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viernes, 13 de septiembre de 2013

La escaramuza del "boinazo"

 Abraham Santibáñez | Fecha de Edición: 04-06-2012

Es de esos aniversarios que pasan sin pena ni gloria. La semana pasada se cumplieron 19 años desde que el edificio de las Fuerzas Armadas, en Zenteno y la Alameda Bernardo O`Higgins, amaneciera decorado con soldados en uniforme de guerra, caras pintadas y boinas negras. Periodistas ingeniosos –creo que de Apsi- bautizaron el insólito despliegue como el “boinazo”.No era un desfile alegórico, sino una manifestación de descontento del comandante en jefe del Ejército, el general Augusto Pinochet, frente al gobierno del Presidente Patricio Aylwin. Su lista de quejas era una descarga de artillería pesada y de largo alcance. El estallido, según se denunció entonces, fue gatillado por un titular del diario La Nación: “Reabren caso cheques del hijo de Pinochet”. Como director en ese momento del diario de gobierno, me acaban de invitar a hablar del caso en la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales. Cuento que, cuando el Presidente Aylwin llegó a La Moneda en marzo de 1990, había un gran tema en el tapete: las violaciones a los derechos humanos. Los numerosos procesos que vendrían después, tuvieron como prólogo el trabajo de la Comisión Verdad y Reconciliación, que hasta hoy se conoce como Comisión Rettig. Fue un trago amargo para el general. Pero, gracias al cuidado con que se conformó la Comisión, la tarea concluyó positivamente.Sin embargo, antes de fines de 1990, saltó a la actualidad un nuevo tema: la corrupción. Por mucho tiempo hasta los más recalcitrantes opositores al régimen militar habían creído que, en esa materia, no había reproches. Tal vez algunos excesos, como la casa de El Melocotón y la espléndida mansión de Lo Curro. Pero... corrupción: nada.La gran sorpresa fue cuando trascendió que el Ejército había pagado tres millones de dólares –cheques mediante- a Augusto Pinochet Hiriart por una empresa que, a su vez, acababa de comprar. Habría más, hasta llegar a las cuentas del banco Riggs.  El revuelo por los “pinocheques” motivó el Ejercicio de Enlace, en diciembre de 1990. Y, tras un período de latencia, fue la chispa del “boinazo”, el 28 de mayo de 1993, cuando Aylwin estaba en visita en los países escandinavos. El descontento del comandante en jefe tenía raíces profundas: resoluciones sin tramitar en el Ministerio de Defensa, el “desfile” de uniformados por los tribunales de Justicia... y, además, el anuncio de una nueva ley orgánica para las Fuerzas Armadas. Mao Tse-tung sostenía que “basta una chispa para incendiar una pradera”. Ese día, el pretexto fue la portada de La Nación. Habla bien de la estatura moral del Presidente Aylwin que diera instrucciones de no ceder ante el insólito petitorio. Tampoco cedimos en La Nación ya que el Ejército adicionalmente quiso dictar un titular que desmintiera el que le resultó ofensivo. Tal vez podíamos haber encontrado una mejor solución. Pero lo que decidimos fue, simplemente, que al día siguiente el diario iría sin titular principal en la portada. Terminado mi recuento, los futuros periodistas aplaudieron.

http://www.diarioelcentro.cl/?q=articulo-columnistas&id=1674

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