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miércoles, 18 de enero de 2012

Dentro del Instituto Médico Legal (I): Cadáveres al amanecer


Familiares revisan listas de fallecidos en la morgue, 1973. Fotografía de Marcelo Montecino.
Familiares revisan listas de fallecidos en la morgue, 1973. Fotografía: Marcelo Montecino.
Cuando aún no se apagaban las llamas del palacio presidencial, el 11 de septiembre de 1973 patrullas militares, anticipándose a lo que venía,  hicieron una silenciosa ronda por Santiago para recoger en sus casas a algunos funcionarios de la morgue. Entre ellos iba uno de los conductores de la morgue en Santiago (Instituto Médico Legal, IML), y cuatro vecinos de su población, todos auxiliares y funcionarios administrativos del Servicio.
El día del golpe militar sólo estaban los cerca de 20 funcionarios de turno en el recinto en Avenida La Paz. Alas 20 horas llegaron las primeras dos víctimas de la incipiente dictadura militar. Claudio De la Fuente Castillo, 20 años, y Ariosto Zenteno Araneda, 17 años, habían sido baleados en la vía pública a las 15.30 horas de ese día, de acuerdo a sus informes de autopsia. La orden de autopsia para ambos la dio telefónicamente la Guarnición Militarde Santiago, según quedó anotado en el libro de ingreso de fallecidos a la morgue, conocido como el Libro Transfer. (Ver artículo: El agujero negro de las fiscalías militares)
Al día siguiente, con el país aún bajo toque de queda total, llegaron más cuerpos, todos acribillados con múltiples heridas de bala. Se mandaron a buscar a más funcionarios del IML, entre ellos, el estafeta Heriberto Maians. Como varios de sus compañeros de trabajo, Maians permaneció dos meses encerrado en la morgue. Había demasiado que hacer.

Acerca de “El Circuito Burocrático de la Muerte”

Es una investigación de ArchivosChile, dirigida y editada por John Dinges.
Investigación principal y redacción: Pascale Bonnefoy
Edición y visualización de datos: Gabriel Mérida
ArchivosChile es un proyecto del Centro de Investigación e Información (CIINFO) y del Instituto de Comunicación e Imagen (ICEI) de la Universidad de Chile
Acostumbrados a recibir un promedio de menos de 10 cadáveres al día (durante agosto de 1973 llegó un total de 286), los funcionarios de la morgue debían lidiar ahora con un número varias veces mayor. Sólo entre el 11 y el 30 de septiembre llegaron 588 cuerpos. De ellos, 397 eran muertos por herida de bala. En un solo día, el 20 de septiembre, ingresaron 43. El día anterior, 40.  Para fines de octubre, los muertos post-golpe sumaban 1.177; entre ellos, 722 víctimas de disparo de arma de fuego.
Fue tal la magnitud de trabajo, que el Servicio Médico Legal (SML) debió pedir refuerzos al Servicio de Registro Civil para que sus funcionarios ayudaran a tomar las muestras de huellas a los cuerpos para su identificación, y funcionarios del Cementerio General fueron obligados a salir a las calles a recoger muertos y después a “encajonarlos” en la misma morgue.
Como no se aumentó la planta de personal del SML, médicos clínicos  de otros departamentos del Servicio debieron apoyar en la realización de autopsias. El médico legista José Luis Vásquez recuerda que en ese periodo, trabajaba jornadas de hasta 12 horas, realizando una tras otra autopsia.
Fue el periodo de la razzia, de la “limpieza” social y política, como se confirma en la alta concentración de víctimas de violaciones a los derechos humanos en ese periodo consignada en el Informe Rettig. Dejar cuerpos torturados, destruidos por ráfagas de metralleta e incluso mutilados a plena vista de la población pareció ser una táctica de la política de terror y de dominación psicológica impuesta por el nuevo régimen.
La investigación de ArchivosChile se basa en información del Servicio Médico Legal y del Registro Civil e Identificación obtenida a través de la Ley de Transparencia y la revisión de archivos en el Cementerio General de Santiago y el Segundo Juzgado Militar.
El SML entregó una base de datos en formato de hoja de cálculo con los registros completos de todos los fallecidos que llegaron a las morgues de Santiago y de otras 14 ciudades del país entre el 11 de septiembre y el 31 de diciembre de 1973.[1] Además, nos permitió hacer una copia fotográfica del libro de ingreso de fallecidos a la morgue de Santiago, conocido en el Servicio como el Libro Transfer, donde los funcionarios anotaron la llegada de los cuerpos, asignando a cada uno un número de protocolo y dando cuenta de todos los procedimientos en torno al fallecido hasta su salida de la morgue.
Libro de ingreso de fallecidos a la morgue de Santiago (Libro Transfer)
Libro de ingreso de fallecidos a la morgue de Santiago (Libro Transfer). (A&D Fotografía)
ArchivosChile también entrevistó a actuales y ex funcionarios del SML, incluyendo auxiliares, estafetas, conductores, secretarias, administrativos y médicos. Con estos datos y testimonios se ha podido configurar un cuadro de lo que sucedió dentro de la morgue de Santiago en las primeras 11 semanas de dictadura militar. Esto permite conocer la forma en que se enfrentó la repentina avalancha de cuerpos, incluyendo las autopsias que establecieron las causas de muerte, el proceso de identificación y reconocimiento de los cuerpos y su traslado al cementerio u otros lugares. También se pudo indagar la intervención de la burocracia militar dentro del propio SML.
La investigación abarcó la actuación de cuatro instituciones dentro de un virtual circuito burocrático de la muerte: el Servicio Médico Legal, el Servicio de Registro Civil e Identificación, el Cementerio General de Santiago y las fiscalías militares. Todos de alguna manera sirvieron para tergiversar y ocultar la realidad sobre las masivas ejecuciones políticas producidas inmediatamente después del golpe militar y hasta fines de 1973, período en el que se concentró el mayor número de víctimas de los 17 años de dictadura militar.
En esos meses la mayoría de los cadáveres fue abandonada en sitios eriazos, calles y carreteras. Los registros del Servicio Médico Legal dan cuenta de 193 casos de muertos encontrados en la “vía pública”, sin especificar el lugar. Según el Libro Transfer y otros datos entregado por el SML, 106 personas fueron arrojadas en ríos y canales de la Región Metropolitana.
Mapa Interactivo: Ejecuciones en Chile en 1973
Mapa Interactivo: Ejecuciones en Chile, 1973
ArchivosChile ha convertido los registros entregados por el SML en un mapa interactivo que muestra la ubicación de los muertos, de acuerdo a la columna del Libro Transfer “Lugar de deceso o sitio donde fue encontrado” y otros datos del SML.
Otros cuerpos fueron tirados como desechos por los propios militares adentro del Instituto o frente a sus portones, según atestiguan ex funcionarios. “Aparecían cuerpos en la entrada del servicio que eran dejados en la noche. Estos cuerpos venían sin ninguna notificación,” dijo el Dr. Vásquez.
Cadáveres al amanecer
A partir del golpe, los funcionarios de turno en la morgue dormían sólo a ratos, según recuerda Heriberto Maians, entonces estafeta que llevaba siete años en el Servicio. El descanso era imposible. Varias veces en el transcurso de la noche, vehículos militares se detenían a la entrada de la morgue. El Libro Transfer registra el ingreso de cuerpos después del toque de queda, a veces individualmente, y otras en grupos de a dos, tres, cuatro y hasta siete.
Lo que Maians y otros funcionarios de la morgue recuerdan con nitidez es la escena de los cuerpos mutilados por las balas arrojados en la vereda a la entrada del Instituto y que ellos mismos debían levantar y entrar al recinto.
“Los milicos dejaban tirados los cuerpos como si estuvieran botando basura. Algunos estaban amarrados con alambres, con la vista vendada, otros con cuerpos cortados con ráfagas. Los recogíamos y los colocábamos en la entrada. No se podía preguntar nada. Adentro, otros colegas los ponían en camillas y los llevaban a la sala de atrás donde están los frigoríficos,” relató a ArchivosChile un ex conductor del IML, entonces de 33 años, que no quiso ser identificado.
Según Maians, nadie les daba instrucciones para recoger esos cuerpos, a pesar de que por reglamento no se debía recibir ningún cadáver sin orden judicial. “No podíamos dejarlos botados ahí. No venían con papeles, y estaban todos baleados. Éramos tres los colegas que debíamos hacerlo y nos demorábamos como una hora. Había carabineros que se paseaban por la vereda, pero ellos no decían nada; sólo miraban,” dijo.
Durante el día, llegaban camiones militares y entraban directamente a la parte posterior de la morgue a dejar más cadáveres. El 21 de septiembre, por ejemplo, quedó registrado en el Libro Transfer el ingreso de nueve cuerpos a las 9.50 horas; otros 12 a las 11 horas; nueve entre al medio día y nueve más en el transcurso de esa jornada. El 6 de octubre, sólo entre las 11 de la mañana y el medio día, llegaron 29 cadáveres.
Captura Libro Transfer desde el registro 2761
Libro Transfer, página desde el registro 2761, correspondiente al 21 de septiembre.
“Entraban como Pedro por su casa, unas cinco veces al día. No venían con ninguna orden. Un auxiliar me contaba que eran bien prepotentes con ellos. ‘¡Abran la puerta! ¿O quieren terminar igual que los del camión?’, les gritaban,” relató a ArchivosChile Adelina Gaete, entonces secretaria del Director del SML, Dr. Alfredo Vargas Baeza.
Dr. Vargas - Revista Médica de Chile v.136 n.5, mayo 2008
Fuente: Revista Médica de Chile v.136 n.5, mayo 2008
Los vehículos cargados de cuerpos ingresaban hacia el sector por donde entraban las carrozas a la morgue, un subterráneo en penumbras. En ese lugar, los militares botaban los cuerpos, y los funcionarios debían levantarlos y entrarlos.
“Eran conscriptos y se notaba que estaban muy asustados. Descargaban camiones con cadáveres y los botaban apilados en el suelo. Los funcionarios de la morgue los ponían en camillas y los trataban de ordenar en el piso. El lugar estaba tapizado de cadáveres uno tras otro: niños, ancianos, mujeres, hombres. Era el infierno mismo,” dijo Héctor Herrera, funcionario del Registro Civil quien fue llevado a la morgue para ayudar a tomar muestras dactiloscópicas a los fallecidos.
“Tenían signos de tortura, hematomas, tierra pegada a los ojos, sangre. Venían en un estado muy lamentable. Muchos tenían los ojos abiertos. Siempre pensé que esas personas vieron a los que les dispararon. Esos ojos me seguían todos los días, volvían conmigo a mi hogar,” agregó.
Víctimas con vida
En varias ocasiones, entre los cadáveres los funcionarios descubrieron víctimas con vida. El auxiliar especializado Mario Cornejo fue uno de los funcionarios que a partir del golpe militar debió permanecer en la morgue durante más de 20 días sin volver a casa. Mario Cornejo después le contó a su hijo[2] Sergio que un día de septiembre, cuando hacía una ronda nocturna por la sala donde se apilaban los cuerpos, sintió un quejido. Rápidamente llamó a otros funcionarios para ayudarlo a revisar los cuerpos y se encontró con un herido. Cornejo dispuso el traslado del hombre al Hospital José Joaquín Aguirre por una puerta lateral que conectaba a la morgue con el hospital. Sin embargo, supo después que ese hombre había sido secuestrado desde el hospital por militares.
Aunque es imposible determinar quién fue el hombre encontrado por Cornejo con vida en la morgue, se puede deducir, basándose en información del Informe Rettig, que podría tratarse de al menos una de dos personas.
Pasillo del antiguo Instituto Médico Legal
Pasillo del antiguo Instituto Médico Legal
Uno podría ser Javier Sobarzo Sepúlveda, militante del Partido Socialista y funcionario de Distribuidora Nacional de Alimentos. Fue detenido el 11 de septiembre y llevado ala Escuelade Paracaidistas de Peldehue del Ejército, de la cual había formado parte. Logró sobrevivir un fusilamiento colectivo y, dado por muerto, fue trasladado al IML, según el Informe Rettig. Desde ahí fue trasladado por los funcionarios de la morgue hasta el Hospital J.J. Aguirre, pero después fue sacado del lugar por militares, y se perdió su rastro. Hoy es un detenido-desaparecido.
Otro sobreviviente que llegó a la morgue durante el mes de septiembre era Luis Gutiérrez Rivas, minero de Lota y militante del Partido Comunista, de 29 años. Gutiérrez había sido arrestado en la capital el 30 de septiembre junto a cinco compañeros en un allanamiento militar al campamento Santiago Pino de Barrancas, en el sector poniente de la capital. Los seis fueron llevados ala Casadela Culturade Barrancas, que el Ejército había ocupado y convertido en centro de detención, y fusilados. El cuerpo malherido de Gutiérrez fue llevado a la morgue. Las otras cinco víctimas quedaron anotadas en el Libro Transfer como muertos en la vía pública. De acuerdo al Informe Rettig, Luis Gutiérrez fue llevado al Hospital J.J. Aguirre aún con vida, pero fue sacado del lugar por una patrulla militar el 2 de octubre. Permanece como detenido-desaparecido.
Maians también recuerda haber encontrado a personas vivas entre los muertos a la semana del golpe. “En las noches íbamos a mirar los cuerpos adentro y de repente sentimos unos quejidos. Había tres vivos. Avisamos a los policías que estaban afuera y ellos mismos llamaron a la ambulancia del Hospital J.J. Aguirre para que se los llevaran. A las pocas horas volvieron, pero muertos,” relató.[3]
Muertes numeradas
Todos esos cadáveres – los que aparecían frente al portón de la morgue por las mañanas, los que se debían recoger en la vía pública, y los que dejaban los camiones militares dentro del mismo IML- repletaban las salas, pasillos y escaleras del Instituto, a la espera de su turno para una somera autopsia.
“El ingreso era asombroso. El pasillo ovalado que circunda el edificio estaba con cadáveres a lo largo de ambas paredes, desde el ingreso de la puerta hasta el fondo. También estaba lleno el salón donde están las cámaras de refrigeración, que eran unas 90 aproximadamente, y no todas funcionaban. En cada una se colocaba dos, tres, cuatro cuerpos. En ese salón también había cuerpos en el suelo,” relató el Dr. José Luis Vásquez en entrevista con ArchivosChile.
Pasillo Ovalado del Instituto Médico Legal
Pasillo ovalado del Instituto Médico Legal en Santiago. (A&D Fotografía)
Por los pasillos prácticamente no se podía caminar, dijo a AchivosChile la entonces secretaria del Director del SML, Adelina Gaete. “Había que saltar por encima de los muertos. Siempre había un olor horrible. Era espantoso,” señaló.
Los hospitales, en tanto, vivían su propio drama. El Dr. Álvaro Reyes,médico traumatólogo, trabajó en Urgencias dela Posta Central en los primeros días post-golpe. Permaneció enla Posta con otros colegas sin poder irse a casa durante cuatro días.
“No llevé la cuenta, pero era mucha gente, como nunca antes. Había muchos cuerpos con heridas de bala y el trabajo era frenético… Las ambulancias tenían trabajo día y noche sin parar”, dijo a ArchivosChile. Los muertos de los hospitales también terminarían en la morgue.
Los funcionarios se enfrentaban a una catástrofe sanitaria en potencia. Al ingresar un cuerpo, se llenaba una “acta de recepción de cadáveres”, donde se indicaba el día y la hora de llegada a la morgue y la ropa con que venía el fallecido. A cada cuerpo era asignado un número de protocolo, que se anotaba en un pequeño papel que luego era amarrado con alambre o cordel en la muñeca.
Ese número de protocolo quedaba anotado en el Libro Transfer y acompañaba al cuerpo a lo largo de los procedimientos en la morgue: era el mismo número del informe de autopsia y de los exámenes histológicos y toxicológicos que se le hicieran –aunque en esa época, casi no se hicieron. Con ese número también se enviaban las huellas dactilares para su identificación en el Servicio de Registro Civil, y con ese mismo número se autorizaba la entrega del cuerpo y su entierro.
Recoger muertos
Las salidas para recoger cadáveres baleados y abandonados en la vía pública se multiplicaron. En esa época, recuerda el ex conductor de la morgue, el Servicio tenía unas cuatro camionetas Chevrolet en las que cabían cuatro a seis cadáveres. Claramente no bastaba.

El reclamo de la policía

Era tal el volumen de cuerpos que había que buscar afuera, que al Servicio Médico Legal no le quedó otra alternativa que pedir ayuda a Carabineros para que contribuyera a esa labor. Pero la policía reclamó.
El 12 de octubre, la Dirección General de Carabineros pidió al Ministerio de Salud que instruyera al IML a que “traslade en sus furgones los cadáveres que se encuentran en la vía pública”, ya que al pedir que lo hiciera Carabineros, especialmente durante el toque de queda, no podían usar sus vehículos policiales para el patrullaje.
El Director del SML, Dr. Alfredo Vargas, respondió escuetamente por oficio: “El Servicio acude durante las 24 horas los llamados para el traslado de cadáveres al establecimiento. En circunstancias en que se producen varias solicitaciones simultáneas, ocurren demoras por insuficiencia de vehículos para dichas funciones, lo que motiva la intervención de otras entidades, como carabineros, por ejemplo”.
El día anterior al reclamo de Carabineros, ingresaron 34 cadáveres a la morgue.
Se salía todos los días incesantemente, a diferencia de antes del golpe, cuando las salidas se limitaban a tres o cuatro veces al día, recuerda Sergio Cornejo, quien entonces tenía 13 años y acompañaba a su padre a su trabajo en la morgue. “Carabineros avisaba para ir a retirar cuerpos. Como era chico, a veces acompañaba a los choferes a recoger muertos. En los terrenos baldíos encontrábamos cuerpos muy descompuestos,” señaló.
Era tanto el trabajo, que incluso se pidió ayuda a los funcionarios del Cementerio General para salir a recoger cuerpos al Río Mapocho durante su jornada laboral, recuerda un funcionario del cementerio, quien dijo que se negó a cumplir esa tarea.
“Iban unos cuatro o cinco funcionarios, todos jóvenes. Llevaban unos fierros largos con gancho para poder arrastrar los cuerpos. Incluso uno de los colegas tuvo que ser rescatado una vez porque la corriente del río se lo estaba llevando. Sacaban los cuerpos y los dejaban a la orilla del río,” indicó el funcionario, quien pidió reserva de su nombre.[4]
Arriesgando su propia seguridad, los trabajadores de la morgue debían salir incluso durante el toque de queda. Uno de los conductores del SML de la época, quien también pidió omitir su identidad,, dijo que tenían que prepararse para cada salida: aprenderse todos los santos y señas que las autoridades militares en la morgue le indicaban para pasar los permanentes controles militares en el trayecto y no terminar baleados como las víctimas que debían ir a buscar.
“Nos daban varios santo y señas diferentes cada noche en caso de que nos pararan las patrullas. Por ejemplo, cambio de luces de cabina, brazalete de color o con alguna figura (tortuga, calavera, lagarto), palabras claves, etc. Manejaba a 20 km. por hora porque había patrullas militares a cada rato. Aunque los vehículos estaban identificados como del Servicio, igual nos disparaban ‘por error’. Después nos hacían bajar y nos tiraban al suelo,” relató el ex conductor a ArchivosChile.
Pasaba todo el día y la noche buscando cuerpos. “Íbamos al río Mapocho, a la compuerta del río, al costado del Cementerio Metropolitano, a las poblaciones. Alguien daba la orden y Carabineros en la morgue decía: ‘¿Quéhuevón está desocupado? Anda a la José María Caro, por ejemplo; en la línea del tren hay 6, 8 huevones que hay que recoger. De vuelta pasan a recoger a otros huevones en tal parte’. Así nos daban las instrucciones,” agregó.
“Vi tantas cosas que ya no quiero recordar,” dijo el ex conductor de la morgue, quien se retiró del servicio 10 años después. “Me traumaticé con todo eso, pasaba llorando. Pasé por un montón de psicólogos. Hasta hoy cuando lo recuerdo me pongo a llorar,” contó.
Uno de sus colegas, un joven chofer, tuvo que someterse a tratamiento psiquiátrico varias veces. “Cada vez que escuchaba sirenas se ponía a llorar,” añadió.
Según Heriberto Maians, uno de los estafetas del Servicio, varios de sus compañeros de trabajo que salían por las noches a buscar cuerpos “se volvieron locos”. “No contaban nada, pero llegaban de vuelta desesperados.”
El Dr. Vásquez, quien hoy continúa trabajando como médico legista en el SML, confirmó a ArchivosChile que las secuelas psicológicas de los funcionarios se evidenciaron más adelante. “En ese momento, ni siquiera teníamos la oportunidad de conversar sobre lo que estaba pasando, no había tiempo. Nos interesaba resolver rápidamente la situación, porque veíamos que se nos iba a producir un cuadro sanitario gravísimo.”
“Teníamos una presión sicológica por la responsabilidad de lo que estábamos enfrentando,” agregó. “Había familiares allá afuera, gente que deseaba saber si estaban sus familiares adentro. Humanamente, hicimos lo que pudimos.”



http://archivoschile.org/2012/01/dentro-del-instituto-medico-legal-primera-parte/

Mapa interactivo de las ejecuciones masivas de 1973


Este mapa interactivo fue desarrollado sobre la base de los datos obtenidos en el Servicio Médico Legal (SML) a través de la Ley de Transparencia respecto de los fallecidos ingresados a la morgue de Santiago y de otras 14 ciudades del país entre el 11 de septiembre y el 31 de diciembre de 1973. La base de datos suma un total de 1898 casos, de los cuales 1681 corresponden a cuerpos ingresados a la morgue de Santiago (Instituto Médico Legal).
Datos de mapa ©2012 Inav/Geosistemas SRL, Mapcity - Términos de uso
Mapa
Satélite

Hay dos maneras de ver el mapa: una presentación día a día, en que van apareciendo los cuerpos según la fecha de muerte, o todos los casos a la vez. También se puede buscar casos individuales por nombre.
En la mayoría de los casos los cuerpos están ubicados en el lugar de muerte o de hallazgo del cuerpo, según quedó registrado en el SML en la época. En algunos casos, la ubicación no es exacta, ya que la indicación era ambigua o sólo se indicaba que el fallecido venía de un hospital o la vía pública, sin especificar el lugar preciso de muerte. Por este motivo, hay una alta concentración de víctimas en sitios como la Posta Central.
Los cuerpos están representados en íconos de tres colores:
  • Los íconos negros corresponden a personas calificadas como víctimas de la represión política en los informes de las tres comisiones que han calificado casos de derechos humanos desde 1991.[1]
  • Los íconos rojos se refieren a personas no reconocidas oficialmente como víctimas, pero que, según el análisis de ArchivosChile a partir de los datos disponibles sobre ellas (la jurisdicción de las fiscalías militares sobre sus casos, la causa y el lugar de muerte, entre otros factores), se puede concluir con un alto grado de probabilidad de que se trata de ejecutados políticos (152 casos).
  • Los íconos azules son casos indeterminados, en que habría algún indicio de que podría tratarse de una víctima de violaciones a los derechos humanos.
  • Los casos que definitivamente no corresponden a ejecutados políticos (como muertos en accidentes de tránsito) no figuran en este mapa.
Al hacer click sobre un ícono, se abre un cuadro de texto con los datos relevantes del SML sobre esa persona. El campo “Observaciones” es de ArchivosChile.
Debido a que el SML no tiene los registros de algunas grandes ciudades como Concepción o Valparaíso, el mapa no cuenta con información de esos lugares.
El mapa permite filtrar según las siguientes categorías:
  • Ciudad
  • Fecha de muerte
  • Lugar de muerte o de hallazgo de cuerpo
  • Causa de muerte
  • Médico que practicó la autopsia
  • Fiscalía Militar/Juzgado del Crimen con jurisdicción y responsabilidad de investigar la muerte
  • Procedencia – lugar desde donde se envía el cuerpo a la morgue
El mapa interactivo ha sido preparado por Gabriel Mérida utilizando la base de datos en formato MS Excel entregada por el Servicio Médico Legal. Mediante un cruce con la base de datos del Informe Rettig y otras cuentas, se logró encontrar los casos que corresponden a víctimas de la dictadura. Entre las tecnologías utilizadas, además del framework JQuery, se utilizó Google Maps para crear la visualización e interacción en el mapa, y para geolocalizar las direcciones donde fueron encontrados los cuerpos y transformarlas en un punto exacto, con latitud y longitud. En este proceso colaboraron la periodista Cecilia Vargas y la estudiante de periodismo Daniela Lagos.

Ejecuciones en Chile septiembre-diciembre 1973: El circuito burocrático de la muerte


ArchivosChile es un proyecto del Centro de Investigación e Información (CIINFO) y del Instituto de Comunicación e Imagen (ICEI) de la Universidad de Chile.
De los 1.682 fallecidos que llegaron a la morgue de Santiago entre el 11 de septiembre y fines de diciembre de 1973, 890 fueron personas muertas a consecuencia del golpe militar. Los reportajes y documentos inéditos que publica ArchivosChile dibujan, desde dentro de las instituciones del Estado, el funcionamiento de las burocracias gubernamentales encargadas de hacer la limpieza después del trabajo sucio de las fuerzas militares y policiales. Con distintos grados de connivencia y negligencia, estas instituciones sirvieron para tergiversar y ocultar la realidad sobre las masivas ejecuciones. Las fiscalías militares se encargaron de ignorar y encubrir legalmente los crímenes. La investigación sobre la base de estos registros permitió concluir, entre otras cosas, que hubo 150 personas muertas por herida de bala que podrían haber sido víctimas de la represión política.
Por Pascale Bonnefoy y John Dinges
David Burnett/Contact Press Images
Sepulturas de ejecutados de septiembre de 1973. Fotografía de David Burnett/Contact Press Images
La maquinaria para ejecutar y desaparecer personas se puso en marcha inmediatamente, y los primeros cuerpos de personas acribilladas llegaron a la morgue de Santiago en la noche (20 horas) del 11 de septiembre. Con la intervención militar en todos los servicios del Estado se alteraron los procedimientos normales en las instituciones que, en tiempos normales, estaban a cargo de la investigación de las muertes violentas, empezando con el Servicio Médico Legal (SML) y la morgue de Santiago. En las semanas siguientes, cuando murió el mayor número de personas debido a la represión politica, se constituyó un verdadero circuito burocrático de la muerte entre cuatro instituciones: el SML, el Servicio de Registro Civil e Identificación, el Cementerio General de Santiago y las fiscalías militares, que con distintos grados de connivencia y negligencia sirvieron para tergiversar y ocultar la realidad sobre las masivas ejecuciones políticas.
El caos de esas primeras semanas podría explicar sólo una parte de los errores y omisiones que se cometieron; el caos sirvió más bien al propósito de las nuevas autoridades. Aunque los juzgados de crimen quedaron intactos, fueron desplazados a partir del primer día para investigar estas muertes. Las muertes por herida de bala y con indicios de haber sido causadas por fuerzas militares o policiales quedaron bajo la jurisdicción de fiscalías militares. Con esto se implementó un sistema de hecho que sirvió no para hacer justicia, sino para ignorar legalmente y encubrir los crímenes.
La investigación de más de un año de ArchivosChile se basa en documentación  obtenida a través de la Ley de Transparencia del SML y del Registro Civil y la revisión de los archivos del Segundo Juzgado Militar y el Cementerio General. Esta documentación permite seguir los pasos día a día del tratamiento de todas las víctimas cuyos cuerpos llegaron a la morgue de Santiago entre el 11 de septiembre y el 31 de diciembre de 1973. La investigación se complementó con decenas de entrevistas a personas que trabajaron en las instituciones y conocieron directamente las secuelas del nuevo sistema impuesto.
Fallecidos ingresados a la morgue, 1973
Total ingresosCasos de derechos humanos*Promedio ingresos por día
1 enero – 11 septiembre241809.6
1 – 31 agosto29909.6
1-10 septiembre920**9.2
11-30 septiembre58843829.4
1-31 octubre58936419.0
 9/11-10/31117780223.0
1-30 noviembre237427.9
1-31 diciembre268468.6
Total 9/11-12/311682890
*ArchivosChile incluye en esta categoría los casos calificados como víctimas de violaciones a los derechos humanos por las tres comisiones que se han creado para esos efectos desde 1990, más otros casos “potenciales” (150) en que se puede determinar con una alta probabilidad de que se trataría de ejecutados políticos debido a las circunstancias de sus muertes
**La Corporaciónde Reparación y Reconciliación calificó erróneamente a un fallecido que llegó a la morgue antes del 11 de septiembre de 1973. Ver reportaje “El extraño caso de los dos Luis Curivil”.
Fuente: Servicio Médico Legal, registros obtenidos a través de la Ley de Transparencia, Libro Transfer.
ArchivosChile pone ahora a disposición del público, a través de www.archivoschile.org, todos los documentos originales y las bases de datos que no sólo revelan como operaron los distintos organismos, sino también permiten examinar los datos de cada caso y analizarlos desde un punto de vista global o individual. Los datos forman la base de un mapa interactivo que presenta en forma dinámica el avance día a día de la avalancha de ejecutados cuyos cuerpos fueron recogidos de las calles, ríos y otros lugares de la ciudad, y entregados a la morgue. Vea el mapa interactivo
El Servicio Médico Legal, por resolución del Consejo para la Transparenciaa favor de ArchivosChile, entregó en forma de base de datos Excel los registros de fallecidos entre el 11 de septiembre y el 31 de diciembre de 1973en Santiago y otras 14 ciudades del país. También permitió a ArchivosChile fotografiar las 69 páginas del libro de ingreso de fallecidos, conocido en el servicio como el “Libro Transfer”, donde los funcionarios anotaron los detalles de la trayectoria de cada fallecido en la morgue, desde su llegada hasta su entrega para la sepultación. El Servicio Médico Legal entregó otros detalles esenciales para entender el trabajo de la institución en ese periodo tan controversial: basándose en los informes de autopsia de cada fallecido, los funcionarios del SML complementaron la base de datos con la causa de muerte y la descripción de la lesión mortal de cada caso.
Estos datos, como se verá en los reportajes, permiten reconstruir por primera vez y con nuevos detalles la sistemática actuación de militares y policías en las ejecuciones masivas, junto con su interacción con las instituciones que fueron legalmente constituidas en tiempos normales para la investigación de muertes violentas.
A partir del 11 de septiembre se creó un escenario dantesco en la morgue de Santiago. Acostumbrados a recibir un promedio de menos de 10 cadáveres al día (durante agosto de 1973 llegó un total de 286), los funcionarios de la morgue debían lidiar con un número varias veces mayor. Sólo entre el 11 y el 30 de septiembre llegaron 588 cuerpos. De ellos, 397 eran muertos por herida de bala. Lea: Dentro del Instituto Médico Legal: Cadáveres al amanecer
Los medicos legistas encargados de practicar las autopsis para determinar si las muertes habían sido ocasionadas por la acción de terceros—es decir, si se trataba de un homicidio—hicieron un trabajo técnicamente correcto, pero en la mayoría de los casos evitaron pronunciarse sobre la evidente naturaleza homicida de las muertes por herida de bala cuando se trataba de casos relacionados con la represión militar. Lea: Dentro del Instituto Médico Legal: “Autopsias sucintas”
La investigación sobre la base de estos registros permite concluir con un alto grado de certeza que hubo 150 personas ingresadas a la morgue, quienes, por las circunstancias de sus muertes, podrían corresponder a víctimas de violaciones a los derechos humanos que no han sido calificadas como tales por las comisiones oficiales. Lea:Ejecutados políticos: ¿150 nuevos casos?
Por otra parte, la investigación obtuvo gran parte de las fichas dactiloscópicas del Servicio de Registro Civil e Identificación tomadas a las víctimas en la morgue y sus oficios al SML confirmando sus identidades. Esta documentación reveló inconsistencias en las fechas de ingreso a la morgue, las fechas de muerte, sus causas y el destino final de los cuerpos. También confirma serios errores respecto de la identificación de ejecutados políticos, por lo que algunos de ellos quedaron sin identificar, y otros no figuraron nunca en el libro de ingreso del Instituto Médico Legal de Santiago. Lea: Registro Civil: Identidades cruzadas, cuerpos sin nombre
Los datos obtenidos del SML y el Registro Civil, como parte de la investigación de ArchivosChile, abren la posibilidad de seguir nuevas pistas en algunos casos de personas desaparecidas en este periodo, permitiendo cruzar la nueva información con los datos sobre detenidos-desaparecidos disponibles en los informes oficiales.
También se pudo revisar –pero no copiar o reproducir– la escasa documentación archivada en el Segundo Juzgado Militar de Santiago, que asumió desde los primeros momentos la jurisdicción de la casi totalidad de muertes por herida de bala—785 de los 890 casos confirmados y potenciales de derechos humanos. Los expedientes mismos de los casos han sido quemados, asegura el Ejército, pero los libros que registraron los estados de causa revelan que nunca se abrió ninguna investigación respecto de los centenares de muertos a bala remitidos por fiscalías militares, como correspondía según las leyes y reglamentos mantenidos en vigencia por el régimen militar. Lea: El agujero negro de las fiscalías militares
ArchivosChile publicará próximamente un reportaje sobre casos en quela Segunda FiscalíaMilitar sometía a Consejos de Guerra a personas ya ejecutadas.
ArchivosChile también revisó la documentación de la época en el Cementerio General, donde fueron trasladadas desde la morgue centenares de víctimas baleadas. Estos registros muestran el ingreso de sólo una fracción de ellas, y en muchos casos, en fechas diferentes a las señaladas en los libros del SML. Muchas víctimas enviadas al Patio 29 o al crematorio del Cementerio General como NN, sin que sus familias lo supieran, ya habían sido identificadas por el Registro Civil. También se detectaron errores en las descripciones del lugar y la fecha de entierro, incluyendo víctimas “incineradas como indigentes”, lo que en algunos casos resultó ser falso.
ArchivosChile publicará reportajes sobre la salida de la morgue y el Cementerio General en las próximas semanas.
Los registros del SML que ahora se ponen a disposición del público dan cuenta del ingreso de fallecidos a la morgue; la fecha, lugar y causa de muerte: los nombres de los médicos que practicaron las autopsias; el tribunal o fiscalía que remitió el cuerpo; la fecha en que fue retirado el cuerpo y quién lo hizo, y su destino final. Estan presentados en el sitio ArchivosChile.org en formato Excel con amplia facilidad para hacer búsquedas y análisis.  También se podrá revisar en imágenes en formato jpg el “El Libro Transfer del Instituto Médico Legal”, que es la fuente original de gran parte de esta información.
Estos datos nuevos han sido cruzados con información del Informe Rettig, actualizado con las víctimas reconocidas en su más reciente versión de agosto de 2011, y se complementa con antecedentes respecto de las identificaciones confirmadas del Patio 29 del Cementerio General y otros lugares de hallazgo de cadáveres; la situación judicial de cada caso; la fecha en que el Servicio de Registro Civil confirmó la identidad de los fallecidos, y los nombres de los ejecutados confirmados sin entrega de cuerpo, entre otros datos.
El mapa interactivoutilizando ambas fuentes de datos, muestra la ubicación geográfica de los muertos a lo largo de los primeros meses de dictadura militar. A  través de él se puede conocer el detalle de cada víctima, con la descripción del caso en el Informe Rettig. Este mapa distingue entre los casos Rettig y los 150 casos que, por investigación de ArchivosChile, corresponden a potenciales víctimas de violaciones a los derechos humanos debido a las circunstancias reveladas en los registros (muertos por herida de bala y jurisdicción de las fiscalías militares, entre otros factores), pero que no han sido reconocidos oficialmente como tales.
Se han excluido del mapa aquellos casos que, por las circunstancias informadas en los registros de la morgue, corresponden a muertes naturales, accidentes o crímenes sin vinculación política. Sin embargo, todos estos casos están incluidos en la base de datos en formato Excel.
Adicionalmente, publicamos series representativas de la documentación obtenida a través dela Leyde Transparencia o entregada voluntariamente desde las siguientes instituciones:
  • Servicio Médico Legal
  • Servicio de Registro Civil e Identificación
  • Ministerio de Justicia, Archivo Nacional dela Administracióndel Estado
  • Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior
  • Fundación Archivo dela Vicaríadela Solidaridad
ArchivosChile no fue autorizado para copiar o reproducir de otra manera la documentación disponible en el Segundo Juzgado Militar y el Cementerio General; sólo se permitió su revisión in situ.
Las entrevistas efectuadas por los investigadores de ArchivosChile abarcan a los actores de la época, incluyendo a funcionarios de la morgue, del Registro Civil, del Cementerio General y dela Segunda FiscalíaMilitar, además de familiares de las víctimas, abogados y especialistas en derechos humanos. Se revisó también la prensa nacional y extranjera de la época.
Los reportajes a continuación narran cómo operó el circuito burocrático de la muerte al interior de estas instituciones. Otros tres artículos se centran en casos específicos: la errónea calificación de una persona fallecida antes del golpe (El extraño caso de los dos Luis Curivil), las inconsistencias en la información disponible en la morgue sobre las muertes de Littré Quiroga y Víctor Jara, y el uso del Puente Bulnes en el Río Mapocho como uno de los paredones preferidos por militares y Carabineros, donde medio centenar de personas fueron fusiladas durante las primeras semanas de dictadura militar. Estos dos últimos serán publicados próximamente.

Equipo de ArchivosChile que participó en el Proyecto Autopsias:

Director y Editor: John Dinges
Coordinadora e Investigadora Principal: Pascale Bonnefoy
Editor de Datos y desarrollo del sitio web y mapa interactivo: Gabriel Mérida
Asistente Investigador: Roberto Manríquez
Asistentes en procesamiento de bases de datos: Cecilia Vargas y Daniela Lagos
Obtención de bases de datos del SML: María José Vilches
Revisión de prensa 1973: Marcelo Casals
Fotografías: A&D Fotografia (Carmen Duque y Jaime Alaluf), Marcelo Montecino y David Burnett
Asesoría legal: Miguel González Lemus y Pablo Ruiz Tagle, Facultad de Derecho, Universidad de Chile
Concepto original de Proyecto Autopsias: Jorge Escalante
Directora ICEI: María Olivia Mönckeberg
Agradecimientos:
Especial reconocimiento se debe a Miguel González Lemus y Pablo Ruiz Tagle, profesores dela Facultadde Derecho dela Universidadde Chile, quienes apoyaron el proyecto con indispensables trabajos jurídicos, incluyendo la redacción del reclamo ante el Consejo parala Transparenciaque resolvió que el Servicio Médico Legal debía entregar los datos solicitados en su totalidad.
Agradecemos la colaboración de las autoridades y funcionarios del Servicio Médico Legal para la realización de esta investigación.
Consejo Asesor de ArchivosChile:
María Olivia Mönckeberg, Directora del Instituto dela Comunicacióne Imagen dela Universidadde Chile, ICEI.
Peter Kornbluh, Nacional Security Archive, Washington, D.C.
Moisés Sanchez, Director Ejecutivo de Fundación ProAcceso
Ximena Poó, Directora dela Escuelade Periodismo dela Universidadde Chile, ICEI.
Faride Zerán, Profesora del ICEI.
Gustavo González, Profesor del ICEI.
Claudia Lagos, Coordinadora del Programa de Libertad de Expresión del ICEI.
Financiamiento:
CIINFO contó con fondos dela Fundación Ford,la Open SocietyFoundation,  y el Institute of International  Education para el trabajo de ArchivosChile.
Columbia University Global Center for Latin America, Santiago, apoyó el trabajo de investigación en la fase final y auspició la presentación de los resultados de la investigación en el Museo dela Memoria y de los Derechos Humanos, el 11 de enero.

EL DÍA QUE PINOCHET ORDENÓ MATAR A UN CNI PARA JUSTIFICAR LA DICTADURA


Fue traicionado por sus camaradas de armas que intentaron asesinarlo en un atentado el año 1986
El acto de terrorismo de Estado  fue ordenado por el jefe de la CNI, Gordon,  para crear un clima de terror en Chile.
No se descarta que Pinochet haya dado personalmente la orden de matarlo junto a su familia.
Una guarnición de militares acribilló la casa del PPI – (Protección de Personas Importantes) -  del Almirante Merino para asegurar que este último se mantuviera leal a la dictadura de Pinochet.
LAS  DUDAS  DEL  ALMIRANTE
Merino, quien fuera el primer golpista, tenía dudas para nombrar a Pinochet como el único candidato  al plebiscito de 1988.  Había recibido instrucciones de la embajada norteamericana de traspasar el poder a un civil, ya que la CIA aseguraba que de ganar el NO , sus agentes y allegados a sueldo, en la Alianza Democrática como en el Comando del NO, –   harían respetar la  ” inversión extranjera” de las  transnacionales  que se apoderaron del cobre después del golpe ; y que las privatizaciones,  a precio vil, de las empresas del Estado no serían revisadas. Tampoco se tocaría el plan laboral , las AFP,  el sistema de ISAPRES , o el pago de la deuda subordinada de la banca quebrada,  en 1982,-y recuperada con dineros públicos para ser devuelta a los especuladores de siempre – ( se robaron la plata con los créditos relacionados e  incobrables  vinculados a ejecutivos y accionistas controladores) .
NADA  NUEVO  BAJO  EL   SOL :  EL  ASESINATO  DEL  EDECÁN  ARAYA
La imposición de Pinochet como candidato  era posible sólo en  un contexto de guerra interna. Esto no era nuevo .
   El 27 de julio de 1973, un comando de  la Derecha, vinculado a Patria y Libertad, muy bien  asesorado por el SIN   –    (Servicio de Inteligencia Naval) , asesinó, EN SU PROPIA CASA,  al Edecán  de Allende,  Arturo Araya Peeters , Capitán de Navío, en  la calle Fidel Oteíza Nº 1953, comuna de Providencia , para crear un clima de ingobernabilidad . Todos los conspiradores y su presunto ejecutor – Guillermo Claverie, fueron indultados por Pinochet  y Merino en 1981 ” por servicios prestados a la Patria”. Jorge Ehlers Trostel, pasó piola.
En 1986, se habría tomado la decisión de repetir el esquema. Atentar en contra del personal institucional para crear el escenario que permitiera  justificar la continuidad del  sátrapa.
EL   1  DE   JULIO  DE   1986  A   LAS  20.15   HORAS
Hoy, Temístocles Gajardo Flores, después de 23 años, regresa a Chile, luego de pedir refugio político en EEUU, para contar su historia y pedir justicia en contra de quiénes lo asaltaron.
En su testimonio, que presentamos en vídeos – cuyos vínculos están al principio de este artículo – revela que, el 1 de julio de 1986,  su hogar recibió más de 801 impactos de balas; y que fue atacado mientras en los jardines jugaban  20 niños y niñas. Los vecinos, hasta el presente, recuerdan con trauma esa tarde, en que el terrorismo de Estado  comandado por Pinochet, dejó sentir todo su peso. Los mismos efectivos, que acribillaron cobardemente la casa del agente, horas más tarde, quemarían vivos a Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas , dirigidos por el actual sostenedor de un colegio, el oficial en retiro, Pedro Fernández Dittus. Este violador de los derechos humanos, contó con la protección, impunidad y amabilidad de los gobiernos de turno y sobre todo de la justicia militar.
Sobre este hecho criminal, en contra de  Temístocles Gajardo y su familia ,   no hubo  parte policial de Carabineros ni  de Investigaciones, quienes, a pesar de la gravedad de lo ocurrido, nunca se hicieron presentes en el lugar.  Tampoco se inició causa en la justicia militar . Sólo  consta, a los testigos y afectados, que en los días siguientes,  el Ejército mandó , a personal de fila,  a recoger las vainillas de los disparos alterando, de esta manera,  el sitio del suceso.
El ex marino, llama a sus compañeros de armas y miembros de la CNI,  a entregar los lugares en que se encuentran los cuerpos de los detenidos desaparecidos y dice sentirse traicionado por los Altos Mandos de las Fuerzas Armadas. Pide justicia y sanciones para quienes atacaron su casa . Señala estar dispuesto a colaborar con el descubrimiento de la verdad .
ANTECEDENTES
Como pruebas de esta denuncia se encuentran : el informe,  de 8 de septiembre de 1986, del Departamento de Bienestar Social Santiago de la Armada de Chile , suscrito por la Asistente Social , María Luzzi Hormazabal. También, está  el memorándum,  resolución Nº  11.000/ 13 , de 3 de julio de 1986, emanado del Jefe del Estado Mayor  General de la Armada . Otro, es el memorándum ORD. Nº 1.800 /5 , de  27 de febrero de 1987, suscrito por Fernando Lazcano Jiménez, Contraalmirante , Comandante de la Guarnición Naval de Santiago.  El memorándum confidencial Nº 11.000 / 1,  de 7 de julio de 1987, emitido por  Santiago Diaz Torres , Capitán de Navío AB.  Hay más documentos que se revelarán oportunamente.


http://www.pnews.cl/2012/01/18/el-dia-que-pinochet-ordeno-matar-a-un-cni-para-justificar-la-dictadura/



La Historia Oculta del Régimen Militar

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