron ahí porque horas antes también
otro grupo de estudiantes y obreros del pueblo
de abajo, se había apoderado de ese edificio, como los
otros de la Universidad. Ellos querían igualmente que
el Gobernador se fuese. Estanislao los mandaba. Cuando
entraron, mientras Barraza -era obrero en Valparaíso- 
cerraba las cadenas de la puerta, un hombre
uniformado que estaba en la esquina de la calle, en la
casa del Intendente, se acercó, acercó el revólver, pero
Gerardo. ayudante de Estanislao, apuntó primero y
ahí, en la misma esquina, quedó el cuerpo revolcándose,
buscando, atroz, la vida que acababan de escamotearle.
La sangre texminó de extender sus géneros y
sobre ellos se iué sosegando el cuerpo. Después de esto,
subieron ellos hasta el quinto piso y empezaron a acumular
muebles en la escalera. Ya estaba David Hernández,
pegado a la radio, gritando en ella: “Pitón 10”.
Pitón 10”. Su grito volaba por encima de la ciudad
hasta los lejazos campos de Las Condes, y sonaba allá,
dentro de un auto, en el patio de una quinta. En el
auto había un receptor y un hombre escuchando.
Mientras Hernández transmitía, los otros disparaban
hacia afuera, hacia la plaza en que estaba la casa del
Gobernador. Gerardo se asomó por una ventana, a
mirar hacia afuera, hacia abajo, en el momento en que
una bala se asomaba hacia arriba, hacia la ventana,
hacia adentro de su cabeza, hacia adentro de su vida.
Así entró Gerardo al edificio del Seguro Obrero. Así
salió. Gerardo era alto, alegre, buen mozo, le gustaban
las mujeres, vivía en Valparaíso.
Amigos míos, no se olviden tampoco de Yuric.
Yuric estuvo yendo por la escalera, hacia sus compañeros
que estaban en lo alto, resistiendo y esperanzando,
disparando balas hacia abajo y hacia afuera, disparando
miradas hacia la calle Morandé, hacia la casa
del Gobernador, y bajaba después Yuric hacia esa ola
verde y seca, que se movía en la escalera, en el descanso
de la escalera, poblada de carabinas y de balas,
habitada de peces rabiosos. Era una ola verde y blanca,
orillada ya de sangre, de cadáveres. Entonces
Yuric tuvo miedo. No, no es verdad, amigos. él no tuvo
miedo, sus nervios tuvieron miedo. Y cuando volvió a
subir quiso hablarles a sus compañeros, decirles que
no bajaran, que no bajaran nunca, que subieran cada
vez más arriba. iAh, si hubieran podido subir eternamente, 
alejarse! Yuric subió diciendo: “No disparen
que soy yo, Yuric”. Y les habló, les dijo que se rindieran.
Pero no, no querían rendirse. “Nunca nos rendiremos”.
Fué entonces cuando una bala llegó silbando
a buscar a Gerardo, que cayó, rindiéndose. Estanislao,
dijo: “Ahora nos rendimos, Yuric, Gerardo está muerto.
Díles que nos rendimos. Vamos a bajar”. Yuric vió
a Gerardo muerto, pensó: “Ahora van a bajar”. Y
cuando los otros comenzaron el descenso, trayendo el
cadáver de Gerardo, traían ya la muerte, todas las
muertes. Yuric lo sabía bien, sabía que morirían. La
muerte no era nada, lo terrible era morir y lo espantoso
de eso que la muerte comenzara a venir. Los hombres
de uniforme estaban en una oficina, esperándolos.
Cuando venían en la escalera les dispararon, fué una
descarga cerrada, una descarga abierta. Y entonces,
el Teniente paseó la ametralladora sobre ellos, rociándolos,
dejó después la ametralladora, y con el filo de
su sable comenzó a darle al primero. Era un muchacho,
que, quién sabe por qué, se descubrió el costado, con
ambas manos temblorosas, mostrando un forado hecho
ahí a punta de balas; cada disparo pasó llevándose
un trocito de sangre y se enterró con él en la pared, y
el último pasó limpiamente a través del hoyo, y se incrustó
solo, sin adherencias. Estanislao cayó con los
dientes apretados de rabia. Murió luego. A su lado,
Pedro Molleda se levantó chorreando sangre y gritando:
‘‘¡Viva Chile!”, pero el Teniente apretó sobre él
sus balas: sin embargo, Pedro Molleda dijo aún, pudo
decir completamente : “jMátame, mátame, perro!”
Después de esto, el Teniente se fué junto a un
muchacho que estaba tendido y que se hab’ ia incorporado,
y que comenzó a hablar, a hablar y no a gritar.
Eso era impresionante : “No importa, compañeros,
nuestra sangre salvará a la tierra”. Y entonces el Teniente
le gritó: “Qué vas a salvar vos, mierda”, y le
dió uno, dos, tres sablazos en la cara. Ah, el Teniente
Noé, tenía una gran dentadura, una firme, sana dentadura.
Se le vió entonces. Crecían sus dientes hacia
adelante, crecían de bruces, parecía que le estaban
creciendo desde el cerebro. Después, el Teniente bajó
la escalera. Le dolía el brazo. Cerca suyo había estado
un hombre de uniforme. que parecia tranquilo y
‘que, tranquilamente, cogió a un herido, lo arrastró.
El herido se llamaba Jesús Ballesteros. El hombre
uniformado lo acomodó un poco entre sus piernas
abiertas y, agarrando entonces su carabina por el
cañón, can ambas manos, le golpeó una, dos, tres veces.
La cuarta vez golpeó encima de un cadáver. Subió
un hombre tarareando, iba contento, sentía una necesidad 
en sus riñones y estaba feliz de poderla cumplir.
No podía subir muy rápido, la escalera estaba llena de
cadáveres y de moribundos, el hombre resbaló en una
sangre. Era sangre que salía desde un agonizante que
estaba ahí con la cara crispada en un rictus desesperante,
que parecía una sonrisa. El hombre se puso con
rabia, ‘‘Ríete ahora, baboso”, le gritó, y le quebró los
dientes de un taconazo, y siguió subiendo. Un uniformado
que bajaba le disparó en la cabeza a un herido
que se movía mucho y como aun se movía le disparó
otra vez y entonces, sí, le clavó la vida. Se la dejó inmóvil,
porque la muerte, para los que disparaban, no
era sino eso, la vida que había que dejar inmóvil.
Amigos míos, yo no invento nada, sólo hablo de
lo que existió, de lo que pasó en el Seguro Obrero,
Existieron una vez sesenta y tres muchachos. Pasaron
unos hombres cok uniformes, pasaron las balas, y quedó
?a sangre señalando el lugar en que ellos, antes de
morir, existieron. Sí, cuando hubo terminado la primera
faena, se ordenó sacar, de su encierro, a los vencidos
de la Universidad y, haciéndolos pasar, pisar sobre 10s
cadáveres de los otros, se les hizo bajar al otro piso y,
cuando venían en la escalera, el Comandante dijo a
a sus hombres: “Niños, a cumplir la orden”. Su voz estuvo
tranquila cuando agregó : “Con carabinas no,
usen los revólveres para que no reboten las balas”. A
uno de los vencidos la metralla lo alcanzó en pleno
vientre, se levantó difícilmente, apoyándose en el hombro
de un herido. Entonces el Coronel Bautista desenvainó
su sable, su crimen, y lo ensartó dos veces en él.
El Coronel Bautista tenía una cara bolsuda, blanducha,
que entonces, como estaba transpirando, parecía
que se derretía. En realidad, en el interior del
edificio hacía bastante calor esa tarde.
Un hombre de uniforme subió hasta el sexto piso,
se puso a mirar y a pensar porque no vió a los estudiantes,
a quienes había estado vigilando en un comienzo.
De repente, miró allá en la escalera a un herido
que se levantaba. El hombre fué allá, pero entonces
llegó el Cabo, cogió una carabina. El hombre le
dijo: “Mi Cabo, tapemos los cadáveres”. Pero el Cabo
replicó: “¿Quieres que te liquide a ti también”? y le
disparó al herido. Este cayó alsuelo, se volviíp a parar.
El Cabo le volvió a disparar. Cayo otra vez, se movió
un poco, pero, después, ya no. En seguida, se fué el
Cabo. Iba dando golpes secos con la carabina sobre los
cadáveres. Estaba apisonando los cadáveres, los moribundos.
Amigos, cada uno de nosotros sabe lo difícil
que es matar a un animal. Cada uno de nosotros ha
muerto uno alguna vez. Calculemos por eso, lo didícil
que es matar a un hombre (hay que matar cada trozo
de su cuerpo, cada mano, cada ojo). Ellos eran muchos
y el espacio en que los mataban era muy poco.
Por eso no se disparó una vez, sino repetidas veces.
Si alguno se levantaba, se le daba un tiro, si se levantaba
otra vez se le daba otro tiro, si se volvía a levantar
se le daba otro, y así hasta el octavo, hasta el décimo
tiro. Y aun el undécimo pudo ser necesario.
Hay en las catástrofes en que mueren muchas
vidas un sentido especial de la muerte. Los cadáveres
son menos tristes, pero sí más violentos, más apresurados,
y todos con la uniformidad del último gesto
siempre distinto y siempre igual. Es una especie de
muerte organizada y rabiosa, una especie de industrialización
de la muerte. Así ocurrió en el Seguro. Pero,
amigos míos, permítanme una pregunta : ¿llegará un
día la medicina, la ciencia, a imaginar un ojo, un oído,
para conocer el dolor humano? ¿Cómo puede curarlo
si no lo conoce, si no lo ve, si no lo oye? Ustedes saben
que el Doctor fué al Seguro a buscar heridos, estuvo
esperando en el vestíbulo, abajo, en el primer piso.
Entonces desde la calle entró un oficial alto, macizo.
Era el Mayor. Parecía que iba pisando en el aire. Subió
la escalera, y no habían pasado dos o tres minutos
cuando el Doctor oyó unos gritos horribles y unas voces, 
e inmediatamente una voz que, desde arriba,
gritaba: ‘‘¡Que se vayan los médicos! ¡Aquí no va a
haber heridos!”. El Doctor se fué. Después llegó otro
hombre uniformado, llegaron algunos oficiales, entre
ellos el General que venía a inspeccionar el edificio.
El General se fué en seguida donde el Gobernador. y
le dijo:
- Murieron todos los revoltosos, señor.
Y el Gobernador respondió:
- Bien muertos están.
En la noche, al amigo del Gobernador, le soplaron
en la oreja la noticia: “Hay sesenta muertos
en el Seguro”. El se encontraba en la calle. Al frente,
el edificio se elevaba en la oscuridad, imponente con su
doce pisos de silencio. Atravesó la calle. El corazón le
latió con violencia en un vestíbulo frío, semioscuro,
en que algunos hombres uniformados, inmóviles, velaban
en silencio. El silencio era grande, enorme, frío’
Allá arriba las luces lejanas de las oficinas abiertas
en los pisos superiores, daban resplandores inciertos,
daban una luz de aceite. Subió temeroso, cansado de
antemano, acechando en los peldaños lo atroz que adivinaba:
La escalera dió vueltas y no encontró nada,
dió otra vuelta, era seguramente el tercer piso, y en el
rincón lóbrego de un corredor recibió el primer choque.
Cinco cadáveres yacían arrinconados, bañados en
sangre. Dió vuelta a uno, instintivamente, quería
identificarlo, dió vuelta a otro. Sólo pudo ver que se
trataba de hombres jóvenes, con las ropas torcidas,
húmedas de sangre. Siguió la ascensión y se encontró
detenido por un cadáver que interceptaba la escala,
con los brazos abiertos, en posición grotesca, con
los pies en alto. Debieron lanzarlo desde lo alto. El solo
golpe habría sido mortal si las sanguinolentas heridas
no indicaran que ellas también habían sido capaces
de matarlo. Más allá, otro apoyaba su cabeza en el
muro, estaba sentado.El amigo del Gobernador tuvo
que saltar para seguir subiendo, porque el número de
muertos iba Creciendo, ascendiendo. En un descanso
de la escalera tuvo miedo. Yacían ahí, unos sobre
otros, formando montón, unos quince cuerpos ensangrentados,
con los ojos desmesuradamente abiertos
y sobre lbs cuales un muchacho rubio y de bigote
recortado, de marcado tipo extranjero, agonizaba.
Eran las diez de la noche. El edificio había sido ocupado
por la tropa seis horas antes...







LA MASACRE DEL SEGURO OBRERO

(www.puntofinal.cl/554/seguroobrero.htm)

LOS que se rindieron en la casa central de la Universidad de Chile fueron llevados al edificio del Seguro Obrero y masacrados junto con sus compañeros.

El 5 de abril de 1932 siete personas fundaron en Chile el Movimiento Nacional Socialista (MNS). Mientras diversos historiadores afirman que “sobre la mentalidad de este grupo gravitaba poderosamente la acción desarrollada por Hitler” (Ricardo Donoso, Alessandri, agitador y demoledor, T. II, Fondo de Cultura Económica, México, 1954), quienes fueron sus dirigentes (entre ellos Gustavo Vargas Molinare, Oscar Jiménez Pinochet, Carlos Keller y Enrique Zorrilla) lo presentan como una organización que aspiraba a implantar la justicia social y un Estado portaliano, sin relación alguna con los nacionalismos racistas de Europa. 

El general Tobías Barros Ortiz, que los conoció en la campaña presidencial de 1938 y fuera embajador en Berlín, expresa: “Los propios nazis tenían un nazismo muy particular. Yo conocí el auténtico después. El nazismo criollo tenía del otro las exterioridades, copiaron el uniforme, el saludo, pero, en realidad, no tenían la base ideológica totalitaria del otro nazismo, por ejemplo, la idea racista y las ideas totalitarias”.

El MNS, dirigido por el abogado Jorge González von Marées, creció rápidamente. A los cuatro meses de su fundación Carlos Dávila Espinoza les pidió formar parte de su gobierno, a lo que se negaron. Pronto van a comenzar los choques callejeros con los comunistas y especialmente con los socialistas, con quienes competían en la venta de sus periódicos: el semanario Consigna, de los socialistas, y el diario Trabajo, de los nazistas. Pero había algo en que coincidían: en la oposición al gobierno de Arturo Alessandri Palma (1932-38), al que acusaban de haber traicionado al pueblo.

Al iniciarse 1938, la oposición se presentaba dividida. Radicales, comunistas, socialistas y democráticos constituyeron el Frente Popular, que proclamó la candidatura del abogado y profesor radical Pedro Aguirre Cerda. Otros pequeños partidos (Radical Socialista, Organización Ibañista, Unión Socialista de Ricardo Latcham, etc.) formaron la Alianza Popular Libertadora que, junto con el MNS (que ya tenía tres diputados), proclamó a Carlos Ibáñez del Campo. Los partidos de derecha (Liberal, Conservador, y una fracción Democrática) apoyaban al empresario Gustavo Ross Santa María. A tres bandas, era seguro que ganaría este último, a quien favorecían el gobierno y el poder financiero de la derecha. 

No faltaron los que pensaron que era imprescindible la unión de las fuerzas de Izquierda, entre ellos Jorge González von Marées. En caso que no se produjera, sólo un golpe de Estado que asegurara la realización de elecciones libres y limpias garantizaría la derrota de Ross y la oligarquía. Comenzó, con este objeto, a entrenar en el mayor secreto a un grupo de jóvenes nazistas, rigurosamente seleccionados, y a tratar de tomar contacto con jefes militares, casi todos ibañistas, por intermedio de Caupolicán Clavel Dinator, coronel en retiro que serviría de enlace. 

El domingo 4 de septiembre de 1938, bajo un brillante sol, se realizó en Santiago la Marcha de la Victoria en apoyo al general Ibáñez, con participación de más de cien mil personas, entre ellas treinta mil nazistas. Los principales jefes ibañistas (Tobías Barros, Humberto Martones, Virgilio Morales, Juan B. Rossetti y otros) fueron a un local céntrico a celebrar por anticipado el triunfo. No asistió González von Marées. No estaba convencido de triunfar y, por el contrario, había ordenado apurar las acciones golpistas, fijando para el día siguiente la revuelta. Según el plan había que apoderarse de dos edificios céntricos, tomarse una radioemisora y dejar Santiago sin electricidad. Caupolicán Clavel daría el santo y seña a los jefes militares comprometidos, que tomarían el control de la situación. 

A mediodía del lunes 5 de septiembre el plan empezó a realizarse de acuerdo a lo programado. Un grupo de treinta y dos jóvenes dirigido por Gerardo Gallmeyer Klotze entró al edificio de la Caja del Seguro Obrero (que hoy ocupa el Ministerio de Justicia. N. de PF.), y se distribuyó por escaleras y pasillos. A las doce diez algunos nazistas comenzaron a cerrar las puertas del edificio pero el mayordomo trató de impedirlo. La dueña de un puesto de diarios avisó al cabo de Carabineros José Luis Salazar Aedo que salía de la Intendencia. Creyendo que eran ladrones se acercó, revólver en mano y dispuesto a disparar. Pero antes lo hizo un nazista, hiriéndolo mortalmente. Los amotinados fueron ocupando los pisos superiores, construyeron barricadas en las escaleras del séptimo piso y apresaron a medio centenar de funcionarios.

Otro grupo de treinta y dos jóvenes, encabezado por Francisco Maldonado Chávez, había ingresado a la casa central de la Universidad de Chile por la puerta donde hoy está la Librería Universitaria, ocupándola sin resistencia. A los académicos y funcionarios se les permitió retirarse, salvo al rector Juvenal Hernández Jaque que quedó como rehén.

En la casa de Enrique Zorrilla Concha, donde se había instalado el cuartel general de la operación, González von Marées, Oscar Jiménez y otros mantenían contacto radial con los amotinados del Seguro Obrero, los que habían instalado un aparato de radio operado por Julio César Villasiz Zura, que informó a Oscar Jiménez que el Seguro y la universidad estaban tomados.

Los otros grupos no tuvieron igual éxito. Los hermanos Jorge y Alberto Jiménez se tomaron la radio Hucke, después de las doce y media, pero el operador logró cortar la comunicación. Orlando Latorre González y un pequeño grupo sólo consiguieron desconectar una de las torres de alta tensión escogidas, con lo que se produjo una interrupción momentánea de la energía eléctrica en Santiago.

A las 12:25, el presidente Alessandri se dirigió de La Moneda a la Intendencia, donde increpó al intendente Julio Bustamante Lopehandía por creer que se trataba de un asalto gangsteril, volviendo luego a su despacho en La Moneda desde donde convocaría a las autoridades encargadas del orden público. Carabineros, entre tanto, había rodeado el Seguro Obrero, tomado posiciones en techos y terrazas vecinas y emplazado ametralladoras. 

Los amotinados, que tenían orden de resistir sin disparar, esperaban la aparición de las tropas del ejército que los ayudarían. Ignoraban que el “enlace” Caupolicán Clavel había “desaparecido” la noche anterior y nadie se había comunicado con los jefes militares de Santiago, por lo que ningún regimiento los auxiliaría.

Pocos minutos antes de las 13 horas se abrió el fuego contra el sexto piso del Seguro Obrero desde el edificio de La Nación. El presidente Alessandri, acompañado de su hijo Fernando, dirigía personalmente las operaciones. 

Quince carabineros lograron romper la cadena en la puerta del edificio, y al mando del comandante Ricardo González Cifuentes entraron hasta el tercer piso. A las 13:30 o poco antes, llegaron efectivos del regimiento Tacna frente a la Universidad y, para sorpresa de los nazistas, dispararon dos cañonazos con una pieza de artillería, derribando la puerta. Seis muertos fue el resultado de esta acción, en que no hubo, de acuerdo a las instrucciones, mayor resistencia.

A las 13:30 el general director de Carabineros Humberto Arriagada Valdivieso, quien cuatro años antes había dirigido la matanza de Ranquil y que “estaba saliendo de una mona, porque había estado en una farra el día anterior” (Tito Mundt, Las banderas olvidadas, Ed. Orbe, Santiago, 1964) recibió terminantes órdenes de rendir a los amotinados antes de las cuatro de la tarde. 

Arriagada, desde la puerta de Morandé 80 recibía las órdenes de Alessandri y las hacía llegar al coronel Juan B. Pezoa Arredondo, quien tenía el mando de la acción. Arriagada observó un cable que iba hacía la terraza del Seguro y ordenó al sargento Lavanderos, campeón de tiro con fusil y carabina, que lo cortara. Así, de un certero disparo, Lavanderos interrumpió las comunicaciones radiales de los rebeldes. 

En cuanto a los rendidos en la universidad, se les llevó, con los brazos en alto, por calle Morandé en dirección al cuartel de Investigaciones. En el camino los carabineros incorporaron al mecánico José Miguel Cabrera Barros, por haberse acercado a los amotinados. Al pasar por La Moneda, Arriagada exclamó: “¡A estos carajos hay que matarlos a todos!”. Tras cruzar Agustinas, por órdenes de Alessandri se les hizo volver y entrar al edificio del Seguro. Más o menos a las 14:40 horas fueron llevados a culatazos hasta el sexto piso, quedando en una sala a cargo del teniente Ricardo Angellini Morales.

Más o menos a esa misma hora el general Ibáñez, aconsejado por sus amigos, se entregó al único cuartel que mandaba un jefe que no le era afecto: la Escuela de Aplicación de Artillería de San Bernardo al mando del coronel Guillermo Barrios Tirado, desde donde fue conducido a la Prefectura de Investigaciones.

Cerca de las quince horas Gerardo Gallmeyer recibe un disparo en la frente (fue el único muerto en acción en el Seguro), al asomarse desde una ventana. En su reemplazo toma el mando Ricardo White Alvarez. Por calle Teatinos aparecen los regimientos Tacna y Buin. Los nazistas al verlos gritan alborozados. Pero al ver que abren fuego contra el Seguro, White grita: “¡Hemos sido traicionados! Estamos perdidos... ¡Chilenos a la acción! ¡Moriremos por nuestra causa! ¡Viva Chile!”.

El comandante González Cifuentes, diez o quince minutos después de llegar los detenidos de la universidad al sexto piso del Seguro, envía a uno de ellos, Humberto Yuric, a pedir la rendición de sus compañeros. Al no lograr convencer a White, opta por quedarse con sus camaradas. Se envía entonces un nuevo emisario, Guillermo Cuello González, para advertir que si no se entregan, los rendidos en la universidad serán fusilados. White se resigna. Diez minutos después baja Cuello y da cuenta de su misión, tras lo cual se le da muerte de dos tiros en la cabeza.

Minutos antes de las 16 horas, y una vez que los rebeldes del Seguro se desprendieron de sus armas (algunas pistolas y revólveres viejos), y despejaron la escalera, los hacen bajar al quinto piso, junto a los funcionarios del Seguro. El mayordomo va identificando a estos últimos, que fueron entregados a Angellini. Los nazistas, en tanto, con las manos en alto son colocados vueltos hacia la pared en la escalera. Los oficiales Pezoa y González mandaron entonces al teniente Angellini a consultar sobre qué hacer. El general Arriagada, por intermedio del teniente coronel Reynaldo Espinosa Castro, contestó textualmente: “¿Que no entienden lo que se les dice? ¡Que los suban arriba a todos y que no baje ninguno!”. Pezoa, a los pocos minutos, recaba una orden escrita, la que le fue enviada (“De orden de mi general y del gobierno, hay que liquidarlos a todos”). Una orden manuscrita del prefecto jefe, coronel Jorge Díaz Valderrama, ratificó la anterior. Pezoa, entonces, ordena el cumplimiento a González, el cual se niega alegando que la orden es contraria a los principios de la institución. Se dirige a la Intendencia, intercede ante sus superiores para no cumplir la orden, recibiendo por respuesta: “¡Es orden del gobierno!”. Finalmente, implora clemencia al general Arriagada, quien responde: “¿Cómo se le ocurre pedir perdón para esos que han muerto a carabineros?”. Pero ante los argumentos, se compromete a hablar con el presidente. La gestión del director general no prosperó.

A las 17:30 horas el carabinero que estaba colocado al final del descanso de la escalera, de acuerdo a las órdenes recibidas, hinca la rodilla y aprieta el gatillo de su fusil ametralladora. Durante los cinco minutos siguientes todas las armas policiales disparan sobre los rendidos. Fue un asesinato masivo, cruel y cobarde. 

Con gritos de terror, unos, y gritando sus consignas partidarias, otros (ha perdurado la frase que Pedro Molleda Ortega dirigió a sus compañeros: “¡No importa, camaradas, porque nuestra sangre salvará a Chile!”), todos murieron, siendo después repasados con disparos y/o golpes de sable y yatagán. Después vino el despojo, el botín, el premio a la infamia. 

El teniente Antonio Llorens Barrera se negó terminantemente a acatar la orden, por lo que fue detenido y llevado al cuartel de Investigaciones. 

Ahora le tocaría el turno a los rendidos en la universidad, que se hallaban en el quinto piso. Se les llevó al cuarto, debiendo pasar por sobre los cadáveres de sus camaradas. José Cabello, alto funcionario del Seguro se identifica como tal, pero el coronel Eduardo Gordon Benavides, dándole un cachazo en la cabeza, le gritó: “¡Tú eres de los mismos, baja si puedes!”. Cuando comenzaba a hacerlo, un civil que acompañaba a la tropa, Francisco Droguett Raud, lo mató de un balazo. Carlos Ossa Monckeberg, otro empleado, fue ultimado no obstante sus reiteradas súplicas. Luego un capitán grita a los carabineros: “¡Ya niños, a cumplir con su deber!”, a lo que siguió la masacre. 

Pero faltaba otro capítulo: la impunidad. Comenzó esa misma noche, al arrastrar los cuerpos hacia las escaleras para aparentar que habían muerto en combate. 

A las 21 horas el diputado Raúl Marín Balmaceda, el doctor Ricardo Donoso Castro, el periodista Darío Zañartu Cabero, el capellán Gilberto Lizana y Alberto Canales, piden al mayor Luis Portales Mourgues permiso para entrar. Termina por acceder, bajo su responsabilidad, no obstante existir orden superior de prohibir la entrada a los civiles. Al recorrer el edificio, encuentran entre los cadáveres a tres nazistas vivos (Carlos Pizarro Contreras, Facundo Vargas Lisboa y Daniel Hernández Acosta). El diputado Marín se dirige a La Moneda, en tanto Zañartu y el doctor Donoso quedan junto a los sobrevivientes.

Marín regresó diciendo que Alessandri ordenaba que los tres fuesen protegidos. Los oficiales le creyeron. Pero la verdad es que no había hablado con el presidente. Una hora después se encontraría otro sobreviviente, Alberto Montes Montes, uno de los rendidos en la universidad. 

Al día siguiente, Jorge González von Marées y Oscar Jiménez se entregaron a las autoridades. 

El gobierno puso en marcha lo que el historiador Ricardo Donoso llamó “el escamoteo de la verdad”. Pidió al Congreso facultades extraordinarias y clausuró los diarios opositores La Opinión, del periodista Juan Luis Mery Frías y del diputado Juan Bautista Rossetti, y Trabajo, de los nazistas, y las revistas Hoy, de Ismael Edwards Matte, y Topaze, de Jorge Délano (Coke). Quedaron circulando los diarios de derecha y el radical La Hora, dirigido por Aníbal Jara, que inició una campaña destinada a divulgar lo acontecido publicando fotos, comentarios y revelaciones que estremecieron a la ciudadanía. 

La Cámara de Diputados nombró una comisión investigadora, ante la cual concurrieron actores y testigos de la masacre, volviendo a conmoverse la opinión pública con las declaraciones y revelaciones que hicieron los tenientes Angellini y Draves. El coronel Aníbal Alvear no dudó en señalar a los verdaderos autores. Preguntado sobre quién dio la orden de matar, contestó: “El asunto es bien sencillo, ¿quién da una orden de matanza, cuando el gobierno, un general presente y el presidente de la República están a pocos metros de distancia de donde ocurre la masacre?”. La conciencia pública se conmovió aún más cuando se supo que el personal que había participado en la matanza, además de ascensos, había sido gratificado.

La Corte Suprema designó un ministro en visita, Arcadio Erbetta, de la Corte de Apelaciones de Santiago. Fuertemente presionado prohibe, a pocos días, la publicación de informes periodísticos sobre el proceso. El 23 de octubre -dos días antes de la elección presidencial- dictó sentencia. Daba por comprobados los delitos de rebelión y conspiración contra el gobierno y el asesinato del carabinero Salazar. Condenaba a veinte años de reclusión mayor a Jorge González von Marées, a quince años a Oscar Jiménez y a penas menores a otros procesados. Absolvió a Carlos Ibáñez. 

La tragedia del 5 de septiembre decidió el resultado de la jornada electoral a favor del candidato del Frente Popular. Ibáñez retiró su candidatura y el diario La Opinión pidió el apoyo ibañista para Pedro Aguirre Cerda. Desde la cárcel, Jorge González lanzaba igual consigna.

Gracias a este apoyo el candidato de la Izquierda triunfó por 4.111 votos. Fracasarían las tentativas para revertir el resultado. En la medianoche del 25 la radio El Mercurio reconoció el triunfo de la oposición y pocos minutos más tarde Aguirre Cerda pronunció un discurso como candidato victorioso. El 11 de noviembre, el director general de Carabineros, Arriagada, y el comandante en jefe del ejército, general Oscar Novoa Fuentes, reconocieron el triunfo del candidato radical.

El 25 de diciembre asume el mando Pedro Aguirre Cerda e indulta a González von Marées y demás condenados. El general Arriagada fue llamado a retiro. La coalición triunfante presenta el 17 de marzo de 1939 una acusación constitucional contra Arturo Alessandri. En tanto, la comisión investigadora de la Cámara de Diputados concluyó que existió una orden superior, que fue impartida por Arriagada o por el presidente de la República. La mayoría derechista de la Cámara rechazó el informe.

En los primeros días de abril el fiscal militar Ernesto Banderas Cañas comenzó un sumario contra Arriagada y otros inculpados, expidiendo su dictamen a fines de junio, en que pedía pena de muerte para el civil Francisco Droguett, presidio perpetuo para Arriagada y quince años para los demás oficiales implicados. El 28 de septiembre de 1939 la Corte de Apelaciones sobreseyó definitivamente a Carlos Ibáñez y a los nazistas procesados y dejó sin efecto la sentencia del ministro Erbetta. El juzgado militar, por sentencia de 29 de abril de 1940, absolvió a algunos oficiales, condenó a Arriagada, González Cifuentes y Pezoa a 20 años de presidio mayor, y a Droguett a presidio perpetuo.

Piñera rompe el récord y se transforma en el Presidente más viajero luego de la vuelta de la democracia. Parlamentarios critican sus viajes por considerarlos injustificados

Por Alfredo Peña

En su primer año de gobierno, se convirtió en el Presidente que más giras ha hecho al extranjero, tras promediar 40 días fuera de Chile. Parlamentarios critican los viajes y aseguran que muchos son “injustificados”. Llaman a las autoridades a preocuparse por los conflictos nacionales y a no tomar vacaciones a mitad de año como los ejecutivos de empresas y del retail.

Sebastián Piñera estuvo en el ojo del huracán por su polémico viaje a México. Una controversia que se originó por la salida de libreto del mandatario, al extender -sin consultar a su comitiva- en dos días la gira a dicho país, una determinación de carácter personal, pero que terminó acarreando a una comitiva de más de 120 personas, incluido empresarios, parlamentarios y periodistas, quienes debieron cambiar un itinerario que ya estaba armado con meses de antelación. El más indignado con la decisión unilateral del mandatario fue el senador Carlos Bianchi, que exigió que lo colocaran en un avión comercial para regresar a Chile, en los tiempos previstos. Se vino antes. Otros cuatro empresarios hicieron lo mismo silenciosamente y no esperaron a Piñera y se vinieron a Chile.

Las razones resultan más increíbles, puesto que de un viaje oficial se convirtió en uno de placer al tomar la decisión de asistir a la final del Mundial Sub 17 en la capital mexicana.

Este episodio se dio justo en medio de un grave conflicto social como lo es la educación, que ha incluido manifestaciones con miles de personas y tomas en los colegios y universidades. Además de otros innumerables casos de preocupación nacional como es la reconstrucción del terremoto.

El más viajero

Su afición por los viajes lo hizo alcanzar un récord. Al término de su primer año como jefe de Estado, promedió 40 días en el extranjero, sin considerar las dos semanas que estuvo de vacaciones en Europa, desde fines de mayo a principios de junio. Una semana más que Eduardo Frei en el mismo período y 17 días más que Michelle Bachelet.

Esta vez, desde la derecha, no han existido críticas a los viajes presidenciales, como sí los hubo, y hasta con saña, especialmente en los medios de derecha, respecto de las giras del expresidente Frei Ruiz-Tagle.

La esposa de Frei en entrevista con Cambio21 grafica esa critica:

"Nosotros, jamás en la vida salimos de vacaciones fuera del país. Mientras Eduardo fue Presidente. Antes de la presidencia y después, sí, pero durante, ¡jamás! Porque ellos (el Gobierno) tienen el lema de que todo lo malo que pasa es porque no lo hizo la Concertación o lo hizo mal. Resulta que ellos se han aprovechado ahora del tremendo prestigio internacional en que los dejamos, en los tremendos mercados internacionales que les abrimos"

-¿Qué hubiera ocurrido si Frei hubiese estado en el poder y se hubiera quedado 40 horas más en México para ver un partido de fútbol?

-Uf, la derecha y sus medios nos habrían hecho picadillo. Pero como además ellos controlan la prensa, las cosas se saben de a poquito no más, por diarios como el de ustedes, por la Cooperativa. Es ridículo, como ellos tratan de tapar y El Mercurio ya es una cosa escandalosa. El diario se sacó todas las vendas; es una cosa tremenda el fanatismo que tiene. Y además ocultan la información.

Según explican desde el gobierno, la agenda internacional de Piñera ha sido uno de los principales ejes del Mandatario, la que busca potenciar la posición de Chile en el mundo, ya sea por factores estratégicos o por interés comercial. Sea así o no, lo cierto es que en 365 días se transformó en el Mandatario, que más tiempo ha estado lejos de suelo chileno tras el retorno a la democracia, superando al ex presidente Frei, quien en 1994 permaneció 33 días en el extranjero.

El diputado Guillermo Ceroni cuestionó estos viajes, y afirmó que "esto corrobora el dicho "por la boca muere el pez"; la Alianza, de tanto predicar los viajes de los presidentes de la Concertación ahora ve como Sebastián Piñera está cayendo en una cantidad exagerada de ellos y que en mi opinión no tiene gran justificación". Agregó que muchas de éstas giras "no tienen gran justificación".

El parlamentario consideró que el periplo del Jefe de Estado, que contempló giras por Estados Unidos, Ecuador, Colombia, Alemania, Francia, Inglaterra, Japón y China, más que fortalecer las relaciones comerciales y el desarrollo económico internacional resultaron "una verdadera exhibición de él como Presidente ante el resto de los países, pero no siendo que sea de utilidad verdadera".

A diferencia de lo que considera el gobierno, para Ceroni las puertas hacia el mundo ya están abiertas. "Los grandes acuerdos comerciales ya se firmaron y ratificaron (...) Chile está totalmente inserto y ahora lo que el Presidente debe hacer es aprovechar esas oportunidades".

El legislador sentenció que Piñera "sólo aparece (en el país) frente a las tragedias, siempre con el objeto de lucirse, diciendo cosas que ni siquiera a él corresponden" y le recomendó "que se quede más en casa y que haga la tarea para la cual se le eligió".

Otro legislador critica a Piñera por viajar a Europa, a una actividad sin ninguna importancia para Chile: "Fue a un acto de la reunificación italiana hace un mes. En esa misma fecha debería haber ido a las celebraciones del bicentenario de Paraguay. Era para devolverle la mano al presidente Lugo que vino a nuestros actos invitado por el propio Piñera, incluso enfermo de cáncer y con las muestras de la quimioterapia en su cuerpo ya que llegó absolutamente calvo, sin pelos, pero Piñera optó por estar en Italia en una actividad que no le importó a nadie, sólo a él porque de ahí partió de vacaciones al norte de Italia", señala. "Irse de vacaciones desde Asunción es muy rasca" ironiza el parlamentario.

El sentir ciudadano

El periodista y Consultor en Comunicaciones, Guillermo Hormazábal, señaló en una de sus columnas que Sebastián Piñera en sus viajes "aparece más como un jefe de campaña de un partido político y no como un Jefe de Estado que en el exterior representa a todos los chilenos".

En un seminario empresarial Chile-México al que fue invitado Hormazábal, el mandatario chileno planteó lo que él denominó una "agenda para un nuevo desarrollo" de nuestros países. A juicio de Piñera, una educación de calidad y buenos empleos serán fundamentales para desterrar lo que calificó como una "desigualdad brutal y escandalosa" en nuestros países.

Sin embargo, para el periodista estas no son más que palabras, "el gobierno que encabeza tiene la oportunidad de interpretar a nuestra ciudadanía que hoy reclama lo mismo en las calles, en especial los estudiantes".

El diputado y miembro de la comisión de Relaciones Exteriores, Jorge Tarud, dijo que si bien no considera correcto criticar a un Presidente por sus viajes, puesto que "los lazos (internacionales) siempre deben mantenerse" y tampoco "caería en el juego que por muchos años llevó la derecha de siempre criticar", sí considera negativo que los viajes se extiendan cuando hay problemas sociales.

Misiones cumplidas

"El gobierno ha tenido una muy mala percepción del sentir ciudadano. Yo nunca hubiera salido del país si me encuentro con un conflicto como el estudiantil y en el estado que se encuentra, tampoco hubiera permitido que mis ministros se fueran de vacaciones. Es un mal momento y mal mensaje que recibe la ciudadanía", haciendo alusión a las vacaciones del ministro del Interior Rodrigo Hinzpeter, luego de que asegurara que la delincuencia los ganó, asimismo, las vacaciones del ministro de minería, Laurence Golborne, quien se fue a Miami en medio de la polémica por HidroAysén y el ministro de Hacienda, Felipe Larraín que se fue de vacaciones a Estados Unidos hace poco menos de un mes.

A diferencia de los tiempos actuales, una vez restituida la democracia en nuestro país, los Presidentes tenían una misión clara. En este sentido el canciller del gobierno de Patricio Aylwin, Enrique Silva Cimma, recordó en un diario de circulación nacional, que tenía un mandato expreso del entonces Presidente de reposicionar políticamente el nombre de Chile en el extranjero.

"Nos propusimos la integración total en el continente, porque Chile era una isla tras la dictadura. Tuve como canciller la instrucción expresa de que junto con luchar por una integración abierta, fortaleciéramos la amistad con los países vecinos", dice.

En el caso de Eduardo Frei, la misión fue ampliada y se apuntaba a cimentar los lazos políticos, y potenciar la integración económica. "Buscamos abrir un nuevo camino con Estados Unidos, con el cual estábamos muy distanciados. Queríamos dar una señal a ese país, sin descuidar nuestra relación con Argentina", aseguró Carlos Figueroa, primer ministro de Relaciones Exteriores de esa administración.

Ricardo Lagos, se enfocó en reforzar las relaciones bilaterales y multilaterales en América Latina, a la vez que se fortaleció la relación con Estados Unidos y la Unión Europea.

Por último Bachelet, por una parte, enfatiza una visión optimista de la globalización, el comercio y el vínculo con las economías más dinámicas del mundo, y por la otra, una mayor inclusión en los asuntos latinoamericanos y un compromiso más proactivo hacia la región, especialmente después de ejercer la presidencia de Unasur.

El estilo Piñera

Un viaje presidencial siempre va bajo un estricto protocolo, pero hay veces en que los Mandatarios se lo saltan. En diciembre de 2008, la entonces Presidenta Michelle Bachelet, se encontraba de gira en Brasil y antes de asistir a la Cumbre de América Latina y el Caribe, se animó a darse un chapuzón en el mar carioca, al igual que el mandatario paraguayo Fernando Lugo.

Aunque fue criticada por la oposición de ese entonces, desde el gobierno explicaron que el episodio ocurrió muy temprano en la mañana,(a las 6 A.M.) y que en vez de seguir durmiendo, ella lo aprovechó para ir a la playa, por lo que en ningún momento se salió del protocolo, faltó a alguna actividad o extendió su gira.

No así el caso de Sebastián Piñera, quien sí extendió en 48 horas un viaje oficial por decisión personal, para asistir a un partido de fútbol. Aunque no ha sido el único episodio.

Entre los chascarros más recordados, está la polémica que se armó luego de la frase escogida por Piñera para firmar el libro de visitas ilustres, que corresponde al antiguo himno alemán considerado nazi. La frase de la discordia fue "Deutschland über alles" ("Alemania sobre todo").

En abril de 2010, fue su faceta deportiva, cuando salió a trotar con su par mexicano Felipe Calderón, por el parque que colinda con la Casa Blanca, en pleno centro de Washington. Lo más insólito fue que el trote duró poco más de 10 minutos
En su gira por España el 2010, un nuevo lapsus sufrió Piñera. En su cita con el Rey Juan Carlos, mientras hablaba sobre la expedición de Pedro de Valdivia, el Mandatario confundió el año en que el conquistador llegó a tierras nacionales, indicando que "El año 2540 Valdivia abandona la comodidad del Cusco y empieza su viaje a Chile".

Pero el episodio que más polémica causó y que llegó a agotar hasta la propia primera dama, Cecilia Morel, fue cuando comenzó su gira por Europa justo después del rescate de los mineros y llevó de regalo a cada líder una roca de la mina y una copia del famoso primer mensaje enviado desde las profundidades de la mina: "Estamos bien en el refugio los 33.

Tras repetir varias veces el mismo episodio, su esposa no aguantó más y le hizo una sugerencia mientras el Mandatario dialogaba con varios medios de comunicación ingleses sobre la hazaña de los 33 mineros.

"Yo traje muchos regalos. Primero que todo, una copia del primer mensaje...", dice Piñera en inglés a la prensa británica y Cecilia Morel lo ve venir. "No lo muestres", le dice la Primera Dama en español, sin dejar de sonreír, pero ya es demasiado tarde.

Pero todas estas actitudes forman parte de la personalidad, del Presidente que se convirtió en el más viajero, a más de dos años de terminar su mandato.

http://www.cambio21.cl/cambio21/site/artic/20110729/pags/20110729193312.html

Augusto Pinochet según la Fundación Nacional Francisco Franco de España


Augusto Pinochet Ugarte nació en la ciudad de Valparaíso, el 25 de noviembre de 1915, es hijo de Don Augusto Pinochet Vera y de doña Avelina Ugarte Martínez. Sus estudios primarios, los cursó en el Seminario San Rafael de Valparaíso, luego en el Instituto de Quillota (Hermanos Maristas) y por último, en el Colegio de los Padres Franceses de Valparaíso, para posteriormente, ingresar en la Escuela Militar, en el año 1933.
       En 1937, regresa de la Escuela Militar, con el grado de Alférez de Infantería, siendo destinado a la Escuela de esa Arma, ubicada en la ciudad de San Bernardo. Posteriormente y en el mes de septiembre del mismo año, es destinado al Regimiento "Chacabuco", en la ciudad de Concepción. En el año 1939 y con el grado de Subteniente, es trasladado al Regimiento "Maipo", Ubicado en la ciudad de Valparaíso, retornando a la Escuela de Infantería, en 1940. En el año 1941, y junto con su ascenso al grado de Teniente, es destinado a la Escuela Militar.
       En enero de 1943, contrae matrimonio con doña Lucía Hiriart Rodríguez, con quien tuvo cinco hijos.
      A fines del año 1945, es destinado al Regimiento "Carampangue", en la ciudad de Iquique, para luego ingresar a la Academia de Guerra, en el año 1948. En el año 1951, y después de haber obtener el Título de Oficial de Estado Mayor, es trasladado a la Escuela Militar, donde será Profesor del Curso Militar. Al mismo tiempo, realiza clases en la Academia de Guerra, en las asignaturas de Geografía Militar y Geopolítica, también ejerce como Director, de la revista institucional del Ejército de Chile, denominada "Cien Águilas". En el año 1953 y con el grado de Mayor, es destinado al Regimiento "Rancagua", en la ciudad de Arica. Luego, es designado profesor en la Academia de Guerra, por lo que regresa a Santiago para retomar su labor docente.
       A comienzos del año 1956 es seleccionado, junto a un grupo de Oficiales, para conformar una Misión Militar que colaboraría en la organización de la Academia de Guerra del Ecuador, permaneciendo en dicha Misión tres años y medio. A fines de 1959, regresa a Chile y es destinado al Cuartel General de la I División de Ejército, en la ciudad de Antofagasta. En 1960, es designado Comandante del Regimiento "Esmeralda". Su gestión de mando, es reconocida siendo destinado en el año 1963, a la Academia de Guerra, con el cargo de Subdirector.
       En el año 1968, es nombrado Jefe del Estado Mayor de la II División de Ejército, con asiento en la ciudad de Santiago. Posteriormente, asume como Comandante en Jefe de la VI División de Ejército, en la ciudad Iquique.
       En enero de 1971, es ascendido al grado de General de División, siendo nombrado Comandante General de la Guarnición de Ejército de la ciudad de Santiago. A principios de 1972, es nombrado Jefe del Estado Mayor General del Ejército y el 23 de agosto de 1973, es nombrado Comandante en Jefe del Ejército.
       El 11 de septiembre de 1973, tras el pronunciamiento militar, preside la Junta de Gobierno y en el año 1980, ya en su calidad de Presidente de la República, somete a plebiscito, la nueva carta fundamental de la República de Chile (constitución) la cual, fue aprobada, por amplia mayoría.
       En septiembre del año 1986, el Presidente Augusto Pinochet sufre un atentado terrorista, en el sector de Achupallas, Cajón del Maipo, del que sale con vida, pero fallecen cinco de sus escoltas de seguridad y nueve resultan gravemente heridos. En el año 1988, y según lo establecido en la constitución de la República, se llama a elecciones Presidenciales para el año 1989, las que se realizan de manera ejemplar, entregado la Presidencia de la república a Don Patricio Aylwin Azocar, en marzo de 1990.
     El 11 de marzo de 1990, asume sus funciones de Comandante en Jefe del Ejército, hasta el día 10 de marzo de 1998, haciendo entrega del mando del Ejército, al Teniente General Ricardo Izurieta Caffarena. El 11 de Marzo de 1998, asume como Senador de la República, en su calidad de Ex Presidente, de acuerdo a lo prescrito por la Constitución de 1980.
       El Presidente Pinochet, fallece el 10 de diciembre de 2006, realizándose sus Funerales en la Escuela Militar, con la asistencia de más de 150.000 personas.
(Datos obtenidos de la página de Internet de la Fundación Presidente Pinochet: http://www.fundacionpresidentepinochet.cl/ )
 
1º) Entrevista al expresidente Eduardo Frei al diario  ABC, 10-10-1973  defendiendo el golpe de Estado: “Los militares han salvado a Chile. (…) Es alarmante que en Europa no se enteren de la realidad: Allende dejó la nación destruida”. Accesible en http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1973/10/10/033.html.
2º) Carta de de Frei a Mariano Rumor, presidente de la Unión Mundial de la Democracia Cristiana, fechada el 8 de noviembre de 1973, accesible en http://www.casamuseoeduardofrei.cl/frei_documentos_objetos/documentos/cartas/mariano_rumor/8_de_noviembre_1973.pdf

Augusto Pinochet Ugarte, Caballero de Honor


Jueves, 5 de julio de 2012



Todo Por Chile
desde España por parte del abogado que llevó a proceso al Ex Luez Garzón, Sr. Jaime F. Alonso G
“Social and Equal Justice”
Labor of Love
Estimados amigos

He recibido desde España por parte del abogado que llevó a proceso al Ex Juez Garzón, Sr. Jaime F. Alonso G., email abajo destacado, donde nos informa que se desarrollará un acto en España, donde se nombrará “Caballeros y Damas de Honor” de la FUNDACIÓN NACIONAL FRANCISCO FRANCO por sus destacadas trayectorias. Abran la website www.fnff.es  y encontrarán bajo ella en una sola fila los nombres de quienes recibirán esas distinciones, entre ellos, será reconocido como “Caballero de Honor” nuestro Capitán General Augusto Pinochet Ugarte. Al hacer click, verán una síntesis de su biografía. Para tal evento concurre a España un integrante de la familia Pinochet para recibir el distinguido reconocimiento.

Del mismo modo, se nombrarán Caballeros de Honor y Damas de Honor a destacadas personalidades como escritores, abogados y políticos destacaddos de la era Franco, distinguido militar que participó en el combate del Alcázar de Toledo, y finalmente una destacada mujer de la política de principios del siglo XX en España.

Agradeceré difundir el acto a petición del abogado Jaime F. Alonso García quien estuvo presente en el Documental “Pinochet” y nos apoya en todas nuestras actividades.



From: Jaime Alonso
To: Carlos Gary


Estimados amigos:

En nuestra página web  www.fnff.es  puedes encontrar junto a la convocatoria del ACTO DEL 14 DE JULIO (PALACIO DE CONGRESOS Y EXPOSICIONES DE MADRID 20,00HORAS) una sinopsis de las biografías de las personalidades que se les nombrará Caballeros y Damas de Honor de la FUNDACION NACIONAL FRANCISCO FRANCO por sus trayectorias personales.

Es muy importante si puedes, difundir el evento y rendir homenaje a las personalidades que se homenajearan, a la vez que se conmemora el 18 DE JULIO y se hace un desagravio a la bandera de España.
Un fuerte abrazo.

Jaime F. Alonso García.
Abogado





ÉXITO DE LA CONMEMORACION DEL 18 DE JULIO
Mesa de la Presidencia del acto del 14 de julio de la FNFF
 
El acto convocado por la FUNDACION NACIONAL FRANCISCO FRANCO para conmemorar la efemérides del 18 de julio, constituyó un gran éxito de participación y desarrollo, llenando el salón del Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid.
 
Presidido por la Duquesa de Franco, se inició con un homenaje a la bandera. Portada por un joven entró en el salón mientras los asistentes cantaban el Himno Nacional.
Luisa Mª Payan recitó puestos en pie los participantes, el SI JURAMOS de Emilio Romero.
A continuación y después de la cena de Hermandad, donde se subastó uno de los bastones de mando del Caudillo donado por su hija, intervinieron dos jóvenes responsables en la organización: Miguel Menéndez Piñar y Pilar Pérez García “Pituca” que enardecieron con sus palabras a los asistentes, , dejando constancia que el espíritu del 18 de julio sigue latente en la juventud española.
Concluyó esta parte el Vicepresidente Ejecutivo Jaime Alonso, dando las gracias a los presentes y a las personalidades homenajeadas y justificó con sus palabras precisas y concretas el “Derecho al Alzamiento” lema que presidia el acto.
Seguidamente se celebró un homenaje a las diferentes personalidades que han sido nombrados Caballeros y Damas de Honor de la Fundación, a los que se les entregó por la Duquesa de Franco el Diploma de su nombramiento y entre los que se encontraban: Licinio de la Fuente, José Moscardó, Pilar Primo de Rivera, Josa Millán Astray, Aquilino Duque, Luis Sanguino, Ángeles Villarta y Augusto Pinochet.
 
Como agradecimiento intervinieron Augusto Pinochet Molina, nieto del General Pinochet, quien dedicó unas palabras muy emotivas de agradecimiento a la Fundación , al Generalísimo Franco y a España y por último, Licinio de la Fuente hizo vibrar a los asistentes con unas magnificas y encendidas palabras sobre su experiencias como Ministro de Franco y dedicó su disertación a elogiar su figura. Agradeció el nombramiento a la Fundación refiriéndose a ella como una de las distinciones que con más cariño e ilusión acogía.
Por último y todos en pie, se volvió a cantar el Himno con la letra de José Mª Pemán
 
Luisa María Payán recita el Juramento en el homenaje y desagravio a la Bandera
Miguel Menéndez Piñar en su intervención.
 
18 de Julio de 2012. Palacio de Congresos. “El Derecho al Alzamiento”
Miguel Menéndez Piñar
“Un pueblo amenazado o víctima de una agresión injusta, si quiere pensar y obrar cristianamente, no puede permanecer en una indiferencia pasiva”, nos dijo el Papa Pío XII a los españoles y nos sirve hoy para explicar el lema de este acto: “El Derecho al Alzamiento”.
Pero, ¿qué es el Derecho al Alzamiento? ¿Por qué el 18 de Julio de 1936 existió el derecho al alzamiento? Y, por último, ¿fue positivo ejercer el derecho al alzamiento el 18 de Julio?
El derecho al alzamiento es la facultad que tienen los pueblos para rebelarse contra una situación que atenta directamente contra la unidad, la esencia y la independencia de la Patria. Y este derecho queda consagrado a lo largo de los siglos de nuestra gloriosa historia donde el pueblo español supo actuar como tal. Queda consagrado también en la misión y destino de nuestros ejércitos. Pero queda consagrado, sobre todo, en la Doctrina Tradicional de la Iglesia que nosotros profesamos. Porque, sencillamente, nosotros, hombres de Fe, veneramos a los santos que nos dieron ejemplo de caridad, como la Madre Teresa de Calcuta; que nos dieron ejemplo de pobreza, como San Francisco de Asís; que nos aportan luz, como Santo Tomás de Aquino; que nos ayudan a confiar en la Providencia, como San Isidro. Pero también aquellos que se santificaron empuñando la espada para defender la Fe y la Patria, el Altar y el Hogar, como San Fernando, San Luis, Santa Juana de Arco o, recientemente, Antonio Rivera, “el Ángel del Alcázar”, que animaba a disparar diciendo “tirad, pero tirad sin odio”.
Pero, ¿qué pasó el 18 de Julio para que se pusiera en marcha un Alzamiento Nacional? Conviene repasar la historia y tener memoria de lo ocurrido, sobre todo en los tiempos de la calumnia y la mentira que nos ha tacado vivir. España venía de un proceso decadente de más de un siglo, desorientada y desubicada, sin encontrar su esencia. La Segunda República nos trajo un proceso revolucionario marxista para dilapidar definitivamente a España. Trataron de arrancar la Fe del pueblo, con la persecución religiosa más cruel de la historia de la Iglesia. Romper nuestra unidad, política y social, con los separatismos y la lucha de clases. Y regalar nuestra soberanía y nuestro oro al poder soviético. El Derecho al Alzamiento se ejerce el 18 de Julio de 1936 y la España auténtica se levanta en armas frente a la situación de caos y descontrol. El Alzamiento llevó hasta el extremo las cuatro virtudes esenciales del pueblo español: La Fe, el Patriotismo, el Valor y la Unidad.
- La primera de estas virtudes es la Fe, la Fe Católica de España. Fue, el 18 de Julio, el inicio de un Alzamiento bélico ajustado clarísimamente al derecho cristiano. Por eso, lo recuerde o no el pueblo, lo recuerde o no la jerarquía de la Iglesia, la guerra de 1936, fue una cruzada, una cruzada por Dios y por España, donde dio su vida la mejor generación española de todos los tiempos. Una Cruzada que fue precedida y compaginada por una persecución religiosa, asesinando por odio a la Fe a trece obispos y cerca de siete mil sacerdotes y religiosos. Miles de edificios eclesiásticos quemados, santuarios arrasados y hasta profanación de cementerios por las bestias rojas, hoy camufladas en sindicados subvencionados, asociaciones de los “deshechos” humanos, “plataformas contra la intolerancia” y abanderados de la democracia “de toda la vida”. A un lado, en 1936, los gritos blasfemos, de odio y de rencor contra el Cielo. En el otro, la Fe, la Fe Católica, la conjugación cristiana del amor y la guerra, vivando a Cristo Rey y confiando en las fuerzas que vienen de lo Alto. Frente a Santiago Carrillo y sus matanzas de Paracuellos del Jarama nos dejó José Antonio, en un párrafo de su testamento, el deseo de que su sangre “fuera la última que se vertiera en discordias civiles”.
- La segunda virtud que hizo posible el 18 de Julio fue el ejercicio práctico, constante, del patriotismo. Un patriotismo llevado hasta el sacrificio supremo, porque en 1936 el pueblo español fue consciente del ataque perverso que desde el comunismo apátrida y la derecha liberal y burguesa se estaba llevando a cabo para la destrucción de la Patria. Y mientras en un lado, el oro de nuestro patrimonio nacional se entregó a Rusia o a Méjico, y que jamás nos devolvieron, en el otro, eran las gentes sencillas y humildes de España, quienes despojándose de sus pertenencias, entregaron, voluntariamente, lo poco que tenían para la Causa Nacional. Fue la encarnación viva de la consigna: ¡todo por la Patria!. Un patriotismo vertebrado en el amor más profundo por la estirpe, por la sangre, por la cultura, por la historia y por la religión de nuestro pueblo.
- El valor demostrado en nuestra Cruzada Nacional, por aquellos hombres, paradigmas del valiente cruzado, es una virtud, no sólo de la guerra, sino también de la Victoria. “¿Dónde van estos locos? -se preguntaban los rojos hace hoy más de 75 años- si nosotros tenemos todos los medios, la aviación, la armada y el oro”. El Caudillo Franco, sólo supo decir: “lo tenéis todo menos la razón. Nosotros tenemos la Fe en la Victoria.” En aquellos años, las gestas intrépidas por la Causa Nacional se cuentan por miles. Quedan escritas en el libro de la historia, miles de épicos hechos y miles de héroes españoles. Por ejemplo, la victoria alcanzada por don Teodosio Herrera Fuente, requeté defensor del Santuario de Covadonga, que voluntariamente se enfrentó en solitario a quince milicianos en aquellas memorables montañas. O la defensa hasta la muerte del Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza. O la hazaña inigualable del Alcázar de Toledo, donde el Coronel Moscardó, junto con sus hombres, resistió la embestida roja de fusiles, cañones, bombardeos y minas durante 70 días. Mientras los rojos huían al extranjero, el Coronel Moscardó arengaba a su hijo Luis para que tuviera el valor de morir por España.
- Junto a la Fe, al Patriotismo y al Valor, la Unidad. La unidad cierra el eje fundamental de las virtudes que nos sitúan en el Alzamiento Nacional del 18 de Julio. La unidad que bien se dice, hace la fuerza, se dio, con todo su esplendor, entre las tropas acaudilladas por Francisco Franco. Era el gran pueblo español quien se levantada bajo el liderazgo indiscutible de quién hoy aquí nos congrega. El Movimiento Nacional al que se unía el Caballero Legionario y el obrero de la fábrica, el falangista valeroso y el oficial del ejército, el carlista catalán, vasco o castellano y el Guardia Civil que muere pero jamás se rinde. En el caso de España, son válidas las palabras del Evangelio, “quien no está conmigo, está contra mí”. Qué bien sintetizó la unidad don Manuel de Góngora,
mientras España exista
y rece y jure en español su credo,
siempre habrá en Somosierra un falangista,
un requeté en Navarra y un cadete en Toledo.
Valió la pena, por supuesto, ejercer el derecho al Alzamiento. Se derrotó al comunismo, venció España a la antiespaña y se pudo reconstruir una Patria Grande y Libre. Fue Francisco Franco, no lo olvidemos, quien comandando a un pueblo de virtudes tan excelsas, logró en pocos años poner en marcha la agricultura y la ganadería, aprovechando el clima y la tierra productiva de España. Creó el Instituto Nacional de la Industria, para el fomento de un motor económico potente de empresas e industrias de primer nivel. Elaboró, reconoció y protegió al trabajador, ya en plena guerra, con unos derechos sociales únicos en el mundo. Fundó e implantó la Seguridad Social, teniendo todos los españoles una sanidad gratuita y de calidad con unas cotizaciones que fueron la envidia del mundo. Hizo que el pueblo de verdad estuviera representado, con la “Ley Constitutiva de las Cortes”, por cauces directos y naturales con los Consejeros Nacionales, los presidentes de altos organismos, los sindicatos verticales, por sectores y gremios, los representantes de la familia, los rectores de universidad, los presidentes de instituciones culturales, los presidentes de asociaciones y colegios profesionales. Mantuvo la paz y el orden durante cuarenta años, algo jamás repetido en la historia de España.
Y de todo eso hemos vivido hasta ahora, de las rentas del franquismo que se han acabado después de más de treinta años de estafa democrática. Lo estamos sufriendo en la España de hoy. No tenemos paz ni orden y sólo hay que mirar las noticias para darse cuenta. El pueblo no tiene ningún cauce de representación, salvo depositar cada cuatro años una papeleta en una cloaca. Con esa papeleta, se autoriza la corrupción, la mafia política de unos partidos que están enterrando todo lo que ganamos después de mucho esfuerzo y sufrimiento. ¿Qué decir de la Seguridad Social? Absolutamente quebrada, ya están en marcha las medidas para el copago, desestabilizando a las economías más humildes, y nadie tiene asegura su pensión. Los derechos sociales, la protección laboral, es ya historia. Ahora manda un capitalismo socialista, diseñado por este sistema democrático, retirando la paga extra de navidad y pronto, también, la del 18 de Julio que, todos, socialistas y liberales, quieren recibir aunque sean antifranquistas. ¿Y el Instituto Nacional de la Industria? ¿Dónde han quedado las empresas nacionales que creó Franco? Fueron privatizadas unas, vendidas otras a capitales extranjeros y algunas simplemente liquidadas: ENDESA, privatizada por Aznar, donde curiosamente ahora es consejero cobrando 300.000 euros al año. SEAT o PEGASO, vendidas por la democracia, o la liquidación de astilleros, empresas textiles o industrias pesadas. Sin hablar de la agricultura o la ganadería, deshechas a instancias de la Unión Europea, dejando nuestra tierra sin cultivar a cambio de un puñado de euros de subvención.
Ante la situación crítica de la España actual, la lealtad nos exige defender el 18 de Julio, la liberación nacional que supuso y la Victoria que nos trajo el Caudillo de España, Francisco Franco, la espada más limpia de Europa. Enarbolemos esa Bandera, la Bandera de la Lealdad y el Honor frente a la cobardía y la traición. Fue necesario el 18 de Julio. Fue obligatorio ejercer el Derecho al Alzamiento. Todos los españoles salimos ganando de aquella Victoria.
Juremos, como lo hicieron nuestros héroes y nuestros mártires del 18 de Julio, no abandonar jamás la Fe Católica, el Patriotismo, el Valor y la Unidad para reconquistar nuevamente nuestra Patria. Y pese a las mentiras de la memoria histórica, estemos orgullosos de nuestros Caudillo,
Francisco Franco, ¡presente! ¡Arriba España! ¡Viva Cristo Rey!
María del Pilar Pérez, Pituca,  en su intervención.
 
DISCURSO DEL ACTO DEL 18 DE JULIO DE LA FNFF
María del Pilar Amparo Pérez García, Pituca
Nos hemos reunido hoy aquí un grupo de los mejores españoles que quedan en nuestra Patria. Por encima de lo políticamente correcto, tenemos siempre como norte a Dios, a España y a su verdadera Historia. No nos hemos dejado intoxicar por años y años de mentiras, falsas promesas y demagogias. No nos hemos dejado engañar por la continua y agresiva campaña de tergiversación que se ha venido realizando en estos años, trivializándolo todo, manipulando al pueblo, de tal manera que se le ha hecho creer que la verdad es la mentira, y que la mentira es la verdad, que los malos son los buenos y los buenos son los malos.
Queremos dejar claro que uno de los momentos más importantes de la historia de España se forjó aquel 18 de julio de 1936. Es un hito histórico comparable, por ejemplo, al 2 de mayo de 1808, aunque hoy en día haya sido satanizado. Por eso estamos aquí, contra viento y marea para, con nuestra presencia, reafirmar los valores que han arrinconado pero que son los que históricamente hicieron la Patria Grande, Libre y Unida.
La Unidad es la Fuerza, la disgregación es la derrota. En nuestros días, esta afirmación se cumple más que nunca. Cuando España ha estado unida, ha sido cuando ha hecho Historia y mejor han estado los españoles. En momentos de decadencia, los individuos se vuelven egoístas, disolventes, vuelven a sus aldeas, vuelven a sus terruños, y se olvidan de la gran empresa universal que es España.
Ha habido muchos momentos en la historia de España similares al actual, en los que parecía que era imposible una solución. Antes de los Reyes Católicos, la situación era caótica. Acercándonos a la época contemporánea, en los años anteriores a Miguel Primo de Rivera se llegó a una situación insostenible, y lo mismo sucedió antes del 18 de julio de 1936.
Cuando España ha salido adelante en momentos y ocasiones memorables, graves y grandes, como la Reconquista, la Guerra de la Independencia o la Cruzada de Liberación Nacional, no ha sido nunca dividida en infinidad de facciones, sino unida con un solo grito y con un solo afán: ¡Santiago y Cierra España!, ¡Desperta Ferro!, ¡Viva Cristo Rey!, ¡Arriba España!
Han pasado 76 años desde aquel 18 de julio en el que unos españoles de bien se rebelaron contra la anarquía, corrupción y demagogia imperante, y con su arrojo y con su sangre escribieron una página gloriosa en la Historia de nuestra querida Nación. Muchos jóvenes, dejándolo todo: familia, hogar, esposa o novia… acudieron a luchar por una Patria que estaba en peligroso trance de desaparición. Y supieron batallar y supieron morir y supieron vencer… Con su sangre y esfuerzo consiguieron poner orden en España impidiendo que se convirtiera en un país ateo, materialista y satélite de la URSS, con todas las consecuencias que esa maldición nos hubiera traído.
Franco arengó a los combatientes con estas históricas palabras: “Cuando se lucha en las trincheras como se lucha, cuando se muere en los frentes como se muere, cuando se defiende a España como la defienden Falangistas, Requetés y Soldados, hay una Raza y hay un Pueblo.”
Durante 1.000 largos días, España se tiñó con la sangre generosa de estos jóvenes que, encuadrados unos en el Ejército regular, en la Legión y en las Milicias Nacionales de la Falange y del Requeté, y otros luchando y sufriendo persecución en la retaguardia, como las grandes mujeres de la Sección Femenina, que tanto en la guerra como en la paz, supieron recobrar para nuestra Patria la Dignidad perdida, y la Unidad, Grandeza y verdadera Libertad, sin importarles nada su comodidad y anteponiendo a su egoísmo la heroicidad de su sacrificio en la lucha, día tras día, hora tras hora, minuto tras minuto… eternos minutos de encarnizada lid por un ideal superior. Benditos minutos…
113.178 Caídos por Dios y por España, según constan con nombres y apellidos en el Santuario de la Gran Promesa de Valladolid: miles de mártires que lo dieron todo y que hoy en día quieren ser olvidados. Es una apostasía cobarde de quienes se avergüenzan de sus mártires poniéndoles la losa del silencio, por razones de venganza o de oportunidad política. Quien reniega de sus mártires, los somete a un segundo martirio y comete un crimen abyecto de cobardía moral. Sin olvidar a los cientos de miles de heridos y damnificados en esa gloriosa Cruzada, que dan fe de la magna empresa que acometieron.
Igualmente, es de justicia recordar a esa generación de españoles que, en momentos muy difíciles para la Patria, supieron trabajar cada uno en su puesto para elevar a España hasta la octava potencia industrial del mundo. A esos jóvenes que formaron en el Frente de Juventudes, a esos hombres y mujeres que desde su puesto en la sociedad lucharon a brazo partido por sus semejantes, sin conocer la corrupción ni el egoísmo, unos desde los puestos del Gobierno, otros desde los lugares más humildes que se pueda imaginar. Pero toda una generación de héroes anónimos que colocaron a España en el lugar más alto. Todos ellos dignificaron el Régimen del 18 de julio que capitaneó admirablemente el Caudillo
El sacrificio que realizaron estos valerosos héroes para que las generaciones venideras pudieran vivir en paz y trabajo, en la actualidad se está viendo truncado de una manera descarnada por parte de los que, por un lado, sólo saben vivir de la venganza y los peores instintos de la anti-España más ruin y arcaica y, por otro, de los que han consentido que se llegue a esta situación por su cobardía, apostasía y traición, disfrazado todo ello en lo que se ha venido en llamar “oportunidad política”, “conformismo” o “complejo”. Este estado de cosas que estamos viviendo es, sin lugar a dudas, muy grave y se parece mucho, por desgracia, a la situación de 1936.
Con este acto queremos dejar muy claro, que el 18 de julio está más vivo que nunca y la sangre de los que hicieron posible una nueva España de Orden, Justicia Social, verdadera Libertad y Unidad no admite ni entreguismos ni componendas cobardes.
Debemos seguir a los poetas, a los hombres de Alma limpia, a los hombres que miran al cielo… A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡Ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete!
Os animamos por ello, a que apoyéis iniciativas como las de la Fundación Nacional Francisco Franco, que es una isla en medio de la cobardía, la venganza y el rencor que nos rodean. Solo empresas serias y comprometidas conseguirán que, algún día, podamos ver que nuestros balcones están cubiertos con la enseña nacional, no solo con motivo de un partido de fútbol sino porque, con el esfuerzo de todos, habremos vuelto a recuperar España. Debemos confiar, tenemos que luchar, ya que estamos seguros que volverán banderas victoriosas…
Las siguientes palabras del Caudillo parecen pensadas para todos nosotros: Sois la más fiel expresión de la hidalguía española. Vosotros que no tenéis taras políticas, que estáis totalmente limpios de los pecados que llevaron a España a la situación caótica que sufrimos, seréis los verdaderos regeneradores de la Patria. Vosotros devolveréis a España su grandeza.
No tengamos dudas, como dijo Oswald Spengler: “Siempre ha sido un puñado de soldados el que, en último término, ha salvado la civilización”.
Tengamos presente estas palabras de José Antonio que, como un dardo, llegan directamente al corazón:tenemos sobre nuestras cabezas una lona y, frente a nuestra mirada, un mar azul y transparente. Hagamos de esta lona una vela navegante y lancémonos de nuevo por el mar a la conquista de las empresas imperiales.
Esa es la esperanza que nos mantiene con fuerza para, sin complejos y sin cobardía, poder seguir avivando la llama y gritando con el orgullo y la valentía que otros no tienen: ¡Arriba España!
Intervención del exministro Licino de la Fuente
El general Blas Piñar Gutiérrez lee una carta de su padre, Blas Piñar López.
 
EN LA CONMEMORACIÓN DEL 18 DE JULIO

General Blas Piñar Gutiérrez: Palabras de Blas Piñar López
Queridos amigos:
Repito hoy lo que escribí no hace mucho tiempo: Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza y las naciones se han hecho a imagen y semejanza del hombre; pero con una diferencia, que tiene alcance político: el hombre fue creado inmortal en el Paraíso, y las naciones no tienen garantizada la inmortalidad.
Los hombres pueden acudir al médico para curar sus enfermedades, o empuñar un arma para defenderse del enemigo. Pues bien, las naciones necesitan médicos que las curen cuando pierden la salud, y cirujanos que utilicen el bisturí para salvarles la vida.
Al amparo de esta realidad queda justificado, por lo que hace relación a España, al Alzamiento cívico-militar del 18 de julio de 1936, que ahora conmemoramos. Agradecemos a Dios, que un hombre, para nosotros inolvidable, se pusiera al frente del mismo. Me refiero a Francisco Franco, a quien la Providencia dotó de las virtudes y cualidades que ha de tener el cirujano que va a operar con urgencia a una nación, que pedía de modo acelerado su razón de ser, es decir su unidad, su identidad, y su quehacer en el futuro.
El Movimiento no fue un golpe de Estado, ni el comienzo de una guerra “incivil” y fratricida, sino un enfrentamiento histórico entre la civilización cristiana y sus enemigos. ¡Cómo lo recordaron: Franco en su testamento, alertándonos a los españoles sobre la perpetuidad del combate, y el cardenal Gomá, al pedirnos que la sangre vertida en la contienda nos urgía a mantener la guardia!
Basta lo que acabo de deciros para señalar las causas de la dramática situación presente: la secularización de la Cruzada, el cansancio de los buenos, la ruptura disfrazada de reforma, la coautoría pactada con el adversario desde el interior del Régimen que tuvo su origen en el 18 de julio, para arrancarlo como una simple hoja de almanaque y tirarlo después a la basura.
Sucedió y sucede todo esto en una España víctima de la cultura de la muerte; del separatismo que utiliza tanto el dolor como la violencia y estimula el Estado fallido de las autonomías políticas; de una corrupción generalizada que nos lleva a la ruina; de una instituciones sin prestigio; de un endeudamiento fabuloso; de un desempleo creciente; de n descenso de la natalidad que nos deja sin generación de repuesto; de la venta del oro a un precio ridículo; del desmonte y parálisis de la industrialización a cambio del ingreso, no en la Europa de la patrias, sino en la Europa de los mercaderes; del abucheo impune de los símbolos nacionales, y de la supresión del servicio militar obligatorio, al que sustituye un Ejército muy costoso y reducido que sirve a intereses ajenos.
Pues bien, los que estáis reunidos en este momento, y yo, con vosotros, desde lejos, no nos limitamos a la denuncia, sino que con fe, con esperanza, y con un profundo amor a España, alzamos la voz para decir que tenemos la conciencia tranquila; y por dos razones: la primera, porque hemos hecho todo lo posible para evitar lo que hoy ocurre; la segunda, porque unto a la pura crítica, que es fácil, levantamos una bandera positiva, y convocamos a quienes, estén políticamente donde estén, se den cuenta de que esta crisis tam amplia y transcendente, no es de los gobiernos, ni del partido socialista, ni del partido popular, ni de sus adláteres, sino que es una crisis del Sistema, de su filosofía liberal y marxista, que fue superada por el Alzamiento del 18 de julio con la Victoria del 1 de abril de 1939.
La Fundación Nacional Francisco Franco y entorno a ella, nos agrupamos con estas consignas: ¡Por la “España unida y en orden”, con paz y trabajo, de los Reyes Católicos; por “Dios, por la Patria y la Justicia”, como dijo Franco en su discurso de Zamora! ¡Viva Cristo Rey! ¡Arriba España!
Luis Felipe Utrera-Molina trae el saludo e intervención de su padre, el exministro falangista Utrera-Molina.
 
RAZÓN DEL 18 DE JULIO
Intervención de Luis Felipe Utrera-Molina Gómez: José Utrera Molina
Me corresponde el honor de representar a mi padre, José Utrera Molina, que por prescripción médica y también familiar se encuentra completando su convalecencia cerca del mar, refugio de poetas como él, pero que no ha querido dejar de apoyar con su palabra y u espíritu el acto de esta noche cuya significación corre por sus venas desde su infancia.
Aunque son muchos y variados los méritos de las personas a quienes la Fundación rinde hoy merecido homenaje, mi padre –y también mi madre que me lo ha pedido con insistencia- al saber que entre los homenajeados se encuentra Licinio de la Fuente, no han querido dejar pasar esta ocasión para rendir el tributo de la admiración que merece y de la justicia a la que se ha hecho acreedor. La circunstancia de hacer compartido con él como subsecretario una inolvidable etapa en el Ministerio de Trabajo, le permiten glosar en alta voz y con justicia sus innegables méritos al servicio de España, sus acreditadas virtudes y la enorme grandeza de su corazón, por lo que te envían su más fraternal y entrañable abrazo esta noche.
Palabras de don José Utrera Molina:
Yo nací en los albores del 18 de julio, tenía en aquella fecha tan solo diez años, pero tengo que confesar que aquel acontecimiento tan históricamente importante rompió mi infancia y me incorporó ya al riesgo de la madurez.
Había sufrido en Málaga todo lo que había supuesto de ruptura el triunfo del Frente Popular en la ciudad. Nada de transigencia sonriente, nada de belicosidad caballeresca, nada que pudiera presumir un noble fondo de humana consideración. Quieran o no los que ahora han olvidado o, mejor dicho, han perdido la memoria de aquel día, al menos muchos hombre en cuya existencia estuvo grabado el sentido del deber nos revelamos contra la sectaria y vil manipulación de la Historia. Mi edad no consiguió de momento penetrar en el fondo de aquella terrible contienda, pero había tenido la suerte con muy poca edad, de tratar hombres jóvenes que anunciaban con sus palabras la posible proximidad de una nueva primavera. El 18 de julio fue para unos la posibilidad de enterrar a España y destruir sus cimientos milenarios y para otros la erección de un nuevo monumento a la esperanza y a la reconciliación.
He vivido durante toda mi ya larga vida el espíritu que se desprendió de aquel 18 de julio. He negado hasta la saciedad los torpes argumentos que querían convertir esa fecha en una militarada al estilo de siglos anteriores. Sufrí en mi propia carne la desgarradura dramática de una familia que perdía a uno de sus miembros defendiendo hasta la muerte las ideas del 18 de julio, mientras que su hermano era Gobernador Militar de una provincia cercana bajo el dominio rojo. Viví intensamente todo lo que aquel proceso histórico significaba. Ahora lo considero alejado de la cólera dialéctica que acompañó algunos de mis pasos en mi ya lejana juventud. Declaro aquí que el 18 de julio fue un acto necesario, Franco recogió el inmenso clamor de una España dolorida y rota, para convertirla años después, en una nación en marcha que trataba de recuperar su destino.
Hoy estoy imposibilitado para hablar personalmente ante vosotros por una circunstancia fortuita que reduce mi movilidad pero que no ha nublado mi cabeza. Lo hace en mi nombre – y estoy orgulloso de ello-. Uno de mis hijos, que comparte la firmeza de mi ideal y la disciplina de mi propia conducta. A él le debo la certidumbre de que aquel espíritu lejano, creador y luminoso del 18 de julio no muera en los caminos de la sangre de mi gente más próxima.
Hoy, alejado ya en el tiempo de aquella coyuntura, me siento delirantemente identificado con aquel grito, con aquel clamor, con aquella encendida esperanza que al menos en mí no ha muerto. Cuando Franco me llamó para indicarme mi nombramiento de Ministro de la Vivienda, le dije –quizás con un tono de excusa- que no era merecedor de una responsabilidad tan importante, pero que cumpliría con mi deber poniendo mi alma en la tarea que se encomendaba y añadí: “Soy falangista y como tal sirvo al Movimiento Nacional, pero no quisiera perder nunca la identidad a las ideas que he proclamado siempre.” Franco me miró, como era su costumbre, profundamente y me dijo: “Hace Vd. muy bien”.
De aquellas horas me distancian muchos años. Aquel que fue Caudillo de todos los españoles ha sido vil y cobardemente atacado incluso por muchos de los que fueron sus correligionarios. Pero yo he conservado, como mi mejor blasón, la lealtad al hombre que hizo posible el recobrar la dignidad a una España desesperada. Esta lealtad me consume y alimenta y esta noche quisiera trasladarla a todos vosotros, porque es cierto que con ella se vive en plenitud. La cobardía, no solo mata la fe, sino que destruye el resto de dignidad que un hombre pueda tener.
Lamento no estar esta noche entre vosotros, pero en la distancia os recuerdo y me alineo con vosotros con el mismo grito que amaneció mi infancia dolorida: ¡¡¡Arriba España!!!
Augusto Pinochet interviene, tras recoger la distinción para su abuelo, el general Pinochet.
 
 
Ana Palacios y Wenceslao Pérez animando el acto.
Intervención del vicepresidente ejecutivo Jaime Alonso.
 
 
Intervención del vicepresidentre ejecutivo de la FNFF
 


Jaime Alonso
Excelentísima Duquesa de Franco, Ilustres miembros de la Junta Directiva y Patronos, señoras y señores que con vuestra presencia, hoy aquí, conmemorando el 18 de Julio, acreditáis el honor , el valor, la dignidad y ausencia de comodidad necesarias para que todavía pueda confiarse en que el rescoldo de lo que fue una Nación Imperial y civilizadora permanezca dispuesta a incendiar el nuevo ser permanente de España.
Con un extenso párrafo de gracias, aunque ello no corresponda al laconismo militar de nuestro estilo, debo comenzar mi intervención, por ser de justicia y necesario reconocimiento a que, si este acto ha sido posible, se debe al tesón, esfuerzo, sacrificio y buen hacer organizativo de Ricardo Alba, nuestro Secretario General, a Pituca, a Emilio de Miguel, a Carlos Gúzman, a Josefo, Juan Bautista, Vanini, equipo de redacción de la Fundación y todos los jóvenes colaboradores con la familia Palacios al frente. Todos han hecho posible este acto tan entrañable, para que Wenceslao y Luisa María Payán pudieran hacer el resto. Gracias a la presencia de las distintas organizaciones, fundaciones y hermandades que forman la gran familia del 18 de Julio aquí presentes, y con las que debemos abrazar el futuro.
Hemos iniciado el acto con la liturgia poética debida a nuestros héroes, caídos por Dios y por España, a la bandera que nos representa y a la Nación a la aspiramos a servir, por la que deseamos sacrificarnos, y de la que recibimos el legado histórico de convivencia y futuro de la generación del 18 de Julio.
Después de treinta años, volvemos a conmemorar la efemérides del 18 de Julio de 1936, por tres fundamentales razones. La primera, es debida a lo que el Alzamiento del pueblo y ejército español contra la ilegítima, en origen y ejercicio, II República, contra el proceso de bolchevización de nuestra patria y contra el proceso de degradaciónpermanente al que había sometido el liberalismo durante dos siglos a nuestro pueblo, supuso. Por ello, lo consideramos como el acontecimiento más importante acaecido en España en el siglo XX. La segunda, por ser la fecha en que comienza la refundación de España como nación, similar y asimilable a la toma de Granada por los Reyes Católicos; al 2 de Mayo, Guerra de la Independencia, contra la invasión napoleónica. Fue, es, el tercer hito fundacional de la historia de España, el tercer intento sangriento de ser ella misma, consustancial a sus sentimientos y acorde con su historia. La tercera, por que no sólo se gana una guerra, se consigue algo, aún más importante, ganar la paz, la justicia social y el progreso de todos los españoles, como nunca antes se había conocido. Y todo ello al margen del viejo, falso y caduco sistema liberal, de partidos políticos, de división de poderes, de libertades formales, de soberanía del pueblo. En 1812 habíamos ganado la guerra al invasor, y afirmado la independencia y soberanía de la nación, pero habíamos perdido la batalla de las ideas. Aceptamos como ineludibles los principios de la revolución francesa y con ello nuestra decadencia y desintegración. Había prevalecido el ser del pueblo español en el campo de batalla, y se había esfumado la conquista al aceptar el no ser de nuestra tradición histórica, con las ideas falsas, perniciosas, degradantes, antinaturales, antisociales y corruptoras del enemigo derrotado.
Por el contrario, el Estado que surge del 18 de Julio, gana la guerra y gana también lo más importante, la batalla de las ideas, y la paz y el progreso que esas ideas comportan. Nada importó, mientras vivía Francisco Franco, que fuéramos un oasis en medio del desierto, una isla rodeada de tiburones, una nación aislada en el concierto de los intereses ajenos, una democracia participativa y real, frente a las democracias formales subvencionadas. Ellos tenían ONU, nosotros teníamos DOS, ellos tenían el Plan Marshall, nosotros teníamos un pueblo que, como siempre había sido al sentirse bien mandado, emprendedor, austero y genial. Salimos en treinta y seis años de ser el país más atrasado de Europa a ser la 8ª potencia industrial del mundo. Obviamente todo ello se consigue sin el viejo sistema caciquil del liberalismo partitocrático. O mejor, como ejemplo de que es necesario elegir, o una cosa o, la otra, pues la incompatibilidad se ha vuelto a hacer manifiesta.
Comprenderéis ahora la razón de la Ley de Memoria Histórica. ¡Borrar esa odiosa comparación!. Ya Azaña sostenía que “España debía emanciparse de su Historia”. Así sería más fácil su desintegración colectiva. Orwell sostenía que “quien domina el pasado, domina el presente y quien domina el presente, puede decidir el futuro”, en un acertado análisis de lo importante y conveniente que resulta a los pueblos conocer su historia. Hemos perdido nuestra libertad a base de acumular ignorancias. Los que han trabajado por la Reforma Política en España, hoy es fácil constatar, han arado en el mar.
Nuestra misión consiste en despertar al pueblo español, señalándole el camino reciente de lo que fuimos y en lo que nos hemos convertido, por las mismas políticas que nos habían arruinado en el pasado y que han vuelto a hacerlo en el presente. No podemos seguir en la oscuridad de la noche, caminando con un candil a la espalda. No debemos seguir buscando, como pretende el sistema instaurado en 1978, en un cuarto oscuro, con unas gafas de sol, buscando un sombrero negro, que no está allí. Es preciso e ineludible explicar al pueblo español LO QUE FUIMOS. EN QUE NOS HEMOS CONVERTIDO Y A DONDE VAMOS. Hay que evitar de manera pacífica que nos precipitemos al abismo. Pero señalando de manera rotunda cual es el camino que queremos y debemos recorrer.
El sistema actual está muerto, lo han matado los propios precursores del mismo. Y ya sólo hace falta el certificado de defunción. Pero resulta imprescindible, por un elemental principio de higiene política, y de justicia histórica que quienes han contribuido a la defunción del sistema, no sean la solución del futuro, pues estaríamos perdidos. La solución no puede estar en las “nuevas máscaras” del viejo totalitarismo socialista, ni en el oportunismo de los viejos liberales sin principios.
El epitafio del fin del Sistema lo anunció Mariano Rajoy en la última sesión del Parlamento, al decir circunspecto: “ Los españoles no podemos elegir si hacemos o no sacrificios. No tenemos esa libertad”. Entonces, ¿quien nos ha privado de esa libertad y soberanía a la que no hemos renunciado?. ¿Quien nos ha consultado al respecto?. ¿Donde queda el viejo axioma del liberalismo democrático de que el pueblo es soberano?. ¿Cual es la función del Parlamento español?¿El mandato otorgado en las urnas cede hasta tal punto nuestra libertad y soberanía que permite que nos encaminemos hacia el sacrificio, antesala de la miseria, sin que la estructura y corrupción del Estado sufra el mismo quebranto?. La paciencia del pueblo español y la confianza en sus dirigentes se ha agotado irremisiblemente. Otros hombres y otro régimen debe encarar el futuro con los retos y dificultades que corresponden, pero con la confianza que se generó en el pasado cuando el pueblo se sintió honesta y cabalmente mandado.
¿VALIO LA PENA?. No en condicional y con interrogación, sino en presente de afirmación. Ese es el acertado diagnostico que, sobre la vida de Ministro en España, en la Era de Franco, hace uno de nuestro homenajeados hoy con la distinción de “Caballero de Honor” D. Licinio de la Fuente. Nadie mejor que él para pronunciar tal aserto. Fue paradigma de una época, quintaesencia de un modo de hacer política. Ejemplo de democracia meritocrática. De origen y espíritu humilde, de ahí su sabiduría, llegó con su esfuerzo e inteligencia a las más altas cotas del poder político, siendo Ministro de Trabajo, sin que admita, siquiera comparación, con los actuales ministros del paro. Viendo y estudiando lo realizado en aquella época y, sin necesidad de odiosas comparaciones, con el presente claro que valió la pena Exmo. Sr. D. Licinio de la Fuente y le damos las gracias por su contribución.
Valió la pena. Ya no pueden decir que el progreso de la España de Franco es un hecho puntual y forzoso. La comparación en años y herencias recibidas, desmonta cualquier falacia al respecto. Un pueblo de inventores y grandes emprendedores no puede encorsetarse en el fatalismo de Rajoy. La capacidad del pueblo hispano cuando un ideal lo ilumina, queda elocuentemente reflejado en la historia, aunque a veces parezca que al haber servido nuestro pueblo un ideal absoluto, nos resulta imposible contentarnos con ideales relativos de riqueza, cultura, seguridad o placer con que otros pueblos se contentan.
Valió la pena. Porque la España diversa, la del Greco y la de Goya, la de D. Quijote y la de Sancho, la del espíritu y la materia, ambas formando parte de la misma irredenta España, plantean la cuestión de decidir sobre quien debe gobernarla; si los mejores talentos o los mejores talantes; si los más capaces o los más listos; los más honestos o los más demagogos; los designados por los partidos o los designados por sus méritos; desde los partidos o desde la sociedad civil; desde los suspiros o desde los insultos.
Valió la pena. Porque sólo desde la libertad sin adjetivar, la sociedad no se une en comunidad de afectos, ilusiones compartidas o proyecto histórico. Nuestra comunidad no es sólo territorial, sino espiritual. Es en el espíritu donde hallamos, al mismo tiempo, la comunidad y el ideal. Y es la historia quien nos lo descubre.
Y valió la pena. Querido Licinio y amigos aquí presentes, porque en el final de este ciclo vital de España, en esta futura “Rebelión del Instinto”, sino lo remediamos, el pueblo español encarnará de manera definitiva y será destinatario de la tragedia griega reflejada en el “Mito de Síssifo”. Seremos un pueblo condenado a perpetuidad y por nuestros pecados, a subir ciegos a lo alto de la montaña una pesada piedra a nuestra espalda, para que, sistemáticamente y cada vez que llegue a la cumbre, vuelva a rodar hasta la base. Y así, sin posibilidad de remisión, hasta el fin de los siglos, sin obtener ni la compasión materialista de la propia conciencia, sin esperanza de redención, sin posibilidad del suicidio de Albert Camus.
Como valió la pena. Y como nos negaremos, una vez más, al determinismo ajeno que nos convierta en Síssifos, levanto, ante vosotros, la bandera de la esperanza, de la libertad, de la justicia y de la dignidad indeleble con que el pueblo español se condujo en los peores y más dramáticos periodos de su historia, una de cuya efemérides hoy conmemoramos. Ánimo y adelante. ¡Arriba España!
 
Imagen de la Misa por los Caídos celebrada en Madrid.
 






La Historia Oculta del Régimen Militar

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