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martes, 3 de abril de 2012

Aborto

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JORGE ARRATE
Ex ministro de Educación









Una vez más la polémica sobre el aborto, un debate legítimo que se desarrolla en el mundo entero, ha sido utilizada para fortalecer las posturas conservadoras que priman en nuestro país. El  aborto terapéutico existió en nuestra legislación hasta 1989, cuando el alto mando de la dictadura resolvió terminarlo. Su periódica reposición en el debate ha servido para una finalidad oculta: impedir una discusión sobre el aborto y su despenalización. En el mundo de inspiración liberal o en el de ideas libertarias la polémica sobre el aborto terapéutico sirve a sus representantes para mostrarse aparentemente abiertos de mente o progresistas. Algunos por ignorancia, otros por calculada timidez, otros atemorizados por el poder de la derecha religiosa, comparten con los conservadores un debate que pospone la cuestión de fondo: ¿debe el aborto ser penalizado?



Ahora el Presidente Piñera ha obtenido apoyo en una asamblea UDI al asumir un compromiso de intransigencia en materia de aborto y condenar el aborto terapéutico. Una cerrada ovación, dice la prensa, rubricó sus palabras. Uno se pregunta: ¿y qué dicen los que aplauden de los 150 mil abortos anuales que clandestinamente se realizan en Chile? No parece algo que se pueda pasar por alto por cerrada que sea la ovación… El hecho es que, en medio de un cuadro de tensión política insoslayable entre los componentes de la derecha, este recurso le ha permitido al Presidente cerrar filas, al menos por ahora, y dejar en segundo plano las cuestiones más polémicas que cruzan su coalición.
Contrariamente a lo que sostiene la propaganda malintencionada, en el debate de fondo nadie está a favor del aborto. No conozco a ninguna persona que ande promoviendo abortar. Quienes, como yo, sostenemos la necesidad de despenalizar el aborto no postulamos que el aborto constituya un acto positivo que se deba favorecer.
Contrariamente a lo que sostiene la propaganda malintencionada, en el debate de fondo nadie está a favor del aborto. No conozco a ninguna persona que ande promoviendo abortar. Quienes, como yo, sostenemos la necesidad de despenalizar el aborto no postulamos que el aborto constituya un acto positivo que se deba favorecer. Por el contrario, en la última campaña presidencial levanté un programa contra el aborto.
Efectivamente, se calcula —aunque hay diferencias de estimación— que en Chile se producen unos 150 mil abortos clandestinos al año, de los cuales, se dice, aproximadamente 30 mil terminan, a veces trágicamente, en los hospitales. Todos estos abortos están penalizados por la ley. La situación para las mujeres es doblemente dramática: por una parte deben enfrentar una dura decisión de conciencia respecto a su embarazo, por la otra, si deciden abortar caen en la ilegalidad, deben hacerlo en forma oculta y asumir los riesgos médicos y penales que eso implica.
Nuestra propuesta fue y es un programa contra el aborto que conste de al menos cuatro puntos: uno, un programa nacional de educación sexual efectiva que sea parte del curriculum escolar en todas las escuelas y liceos del país, públicos y privados, religiosos o no. Dos, un programa nacional de difusión y enseñanza de todos los métodos anticonceptivos que tengan respaldo médico, a cargo de las autoridades de salud y educación. Tres, una verdadera campaña, amplia, clara y sin hipocresías, sobre el uso del preservativo, tanto para prevenir el SIDA como para evitar los embarazos no deseados. Cuatro, la disposición a pedido en todos los consultorios médicos del país, públicos y privados, de la píldora del día después.
Si estas cuatro medidas se adoptaran, el aberrante número de abortos que nos agobia disminuiría radicalmente. Estas propuestas no tienen que ver con la polémica sobre el aborto en sí mismo, ni con la llamada “defensa de la vida”, ni con el debate sobre desde cuando un feto es una persona, entre otros. Se trata de típicas medidas de prevención. ¿Por qué no las adoptamos?
En cuanto a los embarazos no deseados que aún ocurrieran, debe establecerse un marco de regulaciones para cuya confección será útil tener a la vista la abundante experiencia internacional, particularmente la de Argentina, México, Estados Unidos y muchos países de Europa. En definitiva, la mujer embarazada enfrentará un problema de conciencia, doloroso, difícil, que no tiene una respuesta única e inequívoca en nuestra sociedad. Podrá asesorarse por médicos, familiares, sacerdotes, guías espirituales, amigos, su pareja, en fin, por quien ella desee. Pero ella podrá y deberá decidir. Cualquiera sea su decisión la sociedad debe apoyarla, ya sea a la madre que decidió serlo como a aquella mujer que resolvió no dar curso al embarazo recién iniciado.

http://www.elmostrador.cl/opinion/2012/04/03/aborto/

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