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sábado, 23 de junio de 2012

Los violadores de derechos humanos Alvaro Corbalán, Armando Cabrera, Carlos Herrera fueron trasladados a Concepción por reconstitución de crimen


Los ex militares en esa oportunidad alegaron que Víctor Huerta murió producto de un enfrentamiento a mano armada, argumento que quedó descartado tras constatarse que el cuerpo de la víctima presentaba claros signos de tortura como fracturas y quemaduras por electricidad.
Este miércoles se realizó la reconstitución de escena en Concepción del asesinato de Víctor Huerta, abatido por la Central Nacional de Inteligencia (CNI), el aparato represor de la dictadura durante los años 80', por lo que tres ex miembros del órgano fueron trasladados al lugar del crimen ocurrido en noviembre de 1983.

Se trata de los ex militares condenados a cadena perpetua y reclusos de Punta Peuco, Armando Cabrera, Carlos Herrera y Alvaro Corbalán, éste último recientemente cuestionado por presuntamente organizar, desde la cárcel, el polémico homenaje al dictador Augusto Pinochet en el Teatro Caupolicán.

En total serán 10 personas las que prestarán declaraciones por el caso en la Corte de Apelaciones de Concepción, encabezada por el ministro Carlos Aldana, con el fin de aclarar lo sucedido, según apunta Soy Concepción.

Víctor Huerta, militante del Partido Comunista, fue secuestrado y llevado a la sede de la CNI ubicada en la calle Sanders, en el sector de Pedro de Valdivia, donde fue torturado con diferentes técnicas y luego asesinado a balazos por los agentes.

Los ex militares en esa oportunidad alegaron que Huerta murió producto de un enfrentamiento a mano armada, argumento que quedó descartado tras constatarse que el cuerpo de la víctima presentaba claros signos de tortura como fracturas y quemaduras por electricidad.


http://www.cambio21.cl/cambio21/site/artic/20120620/pags/20120620134113.html

Identifican a dos coroneles como los que encabezaron las torturas que produjeron la muerte del general Alberto Bachelet, padre de la ex presidenta

Edgard Ceballos Jones y Ramón Cáceres Jorquera son sindicados por testigos como los torturadores del padre de la ex mandataria que luego de sufrir violentos apremios fisicos y sicológicos en la Academia de Guerra de la Fach, fue devuelto a la cárcel donde murió de un ataque cardíaco. Luego, ambos integraron el Comando Conjunto, grupo de delincuentes-militares que hicieron desaparecer a más de una treintena de chilenos

La investigación donde el juez Mario Carroza dio a conocer las conclusiones a las cuales arribó el Servicio Médico Legal (SML) en el marco de la investigación por las circunstancias que rodearon la muerte del general Alberto Bachelet, ha generado gran revuelo.

Fue así como el juez detalló que la pericia establece que el oficial falleció producto de las torturas de las que fue víctima mientras permaneció preso en la Academia de Guerra Aérea durante el golpe militar.

Recordemos que Bachelet falleció al interior de la cárcel pública tras sufrir un paro cardiorrespiratorio en marzo de 1974 en el marco de un "juicio por traición a la patria" ejecutado por miembros de las Fuerzas Armadas y organismos de inteligencia de la dictadura.

Por ello, dos coroneles en retiro de la Fuerza Aérea son quienes están en la mira de ministro en visita, se trata de Edgard Ceballos Jones y Ramón Cáceres Jorquera, quienes aparecen en los testimonios de varios detenidos que estuvieron junto a Bachelet hasta el día de su muerte. Ambos encabezaron las torturas que le produjo posteriormente, un ataque cardiaco al padre de la ex presidenta Bachelet.

Luego de las torturas a sus propios camaradas de armas, los violadores de DDHH integraron el Comando Conjunto

El denominado Comando Conjunto (CC) fue una agrupación de inteligencia que operó aproximadamente entre fines de 1975 y el término del año 1976, y cuyo objetivo principal fue la represión al Partido y las Juventudes Comunistas. Durante este período, según el Informe Rettig, fue responsable de la desaparición de cerca de 30 personas. Otras fuentes hablan de más de 70.

Luego de realizar las torturas a sus camaradas de armas, la mayoria de estos integrantes de la Fach, se involucraron en crimenes, violencia y en el denominado "trabajo sucio" de la dictadura, que operaban independientemente de la policia secreta de Pinochet, la DINA.
El CC estaba formado principalmente por agentes pertenecientes a la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea (DIFA) y contó más tarde con una participación importante de efectivos de la Dirección de Inteligencia de Carabineros (DICAR). Contó también, en menor medida, con la participación de agentes del Servicio de Inteligencia Naval (SIN) y con algunos efectivos de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE). Además, colaboraron en ese Comando miembros de la Policía de Investigaciones de Chile y civiles provenientes de Patria y Libertad.

Cuarteles del horror

Entre los primeros recintos de tortura, aún antes de denominarse Comando Conjunto, aparece la Academia de Guerra Aérea (AGA) que funcionó desde fines de 1973 hasta fines de 1974, formalmente a cargo de la Fiscalía de Aviación, la que en la práctica se coordinaba estrechamente con el Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea (SIFA). El General Bachelet y muchos oficiales de la FACH fueron torturados en sus subterráneo. José Luis Baeza Cruces, miembro del Comité Central del PC actualmente desaparecido, también estuvo allí. Por este caso ha sido citado a declarar el general (R) Fernando Matthei, a la fecha Director de la AGA, y luego comandante en jefe de la Fach e integrante de la Junta de Gobierno.

En enero de 1975, cuando el SIFA desocupó el AGA, traslada a los detenidos a una casa de Santiago, ubicada en el sector de Apoquindo, a unas dos cuadras de la Municipalidad de Las Condes. Este inmueble fue utilizado como recinto secreto de detención hasta el mes de marzo de 1975 y estaba a cargo de agentes de la recientemente creada DIFA. Después de esa fecha, las oficinas de la DIFA se trasladaron a Juan Antonio Ríos N° 6, mientras los detenidos son repartidos entre el Regimiento de Artillería Antiaérea de Colina ("Remo Cero") y un hangar al interior del aeropuerto Cerrillos.

Otro centro clandestino de tortura es el conocido como "Nido 20", ubicado en la calle Santa Teresa 037, cerca del paradero 20 de la Gran Avenida, en Santiago. Producto de las torturas en su interior, falleció Alonso Gahona Chávez, hoy detenido desaparecido. También aquí fue muerto a golpes Humberto Castro Hurtado. Hoy la casa alberga a la Corporación Nacional de Laringectomizados (operados de cáncer a la laringe). 

El recinto denominado "Nido 18" fue empleado exclusivamente para practicar la tortura. Se trata un local ubicado en la calle Perú 9053, comuna de La Florida en Santiago, cercano al paradero 18 de Vicuña Mackenna. En este centro, según testigos, se quitó la vida Arsenio Leal Pereira, bajo la presión de las torturas a que estaba siendo sometido. 

En "Remo Cero", junto a los agentes de la FACH, operan miembros del Servicio de Inteligencia Naval y algunos agentes de Ejército. La dotación de la Dirección de Inteligencia de Carabineros era más numerosa. También aquí actúan los civiles provenientes de Patria y Libertad. Desde allí habrían sido sacados en helicóptero para ser arrojados al mar varios detenidos, entre ellos Humberto Fuentes Rodríguez y Luis Moraga Cruz. También hay testigos que afirman que fueron sacados desde aquí, para ser asesinados y enterrados en los terrenos militares del Peldehue Ricardo Weibel Navarrete, Ignacio
González Espinoza, Miguel Rodríguez Gallardo y Nicomedes Toro Bravo. En este recinto fallecieron algunos detenidos a consecuencia de torturas, entre ellos José Sagredo Pacheco.

Un recinto ubicado en calle Dieciocho N° 229, que había sido ocupado por el diario El Clarín y pasó a poder de Carabineros fue conocido como "La Firma". Allí se instaló la dirección de Inteligencia de Carabineros, algunos de cuyos profesores eran miembros no sólo de DICAR sino también del Comando Conjunto, donde era uno de los jefes Edgar Ceballos Jones, el torturador del general Bachelet.

Testigos que sobrevivieron a las torturas de la Academia de Guerra Aérea recuerdan como sus captores y torturadores, entre otros, al general Orlando Gutiérrez Bravo, los comandantes Sergio Lizasoaín, Edgar Ceballos Jones, Ramón Cacéres Contreras, Jaime Lavín, Juan Bautista González y Humberto Velásquez Estay; los capitanes León Duffey, Juan Carlos Sandoval, Jaime Lemus, Florencio Dublé, Contreras; los tenientes Juan Carlos Sandoval, Luis Campos, Matig y Pérez; el Sargento Hugo "chuncho" Lizana, el cabo Eduardo Cartagena y el Cabo 2º Gabriel Cortés (que se cambió el nombre).

Los torturadores del Academia de Guerra Aérea eran casi todos de la Especialidad de Aerofotogrametría, tanto oficiales como suboficiales




jueves, 21 de junio de 2012

La culpa de los parlamentarios en el por qué los chilenos no comemos ni comeremos pescado

Por : Pablo González Bustos en OpiniónPublicado: 21.06.2012


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Aunque es una de las principales fuentes de proteínas y omega-3, comer pescado en Chile es un lujo que pocos pueden costear. Sobre todo porque casi el 100% de los pescados de bajo precio –sardina, anchoa y jurel, los más explotados en el país– se destina a la producción de harina y aceite de pescado que sirve para alimentar animales. Para el autor de esta columna, que eso suceda es responsabilidad directa de la clase política, que a través de la legislación pesquera, no sólo ha permitido la concentración de los recursos en unas pocas manos, sino que además le ha negado el derecho a la población a una alimentación saludable.
Las sardinas, las anchoas y el jurel –las principales pesquerías en Chile– constituyen una de las más formidables y abundantes fuentes de alimentación saludable en el mundo. Su carne posee la más rica composición en proteínas y ácidos grasos saludables –omega-3, EPA y DHA– y su consumo aporta a la disminución del colesterol, triglicéridos, presión arterial y resistencia a la insulina. En términos comparativos, comer esos pescados resulta mucho más beneficioso que consumir carne de pollo, pavo o cerdo. Por eso es una lástima que en la mesa de la mayoría de las familias chilenas, esos pescados no estén disponibles.
Desde hace años que la clase política chilena ha apoyado a los grandes grupos económicos pesqueros para que sus capturas pasen directamente de las bodegas de sus embarcaciones a sus fábricas de harina y aceite de pescado, destinando casi todo a la alimentación animal. En el caso del jurel, lo que no se transforma en harina de pescado, pasa a las mega industrias de conservas de exportación. Pareciera que ni a parlamentarios ni a empresarios les importara sumar al odioso modelo de desigualdad la prohibición al acceso a una alimentación saludable de bajo costo.
En Perú, España, Japón, China y muchos países de Asia, las familias tienen la posibilidad de alimentar a sus hijos con sardinas y anchoas capturadas por su flota pesquera. Eso es porque sus estados han fomentado su consumo y preparación en distintas alternativas gastronómicas. Pero en Chile, las autoridades y las élites se han encargado de que no exista disponibilidad de captura de estos peces con los cuidados del consumo humano, es decir, en pequeñas cantidades, cuidando la frescura química de sus proteínas, del cuidado de su valor nutritivo y de las condiciones físico-organolépticas de su carne.
Por un kilo de sardinas o anchoas, los grupos económicos no pagan más de $100. En el caso del jurel, el valor no supera los $300. Y aunque estuvieran dispuestas a pagar un mayor precio, las familias chilenas no tienen acceso a ellos. Eso es porque el Estado chileno se ha encargado de amparar la colusión existente entre los grandes grupos pesqueros y la flota de semi-industriales –que no alcanzan a representar al 2% del sector pesquero artesanal–, los que en conjunto monopolizan el 100% de la captura, desembarque y destino de estos pescados hacia la alimentación animal. En otras palabras, han avalado que los peces más ricos en proteínas y omega-3, imprescindibles para una alimentación saludable, se destinen a la engorda de animales, sin importarles el impacto en la salud de la población.
Los parlamentarios saben bien que cuatro de cada cinco familias chilenas vive con bajos salarios. Y que por esa razón, comprimen el presupuesto destinado a su alimentación mediante el consumo de alimentos de bajo costo y abundantes en calorías, carbohidratos, grasas saturadas, colesterol y sodio, lo que incide en el aumento de las tasas de obesidad y enfermedades como la hipertensión y la diabetes.
Ningún partido político se ha hecho cargo del problema. Ni siquiera después de que la última Encuesta Nacional de Salud revelara que casi 9.000.000 de chilenos están con sobrepeso, lo que le significa al Estado un gasto en enfermedades derivadas por sobre los US$ 200 millones anuales. Tampoco hay diputado o senador que desconozca la advertencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre lo imperioso que es promover el consumo de pescados como producto básico para una alimentación saludable. Aun así, en la última década no han hecho nada para posibilitar el acceso y el consumo a pescados de bajo precio como sardinas y anchoas. En cambio, han optado por seguir amparando que esos pescados terminen alimentando animales o, en el mejor de los casos, se exporten, ayudando a potenciar el negocio de los grandes grupos económicos. Se han lavado las manos concordando con las élites en que el bajo consumo de pescado sería un problema cultural de los chilenos.
El subsecretario de Pesca, Pablo Galilea, anunció que ya sabe cómo solucionar la situación: una campaña público-privada para promover el consumo de pescado. El problema es que apuntaría solo a las familias del quintil de mayores ingresos, ya que los pescados de bajo precio no estarían incluidos al estar comprometidos en su totalidad para la industria de harina y aceite de pescado. Por eso, no es casualidad que la campaña se realice en conjunto con las empresas de los grandes grupos pesqueros y los dirigentes de los armadores semi-industriales.
El primero de junio, El Mercurio difundió las conclusiones de un seminario organizado por el subsecretario, donde destacó que “encantar a los niños es clave para aumentar el consumo de pescado”. Resulta difícil, en todo caso, que Galilea se haya referido a los niños de familias de menores ingresos, ya que la política pública de alimentación subvencionada del Estado nunca ha incluido la enseñanza del consumo de pescado y productos del mar. En cambio, esa misma política ha apostado por una comida industrializada y estandarizada que no incorpora la variedad de preparaciones a partir de pescado fresco, desaprovechando la oportunidad de alimentar de forma saludable y enseñar sobre su consumo a las decenas de miles de niños más vulnerables que no tienen posibilidad de consumirlo en sus casas.
Lo peor es que ningún parlamentario ha manifestado su intención de cambiar la situación. El ministro Pablo Longueira ha recibido el apoyo mayoritario de la industria para reducir el área de captura de productos del mar para la familia chilena a 1.800 metros (una milla), y ceder la rica zona de recursos pesqueros de las primeras 5 millas –la zona de captura exclusiva para la pesca artesanal– a la pesca semi-industrial, dependiente de las grandes compañías pesqueras. De aprobarse esa modificación, se terminaría de concentrar la explotación de prácticamente toda la riqueza de nuestro mar en manos de unos pocos grupos económicos, salvo la milla que quedaría para los últimos vestigios de la pesca artesanal, la única capaz de proveer a la población de pesca de calidad y a bajos precios.
De no reaccionar ante la indiferencia política y la concentración económica en el sector pesquero, las familias chilenas seguirán a perpetuidad sin acceso al consumo de pescados de bajo precio. La obesidad y el sobrepeso que afecta al 67% de los chilenos es el resultado de un modelo perverso en el que las mayorías ni siquiera tienen derecho a tener una alimentación saludable. Mientras, la clase política se cruza de brazos, avalando que las instituciones del Estado operen para que las élites económicas sigan cada día destinando el 100% de nuestra principal riqueza de proteínas y omega-3 a la alimentación animal.


http://ciperchile.cl/2012/06/21/la-culpa-de-los-parlamentarios-en-el-por-que-los-chilenos-no-comemos-ni-comeremos-pescado/

martes, 19 de junio de 2012

Condenan a 5 años con libertad vigilada a sobrino de senador Hernán Larraín

Por tráfico de drogas fue condenado a la pena de 5 años de cárcel con el beneficio de libertad vigilada y el pago de 40 UTM, Benjamín Echeverría Larraín, sobrino del senador Hernán Larraín.

19/06/2012

Autor del delito de tráfico de drogas, Benjamín Echeverría Larraín fue condenado por el tercer Tribunal Oral en lo Penal de Santiago a una pena de 5 años de cárcel con el beneficio de libertad vigilada y el pago de 40 UTM ($1.587.560).
El 18 de octubre de 2011 Echeverría Larraín fue descubierto con más de 2 kilos de cocaína de alta pureza y 7 millones de pesos obtenidos por la venta de droga en la capital, tras lo cual el pasado 14 de junio el Tercer Tribunal de Juicio Oral de Santiago resolvió, por unanimidad, condenarlo como autor del delito consumado de tráfico ilícito de drogas o sustancias estupefacientes o sicotrópicas.  La Fiscalía Oriente pidió como castigo para este delito una condena de 10 años de cárcel en contra del acusado.


http://www.lanacion.cl/condenan-a-5-anos-con-libertad-vigilada-a-sobrino-de-senador-hernan-larrain/noticias/2012-06-19/180640.html


La Historia Oculta del Régimen Militar

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